En el momento en que escuchó el tono de voz de su amigo y colega, Erwin se inquietó un poco. Observó a los hombres hablar y acto seguido a Ackerman salir disparado del salón. Se acercó a su esposa y le avisó que saldría un momento, que ella se adelantara en la vuelta a su hogar y salió tras de Levi. Le costó encontrarlo al principio hasta que lo encontró cuando un hombre salía disparado de una habitación.
Se abalanzó sobre Levi, para intentar separarlos. El hombre golpeado escupió un poco de sangre sobre la alfombra del corredor.
—¿Qué está sucediendo? —Quiso saber Erwin, estoico.
—¡Suéltame maldita sea! — gritó Ackerman histérico. Vio que el hombre se arrastraba intentando escapar y lo agarró por el cuello —Si me llego a enterar que anduviste hablando sobre lo sucedido en esa mugrosa fiesta privada en donde se divirtieron abusando de mi esposa, ve asimilando que esta será tu última noche con vida.
El joven lloró a modo de respuesta y Ackerman lo dejó libre. Le comentó a Erwin lo que había sucedido y las intenciones que tenía para con Charles cuando recibió un golpe preciso en la mandíbula por parte de su amigo, que lo noqueó al instante. Al despertarse, se encontraba en la cama de una habitación. Se frotó a zona golpeada, y miró a Erwin quién se encontraba sentado, apoyado sus codos en sus piernas, en una silla al frente de la cama.
—¿Qué mierda hiciste Erwin? —La acción se su colega había empeorado su humor.
—Te salvé de algunas demandas— contestó él impasible.
—¿De qué estupideces hablas? En estos momentos lo que menos me importa son las acciones legales, Erwin ¡maldita sea!
—Estoy de acuerdo en lo que quieres hacer y estoy dispuesto a ayudarte —comentó el hombre —pero quiero que al menos lo hagas de manera eficiente, sin testigos, en lo posible.
—No cambiaría nada si habría o no testigos, el cobarde idiota seguro me demandará, sinceramente me importa una mierda.
—No le conviene hacerlo. Por más de hayan sido pocas personas las que vieron a Petra así, aunque todos hagan un pacto de silencio, hay testigos que la vieron desnuda en el corredor, está la palabra de Zeke, la mía, la tuya. A Charles no le conviene tomar acciones judiciales. Así que te propongo, que colabores conmigo y lo que sea que quieras hacer, lo hagas desde las sombras. Sabes que en este tipo de fiestas es muy difícil que los eventos que sucedieran aquí difícilmente vean la luz, sería una mancha para la intachable imagen del gobernador y eso es algo que Darius no está dispuesto a tolerar.
Había una razón por la cual tanto Ackerman como sus allegados, evitaban la fiesta del gobernador Zackley, precisamente luego de las doce de la madrugada, y era que la decente y elitista fiesta montada para las luces de las cámaras, pasada la noche y en el inicio del nuevo año, se convertía en una celebración donde los más bajos instintos de la alta sociedad daban rienda suelta. Fiestas sexuales, droga, incluso aberraciones mucho más graves de las cuales Levi no quisiera pensar. Lo que le habían hecho a Petra era lo más suave que podía suceder en ese lugar. Nadie en su sano, y no sano, juicio se atrevería a tocar a un ser querido de alguna importante figura invitada. Descubrió entonces que Charles era muy estúpido no solo por involucrarse con la esposa de alguien importante, sino precisamente con su esposa. Iba a pagar de por vida lo que había hecho.
—¿Y qué es lo que me sugieres? — Preguntó Levi, no muy convencido todavía — además, no sé cuánto tiempo ha pasado desde que me golpeaste hasta traerme hasta aquí, ruega porque siga en el edificio, Erwin.
La amenaza no le sentó nada bien al susodicho —Han pasado minutos, desde que te traje hasta que te desperté. Te sugiero que esperes aquí, iré a buscarlo.
