Encuentros

Ambos se alejaron hacia la Plaza de los Vosgos, la noche era tranquila y eran los únicos que paseaban por el lugar, como si de dos espíritus libres se tratara. Oscar, a pesar de la curiosidad, parecía no querer interrumpir aquel momento por lo que se dedicó a mirar furtivamente al desconocido que la acompañaba, reparando en la fineza de sus movimientos, algo que no era muy común en aquellos días. Víctor tenía puesto un elegante, pero sencillo, abrigo azul oscuro, se veía que por dentro vestía un traje gris con una camisa un tono más bajo, sin corbata y desabrochada a la altura del cuello, su distintivo cabello estaba recogido hacia atrás y debidamente atado; todo en él era refinado, aunque lo que más le llamó la atención, eran sus felinos ojos verdes que mantenían su ternura inicial. Sin embargo, la cazadora no dejaba de estar alerta, puesto que tenía sospechas sobre la naturaleza de su acompañante, por lo que sutilmente posaba su mano sobre la daga que escondía en su abrigo.

Por su parte, Víctor no podía dejar de verla, todavía no podía creer que ella fuese real y no el producto de sus cavilaciones; se dedicó un par de minutos a examinarla. En efecto era su mismo rostro, mismos ojos, el cabello un poco más corto de cómo lo recordaba, pero igual de hermoso; aunque lo que más llamó su atención fue su ropa, su estilo era siendo totalmente andrógino. Analizó la particular vestimenta: la joven usaba un abrigo rojo oscuro a la altura de las rodillas, pantalones azules con botas altas, sin adornos, sin aretes, ni maquillaje. En resumen, la Oscar de siempre.

-Deja de verme así, me haces sentir incómoda – habló ella terminando por fin con ese silencio que se había formado entre los dos.

-Lo lamento, no es mi intención, es sólo que me cuesta creer que seas real… siempre que te veía desaparecías como si nada, así que me acostumbré a la idea de que únicamente eras un recuerdo, como todo lo que alguna vez fue mi vida.

Ante ese comentario, Oscar confirmó sus sospechas, por lo que directamente preguntó -¿Eres humano?

-Lo era... cuando nos conocimos, hace ya tanto tiempo, en la Francia monárquica… ¿lo recuerdas? - preguntó un tanto esperanzado.

-No mucho, sé que esos sueños corresponden a una vida pasada, sé que me llamaba Oscar aun siendo mujer, algo muy extraño, por cierto, pero no logro ver cosas o eventos en concreto, tú eres lo único que veo con claridad, lo demás es tan confuso… alguien una vez me dijo que al encontrarte se aclararía mi pasado, la persona que fui y que sigo siendo - respondió posando su mano aún en la daga bajo el abrigo.

-No te haré daño, entiendo que temas a mi naturaleza, pero puedes soltar tu arma, no corres peligro conmigo… no soy como los demás de mi especie- habló Víctor al notar que ella sujetaba algo con la mano izquierda.

-No te tengo miedo, tú deberías temerme a mí ya que no soy tan inocente como parezco- lo miró con altivez -Si quisiera te habría atacado desde el primer momento, pero prefiero tomar mis precauciones, si me llamas en sueños es obvio que necesitas algo de mí- de repente su celular comenzó a sonar, era un mensaje de su hermana -Tenemos que irnos de aquí, creo que están buscándome y si mis amigos te ven no serán gentiles contigo, créeme.

-¿Cazadores? que interesante- en ese momento pareció recordar algo -Esto debe ser una cruel broma del destino…

-¿A qué te refieres? - respondió la joven ante el comentario del elegante hombre.

-Escucha, sé que no puedo esperar que confíes en mí- Víctor se acercó a ella con una expresión suplicante a la vez que la sujetaba de los hombros -Pero por favor ve con quienes te buscan, será mejor que no te sigas exponiendo, este día es peligroso, no te fíes de tus habilidades. En dos días estaré en esta misma plaza al atardecer, si vienes te diré quién eres realmente, pero ahora… por favor vete a casa.

Por su parte Hortense permanecía en compañía de Alain y André, este último permanecía intranquilo, aunque trataba de disimularlo.

