Capítulo 7: Un favor por otro

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"Hay algunas cosas que no se pueden compartir sin terminar unidos…"

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El resto del día transcurrió normal, asquerosamente normal, aún que por alguna razón tenia el pulso acelerado y las piernas me temblaban a cada paso que daba ¡No entendía que diablos me estaba pasando! Y para tratar de no pensar en lo que había acontecido por la mañana, esa extraña y bizarra clase de vuelo con Jones, intente ocupar la mente con uno de los libros que debía memorizar aquel curso. Cada vez que recordaba el patinazo final, al volver a llamarlo por su nombre, algo dentro me hervía…

¡Realmente eres absurdo, muy absurdo! — Me decía a mi mismo, apretando fuertemente la mandíbula y tratando de concentrarme el la lectura del libro de Encantamientos que tenia frente a mis ojos. La idea de despejar la mente para tenerla entretenida y no pensar en nada no estaba funcionando, en absoluto. Y aún menos cuando los escandalosos de mis compañeros de cuarto entraron de dios sabía donde en la sala común, irrumpiendo con el poco silencio que había allí.

¿Pero has visto eso, Iván? ¡Ese maldito estúpido es un genio sobre la escoba! — La voz chillona de Natasha resonaba alta y clara mientras tiraba de la manga de su hermano, que llegaba con una espeluznante aura de enfado encima. Alce las cejas cuando se dejaron caer a mi lado, pero sin despegar los ojos del libro — Habría que darle una paliza por hacerse el chulo de esa manera el primer día de entrenamiento…

Rubens gruño mientras negaba con la cabeza, afirmando las palabras de la rubia muchacha. Iván solo miraba de un lado a otro, como cavilando posibilidades — Ese idiota tiene muchísima suerte… Eso es cierto — Canturreo mientras se apoyaba un poco más en el sofá de cuero oscuro. Sentí como durante unos segundos se fijo en mi persona, pero fingí ignorar ese hecho. Este, acostumbrado a mi actitud pasota a veces, continuo hablando sin dirigirse a mi — ¿Y si Jones tuviera un accidente? Ya sabéis… Nada muy grave. Algo que solamente le impida jugar al Quidditch esta temporada…

¿Qué? ¿Había escuchado bien? Alce los ojos, incapaz de poner seguir fingiendo que no estaban sentados conmigo — ¿Qué…? — Farfullé casi inaudible, viendo asombrado como Natasha sonreía con aprobación, mientras que los demás muchachos asentían afirmativamente — Chicos…

¡Es algo brillante! O podríamos meterlo en problemas para que lo castiguen. Ya sabéis que los profesores pueden suspenderte de los equipos… — Ronroneo la muchacha, con un tono frío que me heló la espalda, ¿Estaban hablando enserio?

O-oigan, chicos…

¡Bueno, quizás solo tengamos que esperar un par de semanas, ese tipo es tan torpe que seguro que lo castigan sin que nosotros hagamos nada! — Más risas y más risas. Y yo sin creer que lo estuvieran diciendo enserio. Con calma, torcí una pequeña sonrisa, tratando de calmar los nervios que sentía en la boca del estomago.

¿Estáis hablando de broma verdad? — Bisbisee muy bajo, haciendo que todos y cada uno de los presentes me clavaran las miradas, fijos y sin decir nada. De repente me sentí como una presa moribunda observada por un montón de carroñeros, lo cual me puso más nervioso — Quiero decir… Todo eso de meter en problemas a Jones…

Tanto Iván como los demás soltaron una carcajada ante mi pregunta. El ruso, acercándose lentamente a mi, me paso el brazo por detrás de los hombros, intentando seguramente que aquello pareciera un gesto amable, pero era casi amenazador — ¿Y que más da si es de broma o no?

¿Por qué de repente tenia ganas de correr? — Pues… ¡Es solo bueno en Quidditch, no merece una paliza por ello! ¿C-cierto? — Balbuceé, rogándome a mi mismo cerrar la boca cuando los dedos del contrario se cercaron en mi hombro, ejerciendo presión — No os confundáis, no me importa el niñato ese. Solo pienso que es exagerado hacer eso s-solo por un juego…

¿¡Solo un juego!? — Natasha me hizo saltar del asiento, asustándome por la subida de voz, ¡Idiota! — No es solo un juego, Kirkland, ¿Qué no lo ves? Esos putos Gryffindors se creen demasiado geniales… ¡Hay que bajarles les humos de una vez!

¡Claro que si! La copa de las casas es un asunto mas amplio, pero en esto podemos machacarlos, ¡Y solo tenemos que jugar bien todas nuestras cartas! — Masculló Rubens, dando paso a una conversación entre todos ellos de lo mejor que podrían hacer. Desde inventar rumores sobre el estadounidense, hasta provocar de alguna manera un accidente que no le permitiera montarse en la escoba durante la temporada de Quidditch, o al menos durante los suficientes meses para que Slytherin estuviera muy por delante. Y yo simplemente podía escucharlos, pasmado, volviendo a intentar sumergirme en mi libro, pero aún sin obtener el resultado que esperaba. Algo dentro de mi gritaba, alarmado.