Erwin abandonó la habitación y Levi se limitó a recorrer la habitación, impaciente.
En cuanto el pelirrojo entró a la habitación en busca de Erwin Smith se encontró con la figura de Levi Ackerman apoyado contra el escritorio detrás de él. Con su típico semblante serio, tenía los brazos cruzados, con la postura como si estuviera esperándolo. La luz del velador de pie, la única encendida en el lugar, le daba un aire un tanto intimidante. Pudo ver como la furia se reflejaba nítida en sus ojos.
—A lo mejor me he equivocado de habitación— comentó para sí Meison, girándose sobre sus talones en dirección a la puerta.
—No, es aquí.
El joven lo miró y adoptó una postura a la defensiva —Pero busco a Erwin Smith.
La tensión podía sentirse en todo el dormitorio. Ambos hombres se estudiaron cautelosos, Charles podía sentir como el odio emanaba de Levi, y en cierto modo lo atemorizaba un poco lo cual le parecía estúpido ya que tenía varios centímetros de ventaja en comparación con el hombre, quién tenía una complexión delgada y una estatura baja para el promedio. Oyó tras de sí la puerta y a Erwin Smith ingresando. Al cerrar colocó el seguro.
—Así que por aquí viene la cosa eh —comentó sarcástico, entendiendo la situación —. Me parece injusto y cobarde un dos contra uno, pero viéndote, Ackerman, puedo entender por qué.
El susodicho solo se limitó a mirarlo mientras la voz de Erwin sonaba a un costado de Charles —Yo solo estoy aquí para asegurarnos que salgas vivo de este lugar— El rubio se acomodó elegantemente en el sillón de descanso —. No queremos una mancha en nuestros historiales.
El comentario de Smith hizo reír al invitado. Tendría que haber previsto que aquello ocurriría, las noticias volaban, sabía él, pero éstas lo habían hecho a la velocidad de la luz; sabía que Ackerman en algún momento se enteraría, pero no se imaginó que Erwin Smith se involucraría en el asunto, lo tenía como una persona recta, que evitaba los problemas. Momentos atrás lo había encontrado en uno de los pasillos y éste le había insinuado que en su habitación pasarían un buen momento junto a simpáticas bellezas y estimulantes para pasar un buen rato, invitándolo. Charles no necesitó mucho tiempo para comprender que lo invitaba a una fiesta sexual privada, acompañada de droga. Algo muy tentador y difícil de rechazar. Menudo idiota Erwin Smith y su fachada estúpida.
Se posicionó para el combate a la vez que le hacía un ademán con la mano a su oponente, provocándolo — Vamos enano, no tengo toda la noche.
Levi, sin quitar la mirada de la suya mientras se acercaba, le preguntó —¿Estás lúcido? No quiero romperte la cara mientras estés en desventaja.
Charles lanzó el primer puñetazo que Ackerman pudo esquivar fácilmente. Comprobó que el hombre se encontraba en un estado decente para la pelea, así que decidió no contenerse. Asestó un golpe seco a las costillas, haciendo que Meison silbara de dolor y su cuerpo de dos pasos hacia atrás. Esperó a que el hombre recobrara algo de aliento y éste, al recuperarse, se impulsó hacia adelante llevándose puesto a su contrincante. Levi inspiró hondo por el golpe de su cuerpo contra el escritorio en el mismo momento en que su oponente le golpeaba la cara de un puñetazo, tirándolo sobre el mueble. Golpeó nuevamente la misma zona, tres puños seguidos le partieron el labio a Levi y un último en la sien, dejándolo un poco aturdido.
Charles lo agarró por el cuello de la camisa —¿Esto es por la p*ta de tu esposa? Tendrías que haber visto su expresión, en el momento en que la desnudé en frente de una multitud— la expresión de Meison era repulsivamente psicótica, relamiéndose los labios—, nos brindó un hermoso espectáculo visual, mostrando su delicioso cuerpo. Sus senos eran atractivamente llenos y tentadores.
