Nota Autora: Dios, soy horrible u.u Tendría que actualizar más seguido, pero he estado demasiado liada con un cosplay que tenía que terminar… I´m sorry! ):

Dedicado: A Tomatoland. Porque sé que adoras esta mezcla de Hetalia y Harry Potter. Te quiero, pollo (:


Capitulo 3: Final del comienzo


"La verdad. Es una cosa terrible y hermosa, y por lo tanto debe ser tratada con gran cuidado"

Los días pasaban más aprisa de lo que era capaz de tacharlos en el calendario. Antes de que me quisiera dar cuenta, el curso estaba llegando a su fin, ¡Dios! ¡Tantos años esperando para ir a Hogwarts y en menos de un mes, tendría que regresar a casa! Aquel pensamiento me perseguía cada mañana y quizás era resultado de mi mal humor casi continuo. De nuevo en casa, con mis queridos y amados progenitores… Prefería pasar los meses castigado en las sucias y húmedas mazmorras de Snape limpiando calderos viejos…

¿A que viene esa cara tan larga de buena mañana? — La voz divertida de Iván me hizo volver al mundo real al instante. Estaba en el Gran Comedor, desayunando o, en mi caso, desmenuzando una tostada con un gesto hosco y de pocos amigos.

Nada… Estoy de mal humor por los exámenes… — Logré bisbisear sin alzar demasiado los ojos, escuchando una risilla más en boca de él y de su hermana Natasha. Alce la mirada, queriendo perforarlos con ella — Mierda… ¿Qué es tan divertido, si puede saberse?

Oh, por favor, Kirkland. No seas ridículo… — La muchacha suspiró impaciente y aquello solo acrecentó mi mal genio — Eres el ojito derecho de los profesores. Que el inútil de Vargas o alguno mas de esos zopencos de Hufflepuff estén nerviosos, lo entiendo. Es más, me apiado de ellos y sus notas… — Se carcajeo, recibiendo animaciones de nuestros compañeros de primero que se sentaban a su alrededor — ¿Pero tú? No me hagas reír…

No van a aprobarme así por las buenas… — Espeté, alzando las cejas ¿Qué insinuaba aquella chica? ¿Que los profesores lo aprobarían así como así?¿Qué todo mi trabajo era en vano…?

Por las buenas no — Se entrometió Iván, acompañando a su hermana en la tarea de "vamos a molestar a Arthur" — Pero no vas a poder negar de que tienes ganados a los profesores con tus trabajos y presentaciones, ¡Incluso la estirada de McGonagall flipa contigo!

¿Queréis un consejo? Probar a trabajar un poco… Ya veréis como os funciona… — Sabía que aquella malicia no era del todo dañina. No lo hacían por desprecio, solamente para tratar de encenderlo y que gritara… Aquello, aun que extraño, funcionaba demasiado bien. Después de enfadarse y gritar siempre estaba más relajado y de mejor humor… Por muy raro que pareciera… — Además, no las tengo todas conmigo… — Comencé a decir sin demasiados ánimos, dejando de hablar al escuchar unos gritos que provenían desde el otro lado del Gran Comedor, de la mesa Gryffindor. Alce la mirada, apartándola de golpe. Alfred estaba chillando y riendo con dos de sus compañeros, Beilschmidt y Bonnes, dando la nota y alborotando a todo el castillo… Como siempre.

Me mordí los labios, frunciendo el ceño hasta quedar con los ojos ligeramente entrecerrados. Hacia meses que no había cruzado palabra con el estadounidense, desde que en nuestra primera clase de Transformaciones le dije que no quería juntarme con un Gryffindor. Seguía sin querer saber nada de él, pero… Había algo que me molestaba infinitamente. Él ojiazul no había intentado de nuevo acercarse a él. Ni siquiera una mirada, unas palabras… Nada.

¿Eres idiota, Arthur? Me decía a mi mismo cada vez que aquel pensamiento asolaba mi mente ¡Era lo que tu querías, lo que le pediste! ¡Déjate de idioteces! Pero ante aquellas palabras siempre me quedaba incomodo… Quizás era porque en el fondo pensó que Alfred lo intentaría más… ¡Pero pensar aquello era absurdo, completamente ilógico!

