"Yo acariciaba tu nombre y tú me disparabas
piedras al corazón"
Silencio. Eso es todo lo que Remus necesita en esos momentos, y a veces logra encontrar la paz encerrado en su habitación, cuando James y Peter están haciendo los deberes en la biblioteca y Sirius sabe Merlín dónde. Remus prefiere no pensarlo.
El castillo apura los últimos días del invierno pero aún hace frío. A través de la ventana, que queda justo en frente de su cama y al lado de la de James, puede ver unas leves briznas de lluvia que repican en los cristales. El sol es una luz mortecina que juega a esconderse entre las nubes de un gris plomizo. No tardará en caer una tormenta, fuerte y atronadora, de esas que a Remus le gusta observar desde el calor de su cama.
"¡Joder!"
Remus escucha el exabrupto que procede de algún punto del pasillo, luego pisadas urgentes que se aproximan a la habitación y después la puerta abriéndose de un portazo y rebotando contra la pared. Adiós a su paz. A la mierda.
-¿Qué pasa?.- se incorpora con algo de dificultad y se recuesta sobre el cabecero.
-Pienso mudarme a un país donde haya un jodido tiempo normal y no esta mierda de clima bipolar. Te lo juro, estaba a punto.
Remus arquea las cejas y suspira. Sirius aún sigue en el quicio de la puerta. Ha entrado como un torbellino, con sus vaqueros desgastados y su camiseta blanca, impoluta. Cuando hace ese tipo de cosas, cuando se cabrea y pelea contra el mundo, le recuerda a James Dean y aquella película que vio un día caluroso de verano en el salón de casa de su abuela.
-Eso te pasa por salir con chicas más preocupadas por su peinado que por ti.
Sirius hace un mohín y se deja caer sobre la cama, después entierra la cara entre las manos, está en silencio unos segundos y se incorpora de golpe. Entonces le mira fijamente, como si Remus acabara de decir una verdad universal.
-¿Sabes? Tienes razón. Debería buscarme chicas más inteligentes. Por Merlín, ¡Ni siquiera sabía quiénes eran Los Beatles!
Remus se abstiene de recordarle que la mayoría de magos no sabe quiénes son los Beatles.
-Yo de ti me concentraría en los exámenes, no has tocado un libro en todo el curso.
-Claro que sí. El otro día me pasé por la biblioteca.
-Para coger Quidditch a través de los tiempos.
-Es un libro ¿no?
Sirius esboza una sonrisa descarada, y Remus también, porque no puede evitarlo. Es su risa: contagiosa, efervescente.
-Creo que hablaré con esa tal Spinnet de quinto. Al menos es buena como golpeadora.
Remus mantiene la sonrisa, pero está congelada en su rostro. Observa a Sirius mientras se quita las botas y las deja con descuido en cualquier rincón de la habitación. También le observa cuando comienza a mordisquear un regaliz picante, se tumba cuan largo es en la cama, y comienza a hojear el libro de Transformaciones, mientras por dentro se pregunta, por qué, por qué, por qué. Por qué no te gusto yo.
