Capítulo 9: Pequeños dolores de cabeza


···

"Las consecuencias de nuestras acciones son siempre tan complicadas, tan diversas, que predecir el futuro es realmente muy difícil"

···

Los latidos de mi corazón parecían más lentos de lo normal al mismo tiempo que lo notaba amartillar sin cesar contra mi garganta de manera paulatina y agobiante…

Aún no entendía muy bien que había ocurrido,todo sucedió con una velocidad asombrosa y casi no había sido capaz de asimilar demasiado bien lo que, por otra parte, sabia perfectamente al haberlo visto con mis propios ojos. Alfred, al ser derribado violentamente de su escoba, había caído a una velocidad alarmante y chocando bruscamente contra el suelo en medio de gritos por parte del publico. Aún que claramente había habido distintas reacciones por el accidente, algunas en señal de histeria y otras más bien de alegría, esta última predominando por rostros adornados con bufandas y escarapelas verdes.

Nos habían obligado a volver a los dormitorios urgentemente mientras pitaban el partido a favor de Slytherin debido a que Iván en aquel momento de máxima confusión logró alcanzar la escurridiza y casi invisible snitch dorada. Y ahora todos mis compañeros, en una vorágine de euforia y alegría, celebraban aquella victoria –para ellos mas que merecida- gritando entre risas estrepitosas y comentando la rapidez de los golpeadores al dar en el objetivo, demasiado bien coordinados en aquel maltrecho accidente como para poder verlo como una casualidad…

Y yo, algo más apartado de aquel bullicio y quizás el más silencioso de la sala en aquel momento, no podía parar de ver la imagen que tenía grabada en las retinas desde hacía horas, la cual se repetía una y otra vez pese a que intentara que no fuera así. Jones tendido en el suelo, sin moverse, ni reaccionar a los estímulos que le proporcionaban los profesores… Ni tan solo un ápice, como un muñeco de trapo arrojado en el suelo, sin vida, ni alma. Rodeado de gente, de los gritos de alarma. El profesorado llevándolo rápidamente al colegio, seguido por el equipo de Gryffindor al completo, que habían abandonado sin dudar un instante el partido para seguir al damnificado norteamericano de forma casi demasiado solemne.

— Mierda… — Jadeaba yo a cada poco que podía, notando como algo muy pequeño y sumamente molesto –del tamaño de una nuez- me oprimía con fuerza en el nacimiento del estómago. No podía respirar bien, no podía pensar con claridad. Y obviamente, no podía ni quería festejar ninguna victoria. Mis pensamientos eran más bien contrarios ¿Qué iba a pasar con Jones? ¿Iba a estar bien? La caída había sido de una altura no muy considerable, pero aquel golpe en la cabeza… Toda aquella sangre escandalosa le tenia en un sin vivir.

"Mierda. Mierda." Me repetía a mí mismo pese a todo, negando ligeramente, que no era mi problema. Ni asunto mío, dado que no era lo que se podía considerar un amigo. ¿Verdad? ¡En absoluto! Eramos profesores el uno del otro, simples personas que se ayudaban en busca de un beneficio. Pero no existía una amistad propiamente dicha y asentada. Pero algo dentro de mí pedía a gritos que saliera de aquella sala lo más rápido posible, rumbo raudo a la enfermería, donde seguramente seguirían atendiendo al rubio de ojos azules pero algo incluso más al fondo de todo mi ser me tenia clavado en el sitio. Orgullo. O quizás simple vergüenza.

Con los ojos semicerrados, oteé la Sala Común, observando al resto de mis compañeros. Todos con una sonrisa inmaculada en el rostro, felices y demasiado ajenos a lo que yo estaba pensando hacer o en lo que pudiera sentir. ¿Cómo reaccionaría cualquiera de ellos si se enterara de que había marchado en medio de la celebración de una victoria de la propia casa para ver cómo estaba el buscador del equipo contrario? Simplemente la idea de su reacción era demasiado aterradora para una persona como yo.

Y sintiéndome miserable por diversas causas allí permanecí, quieto, sin euforia y con la mirada perdida a medida que el festejo iba poco a poco menguando, marchándome a mi habitación para lidiar con mis difíciles y contradictorios pensamientos cuando creí oportuno que los demás no extrañarían mi retirada.

