Capítulo 2

Sans era vago, siempre lo había sido y no planeaba cambiar, al menos no en un futuro cercano, y sin embargo se encontraba nuevamente corriendo en busca de la niña, esperaba que desaparecer no se volviera una mala costumbre de la pequeña porque ni él ni Toriel podrían soportar estos sustos como parte de la rutina diaria.

Había pasado quien sabe cuánto tiempo recorriendo la ciudad sin pausa o descanso, solo deteniéndose para mirar la hora en su celular, en este momento eran las dos de la mañana y todavía no encontraba ninguna pista sobre el paradero de Frisk. Guardó el aparato antes de teletransportarse hasta la esquina de la siguiente cuadra, no quería admitirlo pero comenzaba a desesperarse ¿Cómo no hacerlo si la niña tenía solo diez años y se encontraba sola en la calle? ¿En qué demonios había pensado Frisk para irse de esa manera dejando solo una nota? ´´Me voy a caminar un rato´´, había escrito en un pedazo de papel mientras Toriel estaba de compras, eso había sucedido alrededor de las cuatro de la tarde y desde entonces no habían tenido señal de ella ¿Dónde podía estar? Odiaba sentirse tan impotente, lo único que podía hacer era buscarla y rogar que no le pasase nada, le aterraba la mera idea de que alguien le hubiese hecho daño, de que algún enfermo…, no, no iba a pensar en eso, Frisk estaba bien, tenía que estarlo, él iba a encontrarla y después tendría una muy larga y seria conversación con la pequeña.

Saber dónde seguir buscando era realmente un trabajo complicado, la niña conocía la ciudad mucho mejor que él, pero no es como si tuviera una casa o un lugar a donde ir o refugiarse…al menos que… ¿Quizás?, si…eso tendría sentido, Frisk le había contado que antes de caer al Subsuelo, ella vivía en la estación de tren de su ciudad y si Sans no se equivocaba la edificación quedaba a pocas cuadras de donde él se encontraba en ese momento. Echaría un vistazo por allí, era la única idea que tenía y quizás, con un poco de suerte, encontraría a su pequeña e insensata amiga.

Sin pensarlo una segunda vez se teletransportó hasta la entrada de la estación de trenes, tuvo que tomarse un par de segundos para recuperar el aire, se encontraba cansado, había usado demasiada de su magia en ´´atajos´´ para cubrir mayor terreno posible. Probablemente lo más sensato sería guardar un poco de su energía por si llegaba a necesitar un escape rápido, pero no estaba seguro de contar con suficientes reservas pare ello. Tras unas cuantas respiraciones profundas se enderezó y entró adentro del gran recinto.

No tuvo que dar más de unos pocos pasos antes de ver a un joven humano que estaría entre los dieciséis y los veinte años hablando animadamente con una niña de cabello corto y despeinado, no, no era una niña, era su niña.

-¡Frisk!-exclamó Sans sintiendo como si un gran peso cayera de su espalda, sus pies se movieron hacia ella mientras la mencionada giraba la cabeza en busca de la voz que la había llamado. Al ver a su esquelético amigo la niña sonrió y saludo con la mano sin dejar de hablar con el muchacho.

-Ese es mi amigo Sans del que te estaba hablando, ¿Viste? yo no estaba imaginando cosas, él sí es un esqueleto de verdad -dijo la pequeña con orgullo al joven que miraba con sorpresa, temor y un poco de curiosidad al esqueleto que se acercaba hacía ellos a toda velocidad -Sans, él es-antes de que Frisk pudiese terminar la frase, Sans, que ya había llegado hasta donde se ella encontraba, la interrumpió dándole un brusco abrazo.

-¿Es…estás bien?-susurró el esqueleto mientras la estrechaba aún con más fuerza, él jamás había necesitado con tanta urgencia el contacto con alguien que no fuera su hermano. Sentía que el hecho de rodearla con sus brazos, de sentirla, la hacía más real, casi temía que al soltarla la pequeña se desvaneciera en el aire para nunca regresar.

-Si-respondió la niña extrañada ¿Por qué su amigo actuaba de forma tan extraña?

-¿Estás herida?-le preguntó con voz quebrada

-¿Eh?...No…

-¡¿Estás segura de que no estás herida?!-insistió de forma más imperante.

-¡Sans ya te dije que estoy bien! ¿Pasó algo?- espetó Frisk, como empezaba a sentirse un poco alterada por las extrañas preguntas de su amigo no pudo evitar un dejo de fastidio en su voz.

Escuchó a Sans emitir una risita apenas audible que no sonaba para nada feliz.

-¿Preguntas si pasó algo? Ay niña, me vas a hacer sacar canas verdes-dijo entre resignado y molesto, ahora que había visto que Frisk estaba bien y que su preocupación desaparecía, comenzaba a sentirse enojado por la insensatez de la pequeña y aterrado de que la próxima vez que sucediese algo como esto terminase en una tragedia. Tras dejar salir un pesado suspiro, Sans tomó a la niña por los hombros con firmeza y la separó de él-¡¿En qué estabas pensando para irte de esa manera?!- le espetó con severidad.

-Yo…- sorprendida, no supo que responder, esto era totalmente nuevo, nunca había visto a Sans tan molesto, al menos no de esta manera. Él no estaba actuando de forma amenazante como en el restaurant pero de todas formas la niña sintió que se le revolvía el estómago aunque no de miedo…era otra cosa que ella no supo definir. Sin embargo lo que realmente la estaba poniendo nerviosa era la incertidumbre, porque por más que intentó, no pudo encontrar una razón para el enojo de su amigo ¿Acaso no habían leído la nota que ella había dejado?