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¡Por favor, que este! ¡Por favor, por favor! Mascullaba dentro de mi mientras caminaba por los pasillos del colegio, fingiendo que no tenia un rumbo concreto ni buscaba a nadie, pero no era así. Necesitaba encontrarme con alguien urgentemente, y había pasado la noche en vela desde que mis compañeros me habían contado sus nefastos planes. Cada vez que cerraba los ojos, veía a Alfred cayendo de la escoba, mal herido por alguna maldición saliendo de la varita de Braginski. Y aquello no me gustaba lo más mínimo…

Vamos, vamos… — Balbuceé casi sin aliento al entrar por la puerta de la biblioteca, oteando el ambiente en busca de una cabellera rubia vestida de Gryffindor, casi saltando de alegría al encontrarla enfrascada en un libro, rodeado de varios estudiantes de Ravenclaw y Hufflepuff. Evitando soltar un grito y sonreír me acerque con rapidez, mirando de reojo que la señora Prince no estuviera observando en aquel momento — ¿Matt? — Llame con un hilo de voz, haciendo que todas las cabezas allí presentes y sentadas con el hermano del indeseable de Jones me miraran con curiosidad — ¿Puedo hablar conti…?

— 'Mon amour', ¿Tienes amiguitos en la casa de Slytherin? — Mascullo el joven más cercano a Matthew, mirándome con curiosidad en los ojos y una sonrisa de medio lado claramente marcada. Le devolví una mueca de desagrado, tratando de recordar su nombre. Banafooy, o algo parecido — Ten cuidado, o te morderá mi querido Matt… — Su voz tenia un acento empalagoso y azucarado que me puso los pelos de punta, ¡Que asco! Carraspeé, tratando de fijarme solamente en la cara del canadiense, que me sonreía y asentía, mientras se levantaba para dirigirse a mí.

Arthur — Musito con su siempre agradable tono, mirándome dulce — ¿Pasa algo? Tienes mala cara… — Con un murmullo de voz y ojos preocupados, haciendo que nos separáramos de la mesa, comenzando a caminar hacia las hileras de libros y estanterías, donde nadie podría vernos ni prestarnos atención.

No… Veras… — No sabía como explicar mi presencia allí, ni lo que tenia que decirle. No iba a ir a hablar directamente a su hermano, pero con él… — Matt, vengo a hablarte de Jon… de Alfred — Murmure muy bajo, tratando de encontrar un punto en el que focalizar mi atención, para hablar más claro. Me costaba decir su nombre en alto…

¿Al? ¿Ha pasado algo con él? — Matt se veía completamente perdido — Me comento que ayer por la mañana se cruzo contigo unos segundos ¿No me digas que dijo algo estúpido…?

No es eso… — Sentí los poros de la piel arder, ¡Le había dicho a ese idiota que no mencionara a nadie nuestra pequeña 'estancia' juntos! Pero al menos solo había dicho 'cruzar'. No 'enseñar a volar' — Es solo… ¿Podrías darle algo? ¿Pero sin decirle que es de mi parte?

Arthur, me das miedo ¿No puedes hacerlo tu? — Su tono de voz expresaba su total de lo que estaba pasando o de lo que le hablaba — Pero esta bien, supongo que puedo hacerlo…

Es solo… — Trague saliva, mirando a todos lados — Quiero que le des esto y… ¿Podrías pedirle que tenga cuidado? — Matthew abrió mucho los ojos ante mi susurro y yo cerré los míos, mientras le pasaba una pequeña carta mal doblada y con letra algo apresurada de mi parte, donde le pedía que tuviera cuidado porque podría tener problemas si no lo hacía. Ir a pedirle aquello era una autentica locura y una gilipollez, pero… ¡Después de todo lo que había escuchado de aquella panda, solo podía hacer aquello! — Solo es una pequeña nota… No la firme, así que por favor… — Murmuré muy bajo, desviando la mirada de la del joven.

Mi charla y mis acciones, obviamente, estaban poniendo cada vez más los pelos de punta al muchacho de ojos violáceos, que había abierto la boca de tal manera que temía que se le fuera a descolgar en cualquier momento. Con las manos nerviosas abrió el papel unos instantes, y no intente detenerlo, permitiendo que leyera el corto mensaje que quería transmitirle al idiota de su hermano — ¿Hay alguien que quiere hacerle daño? — Repuso lento, alzando las cejas.

No puedo decirte más. Solo dile que tenga cuidado, dale la nota y que… ¡B-bueno eso, que tenga cuidado! ¡Y no puedes decirle que te dije nada ni que fui yo quien escribió eso! — Para mi desgracia notaba como las mejillas se me teñían de un tenue color rojo, y trate de controlar la respiración para que se pasara rápido.

