Capítulo No. 2

De nuevo: los personajes que se mencionan en esta historia no me pertenecen y únicamente los utilizo con fines de entretenimiento y no con fines lucrativos.

Antes de empezar con el capítulo, quiero agradecer a quiénes se han tomado el tiempo de leer el primer capítulo y a quiénes leerán este. Gracias a quiénes ya siguen este fic y lo agregaron como favorito.

¡Gracias a Guest por el review!

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Primer día de estudios (Parte I)

El destino… ¿es justo o injusto?

El despertador de Michiru sonó e hizo que ésta perdiera el maravilloso sueño que estaba teniendo, haciéndola suspirar defraudada - ¿Por qué justo ahora? En el mejor momento de mi sueño, ¡tenías que despertarme! – reprochó viendo al despertador como si le fuera a dar una explicación sobre su interrupción.

Luego de su reproche, Michiru se levantó por completo de su cama mejorando su ánimo al recordar que era su primer día de clases y se encaminó al baño de su habitación, entró a preparar la ducha y mientras se despojaba de su única prenda, el camisón de seda azul marino, trajo a su memoria el sueño que estaba teniendo justo cuando el malvado despertador hizo que dicho sueño acabara. Una sonrisa se posó en sus labios cuando su sueño empezó a recorrer su mente…El sueño era sencillo y simple pero a Michiru le causó felicidad el poder revivir en sus sueños, el momento en que conoció a Haruka y sobre todo porque en ese sueño no había quedado como la tonta mal educada que se había mostrado verdaderamente ante "el rubio".

En el sueño, Michiru, no sólo había logrado saludar educadamente Haruka sino que también había logrado entablar una agradable conversación con "él"… estaban sentados en la parte alta de la colina, observando el atardecer y luego de unos minutos de conversación, Michiru se había atrevido a pedirle a Haruka que fuera su modelo para una de sus obras y justo cuando Haruka estaba a punto de darle su respuesta… el despertador sonó, haciendo que Michiru regresara a su realidad y provocando que recordara lo mal que había quedado frente a Haruka. Su sonrisa desapareció y con un poco de decepción, entró a la ducha; al terminar de ducharse, se vistió, peinó y terminó dando unos toques para que el uniforme le luciera impecable. Cuando Michiru consideró que todo estaba impecable, tomó su maletín de cuero color café, caminó hacia la puerta pero antes de salir por completo de la habitación dijo tímidamente…

-Espero volver a verte algún día Haruka-

Michiru salió de su habitación y fue al comedor donde ya se encontraban sus padres y su hermana menor para desayunar en familia, como era la costumbre, antes de retirarse al colegio e iniciar su día. Durante el desayuno, los señores Kaioh y sus hijas hablaban amenamente como lo hacían todos los días, solamente que la conversación de este día se centraba en el hecho de que era el primer día de clases para ambas, les daban recomendaciones, ánimos y diciéndoles lo orgullos que se sentían de ellas.

Los cuatro integrantes de la familia Kaioh terminaron de desayunar y cada uno se dirigió a sus obligaciones del día, el señor Kaioh se fue a trabajar a su empresa, mientras que la señora Kaioh se quedaba en casa como la ama dedicada ama de casa que era. Michiru y su hermana Molly iban en el auto mientras el chófer las llevaba a sus respectivos colegios.

Molly de 14 años, hermana menor de Michiru, estaba en el colegio Juuban cursando el segundo año de secundaria, por su parte, Michiru de 16 años iniciaba su primer año de preparatoria en el colegio Mugen. Ambas chicas eran siempre las mejores de su clase y llenaban de orgullo a la familia por sus excelentes calificaciones, poniendo en alto el apellido Kaioh pero un poco más Michiru gracias a su magnífica habilidad e inigualable talento con el violín, así como su destreza para pintar o nadar. A pesar de ser Michiru la que mayormente ponía en alto el apellido Kaioh, la relación entre Michiru y su hermana siempre fue excelente y a pesar de que Molly era la menor de las dos hermanas, Michiru siempre encontraba consuelo, confianza y apoyo en ella, lo mismo le pasaba a Molly y siempre se manifestaron el amor que una sentía hacia la otra.

Michiru y su hermana iban en el auto, y mientras iban camino a su respectivo colegio. Michiru veía por la ventana sumergida en sus pensamientos y dudas que le invadieron en ese momento…

¿Cómo serán los nuevos compañeros y los nuevos profesores? ¿Qué tan complicado sería estudiar en aquella gran y prestigiosa escuela Mugen? ¿Podría lograr hacer amigos en ese colegio? Tomando en cuenta que se le dificultaba mucho eso de socializar con las demás personas debido a su timidez y también contribuía el hecho de que a la mayoría de personas de su edad que conocía no compartían o no eran afines a los mismos intereses de Michiru…

Michiru seguía con preguntas en su mente y de la nada pensó: ¿encontraría en esa escuela por fin el amor?... -¡Rayos! ¿En qué demonios estás pensando Michiru? ¿Por qué estás pensando en el amor? ¿De cuándo acá te preocupaba encontrar el amor mientras estudias?- se dijo mentalmente la violinista, sonrojándose y bajando la mirada, sorprendiéndose a sí misma por tales pensamientos.

-Todo saldrá bien, será un excelente primer día de clases- dijo Molly a Michiru, al ver que su hermana se veía un poco consternada, sacándola se sus pensamientos

Michiru, reaccionó ante el comentario de su hermana y salió de su estado de consternación -Lo sé, gracias Molly… también para ti será un excelente primer día de clases- respondió Michiru con ternura y poniendo su mano izquierda en la mejía derecha de Molly en forma de cariño

Molly sonrió ante el gesto de Michiru y continuó la conversación…

-Si lo sabes, ¿por qué tienes esa mirada? Como si estuvieras confundida o preocupada... ¿tienes miedo de algo? – concluyó viendo fijamente a Michiru

Michiru se sorprendió ante lo que su hermana le había dicho, y no se había preguntado si en realidad la extraña sensación que sentía podía ser miedo pero de ser así, ¿miedo a qué?... nunca antes había experimentado esa sensación en un primer día de clases, a lo mejor eran sólo un poco de nervios por empezar la preparatoria… sí, eso debe ser, nervios por iniciar la preparatoria, se mentalizó Michiru y ya llegando a esa conclusión, respondió a su hermana…

-No Molly, no tengo miedo… creo que es sólo un poco de nervios por iniciar la preparatoria, será una nueva experiencia y recuerda que cada año, los niveles de dificultad en el estudio van aumentando…- dijo con toda serenidad Michiru convenciéndose a su vez de que eso era lo que provocaba la extraña sensación que sentía -Pero nada de qué preocuparse, recuerda que una Kaioh jamás se rinde y daré mi mejor esfuerzo como siempre para tener unas excelentes calificaciones- terminó por decirle Michiru a Molly

-Tienes razón hermanita…además siempre has sido la número uno de tu clase y no creo que haya alguien más inteligente que tú en ese nuevo colegio, así que seguirás siendo la número uno… no tienes por qué preocuparte y sentir nervios- concluyó Molly dándole una enorme sonrisa de seguridad a Michiru, de manera que sintiera que estaba orgullosa de ella

-Gracias Molly- respondió Michiru y le devolvió la sonrisa a su hermana, dando por finalizada esa conversación.