-¡Quieres estarse quieto un momento!- gritó Alain ante la actitud de su compañero -Si su hermana dice que nada le va a pasar, ¡Es porque nada le pasará!... discúlpalo nena- dijo pasando un brazo sobre el hombro de Hortense- creo que le gusta tu hermana.

Ante ese gesto la mayor de las Jarjayes respondió -Será mejor que me sueltes o comprobarás que Oscar no es la única que sabe defenderse.

-Woow, la gatita tiene garras - exclamó soltando a la joven -Eso me agrada.

-¡Deja de bromear que en estos momentos mi paciencia no es de las mejores!- André exclamó -Hortense, ¿realmente crees que ella está bien?... No debí haberlos escuchado, tendría que haberla acompañado.

-Sí, de hecho, allá viene - respondió la joven señalando a su hermana, quien se acercaba a ellos con un rostro pensativo. André fue a su encuentro.

-¡Oscar!, ¿Estás bien?, no debiste salir así, pudo ser peligroso- el hombre de ojos verdes la veía preocupado a la vez que revisaba que no estuviera lastimada.

-Estoy bien, ¿Puedes soltarme?, no eres nada mío para toquetearme de esa forma- le habló la joven tratando de apartarlo, puesto que no quería que él percibiera que ese gesto que estaba teniendo con ella la ponía nerviosa.

-No tienes por qué ser grosera- le reclamó Hortense -Es normal que se preocupen por ti, después de todo saliste como loca y desapareciste; lo que André está haciendo se llama empatía y preocupación, pero parece que se te olvida eso.

-Está bien, gracias por tu preocupación André, aunque creo que no era necesario, se cuidarme sola- le habló apenas viéndolo, mientras que él sólo se limitó a sonreír.

-Bien, ahora que ya apareciste, creo que podemos ir a descansar un poco- Alain miró con cara de pocos amigos a la rubia -Nuestra plática tendrá que quedar para otro día, hoy será imposible ya que hay que ir de cacería.

-Será mejor que hablemos hoy- le interrumpió Oscar -Creo que pueden venir con nosotras a casa más tarde, al final seremos aliados, ya está decidido y tenemos que idear un plan.

Completamente sorprendido ante la repentina propuesta, Alain le respondió con cierto aire de burla -¿En serio nos estás invitando a tu casa? ¿Qué no has escuchado que no lleves a extraños a tu hogar?

-Si crees que temo que nos hagan algo te equivocas- expresó la cazadora de forma muy segura - creo que quien debería de tener miedo son ustedes, tengo muchas armas y soy una experta con los cuchillos - al terminar de decir esto Oscar deslizó su daga sobre el pecho de Alain, posándola en su cuello.

-¡Estás loca! - le respondió este alejándose de ella

-Iremos- expresó André - Esto nos involucra, iremos... y tú deja de molestarla - le dijo a su compañero mientras le daba un manotazo en la cabeza.

-¡Oye no me agredas! - le refutó Alain - No te dará puntos con ella - murmuró entre dientes.

-De acuerdo, ahora vámonos, no podemos permanecer aquí... llamaremos la atención - habló Hortense - Oscar, dame las llaves del auto.

-¡Oye!, dijiste que yo conduciría a casa - le reprochó la joven.

-No después de dejarme abandonada a mi suerte - sentenció la mayor de las hermanas.

-o-o-

Francia está de fiesta, celebran su independencia. El protocolo establecido contempla el desfile militar, los fuegos artificiales y la simbólica Torre Eiffel iluminada con los colores de la bandera. Para cualquier ciudadano una ocasión imperdible, para Víctor, la señal de que debe partir, pero esta vez no será así, no ahora que por fin ha vuelto a ver a Oscar -No me importa si mi vida corre peligro, el solo hecho de verte de nuevo hace que pueda morir en paz - raudo tomó el teléfono y llamó a la agencia de viajes -Buenos días señorita, necesito cancelar una reservación a nombre de Víctor Girodelle.