Mira a esos idiotas de Gryffindor…— Escupió Natasha, mirando de reojo en dirección hacia donde yo había estado mirando. Desvié los ojos, incomodo — ¿Es que solo saben hacer el imbécil?

Hermana, ya sabes que no hay otra cosa que sepan hacer aquellos inútiles… — Afirmó Iván, negando con la cabeza y mirándome un segundo, frunciendo la boca — ¿A que viene ese sonrojo, Kirkland? — ¿¡Q-que…!? ¿Estaba rojo?

No digas idioteces… — Carraspeé, moviendo la mano con aspaviento. No tenia que sonrojarme por nada, ¡No! — Estoy algo acalorado… ¡Eso es todo! Además… — Mire de nuevo por encima hacia la mesa de los leones, tragando saliva muy disimuladamente — Pensaba lo exasperante que son aquel grupo…

Eso ni lo dudes en ningún momento. Además de inútiles e infantiles… ¿Habéis oído la última? Me han dicho que Jones ha vuelto a faltar a clase y vuelve a estar castigado… — Comenzaron a cuchichear los hermanos y yo me perdí de la conversación. No me gustaba cuando hablaban de Jones. Mi estomago se cerraba de golpe y me sentía bastante molesto, pero nunca entendía el porque… ¡Aquello era tan condenadamente ridículo!

Con la mandíbula apretada y los ojos entrecerrados, trate de centrarme de nuevo en mi desayuno, pero no pude evitar volver a levantar la vista, encontrándome con la risa fresca y animada de Alfred, divertido, en medio de un gran grupo de alumnos de su casa y de Ravenclaw… Siempre tan rodeado de gente y disfrutando. Riendo… Baje la cabeza, molesto, ¡Idiota, idiota, idiota!

Las semanas pasaron, y para gran pesar de la mayoría, los exámenes se nos echaron encima, ¡El castillo entero parecía exasperado por aquello! La biblioteca se llenaba hasta arriba todos los días, y la Sala Común de Slytherin estaba completamente en calma y silencio, dado que todos estaban entregados a su estudio.

No me importaba lo mas mínimo. Me gustaba el silencio y los exámenes, así que durante aquellas dos semanas me sentía la mar de a gusto… Pasaba las tardes enteras en la biblioteca, estudiando y las noches repasando los encantamientos, hechizos y demás florituras, sin demasiada compañía… Y aquello no era para nada desagradable, realmente agradecía aquel silencio y aquella calma a mí alrededor…

Hola Kirkland — Una voz casi risueña me saco de mis ensoñaciones y mis estudios, haciéndome volver la cara una tarde especialmente tranquila en la biblioteca. Estaba medio adormilado debido al calor que emanaba aquella sala orientada hacia una de las partes más calurosas del castillo y casi se me paró el corazón al ver que la persona que me había llamado no era otro que Alfred… Tragué saliva, mirándolo unos segundos y volviendo la cara.

Jones… — Saludé con frialdad, paseando mi vista por el libro que tenia delante, pero sin alcanzar a leer mas de una línea por el nerviosismo, ¿Qué hacia aquel imbécil hablándome? Aun que este no parecía muy animado a decir algo más. Me gire mínimamente, clavándome en sus ojos azules unos segundos — ¿Querías algo? Estoy estudiando. Deberías dejarme en paz y probarlo…

Alfred levanto las cejas, con los labios apretados, y simplemente negó con la cabeza, como extasiado — Métete en tus asuntos… — Farfullo, mientras se giraba, buscando con avidez algo en su mochila — Solo tengo algo para ti, y me largaré…

No necesito nada que tengas tú, gracias — Trate de ser lo más cortes posible, pero solamente tenia ganas de ser acido con él, ¡No soportaba su brillante y alegre presencia! Aun que en ese preciso momento lo de alegre y brillante le iba grande… Demasiado… ¿Por qué aquella cara tan larga? — Así que ya puedes ir… ¿Q-que es eso? — Inquirí al ver como sacaba con gesto aburrido un gran tomo encuadernado en piel y me lo tendía, con la cara apretada.

