Orphan Games
Complicaciones
Año 69:
Ciudad Capitolio – Dyad Institute
Dr. Aldous Leekie (Genetista)
Han pasado cuatro años y aún estamos en pañales respecto a replicar el experimento Duncan. El camino ha estado lleno de altibajos y los progresos son pocos, aunque significativos. Pero esa no es mi única preocupación pues, al mismo tiempo, luchamos por mantener el favoritismo de Snow y por consiguiente obtener sus capitales para seguir desarrollando nuestras investigaciones. Sin embargo la lucha resulta cada vez más difícil pues, además de las dificultades que trajo la destrucción del laboratorio principal en el Distrito Dos, han aparecido un par de competidores tenaces, por un lado el Proyecto Castor, destinado a la clonación masculina y el desarrollo acelerado de hombres de cualidades físicas excepcionales para incorporarlos al cuerpo de Agentes de la Paz que resguarda los distritos más revoltosos. Por el otro, cobra un auge inesperado la terapia alternativa con nanobots, desarrollada por la bioingeniera Evie Cho, quien fuera una de mis más brillantes discípulas, una mujer joven y brillante, cuya carrera acaba de despegar. Ambos prometen de cierta manera resultados superiores y más prácticos que los que nosotros hemos reportado.
Por más que quiero permanecer tranquilo, incluso satisfecho con nuestros pequeños avances, me domina la frustración. No termino de comprender como hemos perdido a la mitad de nuestros sujetos y, a pesar de mis temores, los juegos no han tenido nada que ver. Tres de ellas se han ido de manera definitiva: Jennifer, en el Distrito Cuatro murió a causa de una enfermedad, mientras que Katja y Arianna, que vivían en el Nueve y el Diez respectivamente, fueron asesinadas; estudios en sus restos mortales revelaron que empezaban a mostrar los mismos síntomas que Jenn. Por otro lado, Veera, Helena y Sarah se encuentran fuera de nuestros radares desde hace dos años.
Las seis que permanecen bajo nuestro escrutinio han desarrollado personalidades muy distintas: Allison es una neurótica del orden y el control, a su temprana edad ya es quien gestiona la pequeña tienda de jabones y fragancias de su madre. Antoniette (o Tony, como prefiere que la llamen) ha llevado al límite su individualidad, es lo que aquí conocemos como transexual, pero en su distrito es una paria social, incomprendida y aislada. Cosima es una genio, totalmente comprensible al crecer en el Distrito Tres. Krystal también es una digna hija de su distrito, sus padres adoptivos manejan una fábrica de pelucas de lujo y ella ha mostrado interés por la cosmetología. Beth es la más reservada de todas, no suele relacionarse con casi nadie y su único amigo, Artie, es tan hosco que no hemos podido reclutarle como monitor.
Rachel es la única que permanece a salvo bajo mi cuidado, es una chica genial, tenaz, disciplinada, inteligente, y sobre todo consciente de su realidad gracias a su padre; que además no ha mostrado ningún síntoma similar a los de Jenn, de hecho los estudios que le hemos practicado no arrojan nada concluyente sobre el desarrollo de la extraña enfermedad autoinmune que estamos investigando y que actualmente afecta a otras dos de sus hermanas, así como a las decenas de embriones inviables que hemos creado a partir de su ADN y que han tenido que ser descartados. Cuando supe del mal de Jennifer supuse que su salud había mermado al verse expuesta a las condiciones extremas de los Distritos, pero al recibir los resultados de las autopsias de Aryanna y Katja y constatar que desarrollaban la misma enfermedad, aunado a los embriones defectuosos resulta imposible pensar que la hayan adquirido en sus distritos, pues no existe evidencia de casos similares, y el mal aparece en distritos muy distantes.
Complicaciones, complicaciones, complicaciones que no hacen más que desalentarme, sin embargo sé que si me rindo ahora tras tantos años de ocultarle estas condiciones a Snow, mi destino estará por completo en sus manos, no me queda más que seguir adelante. De pronto la voz de Dorianne a través del intercomunicador me saca de mis cavilaciones.
—Doctor Leekie, el señor Dierden ya se encuentra esperándolo en la sala de juntas.
Al fin ha llegado, Paul es la nueva estrategia que utilizaré para poder obtener datos más fidedignos sobre las chicas. Si esto funciona, si todo se aclara, volveremos a ser tan competitivos como en un principio.
Distrito 11
Antoniette "Tony" Sawiki – 16 años.
