Kaoru pensó que la última semana había sido una de las más duras, y raras de su vida y eso era decir demasiado. Todo iba mal y los demás actuaban como si no fueran ellos mismos. Se sentía tentada de tirar de su cabello, y estaba dividida entre reír como una histérica o llorar inconsolablemente. Respirando hondo, retomó las katas que estaba tratando de perfeccionar antes de ir a tomar el té con Tae.
Dejando a su cuerpo acostumbrarse al ritmo del entrenamiento, empezó a divagar, tratando de encontrarle sentido a la última semana. Primero había sido Yahiko. Durante tres días después del almuerzo en el Akabeko, su humor era un sube y baja, un minuto parecía deslumbrado por ella, y al siguiente la miraba con los ojos llenos de confusión y dolor. Cuando él la descubría mirándolo, fruncía en ceño y desviaba la mirada.
Al tercer día, ella había tenido suficiente. Asegurándose de que Kenshin había ido al mercado así se quedaba sola con Yahiko, lo confrontó directamente. Su memoria retrocedió a ese encuentro.
Flashback
Satisfecha de tener el dojo para ellos, Kaoru buscó a su terco estudiante. Él la había evitado por 3 días y ése era el límite de los días que le estaba dando. Él había pasado por cosas difíciles, todos lo habían hecho, pero ella no permitiría que se encerrara en sí mismo. Encaminándose a la habitación donde él estaba practicando, se detuvo para observarlo. El recinto estaba iluminado por el sol, el suelo reluciente por la limpieza que le habían hecho el día anterior. Notó distraídamente que su forma era buena pero sus balances estaban apagados, casi sombríos en su ejecución.
Estaba haciendo 354 de 500 golpes, pero ella lo llamó, - Yahiko, tómate un descanso. - Parecía que iba a ignorarla, así que agregó firmemente, - Ahora. Tenemos que hablar.
Bajó su shinai pero apenas se paró frente a ella, rehusándose a hablar. Al acercarse, ella notó que sus ojos estaban casi a la par, y él se incorporó del todo. Suspiró, sabiendo que tendría que conseguir dinero de algún lado para comprar ropas nuevas, luego dejó esos pensamientos de lado. Mirándolo a la cara, preguntó tranquilamente, - ¿Qué sucede?
- Nada.
- Yahiko, sé que has crecido rápido y que hay cosas que no necesariamente hablarás conmigo o con Kenshin. - Notó que se puso rígido ante el nombre de Kenshin, curioso. - Porque algo te está sucediendo y no voy a dejar que lidies solo con eso. Nunca más. Así que te preguntaré otra vez. ¿Qué sucede?
Levantando la barbilla, él trató de lucir feroz, pero sólo se vio perdido. Preguntó, - ¿Por qué no somos suficiente para ti? ¿Por qué te rindes con nosotros?
Ella suspiró, de repente todo se había aclarado. Se frotó la sien distraídamente, tratando de evitar un inminente dolor de cabeza. - Escuchaste a escondidas, ¿verdad? ¿Qué tanto oíste?
- Hasta donde le dijiste a Tae que te estabas rindiendo con Kenshin. ¿También te rindes conmigo? ¿Has decidido que representamos muchos problemas y que no vale la pena que estemos cerca de ti?
Ella exclamó, - ¡Yahiko! - Cerrando los ojos, contó hasta diez. Al abrirlos, encontró la mirada de Yahiko en ella. - Es obvio que necesitamos hablar. Yahiko, hubieras venido a mí. Ahora siéntate. - Fue hasta la pared y se sentó, apoyándose levemente, y esperó a que él hiciera lo mismo. Él la siguió rápidamente, desesperado por respuestas. - ¿Por qué espiaste?
Él se mostró desafiante, pero sus ojos irradiaban su malestar, - Últimamente has estado muy decaída. Todos sabemos que entre chicas se hablan, así que me imaginé que le dirías a Tae lo que sucedía, luego le podría decir a Kenshin y nosotros nos haríamos cargo.
Sabiendo que su corazón estaba en el lugar correcto, decidió perdonarlo esta vez. - No debiste haber fisgoneado, puedes malinterpretar. Te equivocas, no me rindo con nadie.
- ¿Entonces por qué dijiste que te estabas rindiendo con Kenshin?
Ella suspiró, - Es complicado. - Levantó la mano para detener un estallido de él que se venía. - Te importa mucho Tsubame, ¿verdad? ¿Cómo te sentirías si supieras que ella amó a otra persona? ¿Que la amó y la perdió?
