Después de mil años sin publicar, aquí estoy de nuevo con un capítulo. Me gustaría publicar más a menudo, pero no prometo nada. La historia en realidad no tiene fin, así que iré subiendo capítulos según me venga la inspiración. ¡Gracias por leer!

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Remus les observa y piensa que están hechos el uno para el otro. Llevan toda la tarde riéndose a carcajadas de quién sabe qué y hablando de música y grupos que Remus no ha escuchado en la vida. Sirius parece un niño, los ojos brillantes y una sonrisa sempiterna en los labios. También hablan de la moto de Sirius, y éste le promete a Roger (que así se llama él) enseñársela un día de estos. En el camino de vuelta a casa, después de unas cuantas horas encerrados en aquél pub y devorando una pinta tras otra, Remus está más callado de lo normal, y Sirius lo nota.

-Eh, Lunático, ¿te pasa algo?

Remus le mira y fuerza una sonrisa. Se encoge de hombros tratando de aparentar normalidad y Sirius parece quedarse satisfecho, quizás porque el alcohol le impide pensar con claridad. Cuando llegan a casa se deshacen de la ropa en silencio, se lavan los dientes y se meten en la cama, sin apetito a esas horas de la noche. Remus enciende la lamparilla de al lado de la cama y coge el libro que tiene a medias, y Sirius se enrosca en su cintura, como siempre hace, apoyando la cabeza en su pecho. Su largo pelo negro le hace cosquillas a Remus y huele un poco a tabaco y a cerveza, pero él no se queja. Le gusta que Sirius le agarre así y que se quede dormido abrazado a él.

-¿Te ha caído bien Roger? ¿Es un tío cojonudo, verdad?

Le pregunta Sirius tras un largo silencio en el que Remus ha estado leyendo su novela. Sirius conoció a Roger en un bar, en una de esas noches en las que le apetecía salir y nadie estaba dispuesto a acompañarle. En realidad a Sirius no le importaba ir solo. Disfrutaba de la música, charlaba con gente, bebía cerveza y después volvía a casa con Remus y se enroscaba entre sus costillas hasta quedarse profundamente dormido. La noche en que conoció a Roger, en cambio, Sirius estaba más hablador de lo normal. Estaba feliz de haber conocido a alguien con quien compartir aficiones y desde entonces quedaron unas cuantas veces más, la mayoría de veces para ir a pubs a escuchar a distintos grupos. Compartían la pasión por la música y las motos, algo que Sirius no hacía con ninguno de sus amigos, y mucho menos con Remus.

-Es majo.- contesta Remus, parco en palabras. No es que le haya caído mal, porque se parece tanto a Sirius que es imposible que pudiera hacerlo, pero precisamente eso es lo que le preocupa.

Sirius se percata, de nuevo, de la extraña actitud de su novio durante aquella noche. Se incorpora hasta quedar sentado y mira a Remus fijamente.

-¿No te ha caído bien?

-Sí, claro que sí, ya te he dicho que es majo.

Sirius frunce el ceño, no creyéndose ni una palabra de lo que Remus le asegura. Remus suspira y se apresura a explicarse.

-Es muy parecido a ti.

-¡Lo sé! ¿No es genial? Con él puedo hablar de todo Remus, en serio, sabe más de música que cualquier persona que haya conocido, y además tiene unas guitarras impresionantes, el otro día me llevó a verlas.

-¿Fuiste a su casa?

-Ah sí, después del concierto me invitó a ver sus guitarras. Toqué algunos acordes, pero ya sabes que tengo que ponerme a aprender a tocar en serio.

Remus asiente sin mucho entusiasmo. Odia esa sensación. No quiere desconfiar de Sirius, pero no puede evitar pensar que ese tal Roger es como la horma de su zapato, y pensándolo objetivamente, es bastante atractivo.

-Remus, en serio, ¿qué te pasa?

Insiste Sirius al verle serio y poco entusiasmado. Normalmente, cuando le cuenta algo, él escucha con atención y curiosidad, aunque no entienda ni más remotamente del tema del que le está hablando.

-No es nada.- Remus se encoge de hombros y vuelve la vista a su libro, queriendo dejar el tema, pero Sirius se lo arrebata de las manos y lo deposita de cualquier manera sobre la cama.

