Le tomó a Kaoru dos días llegar a la posada donde Misao la esperaba. Se sentía mal por haberse ido sin decirle adiós a Kenshin, pero al mismo tiempo, también sentía una extraña sensación de libertad. No se había dado cuenta de cuán bajo presión se sentía estando junto a Kenshin todo el tiempo, esa constante incertidumbre de no saber dónde estaban parados. Aún después de llevar a cabo su decisión, la presencia de Kenshin la había rozado raras veces, llenándola con el anhelo de un futuro juntos. Le había dolido tener que distanciarse, era como si la hubieran golpeado por todo el cuerpo, pero también sintió como si pudiera respirar por primera vez desde hace mucho tiempo. La distancia había ayudado y si no se encontraba feliz, al menos estaba contenta por cómo las cosas habían sucedido.
Siguió encaminándose a través de las calles hasta la posada que Misao había mencionado en la carta. La encontró, y se dirigió hacia allí, riendo debido a que juraba que había escuchado a Misao gritar su nombre. Se volvió realidad cuando Misao salió corriendo del edificio y la abrazó con fuerza, parloteando a mil por hora. Devolviéndole el abrazo, Kaoru trató de entender sus palabras, sabiendo que transcurrirían unos pocos minutos hasta que Misao se calmase y dejase de hablar sin entenderla. Kaoru sabía que su 'muerte' había afectado profundamente a la joven okashira, sabía que necesitaba tocarla para tranquilizarse a sí misma de que Kaoru estaba allí y era real.
Finalmente, se las arregló para sacarlas a ambas de en medio de la calle y entrar a las habitaciones que Misao había reservado, con Misao saltando emocionada a su lado. - ¡Viniste! ¡Estoy tan contenta de que hayas venido! Sabía que lo harías, por supuesto, pero como no escribiste ni llegaste ayer, empecé a cuestionarme, pero me dije a mí misma que tú nunca me dejarías por ahí sin escribirme o venir. De todas maneras, si lo hubieras hecho, te hubiera dado caza. ¡Estoy tan feliz de que estés aquí! ¡Tenemos que hablar de tantas cosas!
Kaoru rio y le tiró una almohada a Misao, dándole de lleno en la cara. - Respira, tenemos mucho tiempo para hablar, no tienes que contármelo todo en dos minutos. Estoy feliz de estar aquí y por supuesto de verte. ¿Cómo has estado? ¿Has tenido algún progreso con Aoshi? - Se alarmó al ver la expresión de Misao volverse más oscura y su actitud más sombría. - ¿Misao?
Misao se sentó junto a Kaoru y se abrazó a sí misma fuertemente. Dijo con voz calma, - No sé qué hacer, Kaoru. No podía quedarme en el Aoiya. Es obvio que Aoshi-sama siempre me verá como a una niña. - Manteniendo sus ojos bajos, le contó todo lo sucedido, cómo lo había visto reír con una mujer, su intento de querer hablar con ella, su huida, y sus varios intentos de verla antes de que se fuera a encontrarse con Kaoru. Finalmente confesó, - No podía hacerlo. No podía quedarme allí y desearle felicidad con otra persona mientras mi corazón se rompía. No puedo hacerlo, Kaoru.
Kaoru se acercó y gentilmente separó las manos Misao de donde estaban agarrando duramente, sus brazos. - Duele profundamente darse cuenta de que estás enamorada de un hombre que nunca te amará. Que has esperado durante años por un hombre que nunca te verá más que como a una amiga o peor, una hermana.
Percibiendo el dolor en la voz de Kaoru, Misao levantó la cabeza y sus ojos se encontraron con los de Kaoru. - ¿Kaoru?
- Me rendí con Kenshin.
- ¡¿Qué?!
Viendo la impresión de Misao, suspiró levemente y reunió valor antes de empezar. Respirando hondo, le contó toda la historia, desde que supo de Tomoe, hasta el tiempo que pasó con Enishi, el último año en el dojo, y finalmente la decisión en su cumpleaños y todo lo que siguió a partir de allí. Su voz empezaba a sonar ronca por haber hablado tanto tiempo, pero su corazón se sintió extrañamente liviano.
