Capítulo 8: Quebraderos de cabeza
…
"Todos tenemos luz y oscuridad dentro de nosotros, lo importante es lo que decidimos potenciar"
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— ¡Claro, fueron unas navidades geniales! ¡Matt estaba ansioso por ver la nieve, pero nos quedamos en Londres! ¿Verdad? — Las carcajadas inoportunas e incesantes y el incansable parloteo que flotaba en el ambiente aquella mañana me hicieron toparme con dos realidades. La primera era que las vacaciones habían llegado a su fin y por fin estaba el colegio de nuevo sumido en una multitud de voces, nada más de pasillos vacíos, aulas cerradas y salas comunes deshabitadas.
Y la segunda, y estaba era responsabilidad del sujeto que más chillaba por el pasillo donde me encontraba en ese preciso instantes mientras caminaba hacia la primera clase, era de que el molesto y ruidoso estadounidense había regresado también. Y, aparte de hacerme sentir completamente confuso y nervioso, no sabía que más pensar al respecto.
¡Y todo culpa de aquel detalle!
El regalo de Jones me había hecho pasar por demasiadas etapas, ¡Y por Merlín, era solo un asqueroso y andrajoso libro! Aun que en mi contra tenia el hecho de que ya me sabia aquel asqueroso y andrajoso libro de memoria, había sido mi único entretenimiento aparte de los deberes y tareas. Releerlo una y otra vez hasta la saciedad, quedando casi tan maravillado como la primera vez que…. ¡Mierda, mierda, mierda! ¡Un momento! ¿Maravillado? ¿¡De q-qué estaba hablando!? Era un presente que me había hecho un lamentado 'conocido' para agradecerme las clases y las subidas notas. Y aquella advertencia a principio de curso que le había dado…
Cada vez que pensaba en las palabras de Jones, en su carta adjunta con el libro –cuidadosamente guardado en un rincón de mi baúl que nunca nadie encontraría ni con los mas perversos trucos- me daba un vuelco al estomago, sintiendo ansiedad ¿Qué debía decirle ahora? ¿Cuál había sido el motivo de mi aviso? ¿¡Y si llevaba todo aquel tiempo, aquellas clases extraescolares y demás riéndose y burlándose de mi, en su interior por aquello!? ¡Aquel estúpido americano era un burdo bromista, de seguro que era aquello! ¡Le cortaría el cuello a rebanadas si era cierto! ¡Lo juraba por…!
— ¡Eh, Kirkland! — La voz calmada de Iván irrumpió en mi mente que bullía por culpa de los sentimientos tan confusos, obligándome a parar antes de que chocara contra la puerta de la clase de Transformaciones. Parpadeé, dándome cuenta de que había estado a punto de hacer un ridículo espantoso — Esta mañana estas más en tu mundo que de costumbre, Arthur… ¡Despierta! — Soltó Braginski mientras reía de medio lado, entrando en la clase y dejándome afuera, contrariado y completamente rojo ¡Estúpido Jones y sus estúpidos regalos, por su culpa casi me había comido aquella puerta!
···
La mañana del sábado desperté a la misma hora de siempre, envuelto en una confusión casi molesta ¿Debía reunirme con Jones en el sitio de siempre, o quizás no? Por una parte estaba el hecho de que mirarlo directamente hacía que mi rostro ardiera en llamas ¡Pero era culpa suya, exclusivamente suya! ¿Cómo se había enterado de lo de la nota? Matt me había negado rotundamente haberle dicho nada a su mellizo, y le creí sin dudar… ¿Pero cómo se explicaba entonces que el ojiazul lo supiera?
— ¡Qué mierda! — Gemí casi para mis adentros, levantándome de la cama a paso silencioso, vistiéndome veloz y deslizándome por el dormitorio tratando de ser lo más sigiloso posible, para no despertar a los contrarios. Daba igual lo que hubiera pasado, de cómo Jones había adivinado lo de la advertencia. Solo había sido una pequeña advertencia, me repetía tratando de acallar mis propios pensamientos. Entre el gordo de Jones y yo no había pasado nada en absoluto, ¿Cierto? ¡No había motivos para alterarse tanto!
Aunque estaba el detalle del regalo. Aquel innecesario regalo. Solo aquel estúpido regalo venido a menos, y no había motivos para plantearse sus clases semanales ¡Ninguna razón de peso! Me iba diciendo a mi mismo mientras caminaba por los pasillos del colegio… Aun que muy a mi pesar, aun que trataba de convencerme y sentirme tranquilo, las mejillas me ardían considerablemente mientras avanzaba por la verde explanada, en dirección al rincón que usábamos para estudiar el norteamericano y yo…
¡Maldito Jones!
···
— ¡Kirk! ¡Lo siento, me retrase porque los chicos se despertaron y me…! — La atronadora voz de muchacho de dorados cabellos se hizo presente en el lugar irrumpiendo con la calma, rompiéndola por completo. Lo mire de medio lado, con la boca torcida y gesto de disgusto ¿Qué mierdas le ocurría? Tenía ganas de matarlo, estrangularlo con mis propios dedos ¡Llevaba media hora esperándolo! Treinta minutos en los cuales me había vuelto loco con mis pensamientos, sin saber como reaccionar cuando apareciera. Y aquella duda e incertidumbre se transformo poco a poco en enfado al ver la tardanza del contrario. Alfred paro de hablar nada más se fijo en mi rostro, alzando las cejas, claramente perdido y a la vez, contento. ¡Estúpido! Ni tan siquiera sabia leer el ambiente… — ¡Ey! ¿A que viene esa cara de viejo enfadado de tan buena mañana, Kirkland?
