Tenía ganas de matar a su esposa, realmente estaba deseando el momento de hacerlo. Levi se presentó con un gesto con la cabeza a los guardias de seguridad y el recepcionista de la fiesta. Luego de que el empleado recogiera su abrigo, se adentró al salón. Había evitado con éxito los dos años anteriores, pues esta era la tercera vez que era convocado a asistir, pero se obligó a ir esta vez; no solo por su esposa, sino porque sería ya demasiado grosero no hacer acto de presencia y si bien a Levi le importaba tres cuernos lo que pensaran de él, como siempre, debía mantener una imagen impecable. Sabía que Darius daba la mejor fiesta del año, pero increíblemente se sorprendió de la dimensión del evento: el gobernador había reservado el hotel de cinco estrellas, entero, más famoso y lujoso de la ciudad. El salón de eventos estaba elegantemente decorado, siendo la lámpara araña la protagonista de la habitación. Cada rincón del lugar estaba teñido de opulencia y distinción, la luz tenue creaba un ambiente ameno para el diálogo y la relajación, la banda tocaba música acorde a la élite invitada, quienes se pavoneaban orgullosos por ser parte de un evento tan importante. Patético pensó Levi, le asqueaba ver como algunos invitados se peleaban por la compañía del gobernador, quién actuaba indiferente. Se había tomado el tiempo de saludar a cada persona en el lugar.
—Buenas noches señor Ackerman, espero, disfrute esta velada — comentó el hombre que rondaba unos cincuenta años.
—Gracias, Darius, agradezco su invitación —contestó cortes Ackerman.
Cruzaron algunas palabras más y el político continuó su recorrido, antes de irse había torcido los labios en una sonrisa, y Levi imitó el gesto sin perder su semblante serio. Si el hombre esperaba que él le lamiera las botas como los demás, pues que se jodiera ya que no lo haría. Minutos después se encontró con Erwin, acompañado de su esposa quién se veía radiante en su vestido de seda azul petróleo, éste le comentó que Mike no podría asistir esa noche debido a que Nanaba se encontraba mal de salud. Un mozo pasaba con una bandeja con copas de champagne y los dos amigos cogieron amablemente una copa cada uno, el hombre de baja estatura metió la mano en el bolsillo de su pantalón y palpó la tarjeta magnética de la habitación que le habían asignado. Darius ofrecía una habitación a cada invitado, por si deseaban pasar la noche en el lugar, aunque él sabía que no necesitaría la suya. De pronto, Marie los miró risueña captando la atención de los caballeros
—Lo siento, es solo que sus rostros parecieran que dijeran que los han traído a las amazonas, dejándolos a la deriva.
Erwin sonrió ante el comentario de su esposa —Sabes que no se me dan mucho las fiestas, y menos las de este tipo.
Ella se acercó a su esposo y loe pasó su brazo por su cintura —Lo sé cariño, aguantaremos hasta la medianoche. Alzamos copas por el año nuevo y nos iremos.
Smith la miró, grabando su imagen. El color rubio de su pelo con reflejos colorados, y sus ojos verde esmeralda lo rebajaban a un simple tonto aunque él no lo diría abiertamente, y de todos modos su mujer ya lo sabía.
—Me sorprende verte aquí, Levi —Marie se dirigió al amigo de su esposo—. Imagino que no ha sido la decisión más satisfactoria para ti, pero me alegro que vinieras, contribuirás a que pasemos una agradable velada a diferencia de la mayoría de los que están aquí.
Él asintió —Lo mismo digo, es como una patada en el trasero interactuar con la mayoría de la gente aquí presente.
Miró fugazmente a su vicepresidente y agradeció que no le preguntara por su esposa, realmente no tenía ganas de lidiar con ese tema con su compañero. Una pareja que se había acercado a ellos para conversar interrumpió sus pensamientos y Levi tuvo que usar su usual calma para no partirles la cara: eran el típico matrimonio de la alta sociedad, ansiosos por mantener una pobre fachada de vida resuelta e "ideal" llena de lujos y comodidades. Eran insufribles, y sin embargo se vio allí, jugando el papel de persona cortés, Paseó su mirada por el lugar mientras continuaba conversando, o al menos intentaba seguirlos, hasta que divisó una silueta familiar. Hange ingresaba del brazo de su novio Moblit, vestida con un fino vestido al cuerpo color negro con hombros descubiertos, cuello bote y un poco amplio al final, con una sutil cola. Levi levantó las cejas sorprendido, cuando quería, la cuatro ojos podía parecer una mujer. Él sabía que desde que su amiga había iniciado su relación con Berner parecía que brillaba y era increíble que él pudiera notar eso, debido que no se interesaba tanto. Cuando sus amigos dejaron verle a la acompañante que iba con ellos, Ackerman quedó impactado. Estaba… Petra apareció con el vestido rojo que había visto en la publicidad del primer perfume. Estaba preciosa con el pelo recogido y un maquillaje sutil, acompañado de joyería delicada. Intento disimular su comportamiento atontado y sus miradas se cruzaron, ella sonrió tímidamente y desvió la mirada hasta que los tres se unieron a Levi y compañía.