A Levi la vista comenzó a nublársele, a causa de la histeria y la furia que sentía ante las palabras del cretino. Encontró el punto exacto para liberarse un poco del agarre y le dio un golpe con la mano ahuecada en la oreja de Charles, aturdiéndolo. Ackerman se incorporó para golpearlo con un gancho en el plexo solar, quitándole el aliento. Tomó al hombre por pelo de la nuca, y estrelló su cuerpo contra el escritorio, de cara al mueble. Levantó su rostro y lo golpeó con furia contra la madera, rompiéndole la nariz. Tiró de él hacia atrás que, desorientado por los golpes, cayó sobre su espalda. Levi se abalanzó sobre él. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete puñetazos certeros terminaron por dejar inconsciente a Charles, desfigurando su rostro. Para el décimo sintió el agarre de Erwin Smith en su muñeca, quién había estado sentado todo este tiempo, presenciando la escena.
—Ya es suficiente, vas a matarlo— Ackerman intentó zafarse de su agarre y Smith ejerció más presión —Ya es suficiente, Levi.
Después de unos segundos se levantó y terminó por darle dos patadas en las costillas. Erwin se levantó de la silla y se acercó a él.
—Sigue en la habitación de Zeke, lo encontré de camino aquí y me lo dijo, su compañera está con ella cuidándola. Ve con tu mujer, yo me encargo del resto.
Los hombres se miraron y Levi agradeció en silencio. Todavía le dolía un poco el cuerpo, lo notó al hacer un movimiento para agarrar su saco. Salió de la habitación y observó el desastre en que se había convertido su camisa, con sangre salpicada en ella, además de las arrugas y partes descocidas por los tirones que Charles había hecho. Ni siquiera se inmutó con alguno de los rostros cuando observaban su estado. Las risas de algunas habitaciones se mezclaban con los gemidos de placer, otros de lo que parecía angustia, que provenían de otras. Incluso la mayoría de las personas con las que se cruzó en los corredores olvidaría que lo habían visto así, a causa del alto grado de alcohol y droga en sus organismos. Se asqueó ante tal escena y aceleró sus pasos en dirección a donde se encontraba su esposa, al llegar vaciló un momento con la mano extendida hacia la puerta. Notó que su mano temblaba. Dio un suspiro y golpeó la madera con sus nudillos. Una mujer bajita de pelo negro y ojos caídos lo recibió, reconociéndolo al instante.
—Hola— saludó ella amablemente intentando disimular el nerviosismo —No quería dejarla sola, Zeke ha ido en busca de mi abrigo, no es lo mejor, pero al menos el largo y podrá cubrirla lo suficiente. Ella me ha mencionado que el suyo es uno corto.
—Gracias— Levi apenas pudo articular las palabras, con la mirada fija en Petra. Se encontraba en un sillón largo agarrando fuertemente sus rodillas, cubierta con un saco.
Detrás de él oyó la voz de Zeke y Ackerman se corrió para dejar salir a Pieck.
—Toma— Jaeger le extendió el largo abrigo de piel sintética de Pieck.
—Lo devolveré lo más pronto posible, puedes llevarte el de ella por ahora — agradeció Levi.
—No te preocupes— contestó ella rápidamente —es lo de menos. La mujer bajó su mirada al suelo —Lamento mucho lo que le ha sucedido, siento tanta impotencia e indignación. Ha estado llorando angustiosamente desde que llegamos.
A Levi comenzaba a dolerle la cabeza producto del estrés y el enojo.
—Los dejamos solos— comentó Zeke —, cualquier cosa que necesiten con gusto les ayudaremos.
Levi agradeció y cerró la puerta una vez se fueron, luego de que la joven le entregara la tarjeta magnética de la habitación.