— Llegas tarde… — Fue lo único que farfulle, sin cambiar ni un ápice mi gesto ni la postura del cuerpo, de brazos cruzados y apoyado en las grandes rocas que nos rodeaban. Si me movía seria solamente para molerle el cuerpo a golpes — Muy tarde.
— ¡Te lo estaba explicando! ¡Sabes que yo nunca llego…!
Volví a cortarle, con tono exasperado y claramente molesto — Si piensas hacer que las próximas veces te tenga que estar aquí esperando toda la mañana por alguna gilipollez, avísame para no venir. No me hagas perder el tiempo, Jones — Repuse, incluso más ácido de lo normal, chasqueando los labios. El menor abrió los ojos, mirándome unos segundos, esbozando una mueca algo confusa ¡Que cara de idiota tenía!
— ¿Pa-pasa algo? Estas m-más…
— Nada. Absolutamente nada — Mi voz derrochaba ironía, aun que dudaba que él supiera captarla. Negué con la cabeza, girando la cabeza para no seguir mirándolo y, cuando ya no era capaz de mirarme, me mordí la lengua ¿Eran imaginaciones mías o me sentía algo mal al tratarlo así tras ver su cara de cachorro abandonado? ¡Y una mierda, no pensaba dejarme convencer por una mueca bien interpretada! — No me gusta que me hagan perder el tiempo, eso es todo — Volví a chasquear la lengua, agachándome y dejándome caer sobre el suelo helado para sacar varios libros de la mochila, tratando de respirar normal. Pero de lo único que conseguí fue darme cuenta de que las manos me temblaban ligeramente, bañadas en una fina capa de sudor
El contrario se acerco, inusualmente callado, con la vista clavada en mi, dado que al igual que cuando estábamos sentados en las mesas del Gran Comedor, podía sentirla atravesándome de arriba abajo, penetrándome. Había captado que algo no iba bien… — ¿Qué te pasa, Kirkland? ¿Estás enfadado? ¿Paso algo en navidad? — Preguntó, dejándose caer también, quedando a unos cuantos centímetros de mi cuerpo.
"Qué me entere de que sabías que yo era el que te mando la nota de advertencia" "Qué me hiciste un regalo sin venir a cuento y no lo entiendo" "Qué fue el primer regalo que me dieron en mi vida y no sé que hacer"… Un millón de respuestas me cruzaban la mente, pero morían en la garganta ¡Antes muerto que soltar algo de aquello delante de Jones! Negué, sonrisa cínica dibujada en los labios — Ya te dije. No me gusta que me hagan perder el tiempo — Repetí una vez más, negando con la cabeza y poniendo los ojos en blanco. Estaba siendo mas cortante con el estadounidense que de costumbre, pero… ¡Pero se lo tenía merecido! ¿Para que… tenia que saber él nada de nada? — Eres realmente molesto, ¿Sabes?
— Ya veo… — Murmuró con aires tristes Jones mientras sacaba un par de libros de su bolso y colocándolos sobre sus piernas, abriendo el tomo de Encantamientos, comenzando a mirar las páginas demasiado concentrado para ser el cabeza hueca que era. Como queriendo adivinar que me sucedía leyéndolo entre las formulas allí escritas ¡Por Merlín! Aclaré mi garganta, dispuesto a empezar y terminar cuanto antes con aquella clase, pero no iba a ser tan fácil — ¡O-Oye Kirkland! No me dijiste que te pareció el regalo… ¿Te gustó? — Su voz volvía a ser algo aniñada, con un deje esperanzador. Quizás por su abstracta mente surgió la idea de que si quizás me hacia recordar el detalle del presente, mi enfado disminuiría y las cosas comenzarían a fluir más tranquilas.
Caso error. Para variar, Jones se equivocaba ¡El regalo era justo una de las cosas que me estaban torturando por dentro! Tsk…
— No tenías que haberte gastado el dinero en eso, era un simple libro muggle — Cortante, quise finalizar la conversación lo antes posible, abriendo mi propio ejemplar de 'El libro reglamentario de hechizos, clase 2', sumergiéndome en él unos instantes. Pude escuchar como el norteamericano hacia un gesto de no entender, llevando una de sus manos a la nuca y rascándola con insistencia. Ahí venia otra vez, estaba claro…
— N-no creas que me costo demasiado, ¡Apenas un par de libras, Kirkland, no fue molestia! — ¿Libras? ¿Qué diablos era aquello? Quise preguntarle, obligándome a mi mismo a parar antes de que fuera demasiado tarde ¡Estaba enfadado! — Bueno, aunque fuera un libro muggle, estaba seguro que te gustaría ¿Lo leíste? — Casi podía sentir como sus labios se curvaban, dejando ver su característica y siempre brillante sonrisa. No la estaba viendo, pero sabía que estaba ahí…
— Un libro más, del montón. Incluso diría que del montón aburrido. Ni tan siquiera era la gran cosa…
— ¿Eh? Pero… Pensaba que el libro era intere-…
No quise dejarle terminar, sintiendo que mi cuerpo, como cada vez que menos lo necesitaba, se volvía en mi contra, comenzando a teñir mis mejillas de rojo ante aquel pequeño embuste. El libro me había parecido maravilloso, pero no pensaba decírselo. Y eso a mis pómulos y a mis orejas, como de costumbre, no les parecía bien ¡Maldita reacción estúpida e innecesaria! —… en vez de centrarte en tonterías así, deberías estar pendiente de otras cosas. No en chorradas de ese calibre, como libros absurdos.
