Una boca más.

Belle descubre el peludo secreto de Gideon.

Fatum.

No conocía a nadie que se llamara así. Bueno, la verdad es que no conocía a casi nadie en aquél lugar, pero el apellido también le era extraño. Pronunciarlo en voz alta le confería una sensación de extrañeza y eso la inquietaba un poco. Fatum, lo mejor sería preguntarle a alguien que estuviera familiarizada con los nombres de los habitantes, Ruby tal vez o Granny.

La directora Mills sólo le había proporcionado un apellido. Los chicos que molestaban a Gideon eran tres, tendría que arreglárselas para investigar los apellidos de los demás, aunque pensándolo bien, tal vez con sólo los nombres de pila Ruby podría darle alguna pista a seguir.

¡Un momento! Belle detuvo el paso en seco ¿Mills? ¡Oh por todos los dioses! Bueno, pues, pobre Alcaldesa, sufrir una hermana como la suya. ¿Serán realmente hermanas? Es decir, una es pelirroja alta y con acento inglés, en cambio la alcaldesa Mills, tenía cabello negro y, bueno por supuesto era más alta que ella, pero pues de hecho casi todos son más altos que ella. Belle sacudió la cabeza, reenfocando sus pensamientos.

Comenzo a enlistar en su mente qué tenía que hacer esta semana… Debía primero enfocarse en encontrar a los padres de esos niños, hablar con ellos y en lo posible llegar a un acuerdo para que dejaran en paz a Gideon, también tenía la inauguración encima, luego Míster Gold y su condenada renegociación, y…

¡Fuck! Tomó su teléfono y yendo a su agenda de contactos, marcó el número de la oficina de la Alcaldesa Mills. La llamada conectó al tercer tono.

"Oficina de la Alcaldesa Mills, ¿en qué puedo ayudarle?

-Buen día, mi nombre es Belle French, me gustaría hablar con la Alcaldesa Mills.

"Buen día señorita French, ¿Qué asunto quiere tratar con la Alcaldesa?

-Sí, quisiera disculparme con ella, por favor. Verá, tenía una cita agendada por la mañana pero, por asuntos personales, no pude asistir.

"De acuerdo, un momento por favor"

Belle espero en la línea, mientras llegaba a las puertas de la biblioteca. Estaba entrando en la misma, cuando la voz de la alcaldesa se escuchó en la otra línea.

"¿Señorita French?"

-Alcaldesa Mills, buenos días. Le debo una enorme disculpa.

"Ya lo creo que sí." Vino la voz fría e impersonal de la Alcaldesa por el teléfono "Pero no hay de qué disculparse, de cualquier modo." Dijo restándole importancia. Belle se extrañó. "Tuve una visita inesperada, pero mi aparentemente inútil secretaría no ha sido capaz de localizarla"

-¡Oh! –Murmuró un poco incómoda, Belle sospechaba qué familiar se le había presentado.-De cualquier modo, por favor alcaldesa, disculpe mi falta de compromiso al no presentarme a nuestra cita agendada. Me gustaría que contempláramos una nueva fecha para vernos.

"Señorita French, por el momento no tengo el más mínimo tiempo para verla, tendrá que agendar con mi secretaria." Se apresuró a aclarar la alcaldesa, con un tono cansino. "Por el momento me interesa que todo esté listo para la inauguración de ésta semana"

-Por supuesto. Todo está listo.

"Perfecto. Señorita French, hable con mi secretaría. Con un poco de suerte sabrá agendarle una nueva cita. Buen día." Antes de que Belle pudiera decir nada más, la línea murió. Decidió no volver a marcar. Ya programaría la cita después. Con suerte Mr. Gold no se presentaría pronto a su puerta de nuevo.

Cerrando la puerta tras de sí, se dirigió a la pequeña oficina y se dispuso a trabajar en los últimos detalles para la inauguración. Cada libro en su lugar de acuerdo a un sistema infalible hecho por ella misma, fichas bibliográficas de autor, género y título, alistadas, reimpresas y ordenadas en un gran fichero, accesible para todo el público, justo en la entrada. La distribución de algunas mesas y sillas donadas por la alcaldesa aún no la terminaba de convencer, pero había optado por dejarlas así.