- Oh, Kaoru, - rio Misao, con voz ahogada. - Vaya par que hacemos. Ambas enfermas de amor por un par de bakas.
Kaoru rio para sí misma, pensando en cómo Hiko siempre llamaba a Kenshin, baka deshi. Sonriendo, tomó la mano de Misao y la apretó con fuerza. - ¡Lo haremos! Dejaremos todo esto atrás y seremos felices de nuevo. Y algún día, nuestros hijos jugarán juntos y miraremos atrás y nos preguntaremos por qué tuvimos que sufrir tanto. Somos guerreras y esta no es más que una batalla. Del corazón, pero no obstante, una batalla al fin.
Misao asintió, una luz fiera ardía en sus ojos. - Mientras nos tengamos la una a la otra, hermanas del corazón, estaremos bien.
Kaoru la abrazó, sintiendo que se le escapaban unas lágrimas. Soltándola, respiró temblorosamente y enderezó sus hombros. - Ahora, basta de lamentaciones. Ahora cuéntame todo lo que pasó desde la última vez que te vi.
La dolorosa necesidad de verla lo corroía por dentro. Con cada instante lejos de ella, la sensación parecía crecer, intensificarse. Había sido una tortura el tomarse un tiempo para volver al dojo y reunir provisiones, y asegurarse de cerrar todo. La única razón por la que se había tomado ese tiempo fue por el hecho de que Kaoru se enfurecería si algo le pasaba al dojo de su familia en su ausencia. Así que, aunque le dolía, se tomó el tiempo de asegurarse de que todo estaría en orden antes de irse, con un silencioso Aoshi a su lado.
Normalmente, Kenshin hubiera preguntado por qué Misao había dejado a Aoshi, pero sus pensamientos estaban consumidos por Kaoru. ¿Por qué había huido? ¿Realmente la había lastimado tanto a tal punto que la única opción que tenía era dejarlo? Era un hombre en guerra consigo mismo. Estaba determinado en llevarla de vuelta, ¿pero qué pasaría si ella estaba más feliz sin él?
Sacudió su cabeza, intentando alejar ese pensamiento antes de que el pánico lo abrumara. Sabía desde el fondo de su corazón que Kaoru lo amaba profundamente. Mirando atrás, podía ver las pequeñas cosas que ella hacía todos los días, que declaraban su amor más que las palabras. Y si ella decía que era demasiado tarde, bien, sólo tendría que persuadirla desde su punto de vista. Sintió una sonrisa surgir en la comisura de los labios. Ese proceder prometía mucho.
Se acomodó el paquete en su espalda y apresuró el paso, queriendo alcanzar a las muchachas antes de que se les metiera en la cabeza la idea de salir a tener aventuras.
Kaoru trataba de respirar, sus costillas le dolían de la risa por las cosas que ella y Misao habían compartido. - ¡No es cierto!
La sonrisa de Misao era amplia, sus ojos encendidos con malicia. - Lo hice. Debiste haber visto sus caras, una mezcla de confusión, incredulidad, y asombro. Así que valió la pena.
Kaoru observó los restos de su comida, intentando decidir si quería seguir comiendo o no, pero decidió que no, sin ganas de levantarse desde donde estaba tumbada cómodamente en el suelo. Era su alegría lo que la hizo perderse de la primera alarma, una cosa familiar y confortable. Sin embargo, cuando el ki de Kenshin la peinó por segunda vez, se quedó tiesa, con el dolor y la furia invadiéndola. Misao se incorporó al instante, una kunai en cada mano, pero Kaoru la ignoró mientras expandía sus sentidos para cerciorarse de que era en realidad Kenshin a quien ella estaba sintiendo.
Se volvió a Misao sólo para ver los ojos de la otra chica volverse unas llamaradas de ira. Obviamente había hecho su propio control para ver lo que Kaoru había sentido, ¿pero qué había descubierto que la tenía así? - ¿Misao?