No me siento en casa en ninguna parte, en el distrito soy la más grande e indeseable de las rarezas, con mi tez blanca, mis delicadas facciones y mi empeño en parecer más un chico que una nena. Me siento atrapada en todo sentido, atrapada en este cuerpo que debo esconder, que exhibe atributos que no deseo, atrapada en un distrito cuyos habitantes suelen mirarme con extrañeza, los más supersticiosos me evitan a toda costa, cruzan la calle si por casualidad iban en la misma que yo, en el orfanato ya nadie quiere juntarse conmigo, cuando era más pequeña mis inclinaciones pasaban más desapercibidas o eran ignoradas, ahora soy una rareza que nadie quiere cerca. Soy una maldita mofeta de la que nadie quiere saber nada...
Y es difícil vivir como lo hago yo, sintiendo que no tengo lugar en el mundo, en este país, en esta sociedad. Incluso los días como hoy, de cosecha, preferiría que me llevasen al Capitolio. Quizá sería la única manera de crear un cambio en mi vida. Uno favorable. Nosotros los huérfanos siempre entramos en las urnas de selección, pese que aquí se hace preselecciones, el hecho es que a nosotros nadie nos extrañaría y al deshacerse de nosotros le quitan una carga al distrito. Por ello todos los chicos del orfanato estamos presentes en la plaza principal. La escolta escoge un par de nombres que ni me molesto en registrar, pero por más que desee irme... escapar... algo me ata... y no soy capaz de presentarme voluntaria cuando ella hace la pregunta con parsimonia. El momento pasa y envuelta en mi propia conmiseración me regreso al orfanato.
No tardo en notar que Liam y Baxter me siguen, intentan intimidarme con su bravuconería, pero no les daré el gusto de mostrarle miedo. Al contrario, me aseguraré de darles una paliza que les dolerá hasta en el orgullo.
Apresuro el paso y me escondo a la entrada del mercadillo, al verlos pasar les salgo por detrás y toco a Liam en el hombro, cuando se gira sobresaltado le golpeo con la parte inferior de mi palma en la base de su nariz, empujando hacia arriba con fuerza. Él trastabilla y se cae, mientras Baxter se cuadra frente a mí y lanza dos puñetazos a lo desesperado. Esquivo uno girando mi torso y el otro lo detengo con mi mano derecha, al tiempo que le asesto un rodillazo en su estómago, aprovechando la casi inexistente distancia entre nosotros.
Doy un salto atrás y esquivo por poco el palo que ahora le funge de arma a Liam. Me parece muy bajo, pero al mismo tiempo me alienta, no pretendo dejar que me ganen, aunque no peleen limpio. Él abanica una y otra vez el palo en mi dirección, mientras su compañero se coloca tras de mí, tratando de evitar que huya.
Pero planeo hacerlo, al contrario, necesito ponerle punto y final a la estupidez de ambos. Así que sin importarme el destino del vestido azul celeste que me obligaron a ponerme esta mañana, me tiro al suelo, barriéndome y tirándolos a ambos. Me levanto de un salto, sin reparar en que me he lastimado una rodilla, y les quito el palo, lo levanto sobre mi cabeza y justo cuando me dispongo a golpearlos tan fuerte como pueda alguien me levanta del suelo y un agente me arranca el palo de entre las manos.
—Demasiado pronto para dar problemas, Sawiki—. Por su forma de arrastrar mi apellido sé que se trata de Lamar. Uno de nuestros nuevos agentes de la paz, no se puede negar que el Capitolio sólo nos envía lo más selecto al Distrito Once, es cruel y detestable a pesar de su cara de niño bonito.
Suele andar con sus dos hermanos, a saber qué mierda tienen en la cabeza en el Capitolio, como para que tres hermanos se alisten para venir a este lugar. Me remuevo entre los brazos de su compañero, hiriéndome al rozarme contra su uniforme reforzado, pero él no está dispuesto a soltarme. Los chicos con los que peleaba se levantan y corren sin detenerse a mirar atrás. ¡Malditos cobardes!
Gruño y lanzo patadas a diestra y siniestra, pero mi captor ni se inmuta, mientras, Lamar se saca el casco y me dedica una sonrisa propia de un trastornado.
—¿Cuándo aprenderás a comportarte como una señorita?—Pregunta al tiempo que desliza una de sus manos sobre la piel desnuda de mis muslos.
Su contacto me provoca arcadas, pero no hay forma de librarme. Tan sólo apretar los dientes y aguantar...
Distrito 7
Sarah Manning – 16 años.
