"Te vigilé, las horas de viaje más largo
como si fueras a llevarte la luna debajo del brazo"
Sirius camina deprisa, con pasos acelerados y urgentes. Lleva su cazadora de cuero, negra y algo vieja, con la cremallera medio rota, y el frío se le mete hasta los huesos. Dirige su mirada hacia la derecha y se encuentra con los ojos castaños de James, cargados de preocupación. Ambos sujetan a Remus por los brazos, lo llevan casi en volandas porque él no puede mantenerse en pie. La última luna ha sido demasiado violenta, y sus heridas supuran en su espalda pálida y en sus hombros. Cuando llegan a la enfermería y lo depositan sobre la cama, con ayuda de la señora Pomfrey, Sirius lo observa en silencio, con un nudo en la garganta. Algunos rasguños surcan su cara, pero por lo demás parece plácidamente dormido.
-Será mejor que os vayáis, ahora sólo tiene que descansar.
Dice Madame Pomfrey, y ellos saben que allí no pueden hacer nada, pero Sirius se resiste a moverse del sitio. No quiere dejarlo solo, no quiere que esté solo cuando despierte. James le aprieta un hombro con cariño y ambos se dirigen hacia la salida. Por primera vez en toda la noche, Sirius se da cuenta de que está agotado, herido y muerto de hambre. Pero eso da igual, porque es Remus quien tiene que cargar con la luna debajo del brazo.
