Nota: Siento mucho la demora. Demasiados fics, poco tiempo. Tendré que administrar mejor mí tiempo entre los fics, el cosplay y las clases (:

Escuchando: "The walk" de "Imogen Heap

Capítulo 2: Comienzo y decepción


"Podrías ser muy grande, ¿Sabes?, lo tienes todo en tu cabeza"


La noche había pasado lenta. Muy lenta. ¡Mierda, desesperada y jodidamente lenta! Me decía a mi mismo, cruzado de brazos, con los ojos muy abiertos y fijos en el techo de mi cama adorselada. Cada vez que trataba de cerrar los ojos y descansar, recordaba aquellos orbes azul brillante de Alfred durante la cena, que destilaban pena. Y decepción. Porque aquello que le había regalado mirada tras mirada era decepción, ¿Verdad? ¿Pero…Por qué iba a sentirse decepcionado Alfred…? Tenían que ser imaginaciones mías, solo eso… Tenia que serlo. Por que después de todo, ¿Acaso no se conocían desde hacia apenas unas horas antes? No podía importarle tanto…

Pero aunque dejara de pensar en el rostro del muchacho rubio, había otro tema que me tenía preocupado. La voz del Sombrero, sus palabras… Su ligera insinuación de duda, ¿Cómo podía insinuar aquel trozo de trapo que el estaba dudando? Sabia muy bien en que casa quería estar desde años. Mas bien, sabia en que casa debía estar… ¿A que venia aquella mierda de discurso en su oído? Ridículo… ¡Simplemente ridículo!

Desperté, mas cansado de lo que me acosté la noche anterior, después de haber conseguido conciliar unas cuantas horas de sueño. Me había casi obligado a mi mismo a dormirme diciéndome que aquel maldito insomnio era a causa del inicio de las clases y no por el estúpido americano que dormía seguramente placidamente en aquellos momentos en su habitación de la Sala Común de Gryffindor.

Sentí a mis compañeros despertar lentamente, entre gruñidos casi indistinguibles y farfullos mañaneros. Braginski fue el primero en levantarse de la cama, podía sentir sus pasos por la habitación, rebuscando entre sus cosas, y cansado de aquello, me levante también, sin muchas ceremonias ni mirar a nadie.

Buenos días — Espeto Iván mirándome de reojo, a lo que simplemente contesté de manera seca con un ligero movimiento de cabeza. Me dolía todo el cuerpo. ¡Maldita sea…! Sabia que aquel día iba a ir de mal en peor, podía sentirlo… ¡Y todo por culpa de aquel insomnio! ¡Y del estúpido americano! ¡Y de aquella ligera y ridícula opresión en el pecho!

¡Hola Arthur! — Una voz animada y atropellada casi me arrolló nada mas puse los pies en el Gran Comedor. Me había tomado un gran rato colocarme el uniforme, la tunica y arreglarme adecuadamente para bajar a desayunar. Sentía de alguna manera que estaba rehusando llegar allí y en mismo instante que observe al muchacho estadounidense acercarse a mi con alegría entendí cual era el momento que había estado tratando de evitar: Aquel encuentro. Solté un bufido, observando su gesto alegre y despreocupado. ¿Había leído decepción la noche anterior en su rostro, o simplemente había intentado verla? ¡Arthur, eres idiota!… A modo de respuesta simplemente me cruce de brazos, mirándolo de arriba a bajo. Si los dejaba sueltos seguramente me temblarían.

Vamos, deshaz esa cara de enfado — Me pidió el estadounidense sin perder aquella sonrisa que ya le caracterizaba. ¿Tenia acaso cara de enfado? ¡Para, para…! — Solo quería darte los buenos días, ya que parece que anoche en la cena no pude…

Ladeé la cabeza, desviando la mirada. Quería huir, no podía seguir mirando a Alfred a los ojos — No te vi durante la cena. Y después tenia prisa — Mentí, contestando apresuradamente y sin demasiadas ceremonias ¿Por qué le estaba dando explicaciones? ¡No, pedazo de idiota, no tienes que dárselas! ¡Lárgate, solo pasa de él!

Ah… Ya veo… — Farfullo, mientras que rodaba los ojos un instante — Veras, nos tocan las dos primeras clases de Transformaciones con McGonagall juntos… — Exclamó como si nada, mientras esperaba seguramente a que le dijera algo, pero no le di ese placer. Simplemente lo observe de medio lado, tratando de ignorar un guiño de ojos que me regalo mientras se acercaba un poco más.

Me aparte hacia atrás, mientras podía sentir en la nuca las miradas acusatorias e inquisitivas de todos mis nuevos compañeros de cuarto, clavadas en mi y evaluando mi charla desde lejos, murmurando. Aquello no era nada bueno… — Había pensado que… ¿Quieres que vayamos juntos?

¿Me lo había imaginado o su voz había temblado un poco al preguntarme aquello? ¿Y sentí un pequeño rubor en sus mejillas? El estomago me dio un pequeño salto y quise detener aquella sensación de golpe.