Misao bufó, - Está aquí. ¡Cómo se atreve a venir!
- ¿Kenshin?
- No, Aoshi. - Sus ojos se ensancharon, - ¿Quieres decir que Kenshin está aquí también?
Kaoru asintió tristemente, - Están aquí en la posada. Aoshi debió haber ido al dojo a buscarte y se encontró con Kenshin. Tae seguramente les habrá dicho adónde fui. ¿Podemos escapar?
Misao sacudió su cabeza de forma lúgubre cuando se escuchó un golpe en la puerta. Susurró desesperadamente al oído de Kaoru, - Actúa normal. No les dejemos saber cómo nos sentimos.
Apenas tuvieron tiempo de organizarse cuando la puerta se abrió y los hombres que tanto dolor les habían causado entraron. Kaoru odió el modo en que su corazón latió al verlo, ¿cómo podía hacerla sentir así con tanta facilidad? Abriendo sus ojos inocentemente, dijo, - ¡Kenshin! ¡Aoshi-san! ¿Qué hacen aquí? ¿Sucede algo?
De repente, se percató de que sus instintos le pedían a gritos que se diera cuenta de una cosa. Algo estaba mal con Kenshin. Su usual fachada de rurouni se había ido, estaba completamente derecho, con los hombros hacia atrás, y su mirada directa. Ella pudo sentir su mirada ámbar quemándola, examinándola por si estaba herida, asegurándose de que estaba bien. Mientras eso la incomodaba, una pequeña burbuja cálida surgió en ella ante esa señal de protección.
Como ningún hombre respondió inmediatamente, lo intentó de nuevo, - ¿Kenshin? ¿Pasa algo malo?
De un momento a otro, él estaba a su lado, alarmándola. Su voz era más profunda que de costumbre cuando habló, - Necesitamos hablar, Kaoru.
En ese momento supo que algo andaba mal, él nunca omitía el dono de su nombre. - Adelante.
Los ojos de él se movieron hacia donde estaban Aoshi y Misao, quienes estaban embebidos en una silenciosa batalla de voluntades, entrecerrándose los ojos el uno al otro. - En privado.
- No. - Kaoru sabía que su frágil armadura emocional se desmoronaría si se quedaba sola con él.
Sus ojos centellearon peligrosamente, pero dijo tranquilamente, - Bien. - Antes de que ella pudiera reaccionar, la levantó y salió de la posada, usando su velocidad divina. La posada estaba cerca de las afueras del pueblo por lo que rápidamente él pudo salir de allí y llegar a un claro.
Kaoru apretó los dientes, resistiéndose ante las ganas de golpearlo o de gritar. Cuando al fin la bajó, saltó de sus brazos y se alejó varios pasos, furiosa con él. Manteniendo sus puños apretados para resistir la tentación de golpearlo, gritó, - ¡Kenshin, eres un baka! ¿En qué estabas pensando? Pudiste haberte lastimado. ¿Estás loco? ¿Y qué estás haciendo aquí?
El corazón de Kenshin se había vuelto de hielo desde que descubrió la huida de Kaoru, y ahora se calentaba con la preocupación de ella mezclada con enojo. Que ella se preocupara por él incluso estando enojada era un bálsamo para su alma, el áspero dolor de una herida ya olvidada que se alivió como si nunca hubiese existido. Había pasado tanto tiempo desde que alguien se interesó por él, aunque supuso que Hiko lo había hecho a su manera. Se sentía como, se sentía como….. Sus ojos se abrieron de par en par y su coraza se desmoronó al ponerle un nombre a lo que sintió por primera vez cuando llegó al dojo y cada día que pasó después. Se sentía como en casa.
Frustrada y algo temerosa por su continuo silencio, Kaoru fue a tocarle un hombro. Antes de que sus dedos lo pudieran tocar, los brazos del hombre la atraparon y la arrastraron hacia él, para enterrar su rostro entre sus cabellos. Anonadada, permaneció quieta, tratando desesperadamente de entender qué pasaba. Sin embargo, cuando sintió que él le dio un pequeño beso en los cabellos, su parálisis fue rota. Lo empujó, tratando de escapar de su agarre solo porque él esperaba eso de ella. Dando varios pasos hacia atrás, se cruzó de brazos y lo miró. - ¡No entiendo qué te sucede! ¿Acaso has perdido la cabeza?