— Espera Kirkland… — Bisbiseo Alfred, tratando de tomar de nuevo las riendas de la conversación, pero yo había cogido carrerilla. No quería dejarlo hablar, lo que necesitaba era decir todo lo que tenía dentro y callarme, para ver si así el tono de mi cara volvía a ser del color blanco de siempre, recuperando su pálida normalidad.
— La verdad es que ahora entiendo lo de tus malas notas ¡De verdad, eres idiota! En vez de estar centrado en los estudios y trabajos te has pasado las navidades buscando regalitos por ahí, a saber para quien más…
— ¡Eh! ¡Calla, ya esta bien! — Estalló Jones, claramente molesto y el ceño fruncido, cerrando su ejemplar de Encantamientos de un porrazo, respirando irregular y haciendo un ruido nervioso al dejar escapar el aire por la nariz. Pare de hablar de golpe, mirándolo a mi pesar, tratando de parecer desafiante y no desmoronar la pantomima que estaba creando, pero quedando indefenso ante la dura mirada azul eléctrico que me estaba dedicando. Sin poder evitarlo me estremecí, nunca lo había visto con aquella expresión… — Solo quería hacerte un regalo ¿Qué tiene eso de malo? ¡Me estas hablando como si en vez de eso, te hubiera dado una paliza! Hmpf… Ni siquiera te pedí que me dieras las gracias, serpiente, solo que me dijeras si te gusto ¿Tan molesto te resultó recibirlo?… — Su voz, aun que molesta y alterada, estaba claramente dolida y triste, con un cierto balbuceo infantil. Volví a temblar a mi pesar, desviando la mirada. Mierda, mierda, mierda, Jones volvía a desarmarme como siempre. El ojiazul se cruzo de brazos, molesto. Era como un niño en medio de una rabieta… — ¡Devuélvemelo! ¡Dame el libro y la nota!
— ¿¡Qué!? — Alcé las cejas, regresando mi vista hacía él. No me había esperado aquel giro de Jones ni su petición. Este tenía los labios fruncidos en una mueca de enfado, mirándome con la cara completamente roja y congestionada de haberse alterado tanto en un momento.
— Devuélvemelo — Repitió el estadounidense, estirando la mano, como esperando a que se lo devolviera en aquel instante — ¡No te gusto! Y así haremos como que no te di nada.
— Es-espera… — ¿Quería que le devolviera el libro? ¡Pe-pero yo quería quedármelo!
— No, no espero. Dámelo — Su voz era mas enfurruñada e infantil de lo que nunca la había escuchado. Y muy a mi pesar, le hacia ver adorable ¡Maldito…! — Y así no tendrás que leerlo por compromiso.
— Pero es que…
— ¿No dijiste que no te gustaba? — Repuso Jones, ahora cruzándose de brazos, mirándome directamente. Mi sonrojo ya no podía ir a mayor, mientras me tensaba unos segundos ¡Yo no había dicho aquello!
— ¡Yo no dije eso en ningún momento, idiota! — Me defendí, mientras me mordía las mejillas por dentro, sintiéndome completamente nervioso ¿Por qué ese muchacho tenía que ser tan pesado…? ¿No podía dejarlo estar? Obviamente, no.
Jones negó con la cabeza, sin querer dar tampoco su brazo a torcer ante mis palabras ¡Estúpido cabezota! — ¡Pero tampoco dijiste que te gustará! ¡Es casi lo mismo! — Solté un suspiro exasperado, comenzando a perder los nervios ante aquella conversación sin sentido, llegando casi al punto de olvidar de donde venía el enfado.
— No es lo mismo, ¡No pongas palabras en mi boca que no dije! ¿Esta claro? — Pedí, mientras giraba la cabeza, tratando de no mirarle de nuevo, ¿Dejaría las cosas tal y como estaban de una vez?
— ¿Entonces, te gusta? — El muchacho ojiazul nunca se rendía, y más cuando quería conseguir algo, debía tenerlo ya claro. Volví a suspirar, rindiéndome poco a poco… ¡Aun que no se merecía que lo hiciera!
— ¡Tampoco dije eso…!
Alfred alzo las cejas por completo, cerrando su libro y dejándolo en el suelo, para agarrarse las piernas con ambos brazos— ¿Te gustó o no, Kirkland?
Aunque la pregunta ya la hubiera formulado antes, esta vez no pude contestarle tan tajante como antes, quedando mudo al mirar de reojo su mirada brillante y esperanzada ¿Siempre tenia que ceder ante sus ojos azules? ¡Aquel aspecto de cachorrillo era horriblemente convincente! — Por todos los huevos de dragón del mundo, eres realmente pesado, Jones ¡Esta bien, si, me gusto el libro! ¿Está bien? ¡Deja de preguntarlo de una vez!