Deshizo su maleta y entre sus cosas encontró el boceto de Oscar que una vez dibujó, el papel ya tenía cierto color amarillento, lo que sin duda atestiguaba los años que lo llevó consigo. Lo tomó cual tesoro y caminó hacia el escritorio en su habitación. La luz del sol se colaba por la ventana y hacía parecer que esas pequeñas partículas de polvo que hay en el aire participaran de una danza sublime, el perfume de las rosas que adornaban la habitación le pareció más intenso, el canto de las aves que provenía del jardín se escuchaba más encantador que de costumbre -Creo que vendría bien actualizar esta imagen- dijo tomando una hoja de papel y un lápiz - Veamos, tu rostro sin duda sigue siendo lo más hermoso que han visto mis ojos, tu cabello… tus hermosas hebras doradas, un poco más cortas pero ese mechón rebelde sigue en su lugar- Víctor sonreía mientras se dedicaba a plasmar nuevamente el rostro que nunca pudo olvidar.

Mientras tanto en la casa de las hermanas Jarjayes, Oscar se había empeñado en rebuscar entre las cosas de su abuela algo que le diera más indicios de aquel a quien siempre veía en sueños. En su mente rememoraba su fugaz encuentro.

-No me pidas que me vaya, aún no me respondes quién eres - la joven renegaba ante la petición de Víctor.

-Lo lamento, mi nombre es Víctor Clemente de Girodelle, fui Capitán de la Guardia Imperial al servicio de su Majestad María Antonieta.

-¿Por qué te veo en sueños? ¿Qué relación nos unía? - dejando a un lado cualquier miedo o precaución, Oscar lo tomó del brazo como una manera de evitar que se fuese.

-Tú eras mi Comandante - respondió tranquilamente.

-¡Mientes! - de repente Oscar sacó su daga y la colocó amenazante en el cuello de Víctor - No existían mujeres en la milicia en aquellos días. ¿Qué pretendes al decirme algo tan absurdo?

-No miento, tu padre, el General Regnier de Jarjayes, al no poder tener un heredero, decidió criar a la última de sus hijas como un varón, para que fuese su sucesor al servicio de los Reyes, por eso tienes un nombre masculino. Él te entrenó con diligencia, logrando que te convirtieras en poco tiempo en un oficial destacado, nadie te podía igualar, eras la mejor en todo, nunca demostrabas miedo y eras capaz de enfrentar un ejército por tu cuenta- sonrió - Y al parecer lo sigues siendo... ¡Quieres por favor quitar esa daga de mi cuello!, si quieres matarme asegúrate de hundirla en mi pecho, en el cuello sólo me provocarás un dolor de cabeza.

-Ya lo sé - respondió ella bajando el arma -No me subestimes.

-Jamás lo haría - expresó él -Lamento que no puedas encontrarte en los libros de Historia para confirmar mis palabras; Robespierre se encargó de que el pueblo no mencionara la participación de la Ex Comandante Oscar François de Jarjayes durante la toma de la Bastilla, una mujer militar, de noble cuna y amiga de la Reina, que se revelaba a favor del pueblo, le habría robado toda la atención, te habrían convertido en el símbolo de su lucha y eso no iba de la mano con sus planes.

-¿Qué haces aquí? Llevas toda la mañana en el desván ¿qué tanto buscas? - preguntó Hortense, quien había subido a buscarla, la mayor de las Jarjayes se sorprendió al ver el increíble desorden que la joven había hecho al revolver casi todas las pertenencias familiares.

-¡Hortense!... casi me matas de un susto- respondió Oscar, su hermana acababa de sacarla de sus pensamientos - Buscaba algo de información, es todo.

-No me engañas, esto tiene que ver con tu encuentro con ese hombre, desde ayer estas muy extraña y pensativa, y aún no me has dicho de qué hablaron.

-¿Cuánta de nuestra historia familiar conoces? Digo, ¿hubo militares en nuestra familia?

-Supongo, hubo dos guerras mundiales, toda Europa tiene un ancestro que estuvo en la milicia ¿A qué viene todo esto? ¿Podrías dejarte de rodeos? - le respondió un tanto irritada.

-Quisiera poder decirte todo, pero ni siquiera yo entiendo qué está pasando - respondió Oscar - él me dijo que fui una militar en tiempos de la Reina María Antonieta ¿puedes creerlo? El solo hecho de decirlo es ridículo, en esa época las mujeres era un florero más, incluso la Reina era un florero, uno muy caro, por cierto.