Y en silencio continuaron el trayecto, hasta llegar al colegio de Molly

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-¡¿Pero qué carajos?! - dijo Haruka cuando sintió los rayos del sol entrando por su ventana y pegándole directamente a sus ojos. Tomó el despertador y verificó la hora… inmediatamente sus ojos se abrieron con incredulidad al ver que el despertador marcaba las 02:00 de la madrugada - estúpido despertador ¿cómo no me di cuenta que no funcionaba?... que torpe soy, y justo tenía que ser ¡el primer día de clases! – Gritaba mientras corría por toda su habitación, preparando su uniforme, sus cuadernos, libros y se dirigía al baño para preparar la ducharse.

El despertador de Haruka no había sonado a la hora que estaba programado por una simple razón, éste se había averiado durante el vuelo pero Haruka no se percató de esto y confió en que funcionaba. Era un despertador viejo en forma de auto de carreras que le había obsequiado su abuela para una navidad cuando apenas tenía 7 años. Su abuela falleció cuando Haruka tenía 12 años, por lo que cuidaba ese despertador con su vida, de ser necesario. Era uno de sus tesoros más preciados y por nada del mundo lo dejaría pero para su mala suerte el despertador no había resistido el vuelo y quedó en mal estado internamente.

Sino hubiera desperdiciado tanto tiempo caminando por la ciudad, seguramente me habría dado tiempo de venir a preparar todo lo necesario y no correr como lo estoy haciendo ahora, y seguramente me habría podido dar cuenta de que el despertador no funcionaba!- continuaba reprochándose Haruka mientras tomaba su ducha.

Haruka salió de tomar su baño, se vistió y se peinó lo más rápido que pudo, no se preocupó por ver si lucía bien con el uniforme o no. Bajó de su habitación y se dirigió hacia la cocina para comer al menos una manzana o cualquier otra fruta que encontrara, algo que no le retrasara más, solamente era para no salir con su estómago vacío pero por la prisa que tenía no recordaba que no había hecho ni una sola compra de comida para llenar el refrigerador o la despensa y de nuevo se reprochó por haber perdido tanto tiempo el día anterior en conocer la ciudad y no preocuparse por algo tan básico y principal como la comida.

¡Torpe, torpe y que torpe eres Haruka!- se decía mientras se daba pequeños golpes en la frente con la palma de su mano- Saliendo de clases iré a comprar toda la comida que encuentre para llenar esta ¡cocina!- gritaba mientras salía de la cocina azotando la puerta.

Tal parecía que su día no empezaba bien y quién sabía si iba a mejorar o empeorar…. – sólo falta que algo le haya pasado a mi preciosa motocicleta y entonces sí, renuncio a la preparatoria, a esta ciudad y me regreso por donde vine- seguía gritando Haruka mientras caminaba hacia la cochera donde estaba su moto.

Después de unos segundos más de camino, Haruka llegó hasta su motocicleta color blanco, la cual afortunadamente parecía estar en perfecto estado, tal y como Haruka había pedido que se la dejaran para encontrarla en cuanto llegara a su casa luego del aeropuerto. Desafortunadamente para Haruka, su auto aún no había llegado y tardarían algunos días más para poder entregárselo, así que su único medio de transporte o movilización por el momento era su motocicleta o sus bien formadas y atléticas piernas. A Haruka le encantaba correr, sentir el viento mientas avanzaba paso a paso y sentía como sus piernas y el resto de su cuerpo absorbían la frescura, fuerza y delicadeza ese elemento. Pero también amaba sentir la velocidad mientras conducía su motocicleta o su auto, era cuando podía sentir aún más la sensación de ser parte del viento y parecía ser inalcanzable. La velocidad que Haruka tenía al correr con sus magníficas piernas o con cualquier vehículo, era ¡increíble!... ver como conducía o corría, era observar al mismísimo viento en todo su esplendor. Pero el primer día de clases definitivamente no era momento para ponerse a practicar atletismo y presumir la velocidad que alcanzaba con sus piernas, pero sí que era un buen momento para presumir sus habilidades y velocidad con su moto… así que subió a ella, la encendió, observó la hora en su celular – bien, aún puedo llegar a tiempo si subo un poco la velocidad – dijo Haruka con una sonrisa retadora y partió hacia su primer día de clases…

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Luego de dejar a Molly en su colegio, el chófer llevaba a Michiru hacia el suyo, mientras esperaban a que un semáforo diera luz verde para continuar el trayecto y cruzar las últimas dos calles para llegar al colegio, el sonido de una moto a toda velocidad pasó a la par del auto, sacando a Michiru de sus pensamientos - ¡vaya, que manera de conducir! – expresó el chófer, asombrado por la velocidad con la que la moto avanzaba y por la habilidad del piloto. Michiru estaba asombrada al igual que chófer pero ella rápidamente bajó la ventana del auto y sacó un poco la cabeza para tratar de visualizar algo del piloto que conducía la motocicleta con semejante velocidad y habilidad. Para su sorpresa, a pesar de no haber podido ver el rostro del piloto, sí pudo observar que quien manejaba, era alguien que estudiaría en el mismo colegio que ella puesto que a lo lejos distinguió el uniforme que utilizaban los chicos del Mugen.

-Es un tonto, se va a matar- comentó Michiru, mientras volvía a acomodarse en el auto.

Cerró la ventana para que el chófer pudiera avanzar ya que por fin el semáforo les había dado luz verde. El chófer avanzó las dos calles que hacían falta y llegaron al colegio, la entrada ya estaba concurrida por varios de los estudiantes, tanto de los de nuevo ingreso como los que estaban en segundo y tercer año, al ver la entrada concurrida, Michiru sintió que una sensación extraña la invadía de nuevo, realmente no sabía que esperar de la nueva etapa que estaba por comenzar…

Servida señorita – dijo el chófer a Michiru, abriendo la puerta del auto y extendiéndole la mano para que ella descendiera del vehículo.