-Lunático, sé que te pasa algo, así que hasta que no me lo digas no voy a parar.

Sirius es la persona más tozuda que Remus haya conocido jamás, y sabe que negar las cosas no hará que él pare de insistir.

-No es nada, sólo que...- Remus calla y traga saliva. Sabe que es un sentimiento irracional, directo desde las tripas, y se avergüenza de sentirse así. - Esta tarde he visto que tú y Roger os lleváis muy bien, y tenéis muchas cosas en común.

Sirius frunce el ceño y le mira sin comprender. Remus siente sus mejillas arder y se siente estúpido. Se miran unos segundos en silencio, hasta que Sirius desfrunce el cejo y abre la boca ligeramente como si se acabara de comprenderlo.

-No me jodas que estás celoso.

Remus aparta la mirada y se ruboriza aún más. Coge el libro que está a escasos centímetros de sus manos y lo abre por la página por la que lo había dejado.

-No estoy celoso, no digas tonterías.- responde, escondiéndose tras las grandes tapas del libro.

-¿El racional, perfecto y siempre comedido Remus Lupin está celoso?.- continua burlándose Sirius, riendo entre dientes. Remus aprieta el libro con fuerza y no le mira. Encima se lo estará pasando bien, el muy...

-No estoy celoso.- repite, airado.

Sirius le arrebata de nuevo el libro de las manos y esta vez lo tira al suelo. Remus le mira con reproche.

-Claro que lo estás.- le dice él, que se ha acercado hasta su cara.- ¡Estás celoso de Roger!

-¡Bueno, vale, sí, puede que un poco!- admite Remus casi gritando, cosa rara en él- ¿contento?

Sirius se aparta de él y se deja caer de espaldas sobre la cama, riendo a carcajadas. Remus le mira atónito.

-¿Se puede saber de qué te ríes?

Sirius sigue carcajeándose y Remus empieza a enfadarse. Finalmente se levanta de la cama dispuesto a irse de la habitación, a dormir al salón si es necesario, pero Sirius se incorpora y le sujeta por la muñeca, haciendo que se vuelva a tumbar. Ha dejado de reírse, aunque una sonrisa aún le baila en los labios.

-Perdóname, Lunático, pero es que nunca creí que tú sintieras esas cosas. Eres demasiado racional y perfecto para sentir celos, ¿sabes? es...raro

-¿Y te encanta, verdad?

-Pues la verdad es que sí.- asiente Sirius, con los ojos brillantes.- es bueno saber que no soy el único que siente esas cosas.

Remus bufa y aparta la cara cuando Sirius intenta darle un beso, pero éste le toma por la barbilla con una de sus manos y le hace mirarle de nuevo.

-Pero no tienes razón. Roger es sólo un amigo.

-¿Has visto cómo te miraba?

-Remus, tiene novia, no me miraba de ninguna forma.

Remus arquea las cejas, pensando que eso no tiene nada que ver, pero guarda silencio para no avergonzarse más a sí mismo. Esos pensamientos no son propios de él, pero no puede evitarlo.

-Además, ¿en serio crees que te dejaría a ti por irme con cualquiera? ¿Así crees que soy?

Remus ablanda un poco su expresión al ver que Sirius parece realmente dolido por esa suposición.

-No, no quiero decir eso pero...- intenta excusarse torpemente.- es sólo que... tenéis mucho más en común que tú y yo. Tú mismo lo has dicho, podéis hablar de cosas que conmigo no puedes.

-¿Y qué, Lunático? No estoy contigo para hablar de música, o de motos, o de cualquier otra cosa que a ti no te interese. ¿Acaso yo te entiendo cuando me hablas de poesía o de esas películas raras que ves?

Remus niega lentamente, sintiéndose estúpido e inseguro.

-Remus, estoy contigo, y te aseguro que no tengo ojos para nadie más.- Sirius le rodea la cara con sus manos de largos y fuertes dedos.

-Lo siento.- se disculpa, apenas en un susurro de voz. Sirius esboza una sonrisa tierna y le besa, apenas un suave roce en los labios.

-Es bueno ver el lado más humano de Remus Lupin. No puedes ser siempre tan perfecto.- Remus no sabe qué ve Sirius de perfección en él, pero acepta sus palabras con infinito cariño y agradecimiento. Esa noche duermen, como siempre, abrazados.