N-no le diré nada, Arthur. Pero ahora tengo miedo, ¿Van a hacerle algo malo a mi hermano? — Su voz delataba que estaba un poco asustado, y me sentí algo apesumbrado por crearle aquel malestar al muchacho. Matt era siempre tan amable…

Negué con la cabeza, mientras me acercaba un poco a él — Si va con ojo, no le pasara nada… ¿Esta bien? — Trate de infundir ánimos, carraspeando — Tengo que irme ya… Ya sabes…

Después de unos pobres balbuceos más, salí corriendo de la biblioteca, dejando al un patidifuso Matt con la carta en las manos y con aires pensativos. Sentía el corazón desbocado en la garganta, latiendo a un ritmo frenético debajo de la piel, casi dolorosamente. No quería tener en contra a mis compañeros, tanto Iván como los demás eran… especiales. No los consideraba amigos íntimos, ni mucho menos. Pero eran las personas con las que convivía, ¡Además, de que si se enteraban de que había ayudado a alguien como Jones, los tendría en contra todo lo que quedaba de colegio! No merecía la pena… ¡Por muy amable que hubiera sido el norteamericano al enseñarme a alzar el vuelo! Por eso solo le había hecho llegar un pequeño aviso… A modo de favor…

Llegue con falta de aire a las afueras del colegio, acercándome lentamente a mi zona favorita, donde varios árboles reposaban serenamente cerca de las aguas tranquilas del Lago Oscuro. Allí podría relajarme y buscar esa tranquilidad que necesitaba para estabilizarme, ¡Aquel asunto me estaba afectando demasiado! ¡Por Merlín, Alfred no era mi problema! ¿Por qué me afectaba tanto que en un futuro hipotético, lo metieran en problemas? Sabia, a mi pesar, que el muchacho me agradaba, pero tenía que negarlo. No podría achacar mi mal humor hacia él respecto a la casa a la que pertenecía, dado que adoraba a Matt. Pero si a su carácter fanfarrón cuando estaba con Beilschmidt, Carriedoy todos los demás de su estúpida pandilla de jugadores. Así que me afianzaba a aquello a la hora de querer odiarlo… Aun que me costara.

Resoplando, acabe tirado sobre la hierba, inhalando con fuerza y cerrando los ojos, para relajarme, consiguiéndolo a duras penas. Todo mi cuerpo se encontraba nervioso.

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Las semanas pasaron aceleradas, a un ritmo vertiginoso entre clases más duras, trabajos y alguna que otra prueba, y antes de que nadie se hubiera dado cuenta, había pasado un mes de curso escolar. Las clases de vuelo con Alfred los fines de semana continuaron de vez en cuando, cuando era capaz de esquivar las miradas y preguntas de mis compañeros sobre a donde iba tan temprano los Sábados o en que ocupaba los Domingos, aunque tampoco estaban tan pendientes de mi, lo que me daba la oportunidad de pasar el tiempo con el estadounidense. Durante sus momentos a solas nunca salio a relucir la nota que sabia que Matt le había entregado. No iba a decirle jamás que había sido yo el que le había intentado prevenir que algo malo iba a pasarle, y al mismo tiempo, sabía que él nunca mencionaría algo tan íntimo y a la vez algo vergonzoso conmigo, le gustaba ser valiente y osado, no me contaría una cosa así.

Bueno, Kirkland, si continúas así, dentro de poco podremos dejar estas clases particípales. Las cuales, por cierto, voy a comenzar a cobrarte — Masculló entre risas el rubio ojiazul una mañana fría y encapotada de Noviembre, mientras yo me descendía de la escoba con muchísima mas soltura, adquirida de aquellas pequeñas sesiones. Ya podía despegar solo y alzarme varios metros y sabia bajar sin romperme la crisma. Lo cual demostraba que Alfred era bueno algo, al menos enseñar vuelo se le daba bien.

¿Cobrarme? Vamos, Jones. No eres tan genial como para pensar en cobrarme… — Bufé hastiado mientras ponía los ojos en blanco nada más mis pies se posaron el suelo, haciéndome sentir de nuevo 100% seguro. Aun que volar ya no me aterrara, la tierra seguía siendo mi elemento favorito — ¿Pe-pero de verdad crees que he mejorado? — No pude evitar farfullar acercándome a él, que había vuelto a centrar su atención en un pequeño libro, el cual estaba leyendo desde hacia semanas en cada instrucción. Cuando veía que volvía a estar en tierra, se enfrascaba en él hasta que decidíamos que era una buena idea regresar al castillo. Ante lo cual, yo, sabiendo lo poco lector que era, me tenia sorprendido — Estoy intrigado, ¿Qué llevas leyendo desde hace semanas como un maldito ratón de biblioteca, Jones?