Gracias Harold – respondió Michiru mientras tomaba la mano del chófer y salía del auto – pero recuerda que puedo salir sola del auto- terminó diciendo con un poco de seriedad pero sin estar molesta

lo siento señorita pero usted sabe que su padre ha ordenado que siempre se les trate como las respetables y elegantes damas que son, a usted, a su hermana y a su madre. Y una orden de su padre, siempre debe cumplirse- dijo Harold un poco incómodo y avergonzado por la situación de ese momento

Michiru colocó su mano derecha en el hombro derecho de Harold -No te preocupes Harold, entiendo lo que dices sobre las órdenes de mi padre pero creí que habíamos quedado en que al menos cuando él no estuviera presente, dejarías que yo sola bajara del auto- concluyó con una mirada de súplica hacia su chófer, a manera de persuadirlo para que dejara tanto protocolo para que ella saliera del auto, al menos cuando su padre no se diera cuenta.

-De acuerdo señorita, lo intentaré pero solamente cuando su padre no esté- comentó Harold con una amable sonrisa

Gracias de nuevo Harold, ten un excelente día- dijo Michiru con una sonrisa de agradecimiento y finalizando la conversación

-Bien señorita, paso por usted cuando terminen sus clases y después de ir por la señorita Molly, que tenga un excelente primer día de estudios- se despidió el Harold, subiendo al auto y dejando a Michiru en la entrada del colegio

Michiru se quedó parada unos segundos observando la elegante entrada al que parecía ser más bien un hotel lujoso que un colegio. Un poco de nervios se apoderaron de ella pero hizo un esfuerzo y no lo pensó más -Aquí vamos… - se dijo con un suspiro y cruzó la puerta de la entrada al colegio.

Al ingresar a ese elegante establecimiento y encontrarse con ese hermoso jardín, sintió como el viento que soplaba, hacía que su cabello ondeara al ritmo de cada soplido de éste elemento, haciéndola sentir plena y extrañamente feliz. Michiru cerró sus ojos, sintiendo como el viento le daba la sensación de tranquilidad y seguridad de que estaba en el lugar correcto. Su nueva aventura estaba por comenzar y se sentía feliz, sus nervios habían desaparecido por completo y en lo único que pensaba era en disfrutar de la nueva etapa que estaba viviendo y en lo que vendría.

Mientras la elegante violinista estaba parada en el jardín de la entrada del colegio permitiéndose disfrutar de la serenidad que el viento le daba y debido a que se encontraba con sus ojos cerrados, no se percató que era el blanco de muchas miradas, tanto de chicos que se habían quedado atónitos y admirando su belleza como de chicas que, al igual que los chicos, admiraban su belleza claro que éstas de forma distinta a los hombres, esas chicas que le veían hubieran querido llegar a poseer tal hermosura, mientras que habían chicas que murmuraban acerca de la belleza de Michiru pero en forma de envidia y asegurando que ellas lucían más bonitas y tenían un mejor cuerpo que la bella joven que se dejaba contemplar por el viento. En algún punto, Michiru pudo sentir tantas miradas sobre ella, lo cual hizo que abriera sus ojos, confirmando su pensamiento de sentirse observada… pero el hecho de que abriera sus ojos no significó que las miradas cesaran, sino todo lo contrario, si antes la belleza de Michiru había impactado a los y las presentes en el jardín cuando tenía sus ojos cerrados, ahora que los había abierto, habían quedado anonadados ante tal belleza… y aunque a la violinista le incomodaban las miradas y ser el centro de atención en cualquier lugar, debía admitir que la culpa no era de quien o quienes la observaban sino más bien la responsable de que todo eso se diera era su imponente belleza… Con su 1.70 de estatura, considerablemente delgada, de piel blanca con leve rosado en ella, un busto un poco más grande del promedio respecto a su edad, una cintura notable y caderas que a pesar de ser algo pequeñas estaban bien formadas, firmes y redondas, abdomen plano, sus brazos eran tonificados, dignos de una excelente nadadora y que parecían ser los de una profesional pero sin dejar de ser lo bastante femeninos. Su cabello color agua marina, ondulado hasta un poco por debajo de los hombros. Su rostro era simplemente perfecto, un tanto largo, no tenía una sola marca o mancha en él, cejas arqueadas, nariz recta y delgada, labios de un rosado candente y carnosos; y para finalizar con la perfecta belleza de la violinista pero lo que más atraía las miradas de cualquier hombre o incluso mujer, eran los bellos ojos de un intenso color azul que al verlos era perderse en ellos y que imaginariamente llevaban a sentir el mar en lo más hermoso de sus profundidades, acompañando a esos intensos ojos, un par de pestañas espesas y largas por naturaleza que no necesitaban la ayuda del maquillaje para ser perfectas. Unos ojos perfectamente diseñados para atrapar a quienes los observaran corriendo el riesgo de caer enamorados de tan profunda y hermosa mirada, aunque ésta fuera bastante indescifrable.

Vamos, ¿cómo esperaba Michiru que su presencia y belleza pasaran desapercibidas? Si ella misma sabía perfectamente la belleza que poseía. Lo cierto es que ella prefería que se acercaran a ella por su forma de ser, por su amabilidad, humildad, talento, buen sentido del humor, etc. en fin, varias cualidades y habilidades que se podían listar antes que su exuberante belleza pero lamentablemente para la hermosa violinista, era todo lo contrario, las personas veían primero su belleza y su status económico. La mayoría de la gente que se acercaban a ella, eran chicos tratando de conquistarla solo para presumir que habían salido con la joven más hermosa que existía en la ciudad y, bueno… ¿qué decir de las chicas?... Ellas sólo buscaban acercarse a ella para así poder disfrutar de la galantería y atención que los chicos tenían hacia Michiru, de esta forma a ellas se les haría más fácil conseguir la atención de cualquier hombre. Estos motivos hicieron que Michiru se convirtiera en una persona solitaria y tímida, ya que prefería estar sola y no ser el centro de atención para que ninguna persona se acercara a ella con falsas intenciones, chicos presumidos o chicas ofreciendo una falsa amistad solo para conveniencia de ellas.

Volviendo al momento en que Michiru es observada en la entrada del colegio….

