Tae estaba encantada al verlos entrar en el Akabeko. Se apresuró en ir a recibirlos y atrajo a Kaoru en un fuerte abrazo, regañándola con cariño, - ¿Dónde has estado? ¡No te he visto en mucho tiempo!
Kaoru rio, - Te vi hace unas pocas semanas. Además, ves a Yahiko todos los días, estoy segura de que te mantiene informada.
Tae hizo un ademán desdeñoso. - Hombres. Sabes cómo son, nunca perciben las cosas importantes. Quiero escuchar cómo estabas pero de ti.
Ella se encogió de hombros, - No hay mucho que decir, la verdad. ¿Te nos unirás para el almuerzo? Estamos celebrando y te prometo que me quedaré después para ponernos al día. - Juntó las manos y le dirigió a Tae una inocente e ilusionada mirada.
Mirando alrededor y percatándose de que sus empleados lo tenían todo bajo control, decidió que estaría bien tomarse un descanso. Los llevó a una mesa donde podía controlar el movimiento del restaurant y al mismo tiempo tener privacidad. Todos se sentaron y ordenaron, con un ambiente festivo que rodeaba al grupo. Cediendo ante la curiosidad, Tae preguntó, - ¿Qué estamos celebrando?
Kaoru sonrió, - Es un almuerzo por mi cumpleaños.
- Ah, sí. No puedo creer cómo vuela el tiempo. ¿Cuánto cumples?
Sintiendo que su sonrisa se tensaba, Kaoru dijo, - Veinte.
Los ojos de Tae se tornaron compasivos y colocó gentilmente una mano sobre la de Kaoru. - No te preocupes. De todos modos no importa. ¡Celebremos y disfrutemos de la comida!
Notando que Yahiko se mordía la lengua, probablemente para parecer más maduro ante Tsubame, Kaoru pudo sentir el desconcierto de Kenshin. Sintiendo un pequeño destello de furia, decidió que no se lo explicaría así sin más, tendría que preguntar si quería saber. De cualquier manera, probablemente no le importaba como para querer saber.
Mientras trataba de alejar esos sentimientos negativos, casi no escuchó la pregunta de Kenshin. - Tae-dono, Kaoru-dono, sessha teme que sessha no está entendiendo, no lo hace. ¿Por qué veinte no es una buena edad? A mí me parece que está bien, sí que lo está.
No queriendo explicarle pero al mismo tiempo sin ganas de enmascarar sus verdaderas emociones, Kaoru respondió con calma, sintiéndose vieja. - Cuando una mujer cumple los veinte sin estar casada, es considerada una solterona. Obviamente hay algo malo con ella, ya sea por la falta de dinero o de algo más. La sociedad tiende a mirarla con lástima y a veces con menosprecio. Es cruel y hasta tonto, pero así son las cosas. Si ahora ya soy considerada rara por la comunidad, esto sólo hace que lo sea más, es todo.
Kenshin se sintió como si alguien le hubiese abofeteado, la sorpresa era evidente en su aspecto, y de sus ojos salieron brevemente destellos ámbar. Kaoru lo miraba fascinada antes de recordar que ya no se haría mal a sí misma y desvió los ojos. Después, la comida llegó, interrumpiendo cualquier respuesta que él hubiese dado. Ella lo miró, pero su alegre mascara de rurouni estaba bien puesta en su sitio. Mientras se disponían a comer, captó a Yahiko mirándola con creciente preocupación, pareciendo comprender al fin lo que eso significaba para Kaoru. Tomando ventaja del breve desconcierto, ella le golpeó suavemente con su hombro, distrayéndolo. No quería que se preocupara por ella más de lo que ya estaba. Enishi lo había sacudido hasta el fondo y ella no quería que retrocediera los pasos que había avanzado en superar su miedo a perderla.
El almuerzo transcurrió rápidamente entre bromas y risas. Tae había compartido varias historias de cuando Kaoru era niña, avergonzándola y haciéndola sentirse contenta de haber crecido. Era todo con buena intención, así que no podía protestar mucho. Al fin, la comida se terminó y Yahiko fue el primero en irse a dormir para esperar su turno. Kenshin, Tae, y Kaoru se demoraron, contentos. Viendo a Tae mirándola con intensidad, Kaoru tomó coraje y se volvió a Kenshin, - Oye, ¿por qué no te adelantas? Sé que tienes cosas que hacer y quiero quedarme un momento a hablar con Tae en privado.