No soy un ratón de biblioteca, pequeña serpiente — Canturreo, alzando la vista y dedicándome una sonrisa burlona, acompañada de su siempre carismática sonrisa. Esa que me quitaba poco a poco el aliento y me hacia transpirar mucho mas fuerte, casi con problemas ¡Estúpida sonrisa! — Es solo que… Ya sabes que no soy un lince en Encantamientos — Su voz bajo de tono y asentí. Nos tocaban las clases juntos desde primero y sabía que era un desastre hasta con los más sencillos, y todo era debido seguramente a su poca capacidad de concentración — Así que estoy leyendo varios libros de cómo mejorar, ya sabes. Para no suspender los exámenes. Tengo que tener cuidado con mis notas si no quiero que me saquen del equipo, Antonio me ha reñido por ello…

Sus palabras me hicieron asentir, mientras miraba distraídamente la hilera de árboles del Bosque Prohibido, perdiéndome en mis pensamientos, ¿También se debía algo a su nota de "Ten cuidado", por lo que era mas precavido? Quería pensar que si… — Ya… Comprendo. Eso esta bien… Supongo… — Musite, sin mucho entusiasmo, observando de reojo como este volvía a enfrascarse en el libro, concentrándose. Negué con la cabeza, tratando de frenar las palabras que se escapaban de mis labios, pero sin resultado — Oyes, Jones. Como lo de volar lo tengo ya bastante resuelto… ¿Qué te parece si te ayudo con algunas clases? — Mi proposición hizo que Alfred me mirara de golpe y porrazo con los ojos muy abiertos, sorprendido seguramente por mi proposición. Sabía que me diría que no, que era absurdo, y que no tenía porque hacerlo. Pero después de poder alzar el vuelo unos 10 metros con su ayuda, me sentía en deuda con él — No es obligatorio, además, no me importan demasiado tus notas. Es solo para no sentir que te debo algo ¡No aceptes si no quieres recibir clases de una asquerosa serpiente! — Comencé casi a chillar ante su mutismo que no cesaba, desviando los ojos a un lado completamente opuesto al que se encontraba el ojiazul ¡Para que mierda me ofrecía a ayudar a aquel estúpido troglodita! ¡Seguro que no era capaz de aprender nada! ¡Era solamente un idiota, y un prepotente, y…!

N-no… ¡Q-quiero que me ayudes! — Exclamó de repente Jones, con un tono alto y exaltado, obligándome a mirarlo de nuevo ¿De verdad quería? — Es solo que me sorprendió que me lo propusieras, ¡Pero claro que me gustaría recibir tus clases, Kirkland! Eres el chico más listo del curso… — Me guiño un ojo tras el cumplido, obligando a que todo yo hirviera de golpe, haciendo que me sonrojara como nunca antes ¿¡Se estaba burlando!? ¡Si era así, lo mataría allí mismo! — ¿No te importa perder el tiempo en enseñar a un paleto jugador de Quidditch como yo? — Bromeo, mirándome inquisitoriamente, mientras yo negaba con la cabeza. Aquello no me molestaba en absoluto…

Supongo que no serás tan tonto como pareces… — Susurre completamente bajo, fingiendo que no sabia que mis mejillas estaban de un intenso color carmesí — Podemos aprovechar estas clases, cuando yo me canse de volar, nos pondremos con Encantamientos. Y con alguna otra asignatura que no domines… — ¡Que seguro que son todas, idiota! — ¿Qué te parece el trato?

Vaya, vas a pagarme las clases de vuelo con aprobados… ¡Es mejor de lo que podía llegar a esperar, Kirk! — Con demasiada camarería, se acerco a mí, golpeándome el brazo con uno de sus codos, tenue. Pero durante esa fracción de segundo, sentí una corriente similar a la que nos había recorrido aquella primera clase donde habían estado tan juntos que el aliento del contrario había chocado en mi nuca un par de veces. Y, al igual que en aquella ocasión, todo yo me estremecí, tratando de no pensar en lo extrañamente agradable que se sentía. No debía ser así.

¡Tsk…! No me llames así… — Solté, tratando de calmar mis extraños sentimientos, mientras el contrario rompía a reír de nuevo, alegre y feliz. De verdad, su actitud me superaba a veces, ¡Era como un niño pequeño! — ¿¡Se puede saber que es tan gracioso!? — Chillé, con voz molesta.

Es solo que es divertido verte tan sonrojado por una broma. Solo eso, Kirk — Volvió a hacer referencia a mi apellido abreviado y sentí ganas de golpearle en aquella estúpida y vacía cabeza que tenía sobre los hombros, que solo servia para adornar. Bufé un par de veces, cruzándome de brazos. Había sido una mala idea ofrecerme a hacerle de profesor.

Eres un gilipollas… — Mi voz sonó tan enfadada como me sentía, levantándome de golpe con las manos temblorosas — No me gustan tus bromas, Jones — Y tras aquello comencé a caminar, molesto. No tardaron mas de unos segundos cuando sentí los pasos acelerados del contrario seguirme, para toparme al instante con su estúpido rostro delante de mi, mostrando un pequeño puchero de cachorro de labrador, perfectamente ensayado.