Durante unos segundos, evité el rostro contrario, esperando encontrarme una mueca burlona y auto suficiente burlándose de mi por haber estado todo el rato mintiendo sobre el regalo, pero cuando por fin volví a mirarlo de reojo me tope con una sonrisa deslumbrante adornando una mueca feliz y animada, despejando todo el mal humor que tenia dibujado hacia unos minutos— ¿Ves? No era tan difícil — Señalo simplemente, rompiendo a reír con animación, dejándome boquiabierto ¿De veras era tan simple y estúpido? ¿No se había molestado? Qué… ¿Qué pasaba con él? Frene la pequeña sonrisa que amenazaba con escapar de mis labios, simplemente asintiendo desganado y señalando los libros que reposaban a nuestros pies, pidiéndole así comenzar de una vez las clases. Para que todo aquello pasara rápido…
Pero aún cuando nos adentramos en el tema de Encantamientos, sumergiéndonos en los problemas que tenia el americano con los nuevos ejercicios, no podía quitarme una pregunta de la cabeza… Me rondaba a cada segundo ¿Y si se la formulaba? ¿Me contestaría y dejaría las cosas ahí, sin más preguntas?
—Oye Jones… — Mascullé tras asentir ante la perfecta pronunciación de un encantamiento el cual el contrario se había dedicado a acribillar verbalmente durante diez segundos hasta hacerlo correctamente — ¿Por qué me compraste un libro muggle? Quiero decir, no me molesta ¿Pero por qué pensaste que me iba a gustar más un libro no mágico? — Aquello me había llamado demasiado la atención al abrir el libro y descubrir de que se trataba, un curioso y algo especial detective… ¿No era más lógico haber pensado en algo más… mágico?
— Ah… Bueno. — El muchacho americano aparto la vista del libro, mientras alzaba la vista, algo pensativo —No es del todo así, ¿sabes, Kirkland? Fui a Flourish y Blotts (1), repasando las estanterías en busca de algo interesante para ti. Pero… — De repente en su rostro se formo una mueca divertida y algo malvada, mientras me guiñaba un ojo malicioso — … como sé que eres una rata de biblioteca pensé que los tendrías todos ya en tu casa — ¿era idiota o que le pasaba?¿¡No se iba a cansar nunca de llamarme rata de biblioteca!? Abrí la boca para responderle algo cortante, pero él continuo hablando, aún sonriente— Entonces volviendo a casa, pase por delante de una librería muggle ¡Era gordo y parecía viejo! Así que pensé que te pegaba mucho…
— ¿Perdona? ¿Por qué era viejo? — ¿Esa era la solución del misterio? ¿Lo había elegido por que se veía viejo? Estaba casi seguro que en aquel momento el rechinar de mis dientes se escuchaba en todos los terrenos del colegio, a varios kilómetros de distancia. Ese maldito imbécil…
— ¡Claro! — Asintió eufórico, y me sentí perdido ¿Se estaba metiendo conmigo o no? ¡Estaba confuso! Simplemente le miré con gesto de indiferencia, pero esperando a que continuara explicándose. Luego decidiría si lo mataba con algún hechizo que no pudiera detenerse, y todos contentos… — Siempre te veo en la biblioteca con libros así, ¡No es mi culpa, es tuya que lo pensara! El caso es que entré, pregunte de que trataba la historia al hombre que había dentro, y como me sonaba, decidí comprártelo ¡Es de un tipo inglés aburrido, como tú! Y según mire, también es algo irritante. Y algo me decía que al ser muggle no lo habrías leído antes…
Salté ante su pequeño ataque, sonrojándome y arrugando el ceño, suspirando exasperado — ¡No soy ni aburrido ni irritante, estúpido! — Deje aquello claro, ¿Quién se creía que era para criticarme? Él, estúpido y ególatra buscador, con los humos tan subidos… ¡Idiota, idiota, idiota! — Así que ¿Por eso? ¿Por qué se veía viejo y supusiste que yo no he leído libros muggles? Ya veo…
— Acerté, ¿No es cierto? — Repuso con su tono enérgico de siempre, como esperando que el haberlo hecho fuera un premio. Asentí con la cabeza, girando la cabeza para no mirarlo directamente a los ojos — Lo sabía ¡Lo sabía! No tienes pinta de haber tenido muchas cosas muggles entre tus manos. Ya sabes… Eres el perfecto 'sangre limpia'… — Estipulo y me gire para mirarlo. Aun que había soltado aquella denominación no lo había hecho con el habitual asco con el que lo hacían sus compañeros de casa. Alce las cejas, apretando los labios ¿Él estaría al tanto de que yo sabía que era sangre mestiza?
— En realidad, nunca tuve nada en mi poder que fuera de esa procedencia… — Me aclaré la garganta, intentando parecer indiferente ante la declaración. Pero aquello lo excito más, pude notar como su nerviosismo aumentaba — Ni libros, ni nada por el estilo…
— Hay más — Farfulló Jones mientras me miraba con gran animación, ante lo que abrí los ojos ¿Bromeaba? ¿Por qué me decía aquello, me creía imbécil?
Tras cerrar los ojos, solté otro resoplido más fuerte que los anteriores, buscando calmar mis nervios — Ya sé que hay más libros en el mundo muggle aparte de ese, pedazo de idiota — Mascullé, tratando de no exaltarme más de la cuenta
— ¿Eh? ¡No! — El norteamericano comenzó a reír fuerte ante mis palabras, dejándome perplejo ¿Qué le pasaba? — Me refiero que hay más de ese autor. Arthur Conan Doyle, se llama. Bueno, creo ¡No lo sé! Lo que sé es que Matt tiene su habitación llena de libros suyos ¡Un montón!