Es tu libro de Historia de la Magia — Repuso sin muchas ceremonias, empujando el ejemplar contra mi pecho, ¿Mi libro? ¿Pero, p-por que? — Estaba dando una vuelta por los terrenos y lo vi junto a uno de los robles que hay cerca del lago. Le eche un vistazo y encontré tu nombre en la cubierta — Nunca lo había visto tanto tiempo sin sonreír… Aquello era tan extraño que me hizo fruncir la boca, ¿Pero que más me daba? ¡Como si no sonreía nunca! Aquella sonrisa era… — Mañana tenemos examen con Binns, así que sé que lo necesitas. Tuyo es… — Al ver que no alargaba la mano para recuperar mi libro, soltó un suspiro, dejándolo sobre la mesa y girando su cuerpo, preparado para marcharse.

Ehh… Mmhh… — Bisbiseé, mirando el voluptuoso libro que el americano hubiera dejado sobre mis notas y luego le dedique media mirada. Bueno, gracias a él, podría estudiar aquella noche, ¡Aun que no era culpa suya haberse dejado el libro en otro sitio! ¡De ninguna de las maneras! — Gracias… supongo… — Fue lo único que pude carraspear, aguantándole la mirada unos segundos cuando el volvió la cabeza para analizarme de arriba abajo.

Como siempre, un placer hablar contigo, Kirkland… — Masculló el americano, sin volverse y comenzando a marchar hacia la salida de la biblioteca. Trague saliva, dado que… ¡Aquella actitud en Jones le molestaba! ¡El era él acido, Alfred tenia que ser brillante y resplandeciente! Si no era así, costaba odiarlo y ser cortante con él.

Eh… ¡Jones! — Chillé, antes de que este se marchara, haciendo que se girara. Casi no me había dado cuenta de que había alzado la voz hasta que lo hice ¿Qué mierdas…? — Gracias por lo del libro, ¿Si? Ya esta… — Bisbiseé, mientras volvía a mi asiento, sin poder obviar que de los labios del ojiazul se había escapado y sonrisa de diversión. Ya esta. Había sonreído. Volvía a ser repulsivo, agobiante e irritante… Todo volvía a cobrar un sentido…

Nos vemos… — Se despidió sin ceremonias, marchándose de la biblioteca y dejándome ahí. Solo. Con el ceño fruncido y, aunque no lo reconocería nunca, las orejas calientes y coloradas ¡Estúpido, estúpido, estúpido americano!

Las semanas de exámenes resultaron ser más irritantes y agobiantes de lo que podía haber llegado a imaginar. Las horas de estudio pasaban con una rapidez asombrosa y los exámenes parecían, en cambio, no tener fin. Me levantaba agotado por las mañanas, con la sensación de no haber descansado lo suficiente, y el día simplemente me demolían. Pero pasaron, para agradecimiento mío y, de seguro, de todos los demás estudiantes, ¿Aun qué por que me daba la impresión que había demasiada gente relajada?

Por fin… — Suspiro Iván en la habitación, cayendo rendido en la cama. Al igual que yo, tenia grandes ojeras debajo de los ojos, y se acostaba todos los días realmente cansado — Se acabo la tortura de los exámenes, ¡Aleluya! Un par de días más y ya podremos irnos a casa…

Vaya… — Fue lo único que pude responder, mientras Rubens me miraba durante un segundo, seguramente captando mi humor bajo. No había pensado en casa desde que me marche en Septiembre. Las cartas habían sido escasas y meramente informativas de que me encontraba bien, pero nada más… Mis padres no tenían interés en saber si había hecho amigos… O si era feliz en la escuela. Solamente me recordaban que debía ser el mejor y que debía controlar las compañías con gente indeseable.

¿Qué pasa, no quieres volver a casa? — Preguntaron, y toda la habitación me miro, esperando a que contestara. Y me quede pensativo. Claro que no quería volver a casa. Era demasiado desolador… Pero no tenia por que contarle mis problemas a nadie… A nadie…

Claro que quiero volver. Vaya tontería… — Farfulle de mala gana, tirándome en la cama y corriendo los doseles que la cubrían. No quería que me siguieran mirando. Estaba de demasiado mal humor. Podía escuchar los murmullos de mis compañeros y sus pasos lentos por la habitación mientras yo me encogía en la cama, haciéndome un ovillo por debajo de las sabanas. Estaba molesto… Demasiado.