Petra oyó los golpes en la puerta y se acurrucó más. Pieck había sido comprensiva con ella, abrazándola y estando a su lado. Recordaba los ojos inquisitorios, y las insolentes manos tocándola cuando escapa del lugar. Su cuerpo temblaba de la rabia y el miedo. En cuanto habían llegado a la habitación, había corrido a vomitar como respuesta del estrés y los sentimientos de repulsión por lo que le había ocurrido; cuando observó a Levi parado en medio de la habitación, y notó el dolor en sus ojos, volvió a romper en llanto, ocultando su rostro entre las piernas. Percibió que su esposo se acercaba lentamente hacia ella, sus pisadas se escuchaban cada vez más cerca, y se percató de su presencia al lado de ella. Petra se sentía sucia, indigna. El cojín del sillón a su lado recibió el peso del hombre, quién se debatía en tocarla o no. Le mataba internamente verla así, encorvada sobre sus piernas, llorando dolorosamente. Maldito Charles, podría haberlo matado, podría haberse dado el gusto de acabar con la vida de esa lacra.
—Petra…— La voz de Levi sonaba algo ronca y un poco quebrada.
Estiró lentamente la mano hacia el hombro de ella, el cual se tensó al momento de sentir el contacto de la punta de sus dedos. Levi sintió un nudo en el estómago ¿entonces era esta la sensación que ella sentía cada vez que lo tocaba, cada vez que intimaban y él se tensaba? Lo que él menos deseaba es que Petra viviera algo tan traumático como lo que había vivido horas atrás. Tímidamente deslizó su mano hasta tocar completamente su hombro con esta, acariciándolo. Si bien todavía estaba tensa, poco a poco se iba relajando un poco. Minutos después, ella se dio vuelta lentamente y lo miró. Su mirada rota, vacía, hicieron que su labio temblara por la rabia y el dolor. Sus manos actuaron solas, encerrándola en un abrazo. Pasaron un buen rato así, con él acariciándole la cabeza y ella llorando en su hombro. Cuando se hubo calmado un poco, Petra observó las manos rojas y amoratadas de su esposo, sin mencionar el rostro que se encontraba adornado por moretones, y le acarició los nudillos.
—¿Qué hiciste, Levi? — Petra frunció el ceño ante la imagen que presentaban sus manos. Siempre pulcras, ahora se veían sucias con salpicaduras de sangre y unos nudillos rojos. Sin mencionar el estado deplorable de la camisa.
Él observó sus ojos hinchados por el llanto y exhaló violentamente por la nariz —Si no fuera por Erwin podría haberlo matado.
—¡Levi!
Él estalló ante la tonta reprimenda de su esposa —¡Te humilló, Petra! — el agarre de sus manos estaba presionando fuerte sus rosadas mejillas— Te dejó en ridículo delante de todos. Te acosó incluso cuando le habías expresado un claro no, te chantajeó, y al ser rechazado otra vez te intentó quebrar. ¡Y nadie hizo absolutamente nada, menuda m*erda de espectadores! ¿Cómo pretendías que me quedara de brazos cruzados?
No se había dado cuenta, pero había empezado a hiperventilar cuando comenzaron los gritos de su marido. Ella lo conocía más que nadie, era extraño que Ackerman perdiera los estribos de esa manera. Se abrazó a sí misma, sintiendo como las manos masculinas abandonaban su rostro para intentar calmar el temblor de su cuerpo, reprimiendo otro llanto. Nunca olvidaría esa noche, y estaba segura que nadie más lo haría. Sintió el calor de Levi y segundos después como él volvía a acunarla, como una niña. Eso rompió toda fortaleza en ella, deshaciéndose en lágrimas, mientras solo él la abrazaba y acariciaba la coronilla de su cabellera rubia.
—No voy a dejarlo así, voy a hacer que se arrepienta por lo que hizo esta noche.
—¿Vas a dejarlo en coma? —bromeó ella, de manera agridulce, entre sollozos.