Lo observó mientras él parecía pensarlo antes de responder. Finalmente lo hizo, - Sería, duro. Me estaría preguntando siempre si me ama o si todavía está enamorada del otro.
- ¿Y si ella nunca te hubiera mostrado más interés que el de una amiga? ¿Aunque te preocuparas por ella y le demostraras que estás interesado?
Él se estremeció. - Ouch, no sé qué haría. Eso es duro.
- Amo a Kenshin, lo hago. Pero tengo que reconocer el hecho de que él nunca sentirá otra cosa que amistad por mí.
- Pero Kaoru…
- Pensé que, después de volver de Kioto, tendríamos una oportunidad. Entonces vino Enishi. Sé que eso lleva tiempo sanar, pero ya ha pasado un año. Y él no ha hecho ningún movimiento que indicara que quiere más que una amistad. Cada día, mi corazón se rompe un poco más, sabiendo que amo a alguien que nunca me amará. Nunca quise preocuparte con mi tristeza, lo siento.
- ¡Ojalá Enishi nunca hubiera venido!
Ella colocó una mano sobre su hombro gentilmente. - Pero vino y no podemos cambiar lo que sucedió. Y sé que ahora tengo veinte. Tuve que tomar una decisión. O seguir esperando o salir adelante. Elegí aceptar el hecho de que Kenshin y yo nunca seremos más que amigos y seguir con mi vida. Es tiempo de salir adelante y casarme, aun si no ame a mi marido.
- ¡No veo por qué tienes que casarte! Nosotros somos tu familia.
Ella rio entre dientes, - Sí, lo eres y te amo. - Puso la cara como ella anticipó que pondría, pero la tensión que había cargado durante los últimos días se había disipado un poco. - Deberías de saber la respuesta a eso. Provienes de un largo linaje de samuráis de Tokio.
- ¡No lo olvides!
- Soy la última de los Kamiya. No quiero que mi familia termine conmigo.
- ¿Pero qué hay de tu estilo con la espada? ¿No necesitas un heredero?
Ella lo pensó por un momento antes de decírselo. - Yahiko, eres el heredero del Kamiya Kasshin Ryu. - Él se quedó boquiabierto y ella se la volvió a cerrar con una risita. - Sólo porque seas un chiquillo no significa que no tengas potencial. La manera en que actuaste cuando Enishi me llevó con él confirmó que mantendrías todos los principios de mi enseñanza. Oficialmente, te pertenece la mitad del dojo y los beneficios resultantes. Cuando tú y Tsubame se casen, deberían tener suficiente como para vivir de manera confortable.
Él tartamudeó, - Yo, yo, no puedo…
- Sí, tú puedes. Te considero mi hermano. - Pensó que los ojos del chico se estaban humedeciendo, pero decidió no comentárselo. - Así que no te estoy echando ni me estoy yendo, ¿está bien? Tendremos que llevarlo un día a la vez. Si tienes más preguntas, ven a mí, ¿sí? Puedo no estar feliz porque me hayas espiado, pero nunca te apartaré de mí. - Él asintió, aún abrumado. - Vamos, Yahiko-chan. Tendrás que trabajar duro como el heredero que eres, porque todavía puedo limpiar el piso contigo si quisiera.
Ese último insulto lo sacó de su impresión y se posicionó de un salto. Kaoru practicó con él, contenta de que su relación haya vuelto a la normalidad.
Fin flashback
Completando la kata con éxito, sonrió mientras una gota de sudor corría por su rostro. Retrocediendo en el tiempo, el problema con Yahiko había sido resuelto muy fácilmente, algo por lo que ella estaba muy agradecida. Aun así, eso no impedía que las cosas salieran mal. Todas las reparaciones desde lo de Enishi se estaban derrumbando de a poco, el baño tenía una gotera, y el tendero se había alejado de allí, dejando que a un delincuente que cobraba 3 veces más. Esperaba a que no durara mucho tiempo y que alguien más razonable lo reemplazara.
