"Y mañana será otro día.
Depende del cristal con el que miras
Todo es horrible o terriblemente bello"
Jodidos maricones
La primera vez que Sirius escucha esas palabras, no es capaz de reaccionar. Va paseando de la mano con Remus por Carnaby Street, en busca de aquella tienda que vieron la semana pasada y que tiene una chaqueta de cuero alucinante. Sirius no sabe si tiene suficiente dinero para comprarla (o si debería gastárselo en ese capricho), pero quiere ir a contemplarla una vez más. Es entonces cuando un hombre pasa por su lado y sisea ese jodidos maricones. Mira a Remus, que también lo ha escuchado y le devuelve la misma mirada de confusión, pero no dicen nada. En el trayecto de vuelta a casa Sirius observa a las numerosas parejas que van cogidas de la mano, que comparten confidencias y que ríen con las cabezas muy juntas. Nadie parece ofendido por su presencia, nadie les sisea jodidos loquesea a su oído. Esa noche, cuando ha terminado de besar cada recoveco del cuerpo de Remus y se tumba a su lado, jadeante, las palabras acuden a su mente. Jodidos maricones. Suelta una carcajada. Sí, en ese momento están bien jodidos, pero en el mejor sentido de la palabra.
-¿De qué te ríes?.- le pregunta Remus. Su respiración también está algo acelerada y tiene los labios rojos de sus besos.
-De la ignorancia de la gente, Lunático.- responde él, satisfecho, y le vuelve a arrancar un suspiro.