—Hasta lo dejaré en bancarrota. Incluso haré que lo borren del mapa de los negocios.
—Tú no eres así, Levi. No juegas sucio.
—No cuando se meten conmigo o mis allegados.
Y el corazón de Petra corrió, galopó como un corcel en medio de la pradera. ¡Ah! Pero que estúpida se sentía, comportándose como una niña ante las palabras de su esposo cuando momentos atrás la habían obligado a desnudarse delante de unos pocos, humillándola públicamente. Y sin embargo estaba ahí, siendo alcanzada por sus cálidas palabras. Él apretó más el abrazo y a ella se le hizo casi palpable el latido de su corazón. Se sentía espléndido estar acurrucada, siendo encerrada en el sillón por los brazos y las piernas de Levi y estando recostada en su pecho, de esa manera. Como su refugio personal, aquel lugar al cual podía correr cuando quería escapar de todo. Irónico, pensó, ya que en tres años y medio de casados nunca se había sentido tan cerca de su cónyuge como en esta noche.
Ackerman la apretó más contra su cuerpo. Se sentía temblar, y la abrazaba cada vez más fuerte como si con eso se aseguraba que no la iba a perder. La rabia seguía latente en él, tenía deseos de matar al malnacido que había lastimado a su esposa, pero más aún, quería herirse a él mismo. Si tan solo no la hubiera dejado sola… No. El problema no era haberla dejado sola, el problema es que existieran lacras como Charles, que se creían dueños de los demás y que podían hacer lo que les plazca con la gente. Y de la maldita sociedad espectadora; porque nadie, absolutamente nadie, quiso interferir, por el contrario, disfrutaron siendo partícipes. Podía imaginarlos, y recordar, como se regodeaban en el morbo de la situación, viendo como la humillaban, observando ansiosos el cuerpo desnudo de ella, que solo quedó con la parte inferior de la ropa interior, todos los ojos puestos en su figura femenina. Incluso algunos se habían atrevido a tocarla. La temperatura de su cuerpo volvió a aumentar a causa de la ira, su cabeza volvió a dolerle por el estrés al que su cuerpo estaba siendo sometido. Iba a matarlos, iba a matarlos a todos. Iba a arruinar a Charles Meison, por todos los medios posibles, e iba a investigar a quienes estaban presentes esa noche para asegurarse de cerrarles la boca. Ackerman nunca había abusado del poder que tenía, no solo en el ámbito de negocios sino de todo el círculo social, más pensaba que esta situación ameritaba de su abuso del poder. Se había sentido tan satisfecho cuando le había desfigurado el rostro a golpes a Meison, recordó el estado en que lo había dejado, regocijándose. Pero quería más, quería golpearlo más, si era posible. Gracias a que Erwin se había quedado a su lado en modo espectador, y lo había detenido a tiempo, se había salvado de terminar en la cárcel por homicidio. En cuanto su amigo logró devolverlo a la realidad, ya que Levi se había dejado llevar por la rabia, quedando ido, cegado, como cuando uno sucumbe a los efectos de los narcóticos, corrió a la habitación que Zeke se había reservado en el hotel donde se llevaba a cabo la fiesta, siendo ya notificado por el mismo que Petra se encontraba allí.