Los brazos del joven permanecieron extendidos por un momento, en una súplica silenciosa. Notando la postura resuelta de la chica, los bajó con desgano. Manteniendo la voz calma aunque sus ojos ardían de emoción, dijo, - Al fin me di cuenta. Vine a llevarte a casa, adonde perteneces. - Vio cómo un destello de dolor cruzaba por el rostro de la joven y cómo ella sacudía la cabeza negándose. - Te necesito, Kaoru.
Ella luchaba por encontrar las palabras adecuadas, tratando de que su corazón roto no se le notara en el rostro. Sería tan fácil escuchar lo que él tuviera para decir. Pero eso la lastimaría más, y todo sería en vano si ella se echaba atrás ahora, así que nuevamente se negó, - Kenshin, necesito tiempo. Necesito espacio. Volveré al dojo, lo prometo. Pero esto es algo que tengo que hacer por mí misma. Ya no podemos seguir como estamos. No es como cuando Enishi me llevó. Volveré. Pero no hasta que esté lista.
Una daga de dolor lo atravesó ante el recuerdo de Enishi. Recordando cuán cerca estuvo de perderla para siempre, entró en acción. Cerrando la distancia entre ellos, la tomó de las manos para evitar que ella se alejara. - Kaoru, no estás escuchando lo que estoy diciendo. Te. Necesito. - Sintió el pulso de la joven a mil, pero sus palabras eran tranquilas.
- Kenshin, lo siento, pero ya no puedo más. Ya no podemos ser amigos. Me está matando.
Él se encogió de hombros. - ¿Quién dijo algo sobre ser amigos?
Ella se angustió. - ¡Tres años, Kenshin! ¡Tuviste tres años! ¿Por qué haces esto ahora? Cuando por fin acepté que tenía que seguir adelante. ¿Por qué?
Acarició suavemente los nudillos de la chica con su pulgar, tratando de tranquilizarla. - Kaoru, no entiendes. Soy un rurouni. Vagué por diez años y estaba dispuesto a hacerlo por el resto de mi vida. Acepté el hecho de expiar por las muertes que tomé de esa manera. Era el precio a pagar por traer una nueva era. Viajé, nunca quedándome en lugar más de una semana, llevando nada más que mi espada y pocas ropas. Pero hace tres años, algo sucedió.
Ella trató de desviar la mirada, pero él no se lo permitió. Continuó, - Hace tres años, conocí a una mujer, a una valiente y hermosa mujer, quien defendía sus creencias. Quien estaba dispuesta a morir por ellas. Creía en la vida. Estaba intrigado pero cansado, de haber visto mucho mal, así que quedé algo impresionado por eso. Y el brillo de la llama que llevaba consigo me atrajo de manera irresistible. Decidí ayudarla, sin poder ver que esa llama estaba perdida en la oscuridad. El problema fue resuelto y decidí seguir mi camino, sin querer manchar esa luz con mi oscuridad. Luego algo que nunca pude haber anticipado ocurrió.
Ella había parado de luchar mientras él hablaba, escuchando cada palabra ya que él se abría a ella, algo muy raro en él. - La luz me alcanzó y me dijo que no le importaba si yo era oscuridad, me quería. Por primera vez desde que pude recordar, la oscuridad cedió y sentí un brillo de esperanza, porque la luz había compartido su brillo conmigo. Cuando llegué a tu dojo, Kaoru, me sentí como en casa. Pero mi pasado seguía acosándome y no podía mantenerte a salvo, no podía mantener a mi nueva familia a salvo. Era mi peor pesadilla hecha realidad cada vez que alguien de mi pasado aparecía. Luego vino Enishi. - La última parte fue un susurro penoso.