Todo listo para la inauguración, a excepción de algunos afiches necesarios para anunciarla. Más tarde y en los próximos dos días de dedicaría a colocarlos por la ciudad para invitar a la comunidad a asistir.

Belle sabía que contaría con la asistencia de las escuelas, pues la alcaldesa pensaba hacer la inauguración un evento masivo y lo primero que había hecho para que esto se lograra era conseguir viajes y permisos escolares, para que acudieran a la inauguración como parte de una actividad extracurricular.

Unas cuantas horas después, mientras se encontraba inmersa en su trabajo, Belle escuchó un ruido, algo la había sacado del ensimismamiento, un sonido muy parecido a pequeños arañazos y rasguños fuera de su oficina, en la biblioteca.

Ella salió de la oficina con cautela, no podían ser ratones, era imposible, llevaba tres semanas viviendo y trabajando allí, y no había aparecido nada, vaya ni siquiera hormigas se asomaban a la biblioteca. Aunque esperaba que una vez abierta la biblioteca eso cambiara, no que llegara una plaga de hormigas, sino que… bueno… la gente, que asistiera, que el pueblo se interesara por asistir a la biblioteca.

Había buscado el origen de aquel ruido delante de la biblioteca, en el escritorio de la recepción, con oídos atentos a escucharlo de nuevo. Vino una vez más pero esa vez lo escuchó en la parte de atrás. Belle decidió dirigirse a las escaleras que llevan al departamento. Subió por ellas pensando que el ruido podía provenir de arriba, cuando iba a medio camino, el sonido se escuchó de nuevo, un murmullo, pequeños arañazos y un ahogado chillido.

-¡Por favor, no!-se lamentó en voz baja –No seas un ratón.

Bajó lentamente las escaleras escuchando atenta a cualquier sonido o movimiento, tal vez podría ser que viniera de debajo de las escaleras, pero había ahí estaba muy oscuro para ver. No se había dado el tiempo para cambiar la bombilla fundida de aquel pasillo que llevaba a la puerta trasera de la biblioteca, hizo una nota mental para hacerlo más tarde. Fue hacia la oficina, se inclinó sobre el escritorio, abriendo y cerrando cajones hasta dar con una linterna. Regresó sobre sus pasos hacia el pasillo, tratando de encender la linterna, dándose de topes a sí misma cuando se dio cuenta que la linterna no tenía baterías. Dejó la linterna sobre el gran escritorio de la recepción, sopesando sus opciones, metió la mano al bolsillo de su suéter, poniendo los ojos en blanco al sentir su teléfono ahí. Pudría haber usado su teléfono celular para iluminar el pasillo ¿Cómo no se me ocurrió antes? Se preguntó a sí misma, sarcástica.

Encendió la lámpara del aparato y se dirigió hacia el oscuro pasillo. Fue directamente hacia la puerta, estaba por abrirla cuando el ruido llegó a ella, por su espalda, se volvió iluminando el pequeño espacio bajo las escaleras, encontrando el origen del ruido al fin. Había una pequeña caja. Era la caja de mudanza donde habían guardado los libros de Gideon ¿Qué hacía esa caja ahí? Estaba segura de que aquella caja tendría que estar arriba, como todas las demás de la mudanza. O en el cuarto de Gideon, después de todo no tenían mucho de haber desempacado esas cajas, de hecho algunas de sus propias cosas aún estaban empacadas. Pero estaba segura de que las cosas de Gideon ya habían sido sacadas de sus cajas.

Una pequeña pata salió de entre las solapas, rasguñando el cartón con pequeñas garras, ésta era la causa del ruido, por fortuna no era una rata sino un pequeño gatito. Belle pudo verlo mejor una vez que abrió las solapas de la caja, el pequeño felino, viendo la salida que tanto había buscado, saltó de la caja estampándose contra el suelo al intentar salirse de ella. Un salto que quedó un poco corto, derribando así la caja sobre un costado, mientras el animalito caía antes de que Belle lograra sujetarlo. Era un pequeño gato negro con una raya de pelaje más claro sobre la frente.