Es la tercera semana consecutiva que amanezco con náuseas y el segundo mes de retraso de mi periodo. No hay lugar a dudas, el lío es enorme esta vez: estoy embarazada y el padre se ha ido del distrito. Para completar el panorama se me ocurrió venirme a vivir con Vic cuando Cal se marchó, porque de ninguna manera podría volver a casa de Siobhan, ya no confiamos la una en la otra, nos hemos ocultado demasiadas cosas; sin embargo sus celos me están empezando a asustar, prácticamente no quiere que salga con nadie, me siento aislada, y lo único que pienso es en huir de él y del distrito. Y sólo hay una persona que me puede ayudar...
Encontrar a mi querido hermano de acogida no es difícil. En medio de la noche sabatina sólo hay que seguir los murmullos de quienes se quejan de haber sido robados, pero que mañana no se atreverán a denunciar porque nadie en este maldito distrito machista admitirá que se dejaron seducir por un enigmático chico gay.
Apenas llego al pequeño bar, vislumbro a Fe en la barra, conversando animadamente con la camarera.
—Hey, Fe… —le saludo, tomando asiento a su lado. Él entrecierra sus ojos cuidadosamente delineados de negro y se echa hacia atrás en su asiento.
—¿Sarah? ¿Qué haces aquí? ¿Ya te cansaste de tu protomacho? —Inquiere burlándose de la apariencia de Cal que, para ser un chico del capitolio, su descuidada barba y su larga cabellera, armonizaban totalmente en el Distrito Siete.
—Eh… larga historia…
—Te invito un trago y me la cuentas —Sonríe con la complicidad de siempre, más relajado.
Me siento tentada a aceptar la bebida, pero hay un pequeñín creciendo en mi interior y algo me dice que echarme un par de copas no le hará nada bien.
—Prefiero que vayamos afuera— por la mirada que me dedica supongo que la idea no es de su agrado. —Vamos, Fe… necesito tu ayuda.
Ahí está, lo he dicho, y él guarda silencio, su mirada refleja escepticismo y curiosidad a partes iguales, pero al final, como siempre, se queda a mi lado, es la única persona incondicional conmigo, es mi hermano, a pesar de que la misma sangre no corre en nuestras venas.
Caminamos un poco, alejándonos de las bombillas amarillas que iluminan la entrada del lugar, un par de hombre robustos están fumando algo, y nosotros tomamos el lado opuesto, escondidos entre las sombras. Sé que no es fácil lo que voy a pedirle, pero nunca he sido de andar con sutilezas, así que se lo lanzo de buenas a primeras, tal como me llega a mi mente:
—Cal me embarazó, Felix. Y pienso ir tras él al Distrito Tres. Pero no puedo hacerlo sola.
Decir que he dejado a Fe sin palabras por fin no se siente tan bien, dadas las condiciones. Siento la recriminación y el reproche en su mirada, pero guarda un absoluto silencio. Yo preferiría que profiriera los insultos que de seguro está pensando, pero que me dijera algo. Lo necesito, es la verdad, no quiero irme sola…
—A pesar de lo que puedas estar pensando, tengo un plan —murmuro tras unos cuantos segundos sin que pronuncie palabra—. Entiendo si no quieres seguirme, pero esta vez las cosas serán diferentes, este pequeño "monkey" las hace diferentes.
—¿Cuál es el fantástico plan? —Pregunta con sarcasmo, pero se lo paso por alto, sé que me lo merezco.
—He acumulado un buen alijo de la coca de Vic. Me iré con eso en el primer tren en que logre colarme, venderé esa mercancía y luego encontraré la forma de llegar al Distrito Tres…
—Pero, Sarah… no tiene sentido.
—Funcionará… Además si me quedo y Vic se entera, me matará… por ahora todo ha estado en santa paz porque cree que lo escogí a él por sobre Cal, pero al saber que estoy embarazada tendrá la certeza de que no es suyo, jamás lo he dejado tocarme sin protección…
—Pero no tomaste esa preocupación con Cal… ¿Cómo fuiste tan tonta? ¿Quién te asegura que estará dispuesto a recibirte... o que tan siquiera lo encontraremos…? Son demasiados riesgos para una mujer en tu estado… Yo en tu lugar me tragaría mi orgullo y le pediría ayuda a la señora S.
—Sólo cuento contigo, Fe… Pero lo haré con o sin tu ayuda...
La lucha de voluntades no dura mucho, sé que la he ganado cuando pasa su brazo sobre mis hombros y empieza a hablar sobre las cosas que hay que llevar. Siento un alivio indescriptible al sentir su contacto, su apoyo... Felix nunca me decepcionará...
Y después de milenios, aquí está el segundo capítulo... Ya saben como hacerme saber sus opiniones, críticas y sugerencias.
Saludos,
S.