-Entonces busca en una biblioteca, nuestro desván no es un centro de historia por si no te has dado cuenta- Hortense hizo un gesto señalando el desorden.

-No hay nada en los libros de historia, según él, fui borrada por orden de Robespierre, ¡demonios! Mientras más lo repito, más ridículo suena. Necesito encontrar algo, tal vez en nuestra familia, ya sabes... algún objeto antiguo o algo que compruebe sus palabras.

Al escucharla Hortense no pudo evitar estallar en risas -Discúlpame Hatshepsut(1) francesa, esto suena hilarante.

-¿De qué demonios hablas? No te burles de mí.

-¡Rayos, Oscar!, debes de leer más de historia antigua. Hatshepsut, la reina-faraón, asumió el rango después de la muerte de su marido, tuvo que hacerse pasar por hombre para quedarse en el trono; luego de su muerte sus detractores se encargaron de borrar todo registro de ella para que no hubiese evidencia de que una mujer gobernó Egipto, pero al final no funcionó, siempre queda algún vestigio, de ahí que hoy sepamos quién fue; quizá tu versión del siglo XVIII también aparece como un hombre o hay algo que mencione quién era o qué hizo en algún registro perdido o ignorado por ahí.

De repente, la mirada de Oscar se iluminó, se levantó rápidamente y abrazó a su hermana - ¡Cielos como amo tu cerebro Hortense!

-Suéltame, estás toda llena polvo - le dijo entre risas.

Oscar soltó a su hermana y procedió a salir de la habitación.

-¿A dónde vas?- se apresuró a preguntarle.

-Al museo, haré un poco de "arqueología"- sin mediar más palabras se fue.

Oscar recordó la exhibición especial en honor a la Independencia, una vez que llegó al museo, fue directo a la sección dedicada a la Revolución, el salón había sido recientemente renovado debido a la política del nuevo Presidente Emmanuel Macron de "Apelar a la memoria colectiva para construir una nueva Francia, contemplándose en el pasado, para proyectarse al futuro"; pensando en esto, la administración había puesto en exhibición nuevas piezas, algunas tan antiguas, que podía sentirse que se viajaba al pasado al contemplarlas. La cazadora se dedicó a examinar minuciosamente una de las pinturas que representaba la gesta heroica de la toma de la Bastilla "Demonios, si realmente estuve allí debería sentir algo al ver esto" pensaba examinando con cuidado los detalles. Avanzando un poco más en la exhibición se topó con un cuadro del mismísimo Maximilien Robespierre, aunque ya había visto un retrato suyo con anterioridad, por primera vez sintió algo de incomodidad al ver su imagen, "Sólo espero no haber creído en sus palabras"; siguió caminando hasta toparse con las pinturas de la época, había un cuadro de la familia real en donde la Reina María Antonieta posaba junto a sus hijos "Amiga de la Reina… esto es demasiado" -Necesito encontrar algo o voy a enloquecer- gruñó desesperada.

-Tal vez yo pueda ayudarle- el encargado del museo se había acercado al ver la peculiar curiosidad que demostraba ante lo relacionado a la Revolución -Si está realizando una Tesis, déjeme decirle tenemos una amplia gama de documentos que pueden serle de mucha utilidad.

Sin vacilar ni un poco y dispuesta a aprovechar la gran oportunidad ante sus ojos, respondió - Sí, estoy preparando una Tesis... es sobre la Monarquía Francesa, pero tengo un especial interés en los Guardias del palacio.

-La Guardia Imperial- respondió orgulloso el encargado -Venga conmigo esto le fascinará.

Louis, el responsable del museo era un hombre de mediana edad, con un par de canas que se asomaban por su cabello, de aspecto amable, se podía percibir que realmente amaba estar en ese lugar; muy emocionado guio a Oscar en un pequeño tour por el museo y sus nuevas adquisiciones, dentro de estas figuraban libros datados de la época de los últimos Monarcas franceses y registros fidedignos, tomados a puño y letra, de miembros de La Guardia Imperial, estos formaban parte de la colección más valiosa del museo y únicamente se exhibían como parte de la celebración por la Independencia, al examinar uno de los documentos con más cuidado, pudo notar la firma del Capitán de la Guardia, escolta de la Reina, "O. De Jarjayes" -¿Será posible…?- susurró.