La hermosa chica de ojos azules, al percatarse de tantas miradas se sintió incómoda y los nervios volvieron a ella, quería desaparecer en ese preciso momento, salir corriendo pero ante los nervios que sentía no sabía si avanzar en su camino o retroceder a la salida. Pero luego de unos segundos, que para Michiru fueron como horas, las miradas fueron dejándola y la tranquilidad estaba volviendo a la bella artista, sin embargo, algo empezaba a inquietarle, y es que las miradas que antes posaban sobre ella, ahora se dirigían hacia la dirección opuesta de donde ella estaba. Michiru veía como ahora todos los estudiantes que antes la veían atónitos y algunas miradas de envidia, ahora parecían posarse en algo o alguien más. Nuestra violinista, que debe decirse, era muy curiosa, estaba intrigada por saber a qué o a quien pertenecían esas miradas, decidió avanzar un poco más de donde se encontraba y trataba de seguir la dirección de las miradas, hasta que se acercó lo suficiente y pudo observar lo que tanto le intrigaba… por fin su curiosidad había sido saciada…

Michiru quedó paralizada, sus ojos se ensancharon, empezó a sudar frío, extrañamente su cuerpo empezó a temblar mínimamente pero sentía que perdía las fuerzas de sus piernas, sus mejías se tornaban de un rosado intenso… No sabía cómo interpretar lo que estaba viendo y sintiendo en ese momento… ¿Un regalo del destino? ¿Un castigo del destino? ¿Qué era todo ese revuelo de emociones que estaba sintiendo?...

Era su primer día de clases, ni siquiera habían iniciado el protocolo de bienvenida en el colegio y Michiru ya había vivido un festín de emociones.

-Increíble- fue lo único que pudo decir Michiru en voz baja, aún sin salir por completo del asombro al observar tan bello paisaje

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-Vaya, pensé que sería más complicado transitar por estas calles. Sin duda el tránsito de esta ciudad es mucho más cómodo que en Italia- pensaba Haruka mientras conducía con su motocicleta a una velocidad considerablemente alta

A pesar de haber dormido más tiempo de lo permitido por culpa de su despertador, Haruka pudo reponer tiempo al ir en su motocicleta. Sin duda agradecía que al menos su moto haya llegado a tiempo para poder ir en ella al colegio.

Cuando estaba por cruzar las últimas dos calles para llegar a su colegio, pudo divisar que a dos calles se encontraba un elegante carro color negro esperando a que el semáforo le diera luz verde para poder continuar. Haruka atinadamente pensó que ese elegante carro era de algún estudiante millonario que también se dirigía al mismo colegio y sin saber por qué motivo, quiso demostrar la velocidad y la habilidad que podía alcanzar con su motocicleta, así que de pronto se vio acelerando el vehículo de dos ruedas pasando al lado del carro negro y cuando iba pasando cerca del auto, giró levemente su cabeza para ver dentro de él por la ventana pero debido a que los vidrios eran polarizados, no pudo observar quién o quiénes iban en el automotor. No le dio importancia y siguió conduciendo hasta llegar al estacionamiento que estaba designado para los profesores y personal administrativo que trabajaba en el colegio pero gracias a un "acuerdo" que había conseguido Henry, la persona encargada de todo lo relacionado a los estudios, necesidades y/o caprichos de Haruka. Su "niñero" como llamaba Haruka a Henry de "cariño" había logrado convencer a los altos mandos del Mugen para que dejaran que Haruka llegara al colegio con su moto o carro y que le dejaran utilizar el estacionamiento…Nada que el dinero no pueda comprar o acordar ¿no?...

Seguramente se preguntarán cómo siendo una persona nueva en esa ciudad, Haruka conocía el camino para llegar a su colegio, cómo sabía que podía utilizar el estacionamiento del colegio y donde quedaba éste. Bueno, la respuesta es sencilla, Haruka lo sabía porque antes de partir de regreso a su ciudad natal, su "niñero" le había entregado un archivo con todo lo que debía saber acerca del colegio donde estudiaría, así como sus uniformes y también un mapa que contenía el camino que debía seguir de su casa al colegio y viceversa, en el archivo también se encontraba un mapa sobre las instalaciones del colegio, increíble pero cierto. Debido a la gran arquitectura que poseía el colegio, para alguien totalmente nuevo era fácil perderse sino conocía bien el lugar, grandes jardines, canchas de fútbol, básquetbol, vóleibol, tennis e incluso una piscina olímpica techada y una sin techar, eran algunas de las áreas del prestigioso colegio Mugen, eso sin contar la gran cantidad de salones en las que se impartían las clases o los salones de arte, música o teatro. Por algo era que solamente los hijos de padres con buena posición económica aspiraban a estudiar en ese prestigioso y elegante colegio.

En una que otra ocasión habían estudiantes que se habían ganado una beca para estudiar en el Mugen, como es obvio, el ser ganadores de una beca para ese colegio significaba dos cosas: 1) el o la estudiante era un genio y 2) era una persona de clase baja y de un escaso poder económico. Ese año la chica que había ganado una beca gracias a su esfuerzo y a su nada despreciable inteligencia era una joven llamada Unazuki Furuhata, quien iniciaba también su primer año de preparatoria y al igual que Michiru, formaba parte de los estudiantes que habían quedado boquiabiertos en el jardín del colegio. Unazuki estaba parada frente a un árbol observando con timidez las grandes instalaciones del colegio, mientras decidía si ya era el momento o no para entrar al edificio a buscar el salón que le habían asignado, cuando vio como una moto ingresaba al estacionamiento del colegio y se admiraba por tan elegante moto, definitivamente debía ser una moto nueva y carísima por lo que podía observar del vehículo de dos ruedas. Pero quedó muchísimo más admirada cuando observó que el piloto que conducía la moto era un estudiante que descendió de ella y se quitó el casco… jamás había visto semejante belleza en una sola persona… el piloto de la moto empezó a avanzar por el camino empedrado del jardín como buscando la entrada principal al edificio, mientras sonreía a las personas que al igual que Unazuki habían quedado impactados ante su belleza.

El destino puede ser o no ser justo para algunas personas, sin duda habrá quien diga que no lo es, como también seguramente habrá quien diga que sí lo es, cada quien tendrá sus motivos para asegurar cualquiera de las dos teorías pero en este caso y en este preciso momento Michiru Kaioh era una de las personas que podía más que asegurar que el destino era increíblemente justo y lo estaba siendo ahora con ella…

Michiru estaba paralizada, sus ojos ensanchados, sudaba frío, su cuerpo temblando mínimamente perdiendo un poco de fuerza en sus piernas, sus mejías estaban con un rosado intenso… esto mientras observaba lo justo que estaba siendo el destino con ella…

-Increíble- fue lo único que pudo decir Michiru en voz baja, aún sin salir por completo del asombro al observar tan bello paisaje

La bella violinista al igual que el resto de estudiantes que estaban en el jardín, veía nada más y nada menos que "al chico rubio" con el que había tenido aquel momento bochornoso en la colina… Sí, Haruka Tenoh era quien estaba robando las miradas de todos y todas las presentes, miradas que antes habían sido dedicadas a Michiru, pero con una variación, ahora eran las chicas a las que les salían corazones por los ojos mientras observaban a Haruka, en cambio a los chicos se les veía la envidia y el rechazo en sus ojos, hacia "el chico rubio" que caminaba por el jardín con una sonrisa coqueta, aunque hay que aclarar que esa sonrisa era natural, no era forzada, simplemente Haruka tenía esa llamativa sonrisa por naturaleza y prácticamente desde que nació.