—¿A dónde te escapas tan temprano? — La voz suave y quizás algo fría de Iván sonó por encima de la mesa de Slytherin a la mañana siguiente cuando al cabo de cinco minutos sin poder probar bocado me levante de la misma. Lo observe ya de pie, notando como las manos me temblaban ligeramente cuando todos y cada uno de mis compañeros de casa observaban alternativamente al muchacho ruso y a mí mismo a la espera una respuesta por mi parte. Ninguno parecía siquiera sospechar todo lo que el rostro sereno que les ofrecía escondía debajo.

—Yo… —Mi vista se desvió a la mesa de los leones fugazmente, para luego clavarse en los violáceos de Braginski y respirar profundo, al mismo tiempo que me encogía de hombros, tratando de aparentar la normalidad que en realidad no sentía en mi interior — Solo me duele algo el estómago. Voy a dar una vuelta para ver si se me calma…

Una sonrisa se curvo en sus labios mientras que varias risas bajas surgían entre el resto debido a mi confesión, lo cual me obligo a sonrojarme con ligereza. Ya estábamos con aquello. Tsk! — ¡Vamos, Kirkland! Cualquiera diría que has pasado mala noche, ¡Estamos de celebración!Espetó Rubens, acompañado de varias voces que sugerían cosas similares. Les dedique una sonrisa torcida demasiado ensayada para que notaran que no era de verdad, negando con la cabeza a la par que conseguía disminuir el tono de mis mejillas sonrosadas.

—Será por la emoción de anoche, pero de todas formas iré a ver si consigo que pase con un paseo… — Y sin muchos preámbulos, salí del Gran Comedor a prisa, sin querer explayarme más de la cuenta con mis débiles explicaciones.

Dado que la falta de la mitad de los miembros de la casa de Gryffindor me tenía aún más de los nervios, mis pies se movían inquietos sin yo poder guiarlos consciente. ¿Dónde estaban todos? ¿Donde estaba toda aquella manada ruidosa que alteraba el ambiente con tan solo su presencia? ¿Y los miembros del equipo de Quidditch? ¿Y Matthew? ¿Si no estaba allí significaba que seguía en la enfermería junto a su mellizo? Entonces eso quería decir que Alfred estaba muy grave...— No… no… — Lleno de aquellos pensamientos negativos me perdí por los pasillos, vagabundeando sin saber muy bien que hacer. Aquello no salía de mi cabeza y tenia la necesidad de borrar la imagen de un Alfred herido y sin vida por otra en la que se pudiera ver al estadounidense como era. Tan idiota, arrogante, metomentodo, ruidoso e irritante como siempre.

En mi procesión por los pasillos tropecé con varios profesores, Flitwick y Sproud entre ellos, pero mi cerebro estaba demasiado anestesiado como para pararme a saludarlos correctamente como debía por lo cual simplemente pude escuchar sus voces al alejarme y percatarme quienes eran, comentando que quizás estaba consternado por lo nefario del partido de ayer, y lo muy loable que era por mi parte preocuparme así por un compañero pese que fuera de una casa diferente a la mía. ¡Por Merlín, no era para nada loable mi comportamiento! ¡Estaba tratando de huir de aquella preocupación y de Jones, mismamente! ¡Me sentía tan culpable como si aquella jodida bludger la hubiera lanzado yo!

No podía presentarme en la enfermería, no tenía una excusa plausible para hacerlo. Fuera como fuera, si me presentaba allí tendría que explicar la raíz de nuestro trato y quedaríamos ambos descubiertos. El americano como alguien que necesitaba urgentemente un tutor -aunque aquello no era un secreto ni mucho menos- y yo con aquella farsa que había generado que sabia volar o que tenia experiencia suficiente como para poder presentarme a un partido de Quidditch, ¿Y aquello no sería incluso como traicionar el trato hecho con Jones meses atrás? ¿Dejarlo vendido frente a sus compañeros y escuela? Por supuesto...

Los pies, como ajenos a los pensamientos que poco a poco empezaban a tener un mínimo de sentido balsámico para aquel galimatias que era mi interior, me habían llevado al ultimo sitio al que quería estar en aquel momento. La puerta de la enfermería se abría delante de mi y a través del cristal de la misma se podían adivinar sin problema alguno la gran cantidad de gente que había dentro en movimiento al mismo tiempo que la señora Pomfrey pedía con su voz enfurruñada que despejaran el lugar dado que no era una sala de recreo.