-Gideon –exclamó en voz baja, sabiendo que este pequeño polizón se encontraba ahí por gracia y obra de su hijo. Tendría que charlar con él muy seriamente.

Después de su descubrimiento, Belle había decidido llevar al pequeño peludo a su oficina, Al menos así, podría vigilarlo y asegurarse de que no fuera a causar ningún tipo de destrozo en la biblioteca. Aunque después de unos minutos pudo darse cuenta que el animalito era más una amenaza para sí mismo que para las cosas a su alrededor, algo no estaba del todo bien con él. Seguramente Gideon lo habría encontrado en algún lado y había decidido ocultarlo. Nunca habían tenido una charla sobre mascotas. A Belle le gustaban los animales, sobre todo los perros, y no tenía nada en contra de los gatos, de hecho le parecían unos animalitos bastante arrogantes pero nobles y leales. Pero no estaba segura de poder ofrecerle un hogar a esa pequeña bola de ternura oscura.


-... con mi mamá, pero no la entendí –decía Gideon, bajo la atenta mirada de Bae –cuando salimos del cine, nos dimos cuenta que era la segunda película. Mamá prometió conseguir la uno, pero entonces nos tuvimos que mudar.

-Yo tengo el DVD de la primera –contestó Bae –Deja la busco y te la presto para el fin de semana.

Gideon asintió entusiasmado. Doblaban la esquina para llegar a la entrada principal de la biblioteca, Gideon no pudo evitar la punzada de decepción en su estómago. Baedan era súper cool. Sabía montones sobre superhéroes.

-Bien… -dijo Bae una vez llegaron a las puertas principales de la biblioteca –Llegamos. –Gideon se limitó a asentir, el entusiasmo abandonándolo casi por completo.

Era la primera vez que podía charlar con alguien más que no fuera su madre, Ruby o Granny. No que tuvieran ellas algo de malo, simplemente… no era lo mismo que hablar con Baedan. Él sabía que cuando hablaba de Thor, Loki y Odín, se refería a los personajes de cómics y no a los dioses nórdicos. Tampoco se soltaba contándole sobre las costumbres y mitos de dicha civilización o le entregaría un libro sobre el tema más tarde. Ni se limitaría a decir "Lo único que sé es que Thor está más que bien para las frías noches de Maine, si sabes de lo que hablo" Gideon casi nunca sabía de qué hablaba Ruby, pero mamá siempre le decía que no hiciera caso.

Un silencio incómodo los envolvió, Bae no sabía si estrecharle la mano, ofrecerle "el puño", o simplemente alejarse de ahí, Gideon parecía tener el mismo problema. Vaciló un momento entre darse simplemente la vuelta y caminar a casa. El niño por su parte sujetaba ambos tirantes de la mochila, abriendo y cerrando los puños.

-¿Te veo mañana? –murmuró Gideon, mientras Bae asentía. Dio la vuelta sobre sus talones, encarando las puertas dobles de la biblioteca, abriendo una para poder entrar.

-¡Oh, Gideon, espera! –Gideon se dio la vuelta un poco sobresaltado, Bae se acercaba rebuscando en su mochila, lo observó sacar una pequeña libreta de notas y un bolígrafo. Garabateó algo, arrancó la hoja y la tendió hacia él, quien tomó el papel un poco aprensivo. –Es mi teléfono. –Agregó mientras él miraba el papel en su mano -Mándame un mensaje o llama si hay algún cambio de planes. No sé, por si sales más temprano o no puedes esperar. Sólo llama, ¿de acuerdo?

-¿No debería darte yo el mío? –Preguntó Gideon inquieto-¿Qué tal si debes llamar para decirme que espere? ¿O que no irás a la escuela?

Bae se rio con ganas. –No. Tranquilo. –Se rascó la cabeza dubitativo –por seguridad es mejor que no me lo des; tu madre podría molestarse, además bastante tendrá para decir por cómo te dejaron la cara, chaparro. –Se burló -Tú solo llama cuando hayas salido de clases, hasta entonces vemos donde y a qué hora te encuentro ¿Okas?