-¿Disculpe?- preguntó el encargado.

-Eh... no, decía si será posible tener algún cuadro en donde se puedan apreciar los rostros de los miembros de la Guardia Imperial- necesitaba comprobar que no se trataba de una extraña coincidencia.

-Me temo que eso no es posible, pero si necesita referencia de medios visuales le recomiendo que pasemos a otra sala, allí se encuentra una pequeña colección de libros y escritos dedicados a diferentes pintores de la época, existen trabajos magníficos, y creo que hay un libro con datos verificables que puede servirle de referencia, el gran Maestro Armand era el retratista de los Nobles de la época, y más de alguno de ellos seguramente sirvieron en la Guardia Imperial; hay libros que recogen su obra, venga conmigo- Oscar rápidamente tomó una fotografía del documento, obviamente sin dejar que el hombre la viera, puesto que dicha acción estaba terminantemente prohibida.

-Señorita, por favor, no se quede atrás- le habló amablemente.

-Lo siento, sólo tomaba un par de notas- mintió.

La denominada "otra sala" no era más era un salón lleno de libros, que más bien parecía una biblioteca -Como puede ver, no está abierta al público, pero noté su entusiasmo y creo que podemos hacer una excepción- rápidamente el hombre buscó un par de libros en donde se recopilaba la obra del célebre pintor, más otros dos de pintores contemporáneos, en ese momento alguien llegó a buscar al encargado del museo.

-Espéreme aquí, vendré en un par de minutos... por favor no toque nada, son objetos muy valiosos- le advirtió.

Haciendo caso omiso a las palabras previas, Oscar tomó uno de los libros y empezó a revisar una por una las representaciones de sus obras, perdiendo un poco la paciencia al no encontrar nada que respondiera las dudas que aumentaban a cada minuto en su cabeza, hasta que de pronto lo vio -¿Pero qué...?- dentro del contenido había un espacio apartado a aquellas obras que se consideran "Sobrevivientes de la Revolución" se trataba de retratos y cuadros representativos que no fueron víctima de los saqueos y del odio hacia los nobles, debido a que se encontraban ocultos o, como en el caso de un cuadro en particular, en manos de una doncella del pueblo llamada "Rosalie" la última sirvienta de la Reina María Antonieta. En dicho cuadro figuraba un militar de cabellos rubios y finas facciones, era su retrato -Soy yo…- habló desconcertada -Es mi retrato...- en el epígrafe de la imagen se podía leer la fecha que aparecía en la firma del mismo, agosto 23 de 1776, en ese momento escuchó unos pasos que le indicaban que el encargado regresaba, sin perder tiempo se guardó el libro en su mochila y trato de fingir normalidad, pero su sorpresa seguía siendo evidente.

-¿Se siente bien?- le preguntó amablemente el caballero.

-Eh… sí, es solo la emoción de tener tanta información, es una pena no poder llevarme una copia, ya sabe cómo es esto, a veces tienes que presentar evidencias.

-Creo que puedo ayudarle un poco con eso, tengo un amigo que es anticuario y trabaja medio tiempo en la Biblioteca, él podría compartirle registros que puede reproducir para su Tesis- el hombre parecía apesarado mientras contemplaba todo el material en los estantes- Me encantaría que estas obras pudieran estar al alcance del público, pero, debemos preservarlas, lamentablemente al estallar la Revolución el pueblo enloqueció de odio y empezó a destruir objetos realmente valiosos tales como pinturas, libros, registros ¿Puede creerlo?, casi borramos nuestra historia, nuestro arte… en fin- suspiró- mejor ojeamos los libros- al decir esto su rostro volvió a mostrarse amable y sereno.

Al llegar a casa Oscar se sintió terrible por haber engañado a tan amable caballero -Espero que esto no te traiga problemas Louis, juro que lo devolveré en cuanto pueda- expresó sosteniendo el libro con la evidencia que necesitaba.