Aquello activo los sentidos de alarma al imaginar de golpe toda una estampida de Gryffindors saliendo por la puerta por lo que empecé a correr en dirección contraria para poder girar por la primer esquina antes de ser visto, huyendo como el cobarde que trataba negar que era. Y el que nunca reconocería saber ser.

El sábado paso inexorable al domingo mientras me refugiaba en libros de texto y tareas que nos habían mandado a lo largo de toda la semana, pensando en lo diferente que habría sido aquel día en el caso de que Alfred no hubiera estado malherido. Nuestra clase semanal se habría mantenido como siempre. El contrario se habría mostrado encantado de ganar o dramáticamente histérico ante una derrota, pero aún así animado y riendo, seguramente molestando para no variar en su irritante rutina. Pero en vez de aquello estaba allí, completamente solo en la sala común para después huir en la misma condición hacia algún lugar tranquilo en el cual no tuviera que escuchar más comentarios del día anterior pero en uno de los giros de esquina me topé de frente con Alfred.

O al menos en mi trémula mente lo había visto porque tras una milésima de segundo en los cuales tan solo buscaba poder respirar bien, pude identificar al muchacho por sus ojos. No tan azules si no mucho mas claros y diferentes

Lo cual me hizo poder respirar algo más tranquilo aunque el primer encuentro con el mellizo de Jones no lo habría querido así. Tan brusco.

—¿Matt? — Era mi momento, era la oportunidad de saber de una vez pese a querer parecer despreocupado — ¿Puedo hablar contigo? — Casi sin voz conseguí parar al canadiense, respirando con pesadez al observar sus ojeras y su semblante serio. Siempre había tenido un gesto sereno en comparación con su hermano, pero aquella mueca austera era cortante — ¿Va todo bien? — Me aventuré a preguntar, mordiendo con fuerza el labio inferior, estirándolo y tratando de tranquilizarme, murmurando para mí mismo que Alfred estaba bien y que la tristeza del contrario debía ser por la preocupación y el susto de la caída, nada más.

El muchacho me observo tras sus lentes durante lo que a mí me parecieron años en silencio, asintiendo pesadamente — Por supuesto Arthur, todo va perfectamente —Farfullo algo cortante, quizás algo apagado, ¿Por qué me mentía de aquella forma tan poco disimulada? Entendía su preocupación por Alfred, pero...

—¿Estás seguro? De acuerdo, no quiero molestarte demasiado. Y… ¿Cómo está tu hermano?.

Una pregunta, simple pero cargada de dudas a la cual este tan solo dio como primera respuesta un suspiro exasperado el cual me hizo saber al instante que algo malo pasaba. Ya no con Alfred, si no con Matt. Pero antes de poder preguntar este abrió la boca — ¿Por que quieres saberlo?

—Como que porque... Fue una caída bastante aparatosa, por lo que pude ver. Y tan solo quería saber... — La explicación lógica que había organizado en mi mente poco a poco fue perdiendo fuerza por la intensidad con la que me miraba el contrario. Demasiado directo, demasiado acusador. Como si de verdad, como yo me había sentido el día anterior, yo hubiera sido quien golpeara a Alfred con aquella estúpida y burda pelota.

—Si crees que es tan aparatosa, has tardado dos días en preguntar como se encuentra — Le dedique una mirada que pretendía ser extrañada porque hasta la fecha Matt nunca se había preocupado de si hablaban o no de Alfred. Quizás era por lo delicado de la situación — Ha preguntado por ti, ¿Sabes? — Su mirada se adivinaba triste y tan solo pude tragar saliva porque aquello explicaba su mala labia hacia mi, ¿Alfred había preguntado por mí? ¿Por qué? ¿Qué demonios hacia preguntado a su hermano? Pero si había hablado significaba que estaba despierto y por ende, vivo— Despertó ayer por la mañana antes de que la señora Pomfrey tras procurarle todas las curas posibles, propusiera que lo llevaran a San Mungo(1) en el caso de que no hicieran efecto. Y aún sin toda la lucidez posible debido al golpe dijo que tenía cosas que hacer y que se marchaba. Me confesó que eran a unas tutorias particulares contigo cuando vio que no podía moverse, y estuvo repitiéndome que al menos tenía que ir a decirte que estaba bien —La primera sonrisa desde que nos habíamos encontrado se escapó de su boca unos instantes seguramente producto por el recuerdo de su hermano en ese momento que narraba, pero pero fue muy fugaz y volvió aquella mueca de tristeza. Empezaba a asustarme ligeramente — Y no paro de repetírmelo hasta que le prometí ir a la cita por él y avisarte de que no podría asistir a esas clases.