Vio que él se debatía mentalmente durante un minuto sobre si ir o no. Finalmente dijo, - Sessha disfruta de estar contigo, Kaoru-dono, pero sessha tiene que hacer unas compras. ¿Por qué no tienes tu charla con Tae-dono mientras sessha va de compras y más tarde volemos juntos?
Sintiendo un salto en su corazón, regañó a ese órgano tan traidor, rogando que su rostro mostrara tranquilidad. Pareció pensarlo, luego asintió lentamente, - Puede ser. Gracias, Kenshin. Aprecio tu amabilidad. - Eso pareció alarmarlo, pero simplemente se incorporó y se fue del restaurant.
Sintiendo que Tae iba a interrogarla, tomó su mano para prevenir las inevitables preguntas. - ¿Podemos ir a un lugar más privado?
Tae, rápida en captar las cosas, asintió y se paró. - Ven, podemos hablar en mi oficina.
Se dirigieron allí y Kaoru esperó a que la puerta se cerrara antes de colapsar sobre una de las sillas. - Oh, Tae. ¿Qué voy a hacer?
Tae tomó asiento con elegancia, ignorando la manera en que Kaoru estaba tumbada. - ¿Hacer qué? Algo te ha estado pasando últimamente, no estás tan alegre como de costumbre. ¿Qué está sucediendo?
Kaoru se encontró a sí misma relajándose, su corazón sintió una calidez ante la obvia preocupación en la voz de su amiga. Aunque se acercaban bastante en edad, Tae tenía hacia ella un sentimiento maternal que aliviaba el dolor en el alma de Kaoru. Era alguien que la ayudaría con cualquier problema que estuviera atravesando con amor y compasión, pero que también le diría las cosas sinceramente. Careciendo de la energía suficiente como para sentarse de forma más decorosa, dijo, - Estuve, luchando, últimamente. Como sabes, mi cumpleaños fue ayer. Y mi vida será más dura a partir de ahora. No me malinterpretes, no me arrepiento de nada sobre la forma en que fui educada. Pero soy una rareza, una instructora de kendo soltera sin familiares ni amigos. La gente habla, los escucho, aún si piensan que no puedo hacerlo. A veces, me siento tan cansada que todo lo que puedo hacer es actuar como si nada hubiera sucedido. Estoy cansada de estar sola.
- ¿Qué hay de Yahiko y Kenshin?
- Ellos son mi familia. Pero necesito algo más, necesito alguien que me contenga. Amo a Yahiko, es el hermanito que nunca tuve, pero no puedo imponerle más cargas. Ya ha pasado por mucho. Cuando Enishi me llevó, se asustó profundamente, creyendo que estaba muerta. Me honra que haya continuado en seguir con los principios de mi familia aún después de pensar que ya no estaba, pero me rompe el corazón que haya pasado por todo eso. Después de volver, pasaron semanas antes de que dejara de tener pesadillas. Después de meses ha sido capaz de dejar de vigilarme. No, ya pasó por muchas cosas y es mi turno de protegerlo.
Tae la incitó a seguir hablando cuando se percató de que Kaoru no iba a continuar, - ¿Y Kenshin?
Kaoru mantuvo su voz suave, pero el dolor era obvio, - Kenshin ha estado en mi vida durante tres años. Cuando apareció, estuve tan contenta de tener a alguien en el dojo, alguien con quien hablar. A pesar de mis faltas, nunca me hizo sentir menos. Me aceptó por quién soy. Sé que se preocupaba por su pasado, pero a mí nunca me importó. La persona que es ahora, eso era lo único que me importaba. Luego se fue a Kioto y me di cuenta de lo enamorada que estaba de él. Sentí como mi corazón era arrancado de mi pecho.
- Pero fuiste tras él.
