Sí, lo sé, he tardado una eternidad! Y pido perdón, he estado muy liada. Ahora tengo unos días libres así que a ver si subo más a menudo. Este capítulo tiene dos partes, y subiré la segunda en breve. Gracias por los reviews y follows, mil besos!
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Sirius no puede dejar de mirarle. Esa mueca de concentración, ese ceño un poco fruncido y un mechón de pelo castaño cayéndole sobre los ojos. Remus está jugando al ajedrez con Peter, y podría haberle ganado hacía ya veinte minutos, pero no quiere ofender a su amigo, así que finge pensar los movimientos más de lo que en realidad necesitaría hacerlo. Sirius, por su parte, tendría que estar haciendo los deberes de Pociones, y de vez en cuando siente la mirada reprobatoria de Remus desde lo lejos, pero entonces le guiña un ojo y él sonríe, volviendo a centrar su atención en el tablero de ajedrez.
Sirius a menudo se pregunta cómo ha podido estar tan ciego, porque ahora, cuando lo ve, tiene que hacer serios esfuerzos para no lanzarse a su cuello y comerle a besos allí mismo, en medio de la Sala Común. Le costó darse cuenta, tal vez demasiado, de que lo que sentía por Remus iba más allá del amor fraternal. Y todo comenzó con un ataque de celos…
Aquella noche Sirius no podía dormir, al día siguiente se disputaba la final de Quidditch contra Slytherin, y aunque tenían el partido prácticamente ganado, estaba nervioso. Al menos esa era la versión oficial, pero la pelea que había tenido con Regulus esa misma mañana era en parte culpa de su inquietud. Y lo odiaba. Odiaba que sus padres hubieran jodido la relación con su hermano, y odiaba que él fuera tan estúpido como para dejarse convencer por sus ideas. Harto del insomnio, se incorporó. La habitación estaba en penumbra y en silencio, apenas surcado por el débil ronquido de James. Su amigo dormía con medio cuerpo fuera de las mantas y con el pelo tan alborotado que Sirius creyó seriamente que era un gato acostado sobre su cabeza. Peter estaba enrollado en el edredón, pareciendo todavía más pequeño de lo que ya de por sí era.Y Remus… un momento, ¿Dónde estaba Remus?
Sirius cogió el mapa del merodeador y buscó su nombre entre toda aquella maraña de cartelitos que pululaban por el castillo. Le costó unos segundos encontrarlo en los pasillos del quinto piso, muy cerca de un tal Colin Sanders. No era algo que Sirius pudiera pasar por alto, así que cogió la capa de invisibilidad del baúl de James y fue en su busca. Caminando por los fríos pasillos de Hogwarts notó que el corazón cada vez se le aceleraba más. Cuando se trataba de Remus no podía evitar sentir ese instinto sobreprotector, y no podía dejar de pensar que su amigo estaba metido en algún tipo de problema. Pero cuando llegó, sus preocupaciones se esfumaron de un plumazo. Escondido tras la estatua de Boris el Desconcertado, Sirius observó la escena igual de alucinado que su colega de piedra. Vio a Remus apoyado contra la rugosa pared de piedra y a ese tal Colin aprisionándole contra ella, besándole con ganas, y bajando poco a poco hacia otra parte de su anatomía mientras le desabrochaba el cinturón con prisa. Pero entonces Remus le detuvo y susurró, tan bajo que Sirius casi no le oyó, "Aquí no. Vamos al baño de prefectos". Sería cabrón. A ellos nunca les permitía entrar allí, porque era ir contra las reglas y Remus Lupin no quería que le pillaran haciendo un uso indebido de sus privilegios como prefecto. Sirius no encontraba un uso más indebido que el que su licántropo amigo se disponía a hacer.
De vuelta a la Torre de Gryffindor, Sirius se dejó caer de cualquier manera sobre la cama, procesando lo que acababa de presenciar. Remus, su inocente amigo Remus, haciendo esas… cosas. Una sensación extraña que no había experimentado antes nacía en su estómago y le trepaba por la garganta, impidiéndole conciliar el sueño. Una hora después, Lupin regresó al cuarto y se acostó con una sonrisilla boba bailándole en los labios, sin saber que Sirius le observaba en la oscuridad, muriéndose por dentro.
Continuará…