-Hasta que por fin apareces- le reclamó Hortense -Oscar sabes que te quiero, pero a veces no soporto que no me dejes ayudarte y más aún que no me digas lo que realmente pretendes, no se supone que las cosas deban de ser así. ¿Quiere por favor hablar con total sinceridad conmigo? Siento que no me has dicho algo importante.

-Prometo que te contaré todo, solo déjame ordenar mis pensamientos, por favor - se limitó a responder.

Hortense comprendió que no diría nada, por lo que prefirió desistir de preguntar -Vaya que estás extraña, mejor ve a prepararte, hay que irnos- al decir esto procedió a marcharse de la habitación.

Después de un par de horas se dirigieron al lugar en donde ya finalizaba el desfile, la pompa y la algarabía abundaban por doquier; se trataba de una ocasión memorable. Al encontrarse nuevamente con los dos cazadores, Oscar planteó una nueva estrategia para esa noche, curiosamente fue bien recibida por ambos jóvenes. Optaron por separarse en un perímetro no muy extendido, el objetivo, vigilar movimientos extraños y atacar solamente en casos extremos, permaneciendo en contacto todo el tiempo. "¿Por qué no estás aquí Víctor? ¿De qué te escondes?" pensaba Oscar, fue cuando escuchó que la llamaba la persona que menos deseaba ver en un momento como ese - ¡Jarjayes, no creí encontrarte por aquí!, creo haberte oído decir que no eras de celebraciones "frívolas" - Sebastián Agreste(2) se dirigía a ella, evidentemente ebrio.

-Santo cielo, solo mírate- lo recorrió con la vista como si de un bicho se tratara -Y aun así tienes el descaro de decirme que salga contigo y tus amigos - le reprochó Oscar.

-Corrección, Olivia, nuestros amigos, recuerda que estamos en el mismo grupo de música – expresó de forma seria- Solo tomé un par de tragos para relajarme y sentir el ambiente… ¡mira, van a empezar con los fuegos artificiales! - en ese momento la rodeó con el brazo mientras la giraba para que viera las luces de la Torre Eiffel, curiosamente Oscar no intentó soltarse de él, quedó fascinada ante el espectáculo; desde la muerte de sus padres no asistía a la celebración y cuando por fin se atrevió a hacerlo, la intención ya no era la misma, pero en ese momento volvió a ser la pequeña que gritaba fascinada ante el espectáculo, aferrada a su padre. Esa noche tenía algo mágico, se podía escuchar el efecto eléctrico del juego de luces que iluminaría la Torre Eiffel, de pronto, la emblemática torre se tornó roja a la vez que el espectáculo de luces daba inicio, los gritos de emoción inundaban el ambiente, Oscar no era indiferente a ese efecto que provocan los diferentes juegos de luces de colores. Sin darse cuenta un grito de emoción salió de sus labios, Sebastián solamente sonreía con cierto grado de satisfacción -Sabía que no eras tan estirada, Jarjayes- expresó en son de burla.

-Y tú no dejas de ser un idiota - le respondió ella empujándolo - No me gusta exhibirme, es todo; tengo que irme, no te excedas con el alcohol, recuerda que tenemos una presentación por el Centenario.

Sin perder tiempo la cazadora se dispuso a retirarse, pero escuchó que alguien la llamaba - ¡Oscar!, espera, te he estado buscando, Alain encontró algo que puede interesarte - llevado por la prisa André se había acercado a ella, ignorando por completo al joven rubio que aún permanecía cerca.

-¿Oscar...?- Sebastián la miraba extrañado ante el nombre que había empleado aquel hombre para referirse a su compañera de música.

Inmediatamente la cazadora, trató de excusarse -Es un apodo... solo ignóralo- murmuró entre dientes

En ese momento André reparó en que la cazadora estaba acompañada por un hombre en medio de la multitud, le dirigió una mirada curiosa al joven que no dejaba de observarla; Sebastián Agreste era rubio y de hermosos ojos verdes, reparó en que él parecía tener más confianza de la debida con Oscar, por lo que no pudo evitar preguntar señalando a ambos -¿Ustedes son...?

Sebastián soltó una sonora carcajada mientras Oscar ponía cara de ofendida al entender a qué se refería el cazador -¿Pero qué clase de pregunta es esa?- gruñó la rubia.