- Sólo porque todo el mundo me orientó a que lo hiciera. Yo estaba paralizada, Tae, y odié sentirme tan indefensa. Todo salió bien y volvimos. Me sentí con esperanzas. ¡Él había visto que soy capaz de protegerme a mí misma y le dejé bastante en claro que entendía su pasado y que no me importaba! Con el tiempo, nos acercamos más. Tomábamos te por las tardes y mediante charlas nos abrimos el uno al otro. Incluso me ha buscado solo para hablar unos minutos. Empezaba a reír más y yo estaba feliz de verlo feliz. Hasta que llegó Enishi.
Tae tembló ligeramente, recordando el horrible sentimiento que experimentó al creer a Kaoru muerta. - Ése fue un mal tiempo.
Kaoru asintió, sus ojos se ensombrecieron. - Creo que fue la primera vez que sentí mi corazón roto. Me sentí una tonta por no suponer que Kenshin pudo haber estado enamorado de alguien más. Me gustaría creer que él me hubiera contado de ella, pero desde que Enishi forzó las cosas, nunca lo sabré. Nunca le dije a nadie de esto, pero estuve cerca de rendirme en esa isla.
Tae estaba impactada, - ¡No!
Kaoru asintió con tristeza, - Sí, había pasado dos años apegada a un hombre del que me di cuenta que ni siquiera conocía. Cada día que pasaba y no ver que alguien llegara, hacía que mi espíritu decayera. Incluso pensé en cómo las vidas de los demás estarían mejor si yo no estaba, que tal vez era bueno que yo no estuviese.
Tae apretó sus puños enojada, - ¡Kaoru! ¿Cómo te atreves siquiera a pensar… - Vio que el dolor en sus ojos aplacaba la ira de Tae.
- No sabía que todo el mundo pensaba que estaba muerta. Y ese lugar estaba haciendo estragos con mi mente. De haber sabido lo que sé ahora, nunca hubiera pensado en eso, lo prometo. - La sombra en sus ojos se disipó, y sonrió a Tae, - Sin embargo, mi obstinación Kamiya hizo su aparición y planeé qué gritarle por dejarme allí tanto tiempo y por ocultarme su pasado. Pero todo el mundo estaba tan quebrantado cuando regresé. Tomó un largo tiempo volver a la normalidad. Pero ya no seremos los mismos de antes.
- ¿Y qué vas a hacer ahora?
Kaoru cerró los ojos por un momento y respiró hondo antes de decir las palabras que partían en dos su corazón, - Saldré adelante. Me rindo con Kenshin. Hemos estado juntos por tres años y nunca se interesó por mí de manera romántica. Así que aceptaré el hecho de que nunca seremos algo más que amigos y saldré adelante. Quiero una familia, quiero dejar un legado. Adoro a Yahiko, pero quiero hijos propios. Aún con veinte años, tengo el dojo, así que debería poder encontrar a alguien con quien poder casarme. Y tal vez algún día, pueda llegar a amarlo. Pero ya no puedo esperar. Me está matando, Tae.
- ¿Y cómo vas a hacer con eso de ser sólo amigos?
Kaoru tiró bruscamente de su cola de caballo, frustrada. - No lo sé. Quiero que seamos amigos, pero no sé cómo hacerlo. Pienso en evitarlo, pero no funcionaría. Después de lo de Enishi, no me sacó la mirada de encima durante semanas, y sus ojos tenían un color ámbar. Cuando las semanas pasaron y no sucedió más nada, al fin empezó a relajarse, pero aún siento su ki rozarme varias veces al día, asegurándose de que aún sigo por aquí y que estoy bien. Evitarlo lo pondría al límite de los nervios y no me dejaría en paz.
Tae la miró pensativa, - ¿El hecho de que sea Battousai no te preocupa?
Los ojos de Kaoru centellearon con enojo.
Kenshin había dejado el restaurant renuentemente, luchando contra la urgencia de mirar por sobre su hombro para echarle un último vistazo antes de asegurarse de que estaba bien. Era todo lo que podía hacer para mantener su máscara de rurouni en su sitio. Le parecía bárbaro que hubiera una regla creada por la sociedad que dijera que las mujeres eran menos si no estaban casadas a los veinte. ¡No había nada malo en Kaoru! Ella era perfecta, una mujer increíble. Sintió a Battousai esforzándose por emerger y rápidamente movió su flequillo para ocultar sus ojos. Con razón se había distanciado, con su cumpleaños aproximándose. Por más que ella dijera lo contrario, él sabía que Kaoru era una criatura social y que la condena de los vecinos lastimaría profundamente su tierno corazón.