No te enfades, Kirkland. No haré más bromas, te lo aseguro — Prometió, mientras alzaba la mano en gesto de solemnidad, pero no me engañaba. Aquel ignorante ser vivía para hacer bromas a doquier. Estaba bien, no había sito 'TAN' grave lo que me había dicho, tenia que reconocerlo. Pero solo el hecho de que me recordara mi eterno sonrojo, me molestaba. Me molestaba de sobremanera…

Negué con la cabeza, cruzándome de brazos y mirándole con un mohín de molestia cruzandome los labios — No te creo. Pero esta bien… De todas maneras tengo que irme a estudiar a la biblioteca… — Carraspeé, comenzando a caminar de nuevo, siendo seguido una vez más por Alfred, escoba en mano.

¿Entonces mañana quedamos aquí de nuevo? ¿Clase de vuelo, y nueva clase de estudios? — Farfulló este, entre sonrisas, dándome un nuevo codazo, haciéndome rezar porque no diera un tercero. No lo aguantaría sin ponerme a temblar — ¿Qué me dices, profesor Kirkland?

Ante aquella mención solo pude echarme a reír sin previo aviso, negando de nuevo — Esta bien, supongo que mañana podríamos… — Aquella denominación a mi persona con el 'profesor' sonaba demasiado bien. Me hacia sentir con algo de poder sobre el atolondrado contrario… — ¿Empezamos con Encantamientos y ya veremos que otras cosas no entiendes, idiota?

¡Perfecto! — Exclamo Jones, mientras reía efusivo, haciendo caso omiso a mi pequeño insulto, al cual empezaba a ser inmune y se separaba algo de mi cuando nos acercábamos al punto donde ambos sabíamos que si nos veían juntos, daríamos demasiado que hablar — Yo voy a buscar a los muchachos, y luego iré a hacer un trabajo para McGonagall. Lo tengo atravesado y así no hay manera de hacer nada… — Farfullo, poniendo cara de lastima, ante lo cual reí con algo de maldad.

OH vamos, los trabajos de McGonagall son sumamente sencillos. El problema es que eres un poco lento, pero trabajaremos eso — Mi voz tenía un punto de prepotencia que me hizo reír, y para mi sorpresa, al contrario también. Estuvimos riendo juntos durante unos segundos, demasiado cómodamente, hasta que Alfred alzo una mano a modo de despedida, comenzando a caminar en dirección contraria a la mía, sin borrar la sonrisa del rostro, mascullando un 'Goodbye, mister Kirkland'

Me quede quieto, casi abofeteándome a mi mismo por lo embelesado que me había quedado, ¡Solo eran palabras, por el amor de dios! ¿Por qué la boca se me había abierto de aquella manera y sentía de nuevo ese extraño nudo en el estomago? Tonterías… Nervioso, y golpeándome mentalmente una y otra vez, corrí como alma que llevaba el diablo hasta la Sala Común, donde camine casi sin mirar a nadie y cerciorándome que no estaban cerca ni Natasha ni Iván. Últimamente sus únicos temas de conversación no le interesaba en absoluto – la temporada de Quidditch, y como meter en problemas a buenos jugadores de otros equipos-, así que me excusaba con mi afición por el estudio para evadirles.

Con rapidez agarre mi mochila y me escape de aquel entorno para dirigirme a la biblioteca, donde tenia mi sitio de siempre casi reservado, desocupado. Aun que había el desagradable inconveniente de que por aquellas visitas a aquella sala, me había ganado unos nuevos amigos que se acercaban en cuando me veían posar el trasero en la silla. Entre ellos Matt –el cual no me molestaba en absoluto-, Honda –un chico de origen asiático, que era tan callado que no podía incordiar ni aunque quisiera-, Lorinaitis –El vergonzoso muchacho lituano que se pasaba tartamudeando gran parte del tiempo- y… El más molesto de todos, aquel francés, el cual incordiaba con su simple presencia, ¿Cómo podían aquel grupo tan callado estar con una persona tan alborotadora?

¡Arthur, mon amour, hoy te retrasaste más de lo normal! ¿Qué te tenia ocupado por ahí, alguna chica bonita? — No fallaba ningún día en preguntar lo mismo mientras se sentaba cerca de él, riendo ante sus propias palabras. Matthew siempre se disculpaba con la mirada cada vez que el galo me preguntaba algo incomodo, personal, o demasiado atrevido con impresionante fluidez, lo cual me daba a pensar que ya lo había hecho con todo aquel pequeño grupo. Era incordiante y empalagoso. Maldito Francis…

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Al cabo de varias semanas, la noticia se extendía como la pólvora y en varias clases pude escuchar como más de una persona lo comentaba: Alfred F. Jones, el guapo muchacho que era la sensación del equipo de Quidditch, estaba sacando unas notas impresionantes en sus trabajos. Nadie se explicaba como aquello era posible, un cambio tan repentino y espectacular, lo cual solo le ayudaba de una manera brutal a su ya creciente popularidad…