Aquella declaración si que me sorprendió, puesto que no tenía idea de esa información. Me guarde las ganas de preguntarle atropelladamente el titulo de los demás libros para tratar de conseguirlos como fuera, y lucí como si aquello no me afectara en lo más mínimo— ¿Hay más? Vaya… — Aun que de repente me sentía eufórico por dentro, no deje verlo. No iba a permitir otro desliz como el que ocurrió la primera vez que había volado… —No lo sabía…
Alfred me observaba con detenimiento, con su sonrisa de medio lado y los ojos clavados en mí, analizándome detenidamente. Parecía estar a punto de echarse a reír de gozo en cualquier momento— ¿Quieres leer otro? Puedo conseguirlos…
— ¿Qué? No, no creo… Además, no aceptaría otro regalo más… — ¿Hablaba enserio? ¡No, no, no, no! Bastante con que le había cogido cariño a uno de sus regalos, no estaba en condiciones de permitirme más…
— Pues Kirkland, tienes cara de querer leerte el resto….
Ante su rostro pícaro negué con fuerza, tratando de quitarle aquella idea de la cabeza — ¡Y tu que sabes! No es así…
— Bueno, como tú digas, pequeña serpiente… — Masculló dejando de lado el tema, pero sin perder ni un ápice de sonrisa, lo cual me extraño. Se supone que había perdido aquella 'batalla' ¿Por qué entonces sonreía de medio lado, volviendo a sumergirse en el libro de Encantamientos, como si estuviera maquinando algo mentalmente?
Trague saliva, tratando de olvidar aquello y centrarme en los nuevos hechizos que nos tocaban a continuación. Algo en la expresión feliz de Jones me asustaba… ¿Qué mierdas planeaba?
···
— Buenos días muchachos, bienvenidos de nuevo a las clases de Herbología en el Invernadero 3 — El tono de la profesora Sprout era como siempre alegre y enérgico, cargado de optimismo en aquella fría mañana de martes, mientras todos temblábamos debajo de nuestras capas y trajes de trabajo para Herbología — Hoy nos vamos a dedicar a replantar mandrágoras. Veamos, ¿quién me puede decir qué propiedades tiene la mandrágora? ¿Si, Kirkland?
— La mandrágora, o mandrágula, es un reconstituyente muy eficaz — Mascullé cuando la profesora me dio el turno de palabra, comenzando a recitar las palabras que me sabía de memoria de mi libro de 'Mil hiervas y hongos mágicos' — Se utiliza para volver a su estado original a la gente que ha sido transformada o encantada.
Mis compañeros de mesa, cada cual adornado las peculiares orejeras que eran necesarias para trabajar con dichas plantas me miraban con una sonrisa burlona en los labios, cada vez que hacía lo que ellos denominaban como "escupir las palabras como si me hubiera tragado un libro entero". Que más daba. Había ganado diez puntos para Slytherin gracias a aquello, y eso no podía recriminármelo ni echármelo en cara
— ¿Sabes, Arthur? — Masculló Natasha, que no dejaba de reír, acercándose un poco a mi, obligándome a mirarla de arriba abajo mientras lo hacia, atento de sus movimientos — Entre tu cabeza de empollón y nuestras nuevas jugadas de Quidditch, creo que podríamos ganar ambas copas este año, la de Quidditch y la de las Casas… — Su comentario fue victoreado por Rubens, situado enfrente de nosotros, que sonreía pícaramente.
— ¿Así que piensan usarme para que responda siempre a todo para lograr puntos? ¿Tengo que golpear a alguien si se me adelanta? — Bisbiseé cínicamente, pero con una sonrisa en los labios mientras trabajaba el abono para realizar la tarea que nos había propuesto la profesora Sprout: transplantar las mandrágoras de maceta — No lo veo factible… ¿Y que nuevas jugadas de Quidditch? No los escuche hablar de nada…
— Tampoco tienes que golpearlos, solo lánzales una de tus encantadoras miradas de rabia, de esas que hielan la sangre. Y huirán antes de dar la respuesta correcta — La muchacha dejo escapar aquello con cierto tono altanero, alzando las cejas y burlándose de mi. Arrugue el ceño y ella volvió a carcajearse, centrada en su tarea con las manos llenas de tierra — Es que son estrategias secretas, ya las veras en el partido. Eso si vienes esa vez, ¿Se puede saber dónde te metiste en el último, cuando barrimos el suelo con esos inútiles de Hufflepuff?
Tragué saliva antes de contestar, sabiendo que no podía decirle un simplemente "Detesto ese estúpido e inútil juego" — No me encontraba bien, y me fui a la enfermería. Ya os lo dije…
— ¡Eso no vale, necesitamos de todos los ánimos posibles! Aun que esta vez no la necesitemos contra los payasos valientes de Gryffindor… — Natasha dejo entrever una sonrisa algo perversa, lo que me obligo a mirarla directamente, poniendo mis neuronas a pensar, ¿Qué quería decir con eso…? ¿¡Y a qué venía esa cara!? — Ya lo veras el viernes en el partido — Farfulló entre risas entre ella y Rubens, que no perdía hilo de la conversación, aunque no participara en ella.