—Es un placer verlos, compañeros— sonrió Hange complacida, los dos hombres estuvieron de acuerdo con ella.
—Buenas noches— saludó Petra. Observó que tanto Erwin como su esposa la miraban curiosamente debido a que no había venido con Levi y se sintió un poco apenada.
—Buenas noches— su esposo correspondió el saludo y ella notó su voz algo ronca.
Se permitió mirarlo. Su traje negro junto con su corbata azul se ajustaba bien a su pequeño cuerpo. Siempre le había gustado la imagen de Levi con traje.
—Por lo que nuestros rostros dejan entrever, ninguno quería venir, así que propongo que intentemos pasar… ¡oh, Zeke!
Hange se interrumpió sola para llamar enérgicamente a su colega, quién se encontraba dialogando con su secretaria. A Petra se le escapó una sonrisa al ver que su amigo se había animado a invitar a Pieck para que lo acompañara. El joven de pelo tan rubio que parecía blanco se acercó hacia el grupo, saludando amablemente. El ambiente se fue relajando entre ellos hasta sentirse cómodos en aquel lugar; por su parte, Petra tenía una mezcla de sentimientos, le había pedido a Levi que intentara conquistarla y se sentía con expectativas respecto a eso. Sabía que había pedido una tontería, pero no lo pudo evitar, también sabía que se estaba comportando de manera inmadura, pero, al menos una vez, quería volver a sentir esas mariposas en el estómago a causa de sus elogios, no importaba si tenían que actuar como tontos adolescentes. No podía evitar echarle miradas fugaces, y en la mayoría se había encontrado con los ojos de Levi que la miraban intensamente a la vez que intentaba contenerse. Era como un juego de poder y ella podía ver claramente que él no estaba dispuesto a perder. Sin darse cuenta, habían quedado ellos dos solos.
—¿Y bien? — Luego de un silencio algo incómodo, Petra decidió romperlo.
Levi la miró curioso, el gentío y la banda de fondo excedían el nivel de volumen de vez en cuando.
—¿No irás a decirme nada?
—Nunca accedí al estúpido juego— Ella rodó los ojos — sabes que no soy bueno con estas cosas— añadió él mientras miraba el bar, deseoso de alguna bebida.
—¿Ni siquiera harías el esfuerzo por mí? — su pregunta captó la atención de Levi —Al menos podrías decirme como me veo esta noche.
—Pienso que te ves hermosa— Tras unos segundos de silencio su esposo se limitó a responder a la vez que desviaba la mirada.
Petra se mordió el labio para mitigar la emoción —Gracias.
—¿Me acompañarías al bar?
—Claro — contestó ella mientras lo seguía hacia el lugar indicado.
En cuanto llegaron, él pidió dos tragos y se ubicaron en una de las mesillas repartidas en el salón. De fondo se escuchaba a la cantante de la banda contratada cantando una canción de Adele, apaciguando el ambiente luego de algunas canciones movidas, observó a su esposo sentado a su lado y se le ocurrió una idea divertida.
—Y bien, señor… Ackerman ¿cierto? — preguntó ella, pretendiendo que recién lo conocía.
—Petra… —su tono de voz sonaba como una advertencia, pero con toques de amabilidad.
Ella resopló resignada —Eres un aguafiestas.
—Pues lo siento por ser un aguafiestas — Levi tomó un trago de su cóctel.
—Y un amargado — Ella lo imitó, pero tomándose de un trago el resto de su bebida.
Escuchó que Levi chasqueaba la lengua y empezó a sentir el mareo producto de haber tomado alcohol de manera apresurada.
—Y te amo.
Él la miró, notando su ligero contentamiento —se supone que el que debía halagarte era yo.
—Lo sé, sin embargo, no lo estás haciendo. Al menos baila conmigo.
