La copa de Quidditch brillaba entre las manos de su orgulloso capitán. James sostenía el trofeo en alto, arropado por los eufóricos alumnos de Gryffindor que no dejaban de vitorear a los campeones de su equipo.

-Deja de pavonearte, Cornamenta, me toca a mí .- Sirius le arrebató la copa y la alzó por encima de sus compañeros, azuzándoles. Todos querían tocarla, así que la depositó en una mesa y ellos se agolparon a su alrededor para contemplarla, maravillados. Los profesores les habían permitido celebrar una pequeña fiesta para conmemorar su victoria siempre y cuando no armaran demasiado escándalo y se acostaran a una hora prudente. ¡Já!

Sirius miró a James, que tenía una sonrisa de oreja a oreja, y le rodeó por los hombros.

-Si con esto no conquistas a Evans, lo tienes crudo tío.

-No ha dejado de mirarme en toda la noche,Canuto, la he visto. Ya es mía, te lo digo yo.- replicó James, con un deje de suficiencia.

-Te deseo suerte.- Sirius le dio un apretón en el brazo y lo empujó en dirección a Lily, que observaba a ambos con una mueca nada amistosa. Oh no, ya está el pesado de Potter otra vez, Sirius casi podía oírla pensar. Cogió un par de cervezas de mantequilla y se acercó hasta Peter, ofreciéndole una.

-¿Dónde está Remus?

-No lo sé.- respondió él.

No podía creer que estuviera perdiéndose la fiesta de su victoria por andar detrás de ese tío. Era el colmo.

-¿He oído mi nombre?

Escuchó la voz de Remus a sus espaldas y se dio la vuelta con rapidez. Por Merlín, se estaba volviendo paranoico. No se vio capaz de decir nada, así que se limitó a ofrecerle una bebida.

-Sirius, esto no es cerveza de mantequilla.- musitó su amigo, haciendo una mueca al probar el amargo licor.

-Habrá que animar esta fiesta un poco.

-Tendrás que empezar por animarte tú, ¿Qué te pasa?

-Nada

-Vamos, acabáis de ganar la copa a Slytherin. A estas alturas te hacía subido a alguna mesa cantando algo ofensivo contra las serpientes, con alguna referencia a Snape, probablemente.

-Creí que no te gustaba que hiciéramos eso.

-Ya, pero lo hacéis de todas formas.

-No me pasa nada.- volvió a repetir Sirius, y después le dio un largo trago a su cerveza.

Remus intercambió una mirada con Peter, que enseguida se excusó y fue a reunirse con un grupo de alumnos bastante más alegres que sus dos amigos aquella noche.

-Has estado raro todo el día. Apenas me has hablado.

Sirius no contestó, paseando la botella entre sus manos y mirándola como si fuera el objeto más interesante del universo.

-¿Se puede saber qué te pasa?.- preguntó Lupin.

-¿Podemos hablar fuera?

Remus asintió sin comprender y siguió a su amigo fuera de la torre. Aún con el retrato de la Dama Gorda cerrado, podían oír los gritos y el alboroto del interior. McGonagall no tardaría en aparecer.

Sirius empezó a caminar hacia la derecha y Remus le siguió pacientemente, hasta que quedaron un poco apartados dela Sala y de la inquisitiva mirada de los cuadros.

-¿Y bien?.- preguntó Lupin.

-¿Por qué no nos lo has contado?

-¿El qué?

-Que estás con ese tío, ese tal… Colin.- Sirius hizo un mohín, sólo pronunciar su nombre le dejaba una amarga sensación en la boca.

-¿Cómo lo sabes?.- preguntó Remus, sorprendido.

-Os vi anoche, en el pasillo.

-¿Qué? ¿Me has estado espiando?

-No fue intencionadamente. Ayer no podía dormir y vi que no estabas en tu cama. Pensé que te podía pasar algo malo.

-¿Algo malo? ¡¿Qué va a pasarme en Hogwarts?!

-¡Yo que sé! La culpa es tuya por fugarte a media noche sin decir nada.

-No sabía que fueras mi madre, Sirius.

Sirius bufó, molesto, mientras Remus mantenía la tranquilidad. No solía perder los nervios incluso cuando estaba enfadado, todo lo contrario a él.

-¿Qué viste exactamente?.- se aventuró a preguntar Lupin, cohibido.

-Bueno, cuando os metisteis en el baño de prefectos obviamente dejé de ver lo que estabais haciendo.

Remus le miró con los ojos muy abiertos mientras se ruborizaba de arriba abajo.

-Eres un cabrón ¿Sabes? A nosotros nunca nos dejas entrar ahí.

Lupin le miró con incredulidad. ¿En serio? ¿Esa era la conclusión que Sirius había sacado de todo aquello?