-¡Te podría haber pasado cualquier cosa! ¡Toriel está desesperada, todos estuvimos buscándote como locos!-siguió retándola Sans. Mientras en la garganta de la niña se formaba un enorme nudo que le impedía tragar y humedecía sus ojos.

-D-dejé una nota…-alegó débilmente, incapaz de ver a su amigo a los ojos cuando estos parecían tan decepcionados de ella.

-¡Eso no es excusa Frisk! Son las dos de la mañana, no son horas para que una niña ande sola por la calle ¿No pensaste un segundo en Toriel? La hiciste llorar-al oír esas Frisk, palideció de golpe, ¿Sus acciones habían dañado a Tori?, aunque aún no estaba muy segura de lo que estaba pasando supo que ella había hecho algo malo, y que era debido a eso que Sans le estaba regañando-¿No pensaste en cómo nos sentiríamos? ¿En qué le diría a Papyrus si te hubiese pasado algo? Ninguno de nosotros hubiese podido soportarlo sí… yo jamás me lo habría perdonado…yo…-Sans dejó de hablar de forma abrupta, su voz se encontraba demasiada rota para continuar. Un estremecimiento recorrió sus huesos, volviendo aún más trabajoso su intento de evitar que las lágrimas acumuladas en sus cuencas oscuras se deslizaran por su rostro. Al ver a su amigo, aquel a quien consideraba un hermano mayor, no solo enojado, sino al borde de las lágrimas por su culpa, ella misma comenzó a sentir sus ojos ardiendo, su mirada vidriosa, la culpa trepando por su espalda ¿Acaso no le había prometido a Sans que nunca más sufriría por su culpa? ¿A caso no quería ella que todos sus amigos estuvieran felices? La niña quiso disculparse, pero no lograba emitir sonido alguno, lo único que podía hacer era mirar al rostro decepcionado y herido de Sans e intentar no llorar-¡Nunca más vuelvas a hacernos esto ¿Entendiste?!-le ordenó desesperado, zarandeando suavemente a la niña para remarcar sus palabras.

-No p-pensé que se iban a preocupar ta-tanto-admitió cabizbaja, su voz era débil, apenas entendible-lo siento…no quería, lo siento-se disculpó rompiendo en llanto.

Sans dejó caer sus manos de los hombros de Frisk, su rostro se suavizó al ver a su pequeña amiga llorar, ¿Quizás había sido muy duro con ella? Él quería que la niña comprendiera que había hecho algo riesgoso, pero nunca había sido su intención entristecerla. El esqueleto respiró profundamente antes de volver a envolver en un abrazo a la pequeña.

-Está bien Frisk, ya pasó-le consoló con un tono de voz amable, la niña se aferró a él con fuerza, susurrando disculpas-Simplemente no lo hagas de nuevo ¿Ok?

-Ok-respondió con dificultad entre sollozos, su respiración se había acelerado y su cuerpo era recorrido por pequeños temblores que no podía controlar.

Sin soltarla él acarició su cabeza mientras sentía sus huesos siendo carcomidos por la culpa, se había pasado con la pequeña, lo supo en el momento en que ella se mostró sorprendida por su preocupación. Frisk había vivido demasiado tiempo sola como para saber cómo debía comportarse una niña su edad y él se prometió a sí mismo no volver a olvidar ese hecho en el futuro, era lo mínimo que podía hacer por ella.

-Ya pasó, ya pasó…por favor, no llores-la niña emitió unos sonidos angustiados que sonaron a ´´¿tas muy enojado?´´ que logró que Sans se maldijera a sí mismo y a su falta de tacto-No, ya no estoy enojado- al menos no con la niña- y siento haberte zarandeado, eso estuvo mal.

-Está bien, n-no importa.

-No, no está bien, supongo que soy un cabeza hueca…también te podría decir que el cerebro no es mi músculo más desarrollado.

-Tú no tienes ningún músculo Sans-rio Frisk a través de sus lágrimas, no podía no sonreír cuando su amigo se estaba esforzando tanto para animarla, aunque su chiste hubiese sido mucho más malo de lo normal ella siempre iba a reírse de cualquier gracia que él dijera, simplemente ese era el curso natural de las cosas.

-¿Ya te sientes mejor?-le preguntó con suavidad, la pequeña no le respondió, pero él pudo sentir como ella asentía contra su esternón.

Finalmente la niña se alejó un paso de él sin atreverse a mirarlo, parecía que quería decirle algo por lo cual Sans permaneció en silencio.

-Perdón Sans, yo de verdad no sabía que se iban a preocupar, en el subsuelo no les importó que anduviese sola-se explicó sin ningún tipo de malicia en su voz, claramente Frisk no se lo estaba echando en cara y sin embargo Sans comenzaba a sentirse avergonzado del comportamiento que tanto él como resto de los monstruos habían tenido para con la niña en el subsuelo.

-Casi tienes un punto…casi… ¿Te olvidas que yo estuve observándote la mayor parte del tiempo?

Aun sabiendo que no era muy educado de su parte Frisk no pudo evitar mirarlo con una cara de herida incredulidad. Sintió como algo se inflaba dentro de su pecho, algo caliente y que olía a metal quemado.

-Pero no es como si realmente te haya importado lo que me pasase Sans-puntualizó con un dejo de amargura en la voz.