Solo una persona sabía que pasaba, y ese era yo. Alfred era mejor alumno de lo que había pensado y parecía que solo necesitaba un poco de estimulo y que le explicaran las cosas despacio y con calma; poniendo algunos ejemplos absurdos para que recordara formulas, pero aquello daba resultado. Estaba aprendiendo a una velocidad buena, y ya no se sentía tan perdido en Encantamientos, ni Transformaciones. Y era capaz de acercarse a un caldero en Pociones sin crear una formula que matara a toda persona a diez kilómetros a la redonda solo con oler su contenido, lo cual era muy positivo.

Alfred lo atribuía a que Arthur era espléndido hablando y explicando, y que hacia las cosas más fáciles de entender; y eso solo me ponía nervioso, haciendo temblar de repente y reprocharle de que aquello era una sarta de tonterías, aún que algo dentro de mi se hinchaba con aquello, ¿Era bueno explicando? ¿Era buen profesor? La verdad es que no me desagradaba nada aquello. Estar enseñándole al ojiazul, aun que fuera sentado sobre unas piedras al aire libre. No me importaba en absoluto…

En cada clase, a medida que pasaban las semanas, las clases de vuelo se reducían, y pasábamos las horas estudiando. O mas bien, yo hablando y Jones mirándome atento, expectante y lo más inédito, callado. Asintiendo y leyendo mis propios apuntes para entender lo que le iba contando. Él decía que 'mis apuntes eran más claros' y que 'tenia una letra muy bonita y mas fácil de leer'. Lo cual solo me daban ganas de golpearlo hasta la muerte… ¡Aquellas cosas no se decían!

Oye, mon Matt, tu hermano se esta haciendo un lince en clase, ¿No crees? — Francis, como siempre en todas y cada una de sus 'citas' en la biblioteca para estudiar, comenzaba a hablar sin que nadie lo invitara a ello. Era inevitable… — ¿Le estas ayudando, mi pequeño? Puedes decírnoslo…

F-Francis, estamos molestando… — Susurro Matthew en tono azorado, mientras miraba a sus compañeros de mesa, los cuales no se quejaron — Y no… No he estado ayudando a Al… Ya sabes, es demasiado orgulloso para dejar que alguien le ayude a estudiar, es todo un héroe por si solo — Bromeo, en un tono casi inaudible para el resto, ante lo cual Francis frunció la boca. Y yo, puse el oído, casi esbozando una sonrisa. Con que no se dejaba ayudar por nadie, ¿Eh?

Pero esta claro que algo tiene que estar haciendo para aprobar de esa manera, ¿no? — El silencio en el cual se sumió el canadiense con su cara pensativa animo al galo a seguir con sus suposiciones — Yo tengo la teoría de que se ha sacado una novia que le ayuda a estudiar cuando terminan de repasarse mutuamente. Ya me entiendes… — Guiño un ojo al de ojos violáceos, el cual pego un pequeño salto de sorpresa ante sus palabras con un 'No es posible…' escapándose de sus labios — ¿Por qué no? El amor es un gran incentivo para dejarse ayudar, y para cambiar un poco… ¡Oh, l'amour…!

— 'C'mon fuking frog, shut up', deja de molestar a Matt con tonterías. Esta claro que Jones no tiene novia y ya esta… — Casi se me escapo, en un fallido intento de ayudar al canadiense, que parecía estar sin habla ante la posibilidad de una posible novia a la vista. Pero lo más curioso era la forma en la que me habían comenzado a transpirar las manos ante las palabras del afrancesado muchacho ¿Por qué, si sabia que aquello no era verdad? No había una chica tras aquello, Jones no tenia novia, así que… ¡Pero lo más importante, aquello no debía importarme!

¿Por qué te pones a la defensiva, 'mon petit lapin'? — Como odiaba aquel mote que me había colocado Bonnefoy a las pocas semanas de sentarnos juntos. Con todas mis fuerzas… ¡Todo el me exasperaba! — ¿Qué sabes tú? Quizás Al se la este beneficiando en este mismo momento y luego…

¡No! — Exclamé quizás demasiado alto, quizás demasiado nervioso, llamando la atención de mis compañeros ¿A que venia aquella necesidad de apartar de sus cabezas la posibilidad de que las buenas notas fueran fruto del amor o de una novia? Casi enrojecido, me volví hacia Matt, con los labios temblorosos — N-No dejes que te molesten, Matt. S-sabes que si tu hermano tuviera una novia, te lo contaría… — Farfullé a media voz, tratando de concentrarme en mi libro y olvidar de una vez aquello. Era por Matt. Porque era simpático y amable conmigo, y me agradaba estar con él. Por eso quería que no desconfiara de su hermano… Por eso quería desmentir todo aquello. Era por eso… ¿Si no, que otra cosa era? No me molestaba la idea de que Alfred tuviera… ¡No!

