Los hermanos Matsuno se habían quedado sin palabras. ¿Qué era lo que acababan de oír? ¿Era tarde? ¿No podían hacer nada por su hermano? Esa persona que tenían enfrente… ¿Por qué lloraba? ¿Por qué reía? ¿Quién era siquiera?

– Totty.

– Todomi.

– Todomatsu.

Llamaron esos nombres a la vez.

Pero no todos el mismo.

Sólo podía oírse ruido.

Él seguía perdido en el espejo.

Ella se limpió las lágrimas.

– ¿Qué? Ahora que soy mujer veo las cosas un poco diferente. Eso es todo –confesó encogiéndose de hombros.

– ¿Seguro? –cuestionó el mayor.

– Claro, después de todo, soy Todomatsu –respondió guiñando un ojo.

Y nada cambiaría eso. Osomatsu soltó una risotada por lo mucho que se habían preocupado por nada. Además, que su hermanito dijera esa frase le provocó cierta nostalgia. Ah, los buenos tiempos~.

– Pero, Karamatsu-niisan –prosiguió la menor apartando por fin la mirada del espejo para hacer un puchero–, pensé que tú lo entendías.

– Lo hago, my little Todomatsu. Es sólo que tu declaración me atrapó con la guardia baja –se excusó él usando su voz "cool"–. Creí que en tu interior aún persistía el deseo de volver a ser a men.

– ¡Ay! ¡Dolor! –dramatizó un poco ella para después suspirar– La verdad es que echo de menos ser hombre, pero ya me he rendido.

– ¡No puedes rendirte con algo como esto!

Y la tensión volvió tan rápido como se había ido.

Choromatsu había gritado aquello clavando su mirada en la chica, quien volvió a refugiarse en el espejo. Tenía razón, pero… Todomatsu no luchaba batallas que no podía ganar; esto era propio de él. Sin embargo…

– ¿Estás conforme con esto? –preguntó Ichimatsu, su voz causaba escalofríos.

Ellos sabían que no era del todo cierto.

– No –respondió ella casualmente, como si ese detalle careciera de importancia–, pero ¿qué otra opción tengo? Si no voy a cambiar lo único que me queda es aceptarlo.

– ¡Eso no va así!

– ¡¿Jyushimatsu-niisan?! –giró a verle sorprendida.

¿Él tampoco estaba de acuerdo con su decisión?

– Totty-chan es buena, pero queremos a Totty.

– ¿Esto otra vez?

Non non non. Se refiere a que queremos que seas lo que tú quieres ser. Be yourself.

¿Qué clase de sinsentido estaba diciendo Karamatsu ahora?

– Por mucho que quiera, eso es imposible.

Aunque…

– ¿Osomatsu-niisan? –le llamó, pues él era el único que no se había negado a aceptar que esto era permanente.

El primogénito no dijo nada.

Su mirada fue la que habló.

– No…

Todomatsu era quien tenía que aceptarlo, no ellos.

– No quiero hacerlo…

Esta vez sí podía sentir las pesadas lágrimas resbalando por su rostro. ¿Cómo podía no preocuparse? ¿No molestarse por el futuro que le habían arrebatado? Tenía que huir de aceptarlo, tenía que seguir insistiendo, eso era lo que tenía que hacer.

Tenía que arreglarlo.


Una mujer estaba corriendo hacia el parque otra vez; el lugar donde todo había empezado. ¿Por qué seguía volviendo allí?

Sus hermanos habían intentado seguirla, pero se imaginaba que alguno lo había impedido. Se lo agradecía, necesitaba un tiempo a solas.

Se sentó en un banco, cabizbaja, tapándose la cara con las manos. Su ropa estaba empapada, pero no le importaba.

Todo el cielo estaba cubierto por espesas nubes negras. No había nadie más allí, tan sólo los gatos callejeros que no habían podido resguardarse.

Este gato en particular no dejaba de darle pequeños golpecitos a su pierna. Tan pronto como lo vio, lo subió a su regazo.

El gato, Shiro, según le había nombrado su hermano mayor, se apretó contra ella en busca de calor. El gesto fue recibido con caricias.

– ¿Por qué? –le preguntó al animal, aun sabiendo que no habría respuesta– ¿Por qué sigo así? ¿Por qué no ha acabado aún?

El gato movió sus orejas como para indicarle que estaba escuchando, pero no hizo más. ¿Quizás si decía lo que el dios quería oír la dejaría en paz?

– Me arrepiento de lo que dije. No tenía que haberte echado la culpa por mi fracaso, fui yo quien no supo interpretar lo que me dijiste –calló por un momento, tratando de que su voz no sonase ronca por el llanto–. Perdóname.

– Por fin, te has sincerado contigo mismo.

Abrió los ojos y miró hacia el claro en las nubes justo sobre ella.

– Sin embargo, no es a mí a quien le tienes que pedir disculpas para enmendar tus errores.

El Dios de las Citas Grupales se apareció ante él una vez más. El gatito le gruño y se escondió de su aura brillante. Ella le tranquilizó mientras seguía escuchando.

– Aunque no lo muestren, heriste seriamente a tus hermanos aquel día –declaró solemnemente.

– Pero eso ya lo hablamos. Todo está perdonado.

– ¿Ah?

Al parecer eso había descolocado al dios. ¿Podía ser que…?

– Sí, en las primeras semanas. Estaban intentando ayudarme y pensaron que podría ser por eso.