Pero eso no era lo que la estaba volviendo loca. Ese honor le pertenecía a cierto pelirrojo que estaba completamente distraído. Parecía que entre más ella se apartaba y trataba de que sean sólo amigos, más se aferraba él. No se le había escapado que todo lo que había cocinado esa semana eran sus comidas favoritas. También había notado que su ki la rozaba más a menudo, lo que estaba bien, pero también más a menudo la buscaba para tener alguna charla trivial, lo que no estaba bien para ella. Y luego el día anterior, había desaparecido casi todo el día, sólo para volver con varios brotes de jazmín para plantarlos en una esquina del jardín. Cuando ella le preguntó por qué jazmín, dijo porque le recordaba a ella, con su mirada cálida. ¡Maldito sea! ¿Por qué se estaba volviendo dulce cuando ella había decidido cambiar? Una semana antes, ella habría estado en la luna. Ahora, sentía que su corazón se estrujaba de dolor con cada sonrisa o gesto. Quería golpearlo en la cabeza con su shinai, pero se abstuvo. Y pensándolo bien, sonaba ridículo explicarle que le había golpeado por ser tan gentil con ella.
Al terminar sus prácticas, fue hasta su habitación y rápidamente se cambió de ropa. Mientras se arreglaba la cola de caballo, dio un suspiro de alivio. Al menos descansaría de Kenshin, dándole tiempo de recobrar la compostura. Él quiso acompañarla, pero lo persuadió de que necesitaba ir sola, y que había cosas de chicas de las que quería hablar con Tae. Él tartamudeó levemente pero seguía determinado a ir con ella cuando ella lo miró con una expresión triste. ¿Acaso no confiaba en que pudiera ir sola por el pueblo? Rio por lo bajo al ver el pánico en su rostro. Él retrocedió y ella le prometió ser cuidadosa y llevar su shinai con ella.
Dejando la casa, se despidió de Kenshin y estaba cruzando el patio cuando la puerta se abrió para dar paso a Megumi. Esa mujer provocaba emociones conflictivas en ella. Habían intercambiado cartas, pero Kaoru había olvidado abrir la última, en la que probablemente comunicaba el motivo de su visita. Se alegraba de verla, había extrañado la compañía femenina, pero al verla también se le apretó el corazón. Obviamente había viajado desde Aizu, pero seguía luciendo impecable, sin un pelo fuera de lugar y tan fresca como si se hubiese ido de paseo.
Le sonrió a Kaoru, pero la rozó apenas y fue a abrazar a Kenshin. Kaoru casi pudo ver orejas de zorro surgiendo de su cabeza y escuchar su astuta risa. Mirando divertida a Kaoru, la regañó, - Ken-san es solo piel y huesos. Tal vez debería llevármelo conmigo.
Y así, Kaoru sintió que su corazón volvía a romperse. Manteniendo su rostro alegre, dejó salir unas palabras mordaces, - Si es lo que Kenshin quiere, entonces llévatelo. Ahora si me disculpan, llego tarde. - Volviéndose apresuradamente, se perdió de vista tras la puerta. Estaba tan concentrada en escapar, que no vio el shock en la cara de Megumi. Impresión que duró un momento, para luego mirar a Kenshin con los ojos entrecerrados.
Kaoru se perdió de todo eso pero sin embargo, recorrió todas las calles, desesperada por ver a Tae. Al llegar al Akabeko, ingresó por la parte trasera a través de la cocina, no queriendo llamar la atención con sus emociones salvajes. Pero había olvidado que Yahiko estaba trabajando ese día hasta que lo escuchó, - ¿Kaoru, qué sucede?
Rápidamente se recompuso y lo apartó a un lado. Le dijo tranquilamente, - Es solo mi estúpido corazón. Megumi apareció antes de que yo saliera. Necesito hablar con Tae.
Él colocó una mano cariñosamente sobre su hombro y ella pudo ver madurez en su mirada. - Está en su oficina. Ve, les llevaré el té en un momento.
- Gracias. - Sintiéndose orgullosa de su niño, se dirigió al pasillo y luego tocó la puerta de Tae. Tae le indicó que entrara y así lo hizo, cerrando la puerta tras ella. Al ver su rostro, Tae se levantó de inmediato y fue a abrazarla. - ¿Qué sucede?
Y dejó salir todo lo que había sucedido en la última semana, toda su confusión, ira, y dolor fluían en torrente de palabras. Tae simplemente escuchaba, frotándole gentilmente la espalda. Finalmente se quedó sin palabras y se dejó caer sobre la silla. Enjugándose los ojos que amenazaban con largar lágrimas, preguntó con cansancio, - ¿Qué voy a hacer, Tae?
- Honestamente no lo sé, Kaoru. No puedo decirte qué hacer o no. Desearía poder hacerlo, pero sólo tú tienes que comprender qué es lo mejor para ti.