En contraste con Michiru, a Haruka le gustaba provocar las miradas enamoradas de las mujeres, le hacía gracia provocar envidia en los hombres y ambas cosas las estaba consiguiendo mientras caminaba por el jardín del colegio. Una cosa en común con Michiru era que ambos tipos de miradas eran provocadas por su deslumbrante belleza… una jovencita, ¿había mencionado ya que Haruka era una chica? creo que no… pues sí, Haruka Tenoh señorita y muy hermosa por cierto, de 1.75 de estatura, piel del mismo tono que Michiru, cejas arqueadas, sedoso cabello corto y rubio que al estar bajo el sol parecían ser hermosos hilos dorados debido al brillo que reflejaban y que invitaban a ser acariciados con las manos. Nariz recta y levantada levemente de la punta, hermoso y delgado rostro, perfilado y expresivo, sus labios un poco menos carnosos que los de Michiru pero igual tentadores. El resto de su cuerpo era una obra de arte, cuello largo y esbelto, hombros perfectos, su busto era pequeño que bajo la ropa podía pasar un poco desapercibido pero si se observaba a detalle el cuerpo de Haruka, se podía notar cómo las prendas de la parte superior se abultaban un poco a la altura del pecho, algunos que le observaban por primera vez o quienes no veían a detalle el cuerpo de la rubia, creían que solo eran sus marcados pectorales pero en realidad se trataba de sus pequeños y bien formados senos. Cintura marcada, abdomen muy levemente marcado y duro, vientre plano, caderas acentuadas un poco más grandes que las de Michiru y dignas de admirar, redondas y bien formadas. Sus piernas largas, tonificadas y musculosas al igual que sus pantorrillas, esto gracias a todos los deportes que practicaba, su favorito, el atletismo. Sus ojos de un verde penetrante cuya mirada atrapa al instante y con la que te sentías al descubierto cada vez que te veía fijamente, sus ojos además del lindo tono verde, eran decorados por unas pestañas un tanto largas pero no tan espesas como las de Michiru. Sin duda unos ojos y mirada que encantaba a cualquiera pero lo que normalmente atraía más a la mayoría de las chicas era su, ya naturalmente, coqueta sonrisa. Esa sonrisa que podía llevarte al cielo o al infierno en cualquier momento pues en ella se reflejaban un sinfín de emociones, deseo, seguridad, ternura, pasión, amor, etc.

Siendo Haruka tan hermosa se podría decir que, al igual que Michiru, podía tener a cualquier hombre a sus pies pero había un pequeño detalle… Haruka sabía perfectamente quien era, qué quería, que no quería…y lo que no quería, era pasar el resto de su vida con un hombre, aún así fuera el hombre más hermoso, millonario o famoso de todo el mundo. La despampanante rubia sabía que adoraba ser mujer, adoraba amar a las mujeres y soñaba con encontrar a su "Julieta" su princesa de los cuentos de hadas pero mientras eso llegaba a pasar, se divertía enamorando a casi cualquier mujer que sucumbiera ante sus encantos. La lista de "amiguitas amorosas" no era interminable pero si considerable, siendo así que hasta tenía una libreta con nombres y números de teléfono de las mujeres con las que había tenido algún desliz lujurioso o solamente momentos de besos. Vale la pena aclarar que Haruka no se consideraba un objeto sexual por lo que la mayoría de las mujeres que estaban en su "libretita" eran sólo conquistas de momento y besos, besos nada más… y las mujeres con las que sí había llegado a tener intimidad, se podían contar con los dedos de una mano.

Era fácil que las mujeres quedaran flechadas por Haruka a primera vista y que pensaran que era un hombre pues ella vestía de forma masculina además de usar su cabello corto. La atlética rubia no trataba de ocultar que era una mujer al vestir como un chico, simplemente sentía más comodidad al usar esa ropa pero eso no significaba que no tuviera algunas prendas femeninas en su enorme closet, aunque si era muy poco espacio el que ocupaba esa ropa femenina. A Haruka le divertía que las chicas la confundieran con un hombre porque así podía seducirlas más fácilmente, aunque sabía que las cosas muy difícilmente llegarían a algo más que besos muy apasionados.

Siendo más cómodo para Haruka vestir como chico, optó por utilizar el uniforme masculino del colegio, por eso tanto Michiru como Unazuki y el resto de estudiantes venían a Haruka como un hombre, un príncipe azul, un chico más hermoso que los que aparecían en las revistas de modas o espectáculos.

Michiru ya estaba un poco más tranquila y los nervios estaban bajando poco a poco mientras seguía contemplando la bella estampa que el destino le estaba regalando, observando la hermosa sonrisa de Haruka caminando por el jardín. Por su parte, Haruka sonreía de forma coqueta a las chicas y a los chicos les sonreía de forma amable. Si bien era cierto que la rubia sabía que estaba siendo blanco de muchas miradas, hubo una mirada que llamó más que otras su atención, sentía una mirada muy intensa sobre ella y buscaba esa mirada entre las chicas que estaban a sus costados pero no lograba sentir tan intensa las miradas de esas chicas hasta que fijó su vista hacia el frente… Haruka se detuvo sorpresivamente, sus mejías se ruborizaron un poco y por increíble que parezca, estaba empezando a sentir nervios de la mirada que tenía frente a ella…

La mirada de ojos azules profundos de Michiru y la mirada de ojos verdes penetrantes de Haruka se habían encontrado de nuevo. Las sensaciones que cada una de ellas tenía en ese momento, eran idénticas pero a la vez diferentes, por un lado ambas sentían un extraño nerviosismo y sorpresa de verse de nuevo pero por otro lado, Michiru sentía dicha de poder encontrarse de nuevo con "el rubio" para poder al fin disculparse por lo ocurrido en la colina, pero ¿era lo único que quería Michiru? ¿Solamente disculparse o había algo más que le hacía alegrarse de ver de nuevo a Haruka? Esto lo descubriría Michiru con el tiempo… Mientras que Haruka estaba confundida al ver de nuevo a la "engreída y mal educada violinista", no sabía si decepcionarse por encontrarse de nuevo con ella pues era claro que por la actitud que había tomado en la colina, Haruka suponía que ni en un millón de años podría llevarse bien con personas como la violinista y es que en su mente sólo podía referirse a Michiru como "la violinista" porque no sabía su nombre y tampoco le interesaba ya saberlo. Sin embargo, a pesar de sentir cierto resentimiento hacia Michiru, la rubia no podía negar que había algo en la mirada de la violinista que la ponía nerviosa pero a la vez esa mirada le transmitía paz, sosiego y ternura. Haruka tampoco podía negar la perfecta belleza que poseía Michiru pero increíblemente no se sentía capaz de coquetear con Michiru ¿por qué? Ni la misma Haruka lo sabía, sólo sabía que era tan hermosa que era imposible describirla…aunque muy bella podía ser Michiru y todo, pero por su actitud engreída que había mostrado, no intentaría acercarse a ella ni para ofrecerle su amistad.