Se sobresaltó cuando sintió los dedos de Kaoru apretarlo levemente, sacándolo de esos oscuros recuerdos. Su expresión se suavizó y gentilmente acunó una mejilla de ella. - Cuando Enishi te llevó, e hizo parecer que te había matado, me rompí. La llama que me mantenía con vida se había ido, arrojándome a una inexorable oscuridad. Cuando supe que seguías viva, no pude describirlo, era como si yo mismo hubiera vuelto a la vida. Pero no fue hasta que pude volver a verte que pude respirar de nuevo, que mi mundo al fin se recomponía. Ganamos y volvimos al dojo, todo estaba como se suponía que debería estar. Cuando me curé y las cosas volvieron a la normalidad, me sentí inquieto. Quería algo más que una amistad, lo quería todo. Pero era rurouni y mi pasado te había puesto en peligro muchas veces. No merecía más de lo que ya tenía.
- Kenshin….
Él sacudió la cabeza, silenciándola. Su voz bajó mientras continuaba, con confusión y dolor claramente evidentes, - Entonces, hace alrededor de un mes, algo cambió. Estabas más retraída y agobiada. Sonreías menos y la luz de tus ojos había disminuido. Cuando me mirabas, había mucha confusión y dolor en tus ojos. Mientras los días pasaban sin cambio alguno, sentí a Battousai agitándose, desesperado por arreglar lo que sea que te estaba molestando. El corazón me dolía al verte sufrir. Tu cumpleaños llegó y te pasaste el día meditando. Hacia el final, sentí tu ki más calmo y eso me tranquilizó. Tal vez en ese momento, podías decirme qué estaba sucediendo y yo podía ayudarte. Las cosas podían mejorar. Pero estaba equivocado, muy equivocado."
- ¿Qué….?
- Cuando te escuchaba reír, me emocionaba. Pero cuando te miraba a los ojos, era como si alguien me hubiera golpeado en el estómago. No pude identificarlo, pero tu mirada era diferente. Me mirabas con gentileza, pero la candidez, tu candidez para mí, se había ido. Me aterroricé. Se había roto algo entre nosotros, te habías roto tú, y no tenía idea de lo que había hecho o cómo podía arreglarlo. Hice todo lo que pude para que volviera esa luz, pero nada funcionaba y tú te distanciabas cada día más. Me estaba volviendo loco y cuando Megumi vino y dijiste lo que harías, mi sangre se heló. Me di cuenta de que había perdido algo infinitamente precioso, perdí mi corazón por mi incapacidad de dejar atrás mi pasado. Decidí entonces que hablaría contigo en cuanto volvieras, ya no lo aplazaría más. Te iba a decir cuánto te amaba, cuán desesperadamente te necesitaba. Cómo te necesitaba más que a la comida o el agua, incluso más que el aire.
Agarró fuertemente sus manos y buscó su mirada desesperado. - Aoshi apareció, buscando a Misao, así que lo llevé a la posada. Cuando supe que te habías ido, mi corazón se rompió y lo perdí, lo perdí todo. Fue Yahiko quien me ayudó y me di cuenta de que tenía que hacerte volver. Haré lo que sea por ti, Kaoru, lo que sea. Te rogaré, si es lo que quieres. La única cosa que nunca haré es dejarte, nunca me rendiré. Dime que no es demasiado tarde. Dime cómo arreglar todo esto, koi. Te amo. No te rindas conmigo, con nosotros.
Ella se veía visiblemente dividida. - ¿Qué hay de Tomoe?
- La amé. Nunca lo negaré o diré que fue un error. Pero ella está descansando en paz. Tú, Kaoru, tú eres vida. Me aceptaste como soy y me trajiste a la vida. Te amo y quiero pasar el resto de mi vida contigo, amándote.
De repente ella se soltó de su agarre y retrocedió unos pasos antes de volver a enfrentarlo, con amargura en su rostro. - Qué conveniente, que de repente te diste cuenta de todo cuando al fin decido seguir con mi vida. Cuando cumplo veinte y ves lo que significa para una mujer. No necesito de tu lástima, Kenshin. Prefiero estar sola que con alguien que cree que no merece ser amado, pero que se casa conmigo por culpa. Vete, antes de que haga algo de lo que me arrepienta.