Los días pasaban de nuevo rápidamente, haciéndome desesperar a medida que se acercaba la hora de coger el tren que nos llevaría de nuevo a Londres. No tenía los ánimos para volver a casa… Quería quedarse en el colegio, pero sabía que aquello era imposible para los alumnos…

La cena de despedida - la cual adornaban por todos los rincones el dorado y el rojo debido a la victoria de Gryffindor para la copa de las Casas- estaba ausente. No quería mirar a nadie. Hablar con nadie… Mis compañeros solamente me dedicaban miradas de reojo, pero parecían acostumbrados a mi mal humor repentino, así que ni se molestaban en dirigirme la palabra. Suponían que se me pasaría solo el enfado…

Dedique la mayoría de la noche a mirar a mi alrededor furtivamente, viendo como la gente se daba sus direcciones, hablaban sobre sus planes de verano, las vacaciones con la familia, ¿Cuál eran sus planes? ¿Pasar el verano encerrado en su habitación, sin más compañía que Evelywn? Vaya asco, me decía a mi mismo, tragando con pesar. Al menos en el colegio podía… Estar lejos de allí. Casi sin pensar, deslice los ojos hasta la mesa donde mas alboroto había, los leones estaban eufóricos por su victoria por encima de los demás. Chillaban, festejaban… Como siempre, molestos.

Pero no pude evitar darme cuenta de algo sumamente extraño. Jones… Jones estaba en un extremo de la mesa. Sin hablar con nadie, sin aires de grandeza, ni de festividad. Simplemente miraba su plato con gesto ausente, como inmune al grado de alegría que vibraba a su alrededor ¿Qué le sucedía? ¿Por qué estaba con aquel estado encima…? Alfred no parecía ser de los que se deprimían por el verano. Ni por haber sacado unas calificaciones algo bajas, aunque mediocremente aceptables. A todos los efectos sobre lo que conocía de él, solo podía imaginármelo feliz, disfrutando… ¿Había algo que le entristeciera?

Sacudí la cabeza enérgicamente, volviendo a mis pensamientos, ¿Qué mas me daba que aquel idiota estuviera de bajos ánimos? ¡Como si Jones importara lo más mínimo!

El día de irse llego demasiado pronto. No estaba preparado para ello, me repetía mientras deambulaba por los pasillos del tren, que se dirigía a Londres. La gente reía desde sus compartimentos, pero no tenia ganas de estar con nadie. Solamente de estar solo, pensar… Y quizás relajarme ante la idea de tener que pasar los próximos dos meses y medio con mis padres. ¡Vaya mierda! Me repetía, melancólico.

Vamos Al… anímate — Escuché la susurrante voz de Matt, que se deslizaba por una puerta semiabierta, casi al final de uno de los compartimentos del ultimo vagón. Me paré, observando la puerta que me separaba del canadiense y, lo mas seguro, de su hermano, ¿Estaban solos? Aquello era insólito. Pero aparte de la voz del hermano pequeño, no había ninguna más… Además… ¿Qué pasaba, Jones seguía con los ánimos bajos desde la noche anterior? — No me gusta verte así y lo sabes. El verano pasa rápido… Ya lo sabes… — La curiosidad estaba pudiendo conmigo, no podía creer que hubiera algo que pudiera tener a Alfred en aquel estado durante tanto tiempo. Conteniendo el aliento, me asome de reojo por el cristal que enmarcaba la puerta, observando el interior: Matthew abrazaba a su hermano por los hombros, mientras que Alfred estaba alicaído, con la cabeza girada hacia la ventana, sin mirar al rubio pálido — Al…

Déjalo… — Susurro el estadounidense, haciendo que me revolviera en mi asiento ante su tono serio de voz — Sabes que será un asco… Yo… No, no quiero…

Hablaremos todos los días, podemos utilizar el teléfono. Y antes de que te des cuenta, habrás vuelto… — Mascullo el menor, con dulzura, acariciando con cuidado los cabellos dorados de Alfred. Aquello me tenia demasiado enganchado, quería saber a que se debía aquel cambio de roles, aquella tristeza ¡Quería saberlo todo! Si tan solo mencionaran a que se debía aquello, podría…

¿Se te ha perdido algo por aquí, Kirkland? — Una voz dura y amenazante me hizo girarme de golpe, encontrándome con el rostro serio y abrupto de Beilschmidt, al cual seguía uno de los torpes hermanos Vargas y un par de alumnos mas de Hufflepuff. Me sonroje de inmediato ante mi pillada ojeando dentro del compartimento.