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La navidad se acercaba, se podía oler el ambiente festivo y algo relajado por todo el castillo. La gente estaba mas despreocupada, más animada, al igual que los profesores. Parecía que solo había una persona que no estaba tan encantada con toda aquella mierda como los demás…

¡Vaya, Kirkland! ¡Estas de peor humor que de costumbre! ¿Qué pasa? — Farfullo Jones mientras hacia mohines después de que le hubiera chillado por onceaba vez al fallar en un ejercicio especialmente complicado. Pero no podía evitarlo, aquellas fechas me ponían de los nervios. Tanta alegría que se me antojaba falsa, tanta festividad, tanto adorno… Tanto ambiente familiar… Al pensar en aquello, el estomago se me tornaba un agujero negro y doloroso. El problema era aquel, el ambiente familiar. La envidia de que todos pudieran sentirlo menos él, dado que su familia prefería ni tenerlo cerca en aquellas fechas. Y aquello…. — ¡Eh, no me ignores cuando te hablo!

¡Cállate de una vez, gordo impertinente! ¡No chilles! — Espeté de mala gana mientras lo empujaba lejos, con un humor de perros. El contrario no pareció entender a que venia aquella aura casi ennegrecida que me envolvía y me dedico una de sus miradas profundas y serias, aquellas que me hacían estremecer pero por otros motivos…

Tampoco es para que te pongas así, no te dije nada malo. Solo quería saber que te pasaba — Mascullo bajo, carente de su tono jovial, el cual mantenía incluso cuando peleábamos en muchas ocasiones — Si vas a estar así, mejor cortamos antes nuestra ultima clase antes de las vacaciones…

Negué mientras dejaba de mirarlo, resoplando — No tenemos porque. Solo estoy de mal humor, Jones. No es algo que te importe…

Me importa si vas a ser un profesor insoportable…

¡No soy insoportable, pedazo de idiota! — Chillé con todas mis fuerzas, notando como me debilitaba por aquello, ¡El no era insoportable! ¿O quizás si, y por eso no lo querían en casa? — No lo soy…

¡Lo eres si no haces más que chillarme! ¿Vas a decir que te pasa para que te calmes? — Inquirió el norteamericano, volviendo a hacer hincapié en lo que me ocurría, ¿Acaso le importaba? No, claro que no…

En realidad no te importa…

Piensa un poco, genio. Si no me importara, no te estaría preguntando — Dictamino Jones mientras me miraba directo, podía sentir sus ojos buscándome. Y con pesar le devolví la mirada, suspirando. Le contaría algo, solo para que dejara de preguntar como un gilipollas…

No me gustan estas fechas, eso es todo — Sentencie, esperando que Alfred no hiciera más hincapié en aquello. Pero se me olvidaba algo, aquel muchacho nunca tenia suficiente con nada. Y aquella no iba a ser una excepción, ¡Por Merlín…! — Ahora no empieces a…

¿No te gusta la navidad? ¡Y yo pensaba que no podías ser más raro, Kirkland! ¿Por qué no te gusta la navidad? ¡Si es genial! Regalos, la familia… — Comenzó a enumerar con ojos soñadores de niño pequeño y solo pude reír irónicamente. Que predecible era…

¿A quien llamas raro, estúpido? ¡No soy raro, Jones! — Me defendí mientras miraba su rostro, el cual me dejaba claro con una mirada de que si que pensaba que era raro. Muy raro… ¡Al diablo con él! — ¿Qué pasa? No a todos nos gustan estas fechas, ¡No es obligatorio tener que disfrutar de la Navidad! Y más cuando tienes que aguantar a todos los idiotas como tu hablando de lo maravilloso que lo pasan con sus familias mientras tengo que quedarme aquí, solo y sin más compa…

Wait, wait. ¿No vas a casa? ¿Por qué? — Me cortó en seco, y entonces comprendí que, como me estaba sucediendo últimamente, había hablado demasiado. Jones tenia aquella maldita facultad… — Pensé que vivías con tus padres, ¿No iras con ellos? ¿Por qué? ¿Paso algo en casa? ¿Eh?

¿¡A que viene tanta pregunta!? — De repente me sentía demasiado atacado, tanto yo como mi intimidad, e hice único que sabia hacer en aquellos casos. Sacar las uñas — No. No ire a casa, me quedaré aquí, pero los motivos son privados y personales, ¡No tengo porque contártelos! — ¡Mierda, casi podía notar las lágrimas comenzando a acumularse en los lagrimales, a punto de salir disparadas! ¡Pero no pensaba llorar delante de aquel idiota! ¡No, no y no!