Levi suspiró pesado como respuesta y se levantó de su asiento, tendiéndole la mano. Petra sonrió y dejó que la llevara al centro del salón. Quizás no había logrado lo que se había propuesto, pero había conseguido que Levi accediera a bailar, aunque sea a regañadientes. Su esposo no era diestro en el campo del baile pero se esforzaba, sabiendo que alguna vez tendría que hacerlo en alguna fiesta importante, aunque siempre que podía evitaba la situación. Sintió sus masculinas manos rodeando su cintura y ella descansó sus brazos sobre sus hombros, se dejaron llevar por el ritmo de la música y Petra se sentía complacida. Sin darse cuenta sonrió y descubrió que Levi también, haciendo una mueca que se acercaba a una sonrisa. De pronto la música paró y la gente comenzaba con el conteo para recibir el año nuevo, Petra no se había dado cuenta cuán rápido había pasado el tiempo, había pensado que la noche se le haría eterna pero no fue así. Y disfrutó cada momento que pasó con su esposo. Se había decidido esa noche volver con él y luego de la pieza de baile se lo habría dicho, pero fue interrumpida por el conteo. Todos alzaron las copas, que previamente habían sido repartidas, cuando el reloj marcó las doce. Sus amigos se acercaron para desear los mejores deseos para este año que comenzaba. Pasaron pequeño tiempo charlando, los efectos del alcohol en Petra habían menguado gracias a que también se había moderado, y luego de una breve charla Erwin y Hange, junto con sus respectivas parejas, anunciaban que pronto partirían. Levi los saludó y le avisó a su mujer que necesitaba ir al baño, dejándola un breve momento sola en el salón. Ya casi era la una de la madrugada, observó ella y se dirigió también a los baños. Una vez que salió caminó por el pasillo para volver al salón.
—¡Petra! — la voz de Charles Meison se escuchó detrás de ella —¡pero qué alegría verte! Feliz año nuevo.
Pudo notar que el hombre estaba algo alegre, Petra se limitó a saludarlo cortésmente —Feliz año nuevo para ti también.
—Debo admitir que el rojo te sienta muy bien— comentó él, haciendo alusión al vestido.
—Gracias— comentó de manera un poco seca, deseaba volver al lado de Levi.
—¿Has venido sola?
—No, con Hange y Moblit, de hecho, me están esperando.
—Oh, claro. Pero antes ¿puedo pedirte un favor?
Ella comenzó a sentirse impaciente —Dime — comentó algo brusca.
—Mi equipo quiere saludarte, pero están en la otra sala ¿podrías acompañarme unos segundos?
Petra quedó estupefacta, hasta parecía una excusa estúpida. No tenía deseos de ir con él, pero no quería ser descortés con sus colegas, quienes la habían tratado tan amablemente. Accedió a ir diciéndose que saludaría rápido y volvería con su grupo. Llegó a la sala B, la cual era un poco más chica que el salón principal. La música era un poco más parecida a Discoteca y las luces eran mucho más tenues, pero uno podía tener algo de visibilidad del lugar todavía. Como si fueran otras personas, los invitados habían adquirido un tono más desinhibido, producto del ambiente, y del alcohol en algunos. Era como ver otra fiesta, una mucho más oscura y liberal, incluso alcanzó a divisar a algunas personas consumiendo drogas duras.
—Charles, creo que me iré, dales mis disculpas a tus colegas, pero es tarde — A Petra no le gustaba nada el ambiente que se respiraba en el lugar.
Meison la tomó de la cintura, pegándola a él mientras que le robaba un beso. Ella forcejeó y él la tomó fuertemente del rostro. Logró zafarse del agarre, asqueada.
—¡¿Qué demonios haces?! — Le gritó indignada, atrayendo la atención de la gente más cercana.
—Maldita z*rra— Charles se agarró el lado derecho del rostro debido al dolor por el golpe que Petra le había dado.
—Eres un imbécil— Ral de Ackerman respiraba demasiado rápido por la furia que sentía.
Él la tomó de la muñeca, presionando demás —No te vas de aquí hasta que me devuelvas el vestido.
—¡¿Disculpa?! — Ella movió el brazo de manera brusca, soltándose del agarre.
—Llevas puesto algo que pertenece a mi empresa— dijo estúpidamente Charles.
Sin habla, además de la indignación, ella respondió — Fue un regalo de la compañía, eso me dijeron tus colegas — escupió Petra.
—Yo no lo autoricé — respondió él, cruzado de brazos.
Ella soltó un gemido de frustración y emprendió la marcha para irse cuando escuchó a Charles gritarle que era una ladrona. Se giró sobre sus talones, irritada.