El esqueleto abrió los ojos sorprendido por lo mordaz de la respuesta de Frisk, y peor aún era saber que ella tenía razones más que suficientes para hablarle de ese modo. Quien sea que fuere el creador de la frase ´´la verdad duele´´ debió de ser un gran sabio, porque la culpa y la presión que sentía Sans sobre su alma al saber que él mismo había alimentado el sentimiento de abandono en la niña no se podía describir con otra palabra más que ´´doloroso´´

Sans no era estúpido, sabía que si hubiese mostrado un poco más de interés desde el principio, probablemente la niña nunca hubiese reseteado ¿Pero eso era demasiado trabajo, verdad? ¿Para que esforzarse si todo estaba perdido, si ya se había rendido y no le quedaban esperanzas? Rememoró con asco lo que había dicho, no una, sino diez veces, bajo el control de Flowey. En algún momento entre su adolescencia y su adultez se había convertido en la versión más tosca y taquillera del nihilismo hollywoodense, y sin tener que preocuparse por crianza de su hermano una vez este había crecido perdió la única razón para esforzarse…pero ahora tenía que empezar a ponerse las pilas para ser el hermano mayor que la niña necesitaba y merecía, una niña que era mucho más frágil y dependiente de lo que Papyrus había sido nunca, una niña que lo necesitaba y que él necesitaba.

Sonrió con tristeza y miró apenado a la pequeña que lo fulminaba con ojos molestos que ocultaban la agonía de creerse prescindible y poco valiosa. No podía mentirle, no podía hacerlo sabiendo que desde su accidente en Snowdin ella había depositado toda su confianza en él, sin embargo tampoco podía exponerla a la verdad con todo lujos de detalle porque, a fin de cuentas, ella era solo una niña.

-No te voy a mentir Frisk, no te conocía así que no me importaba mucho, pero te puedo asegurar que la primera vez que Undyne cortó el muelle en Waterfall casi me agarra un infarto creí que no llegaría a detener tu caída y no estaba seguro de si volverías si tú…, bueno, si tu murieras por un accidente-La voz de Sans sonó tan inusualmente sincera que la niña creyó que volvería alargarse a llorar, pero esta vez de emoción. Si bien su amigo parecía estar más que dispuesto a escucharla él nunca se permitía ser escuchado. La única vez que había logrado conocer algo de lo que él pensaba, había sido cuando se había lastimado el tobillo en Snowdin, pero en ese entonces él había estado tan enojado y tan aterrador, que lo único que ella había querido es que volviera a ser el Sans bromista y superficial de siempre-Hablemos de esto en otro momento ¿Ok? Cuando sea de día y no esté tan cansado ¿Te parece?

Frisk asintió y sonrió cuando sintió la mano de Sans despeinando su cabello.

Fue un segundo más tarde en el que ambos, avergonzados, se percataron de que el muchacho seguía observándolos. Él se había alejado de ellos, totalmente incomodo intentaba fingir interés en la pantalla del celular apagado que sostenía con una de sus manos, mientras con la otra sujetaba un gran canasto lleno de comida que Sans no llegó a ver bien pero que parecía algún tipo panificado dulce.

La niña repentinamente consiente de la escena que se había montado por su causa, sintió mucho calor en el rostro y supo con certeza que se había puesto roja como un tomate. Sans, a su lado no parecía mucho mejor, él no se había puesto rojo, pero un leve, y extraño rubor azulado cubría el lugar en donde de haber tenido carne habrían estado sus mejillas.

-Sans…él es Emanuel, trabaja vendiendo cosas de una panadería acá en la estación-Frisk presentó al joven humano sin dejar de juguetear con la manga de su campera mientras evitaba mirar a nadie-él siempre me daba algo de comer…Emanuel, él es mi amigo Sans.

-Un placer-dijo el esqueleto con una sonrisa mientras le extendía la mano, cualquiera que hubiese ayudado a la niña merecía su amabilidad y respeto.

El joven lejos de devolver el saludo sé quedó viendo a Sans con una mirada un tanto estúpida, hasta que finalmente sacudió la cabeza como si no pudiese creer lo que estaba viendo.

-Tú…eres un esqueleto-dijo con incredulidad pero sin ningún tipo de desprecio.

-La última vez que me fije en el espejo lo era-afirmó divertido.

A pesar del poco tiempo que llevaban en la superficie la mayoría de los humanos habían aceptado a los monstruos como parte de su sociedad o en su defecto simplemente los ignoraban. Pero había algunos individuos, por llamarlos de algún modo, que se habían opuesto fuertemente a su presencia. Los más diplomáticos hablaban de un apartheid, los más radicales de matarlos a todos. Por fortuna gran parte de la población, sobre todos los jóvenes, se habían movilizado para que los monstruos fueran considerados sujetos de derecho al igual que los humanos. Era fascinante cómo la juventud humana, a diferencia de la de los monstruos, se interesaban en tomar parte de las decisiones políticas y se organizaban para tomar cartas en el asunto de ser necesario. Su raza nunca dejaría de estar agradecida con todos aquellos que habían luchado por ellos y que habían logrado que en tan solo una semana ellos fueran ciudadanos legales de esa ciudad.

Emanuel una vez superado su asombro, se apresuró en estrechar la mano que el esqueleto le estaba ofreciendo. Contra todo pronóstico no sintió la textura liza de huesos contra su piel, sino algo parecido a la goma y antes de darse cuenta sucedió, lo que en años venideros, él definiría como el momento más bizarro de toda su vida. Al presionar la mano del monstruo salió de ella el sonido de un largo y sonoro… pedo.

Con la boca abierta por la sorpresa y sin poder emitir una sola palabra comenzó a carcajearse tanto que de sus ojos comenzaron a caer lágrimas de la risa, y ver que la niña no estaba mejor que él no lo ayudaba a calmarse.