Él se debatió consigo mismo por un minuto antes de hablar. - Merezco ser amado y amar. Escuché lo que le dijiste a Tae. Sobre Battousai y rurouni.
Ella se tiró furiosa de los pelos por el agravio y se quebró, - ¿Tú también espiaste? ¡¿Es que acaso ya nadie respeta la privacidad de otros?!
- Pensé en todo lo que dijiste y supe que estarías bien. Que tú viste a través de mí más claramente de lo que yo me he visto a mí mismo. No de manera separada, rota, pero sí como un solo hombre, un humano, pleno y digno de ser amado. Yo estaba roto cuando nos conocimos. Pero cada vez que me dabas la bienvenida a casa, aceptabas mis cuidados, discutías conmigo sin importar mi pasado, yo sanaba. Yahiko, Sano, y Megumi ayudaron también, pero eras tú, Kaoru, quien realmente lo hacía. Cuando ibas detrás mío, hacías estallar la cocina tratando de cocinar algo, me regañabas, te metías cada vez más dentro de mi corazón. Pero cuando me consolaste cuando lloré, después de lo de Enishi, te robaste mi corazón por completo. Por favor, no me alejes de ti, no me digas que ya es tarde. Deja que me gane tu corazón y tu amor, Kaoru. Déjame amarte y ámame. Sé mía para siempre.
Ella dudó, tratando de ponerle sentido al caos reinante en su cabeza. No podía evitar el temblor en su voz y odió mostrar debilidad, - ¿Qué pasará cuando quieras volver a vagar? ¿Cuando quieras dejarme?
- Eso nunca pasará. Tú eres mi hogar, Kaoru. Estuve buscando un lugar al cual pertenecer por tanto tiempo, tanto tiempo. Ahora sé que estuve buscando en los lugares equivocados. Mi hogar no es un lugar, eres tú. Mi hogar está en donde sea que tú estés, Kaoru. Por siempre.
Ella se apretó las manos distraídamente. Respirando hondo, lo miró a los ojos directamente y le preguntó con suavidad, - ¿Me amas? ¿Realmente me amas?
Él avanzó hacia ella y apartó un mechón de pelo de su rostro, con su mirada tierna. - Con todo mi corazón. Déjame amarte, Kaoru. Dime cómo ganarme tu amor.
Sintiendo todo su dolor desaparecer como si nunca hubiese existido, ella susurró, - Ya es tuyo. Te amo, Kenshin. Por siempre.
Sintiendo que su corazón se desbordaba de alegría, el joven cerró el espacio entre ambos y procedió a besarla lentamente, tratando de expresarle lo mucho que la amaba, cómo la protegería y guardaría ese precioso regalo que ella le había dado, su corazón. Cuando al fin rompió el beso, ambos respiraban pesadamente, Kaoru sonrojada y abandonada a sus brazos. Sonriendo con satisfacción masculina, no pudo resistirse en darle un beso rápido antes de separarse de ella sin ganas. Le preguntó, - ¿Te casarías conmigo?
Los ojos de la chica brillaron con picardía y el corazón de él sintió calidez al ver eso. - Hmm, no sé. Tal vez debería pensarlo por unos meses o unos años.
Él gruñó, - Kaoru.
Ella rió y le dio un rápido beso. - ¡Claro que me casaré contigo, baka! Te he esperado por tres años.
- Espera. - Soltándola, empezó a buscar dentro de su bolso. Sacó un objeto, y se lo ofreció tímidamente. - Sé que no es un anillo, pero hice esto para ti.
Ella tomó el objeto y lo examinó detenidamente. Era un delicado peine, tallado elaboradamente con flores de jazmines y había sido pulida hasta parecer seda al tacto. Sonriendo, se lo colocó orgullosamente sobre la cabeza y le tendió su mano a él. Cuando él se la tomó, ella lo acercó más y le dijo, - Vámonos a casa.