Kaoru suspiró, - Estoy cansada de hablarlo y pensarlo. Necesito hacer algo, pero no sé qué.
Tae sonrió, - Bien, entonces permíteme hablarte de algo. Recibí una carta de Misao para ti hoy.
Ella reaccionó al escuchar eso. - ¿En serio? Me pregunto cómo estará. Su situación con Aoshi no es tan diferente a la mía con Kenshin. Déjame ver. - Abrió la carta y la leyó rápidamente. El contenido la sorprendió y la emocionó al mismo tiempo. Se mordió el labio, mordisqueándolo nerviosamente. En ese momento, Yahiko entró a la habitación con el té.
Lo dejó sobre el escritorio, y se volvió para irse. Kaoru dijo suavemente, - Espera, Yahiko. Necesito preguntarte algo.
- ¿Sí?
- Misao me escribió, quiere reunirse conmigo por unos días. Necesito alejarme de Kenshin, ya no puedo con todo esto. ¿Qué piensas?
Yahiko dijo de manera seria, - Si necesitas alejarte por un tiempo, ve tranquila. Puedo cuidar del dojo mientras estés afuera. Vete, tómate todo el tiempo que necesites.
- ¿Estás seguro?
- Kaoru, déjanos cuidarte de una vez. Vete.
- ¡Gracias! Volveré pronto, te lo prometo.
Se incorporó, y abrazó brevemente a Yahiko antes de salir de allí.
Kenshin observó a Kaoru irse, con su mente enredada de la impresión. Seguro había malinterpretado lo que Kaoru le había dicho a Megumi. Antes de poder deducir algo, Megumi lo encaró, con sus ojos entrecerrándose peligrosamente. Siseó, - ¡Baka! ¿Qué le has hecho?
Tragando saliva con dificultad, Kenshin exclamó, - ¡Oro! Sessha no sabe de qué está hablando Megumi-dono, sí que no lo sabe.
Megumi lo golpeó bruscamente en el pecho, - Sabes exactamente de lo que estoy hablando. Kaoru nunca huiría de un desafío como ése. Pareciera que está rota por dentro. ¿Qué. Le. Has. Hecho?
Sintiendo a Battousai surgir ante el pensamiento de Kaoru sufriendo, simplemente se encogió de hombros y se volvió. Ignorando a Megumi, se fue a su habitación a pensar, en su mente todo era un caos. Definitivamente algo malo le pasaba a Kaoru y él se estaba desesperando por eso. Él se había aliviado tanto cuando sintió su ki calmarse en su cumpleaños, pensando que tal vez las cosas volverían a la normalidad. Y su deseo se cumplió, pero de manera distorsionada. Kaoru había vuelto a ser jovial como siempre, pero algo era diferente. La calidez de sus ojos cuando lo miraban se había ido, haciendo que se percatara de que había perdido algo valioso. Ella parecía estar bien, incluso normal, pero faltaba esa cercanía especial que la caracterizaba.
Sintiendo que su desesperación incrementaba, intentó durante toda la semana traer de vuelta esa luz a sus ojos. Cocinó todos sus platos favoritos, trató de sacarle conversa para mostrarle cuán importante ella era para él. Incluso pasó gran parte del día paseando por el bosque para encontrar jazmines silvestres, con la esperanza de ver una sonrisa en su rostro al verlos. En vez de eso, sintió su ki a punto de estallar antes de volver a la normalidad. ¡Estaba que se arrancaba los pelos! Ya no tenía ideas.
Sabía que no podía perderla, no ahora cuando por fin se había dado cuenta de lo mucho que ella significaba para él. Sus palabras a Tae hicieron eco en él toda la semana, haciendo que pensara profundamente en su pasado. Debido a sus palabras, fue capaz de hacer las paces con su pasado. No había sido fácil, pero nunca más se llamaría a sí mismo un monstruo. Pero, fue la tarde antes de que la última pieza al fin fuera colocada en su lugar. ¡Había una razón por la cual no soportaba la idea de Kaoru con otro hombre y era porque ella era suya! ¡Battousai le gruñó, como diciendo, al fin! Agachó un poco la cabeza, realmente era un baka.
Su sangre se congeló al darse cuenta de la posibilidad de haberla perdido. Era joven y bonita, no tenía por qué esperar por él. Sintió que unos celos posesivos lo dominaban. No podía ser demasiado tarde, él no dejaría que fuese demasiado tarde. Sus palabras a Tae confirmaron que ella no lo veía como a un monstruo, que no le importaban sus manos ensangrentadas. Si ella se lo permitiera, pasaría el resto de su vida expiando por sus pecados amándola y protegiéndola.