-Jeje, el truco del cojín pedorro, siempre es divertido

-Ay…me muero-bromeó el muchacho jadeando de tanto reír-Tú sí que sabes cómo romper la tención-admitió mucho más relajado-Mi novia no va a creerme cuando se lo cuente, sabía que habían salido de ese maldito agujero con la ayuda de una niña, pero nunca me imaginé que había sido Frisk-dijo, mientras dejaba el canasto en el suelo y se despeinaba el cabello. El esqueleto pensó que el muchacho se veía extremadamente agotado, sus ojeras eran tan profundas y oscuras que parecía un hibrido entre panda y humano-¿Así que te estas quedando con ellos verdad?-le preguntó a la niña.

-Así es-le respondió Sans mientras depositaba una de sus manos sobre el hombro de la pequeña.

-Eso es un alivio, esta zona es bastante peligrosa. Con la crisis económica y con todos los locos que andan sueltos una nena no puede estar viviendo en la calle, yo siempre se lo decía a Frisk, pero ella es muy cabezota. Igual no la culpo, imagino que nadie querría ir a un orfanato o instituto de menores si puede evitarlo.

La niña hundió su rostro en el abrigo de Sans, odiando a Emanuel por ser tan bocazas ¿Con qué necesidad le contaba todas esas cosas a su esquelético amigo? Era humillante, nadie tenía porque saber nada de su vida y si alguien se enteraba quería que fuera porque ella se lo había dicho. Nunca entendería como hacían los adultos para no darse cuenta de que no debían mencionar temas sensibles. Además ¿Acaso ella estaba pintada? ¿O era un florero? Desde su punto de vista era bastante grosero que el muchacho hablase de esas cosas sin pedirle permiso y encima al frente de ella.

Sans rodeó a la niña con un brazo para reconfortarla, tanto él cómo el humano se daban cuenta de su incomodidad, pero Emanuel sabía que debía poner a los nuevos guardines de la niña al tanto de su anterior vida, al menos de lo poco que él sabía, aunque eso la ofendiera y Sans por su parte no podía dejar de estar agradecido por la información que le estaba brindando el muchacho.

-Sans me quiero ir-masculló la niña casi lloriqueando-Vámonos-le pidió deseosa de escapar de esa conversación.

Él suspiró, le hubiese gustado hacerle un par de preguntas al humano, pero podía entender que eso era demasiado para la niña y que probablemente ella estuviese muy cansada por todo lo que había pasado ese día.

-Está bien Frisk, dame un segundo para que llame a Toriel… ¿Quieres hablar con ella?

Frisk lo meditó por un segundo, su primer instinto habría sido decirle que sí, y en cualquier otra situación lo habría hecho, pero ahora mismo ella estaba metida en un buen lio, ya sería bastante malo ser regañada en casa y también por teléfono. Finalmente negó con la cabeza.

-N-no, voy a esperar a llegar a casa-susurro desanimada

Por un momento Sans quiso decirle que Toriel en un primer momento estaría muy aliviada como para retarle y que una vez que ella le explicase que no había sido consciente de que estaba haciendo algo malo la ex reina sería totalmente comprensiva e indulgente con ella. Seguramente Toriel no sería ni remotamente tan severo como él había sido con la niña. Pero cuando estaba a punto de tranquilizarla cambió de opinión, dejaría que la niña se preocupase por la reacción de Toriel como castigo por lo que había hecho, era un poco cruel, pero no dejaba de ser sano.

Sacó su celular del bolsillo, y marcó. No llegó a escuchar el tono del teléfono una segunda vez antes de ser atendido.

-Sans, ¿La encontraste? ¿Pasó algo malo? ¿Tienen alguna noticia de Frisk?-preguntó a toda velocidad, su voz sonaba totalmente desesperada.

-La encontré-pudo escuchar un suspiro de alivio al otro lado de la línea.

-¿Ella está…

-Está perfectamente Toriel-le cortó Sans

-Gracias al cielo ¿Dónde están? Ya voy para allá.

-No es necesario, será más rápido si nosotros vamos para allá.

La estación de tren quedaba bastante lejos de la casa de Toriel, una distancia que él podría cubrir con uno de sus atajos. Él realmente nunca había hablado sobre esa habilidad suya, pero todos los que lo conocían sabían que él podía llegar casi a cualquier lado en segundos.

-Está bien…yo mientras voy a avisar a los otros, y Sans…gracias

-Ni lo menciones, en unos minutos estaremos allá.

Tras terminar la llamada y guardar el celular se dirigió a la niña

-¿Lista para ir a casa?

-Supongo…-contestó Frisk sin querer pensar en que tan enojados estarían todos con ella.

-Bueno, supongo que nos veremos otro día-dijo Emanuel con una sonrisa-yo estoy aquí casi todas las noches por si alguna vez necesitan algo o simplemente quieren hablar, eso sí Frisk, ya no vengas sola.

-Jaja-rio la niña con fastidio.

Sans la miró de reojo pero decidió no decirle nada y dejárselo pasar.

-Gracias-se limitó a responder Sans mientras miraba a la niña, esa sola palabra encerraba su agradecimiento por cada vez que el muchacho había dado comida o se había molestado en preocuparse por la niña.

-No fue nada-murmuró, él en realidad no había hecho mucho por la niña, pero tampoco había tenido las herramientas para hacerlo, entre la universidad, el trabajo y sus hermanos pequeños a los que debía ayudar a mantener apenas sí lograba subsistir -Esperen, antes de que se vayan… ¿Quieren llevarse unos churros?-ofreció ansioso por cambiar de tema- Yo invito.