Mire a la muchacha de cabellos rubios con las cejas alzadas, pero sin poder decir mucho más debido a que la profesora nos indico que debíamos ponernos las orejeras y comenzar a sacar a las mandrágoras de la tierra donde estaban, y transplantarlas rápidamente. Todo aquel sucio y algo costoso proceso me dio tiempo a pensar ¿Debía ir al partido de Slytherin contra Gryffindor del viernes? Siendo sincero, no me apetecía en absoluto, pero ya había faltado a todos los anteriores de aquel curso, y mis compañeros de habitación me lo andaban recriminando cada dos por tres…
Además, Jones también había insistido que debía ir, después de soltarme una serie de nuevas tácticas de vuelo de las cuales no entendí nada, completamente incomprensibles e algo idiotas ¡No tenían sentido! Algo sobre una tal Singleton (2) –que parecía ser la buscadora de la selección de Estados Unidos, y Alfred le tenía verdadera devoción y pasión-, una serie de tácticas extrañas y nada claras llamadas 'Plumpton Pass' (3) y 'Amago de Wronski' (4), llenándome la cabeza de tácticas defensivas y ofensivas, de nombres de jugadores hasta que no pude soportarlo más y acabe chillándole que se callara o lo golpearía ¡Estúpido, molesto y gordo fanático! Me mordí los labios, sin saber que decidirme. Obviamente, no tenía ninguna especial ilusión en pasar mi tarde libre del viernes viendo a aquellos animales danzando por el aire, pero por otro lado…
Mis pensamientos continuaron atormentándome hasta que nos indicaron que ya habíamos terminado y que podíamos irnos a cambiarnos, limpiarnos la tierra y el abono para poder asistir a la siguiente clase. Y aun que el profesor Snape fuera de mi agrado y Pociones me apasionara, sentía los brazos y el cuerpo cansados y doloridos. Definitivamente, pensar tanto tiempo en idioteces me afectaba ¡Iría a aquel estúpido partido, solo para que me dejaran una temporada en paz y tranquilidad sin mencionarme porque no pisaba el campo ni las gradas!
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La semana transcurría rápida y sobretodo, llena de tensión. El ambiente competitivo se podía sentir en el aire y si lo hubiera intentado, podría haberlo cortado con un cuchillo ¡Cuanta tensión para un partido normal y corriente! Ambos equipos que se enfrentaban estaban dispuestos a sabotear al otro, y más cuando la victoria del partido decidiría quien iría a la final contra Ravenclaw. Y si a aquello se le sumaba la gran rivalidad entre serpientes y leones, Hogwarts se había convertido en un campo de batalla, donde los insultos, burlas y piernas malintencionadas esperando encontrar una victima a la cual hacer caer de bruces al suelo estaban a la orden del día. Y así era imposible pensar en otra cosa…
— ¡Por Merlín! ¿Es que no piensan callarse o parar de hacer el simio? — Mascullé con toda la rabia que pude cuando Carriedo y Montangue –alumnos de Gryffindor y Slytherin respectivamente- se habían enzarzado en una pelea en medio de la biblioteca, recurriendo a los puños y casi intentando sacarle los ojos al contrario con sus varitas — ¿Qué hacen esos animales aquí y no afuera, matándose y dejándonos en paz? — Mi rabia estallaba por todas partes. Odiaba que el tema mas hablado por todos fuera de algo de, verdaderamente, no llegaba a entender.
— Oh, 'mon petit lapin', piensa que están excitados ¡Oh lala! — Como siempre Bonnefoy trataba de animarme, mientras me dedicaba una mirada melosa ¿Aquel chico no se daba cuenta de que sus miradas solo acentuaban mi mal humor? — Nuestros pequeños leones están ansiosos por superar este partido, hace cosa de 10 años que no logran ganar este juego…
Bufé, perdiendo la paciencia poco a poco, tal y como siempre conseguia el joven francés de rubios cabellos — Bueno, Mat es del equipo de Gryffindor y no lo veo saltando encima del cuello de ninguno de los de mi casa — Repuse con inteligencia. Williams solamente se dedicaba a hacer lo de siempre, estudiar, sonreír con su dulzura natural y tratar de volverse invisible cuando caminaba por los pasillos, para no ser victima de los ataques del equipo contrario.
— ¡Pero 'mon cherè' Matthew esta estresado también! ¿A que si, 'amour'? — Esté, ante las palabras del francés asintió lentamente, con las mejillas sonrojadas de forma adorable — Esta nervioso, aun que no debe ¡Él es un guardián formidable! — Ronroneo, obligando a Matthew a sonrojarse aún más, perdiendo su vista en el libro que tenía delante de él, tratando de desaparecer para que Francis parara de adularlo ¿Qué el estúpido barbudo no se daba cuenta de que lo estaba molestando?
— Estas poniéndolo nervioso, 'fucking frog'. Cállate — Pedí con un gruñido, mirando de medio lado a Matt, que me agradeció las palabras. Estaba claro que él no quería ser descortés con el repelente galo, pero le molestaban tantas atenciones por parte de este… — No estés nervioso, Matt. Es solo un partido — Intenté sonreírle para infundirle ánimos, y este me devolvió la mueca. Realmente, Matt si que era sencillo y amigable.
— Gracias Arthur —Susurró con una mueca de nerviosismo en la cara, cerrando los ojos — Es solo que estamos todos muy estresados. Gilbert no para de perseguirnos para repetirnos que no podemos meter la pata y… — Su voz se fue apagando mientras yo arrugaba el ceño. El mayor de los hermanos Beilschmidt era un ser pesado, ruidoso y cargante, además de ser el capitán del equipo de Quidditch. Y por lo que le escuchaba decir a los mellizos, los hacia entrenar demasiado duro ¡Menudo idiota! — ¿Vendrás a ver el partido, Artie? — Preguntó con ojos curiosos el canadiense, mientras me miraba atento. Trague saliva, negando con la cabeza
— Seguramente vaya. Es viernes por la tarde y no tengo nada más que hacer… — Mentí descaradamente, irritándome por dentro. Claro que tenia miles cosas mejores que hacer que estar sentado en las gradas viendo el partido, pero ya le había dicho a los muchachos que iría, así que… — Estaré por allí, vien-…
— ¡Ah! — Bonnefoy soltó un chillido demasiado afeminado para mi gusto mientras señalaba uno de los libros que asomaban de la mochila de Williams una vez este la abrió. Nos quedamos ambos con gesto de no entender bien lo que sucedia hasta que este, tras aclararse la garganta volvió a hablar — ¿Eso son libros de Sherlock? ¡Oh, 'mon petit tresor', no puede ser cierto que tengas ahí eso! — Su tono estaba acelerado, con las mejillas completamente rojas de la emoción, mirando a Matt con sorpresa y diversión entremezcladas ¿Había dicho... Sherlock?