– Pu-pues estaban en lo cierto.

El dios intentaba mantener su apariencia calmada y seria, pero eso sólo la irritaba más. ¡¿Todo estaba arreglado desde el principio?! El gato se contagió de su ira, poniéndose de pie en su regazo para gruñirle al dios y amenazarle con sus afilados colmillos.

– Siendo así, creo que ya recibiste tu castigo.

Ella se mordió la lengua, no quería arriesgarse a decir algo que la metiera en problemas otra vez. El gato bajó al suelo y el dios estiró una mano hacia él y agitó su bastón hacia ella mientras sus gafas se iluminaban.

Cinco hilos de luz rodearon los dedos de la chica. Uno rodeaba su cuello a forma de collar y lo conectaba con el del gato de igual manera. Ella miró su mano derecha curiosa y al gato y después se levantó para tomarlo en sus brazos.

Los hilos pronto se solidificaron aún manteniendo su brillo, pero de diferentes colores. Rojo, azul, verde, morado y amarillo, los de sus dedos; rosa, el de su cuello.

– Espero que hayas aprendido la lección: el objetivo de una cita grupal es divertirse, aunque salga mal.

No tenía nada que ver con lo que habían estado hablando, pero ella prefirió no cuestionarle.

Poco después los cabos sueltos de los hilos comenzaron a crecer y a envolverles a ambos. Ella miró hacia arriba, encontrando la luna en todo su esplendor antes de que su vista fuese tapada y todo se volviese negro.


Totty despertó en el suelo y lo primero que hizo fue tocar sus pantalones para comprobar que era cierto. ¡Había vuelto a ser hombre! Parecía que había pasado una eternidad desde que se convirtió en chica. ¡Había pasado medio año!

Sin embargo, tenía la ropa manchada de barro y la lluvia seguía cayéndole encima. Tampoco sabía qué había ocurrido con el gato, pero honestamente lo único que quería en ese momento era darle la buena noticia a su familia y ponerse ropa seca.

– ¡Niisans!

– ¡Totty!

Tan pronto como abrió la puerta, se encontró en el suelo de nuevo, siendo atrapado en un apretado abrazo por su hermano mayor.

– Jyushimatsu-niisan, quítate, pesas –pidió sonriendo y correspondiendo.

El otro rió, moviéndose lo suficiente para que ambos estuvieran de rodillas. Escucharon más pasos y Todomatsu levantó la cabeza para mirar a sus otros hermanos.

– He vuelto.

El primero en reaccionar fue Osomatsu, regalándole esa sonrisa tan típica de él mientras le despeinaba.

– Ah, ¿te habías ido? –bromeó, secándose la mano en el pantalón sin disimulo.

– Bienvenido –le saludó Ichimatsu.

El cuarto hermano estaba mostrándole una de sus poco frecuentes sonrisas. Sin malicia, sin burla, sólo genuina felicidad por su regreso. Les sonrió a los dos, pero de inmediato su gesto cambió a uno de sorpresa y ligera preocupación al oír un llanto.

– ¿Karamatsu-niisan?

– Totty, my little one –le llamó uniéndose al abrazo.

Estaba forzando una de sus sonrisas de tipo "cool" que contrastaba completamente con la desbordante emoción de su voz. Los ojos del menor se nublaron, contagiándose.

– Eres doloroso hasta sin intentarlo –rió mientras apoyaba su cabeza en su hombro.

No obstante, siendo los hermanos más fuertes y sin poder contenerse por la alegría, estaban empezando a aplastar a Totty. Choromatsu pareció ser el único en notarlo.

– Eh, no le atosiguéis –regañó acercándose al grupo.

El de rosa le agradeció con una sonrisa que él correspondió, pero sólo le duró hasta que escuchó al mayor.

– ¡Qué más da! –exclamó pasando sus brazos por los hombros del tercero y el cuarto– ¡Abrazo grupal!

Y con eso se echó sobre los tres que estaban en el suelo, llevándose a sus hermanos con él. Vaya escenita que estaban montando en la entrada de la casa.

– Vale, vale. Ya se que me queréis, pero soltadme que me vais a ahogar –protestó Todomatsu medio en broma medio en serio.

Ellos apretaron más, sólo por molestar, a lo que el menor frunció el ceño, mas no pudo hacer más que suspirar en resignación y mirar a cada uno de sus hermanos.

Una sonrisa llena de afecto se formó en sus labios.

Ellos eran los únicos que podían hacerle luchar y rendirse tan fácilmente, porque al fin y al cabo…

– ¿Qué puedo decir? Estos son mis estúpidos hermanos mayores.


¡Hola!

Éste es el último capítulo. Sé que el fandom está medio muerto y que ya apenas hay gente leyendo esto, pero espero que os haya gustado a los que habéis llegado hasta aquí 💖

Por si las dudas, "Todomatsu" y "Todomi" era para distinguir su parte femenina de su parte masculina o el interior (personalidad) del exterior (apariencia). El gato era como el contenedor de la personalidad de Totty que el hechizo/maldición le había quitado. Los títulos de estos últimos capítulos son las cosas que Totty quiere que ocurran, como si él se lo gritara a sus hermanos y en este último son ellos los que se lo gritan a él.

¡Muchas gracias por leer!

Sayonara!

Disclaimer: Osomatsu-kun/san y sus personajes y canciones pertenecen a Fujio Akatsuka y Estudio Pierrot.