Tras aceptar y agradecer el regalo de Emanuel, Sans tomó a Frisk de la mano y se teletransportó por enésima vez en esa noche esta vez agotando realmente la totalidad de su magia. Al llegar, tuvo que sacar fuerzas de donde no tenía para evitar desplomarse en el medio de la calle y tras sonreírle a la niña quien lo miraba preocupada, ambos comenzaron a caminar las dos cuadras que les quedaban para llegar a la casa de Toriel, lamentablemente él no había sido capaz de aparecerlos más cerca, probablemente tardaría todo un día o más en recuperarse.

-¿Entonces, vas a decirme por qué te escapaste?-le preguntó a la niña principalmente para mantenerse lúcido y en movimiento, sentía que sí no hablaba o se distraía con algo se desvanecería en el acto y lo último que Sans quería era exponer a Frisk a esa situación.

-Yo no me escapé-protestó la niña mientras desviaba la mirada un poco ofendida por la acusación-solo…solo estaba paseando.

-Un paseo largo por lo que veo, casi diez horas de caminata.

-Sí, pero yo iba a volver, simplemente no…-Frisk se mordió la lengua enojada consigo misma, por alguna razón cuando conversaba con Sans ella siempre terminaba hablando de más. Rogó en silenció que él no se hubiese dado cuenta de que estaba omitiendo algo aun sabiendo que era en vano, su amigo siempre se daba cuenta de todo.

-¿Simplemente qué?

Frisk tuvo que reprimir la urgencia de soltar un juramento, ¿Por qué Sans no podía simplemente ignorar las tonterías que ella decía? Seguramente había cosa más interesantes en que prestar atención que en los balbuceos de una mocosa estúpida como ella.

-Sans…yo…-dijo la niña intentando ganar tiempo, tenía que pensar en algo rápido-Eh…este… ¿Sabes cuál es el colmo de un panadero?-finalizó poniendo una sonrisa que ella pensó era inocente y encantadora.

-Buen intento niña, pero poco sutil-le respondió con una mueca divertida-No cambies de tema Frisk.

Pero la niña no quería hablar al respecto y la respuesta serena de Sans se le antojó totalmente irritante.

-¡Yo te pregunté algo!-le espetó elevando la voz y mirando a su amigo con furia, de alguna forma sabía que enojarse era lo único que podía hacer para evitar llorar nuevamente, para evitar contarle a su amigo que era lo que le preocupaba-¡Si no me vas a contestar lo que yo te pregunto no digas nada y punto!-mientras se preguntaba a sí misma porque estaba gritando se dio cuenta de que Sans había dejado de caminar de forma abrupta y que la estaba mirando con un rostro indescifrable. Por un aterrador momento la niña pensó que se había pasado de la raya, pero para su alivio Sans simplemente sacudió su cabeza un tanto incrédulo, luego suspiró y volvió a sonreír de forma despreocupada no dando señales de que el exabrupto de Frisk le hubiese enfadado.

-Que lo atrapen con las manos en la masa-dijo el esqueleto de forma escueta.

La niña lo miró sin entender a qué diablos se estaba refiriendo ¿A que venía esa frase tan random? ¿A caso él no iba a regañarla por haberle hablado de esa manera?

-¿Qué?-musitó confundida y un poco atemorizada, Sans debió darse cuenta de ello porque dejo escapar una risita.

-Tu preguntaste ´´cuál es el colmo de un panadero´´ y yo respondí ´´que lo atrapen con las manos en la masa´´-le explico de forma paciente-Sabes niña, estoy un poco decepcionado contigo-admitió sin dejar de sonreír, si bien él no se veía molesto, Frisk no podía dejar de preocuparse ninguna frase que comenzara con ´´estoy un poco decepcionado contigo´´ podía terminar en algo bueno-Cualquiera diría que después de escuchar tantos de mis grandiosos chistes tendrías algo mejor que contarme que un colmo tan viejo como Gerson… no le digas a Toriel que dije eso ¿Ok?-Frisk asintió sin poder creer la situación, Sans era un adulto extraño, bueno, todos los adultos lo eran, pero sin duda su amigo era el más raro de todos, a él no parecía molestarles las cosas que solían hacer enojar a la mayoría de la gente grande, no le importaba si se enojaba y gritaba o le faltaba el respeto, aunque la niña estaba bastante segura de que su esquelético amigo no se habría mostrado tan condescendiente con ella si la victima de su enfado hubiese sido Papyrus envés de él.

-Sans… ¿Crees que Toriel esté muy enojada con migo?-susurró finalmente la niña, intentando nuevamente cambiar de tema, pero esta vez de una manera mucho más sincera y por ende incómoda. Ella agachó la cabeza sintiéndose de repente muy avergonzada de ella misma, si bien había sido vergonzoso preguntar eso, más vergonzosa había sido la forma en la que ella había tratado a Sans, él nunca la había tratado mal, él nunca le había gritado y ella le estaba correspondiendo por su amabilidad de la peor forma posible.

El esqueleto sonrió levemente al ver la incomodidad de Frisk, ningún niño, por más que este fuera el salvador de toda una civilización, no temería enfrentarse al enojo de su madre, más aún si este enojo era justificado.

-Quizás esté un poco enfadada, pero no lo suficiente para negarse a hacerte una tarta de caramelo y canela si se lo pides con ojos de cachorrito-la tranquilizó-Yo ya conteste tu pregunta, ahora te toca a ti ¿Por qué escapaste?-al ver que la niña fruncía el ceño y se disponía a corregirlo decidió adelantársele-Rectifico, ¿Por decidiste tomar un paseo exageradamente largo?

Frisk volvió a desviar la vista, en realidad ella quería contarle a Sans, él era la persona que más la conocía y en la que más confiaba, pero temía que él se burlase de ella.