— Pu-pues si… — Matthew sonrío con dulzura mientras se volvía hacia el galo, claramente sorprendido de que conocería aquellos libros — Son mis favoritos, ¡N-no sabía que conocieras a Conan Doyle, Francis! — ¿Un momento, había dicho Conan Doyle? Me había propuesto ignorar aquella pequeña conversación privada que estaban teniendo, pero no pude evitar alzar la mirada en dirección a los libros que la estúpida rana sostenía en su mano, mientras que las palabras de Jones me vinieron a la mente "Matt tiene la habitación llena de libros suyos". ¿Era aquello casualidad? ¿Por qué Matthew tenía exactamente aquellos libros encima? — ¿Los has leído todos? ¡Que ilusión! — Bonnefoy asentía entusiasta mientras los abría, comenzando a parlotear animado del misterio que se resolvía en aquel volumen. No entendía algo… ¿Francis no era de una de familia sangre limpia? ¿Cómo podía conocer un libro como ese? Aunque quizás sus padres eran más permisivos… — Arthur, ¿Tú también lo conoces? — El joven canadiense se había percatado de mi mirada atenta hacia ellos, haciéndome enrojecer con su pregunta ¡Me había pillado embobado en su conversación! ¡Mierda…!
— Bueno… He leído 'Estudio en escarlata' — Musité en voz baja, tratando de desaparecer lentamente al recordar el volumen que escondía en mi baúl. La rana sonrío de medio lado y Matthew se encontraba casi eufórico, seguramente sorprendido de que sus compañeros de mesa conocieran a un autor muggle.
— ¿Ningún otro? — Negué la cabeza avergonzado, mientras él reía dulcemente — Puedo prestártelos todos, si quieres ¡No me importa! Aquí tienes 'El sabueso de los Baskerville'… ¡Es mi favorito!
¡Mierda, sentía la cara en plena ebullición cuando vi la mano de Williams acercándome el libro en cuestión para que lo cogiera! ¡Mierda, mierda…! — N-no… No hace falta. Apenas tengo tiempo pa-para estudiar, y no quiero dejarte sin que tú pu-puedas leerlo… — ¡Maldita sea, Arthur, deja de tartamudear!
— ¡Tranquilo, lo he leído unas mil veces! — Insistió el canadiense mientras lo dejaba en mi mano, y entonces me percaté de que jamás lo había notado tan animado y radiante como en ese instante. Se veía adorable y demasiado mono… — ¡Tenlo el tiempo que necesites! La verdad es que has tenido suerte, ¡No iba a traerlos, pero Al me insistió tanto en que me vendría bien distraerme con ellos en la biblioteca después de estudiar demasiado!
Asentí mientras le daba un gracias bajito y avergonzado, abriendo mucho los ojos cuando Matthew contó el porque tenia los libros allí, justamente allí ¿Jones se lo había dicho? ¿Qué se llevara los libros al colegio, y mas específicamente, a la biblioteca? No podía ser… — ¿Tu hermano? Vaya… — El muchacho asintió con dulzura, agarrando otro y diciendo que le había sorprendido aquella 'insistencia', pero ahora venia que había tenido mucha suerte al haberlo planeado.
Yo escuchaba a Matt mientras miraba el ejemplar que me había prestado, repasando mentalmente las palabras del estadounidense el sábado anterior. Había dicho que tenia una manera de conseguirlos, ¿Era aquella? ¿De verdad había presionado a su manera a su mellizo para que llevara los libros al colegio solo y exclusivamente para que, sabiendo que ambos estudiaban juntos en la biblioteca, acabaran en mis manos? ¿Era de verdad tan… calculador?
No podía ser. Aquello tenía que ser una extraña casualidad, pero por un momento sonreí mientras guardaba el libro en la mochila, suspirando. Estúpido Jones…
···
Los gritos en el aire, que llenaban los oídos de todos los presentes. Los sonidos de cuernos irrumpiendo en el ambiente enfebrizado a causa de la emoción. Todo el mundo expectante y eufórico en un mar bañado de rojo y verde, todos blandiendo sus escarpelos de la casa a la que pertenecían o deseaba que ganaran. Todos ensimismados con aquella danza que se estaba llevando a cabo en el ambiente por los catorce jugadores que intentaban desesperadamente marcar un tanto.
— Dios… — ¿Era el único que no estaba que se subía por las paredes debido al partido? Me había engalanado con la bufanda de mi casa, pero a mi alrededor varios de mis compañeros tenían la cara pintada de verde completamente mientras chillaban, histéricos. Merlín…
"Gryffindor tiene la pelota, Antonio Fernández se dirige a la meta…"
Las gradas que agitaban las escárpelas verdes y plateadas estallaron en indignación mientras que la portería de Slytherin era atacada por los rivales ¿Aquello era siempre tan aburrido? El público abucheo cuando consiguieron un tanto, metiéndose con el joven moreno de ojos verdes que se regodeaba en el aire, siendo aplaudido por la marea granate que abundaba en las gradas.