Bendito sea Zackley por reservar todo el edificio para esa noche, haciéndolo exclusivo y prohibiendo la entrada de periodistas y obligando al personal a firmar un acuerdo de silencio, siendo advertidos de las consecuencias judiciales que iban a atravesar si alguno se atrevía a violarlo. «Lo que sucede en las fiestas anuales de Darius, muere allí». Le consolaba saber que pocos iban a saber lo que había ocurrido. Incluso si había algún invitado deseoso por vender los jugosos chismes que habían sucedido, la importante figura política se encargaría de callarlo. Había que ser idiota para no saber los fuertes vínculos que el hombre tenía con una de las mafias más importantes de la región, a pesar de que era un poco honesto en su cargo, algo muy contradictorio. El mundo en donde Levi se desenvolvía era, efectivamente, un asco y él ya estaba acostumbrado a ello. Y a como la alta sociedad daba rienda suelta, en la tan esperada fiesta anual, a los perversos deseos que albergaba. Pero él no iba a dejar que siguieran mancillando a Petra más de lo que ya habían hecho. Sintió como sus respiraciones estaban sincronizadas y se dio cuenta que ambos ya se habían calmado un poco. El calor del cuerpo de Petra caló hondo en su corazón y sintió como las lágrimas picaban en sus ojos. Era extraño, era extraño para él como sus emociones desbordaron sin control ese día, específicamente después de aquel suceso. No pudo encontrar explicación lógica y se aterró al ver que se sentía cómodo con este tipo de situaciones acarameladas, según él. Porque sí, quería a Petra, pero las demostraciones de afecto lo incomodaban. Se percató de que su mujer se había relajado tanto al punto de adormilarse y otra vez le pareció un enigma, que una persona llegue a ese punto con solo estar encerrada en un abrazo.
Y la miró, la contempló. Levi Ackerman contempló a su mujer, aprovechando que por la posición ella no podía notarlo. Los celos lo picaron al darse cuenta que el saco de Zeke cubría el cuerpo desnudo de ella, como si el mismo propietario lo estuviera haciendo; así que separó a su mujer de él, se levantó y le quitó la prenda obteniendo un gritillo de sorpresa por parte de ella, que se cubrió los senos con sus brazos. Levi se paró en frente y la tomó por los hombros. Muchas veces la había visto desnuda, y el ver la actitud y la vergüenza que Petra sentía en estos momentos por estar con solo una bombacha como prenda frente a él le despertaron impotencia.
Se desabrochó la camisa para vestirla con ella —No me gusta verte con prendas de otros hombres.
Petra agradeció el gesto, envolviéndose con la camisa. Echó una mirada a la tela, sucia por salpicaduras de sangre y toda arrugada. Parecía la ropa de un yakuza.
Sus ojos se encontraron, y Levi se perdió en el celeste de sus femeninos ojos y comprendió que la amaba. Si, la amaba, la amaba, la amaba. Levi Ackerman amaba a Petra Ral, lo hacía y por primera vez en su mediocre y desdichada vida se iba a dar el lujo de permitirse tal sentimiento, por más cursi, tonto, descabellado y extraño que parezca, ya que él no tenía permitido sentirse querido, ni querer. O al menos eso era lo que le había dado entender la asquerosa y solitaria vida.
—Perdóname.
—¿Por qué me estás pidiendo disculpas, Levi?
Él la miró a los ojos, y ella se deshizo por el dolor que reflejaban éstos. No se percató en qué momento Levi se había puesto de rodillas frente a ella, quién estaba sentada en el sofá.
—Por todo. Perdóname por hacerte sentir descuidada, por priorizar mi trabajo, por no ver mis errores. Perdóname porque siento que llevo parte de la culpa por lo que ha sucedido hoy.
—Yo, yo no sé qué decir.
Él solo le sonrió de lado, de manera melancólica mientras llevaba una mano a la mejilla de ella. Si es verdad lo que decía el dicho de que los ojos son las ventanas del alma entonces Petra estaba viendo en detalles los sentimientos de Levi en aquellos ojos. Siempre los comparaba con cosas de lo más curiosas: un bravo tornado, grises como el mercurio, afilados y letales como un arma. Imponentes como la más fiera tormenta. Hoy los ojos de Levi, en ese preciso momento, se veían como el más calmo océano, teñidos de una tierna duda mezclada con el dolor. ¿Se podía amar a ese hombre, más de lo que ya lo hacía? Con su curioso carácter, su impenetrable personalidad. Levi podía reflejar toda su autoridad, fortaleza y valentía, pero ella sabía que él escondía celosamente su alma herida, llena de dudas y miedo. Y Petra moría porque le permitiera sanar todas esas cicatrices, llenar todos esos vacíos de amor. Si tan solo la dejara... De repente el más alocado de los actos surgió: su esposo se levantó, tomó su rostro son sus manos y comenzó a llenarlo con besos, empezando con su frente, presionando fuertemente sus labios contra su piel. No pudo contener las lágrimas que escapan caprichosas por sus ojos. Lo notó confundido, soltándola, pensando que su acto la había lastimado.