—Devuélveme lo que me pertenece y te puedes ir.
—No me jodas, imbécil — Petra no caía en cuenta que tan idiota podía ser una persona. Se dio la vuelta para volver a irse.
—No te vas a ir maldita sea, desvístete — ladró él deteniéndola.
Ella abrió los ojos, impactada. Definitivamente ese hombre estaba loco.
—Estás de broma, pedazo de mi*rda— intentó zafarse de su agarre una vez más.
La gente alrededor se había quedado viéndolos, algunos reían, otros murmuraban entre ellos.
—¡No permitan que la ladrona se vaya! — gritó el hombre a todo pulmón.
Ella se quedó viéndolo, desencajada por las terribles estupideces que se inventaba ¿es que era tan infantil que no podía aceptar un no?
La gente que los rodeaba comenzó a encerrarlos en un círculo, como si de una pelea se tratase. Petra comenzó a ponerse histérica y queriendo escapar quiso abrirse paso entre el gentío que se lo impedía, entre risas. La mayoría estaba fuera de sí. Sintió como Charles tironeaba de la tela a la altura de la espalda baja, ya que era un vestido abierto hasta esa altura. Comenzó a tocarla frenético, buscando dejarla desnuda mientras ella forcejeaba y escapaba, para ser empujada al centro del círculo. Las risas la aturdían, poniéndola histérica. Su cuerpo temblaba por el miedo, la bronca, los nervios y la desolación. Cuando Charles logró bajarle la prenda se encontró con el silencio y todas las miradas posadas sobre ella. Miradas asombradas, lujuriosas y curiosas recorrieron todo su cuerpo, el cual ahora solo vestía la parte baja de la ropa interior, los zapatos, uno se había roto producto del forcejeo, y los accesorios. Llevó sus manos a sus pechos para cubrirlos mientras las lágrimas le nublaban la vista. El infame de Meison se agachó a su lado.
—Tienes lo que mereces, maldita p*rra.
Meison dio indicaciones con la mano y el círculo se abrió. Ral apenas pudo levantarse, tambaleándose con cada paso que daba, aturdida. Las miradas la siguieron, y algunas manos osaron tocarla, haciéndola sentir asqueada. Cuando abrió la puerta y salió al pasillo nuevamente, luego de dar algunos pasos, sintió que volvía a respirar. Se desplomó en el suelo desconsolada.
—¡Petra!
La voz de Zeke se oía a lo lejos. No se atrevió a levantar la mirada y sintió como una tela la cubría. Miro el saco de Zeke sobre ella.
—Petra— Su amigo se oía desesperado. Pieck se agachó junto a él, intentando taparlos con su cuerpo de las miradas ajenas —¡¿Qué te sucedió?! ¡Maldición!
Ella no podía hablar por la conmoción. Las lágrimas salían de sus ojos, y apenas balbuceaba mientras era abrazada por su amigo.
—Pieck, por favor, llévala a mi habitación. Debo encontrar a Levi.
Su compañera asintió, tomando la tarjeta magnética y ayudando a Petra a levantarse, para llevarla con ella.
Cuando Levi regresó Petra ya no se encontraba allí. Se dirigió hacia la puerta, encontrándose con Erwin y Marie en el camino.
—Pensé que se habían ido Con Hange.
—Sí, pero Marie se ha encontrado con una antigua compañera y nos hemos quedado un rato más— contestó Erwin Smith. Su esposa estaba unos metros alejada dialogando con unas antiguas conocidas.
—¿Has visto a Petra?
—Creí que estaba contigo.
—No, he ido al baño y cuando regresé no la he encontrado por ningún lado. Intenté llamarla, pero no contesta.
De la nada, Zeke Jaeger apareció frente a los caballeros, casi histérico.
—Necesito hablar contigo, Levi— su voz sonaba con urgencia. Levi se sintió extraño y lo dejó proseguir —A solas, si no te molesta.
Erwin captó el mensaje y se alejó un poco de manera respetuosa. Ackerman se dirigió al recién llegado.
—Es Petra, Levi— Levi comenzó a impacientarse —la encontré en el pasillo desnuda y aturdida. No sé qué mi*erda ha pasado, no hablaba.
—¿Dónde está? — Levi no se dio cuento del tono de su voz, que atrajo la atención de Erwin.
—Pieck la llevó a mi dormitorio, la cubrí con mi saco. Es en el tercer piso, habitación 312.
Zeke no había terminado de hablar, que Ackerman salió disparado del salón.