A pesar del hecho de que tuviera veinte años, sabía que Kaoru no tendría problema en encontrar marido si quisiera uno. Sintiendo la rabia surgir ante el pensamiento de su Kaoru en brazos de otro hombre, retomó sus pasos, esperando distraerse. No funcionó. En vez de eso, fue bombardeado por un torrente de imágenes. Kaoru riendo con un hombre sin rostro, besándolo, embarazada del hijo de ese hombre, rodeada por un montón de niños con pelo negro, todos ellos con sus hermosos ojos color zafiro, mientras él miraba desde lejos, solo. Cada imagen era una daga en su corazón y casi se trastornó por el dolor. Sabía en su corazón que algún día Kaoru se casaría, pero nunca había pensado en eso de manera seria.
Sintió su ira brotar de nuevo. ¿Qué hombre merecía a Kaoru? Su corazón le dolía al confirmar el hecho de que él nunca la tendría, sus manos estaban muy manchadas de sangre. ¿Pero había alguien que fuera digno de Kaoru? Él pensaba que no y se dio cuenta de que estaba gruñendo cuando veía a alguien saliendo rápidamente de su camino.
Se esforzó en mantener su personalidad rurouni intacta y sacó todos los pensamientos de Kaoru con alguien más de su cabeza. Terminó sus compras rápidamente, pero sintió a Battousai todavía merodeando debajo de la superficie, queriendo salir. Volvió al Akabeko y le informaron que Kaoru y Tae estaban en la oficina de esta última. Se adelantó a Yahiko de camino a la oficina y se sorprendió de ver al chico frunciéndole el ceño.
Se sobresaltó, pero siguió adelante. Llegando a la puerta, estuvo a punto de tocar cuando escuchó a Tae preguntar, - ¿El hecho de que sea Battousai no te preocupa? - Contuvo el aliento, preparándose inconscientemente para el golpe.
Kaoru sonaba indignada, - ¡Kenshin nunca me lastimaría! - Se detuvo y Kenshin la escuchó respirar hondo. - El problema es, que tú piensas en Kenshin como dos personas diferentes, Battousai y el rurouni.
- ¿Y acaso no es así?
- No, más bien son como los dos lados de una sola moneda, los dos lados son su naturaleza. Battousai es protector, es el corazón de Kenshin. Battousai es feroz e implacable, actúa con rapidez y hará cualquier cosa para proteger a quienes ama. Piensa que es indigno de amar a causa de todas las personas que mató. Lo aceptó como el precio a pagar por traer una nueva era. Pero piénsalo de esta manera. ¿Qué hubiese sucedido si él no hubiera hecho todo lo que hizo? ¿Cuántas personas más hubieran muerto? La antigua era fue sangrienta y brutal, y ahora tenemos la oportunidad de tener paz. Él hizo todo lo que pudo para proteger el futuro y a todos los que vendrán después de nosotros.
Él respiró hondo, sintiéndose de repente mareado. Nunca antes lo había pensado de esa manera y eso lo sacudió hasta lo más profundo de sí. Casi se perdió de Tae preguntando pensativamente, - ¿Y el rurouni?
Su atención se enfocó en la conversación y casi pudo ver la sonrisa de Kaoru, - Ésa es su naturaleza cariñosa. Como Battousai, tiene que ser feroz y fuerte para que las personas lo piensen dos veces antes de desafiarlo. Pero ésa es una manera solitaria de vivir. El rurouni es su suavidad, su alma. El cuidar de los demás, le trae paz a su solitaria alma, le deja ver la bondad que hay en el mundo, no sólo la oscuridad. Ese cuidado es su manera de dar amor. Él ha perdido mucho tiempo. Pero eso no lo hizo una persona dura, más bien, lo ha templado como al buen acero. Odia la violencia que Battousai usaba, pero nunca podría despreciarla del todo ya que ha mantenido a las personas que ama seguras. Es más fácil para él pensar en Battousai en separado, distanciándolo de sí mismo. Pero él es Kenshin. Battousai/rurouni, yin/yang, luz/oscuridad, corazón/alma. Es Kenshin. Es quien es.