— Pero…

— ¿Por qué no me habías contado que le dabas clase a Alfred? De él lo entiendo porque es un orgulloso, pero tú... —Su voz era neutra a falta de su dulzura habitual, cruzado de brazos y analizando mis reacciones. Y la primera, para variar, fue aquel maldito y delatador sonrojo que adivinaba a todo contrario cuando estaba avergonzado, molesto o preocupado. Y aquella vez era una combinación de todas ellas.

— ¿Estas enfadado porque no sabias nada? — Parecía lo más lógico por sus palabras que me tenían completamente perdido. Matthew negó y me quedé esperando una respuesta que llego inmediatamente.

—Estoy enfadado porque Alfred parecía acongojado por la idea de "abandonarte"ayer por la mañana y en cambio no he visto ningún atisbo de interacción por tu parte. Lo que no llego a entender es porque no fuiste como siempre a darle clases si no sabias si seguía en la enfermería o no como me acabas de preguntarme, y de saber que estaba aún en observación, ir a verle como mínimo — Él volvió a hacer una ligera pausa para dejarme pensar, haciendo que a cada palabra me avergonzara más y más — Estuve esperándote una hora y luego buscándote por el castillo. Sin rastro de ti.

— Porque yo… — Aquel estúpido tartamudeo en la voz era ridículo, ¿Por qué tenía que sentirme tan culpable por aquello? ¿Por no haber asistido a aquella cita semanal? Pero si sabía que Alfred no podía salir...¡Sabía que debido al golpe no iba a asistir! ¡Yo no había hecho mal en absoluto, era lo más lógico! — Jones y yo dijimos de no comentar nada a nadie, ¡Fue algo de ambos! Y ayer no fui al lugar acordado porque…Alce los ojos para buscar los del canadiense, nervioso al toparme con aquel par de orbes que me analizaban sin titubear— Supuse que tu hermano estaría magullado y demasiado herido como dar clase, ¡Era de sentido común, lo más lógico! No puedes culparme por ello…Pero, ¿Si le pedía que no lo hiciera, porque yo mismo me sentía terriblemente culpable, por mucho que me repitiera que no era en absoluto responsabilidad mía?

Matthew volvió a negar lentamente, casi con pesadez y pena — Tampoco has ido a ver como se encontraba a la enfermería, ¿no? — Aquello me hizo arrugar la nariz unos instantes ¿De verdad había dicho aquello? Solo poner un pie en la enfermería y cualquier miembro de la casa Gryffindor se me tiraría al cuello en menos que cantaba un fénix… Abrí la boca para replicar, pero el contrario no me dejo lugar a intervenir — Él piensa que sí que fuiste ayer mientras dormía, preocupado al no verlo en vuestro punto semanal de encuentro. Alfred parecía desanimado ante la idea de dejarte plantado, y yo tan solo le mentí para ver cómo le cambiaba la cara —Aquello me desoriento y realmente no lo esperaba, ¿Había mentido a su hermano? ¿Por mi...? Era incapaz de entender porque había hecho aquello

—No tenías que haberle dicho eso, Matt. Yo, quizás… Solo debería visitarlo, no debí haberme descuidado en algo como eso... —Mi voz sonaba tan poco convencida que incluso él se dio cuenta, haciéndolo negar con la cabeza, cruzado de brazos — Puedo pasar a verlo más tarde — Ofrecí con duda y una voz trémula la cual odie en cuanto se escapó de mis labios, obligándome muy a mi pesar a enrojecer una milésima más.