-Ok. – Dijo encogiéndose de hombros. A Gideon se le hacía una muy buena idea intercambiar teléfonos, por si alguna vez salía más temprano y se va a casa o Baedan tiene algo que hacer dentro de la escuela, así ninguno esperara de más, ni se preocupara si el otro no aparece. Gideon se sonrió bajando la mirada hacia el papel en su mano nuevamente.

Bae se sonrió, acercándose a él le revolvió el pelo afectivamente -Hasta luego, chaparro. –Mirando a ambos lados de la calle, se dispuso a cruzar la calle, hacia Granny's. Gideon se guardó el papel en el bolsillo y entró a la biblioteca, era hora de enfrentar a mamá.

Por el momento, Bae sabe que posee información valiosa para Jefferson, aunque dadas las circunstancias no encuentra ningun placer en compartirla, por lo que no cree hacerlo. La verdad algunas veces la curiosidad de Jefferson puede ser un poco abrumadora. Ésta familia iba llegando a Storybrooke y al parecer ya cargaban con algunos problemas y molestias, al menos el pequeño. Ahora la pregunta es… ¿Será buena idea esconderme en la tienda con papá?


Al escucharlo llegar, sale de su oficina, ansiosa por besar a su hijo y preguntarle cómo ha ido su día, pero la furia de Belle no se hace esperar cuando ve su hijo renqueando un poco al acercarse a ella, el rostro sucio una vez más, la herida sobre su ceja abierta y una mejilla inflamada. Cuando lo cuestiona sobre el asunto Gideon desvía la mirada, ella sabe qué pasó ¿por qué tenía que decirlo? Él prefiere no hablar del asunto con su madre, no por ahora, tal vez después, y así se lo hace saber, ya que por el momento la tranquilidad y alivio que lo invaden al haber encontrado un amigo en Baedan es liberador.

-¿Puedo ir arriba? Quiero dejar mis cosas…

-Gideon ¿qué sucedió de camino a casa? –lo interrumpió ella, un poco más seria.

-Me alcanzaron –se limitó a decir él, como si fuera lo más obvio del mundo –Pero ya está todo resuelto, mamá.

Gideon sube al departamento para lavarse la cara y cambiar su uniforme que una vez más ha quedado sucio cuando James lo derribó en la calle. Belle no lo sigue esta vez, a pesar del estado en que se encuentra, Gideon estaba sonriente y alegre, algo debió suceder, Belle continuaría con su trabajo esperando a que Gideon baje preguntando por el almuerzo, entonces tal vez platicarían mejor, una vez que ambos tuvieran los estómagos llenos. Además ella le tiene otro asunto que tratar. Uno un poco más urgente.

Después de unos minutos escuchó los pasos de su hijo bajar por las escaleras.

-Mami –dijo Gideon asomando la cabeza por la puerta de su oficina –puedes ayudarme con el parche, creo que se cayó.

Belle no pudo evitar sonreírle –Claro que sí, Gideon. Pero antes necesito platicar contigo ¿de acuerdo?

Gideon la miró confundido y un poco asustado, no quería contar lo sucedido aquel día, esa última patada de Scott en su pecho aún dolía y sentía como la mejilla aún le ardía, además no quería preocuparla más. Sin embargo, respirando profundamente fue y se sentó frente de ella, mirándola con ojos muy abiertos, expectantes.

-Gideon, hoy por la mañana me encontré un pequeño polizón en la biblioteca.

¡Oh no! pensó Gideon alarmado el gatito. Él sólo atinó a inclinar la cabeza y bajar la mirada a sus manos, que estrujaba con nerviosismo.

-Sabes a qué me refiero ¿verdad? –El niño asintió lentamente, alzando la vista para ver el rostro sereno de su madre.

-El gatito.

-Exacto –confirmó su madre -¿De dónde lo sacaste, Gideon?

Gideon levantó el rostro, mirándola suplicante –No lo saque de ningún lado, mami. El vino.

-¿El vino?

-La otra noche. –explicó asintiendo rápidamente - Por mi ventana. Belle lo miró confundida.

-¿Cual noche?

-El viernes mama, en la noche –Belle quedó anonadada, no podía creer la inteligencia y cautela de su hijo para haberle ocultado al animalito durante dos días y medio.