Cambie el peso al otro lado del cuerpo antes de abrir la boca — Preferiría que no — Masculle seco y simple, poniendo el tono más duro que pude encontrar en mi registro, encarando a mi vez una ceja.

El rostro del americano cambio unos segundos perdiendo un poco la sonrisa, pero trató de recuperarla al instante – Puedo esperarte a que termines de desayunar… - Farfullo, casi trémulo y pude notar sus ganas de querer alzar las manos y rascarse la nuca, con nerviosismo

No — Espeté, mirando hacia otro lado que no fuera la mesa de mi casa. Sabia que todo los de primer año nos estaban mirando y a aquel paso, todo Slytherin lo haría — ¿Aun no te diste cuenta, Jones? —Puse énfasis en tratarlo por su apellido. Quería mantener una distancia de seguridad — Eres un Gryffindor. Yo soy un Slytherin. Júntate con los de tu propia casa —Hice un gesto de despedida seco, dándome media vuelta y dejándole con la palabra en la boca. Sentía su mirada llamándome, pero tan siquiera me gire ¡Era así como tenía que funcionar, las casas eran como familias! ¡Y ya esta!

¿Quién es ese? — Espeto Rubens, otro de mis compañeros de cuarto, mirando por encima de mi hombro cuando me senté a su lado en la mesa de Slytherin. Alfred de seguro que seguiría de pie, plantado, con expresión estúpida, ¡Era como si lo viera! Pero no me gire, no quería mirarlo. Me temblaría todo si lo hacia…

Nadie — Negué con la cabeza, quitándole importancia — Un chico con el que hable ayer en el tren — Espeté, con un tono neutro. Quería alejar aquel incomodo sentimiento que tenia alojado en el pecho

¿Te juntas con basura de Gryffindor? — Iván casi escupió sus palabras, alzando las cejas mientras me pasaba una bandeja del desayuno — Mal empiezas, Kirkland…

Él fue el que se acerco… Yo no quiero nada con ese tipo — Dictamine, queriendo zanjar la discusión.

¿Cuánto tenia aquello de cierto y cuanto no? Me preguntaba mientras que desayunaba y, sin poder evitarlo, lanzaba miradas furtivas a la mesa de los leones. Él no estaba allí. Seguramente estaría haciendo nuevos y flamantes amigos en aquella casa de pomposos y arrogantes… Tan estúpidos como él… Trague con dificultad la tostada, sintiendo que aquel día seria demasiado largo…

Nuestra primera clase de Transformaciones, ¡Estaba demasiado nervioso! Tenia la palma de las manos cubierta de una fina capa de sudor y aquella reacción me parecía absurda, ¡Era tan solo la primera clase! Resérvate los nervios para los exámenes, me repetía a mi mismo mientras cruzaba el umbral de la clase.

McGonagall comenzó rápidamente la clase, hablando con voz severa y explicándonos los riesgos que involucraban las transformaciones primarias y que nos llevaría una ardua tarea hasta que llegáramos a transformar un ser vivo en otro. Con ceño fruncido, trataba de atender, de tomar notas y de escuchar a la profesora.

Pero no me sentía capaz, estaba demasiado… incomodo.

Sentía un par de ojos azules clavados en mi nuca, completamente enfrascados en mí. ¿Qué estaba haciendo aquel grandísimo imbécil? ¿Por qué Alfred no dejaba de mirarme? Lo espié con el rabillo del ojo y, efectivamente, el estaba completamente descentrado de la charla de la profesora y me miraba, sin reparo ninguno. Trague saliva, volviendo mi vista al frente y con el corazón desbocado. Sin éxito ninguno, trataba de atender a cada palabra que salía de los labios de la mujer que hablaba en el centro del aula, pero no había manera…

La hora paso lenta. Demasiado lenta y monótona para mi gusto, y lo peor de todo era que no había podido aprovechar al cien por cien mi primera clase, ¡Y todo por culpa de aquel idiota! Con las orejas completamente rojas de rabia, me levante de golpe y porrazo cuando McGonagall nos indico, y apresure a echar mis libros a la mochila, malhumorado. La siguiente clase era Encantamientos, con Hufflepuff, lo que querría decir que no tendría a Alfred tan cerca, lo cual era perfecto. Intenté aferrarme a este pensamiento, pero algo me interrumpió, bloqueando mi camino de paso. Alce los ojos, topándome con los azules del norteamericano. Mi garganta se seco de golpe, al ver que su cuerpo se interponía y no había manera de esquivarlo.

Espera Arthur… — La voz de Alfred era demasiado baja para lo que era normalmente. Su cara estaba con cierto aire de desconcierto y pena. Sin poder evitarlo, volví a sentirme débil, desfallecido. Aquella mirada que ponía de tristeza era demasiado para mi estomago…

No tengo nada que decirte, Jones — ¿Podrían acaso mis palabras sonar en un tono mas desagradable y envenenado? Me cruce de brazos, dedicándole una dura mirada y Alfred, simplemente, retiro la suya.