—Lo siento, me has sorprendido en gran manera. Yo, he estado por tantos años acostumbrada a tu frialdad que no hubiera creído que podrías tratarme con tanta dulzura de esta manera. Porque sí, me has demostrado tu amor con otros detalles, teniendo idea de cuánto te cuesta expresarte afectuosamente.
Ackerman volvió a arrodillarse, pero esta vez solo apoyó una de las rodillas —he sido el peor de los esposos.
Ahora era Petra quien le tomaba el rostro —Ackerman— lo amonestó ella —, en el momento en que me diste el anillo de bodas yo sabía a lo que me estaba enfrentando. Y lo acepté. Te amé sabiendo como eras, te amo ahora y te amaré en el futuro, incluso si no cambias.
Se quedaron un momento mirándose a los ojos hasta que Petra soltó una risa divertida, y él sintió que su alma se sentía más liviana al verla reír.
—No entiendo la gracia— comentó él un poco reacio.
—Es que me siento como en las novelas rosas que leo, cuando no encuentro otra cosa que leer— Él seguía sin seguirla—. Me refiero, a qué esta situación es súper cliché.
Levi asintió con una risa ahogada, sin abrir sus labios, con el rostro serio — A mí se me hace de lo más empalagosa.
Ella sonrió enamorada— Lo sé. Ahh, Levi, deja de mirarme así.
—¿Cómo lo hago?
Se moría de ternura con las expresiones de confusión que él hacía —como si hubieras descubierto el tesoro más celosamente guardado del universo.
Levi se tomó su tiempo para contestar— Lo eres, al menos para mí universo, eres eso que has dicho.
Y ahora la que se sentía una tonta adolescente era Petra —me estás haciendo las cosas difíciles. Con cada acción que has estado haciendo desde que atravesaste esa puerta, me cuesta cada vez más el no perdonarte.
—Aún si no quieres perdonarme, por favor, vuelve a casa —le rogó, ¡sí! Levi Ackerman rogó a Petra que no lo abandonara.
—si vuelvo, ¿te entregarás a mí completamente? Porque lo quiero todo de ti, Levi. No solo lo físico.
¿Lo haría? ¿Podría romper las barreras, la incomodidad que el afecto le propiciaba, y entregarse a Petra? Ella decidió no presionarlo, sabía acerca de su pasado y entendía porque le costaban tanto las relaciones. Lo irónico es que ahora ambos se encontraban rotos por dentro. Ella lo seguiría queriendo igual, aun si él seguía protegiéndose a sí mismo. Sintió como su cabeza se apoyaba en su regazo y Petra perfiló su rostro con el dedo. Tenía los ojos cerrados, con la cabeza de lado. Ella enterró su mano derecha en su pelo para acariciarlo. Quizás Levi no le había contestado con palabras, pero lo estaba haciendo con hechos. Con ese simple acto de reposar su cabeza en las piernas de ella, le estaba mostrando, según el pensamiento de su marido, vulnerabilidad. Eso hizo que sintiera que su pecho se inflaba por la emoción, olvidando por un momento la pesadilla que había vivido esa noche.
—Te amo, Petra— confesó, con los ojos cerrados. No se atrevía a verla.
