Tras mucho tiempo sin publicar, aquí os dejo otro pequeño trocito de la vida de Sirius y Remus. Me encanta escribir sobre ellos cuando eran jóvenes, pero también cuando son más mayores y se reencuentran después de tantos años, aunque para mi estos reencuentros siempre están definidos por la tristeza y la melancolía. Espero que os guste, y publicaré cuando me venga la inspiración. Gracias por leer y un beso :)
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La primera noche que Sirius duerme en Grimmauld Place después de estar encerrado en Azkaban, las pesadillas parecen más reales que nunca. Está en la vieja cama de su vieja habitación, esa habitación de adolescente descarriado que tanto desquiciaba a sus padres. En la oscuridad apenas distingue los pósters de chicas ligeras de ropa, las láminas de motos que ya se han quedado antiguas y algunas fotos descoloridas y de bordes amarillentos. Cada vez que cierra los ojos vuelve a la celda, fría y húmeda, rodeada de gritos de locos y de lamentos de terror y muerte. Pero estar en Grimmauld Place no es mucho mejor, porque nunca ha sido su hogar. Hogwarts fue su única casa, la verdadera, y después aquella que compartió con Remus, en unos años de guerra que a pesar de todo fueron los más felices de su vida. Así que se levanta despacio, se deshace de las sábanas y sale al pasillo. Sabe que Remus se ha quedado a dormir allí, agotado tras estar trabajando para la Orden. Cuando abre la puerta del dormitorio distingue su figura próxima a la ventana. Remus observa la calle iluminada por la luz anaranjada de las farolas.
-¿Tú tampoco puedes dormir?.- le pregunta Sirius.
-No.
Sirius permanece en la puerta, muy quieto. Hace mucho que no hablan, que no se miran, que no se tocan, y la distancia parece enorme, pero su sola presencia lo tranquiliza. Necesita saber que está ahí, que sigue ahí para él.
-Acércate.- le pide, por fin. Sirius anda con pies descalzos por el frío suelo, hasta llegar a la ventana. Remus le coge entonces de la mano y juntos se tumban en la cama, como antes, como cuando el horror aún parecía lejano y ellos aún eran jóvenes. Sirius cierra los ojos, y Lunático los cierra con él. Por primera vez en años, ambos duermen sin interrupciones.