¿Por qué…? — El ojiazul paseo los ojos por la clase antes de volver a clavarse en mí, con aires de reproche. Había perdido su sonrisa — ¿Por qué te estas comportando así, Arthur? Ayer estábamos bien… Yo pensaba que…

No me estoy comportando de ninguna manera. Simplemente decido que no quiero juntarme con la gente… equivocada — Farfullé de mala gana, sin mover un ápice de mi cuerpo. Mis palabras parecieron afectarle, ya que me miro con un brillo extraño en los ojos.

¿Y dejas que eso lo decida algo tan… estúpido como en que casa esté? — Alzo mucho mas cejas y yo simplemente asentí, como si fuera lo más obvio — Pensé… Que estabas por encima de esa estupidez, Arthur… — Negó con la cabeza, mientras me abría el paso, como si decidiera que lo mejor era que me fuera ¡Por fin, el idiota lo había captado!

Eche a caminar, desviando la vista de él, pero cuando pase por su lado, volvió a hablar — Me dijeron que era una perdida de tiempo que tratara de hablar con un Slytherin. Los ignoré, por qué pensé que no tenían razón… — No pude evitar volver a mirarlo, quedando clavado en su mirada unos instantes. Aquel azul me atravesaba, ¡Mierda…! — No volveré a molestarte, Kirkland… — Y sin decir nada más, se marcho rápido, dejándome solo en la clase, donde habían empezado a entrar alumnos de tercero o cuarto. Me apresure a salir de allí, sintiendo de repente unos pitidos molestos en los oídos y el corazón desbocado.

Asistí a la próxima clase de Encantamientos, pero apenas atendí, solamente podía pensar en las palabras de Alfred, en su gesto fruncido. Y a la hora de comer, fingí encontrarme mal para ir a la Enfermería y poder quedarme allí, solo. Para pensar un poco, ¿Qué estaba pasando conmigo?

Estaba huyendo del estúpido americano, de su mirada seguramente acusatoria. O quizás lo que me daba miedo es que de repente Alfred dejara de mirarme. Y de hacerme caso…

Es ridículo, ridículo… — Masculle entre dientes, tapándome con la sabana de la cama donde la señora Pomfrey me había mandado reposar unos instantes. Quería ignorar a Alfred. Hacerle ver que le era indiferente. Quería evitar aquel sentimiento de camarería por él que había comenzado a sentir la tarde anterior. Y menos ahora que era un Gryffindor. Y muchísimo menos al caer en la cuenta que la razón de duda en su corazón de la que le había hablado el Sombrero era aquel afable y estúpido chico, ¿De verdad había estado apunto de echar a perder todo, sus ambiciones, sus planes, la tradición familiar –Aun que su familia en si se la Tria al parie- por un muchacho que acababa de conocer horas antes? ¿Estaba demente o que me ocurría? — Se acabo… J-Jones ya debe odiarme… — Farfulle, apoyando la cabeza sobre la almohada, suspirando. De seguro que aquello era así… Y aun que había sido yo el que había provocado la situación, dolía…

Los días pasaban raudos, las semanas se convirtieron en meses antes de que me diera cuenta, y pronto estábamos en Navidad. Las clases eran monótonas una vez te acostumbrabas a ellas, pero como todo en un inicio, supuse que mas adelante vendría un poco la emoción. Los amigos no me abundaban, había conseguido algunas compañías y amistades entre los muchachos de mi cuarto y de cursos superiores, pero siempre deambulaba solo por los pasillos, en el patio, en la sala común. Pero sinceramente, no era algo que me molestara en exceso. La soledad no era tan mala…

Aun que había algunos que parecía que si no estaban en grandes y ruidosos grupos no eran felices. Siempre armando escándalo, haciendo números a la hora de comer y llamando la atención en clase. Y él siempre estaba en medio de esos grupos, siempre él… Pensaba con pesadumbre al observar siempre a Alfred riendo, divertido con su numeroso y estúpido grupo. Como si la culpa de que no se hablaran no hubiera sido que yo hubiera rechazado su compañía…

Deja de ser un completo idiota, Arthur — Me decía a mi mismo cada vez que me descubría mirándolo reír, jugar con sus compañeros o simplemente perdido en sus pensamientos. Tenia que pasar de su existencia. No habían vuelto a dirigirse la palabra desde aquella primera clase de Transformaciones, y simplemente habíamos cruzado un par de miradas en las clases de vuelo. Él había sido de los alumnos mas albados y aventajados, y yo tan siquiera pude coger bien el palo de la escoba. Espere risas de su parte, pero además de clavarme una larga y extraña mirada, no paso nada más. Una parte de mi quería acercarse, decirle que podíamos hablarnos, pero otra decía que era mejor así… mucho mejor así. Y de esta manera, entre la soledad, las clases y algún que otro pensamiento hacia Alfred, el invierno paso, dando paso a una calmada primavera. El curso estaba a punto de finalizar.

Continuara~~


Espero que les gustara el capitulo. Tengo los demas escritos, solo me falta retocarlos, asi que no tardare demasiado. ¡Espero que les gusten!

:) Gracias a los Reviews, de verdad... ¡Muchas gracias!