EPÍLOGO
—Vamos, cielo, puja.
Una de las enfermeras la alentó e intentó calmarla a la vez. El trabajo de parto estaba siendo algo dificultoso, haciendo que Petra no se concentrara. Le estaba costando horrores sacar fuerzas para seguir pujando, la visión se le ponía algo borrosa intermitentemente, sentía como si el interior de su vagina se quemaba y su hijo lastimaba todo de ella mientras salía. Su espalda dolía, al punto que sentía que se iba a partir. Tenía miedo, miedo de que algo saliera mal, miedo de no poder aguantar el dolor y partir. No sabía hace cuanto había entrado en la sala, y lo único que la ayudaba a retener el poco de cordura que le quedaba, era el intenso apretón de Levi en su mano derecha; a través de la presión de su mano le mostrara el nivel de tensión que sentía, como una curva fluctuante, él había estado cambiando la intensidad del apretón, yendo desde el más suave, hasta el más violento y era cuando escuchaba a la obstetra pidiéndole a su marido que se relaje.
—¡vamos, ¡Petra, solo uno más, uno más y tu bebé estará en tus brazos!
Ella empujó al mismo tiempo que lanzaba un grito desgarrador, pasando del más intenso dolor a la más añorada calma y relajación. Podía apenas percibir que Levi también se había calmado un poco, pero seguía tenso. No había hablado en todo el tiempo que se encontró a su lado, sin embargo, había sentido su mirada penetrante y, en algunos momentos en donde el dolor la dejaba razonar, había encontrado su mirada convertida en una tormenta de emociones, desde el anhelo al miedo, la expectativa, y el amor.
Era una faceta nueva para él, el miedo era la emoción dominante en él, ante tal acontecimiento. Si bien había empezado a sanar sus heridas, permitiéndole a Petra ayudarlo, entregándose por completo a ella, no era un camino fácil ni algo que podía cambiar de la noche a la mañana. Habían pasado cuatro años desde su reconciliación; el primer tiempo había sido una etapa difícil, le dolía y se llenaba de impotencia cuando escuchaba a su esposa gritar en medio de la noche por las pesadillas que tenía a raíz del acoso de Charles, o cuando ella se tensaba ante algún tipo de afecto. Por su parte Levi se encargó de arruinarlo, borrarlo del mapa económico y empresarial. El cretino osado presentarse en su oficina para avisarle de los cargos que iba a presentar contra él, pero fueron en vano debido a la declaración y acusación de Petra en la justicia en contra de Maison. Pasaría unos buenos años en prisión. Ackerman había asumido sus cargos por violencia y pagado su fianza, su imagen ya no era tan limpia como antes, más nadie se atrevía a contradecirlo; incluso algunos justificaron su accionar, diciendo que era una cuestión de honor hacia su esposa. El primer tiempo el matrimonio tuvo que desaparecer por un tiempo debido al acoso mediático. Fueron dos años de calma, en donde recordaba las inocentes discusiones con su esposa debido a su queja por tanto tiempo de ocio; estaba acostumbrado a vivir a la carrera, con su mente y cuerpo ocupado así que le costó al principio relajarse. Había dejado la empresa en manos de Erwin, no tenía nada de qué preocuparse. El tiempo juntos los ayudó a dejar el pasado atrás, a afianzarse más como matrimonio. Una noche, cuando los besos pasaron de dulces a más pasionales, ambos se detuvieron: Levi no quería presionarle, se había dado cuenta lo mucho que Petra lo estaba cambiando cuando se encontró deseándola fervientemente, deseando hacer el amor. A lo mejor también influía el largo tiempo en que no habían intimado, producto de la incomodidad de ella. La miró fijamente, y de manera lenta, como pidiendo permiso, acunó su mejilla con su masculina mano, Petra cerró los ojos e inspiró hondo, entonces Levi se acercó suave y descubrió por primera vez, lo que implicaba hacer el amor, el entregarse completamente, dejando atrás los miedos, las inseguridades y entregándose a la otra persona, mostrándose vulnerable. Y no le importó, no le importó dejarse al cuidado de Petra, dejar que ella, ahora igual de rota que él, lo tomara por completo. Cuando terminaron oyó su sollozo y se disculpó, confundido. No sabía que había hecho mal, y lo que menos quería era que ella no haya disfrutado.
—Lo siento— se había disculpado ella —, es solo que… había anhelado tanto esto y nunca te había podido entender. Te agradezco por permitirme tener todo de ti, Levi. Me siento feliz de que me hayas dejado tomarte a ti, en cuerpo y alma.
Contempló su figura envuelta en la sábana, se había sentado frente a frente, y la abrazó dulcemente. Era un terreno desconocido para él, pero si era Petra, lo iba a afrontar, no importaba qué.
Volvió a la realidad con el llanto del bebé. La partera se acercó a su esposa, con su hijo en brazos.
—Felicidades— el rostro de la mujer brillaba de felicidad mientras entregaba a la criatura a su madre — es una niña.
Petra la recibió, una lágrima se escapó juguetona, rodando por su mejilla, en el momento que sintió a su bebé en sus brazos. Podía ver algunas facciones de ella y Levi mezcladas. Su corazón se hinchó de felicidad y amor cuando ambas cruzaron sus miradas. Levi se acercó a ellas, contemplándolas. No tenía palabras así que solo atinó a acariciar la frente de la bebé. Petra lo miró, orgullosa y enamorada.
—Tiene tu mirada — le comentó.
Ackerman estudió a su hija — me parece que se parece más a ti, no tiene mi habitual ceño fruncido.
Ella se rio — tiene tu mirada cuando estás relajado, Levi.
La médica se acercó a ellos, interrumpiéndolos —¿Cómo se va a llamar? — preguntó la mujer, curiosa.
—Kuchel, Kuchel Ackerman Ral— respondió la joven rubia, sorprendiendo a su marido.
—Pensé que se llamaría Clara— comentó él, sin aliento.
—Sé que habíamos elegido ese nombre— explicó Petra, mirando a su hija. Era una perfecta combinación de los dos, con la mirada y color de cabello de Levi, y el rostro y color de ojos de ella —pero pensé que quizás sería más lindo que llevara el nombre de tu madre.
Levi las miró, completamente embelesado. El mágico momento entre la reciente familia se vio interrumpido por el bullicio que se escuchaba afuera de la sala
—Esa cuatro ojos de m*erda, desde aquí puedo escuchar sus gritos— El comentario molesto de Levi llamó la atención del cuerpo médico, sintiéndose abochornados.
—¡Levi! — lo amonestó su mujer divertida.
Una vez acomodaron a la mamá y su bebé a una habitación más cómoda, el hombre de baja estatura abrió la puerta, permitiendo que sus allegados ingresaran a la sala, mientras recibía las respectivas felicitaciones. Su mirada se cruzó con la de Erwin, quienes compartieron cierta complicidad ya que un año atrás, habían sido padres con su esposa Marie de dos mellizos. Levi contempló la escena frente a sus ojos, y tragó saliva intentando calmar la emoción en su interior. El antiguo Levi se sentiría asqueado consigo mismo, el actual… experimentaba por primera vez en su vida, a excepción de la ve que había contraído matrimonio con su mujer, lo que era la felicidad, la felicidad completa.