Tanto Haruka como Michiru se recompusieron un poco de sus nervios, aún seguían observándose… y justo cuando Michiru no quiso esperar más para acercarse a Haruka y no dejar pasar de nuevo la oportunidad para disculparse, escuchó que a su lado izquierdo alguien llamó a Haruka…

-¡Haruka! – se escuchó la voz de una emocionada chica

Michiru y Haruka voltearon a ver de quién se trataba

Michiru observó a la chica que llamó la atención de Haruka pero no la reconoció, nunca había visto a esa señorita de cabello castaño y ojos color miel. Arqueó un poco sus cejas en forma de confusión y molestia pues la chica que había llamado a Haruka, interrumpió el momento más esperado por las últimas horas de Michiru. Pero su mirada cambió de molestia a una mirada sorpresiva cuando vio que Haruka había correspondido al llamado de la pelicastaña y estaba caminando hacia ella con una enorme sonrisa.

Michiru no podía creer que de nuevo su oportunidad de hablar con Haruka se había estropeado… entonces ahora ¿pensaba que el destino era injusto?…

Inexplicablemente a Michiru le había invadido la curiosidad y quería saber más sobre Haruka y la bella joven que le había llamado, así que solamente dio unos pasos para quedar bajo la sombra de un árbol que quedaba justo al frente de ambas jóvenes, y aunque sabía que no podría escuchar una sola palabra de la conversación, quería solo observar para ver si la charla terminaba pronto y así podría intentar de nuevo acercarse a Haruka.

Haruka llegó hasta donde se encontraba la joven que le había llamado y le saludó…

-¡Hola! Ann, que sorpresa y que gusto verte de nuevo- saludó la rubia con una sonrisa

-Hola Haruka, también me he sorprendido de verte aquí pero me encanta encontrarnos nuevamente- respondió Ann al saludo

Pero el saludo no quedó solo en palabras, Ann abrazó a Haruka y besó su mejía dulcemente dejando a todos los presentes en el jardín sorprendidos ante esta escena. Michiru que se encontraba aún observándoles, igual de sorprendida, supuso que por el tipo de saludo que la pelicastaña le dio a Haruka se conocían y eran amigos… o algo más…

Pasado unos segundos Michiru desistió de esperar y entró al edificio a buscar su salón pasando cerca de la espalda de Haruka y "sin querer queriendo" escuchó un poco de la conversación

-Me encantó lo de ayer, tenemos que repetirlo- escuchó Michiru decir a Ann,

Este comentario sorprendió aún más a la violinista, quien apresuró su paso para entrar al edificio y buscar su salón. Permitiéndose no escuchar la respuesta de Haruka

-Claro preciosa, me encantaría…- respondió Haruka, y agregó - pero ¿no tendrás problemas con tu novio? por salir con alguien tan apuesto como yo- terminó su comentario alzando su vista fingiendo inocencia y colocando su dedo índice derecho en su barbilla. Gesto que encantó a Ann, tanto que en cualquier momento se empezarían a ver como salían corazones de sus ojos, pero se contuvo y continuó con la conversación

- No te preocupes, yo ya no tengo novio- dijo Ann segura y con serenidad en su rostro

-Pero… ¿cómo así Ann? Si apenas ayer o hace unas horas tenías novio ¿qué pasó? Creí que luego del café habías ido con tu novio a arreglar las cosas- respondió una sorprendida Haruka

Pero antes de Ann pudiera responder, vieron que los alumnos que estaban en el jardín empezaban a ingresar al edificio a buscar sus respectivos salones para luego dirigirse al acto de bienvenida del colegio.

-Parece que debemos entrar- comentó Haruka

-Sí, debemos hacerlo, es una pena, quería seguir conversando contigo- se lamentó Ann -pero podemos hacerlo durante el receso ¿te parece Haruka? – preguntó emocionada

-Por supuesto, será agradable tu compañía y podremos seguir conversando- afirmó Haruka

Ann solamente sonrió ante el comentario de Haruka y caminaron a la entrada del edificio de salones…

-Por cierto Ann, no me has dicho en qué grado vas, a lo mejor vamos en el mismo y nos toque en el mismo salón- comentó Haruka viendo como en los salones por los que pasaban, ya se encontraban con algunos estudiantes y otros que salían de ellos para dirigirse al acto de bienvenida

-¡Es verdad! No hemos hablado de eso- dijo Ann sorprendida- hoy empiezo primero de preparatoria y mi salón es el "A05" y tú Haruka ¿en qué grado vas?-

-¡¿En serio Ann?! ¡Qué bueno!… yo también empiezo la preparatoria pero no estaremos en el mismo salón lamentablemente, a mi me asignaron el salón "A09" – respondió Haruka lamentándose un poco pues realmente le agradaba Ann y hubiera querido estar en el mismo salón para no tener la obligación de hacer "amistad" con otro de sus compañeros de aula

Recordemos que a Haruka le gustaba llamar la atención de las chicas bonitas y le encantaba coquetear pero en lo que se refería a estudio y compañeros de clase, prefería mantenerse alejada. No era que le costara hacer amistades pero prefería no ser el centro de atención de clases, sobre todo porque así no notarían cuando se saltara algunas clases pero si era alguien que llamara mucho la atención en clase, no podría escabullirse tan fácilmente. Pero cuando estaba fuera del salón, se transformaba y se convertía en una agradable y sociable persona.

Luego de caminar frente a unos salones más, Ann encontró el salón que le correspondía…

-Bueno, creo que aquí nos despedimos… por un momento claro… - dijo Ann lamentándose de nuevo

-Sí, Ann… mucha suerte en tu primer día de preparatoria y con tus compañeros… ¿Te parece si vengo a buscarte para el receso y vayamos a comer? – preguntó la rubia

-Por supuesto que sí, me encanta la idea- contestó una emocionada Ann

-Listo, ya quedamos… vengo por ti cuando empiece el receso, hasta luego- se despidió la rubia dándole un pequeño beso en la mejía a Ann

La pelicastaña no supo cómo responder, había quedado de nuevo maravillada con el "hechizo Haruka" solamente sonrió, puso su mano sobre la mejía que Haruka había besado y observó como la rubia caminó hasta cruzar por un pasillo, perdiéndola de vista, de manera que decidió entrar a su salón de clases.