Alfred se percato de mi estado, leyendo el ambiente y dejando de preguntar, quedándose callado durante unos instantes, pensativo. Y por una vez en la vida, agradecí aquello — Lo siento… No debería haber preguntado tanto — Empezó a decir, mientras miraba hacia otro lado — Quizás no pensé que había pasado algo… Bueno, lo siento — Volvió a disculparse, esta vez volviendo a mirarme, sonriendo de medio lado, desarmándome, ¿Por qué sonreía de aquella manera tan… brillante? ¿Por qué lo hacia, aun que siempre le hablara tan mal? Y de repente, me sentí la peor persona del mundo. Trate de abrir la boca, pero de nuevo se me adelanto — Cuando quieras contarme lo que te pasa para no ir a casa, y con las Navidades en general, te escuchare, ¿Esta bien, Kirk? — Y aun que no me gustaba aquel diminutivo, y me hervía la sangre cuando lo escuchaba, no replique. Solo pude asentir, mientras sentía como mis orejas quemaban debajo del gorro que tenia para protegerme del frío del ambiente. Alfred era un idiota… adorable, en ocasiones

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El plan para el día de Navidad era similar al del año anterior, todo estudiado con anterioridad. Pasar el día en la sala común, casi vacía, tratando de leer alguna banalidad, bajar a comer al Gran Comedor para no sufrir de inanición, y cuando comenzaran a cantar villancicos y a abrir pequeños paquetes sorpresa, desaparecer. Encerrarse en su habitación –la cual estaba desierta- , y no salir hasta el día siguiente. Perfecto. Brillante. Y nada habría cambiado el planning del mortificado día de Navidad si no fuera por el inesperado paquete que había en los pies de mi cama cuando abrí los ojos…

Sorprendido y extrañado, lo mire con ojos cuidadosos. No era de mis padres, dados que ellos solo enviaban una triste felicitación. Y no tenia amigos fuera… ¿De quien? ¿Quién diablos manda esto? — Farfullé de mala gana, gateando en la cama hasta el paquete, de un color rojo que casi dañaba a la vista. Era brillante, reluciente… Y sin nombre, ni dirección. Con un nudo en la garganta, abrí con demasiada impaciencia aquello, esperándome encontrarme con algún tipo de broma, pero lo que el chillón papel ocultaba era un libro grueso, forrado en suave piel y con olor a nuevo ¿Quién demonios le regalaba un libro? Con el corazón en un puño, se salto el ritual de leer el titulo para buscar algo, que delatara al emisor de aquel presente, hallando una pequeña prueba cuando nada más abrir el libro, una nota callo encima de la cama. En ella se podía leer una caligrafía irregular y algo infantil, pero tan llamativa como él papel; y tras leerla el corazón se me disparo como loco.

"Querido Kirkland. Sé que no te gusta la navidad, pero no quería no regalarte algo hoy, ¡Eres mi profesor! Y gracias a ti, mis notas están mejorando, ¡Así que supongo que esta es mi manera de darte las gracias! ¡Ya sabes, un regalo por el favor que me haces! Espero que te guste, lo vi en la tienda y pensé que un libro pesado seria tu regalo ideal, ¡Ya me dirás que te parece cuando sigamos con las clases! Disfrútalo y… ¡Feliz navidad, Kirk!

PD: Espero que esto mejore un poco el no poder estar con tu familia. Y... Gracias por tu nota de que tuviera cuidado de principio de curso. No sabes cuando te lo agradezco, Kirkland...

Saludos. A.F Jones"

Aquel chico era idiota, masoquista, un completo cretino y un absurdo por pensar que solo por ser un libro 'gordo' iba a gustarle. Pero con todo aquello, no podía de dejar de sonreír mientras acariciaba el grueso tomo como si fuera un tesoro de valor incalculable, sintiendo las lagrimas agolparse en los ojos. Claro que me gustaba, me gustaba muchísimo.

Jones era tan idiota… tan idiota… Tan idiota que por un momento le hizo olvidar que había hecho mención a aquella nota que le había hecho llegar para que se cuidara... Jones sabía que era suya, ¿¡Cómo sabia que era suya!? ¡Mierda, mierda, mierda...!

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¡Lo sé, merezco lapidaciones por andar tan lenta con este fic! Pero es lo que tiene, tengo tantos en mente que dejo algunos de lado ;u; Pero trato de actualizar todos los cortos que tengo para centrarme en este y Nuevo Mundo, y nada más, ¡A ver si lo conseguimos!

Queria dar las gracias a todos aquellos que dejan Reviews, y a los que dan a favorito, de verdad que me animan muchísimo, ¡Espero que les guste el rumbo que esta tomando esto! Sé que van muy lentos ambos, pero piensen que hay 7 años de colegio... Si empezaran ya a salir... Como que seria muy sencillo, ¿no? Todo lo que se quiere, cuesta...

Espero que les guste este capítulo, y que me dejen alguna palabra bonita, estaré ahí para leerlas (: ¡Y dedico esto a MyobiXHitachiin, que se que ADORA esta historia!

Saludos y espero subir cosas muy pronto ¡Besos!