-Es preciosa

Los ojos de Sirius refulgen y se relame como un perro hambriento. Remus observa la vieja motocicleta, que ha quedado bastante decente después de que Sirius la haya sometido a unos cuantos (muchos) arreglos, y se abstiene de decir nada. Es evidente que su amigo está orgulloso de ella, si casi parece un padre contemplando a su hijo, pero Remus cree que es una completa locura montarse en ese trasto. Y para colmo, vuela.

-¿Quieres dar una vuelta?

Le pregunta. No lo dirá en serio…

-Ni aunque me pagaras, Sirius.

-Vamos, Lunático, es segura, la he probado antes.

Remus niega con la cabeza, no va a convencerle. Pero Sirius ha dejado de mirar a la moto con lujuria y ahora lo mira a él, con unos ojos grises que parecen plata líquida a esas horas de la tarde. Se acerca un poco, primero un paso lento, luego el otro, hasta que lo tiene tan cerca que puede sentir su aliento golpeando contra sus mejillas.

-Vamos, anda, te va a gustar.

Remus hace un serio esfuerzo por no ruborizarse, y termina aceptando porque ese maldito chucho siempre le convence de hacer las cosas más inverosímiles. Al momento de montarse, ya se arrepiente. Se coloca detrás de Sirius y el motor ruge cuando éste la enciende, haciendo que la vibración que siente debajo de sus piernas se extienda por todo su cuerpo. Están solos en medio de ese inmenso paraje verde, y Sirius conduce con lentitud, subiendo pequeños montículos de resplandeciente hierba. No es tan horrible como pensó en un principio, pero entonces se elevan. Alto, alto, alto, hacia el cielo. Remus se agarra instintivamente a la cintura de Sirius, tan fuerte que probablemente le esté haciendo daño, pero él no se queja.

-¡Sirius! ¡Puede que se me haya olvidado comentártelo, pero tengo pánico a las alturas!

Grita Remus con todas sus fuerzas, la voz estrangulada. El viento hace difícil hablar, respirar, escuchar y todo en realidad, porque les golpea por todos lados, gélido.

-¡Relájate, Remus! ¡Y disfruta del paisaje!

Le grita Sirius de vuelta, y a Remus le dan ganas de vomitar. Cierra los ojos y aguanta estoicamente todo el trayecto, mientras Sirius da vueltas sobrevolando las montañas, y los últimos rayos de sol de la tarde se esconden por el horizonte. Cuando aterrizan, Remus se baja apresuradamente de ese cacharro endemoniado, y Sirius le dirige la sonrisa más amplia del planeta. Tiene las mejillas encendidas, el pelo revuelto y emana adrenalina por los cuatro costados.

-Acojonante, ¿Verdad?

-Como digas una palabra más, te mato, te lo juro.

-Vamos, no te enfades, sólo tienes que cogerle el gusto.

Remus resopla y decide dejar el tema. En su lugar propone volver al castillo, está anocheciendo y ya casi es la hora de cenar, amén de que se está muriendo de frío. En el camino de vuelta caminan en silencio, y Remus se alegra de que la oscuridad no permita que Sirius vea su sonrisa. Y ruega por que no oiga su corazón latiendo a toda velocidad.

Gracias por los reviews, follows y demás. Me alegro de que os esté gustando :) Un beso y hasta el próximo capítulo.