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Habían transcurrido dos años desde la desaparición de la Princesa Twilight Sparkle, tiempo más que suficiente para que Moondancer explote completamente a su cautiva conocedora. Tele transportación avanzada, piromancia, manipulación mental y control mental absoluto; pocas cosas estaban más allá de las habilidades de la princesa, y su sádico carcelero sabía esto muy bien.

Sin embargo, mientras Moondancer poseía una mente aguda capaz de asimilar toda la información interrogada, su talento mágico en bruto aún carecía del poder necesario para algunos de los hechizos más... peligrosos.

Ella necesitaba el poder. Afortunadamente, ella recordaba a una vieja amiga, una pony que probablemente podría decirle cómo obtenerla.

Moondancer dejó caer un libro de su estante con su magia, lo colocó en su escritorio y lo abrió en la página 247.

-Mmmmmmmfff – gimió una Twilight agotada, un bolígrafo tapándole la boca y sofocando sus chillidos. Habían pasado exactamente cuatro horas desde que había sido amordazada y los dos enormes consoladores vibrantes que la llenaban habían sido activados. A Moondancer no le tomó mucho tiempo después de su primera "sesión" para descubrir que cualquier cosa más allá de cinco horas tendía a hacer que su pequeña víctima se desmayara. Twilight era tan sensible, y deliciosamente era un aspecto que la yegua de lavanda logró mantenerlo a pesar de la tortura.

-Hola, Crepúsculo – arrulló Moondancer, con una sonrisa que se extendía de mejilla a mejilla – ¿Confío en que la hayas pasado bien mientras estaba de compras?

-Mmmmmf, mmmmmmm mmmmmf –Twilight gimió en respuesta, con una desesperación acuosa en sus ojos, Riéndose, el cuerno de Moondancer comenzó a brillar cuando ella levitó un lápiz de uno de los cajones de su escritorio.

-Supongo que podría darte un pequeño descanso –sonrió, usando el borrador del lápiz para quitar el consolador pulsando en el culo de la princesa –Sé agradecida de que me siento incluso un poco generosa hoy –Otros varios golpes de la goma de borrar y el segundo consolador también desaparecieron. Todo lo que quedaba eran la mordaza y las ataduras que mantenían a Twilight firmemente en su lugar –Las ataduras pueden quedarse

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