¿Q-que…? Y-yo… — Tartamudeé, sin saber que contestar, ¡Mierda, mierda, mierda! — ¡C-c-claro que no! — Espeté, apretando la mandíbula. Aun encontrándome en aquella situación no iba a dejar que me intimidara. Aunque me sacara una cabeza y media… ¡Huye insensato! Me decía mi cerebro, pero sentía las piernas paralizadas…

¿Entonces? — Inquirió, mientras que se acercaba un poco más, haciéndome retroceder, ¿Sería capaz de golpearme solo por aquello? Realmente parecía capaz de ello — Lárgate de una vez, o te dejare un regalo para que no te vuelvas a acercar— Amenazó, mientras que el muchacho que estaba detrás suya –creía que era Feliciano- le agarraba, pidiéndole que se calmara. Trague saliva, sin poder evitar echar la cabeza hacia un lado, observando casi de refilón de nuevo por la ventanilla. Las dos figuras del interior del compartimento habían escuchado la revuelta con la puerta semiabierta y ahora miraban en su dirección… No pude evitar sentir el choque de los ojos azules y llorosos de Jones contra los míos, dejándome unos segundos sin pensamiento propio. Solo quería saber que mierdas ocurría… Que le ocurría — Dije que te largues, Kirkland, ¿A que esperas? ¿Los de Slytherin aparte de capullos sois sordos?

Aquello me devolvió a la realidad, haciendo que le mirara directamente, creciéndome un poco, aunque sabia que llevaba las de perder — Mira, idiota… — Comencé a decir, cuando una voz me corto, callándome por completo.

Entren, muchachos… — Jones, apagado, se había acercado a la puerta, abriéndola de golpe. Señalo a sus amigos, haciéndose a un lado para que entraran. Estos me miraron durante unos segundos y después obedecieron al rubio, entrando e ignorándome ¡Manada de imbéciles! Mire de nuevo a Alfred, pero este tenia la vista clavada en el suelo, y sin decir ni media, cerro la puerta, dejándome con la palabra en la boca. Me sonroje muchísimo más por aquella muestra de indiferencia hacia mi, ¡Púdrete, Jones! Fue lo único que quise chillar, comenzando a alejarme de allí, ¿¡Para qué demonios me preocupaba por semejante elemento!?

Deambule por los pasillos, sin querer volver a mi compartimento. No quería que nadie viera mis orejas rojas y mis ojos brillantes, ¡Aun que estaba completamente de lugar sentirme así! Solo por que me hubiera cerrado la puerta en las narices un imbécil… — ¡A-Arthur…! — Una tímida voz me chillo por el pasillo, haciendo que parara en seco ¿Era la voz de Matt? Me gire, para encontrarme con el rostro serio del canadiense, que se acercaba a mí y trataba de forzar una sonrisa. No recordaba cuando había sido la última vez que habíamos cruzado una palabra aquel muchacho y yo — Estaba buscándote… Arth… B-bueno, Kirkland — Tartamudeo, nervioso, claramente agobiado sin saber como dirigirse a mi. Alce las cejas. Con Alfred era sencillo perder los papeles, pero Matt… era otra historia.

¿Qué quieres, Matt? — Inquirí amable, pero apresurado y quizas algo cortante ¿Qué quería?

Lamento lo de antes. Lo de Ludwig, y ya sabes. Lo demás… — Se sonrojo, claramente incomodo ¿Por qué venia el a disculparse? — Es que Al lleva unos días decaído y Lud solo pensó que querías molestarlo…

Solo me tope con vuestra puerta de casualidad. Ya esta. No tenía pensado entrar. Así que dile a tu hermano que no… — Escupí casi con amargura, haciendo el amago de regresar por el pasillo, pero Matt siguió hablando, cortándome con timidez.