Haruka cruzó por un pasillo y logró divisar que el segundo salón del pasillo era el que tenía asignado. La puerta estaba cerrada, lo que significaba que no había nadie en el salón, seguramente todos sus compañeros ya estaban en el área donde sería el acto de bienvenida. Se quedó parada frente a la puerta un momento tratando de pensar positivo en que no tendría que soportar compañeros odiosos y molestos, pero ¿y si le tocaban compañeros odiosos? ¿Cómo lidiar con eso? imaginó Haruka en un instante, instante en el que pensó en salir corriendo de regreso a su casa y mejor volver al día siguiente, de todas maneras en el primer día de clases no pasaba nada interesante, siempre era lo mismo, los profesores se presentaban y hacían que los alumnos también lo hicieran… ¡aburrido! Pensaba Haruka. Pero luego recordó que por su gusto y gana estaba ahí, ya que le había insistido a sus padres hasta el cansancio que la dejaran volver a Tokio, que la dejaran estudiar su preparatoria en el mejor colegio del país y de esta manera empezar a ser independiente, ¿qué pasaba si su "niñero" se enteraba que no había asistido al primer día de clases y peor aún si le contaba a sus padres? Seguramente todo se vendría abajo pues no era la forma de empezar a ser independiente y ¿si le hacían volver a Italia? no era que no le gustara vivir en tan bello país pero había algo en su interior que le pedía conocer y vivir, al menos por un tiempo, en la ciudad donde había nacido…

Vamos Haruka… esto es el inicio de una nueva aventura y ¡será inolvidable para ti! – se dijo a sí misma la rubia para darse ánimos

Diciéndose esto, con su mano izquierda tomó con fuerza su portafolio, mientras que con su mano derecha se acomodó su corbata, esto lo hizo por reflejo pues desde que salió de su casa ésta lucía impecable, aún cuando no se había preocupado por verse en el espejo y asegurarse que la había colocado bien y a pesar de haber manejado a toda velocidad con su motocicleta, su uniforme seguía luciendo genial… Luego de acomodarse la corbata, tomó la perilla de la puerta con fuerza y antes de que nuevamente el pensamiento de salir corriendo le invadiera, empujó la puerta con una tremenda fuerza que por el ruido que escuchó al abrirla pensó que la había quebrado. Observó la parte de arriba de la puerta tratando de ver si ahí se encontraba la quebradura y por eso la puerta había quedado a medio abrir, pero la puerta y su supuesta quebradura quedaron en segundo plano cuando se dio cuenta que el ruido no había sido de la puerta quebrándose, su rostro tomó un tono pálido y preocupante cuando vio que detrás de la puerta había una chica tomándose la frente con su mano derecha y sobándose…

-¡¿Qué te pasa pedazo de idiota?! ¡¿Acaso quieres quebrar la puerta?! ¡¿Crees que esta es tu casa para abrir como se te dé la gana?! ¿No te enseñaron a ser cuidadoso con las cosas, sobre todo con las que no son tuyas? – gritaba la chica que se sobaba la frente

-Discúlpame, no fue mi intensión… yo lo sien… -

-¿Ya te había dicho que eras un pedazo de idiota? No, disculpa no eres un pedazo… ¡eres un idiota completo!- seguía gritando la chica que no dejaba disculparse a Haruka

El dolor que la chica sentía era tan intenso que no dejaba de sobarse la frente con los ojos cerrados pero a pesar de tener los ojos cerrados, sabía que había sido un chico quien la había golpeado ya que antes de cerrar los ojos por el dolor, logró visualizar los zapatos y el pantalón que portaban los varones del Mugen.

-Te he dicho que lo sie… -

-Aléjate de mí… no quiero tus disculpas-

-De verdad discúl…

-Solo espero que cuando abra los ojos, ya no estés frente a mí o sino…

-¿No crees que estás exagerando?- comentó ya un poco ofuscada Haruka porque consideraba que joven frente a ella, ya estaba exagerando con el golpe y ni siquiera aceptaba la disculpa

-¿Exagerando? ¿En serio?...Ja! ¿Te parece exagerado?... ¡Mira cómo me has dejado pedazo… no, completo idiota! – gritó de nuevo la chica abriendo los ojos y señalando con su dedo índice derecho su frente…instantáneamente su mente perdió toda cordura, su rostro se perdía entre colores… rojo, verde, pálido. Su ser no sabía de qué color mostrar en su rostro las emociones que estaba sintiendo en ese momento, su cuerpo se había convertido en una gelatina internamente, temblaba pero externamente se veía inmóvil…

-¡¿Tú?! – se sorprendió Haruka al observar que la víctima de su portazo había sido nada más y nada menos que "la violinista"

Sí, de nuevo los ojos verdes de Haruka frente a los ojos azules de Michiru… pero lamentablemente no era en la mejor situación para ambas… ¿justo o injusto el destino?

Y de nuevo Michiru sin poder articular palabra, el dolor de su frente había desaparecido, sí, como por arte de magia, el enojo que sentía por haber recibido el fuerte portazo también pero aún así y tal como sucedió en la colina el día anterior… su cuerpo no respondía…

-Es verdad, se me olvidaba que no te gusta hablar, o al menos no conmigo…ya entendí que no soy de tu agrado- dijo Haruka con cierta molestia pues no entendía por qué no le agradaba nada a "la violinista" si ni siquiera la conocía

-Sé que no quieres mis disculpas pero de verdad lamento el golpe que te dí no fue mi intensión- decía mientras dejaba su portafolio en uno de los pupitres vacíos que estaba cerca de una ventana en la última fila del lado izquierdo

Michiru seguía inmóvil, hasta que…

-¡Oye!... – llamó Haruka a Michiru desde la puerta - tal vez yo sea un pedazo o completo idiota pero al menos demuestro educación "chica violinista"- terminó por decir Haruka y saliendo del salón para dejar a una Michiru descompuesta

Michiru no sabía si llorar, enojarse con ella misma, decepcionarse, correr hacia Haruka y de una vez por todas pedirle que la disculpara por su actitud. No se explicaba por qué ante el golpe había actuado y gritado de la forma que lo hizo, normalmente era muy raro que Michiru se molestara tan fácilmente y de una manera exagerada como lo había hecho con Haruka por el golpe, aunque en realidad cuando le gritó y le trató de idiota, no sabía que se era Haruka… aún así, reflexionó y supo que aunque hubiera sido cualquier otra persona, había exagerado su enojo. ¿Cómo iba a saber Haruka que había alguien en el salón, si éste estaba cerrado? Se suponía que ya todos los estudiantes debían estar en el acto de bienvenida. Pero debido a que Michiru había olvidado el celular en su maletín, tuvo que regresar a traerlo cerrando la puerta del salón inconscientemente al entrar, provocando así el accidente con Haruka