-Antes prometeme que no se lo vas a decir a nadie-le pidió.

-Eh…sabes que no puedo hacer eso ¿Verdad?-le contestó con una sonrisa-lo que quiero decir es que si es algo grave o peligroso Toriel tiene que enterarse.

Frisk decidió que su amigo tenía un buen punto, al fin de cuentas ella no era ajena al hecho de que solo era una niña. Probablemente la mayoría de los adultos aceptarían la promesa, pero la romperían en cuestión de horas, Sans al menos creía que ella era lo suficiente madura como para no tener que apaciguándola con promesas vacías.

La niña suspiró, le encantaría irse corriendo ¿Sans podría detenerla si lo hacía? Ella no sabía cómo era su magia, solo había conocido sus atajos, pero si tenía las mismas habilidades de Papyrus no habría escape posible, ya que con un simple movimiento de su esquelética mano su alma se volvería azul frustrando cualquier intento de huida. Por otro lado él la había estado buscando durante horas y probablemente sería muy ingrato de su parte irse corriendo. Así que no le quedaba más opción que contestar a las preguntas de su amigo sin quejarse, al fin de cuentas ella sola se había metido en ese gran lio.

-No es algo peligroso, es algo…tonto-admitió apenada.

-Te escucho, seguramente no sea para tanto-revolvió el cabello de la niña para animarla un poco. Por su parte él estaba más divertido que otra cosa, ´´algo tonto´´ había dicho Frisk, y la verdad esas dos palabras no le inspiraban preocupación sino risa, ella tenía solo diez años, era normal que hicieran tonterías, y dudaba que la niña pudiese hacer algo más estúpido que lo que había hecho ese día, después de ese susto pocas cosas podrían alterarlo.

-Es que…hoy al medio día casi le dije ´´mamá´´ a Toriel-susurró Frisk sin atreverse a levantar la vista.

Las cuencas de Sans se abrieron momentáneamente por la sorpresa, eso no era su definición de algo tonto, algo tonto era usar apropósito la licuadora sin cerrar la tapa o intentar hacer los challenges de YouTube. Pero lo que le había dicho la niña distaba mucho de ser algo ´´tonto´´.

-Sabes que a Tori no le molestaría que la llames así ¿Verdad?, en realidad probablemente le encantaría-Frisk escuchó la voz inusualmente suave de su amigo, y no se atrevió a verlo por temor a encontrar lástima en su mirada, cuando ella vivía en la estación de trenes había muchos adultos y adolescentes que la veían con lástima, y ella sabía que no lo hacían para molestarla y que probablemente eran gente buena, pero eso no quitaba el hecho de que cuando la veían de esa forma se sentía como si fuese algo roto o desechado.

-Sí, lo sé-dijo la niña un poco brusca.

-¿Entonces, tú no quieres llamarle de esa manera? Está bien Frisk, Toriel no se va ofender por eso-le respondió un tanto inseguro, incapaz de siquiera poder vislumbrar donde estaba el problema.

-No, no es eso, a mí me gustaría llamarla de esa forma.

Se mantuvo en silencio unos segundos, hasta que finalmente se dio por vencido, no había forma de que él lo descubriera por su cuenta y menos con las respuestas tan vagas de la niña.

-No te estoy entendiendo Frisk ¿Cuál es el problema entonces?

-El problema… soy yo

El monstruo tuvo el fuerte impulso de golpearse la cabeza contra la pared de la casa más cercana, era lógico, patético, pero totalmente lógico y teniendo en cuenta la personalidad de Frisk no le sorprendía en lo absoluto. En algún momento en un futuro cercano tendría que hablar de esto con Toriel, ella obviamente se había percatado de la falta, mejor dicho, de la nula autoestima que Frisk tenía, y si bien era entendible, tomando en cuentas las circunstancias en las que había vivido, era algo que debía solucionarse lo más pronto posible. Mientras ella fuera una niña pequeña tanto Toriel como él podrían protegerla pero en un par de años ella necesitaría ser capaz de auto valorarse y valerse por sí misma, porque de lo contrario habría mucha gente que buscaría aprovecharse de sus inseguridades.

-Frisk…tú no eres un problema.

-¡No es verdad! ¡¿No ves como preocupé a todos, como te preocupe a ti?! Yo no sería una buena hija y Toriel…ella estaría mejor sin mí ¡Todos estarían mejor sin mí!-gritó de repente, como si se hubiese estado guardando esas palabras desde hacía mucho tiempo, Sans pensó que probablemente así era.

-Suficiente Frisk-exclamó Sans, no estaba enojado pero su voz había sonado lo suficientemente autoritaria como para callar a la niña-Ninguno de nosotros estaríamos mejor sin ti, sin ti todavía estaríamos todavía en el subsuelo y no hubiésemos podrido allí. Tú no puedes meterte en nuestras mentes como para saber si estaríamos o no mejor sin ti, como para saber si serías o no una buena hija para Toriel y tampoco puedes decidir por nosotros-a medida que hablaba su voz fue enrudeciéndose y ni siquiera estaba seguro de si lo que había dicho tenía sentido alguno. Quizás si estaba comenzando a enfadarse después de todo, es que era tan doloroso oír a su amiga, una niña apenas, hablando tan mal de sí misma. Tras soltar un largo suspiro le sonrió débilmente a la pequeña que lo miraba avergonzada y nuevamente al borde de las lágrimas- Wow…creo … creo que ambos estamos muy susceptibles hoy… ¿Por qué crees que eres un problema?-le preguntó rogando porque Frisk por una vez le diera una respuesta concisa.

-No sirvo para nada, soy inútil-afirmó de forma rotunda.