-¿Es por eso por lo que has estado raro todo el día?.- le preguntó.

-Podrías habérnoslo contado, somos tus amigos.

-No es nada serio, apenas le conozco.

-¡Yo os cuento todo!

-Sí, pero porque te encanta.

Sirius trató de mantenerse serio, pero esbozó una ligera sonrisa al saber que él tenía razón.

-Vaya, Lunático, eres una mosquita muerta ¿eh?

-Cállate.- replicó Remus, tratando también de mantenerse serio, sin mucho éxito. Sirius se dejó caer arrastrando la espalda por el muro hasta sentarse, y Remus le acompañó. Permanecieron varios segundos en silencio, sólo dándole sorbos a sus cervezas.

-No, ahora en serio, ¿cómo es que te la coma un tío?

-Yo que sé, Canuto, no puedo comparar.

-¿Nunca lo has hecho con una chica?.- Sirius parecía realmente sorprendido por esa revelación.

-No.

-¿Entonces cómo sabes que no te gusta?

Remus giró la cabeza y le miró, divertido.

-¿Y tú? ¿Lo has hecho alguna vez con un chico?

-No.

-¿Y cómo sabes que no te gusta?

-Nunca he dicho que no me guste.

Remus esperó a que Sirius soltara alguna burrada o estallara en carcajadas, como siempre que bromeaban sobre ese tema, pero eso no sucedió. Su amigo estaba muy serio, demasiado, y le miraba de una forma que nunca había visto antes. A Remus se le secó la boca de golpe y el corazón empezó a latirle a toda velocidad.

-¿Lo dices en serio?.- se aventuró a preguntar, con un nudo en la garganta.

-Bueno, nunca lo he probado, pero tú sí, tendrías que enseñarme…

-Sirius.- le cortó Remus, incapaz de seguir con esa conversación. Ya no sabía cuándo su amigo bromeaba o no, y era un juego demasiado peligroso en el que no quería meterse.

-Lo digo en serio, Lunático.

¿Qué? No podía estar pasando eso. Remus Lupin, despierta de una maldita vez, esto debe de ser un sueño.

-Sirius… ¿Qué…qué estás diciendo…?

-No estaba enfadado porque no nos lo hubieras contado .- le cortó Sirius, hablando con rapidez.

-¿Entonces?

-Tenía celos.- Sirius le miró abiertamente, asiendo con fuerza la botella por el cuello. Estaba tenso y nervioso, e incluso se había ruborizado un poco.

-¿Celos de Colin?

-Sí.

-¿Por qué?

La respuesta era demasiado obvia, pero Remus tenía que preguntar porque quería saber, de verdad quería saber, qué coño pretendía Sirius con todo aquello.

-Porque me gustas, Remus. Y no me gustas como un amigo, ni como un hermano, me gustas de querer empotrarte contra la pared y hacerte lo que te estaba haciendo ese tío la noche pasada.

Lupin parpadeó, incapaz de decir nada coherente, tratando de procesar la romántica declaración de su compañero. No podía ser cierto. Simplemente, no. Después de tanto tiempo deseándolo.

-Canuto, ¿estás borracho?

-Sí,¿Pero eso qué tiene que ver?

-Pues que cuando estás borracho sólo dices gilipolleces.

-Probablemente esto es lo más sincero que he dicho en toda mi vida.

Remus apartó la mirada y se pasó las manos por el pelo, confuso.

-Sirius, si esto es otro de tus juegos…

-No es un juego, Remus. ¿Tanto te cuesta creerme?

-Sí. Me cuesta.- respondió él.- Tú juegas con todo, y con todos, ¿Por qué iba a ser diferente conmigo?

Sirius depositó con fuerza la cerveza en el suelo, provocando un golpe sordo, y cogió a Remus por las solapas de la camisa. Lupin, sorprendido por el repentino movimiento, derramó la suya.

-Nunca jugaría contigo, Remus, contigo no.

Sirius se acercó de golpe y lo besó, tal vez con demasiada fuerza. Lupin trató de seguir su beso exigente, mientras la cabeza le daba vueltas. Sintió su lengua entrar en su boca, húmeda, y lo acercó más hacia él. Cuando se separaron, ambos trataron de recuperar la respiración, sin separarse ni un milímetro. Sirius tenía los labios rojos y brillantes y lo miraba con descaro.

-¿Y Colin?

-¿Qué pasa con él?

-¿Vas a seguir viéndole?

Remus dejó escapar una sonrisilla. Colin era un diminuto punto en su mente, porque ahora Sirius Black lo ocupaba todo: su cabeza, su cuerpo, su corazón.

-¿Aún estás celoso, Canuto?

-Sí. Y como le vea cerca de ti, va a saber lo que es el genio de los Black.

Y así, empezó todo.