"Bueno, esto no puede ser más que otro adiós,
pero antes quisiera pedirte un pequeño favor.
Si tienes un rato allí, ¿me querrás enviar
algo impregnado en tu olor, desde el frente con amor y
con absurdidad?"
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Sirius está cabreado. Y mucho. Irse a casa con su odiosa familia durante todo el verano ya es suficiente castigo, pero la perspectiva de no ver a Remus en casi tres meses es simplemente insoportable.
-No quiero irme, Lunático.- Sirius esconde su nariz entre el hueco de las clavículas de Remus. Es la última noche que lo tendrá todo para él, pero no le parece suficiente. Sirius apoya la barbilla sobre su pecho y le mira desde abajo.- ¿Por qué tienes que irte a casa de tu abuela?
-Lo hago todos los veranos.- responde él, por enésima vez. Sus largos dedos juguetean con el pelo de Sirius.- Mis padres no me dejarían quedarme solo en casa.
-Puedes quedarte en casa de James, ya te lo ha dicho muchas veces.
-Sólo serán unos meses.
Sirius trata de poner los ojos más lastimeros de los que es capaz, pero sólo consigue que Remus suelte una carcajada.
-Deja de mirarme así.
-¿Es que acaso no me vas a echar de menos?.- Sirius se incorpora y ahora le mira desde arriba, con el ceño levemente fruncido.- Tienes un maromo en ese pueblo de mala muerte al que vas todos los veranos ¿Verdad?
-¿Por qué te crees que quiero ir si no?
Sirius se abalanza sobre él y le besa, mordiéndole un poco el labio inferior.
-Anormal.- susurra contra su boca, para después besarle de nuevo.- Al menos prométeme que escribirás.
-Eres tú el que nunca contestas.
-Pero me gusta leerte. Y prometo escribir.- dice, seguro de sí mismo.- de vez en cuando…
Remus asiente, dudando de que eso vaya a ocurrir, y atrae a Sirius hacia su boca. Él se coloca encima de él y va bajando desde su garganta hasta su vientre, tratando de retener su tacto, su olor y cada recoveco de su cuerpo para acordarse de ellos durante esos largos días en los que el recuerdo será lo único que tenga.
Un mes después, cuando el sol de julio brilla alto en el cielo y Sirius pasa la tarde en casa de James, como una de tantas, Remus aparece por la puerta trasera del jardín de los Potter. Sirius mira a James, al que le baila una sonrisa en los labios.
-Tuve que llamarle, estabas siendo más insoportable de lo habitual.
Sirius esboza la sonrisa más amplia del planeta, mientras Remus se acerca poco a poco, saludando a James con un gesto de cabeza.
-El otro maromo no me hacía caso.- dice, encogiéndose de hombros.
-Serás cabrón.- masculla Sirius, y después, se lo come a besos.