A pesar de que la situación no era para nada graciosa, Sans no pudo evitar dejar salir una risita un tanto nerviosa. Lentamente puso una mano sobre el hombro de la niña y lo presionó de forma afectuosa.

-Frisk todos los niños son inútiles-al ver que la niña lo miraba entre confundida y horrorizada se dio cuenta de que tan mal interpretables habías sido sus palabras -Eso sonaba mejor en mi cabeza. Lo que quiero decir es que los niños no tienen que ser útiles o servir para algo. Los niños solo están y los adultos tienen que cuidarlos y quererlos, fin de la historia.

-No siempre es así-le rebatió pensando en su familia humana.

-No, lamentablemente no siempre es así, pero así es como debe ser.

La niña por un lado sabía que lo que decía Sans era correcto, pero por el otro lado la vida le había mostrado siempre lo contrario, sus padres la habían abandonado a los cuatro años, su tía si bien la había tomado bajo su cargo se había asegurado de demostrarle cada día de su vida que la detestaba. Durante el tiempo que estuvo viviendo en la calle había habido adultos que le compraron comida o que le regalaron ropa, pero la gran mayoría solo la veían con asco, como si fuese su culpa estar en esa situación y en el peor de los casos la echaban aunque se encontrase en espacios públicos y no estuviera haciendo nada malo.

-Hice que se preocuparan-agregó finalmente de forma lamentable.

-Sip, y probablemente vuelvas a hacernos preocupar o enojar nuevamente… son cosas que normalmente pasan cuando tienes a un niño en tu familia-el esqueleto se extrañó al ver a la niña sonreír de forma radiante y como no podía entender por qué de esa reacción decidió decir lo más aburrido y adulto que había dicho desde que Papyrus había dejado de ser pequeño esqueletito-pero eso no quiere decir que este bien o que debas hacer lo que hiciste hoy… ¿Acaso dije algo gracioso?- agregó lanzándole una mirada particularmente sería a la niña, pero en su interior sentía que sus costillas se quebrarían por el esfuerzo de evitar reír, con su hermano le había pasado exactamente lo mismo, era increíble lo complicado que le era mostrarse serio cuando no estaba muy enojado o preocupado, lo cual pasaba muy de vez en cuando.

Pero ella seguía sonriendo, aún más que antes de ser posible.

-¿Dijiste que yo…soy parte de tu familia?-preguntó con voz temerosa pero ojos esperanzados.

-¿Por eso estás tan contenta? Y yo pensando que a estas alturas se daba por sobre entendido que éramos familia ¿O te crees que yo recorrería la ciudad durante horas por cualquiera? Tú eres como una hermanita para mí y para Papyrus.

Lo próximo que sintió Sans fue una cabeza cubierta de desordenado cabello chocar contra su esternón. El impacto lo hizo trastabillar y por una fracción de segundos pensó que se caería arrastrando a la niña consigo. Pero milagrosamente había logrado permanecer de pie.

Frisk lo estaba abrazando con tanta fuerza, que él pensó que de haber tenido músculos y terminaciones nerviosas habría sido doloroso, pero como él no tenía ninguna de esas cosas innecesarias simplemente rodeó a la pequeña con sus esqueléticos brazos. La niña había sonreído así que todo volvía a estar bien, pero un suave quejido hizo que se le callera el alma por los suelos.

-¿Por qué estás llorando?-le preguntó sintiendo como el pánico invadía su cuerpo-¿Sigues sintiéndote triste?

-No…Estoy feliz…n-no sabía que se podía llo-llorar de f-felicidad-admitió.

-Aw, eres la cosita más tierna… ¿Frisk, vas a soltarme?

-Nop- rió de forma juguetona.

-Toriel se va a preocupar si tardamos tanto, ya deberíamos haber llegado hace rato-le explico, un tanto anonadado por el amplio espectro de emociones que la niña había manifestado en tan solo una hora.

-Es verdad…pero estoy cansada Sans, no quiero caminar ¿Me haces upa?

-¿Qué?-sonrió divertido-Son casi las tres de la mañana…

-Por fas, cargameeee-canturreó mientras ocultaba su rostro contra la campera de su amigo.

Sans suspiró. Él estaba cansado, mejor dicho cansadísimo, al punto que le costaba mantenerse de pie, pero por otro lado este era el primer momento del día en el que Frisk parecía realmente contenta y después de como él la había regañado quería prolongar esa felicidad lo más posible.

-Está bien- accedió y sin saber si lograría llegar hasta la casa de Toriel tomó a la niña por debajo de sus brazos y la cargó, ella se agarró como lo haría una cría de chimpancé y recostó su cabeza contra su huesudo hombro-Sabes estoy empezando a pensar que Paps y yo te estamos malcriando demasiado-le comentó afable mientras comenzaba a caminar.

-No, no demasiado… solo un poquito

-Bueno, si solo es un poquito supongo que está bien-concordó, de educarla se encargaría Toriel, al fin de cuentas ella era la madre él solo sería un hermano mayor gracioso que la llenaría de golosinas y Papyrus ciertamente la consentiría tanto que probablemente la misma niña le pediría que parase un poco- Hablando de Papyrus, te propongo un trato ¿Te gustará ganarte un nice-cream?

-Obviamente ¿Qué tengo que hacer?-preguntó la niña con interés mientras intentaba ignorar el hecho de que sus parpados pesaban cada vez más.

-¿Te acuerdas del colmo que me contaste hace un rato?-Sans escuchó a la niña responder un simple ´´aja´´-Necesito que le cuentes todos los colmos que sepas a Papyrus.