Disminuyendo el agarre a la empuñadura de su espada, pensó en su próximo paso. Era hora de actuar, ya había esperado suficiente. Cuando volviera de su té con Tae, insistiría en hablar con ella. Luego le expondría sus planes de cortejarla y casarse con ella. Si ella insistía en que era demasiado tarde, la cortejaría de igual manera y se casaría con ella. De cualquier manera, iba a casarse con ella. Ella era suya, por siempre la única para él. No se arrepentía de lo de Tomoe, pero era tiempo de dejarla descansar en paz. Tomoe fue la esposa de su juventud, Kaoru sería la esposa de su vida.
Unos golpes en la puerta del dojo interrumpieron sus planes. Suspirando por la interrupción, fue y abrió la puerta. Se sorprendió de ver a Aoshi frente a él. Le hizo un gesto para que entrara y luego cerró la puerta antes de volver su mirada inquisitiva sobre el otro hombre. Para la mayoría, Aoshi lucía indiferente como de costumbre, pero Kenshin pudo ver una tensión no aparente.
Aoshi preguntó, - ¿Está Misao aquí?
Kenshin no se sorprendió de que Misao huyera de nuevo, pero le sorprendía que haya dejado a su amado Aoshi-sama atrás. - Misao-dono no está aquí, no lo está. ¿Estás seguro de que vino aquí?
- Dejó una nota en la que decía que se iba por un tiempo, que se comunicaría con nosotros a través de Kaoru. No sé adónde más podría haber ido. - Las palabras parecían salir estranguladas del estoico hombre.
- Bien, Kaoru-dono está en el Akabeko, sí que está. ¿Por qué no vamos allí? Debe de estar allí.
Aoshi le hizo un gesto para que encabezara la marcha. Y él lo hizo con impaciencia, desesperado por volver a ver a Kaoru. En su corazón, sabía que podía cuidarse a sí misma, pero igualmente se preocupaba si la tenía fuera de su rango de visión. Al llegar al Akabeko, frunció el ceño, no sintiendo el familiar ki de Kaoru. ¿Se habían cruzado sin darse cuenta? Decidió comprobarlo con Tae.
Al entrar a la oficina de Tae, no había señales de Kaoru. Tae no le ofreció nada más allá de un saludo, con sus emociones enmascaradas. Con una sensación de miedo trepando por él, le dijo: - Hola, Tae-dono. ¿Ha venido Misao-dono aquí? Aoshi-san la está buscando. ¿Ya se ha ido Kaoru de regreso al dojo?
Tae los miró, por alguna razón los estaba estudiando. Al fin dijo firmemente, - Misao no ha venido aquí y Kaoru no ha regresado al dojo. Se ha ido. Ambas necesitan alejarse de ustedes, de los dos. Déjenlas en paz. Ya han hecho suficiente daño.
Y así de simple, Kenshin sintió que su corazón se rompía. Kaoru había huido de él.
Yahiko estaba atendiendo en el restaurant cuando Kenshin había aparecido, así que no podía maldecirlo como quería. Creía que él y Kenshin tenían un acuerdo, Kaoru era a quien debían proteger. En vez de eso, le rompió el corazón. Ver a Kaoru tan rota lo mató por dentro. Siempre había sido fuerte, tan alegre, que no se había percatado de cuán vulnerable era. Incluso cuando fue secuestrada por Enishi, se recuperó rápidamente, Yahiko nunca había dimensionado cuán profundamente la afectó. Escuchar su conversación con Tae lo había pasmado, ¿cómo se le había ocurrido pensar que ellos estarían bien sin ella? Ella era su roca, su cable a tierra donde la vida tenía sentido. Prometió asegurarse de que ella nunca se lo cuestionara otra vez.
No pudo entender cómo había pensado en rendirse con Kenshin hasta que los puso de ejemplo a él y a Tsubame. Sólo de pensarlo le dolía el corazón, no podía imaginarlo. Siempre había respetado a Kenshin, pero todo esto lo había hecho enojar. Se mataría a sí mismo antes de hacerle sentir a Tsubame lo que Kenshin le hizo sentir a Kaoru. Al verla tan rota, supo que ella tenía que irse o se terminaría de quebrar de manera irreparable. La extrañaría, pero le había dicho que se fuera. Ella lo necesitaba y él no la retendría. Sabía desde el fondo de su corazón, que ella volvería, que ella siempre volvería, a él.