-Gideon, no creo que podamos tener un gatito en casa.

-¡Pero no come mucho! –Exclamó él rápidamente, exaltado ante la posibilidad de que su madre arrojará al gatito a la calle. – ¡Mami, por fa! N-no hace mucho ruido y se porta muy bien. También lo bañé, no le gustó mucho, pero haré que le guste, lo prometo. ¡Por favor! ¡Solo hasta que le crezcan los bigotes, mamá! –Belle escuchaba cada nueva observación en favor de la estancia del peludo amigo, negando con la cabeza como única reacción, hasta que llego al punto de los bigotes. – Puedo cuidarlo mamá, ¡Te lo prometo! ¡Solo hasta que le crezcan los bigotes! ¡Por favor! Si después de eso se tiene que ir, buscaré otro lugar para él.

Antes de que pudiera seguir, Belle alzó las manos frente ella, tratando de acallarlo -Gideon, éste gatito es… ¿EL gatito?

-¿El gatito? ¿Qué?-La miró confundido. - ¿Cómo?

-¿Es el gatito que salvaste de los Niños Perdidos?

-Sí –contestó en un susurro desesperado -éste es.

Belle suspiró. No podía con la idea de arrebatarle aquel gatito a su hijo, así fue como vino a la decisión de que su familia de dos, ahora sería de tres.

-¿Ya tiene un nombre?-preguntó a Gideon quien la miró con los ojos como platos.

-No, no sé, no sé cómo… no se me ocurre uno mami.

-De acuerdo –asintió ella, pensando en varios nombres a la vez –Pues, será mejor que le busques uno, no podemos decirle sólo gato todo el tiempo –no pudo evitar la pequeña carcajada que escapó de sus labios - Tendremos que tenerle un espacio apropiado para él, tampoco no puede quedarse en una caja.

La sonrisa que apareció en el rostro de Gideon, valió todo el mundo para ella, iluminando el cuarto entero. La felicidad que lo embargaba había hecho desaparecer la pesadumbre por completo de lo ocurrido camino a casa. ¿A quién le importaba el dolor en la cara? ¡Tendría una mascota!

-¡Gracias mami!

-Pero tendrás que cuidarlo, asearlo y enseñarlo a hacer sus necesidades en donde debe, y tendremos que comprar algunas cosas para poder tener a este animalito con nosotros. –Gideon asentía entusiasmado –También tengo que hablar con míster Gold, tengo que avisarle que ahora tendremos una mascota.

Gideon desconocía a qué se debía ese último comentario, pero decidió dejarlo de lado y simplemente sonrió, bajando de la silla, corriendo a abrazar a su madre.

-¡Iré por él! –dijo Gideon saliendo disparado hacia el pasillo de la escalera.

-¡Gideon! –Lo llamó Belle en ese instante –Lo tengo aquí conmigo. Toma-dijo tendiéndole la caja –Llévalo arriba ¿De acuerdo?

Gideon tomó la caja de las manos de su madre, presionándola contra su pecho, se dirigió a la salida, no sin antes dejarla por un momento sobre el suelo para lanzarse una vez más a sus brazos, estrechándola con fuerza, mientras le besaba el rostro.

-Gracias, gracias, gracias.

Belle lo dejó ir, escuchando su correteo hacia el departamento, decidió que lo mejor era dejar el trabajo un rato, había avanzado lo suficiente para poder adelantar su descanso, aprovechando a almorzar con su hijo. Además necesitaba hacerle un par de preguntas, necesitaba saber el nombre de los Niños Perdidos. Pensaba pasar más tarde con Ruby. Tenía que dar con los padres de esos niños.


La campanilla del restaurante resonó alegre llamando la atención de camareras y algunos comensales. Bae se dirigió hacia la caja donde Granny lo saludó alegremente.

-¡Baedan! –Le dijo mirándolo sobre sus gafas –Mírate, como has crecido. Tenía tiempo que no venías.