"¡Gryffindor gana por treinta a diez! Ahora, Slytherin en posesión del quaffle. Y parece que ninguno de los buscadores ha encontrado aún la snitch dorada…"
Ante la mención de los buscadores, alce los ojos un poco más arriba del terreno más movió de juego, hallando que tanto Jones como Iván rondaban el campo, moviéndose con rapidez y oteando cada rincón. Aquel era uno de los pocos conocimientos que tenia de Quidditch. Sabía que si alguno de los dos lograba atrapar la snitch antes que el otro, hacia que su equipo ganar 150 puntos, finalizando el partido y, normalmente, haciéndolos ganar. Suspire, sentándome más cómodamente, y volviendo a fijarme en el ritmo trepidante que llevaba el resto de ambos equipos. Si alguna vez tenía que volar así, vomitaría, eso seguro…
"¡Slytherin marca! ¡Gana Gryffindor aun treinta a veinte! Ahora parece que… ¡Un momento…!"
La voz que resonaba por los altavoces se puso eufórica, y al centrarme de nuevo entendí porque. El estadounidense había empezado a lanzarse en picado hacia abajo, seguramente siguiendo la pista de la pelota dorada, mientras que toda la manera de Gryffindor chillaba entusiasmada, cuando de repente algo surco el aire, dirigiéndose directamente hacia la figura del dorado ojiazul, impactando sobre su figura. Todo sucedió tan deprisa que mi cerebro no fue capaz de asimilarlo.
"Un golpeador de Slytherin ha derribado al buscador contrario con una bludger y este no responde ¡Eso ha sido claramente falta! ¡Fuera, fuera! "
La voz estaba completamente colérica, dejando ver claramente su preferencia a la hora del juego, mientras que los chillidos de histeria y miedo se hacían presentes y la señora Hooch salía al campo, pitando y parando un momento el partido. Los silbidos y carcajadas se empezaron a hacer eco por la grada de los Slytherin, mientras algunos profesores más entraban en el campo. Jones estaba tirado en el suelo, ¿Por qué no se levantaba? Lo rodeaban entre algunos mientras empezaban a tratarlo, levantándolo y llevándolo seguramente al castillo, ¿Por qué no lo hacía por su propio pie? Pude ver como el resto del equipo bajaba corriendo, Matt a la cabeza, mientras que a mí alrededor comentaban de que si abandonaban el campo, la victoria seria de nuestro equipo. Pero yo solo podía tener los ojos pegados en el suelo arenoso del campo, donde Alfred había caído desde una altura algo considerable y, donde había dejado una pequeña mancha de sangre, bien visible. Aquello parecía hacer más gracia a mi parte de la grada…
Un gemido quiso escapar de mi garganta, mientras me paralizaba la angustia por la incertidumbre ¿Qué le había pasado a Jones? ¿Estaba… estaba…?
To be continued...
Notas
(1)Flourish y Blotts : es una librería en el lado norte del Callejon Diagon, donde la mayoría de los estudiantes de Hogwarts compran sus libros de texto.
(2)Singleton: Buscadora de la Selección Nacional de Estados Unidos, mencionado en el libro 'Quidditch a través de los tiempos'
(3)'Plumpton Pass': Jugada del buscador: un cambio de dirección aparentemente no premeditado que sirve para enfundarse la snitch manga arriba. Llamada así en recuerdo de Roderick Plumpton, buscador de los Tutshill Tornados, que utilizó esta jugada en 1921, cuando batió el record de la captura más rápida de una snitch. Aunque algunos críticos han afirmado que aquella captura fue accidental, Plumpton mantuvo hasta su muerte que lo había hecho a propósito.
(4)'Amago de Wronski': El buscador cae como una roca hacia el suelo y finge que ha visto la snitch allá abajo, pero se eleva justo antes de colisionar contra el campo. Con ello se pretende que el otro buscador lo imite y se estrelle. Se llama así porque la inventó el cazador polaco Josef Wronski.
¡Por favor, no me odien demasiado! Golpeé 'un pelin' a Alfred, pero prometo que la espera no será demasiado larga... ¡Pronto sabrán que ocurre! ¿Quieren hacer apuestas? ;u;
Si alguien se pregunta el porque incluí un libro tal como 'Estudio en escarlata' o 'El sabueso de los Baskerville', debe saber que aparte de ser dos de mis libros favoritos, tiene que ver bastante con la trama. Una manera de iniciar el conocimiento de Arthur de lo que es el mundo más allá de la magia. Él solo ha visto eso, y ahora tiene muchas cosas que aprender. Quise empezar con algo tan básico como eso
Lo que quiero informarles es que, como ya dije en varias contestaciones a los Reviews, al estar de vacaciones ahora, tengo pensado actualizar una vez a la semana -más o menos-, para que historia fluya mucho más rápido, ¿Qué les parece? :)
Espero que les guste como se esta desarrollando todo y espero leerles en los reviews... ¡No saben los ánimos que me infunden! Quiero dedicarle este capítulos a todos los que dejaron uno en el anterior capitulo, y a los que mandaron PM. De verdad, muchísimas gracias :)
Y que más decir, ¡Espero que les guste y nos leemos en el próximo capítulo! -Seguramente, este fin de semana-
Goodbyee!