Al terminar con las cosas del restaurant, hizo rápidamente el té y lo llevó a la oficina de Tae. Le intrigaba saber qué le había traído a Aoshi por allí sin la pesada de Misao revoloteando a su alrededor. Golpeó la puerta y entró, solo para encontrar a una determinada Tae, un enojado Aoshi, y un destrozado Kenshin. Yahiko no quería perdonar a Kenshin por lastimar a Kaoru, pero al verlo su enojo se esfumó. Al dejar el té en el escritorio, escuchó a Kenshin susurrar de manera quebrada, - Ella, no puede, se fue. No puede.
Frunciendo el ceño, se volvió y examinó a Kenshin más detenidamente. Lo que vio lo sorprendió. Kenshin estaba tan destrozado y perdido como Kaoru. Volvió a fruncir el ceño, esto no estaba bien, se suponía que dos personas que se cuidan mutuamente no podían lastimarse tanto entre ellos. Recuperándose, se enderezó determinado. Cuando un hombre comete un error, tenía la responsabilidad de arreglarlo.
Tomando a Kenshin del codo, arrastró al hombre sin dificultad hacia el callejón detrás del Akabeko donde tendrían privacidad. Soltándolo, Yahiko lo miró hasta que éste se recompuso. - ¿Yahiko?
- ¿La amas?
- ¡¿Qué?!
- ¿Amas a Kaoru? Me dijiste que ella es nuestra y que la cuidaríamos. ¿Es verdad?
- Sí, pero lo arruiné y ella se fue. Iba a decirle esta noche que la amaba, pero se fue.
Yahiko se cruzó de brazos, - Rompiste su corazón. Piensa que no la amas, que solo la quieres como a una amiga. Necesitaba alejarse de ti para dejar sanar su corazón y le dije que se fuera.
Kenshin dejó salir un triste, - Oro.
- ¿Lucharás por ella? Sabes lo tozuda que es cuando se le mete algo en la cabeza.
Sintiendo que su determinación crecía, Kenshin asintió firmemente. - Planeo pasar el resto de mi vida amándola y protegiéndola. Ella es mi todo.
Yahiko asintió, complacido. - Tú y Sano me enseñaron que cuando un hombre lo arruina todo, tiene la responsabilidad de arreglarlo. Necesitas arreglar a Kaoru. Fue a encontrarse con Misao en el pueblo de _.
Kenshin lo abrazó brevemente. - Gracias, Yahiko. No te defraudaré. - Se dio la vuelta para buscar a Aoshi.
Notando que había omitido el sessha, Yahiko se sintió optimista. Llamó al rurouni que ya se iba, - ¿Kenshin? - Esperó hasta que Kenshin lo encarara. - Tráela de vuelta.
- Lo haré.
Sentada confortablemente en el colchón en su habitación de la pequeña posada, Misao miró por la ventana y observó a la multitud, rogando para que Kaoru apareciese pronto. Se estaba aburriendo de la inactividad. Extrañaba al Aoiya y su constante bullicio.
Sonrió mientras pensaba en su gran escape. Había sido mucho más fácil de lo planeado. Primero, había mandado palomas mensajeras a sus puestos más cercanos, para que no divulgaran rápidamente sobre su desaparición. Luego, aludiendo problemas femeninos, fue a su habitación a descansar. Una vez allí, se tomó el trabajo de vestirse con un kimono simple y de preparar un bolso. Después de eso, había sido un juego de niños salir de la ciudad y pasar entre los centinelas.
Mantuvo un perfil bajo para pasar desapercibida y le tomó solo tres días llegar a ese pueblo. El viaje le había hecho bien, ayudándola a refrescar su espíritu, aunque extrañara a su Aoshi- sama con gran dolor. Lo más probable era que no se hubiese dado cuenta aún de su ausencia.
Una vez en el pueblo, le mandó un mensaje a Kaoru. Como no recibió una respuesta, supuso que Kaoru estaba de acuerdo con encontrarse con ella y llegaría hoy, o mañana a último momento. No podía esperar por ver a la instructora de kendo. La mayoría de las mujeres no las entendían, las rechazaban, por su forma inusual de ser. Pero Kaoru la entendió y Misao descubrió que con solo tener a una persona que la entendiera y la apoyase hacía la diferencia. Así que jugando distraídamente con su kunai, siguió esperando por Kaoru.