Alfred quería disculparse el mismo por haberte cerrado la puerta. Pero últimamente no es el mismo… — Susurró en voz baja, parando mi huida, ¿Iba a contarme que diantres pasaba? ¿Así, sin más? — Veras… Él tiene que irse a Estados Unidos este verano, con nuestro padre y nuestra madrastra. Y eso no lo anima demasiado…

Tarde unos instantes en asimilar las palabras del canadiense, mientras ladeaba la cabeza, analizándolas — ¿Tenéis madrastra? — Inquirí, recordando la pregunta que me había rondado durante horas después de nuestra ceremonia de Selección. Por que Alfred y Matthew no compartían apellido. Quizás aquello lo explicara. Idiota, me decía, ahora la pregunta que le había hecho seria ridícula ante lo obvio…

Si. Nuestros padres se… Separaron cuando papa se entero de, bueno, de lo que era nuestra madre — Matt se sonrojo por completo ante aquellas palabras, dejándome boquiabierto durante un segundo, El… ¿El padre de los muchachos no era mago? ¿Eran… mestizos?— Descubrió nuestros poderes y le pidió el divorcio por engañarlo durante tantos años. Pero aun así, se quedo con la custodia de Alfred. Mi madre tiene la mía — Masculló, sincerándose y moviendo los pies con nerviosismo.

Pero recuerdo que me dijiste que vuestros padres… tenían muchas ganas de que vinierais — De repente, gran parte de las primeras conversaciones que tuvimos me vinieron a la mente.

Matt negó con la cabeza, mientras que se apoyaba en la pared, con las manos metidas dentro de los bolsillos — N-no es mentira… Pero hablaba de mama y… bueno, nuestro padrastro — Cerro los ojos con lentitud — Recuerda que Al te dijo que quien nos inscribió fue nuestra madre… Para no tenía ni idea de que éramos magos…

Lentamente, asimile la información que el canadiense me había descubierto. Asentí con pesar, mientras que el simplemente suspiraba — Al odia a nuestra madrastra… Simplemente porque pensó que podría hacer que papa se volviera a enamorar de mama… Siempre tan optimista — Sonrío tristemente, como apesumbrado por aquella idea — Desde entonces, cuando tiene que ir, se pone así de melancólico… Además, dice que no quiere irse del colegio por otras razones que no quiere contarme — De repente calló, abriendo de nuevo los ojos y me volvió a mirar, separándose un poco de la pared, y dedicándome otra sonrisa, tímida — Creo que conté suficiente. Espero que…

Esta bien. No contare nada, ¿Esta bien? — Espeté con rapidez al tímido muchacho que asintió con la cabeza. Cerré los ojos, con un pesar nuevo en la garganta, escuchando los pasos alejándose del canadiense. Los volví a abrir, observando su figura esfumándose, seguramente volviendo a aquel compartimento con su hermano mayor. Y yo ahora solamente podía pensar en algo sumamente estúpido, pero a la par, fundamental. Alfred era un sangre mestiza, ¿Por qué no lo había mencionado en el viaje de ida al colegio? Trague saliva, sin saber que pensar… ¿Cómo habría reaccionado ante aquello? Un sangre mestiza no era como un sangre sucia, pero…

Negué con la cabeza. Eso era irrelevante. Alfred era un idiota, molesto y chillón de Gryffindor. Y a todo aquello se le sumaba ahora que no era sangre pura. Era mejor no pensar más en él. Ni preguntarse cual era la razón por la que Jones quería quedarse en el colegio. Había hecho bien en quitárselo de encima pronto, antes de que llegara a calarle demasiado… Era lo único que podía decirme mientras que continué mi paseo por los pasillos del tren, sin ganas aun de regresar a donde estaban mis amigos y compañeros.

To be continued...


Urrg... ¡Llego tarde a actualizar! ;^; Lamento la demora, sé que dije que actualizaria varios fics, pero este fin de semana tuve una convención de manga, y mi cosplay no estaba a punto... ¡Tuve que ponerme las pilas y terminarlo! Ahora estare 100% y tratare de terminarlo todo... ¡Espero que no se cansen y disfruten!

Un millón de gracias por los Reviews, me los comeria a todos a besos 3

Espero que les guste como estan saliendo las cosas, y que no encuentren a Arthur demasiado OC, ni a Al... Ni a ninguno en realidad ^^u

¡Saludos y hasta la siguiente actualizacion!