Aoshi y Misao apenas notaron que Kenshin y Kaoru se habían ido, contemplándose el uno al otro. Él nunca la había visto tan furiosa, toda su alegría desplazada. Al fin ella suspiró y desvió la vista, sorprendiéndolo. Le indicó que se sentara mientras ella servía una taza de té para él. Él fue hasta donde ella le indicó, examinándola detenidamente. Lucía cansada, tan abatida, que hizo que su corazón se apretujara. Se sentía agradecido de no tener que eludir alguna kunai, pero ahora deseaba que le hubiese tirado por lo menos una, mostrándole su furia, en vez de a esa mujer derrotada ante él. Después de servir el té, colocó sus manos en su regazo y se concentró en ellas. Le preguntó con calma, - ¿Por qué me seguiste?
Dejando su té sin tocar a un lado, apretó sus manos para evitar tocarla. - ¿Por qué te fuiste, Misao?
- Porque.
Esperó a que continuara, pero el silencio se cernió sobre ellos. No era ella, la energética, parlanchina que él adoraba y que lo volvía loco al mismo tiempo. Finalmente, preguntó, - ¿No eres feliz en el Aoiya?
Ella levantó la mirada y se encontró con los ojos de él, con ira y dolor ardiendo en los de ella. - No me quedaré allí a mirar tu desfile de mujeres, Aoshi. No es un secreto lo que siento por ti. Pero tú y todos los del Aoiya me tratan como a una niña. Tengo casi veinte y nadie se ha molestado en cortejarme. Sé que no soy femenina, que soy ruidosa y marimacho, pero no quiero quedarme y que me rompan el corazón a cada rato.
Entrecerrando los ojos, él dijo fríamente, - Nadie te ha cortejado porque todos saben que eres mía.
Ella lo maldijo. - No soy tuya, no soy de nadie. Lo siento si has tenido que lidiar con rumores porque alguien relacionó mi nombre con el tuyo. No te preocupes, no voy a volver al Aoiya, así que puedes cortejar a quien quieras. Sólo mantente alejado de mí.
Él la miró, viendo a la mujer en la cual se había convertido en vez de a la niña que había sido. Ella era perfecta y él sonrió levemente, con un destello depredador. Ella se puso de pie, pero él fue más rápido, sujetándola con sus brazos. Se inclinó y le susurró al oído, - No.
Ella se alteró salvajemente, tratando de escapar de él, pero él la sostuvo firmemente, dejando que superara la ira y el dolor. Su lucha se debilitó. Finalmente, se rindió y dejó de pelear. Apoyando la cabeza contra su pecho, le preguntó, con voz llorosa, - ¿Por qué no me dejas ir? Déjame con mi dignidad.
Él apretó su espalda suavemente, tranquilizándola. Yendo hacia una silla, se sentó, llevándola y acurrucándola contra él. - Has entendido mal, Misao-mine. Traté de hablar contigo pero me evitaste. Te has convertido en toda una ninja.
Sintiendo que su corazón se llenaba con la ternura de él, ella aventuró, - ¿Entendí mal?
- Ese día en el Aoiya. Ella es una pariente lejana y una buena amiga mía. Le había escrito para que me trajera algo que me había guardado. Estaba feliz porque estaba compartiendo mis planes de futuro con ella. El plazo de Okina había terminado y podría preguntarte.
Con voz letal, ella preguntó, - ¿El plazo de Okina?
- Cuando me propuse cortejarte y casarme contigo, insistió en que solo recibiría su bendición si no te decía nada hasta que tuvieras diecinueve y medio. Fue una tortura, pero lo hice, porque sé cuánto se preocupa por ti y cuánto tú lo amas.
Ella murmuró, - Cuando le ponga las manos encima, está muerto, muy, muy, muerto.
Llamando su atención de nuevo, él dijo, - Dejó el Aoiya, dijo que volvería en cuanto recibiera una invitación de boda. De todos modos, suficiente de él. ¿Por qué huiste de mí, Misao-mine? Tú no huyes de las luchas.
