"Di que será de ti, qué será de mí, cuando estalle
al fin esta relación"

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Llevo días dándole vueltas a eso. Odio esta sensación, y lo peor de todo es que sé que no tiene solución. Probablemente aquel beso no significó nada, porque para él casi nunca significan nada, pero para mí sí, y fue peor presenciarlo desde lejos, escondido tras una columna como una vulgar rata (y ruego por que Peter algún día no llegue a leer esto). Tal vez eso es lo que más me molesta de todo, que él saca a relucir mi lado más cobarde, el Remus que se esconde como si fuera un niño pequeño. Cuando se trata de él, me transporto a cuando tenía cinco años y los niños del parque se burlaban de mis arañazos y mi aspecto enfermizo. Era tan débil, y creí haberlo superado, pero todo se ha derrumbado, de nuevo...

-¿Qué escribes tan concentrado, Lunático?

Remus mira con pavor su diario, que ahora circula entre las manos de Sirius, pues acaba de arrebatárselo con un rápido movimiento.

-Nada. Sirius, devuélvemelo.- pide Lupin con tranquilidad. Es raro que el alce la voz, al menos que esté muy cabreado. Y eso casi nunca sucede.

-¿Qué tenemos aquí…?.- Sirius hace caso omiso y pasea sus ojos por la página repleta de la letra enjuta y ordenada de Remus.

-Sirius Black, dame eso ahora mismo.- repite Lupin, tratando de sonar más autoritario. Y es que cuando llama a su amigo por su nombre y apellido es que está realmente cabreado, ahora sí. Pero a Sirius no parece importarle.

-"Sé que aquel beso no significó nada...".- parafrasea Black, mientras esquiva los bandazos de los brazos de Lupin con dificultad.- "él saca a relucir mi lado más cobarde..."

-¡CANUTO!.- vocifera Remus, cansado por el esfuerzo de estar persiguiéndole por toda la habitación, hasta que consigue tirarlo sobre la cama y recuperar el cuaderno.

-¿No te da vergüenza?.- pregunta Sirius, incorporándose y colocando los brazos en jarras, ¡Como si él tuviera derecho a reprocharle algo!.

-¿Qué?!

-¡Así que te gusta alguien y ni siquiera nos lo has contado!

Remus bufa y vuelve a sentarse en la silla delante del escritorio, dispuesto a hacer los deberes de Pociones. No. No piensa hablar de ese tema con Sirius. Precisamente con él no.

-Eres un lobo traidor...- Sirius se sienta en la mesa, enfrente de él, apoyando los pies en los reposabrazos de la silla.- ¿De quién se trata?

-De nadie.- Remus esquiva su mirada, incómodo. No puede creer que le esté pasando esto.

-Lunático...

-Canuto, déjalo. No pienso contarte nada.

Sirius frunce el ceño y se mantiene en silencio unos segundos, escrutando la cara de Remus con atención y haciendo que éste se sienta cada vez más cohibido, si es que eso es posible.

-Quien quiera que sea no te merece.- dice de repente, y a Lupin le da un vuelco al corazón.

-¿Por qué?

-Porque alguien que te haga sentir como un cobarde no merece ni que escribas sobre él. Ni mucho menos merece tu cariño.

Remus agacha la cabeza e intenta deshacer el nudo que le atora la garganta.

-No pasa nada, Sirius. Déjalo.

-Eh, Lunático. Ese tío es un cabrón. Olvídate de él.- sus claros ojos grises le miran con seriedad, y Remus piensa que la situación no puede ser más irónica y surrealista.- Y ahora vamos a cenar, me muero de hambre.

Sirius se apea de la mesa con agilidad y sale por la puerta del dormitorio en dirección al Gran Comedor. Remus se queda unos segundos más sentado en su escritorio, observando el lugar por donde acaba de marcharse él. Y piensa que sí, efectivamente, Sirius es un cabrón. Pero un cabrón adorable.

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Miiil perdones por no actualizar, pero me han surgido unos problemillas y no he podido hacerlo antes. No prometo nada, pero intentaré subir esta semana más capítulos para compensar. Un beso y gracias por leer!