— No tienes que ir si no quieres hacerlo, Arthur. No es ninguna obligación— Dictaminó el contrario, esta vez con un tono de voz más calmado, menos acusatorio. Mas manso y como apenado ante sus palabras una vez las había soltado. Solo negué con la cabeza, tratando de poner en orden mis pensamientos cuando de repente al final del pasillo aparecieron Bonnefoy, Carriedo y el mayor de los hermanos Beilschmidt armando su habitual alboroto irritante. Arrugué las cejas ante su parloteo incesante y su griterío, descentrándome de Matthew unos instantes y obligándome a poner los ojos en blanco una décima de segundo ¿Venían como refuerzo del canadiense? Con Matt era sumamente sencillo hablar y no perder los estribos pese a lo incomodo de la temática en particular, pero con aquella panda de indeseables no prometía lo mismo…

Williams también pareció darse cuenta de su presencia –como para poder hacer oídos sordos ante su presencia con tal ajetreo-, pero su rostro denotaba que no esperaba la visita. Es más, casi podía notar como levemente bajaba los ojos hacia algún punto inexacto entre sus pies con vergüenza o quizás un atisbo de pena, cosa que no entendí muy bien.

—Oye, ¿estás bien? Pareces…— Inquirí cuando el trío desapareció casi sin reparar en nosotros y por fin Matt parecía haber vuelto a su color habitual y su respiración al fin volvía a ser acompasada aunque la mueca no se esfumaba de sus labios — ¿Matt?

—Claro, todo está perfectamente — Repitió como hacia unos minutos mientras suspiraba, clavándose una vez más en mis ojos con mirada levemente entristecida y algo taciturna— Como te decía, Arthur, no tienes responsabilidad de ir a ver a mi hermano. Solo que pese a la fachada de chico fuerte y estúpido, Alfred es muy diferente. Es sensible y se le puede herir con demasiada facilidad — Farfulló aun con las mejillas ligeramente tiznadas de rosa y tembloroso, quizás temiéndose haber hablado mas de la cuenta sobre su hermano mellizo el cual lo mataría de haberlo escuchado definirle de aquella forma

— Esta bien, lo tendré en cuenta...

—Disculpa Arthur, tengo cosas que hacer, lamento el mal rato que te haya podido causar. Tan solo quería hacerte saber eso. Nos vemos —Su voz denotaba una pena demasiado evidente y clara, pero no sabía hasta que punto podía insistir en que me lo contara. El muchacho y yo eramos buenos conocidos pero no quizás tan cercanos como para poder indagar en sus sentimientos.

Antes de tener una idea clara de que podía hacer Matthew había huido del lugar dejándome a solas con mis aún agitados pensamientos. Y la idea de que el repentino agobio del norteamericano tenia que ver con la vista de aquel par de tres. Además, ¿Desde cuando Francis ni tan siquiera se dignaba a mirar a Matt? ¿No estaba tan apegado a él desde que habían empezado la escuela?¿A que se debía aquella manera de ignorarlo?

Con todo aquel amasijo de emociones me quede divagando por los pasillos, taciturno y la mente funcionando a mil por hora; tratando de poner todo en orden. ¿Quien me mandaba aliarme con Jones, para luego tener que sufrir cosas como aquella?¡Lo sumamente tranquilo que estaría en aquel momento si nada de aquello hubiera pasado! Aún que para que iba a mentirme a si mismo, lo que Matt me había dicho sobre la importancia que Alfred le daba a aquellas tutorias particulares hizo que dibujara una sonrisa de la cual iba a ser difícil deshacerse.

To be continued.


Next Chapter:

"— ¿Qué? — Las pupilas de Alfred se agrandaron, para instantes después ir disminuyendo, mientras que entrecerraba los ojos y me observaba con determinación — No… ¿No era verdad? ¿No viniste a verme a la enfermería? —Sentí que los labios me temblaban ante su mirada, la cual más que atemorizarte estaba llena de decepción —"


1: Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas: Es un hospital mágico para personas heridas o enfermas tanto física como mentalmente, ubicado en Londres.


Y después de lo que parecen mil siglos, aquí estoy. No sé siquiera si quedará alguien en pie para leer esta historia pero me he propuesto subir todos los capítulos que me quedan para finalizarla.
No quiero dar aburridas y tontas explicaciones de porque no lo hice antes; tan solo no pude por x o por y; pero aqui estoy de vuelta.

Gracias por seguir por aquí, y si eres nuevo, gracias por llegar.