Ella jugueteaba distraídamente con una kunai y él se relajó al verla con sus hábitos de siempre. - Nunca me dijiste nada y sé que a veces puedo ser infantil. Esa mujer era hermosa y madura, y yo muy pequeña y tan escuálida que puedo pasar por un chico. ¿Por qué me elegirías?
Él levantó gentilmente su barbilla para mirarla a los ojos. - Te elegiría todas las veces. Tú estuviste a mi lado, Misao, aún después de todo lo que pasó. Tu lealtad me sorprendió aún cuando te rechacé y te pedí que no me siguieras para encerrarme en mí mismo. Tu espíritu es tan vibrante, tu corazón tan vivo, que me mostró que aún había belleza en el mundo. Tú me curaste, Misao-mine, y te amo. Sé que la gente me dice que soy de hielo, pero tú me derretiste, hasta el fondo de mi corazón. Tu fuerza, tu terquedad, tus habilidades ninja, y tu alegría infantil, se me hacen irresistibles. Sé que no hablo mucho, pero no dudo de lo mucho que te adoro.
Asombrada y sin palabras ante lo dicho por el estoico hombre, Misao enlazó sus brazos alrededor de su cuello y lo besó. Él la acercó más y le devolvió el beso. Cuando se separaron, ella lo golpeó en el pecho, pero sin ira, estaba incandescentemente feliz. Le regañó, - No me vuelvas a hacer eso, Aoshi-sama. Me lastimas, lo sabes. ¿Cómo me lo vas a compensar?
Él sonrió y ella percibió una mirada extraña. Buscando en su bolsillo, sacó algo, que la puso curiosa. Abriendo su mano para que ella pudiera ver, le mostró un anillo. Un delicado anillo de oro con un pequeño jade que resplandecía, el color haciendo juego con sus ojos. - Era de mi madre y lo que le pedí a mi prima que me trajera. ¿Te casarías conmigo?
Ella saltó sobre él, rebosando entusiasmo, mientras gritaba, - ¡Sí, sí, sí!
Él tomó ventaja de la situación y la besó de nuevo. Cuando se separaron, ella suspiró y sonrió, acunando las mejillas del hombre con cariño y apoyando su frente contra la de él. De repente, sus ojos se abrieron y gritó, - ¡Kaoru!
Él se encogió de hombros lacónicamente. - Está con Kenshin.
Ella se soltó de su agarre y empezó a pasearse por la habitación. - No entiendes. Ella no quiere verlo. Ha decidido seguir su propio camino. Él la volverá a lastimar. ¡Tenemos que encontrarlos, ahora!
Él la atrapó, forzándola a mirarlo. - Kenshin la ama. Él va a enmendar su error. ¿Ahora, por qué no empacamos tus cosas para regresar al Aoiya tan pronto como ellos vuelvan? Tenemos una boda que organizar.
Mirándolo con duda, pero emocionada ante la idea de casarse con el hombre que amaba, ella rápidamente se dispuso a hacer lo que él le sugirió.
Sintiendo que se aproximaban, Misao y Aoshi esperaron frente a la posada cuando Kenshin y Kaoru finalmente aparecieron. Las chicas inmediatamente empezaron a hablar a mil por hora, gesticulando como locas y mostrándose los regalos que habían recibido. Los hombres observaron en silencio, con una complacencia divertida en sus rostros, y sus corazones contentos.
Había sido un largo camino y sin duda habría más obstáculos en el futuro. Pero lo que sea que pudiera venir, ambas parejas sabían que serían lo suficientemente fuertes para enfrentarlo juntos, seguras de su amor.
FIN
Muchas gracias a todos los que siguieron la historia y la apoyaron. Hasta ahora es la historia que más me gustó traducir, prácticamente viviendo a la par de los personajes. Así que me me entristece un poco haberla terminado pero me siento feliz por el final de las parejas.
Una vez más, agradezco a Madkat89 por su permiso para traducirla.
Gracias nuevamente y nos vemos en la próxima traducción!