Y esa era la prueba que Petra necesitaba para saber que había traspasado, al menos, algunas de las murallas que Ackerman había levantado a lo largo de su vida. Levi nunca, pero nunca en su sano juicio, le había dicho que la amaba. Le había expresado que la quería, que la admiraba. Pero nunca había utilizado esas palabras, al menos, no tan seguido.
—Yo también te amo, Levi— respondió ella emocionada.
—Y— hizo una larga pausa —, perdóname por lo que vaya a decir, quiero quererte como corresponde.
Ella se sorprendió con aquella confesión. A lo largo de su relación, pocas veces él le confesaba cuando la deseaba y siempre había sido desde el sentimiento pasional, nunca había expresado que quería hacer el amor ya que, para Levi, era una idiotez romantizar el acto sexual. Sabía que le estaba pidiendo perdón porque entendía que no era el mejor momento para confesarlo, con todo lo vivido recientemente.
—¿Realmente me estás diciendo eso? Conociéndote, sabiendo que para ti tener sexo es meramente un acto de reproducción, sin sentimientos involucrados ¿me estás confesando que quieres hacerlo? Porque los dos sabemos la diferencia entre procrear y «hacer el amor».
Levi se incorporó y, como pidiendo permiso a través del lenguaje corporal, le preguntó si tenía permitido abrazarla. Petra accedió y entonces él escondió su cabeza en el fino cuello femenino —sí.
¡Cómo le había costado decir tan solo esas dos letras! ¿qué es lo que Petra había hecho con él? Lo había desarmado, lo había doblegado. Si alguien lo viera en estos momentos se arruinaría esa imagen que por años le costó construir. El olor del perfume mezclado con la esencia de ella le hizo sentir cosquilleos, besó tiernamente la piel desnuda y escuchó como Petra exhalaba por la nariz. Al demonio el orgullo, la frialdad y todo lo demás; Levi la besó casi desesperado, sintiéndose patético. Se hacía casi dolorosa la manera en como extrañaba esos labios, como la extrañaba a ella. Extrañaba su calor, sus besos, sus caricias. Extrañaba sus risas, o el saber que al despertar lo primero que veía era a Petra. Extrañaba su compañía, ¡Dios! Como extrañaba su cálida compañía. Se paró en seco cuando sintió como ella se tensaba.
—Lo siento —se amonestó por dentro por ser tan imbécil y sentirse tan patético.
Petra sonrió con una mezcla de tristeza —No es tu culpa, Levi. Creo que ahora puedo entenderte un poco más y te pido disculpas por no haber sido tan compresiva.
—Petra, has sido lo más humanamente comprensiva. No te culpes por nada.
Vio como a ella le temblaba un poco el labio, luego suspiró e intentó disipar, pensó Levi, los recuerdos.
—Vamos a casa, Petra.
—Sí— respondió ella —¿vas a salir así? — preguntó Petra sorprendida debido a que Levi había abierto la puerta sin percatarse que estaba semidesnudo.
Él se observó y recordó que le había dado su camisa — La novia de Zeke me dejó su saco, porque era más largo.
Ella sonrió —No es su novia, no todavía.
—Lo que sea, como si me importara lo que hace ese tipo — contestó él, seco mientras la cambiaba, sin pasarle desapercibido lo incómoda que Petra se sentía siendo vista desnuda—. Voy a hacerles pagar lo que te hicieron, Petra.
A Ella le reconfortaron un poco esas palabras. Esperó a que él se acomodara la ropa y salieron de la habitación con dirección a su hogar.
Bueno, y aquí termina la historia. Agradezco mucho el apoyo que me han dado y les doy infinitas gracias por haberle dado una oportunidad. Antes que me maten, todavía queda el epílogo.
Perdonenme por el comportamiento de Levi en este capítulo. Sé que el enano no es el más romántico de todos, admito que me ha costado mucho manejarlo. Intenté mantener la esencia del personaje, lo intenté de veras.
Gracias por leerme, infinitas gracias y felices fiestas. Saludos.