Michiru salió del salón reflexionando y aceptando que había exagerado

-¡Tú si eres más que una completa idiota Michiru!- se insultó internamente mientras camina por el pasillo para dirigirse al acto de bienvenida

Durante el acto de bienvenida, todos los estudiantes estaban ordenados por salones, lo que significaba que Haruka y Michiru estarían en el mismo lugar. Increíblemente a pesar de ser lo más obvio pero debido al accidente con la puerta, ninguna de las dos se había percatado que a partir de ese momento, estarían juntas por el resto del ciclo escolar, por el resto de la preparatoria… o ¿por el resto de sus vidas?…

Michiru llegó hasta donde vio que estaba el lugar asignado para su salón, observó a los estudiantes que estaban en ese lugar pero dos de sus compañeras de salón llamaron su atención…era dos chicas rubias muy lindas que estaban murmurando con sonrisas y sonrojadas. Confundida las seguía observando pues las chicas se veían realmente emocionadas, Michiru se dio cuenta que ambas chicas voltearon a ver en dirección donde se encontraba Michiru pero sintió que las miradas no eran para ella sino para alguien o algo que se encontraba atrás de ella… de nuevo la curiosidad la hizo víctima, giró su vista y su cuerpo hacia atrás…

-Esto… no… puede ser…. ci…er…to- susurró Michiru cuando sus ojos se toparon con los ojos de Haruka

La atlética rubia estaba parada frente a Michiru, pero a diferencia de las otras dos veces en las que habían estado frente a frente, en esta ocasión habían quedado aún más cerca, mucho más cerca que parecía que estaban a punto de besarse, sólo bastaba que Haruka bajara un poco más su rostro y que Michiru levantara un poco más el suyo y seguramente sus labios se encontrarían.

Al estar tan cerca, el susurro de Michiru no había sido tan susurro para Haruka ya que logró escuchar perfectamente el comentario que había dicho…

-Lamento decepcionarte preciosa pero sí, estaremos en el mismo salón- respondió ante el no tan susurro de Michiru – así que será mejor que te acostumbres a verme y a tolerarme porque yo tendré que hacer el mismo esfuerzo para soportarte – comentó Haruka con sus manos dentro de los bolsillos de su pantalón y retrocediendo un poco para evitar algún "mal contacto" con la peliaqua

A pesar de no ser el comentario más amable por parte de la rubia, no se veía en su rostro algún tipo de rencor o molestia hacia Michiru, al contrario, parecía haberlo dicho con tranquilidad y un tanto bromista, confundiendo de paso a Michiru.

Haruka sonrió haciendo un gesto de negatividad con su cabeza debido a que Michiru nuevamente no respondía

Increíble- ironizó la rubia, cerró sus ojos y caminó hacia el frente dejando nuevamente a una descompuesta Michiru…

Y fue hasta ese entonces, sólo hasta entonces que Michiru descubrió algo… quizá ahí estaba la clave de su problema, la respuesta del por qué no podía hablarle a Haruka cada vez que estaban frente a frente

-Sus ojos...- susurró Michiru, esta vez si había sido un susurro, nadie más había escuchado la respuesta que ella misma se estaba dando

Y sí, efectivamente los ojos de Haruka eran la perdición de Michiru, recordó que en las dos ocasiones que había estado cerca de hablarle a Haruka pero no estaban frente a frente, había perdido el nerviosismo y sabía lo que quería decirle, obviamente disculparse por lo de la colina y también vería la manera de pedirle que fuera su modelo para una pintura pero al toparse con los fascinantes y encantadores ojos verdes, perdía la razón, sus pensamientos se esfumaban y la hacían quedar como una tonta frente a la rubia.

Nuestra querida violinista por fin había descubierto que se iba de este mundo cada vez que Haruka la veía a los ojos, pero también había descubierto que esos ojos le provocaban, paz, armonía, diversión, pasión, complicidad, coquetería (hay que decirlo), sinceridad, sensualidad, etcétera, era un revuelo de emociones… pero a pesar de inspirar muchas cosas, en esa mirada no se podía descifrar realmente qué había dentro de Haruka, los ojos parecían ser las puertas para descubrir en el fondo quien era en realidad Haruka Tenoh, pero esas puertas parecían estar cerradas y no se abrirían tan fácilmente con cualquiera o simplemente no se abrían nunca. Michiru comprendió que su nerviosismo tal vez no era del todo "nerviosismo" sino más bien era que quedaba perdida en la mirada de Haruka tratando de descubrir "algo" en esos bellos ojos pero siempre la terminaba interrumpiendo la rubia cada vez que se molestaba y se alejaba porque Michiru no le respondía a sus preguntas o comentarios, no permitiendo que Michiru terminara su análisis y descubriera "algo" en su mirada.

Michiru aparte de analizar lo que había descubierto, se encontraba con un dilema en su cabeza… desde que conoció a Haruka en la colina, no había podido dejar de pedirle al destino que le permitiera volver a ver a Haruka para reivindicarse por su mala actuación, y el destino como lo justo que es, ya le había regalado cuatro encuentros con Haruka, después de la colina… ¡vaya que sí es justo el destino!... PERO... había un minúsculo detalle, y es que en ninguno de los cuatro encuentros las cosas habían salido tan bien como le hubiera gustado a Michiru, al contrario cada vez parecía quedar de mal en peor su imagen ante Haruka, ¿cómo podía permitir el destino que las cosas se dieran así?... ¡vaya que injusto el destino! ¿No?

Ahora bien, no todo estaba perdido, el que Haruka estuviera en el mismo salón que Michiru daba a entender que el destino aún demostraba ser benevolente con la bella chica de ojos azul profundo. Pero vamos, hay que ser realistas, así como era bueno que Haruka y Michiru estuvieran en el mismo salón y significaba que en algún punto las cosas se pudieran arreglar y Michiru quedaría tranquila de poder limpiar su imagen, también significaba que las cosas se pusieran aún peor de lo que ya estaban. Michiru tenía claro que no era nada grato para Haruka el tenerla cerca por los acontecimientos que habían sucedido en poco menos de un día, pero la bella artista no se daría por vencida tan fácilmente y trataría de arreglar todo con Haruka, costara lo que costara… pero ¿se lo permitiría el destino o jugaría en su contra? Como parecía que lo había estado haciendo desde que se conocieron en la colina…

¿Justo o injusto el destino?


Fin del 2do. capítulo