Bae se ruborizó un poco. En años pasados solía pasar al restaurante después de clase todos los días. Almorzaba ahí, un poco de lasaña, a veces un helado, malteada o sodas llevándose una rosquilla para más tarde, todo antes de irse a casa… y almorzar de nuevo cualquier cosa que hubiera dejado preparada la señora Potts para él.

Pero desde el inicio de éste año aquellas visitas habían quedado atrás. Aún comía almuerzos dobles, pero todos en casa. No era que no gustara ir a Granny's. Pero desde siempre había tenido que soportar las miradas incómodas de los demás sobre su espalda, mientras sentado a la barra engullía los manjares dispuestos frente él. Pero siempre llega un momento en el que te cansas de aquello. Además, Graham y Emma casi siempre estaban ahí.

Lo que más extrañaba de pasar las tardes donde Granny's, era a Ruby. La alta camarera, nieta de la dulce y muchas veces iracunda Granny, unos cuantos años mayor que él, de rostro alargado y labios rojos. En un principio había sido sólo amigos. Ella lo había tomado bajo su protección por unos años, una vez que su edad tuvo dos dígitos, como su cómplice. Algo que ni a su abuela o a su padre, les agradaba del todo.

-¡Hola, Granny! –Saludó él sentándose a la barra, dejando la mochila a sus pies -¿Cómo va todo?

-¡oh! –exclamó Granny, llevándose una mano a la cintura –Iría mejor, pero perdí un cliente de gran apetito ¿sabes?

Bae se rio con ganas –Bueno, pues espero poder llenar ese vacío, Granny.

-Ya veremos, ¿qué vas a querer hoy?

-Bueeeeno… en realidad, sólo un par de emparedados –dijo él rascándose la nuca –Para llevar. Almorzaré con el viejo.

Granny hizo una mueca de desagrado mientras anotaba la orden. -¿Algo más?

-No lo sé, no tengo mucha hambre -ella alzó una ceja incrédula –De acuerdo, está bien. Una rosquilla y una malteada, esa para aquí. ¡Oh! Y uno de los emparedados que sea con pepinillos extra.

Mientras esperaba a que su orden estuviera lista, se sentó a esperar, girando su asiento para observar a los comensales. Paseando la mirada de mesa en mesa, reconociendo algunos rostros, evitando las miradas de otros. Unos minutos más tarde Granny le trajo la malteada y rosquilla, que engulló felizmente, mientras ella se quejaba de cómo iban las cosas en casa con Ruby, señalándolo con un dedo acusador y advirtiéndole quedarse fuera de problemas.

-Y ¿dónde está ella ahora?

-¿Ruby? –dijo exasperada Granny -¿Dónde crees? Arriba durmiendo por supuesto. No me sorprendería que bajara con gafas a trabajar el turno de la noche.

Baedan rió. Hecha su amenaza hacia él y sus quejas hacia su nieta Granny se retiró a la cocina, dejándolo para que terminada su malteada, rosquilla largo tiempo ingerida. Una vez su orden para llevar estuvo lista, le fue entregada por una joven camarera. Él nunca la había visto antes, parecía de su edad y además era linda, por lo que Baedan pagó por la comida dirigiéndole una sonrisa traviesa.

La chica se ruborizó regresándole el cambio y una sonrisa tímida, en voz alta Bae se despidió de Granny y la respuesta vino a él desde la cocina, sin más, guiñó brevemente un ojo a la joven y salió de ahí en dirección a la tienda de antigüedades de su padre.

Al llegar abrió la puerta con cautela, su padre estaba en la parte de enfrente, con un cliente, revisando una pequeña caja de música. El rostro de su padre se iluminó por un momento al verlo entrar, Bae señaló la parte de atrás con una mano y su padre asintió. Pasó a un lado del cliente, que no era otro que el señor Nolan, David.

-Con permiso –murmuró él tratando de pasar desapercibido. No tendría tanta suerte.

-¡Oh Baedan! –Exclamó David, saludándolo animadamente, dejando caer su mano sobre su hombro -¡Cuánto tiempo sin verte! ¿Cómo has estado?

-Bien, señor Nolan ¿qué lo trae por aquí?

La sonrisa de David era contagiosa y normalmente podría provocar cierta comodidad para aquellos que lo rodeaban, pero Bae podía sentir la tensión en la que se encontraba su padre.