-No sé si conozca tantos Sans…

-Oh, por eso no te preocupes, te traeré una lista llenos de ellos, pero necesito que realmente lo persigas, que no lo dejes en paz un segundo Frisk-aseveró el esqueleto, a él le encantaba cada tanto molestar a su hermano menor, era extremadamente divertido ver como Paps soportaba de manera estoica hasta que se hartaba y se vengaba de él con una broma de proporciones astronómicas tras la cual volvía instaurarse la paz por un par de semanas.

-Que malo que eres-río la pequeña quien seguidamente bostezó-Está bien, pero que sean dos nice-cream y cerramos el trato.

-¿Dos nice-cream? Estás hecha una pequeña mafiosa.

Eran estos momentos, en los que Frisk se mostraba astuta y traviesa los que a Sans más le gustaban, lamentablemente eran pocas las veces en las que la niña se soltaba tanto.

-Es el precio por mi servicio-agregó somnolienta

-Por dios Frisk ¿De dónde sacas esas frases?-le preguntó sabiendo que los niños solían adoptar las frases de los personajes de sus series o películas favoritas-Así que dos ¿Eh?...Trato hecho, y asegurate de decirle a Papyrus que fui yo quien te pidió que lo molestaras-le recordó, lo último que Sans quería es que Papyrus, a pesar de lo improbable de la situación, se enojara con la niña, además gran parte de la gracia estaba en que su hermano supiera que él era el culpable de todo.

-Ok-susurró bajito.

Sans escuchó en silencio como se ralentizaba la respiración de la pequeña. Podía sentir contra su caja torácica el pecho de la niña subiendo y bajando con cada inspiración y expiración. Su cuerpo volviéndose más relajado y por desgracia, más pesado.

-¿Frisk, te dormiste?-preguntó en susurros, tomó la falta de respuesta como un ´´si´´

Se concentró en el sonido de los latidos del corazón de la niña he intentó caminar al ritmo de los mismos sabiendo que si se detenía se desvanecería. Podía hacerlo ¿Verdad? El último esfuercito de la noche, después volvería ser el mismo vago de siempre y dormiría hasta hartarse.

Antes de darse cuenta había comenzado a jadear, no estaba muy seguro de porque lo hacía ya que en realidad ni siquiera necesitaba respirar, sabía que era una respuesta de su cansado cuerpo ante el esfuerzo, pero seguía sin tener sentido. Normalmente cagar a la niña no le suponía una tarea muy complicada, ella era muy delgada y si bien no era el más resistente de los monstruos, contrariamente a lo que muchos podrían pensar, los esqueletos tenían bastante fuerza física. La ausencia de musculatura no era un impedimento ya que todo ese trabajo lo hacían mediante algún tipo de magia que nadie, ni siquiera él mismo, entendía muy bien, pero que era la causante de mantener todos sus huesos fijos y funcionales. Lo único que Sans podía afirmar con certeza era que los esqueletos eran un cumulo de incoherencias y contradicciones.

Cuando faltaba poco más de media cuadra para llegar su vista comenzó a desenfocarse por lo cual se obligó a caminar más deprisa. Pocos metros atrás había comenzado a sentirse un poco mareado pero no le había dado demasiada importancia principalmente porque no tenía otra opción más que seguir adelante, no despertaría a la niña cuando esta se encontraba tan profundamente dormida y menos aun faltando tan poco para llegar a su destino, por lo cual lo único que podía hacer era seguir adelante a pesar de que escuchaba un pitido constante dentro de su cabeza y que sentía que el suelo se movía como si fuera gelatina.

Cuando realmente pensó que no podría dar un paso más y sin estar consciente de que tan lejos estaban todavía, escuchó unas voces lejanas y vio dos figuras borrosas acercarse a él. Solo se percató de que se trataban de Toriel y Papyrus cuando los tuvo al frente, a menos de treinta centímetros de distancia de él. Sans sabía que después de esa noche la palabra ´´agotamiento´´ tendría un nuevo significado para él.

Escuchó que Toriel le dijo algo que no pudo entender, pero parecía preocupada.

-Frisk está bien, solo se durmió en el camino-respondió con una voz monótona que le sonaba totalmente ajena, fue entonces cuando notó que ya no estaba cargando más a la niña quien descansaba plácidamente en los brazos de la ex reina.

-¿Sans…bien? –oyó decir a su hermano mientras lo miraba con ojos abiertos, casi atemorizados ¿Por qué diablos Toriel y Papyrus lo estaban viendo de esa forma? De seguro no podía tener tan mal aspecto ¿Verdad?

-Solo estoy cansado…-se limitó a responder-nada que un café no pueda solucionar-seguía sin poder enfocar la mirada, debía concentrarse y actuar normal si no quería asustar a sus amigos así que sonrió, pero por desgracia Papyrus no parecía convencido. Sin decir más nada su hermano lo rodeó con su brazo sosteniendo todo su peso y lo ayudó a entrar a la casa que por fortuna quedaba a pocos pasos de donde estaban, Sans no podía creer que no se había fijado en eso antes, pero no le importó, Frisk estaba bien y la puerta abierta de la casa de Toriel le prometía descanso y comodidad… ya no había nada de qué preocuparse.

Notas: me atrasé muchísimo (¡Tres semanas!), perdón, me quedé atascada y no supe como continuar. Quizás esté haciendo los capítulos muy largos… no sé la verdad. Ya no voy a dar fecha para el próximo capítulo pero voy a poner todo mi esfuerzo para no tardar tanto como esta vez. Espero que la práctica me ayude a ser más puntual.

*(Subir el segundo capítulo-a pesar de haber tardado tanto-te llena de determinación)