Las palabras de Kaoru lo sacudieron, alcanzando esa parte profunda de su ser que había mantenido bajo llave durante mucho tiempo. No pudo respirar por un largo rato, maravillado por la increíble, fuerte, y bondadosa mujer que era Kaoru. Casi sintió que las cosas se ubicaban en el lugar correcto, y se sintió pleno por primera vez desde hace más de una década. Sintiéndose abrumado, guardó la conversación en su mente para después rememorarla y examinarla más detenidamente.
Retomando la compostura, esperó un momento y luego tocó la puerta. Al escuchar a Tae decir, 'Adelante', abrió la puerta, con una ensayada sonrisa en su rostro. Pero al ver a Kaoru despatarrada sobre la silla como si no tuviera huesos, la sonrisa se hizo genuina. Entrando, sostuvo las bolsas que estaba cargando para mostrárselas, - Sessha terminó de comprar, sí que lo hizo. ¿Está lista para irnos, Kaoru-dono?
Gruñendo, ella asintió y se levantó. Tae hizo lo mismo, rodeando el escritorio para ir a abrazarla. - No seas una extraña desde ahora.
Kaoru lució pensativa por un momento, - ¿Qué hay de tomar té la semana que viene?
Tae sonrió, - Maravilloso. Te veré luego.
Kaoru le sonrió y luego siguió a Kenshin, tomando algunos paquetes de sus manos. Sus débiles protestas la hicieron reír y él se embriagó de ese gozoso sonido.
Misao miró por la ventana, envolviéndose a sí misma en un fuerte abrazo como si así pudiera contenerse para no caer a pedazos. Se había retirado a su habitación así que nadie pudo ver lo lastimada que estaba por dentro. Había estado sirviendo la comida en el Aoiya, contando el tiempo hasta poder llevarle el té a Aoshi-sama, cuando vio la escena que la había empujado al abismo. Aoshi-sama estaba yendo al Aoiya con una mujer de su brazo, riendo. Lo observó impactada, nunca lo había visto reír. Viendo que los otros miembros del Oniwabanshu la estaban mirando, se puso su máscara alegre y avanzó brincando hacia ellos, haciendo mohines y riendo para 'su' Aoshi-sama.
Hah, se mofó, él nunca fue 'de ella'. Tanto él como cada uno de los Oniwabanshu dejaron muy en claro que todavía la veían como a una niña con un tonto enamoramiento. Acabó su turno antes de excusarse, teniendo cuidado de actuar como normalmente lo hacía. Y ahí estaba, con el corazón roto y llamándose a sí misma tonta de mil maneras diferentes.
Sintiéndose atrapada, sabía que necesitaba alejarse del Aoiya y del bien intencionado Oniwabanshu. No era culpa de ellos el verla todavía como a una chiquilla, pero necesitaba irse. ¿Pero adónde ir? La imagen de Kaoru pasó por su mente y se aferró a ella como a un salvavidas. Iría con Kaoru, la otra mujer que entendería su situación y el tiempo que pasara afuera aclararía su mente.
Se mordió el labio distraídamente. Aoshi y Okina nunca la dejarían irse sola, insistirían en que alguien fuera con ella. Pero ella necesitaba ir sola. Ya se las había arreglado antes, pero ahora estaban más atentos a sus trucos. Sin embargo, con cuidado y calculando todo sutilmente, podría arreglárselas otra vez. Tenía tiempo y unos pocos días no iban a hacer mucha diferencia.
Tan perdida estaba en sus pensamientos, que no escuchó sonidos de pasos acercándose. Un suave golpe la sobresaltó y contuvo el aliento. La voz de Aoshi la llamaba detrás del shoji, - ¿Misao, estás allí? Necesitamos hablar.
Sintiendo las lágrimas agolpándose en sus ojos, lo ignoró y se deslizó silenciosamente fuera de la ventana, desesperada por alejarse de él y del Aoiya tanto como pudiera antes de quebrarse y llorar.