-¡Ah! Bueno ya sabes, Mary-Margaret... –David dudó un poco, mirando rápidamente a Gold y desviando la mirada –ella está embarazada de nuevo, sólo quería un pequeño obsequio para ella. –Señaló la caja de música, que no se parecía en nada a las que su padre solía procurar, no se veía vieja, no parecía hecha de porcelana o madera, sino más bien de un plástico lustroso. –Desafortunadamente, parece que me estafaron.

-Embarazada ¿eh? ¡Felicidades, señor! –agregó Bae un poco apresurado, dándose cuenta que acababa de perderse en pensamiento.

-Smith rara vez vende algo funcional –rumeó Gold ignorando la feliz noticia de su cliente y desmontando la maquinaria de su caja, mientras Bae se quedaba plantado en su lugar, un poco incómodo sin saber si entrar a la parte de atrás o no. –Pero no es irremediable. –Dijo Gold tomando la maquinaria y examinándola de cerca. –Un par de ajustes y quedará como nueva, señor Nolan. Puedo tenerla lista en 90 minutos.

-De acuerdo –asintió David –Pasaré por ella cuando salga del trabajo, un poco antes de las seis. Si no hay inconveniente, Gold.

-No veo por qué lo habría. – David le dio otro pequeño golpe a Bae en la espalda a modo de despedida. Gold tomó la caja y su maquinaria y desapareció tras la cortina, seguido de cerca por Bae.

Bae dejó la bolsa con los emparedados sobre una mesa cercana mientras dejaba la mochila sobre el piso, sentándose sobre el catre, recostándose sobre él, soltó un suspiro. Gold que ya se encontraba trabajando, al escucharlo, alzó la cabeza y lo miró extrañado.

-¿Está todo bien, Bae?

Baedan tardó un poco en contestar, finalmente se incorporó –Eso creo –le dijo mirándolo de una manera extraña.

-¿Estás seguro? –insistió Gold, levantándose de su mesa de trabajo, caminando hacia donde tenía una pequeña tetera. –No suenas muy convencido.

Bae pensó un momento lo que traía en la mente. Trató de dejar a un lado el hecho de que Emma tendría una nueva razón para quejarse y que para su mala suerte no se quejaría con él. También hacía rato que había olvidado a la camarera de Granny's o a Ruby. Al frente de su mente había llegado el rostro aterrorizado de Gideon.

-Es sólo que… -comenzó, pero no supo cómo continuar. Su padre le daba la espalda mientras preparaba té, dirigiéndole miradas furtivas sobre el hombro, al no escuchar que continuara hablando.

-Es sólo que ¿qué, Bae? –insistió una vez más.

-Papa, ¿recuerdas cuando llegamos a Storybrooke? –Gold asintió, aun vuelto de espalda -Los demás niños no eran muy agradables conmigo.

Gold trató de asimilar lo que su hijo decía, aunque había que aceptar que no tenía mucho sentido. –No Bae, no lo fueron. –Fue a sentar se con su hijo, apoyando su bastón entre sus piernas, poniendo ambas manos sobre él, mientras volvía el rostro hacia él – Pero eventualmente te dejaron en paz.

-Hoy vi a unos chicos de la primaria perseguir a uno más pequeño –dijo Bae con la mirada perdida en el suelo. –Pasaron corriendo. Al principio me dio igual –confesó a su padre, quién aun no decía nada –Otro chico más golpeado por un par de brabucones. ¡Qué me importa! ¿No? –Bae levantó la mirada desconsolada hacia su padre, quién tenía los labios presionados en un delgada línea –Pero, recordé esas primeras semanas aquí. Corrí hacia ellos para detenerlos. Lo tenían ene l suelo, dos sujetándolo y el otro sobre el chico… se los saqué de encima, pero por poco golpeo a uno, me detuve. –Continuó, cerrando los puños sobre sus rodillas, buscando algún tipo de respuesta en los ojos cafés de su padre –Soy mayor que ellos, me dije, debo ser mejor y me detuve. Me detuve papa, pero no sabes, papa. –Dijo apretando los dientes con furia contenida, recordando el ovillo sollozo en el que había quedado reducido Gideon -Tenía unas ganas inmensas de voltearle la cara a ese pequeñajo de un putazo. Aún quiero hacerlo.

Golde dejó pasar la grosería que acababa de salir de la boca de su hijo. Él sabía lo que la rabia podía hacerle a alguien que no se encontraba de todo en control. Pasó un brazo sobre los hombros de Bae y lo acercó a su costado.

-Hiciste lo correcto –susurró Gold contra los rizos de su hijo, besándolo brevemente. –Al menos uno de nosotros puede controlarse en momentos así –Agregó Gold con tono burlón, Bae soltó un bufido sarcástico.

-Claro, ¿y por qué tengo que ser yo? –Gold se levantó, revolviendo el cabello de Bae antes de dirigirse a la tetera que ya estaba lista. –Traje el almuerzo.

-Lo noté.

Bae se levantó por la bolsa de los emparedados, acercando el taburete de la roca hacia la mesa de trabajo de su padre, mientras éste terminaba de servirse una taza de té. Sabía que su hijo no querría "arruinar" su almuerzo con té, por lo que no le sirvió más que agua en un vaso de plástico. Se sentaron y Bae le alcanzó el emparedado con pepinillos extra, mientras él tomaba el otro.


Belle salió de casa un poco después de las siete. Dejando a Gideon haciendo su tarea en compañía del pequeño gatito, al que aún no sabían aún cómo nombrar. Gideon esperaba encontrar un nombre apropiado en algún libro. Pero eso sería para después de la tarea, como le había ella, antes de dejarlos en casa.

Caminó hacia Granny's, con paso lento y relajado, disfrutando de la fría brisa que le acariciaba el rostro y hacía volar su cabello por todos lados. Ajustándose la bufanda al cuello, apresuró el paso para resguardarse dentro del cálido restaurante. Al entrar pudo notar lo lleno que estaba a pesar de ser lunes.

Se dirigió al mostrador dónde la chica encargada recibía orden tras orden para ser transmitida a cocina. Ruby salió de detrás de ella, con las manos llenas.

-¡Belle! –exclamó la chica, llevaba el cabello en un descuidado molote tras la cabeza y gafas de sol –Ahora vuelvo, debo entregar esto.

Ella se limitó a sonreírle, se volvió a la chica pidiéndole un té limón con miel. En la barra no había espacio ocupable, en las mesas tampoco, así que decidió esperar pacientemente junto a la consola de música. Ruby vino enseguida.

-Recibí tu mensaje –dijo con emoción contenida-¿Está todo bien?

-Sí, todo está bien tranquila –La tranquilizó Belle –Necesito tu ayuda Ruby, tú conoces a todos aquí.

-Bueno yo no diría a todos –dijo ella modestamente –Pero si a muchos. ¿Qué necesitas?

Belle dudó un momento –Necesito saber dónde viven los padres de James Fatum.

-¿Fatum? –Ruby la miró un instante. –No conozco a nadie de ese nombre. ¿Quién es James? ¿Es un amigo tuyo?

-No –suspiró con derrota –Es un compañero de Gideon, uno de los chicos que lo han estado molestando.

-¿¡Están "buleando" a Gideon!? –Ruby tomó a Belle del brazo y se dirigieron a la sala de estar de pequeño hostal. Se sentaron en el sofá, mientras Belle relataba lo sucedido a Gideon en días pasados y cómo la directora se había lavado las manos de la situación.

-Así que decidí buscar a los padres. Sólo me dieron un nombre. Necesito encontrar a los padres de James Fatum.

-¿Fatum? –Dijo Granny desde la puerta –Si lo haces, le harías un favor al chico.

-¿Granny? –Cuestionó Belle -¿Conoces al niño?

-No –contestó ella, dirigió una mirada a Ruby quién enseguida se levantó y fue a seguir trabajando –Pero conozco a Estelle Gormain. –Belle la miró extrañada, esperando a que continuara –Directora del orfanato, Fatum, es el nombre que les dan a todos esos niños.

Bueno… fuck. Pensó para sus adentros.