-¿Ella y yo? - respondió Sebastián entre risas - Solo somos compañeros en el conservatorio de música y sinceramente no es mi tipo, no me gustan las que están medio locas, así que puedes cortejarla libremente, toda tuya amigo- se carcajeó nuevamente antes de extender la mano a modo de saludo -Por cierto, me llamo Sebastián - André correspondió el saludo.

-André Grandier, lamento la imprudencia.

-Bien ya se presentaron, ahora hay que buscar a mi hermana- dijo Oscar arrastrando de un brazo al cazador mientras le gritaba a su compañero de música -¡Eres un idiota Sebastián!

-Chiao Jarjayes- el joven rubio se despidió haciendo un gesto con la mano mientras pensaba "Oscar... él amaba a una mujer llamada Oscar, ¿será posible que haya estado frente a mis narices todo este tiempo?", su expresión alegre había cambiado por completo, su mirada reflejaba odio, "Si ella resulta ser quien pienso que es, significa que por fin te tendré en mis manos Víctor, de esta no sales vivo" -Lo siento por tí, "Oscar"- murmuró.

-o-o-

Puestos en el hogar Jarjayes los cazadores reanudaron su plática, aunque no parecían llegar a un acuerdo sobre los hechos acontecidos en la ciudad.

-Quizá sea una especie de ritual entre ellos- comentó André.

-No lo sé, presiento que hay algo más detrás de todo esto- agregó Hortense viendo a su hermana.

-Solo les digo que acabo de descubrir que todo esto responde a una especie de venganza -expresó Alain un tanto orgulloso -Uno de los tipos a los que seguí, habló algo de que debían encontrar a un sujeto llamado Víctor, para llevarlo ante otro... pero no escuché su nombre ya que en ese momento empezaron los fuegos artificiales.

Oscar palideció al escuchar el nombre de aquel a quien miraba en sueños, no queriendo dejar en evidencia su turbación, decidió dejar la sala en donde estaban -De acuerdo, primero hay que averiguar quiénes son esos dos - fue lo último que dijo la rubia antes de levantarse y dirigirse a la terraza, llevaba consigo el cuaderno de su abuela.

Después de un momento André también salió, la encontró allí, sentada en el pequeño muro de protección del improvisado jardín. Sentía que estaba contemplando una visión, su cabello rubio parecía de oro iluminado delicadamente por la luz de la luna; por primera vez la veía sin la habitual chaqueta con la que escondía siempre su melena, se sentía embelesado ante su presencia.

-Disculpa, pensé que no había nadie - habló André.

-Descuida, no me molesta tu presencia... lo siento creo que lo buscas es estar solo - se corrigió Oscar reparando en sus palabras - Hablé desde mi egoísmo, suelo centrarme mucho en mí a veces.

-Creo que todos pecamos por eso - murmuró André mirándola con ternura.

-Ven, siéntate conmigo; quizá lo que necesitamos es un poco de compañía - respondió Oscar

Rápidamente André se sentó junto a ella, era la primera vez que estaban tan cerca desde el día en que se conocieron, cuando ella lo amenazaba con una afilada daga. Quedó sorprendido al sentir nuevamente su aroma. Había conservado el recuerdo en su memoria desde aquel día.

-He querido preguntarte algo - habló André - ¿Por qué te llamas Oscar?

-Es una historia un tanto peculiar, mi nombre es Olivia, al menos mis padres así me llamaron al nacer, pero desde muy pequeña he tenido unos sueños donde alguien me busca y me llama "Oscar", una noche le conté todo eso a mi hermana y ella me entregó esto - le mostró el gastado cuaderno que siempre llevaba consigo -Era de mi abuela, aquí ella me explica que Oscar es mi verdadero nombre y que mis sueños realmente son recuerdos... ¿puedes creerlo? Recuerdos.

-Vaya, que interesante. Yo juraba que era una especie de mantra protector ya que "Oscar" significa "lanza Divina" - respondió André - pero te queda bien, va con tu personalidad.

-¡Vaya, no me equivoque al decir que eras el cerebro de tu equipo! - exclamó sorprendida.

-¿Cómo te convertiste en cazadora, tiene algo que ver con tus sueños? - preguntó André.

-Déjame mostrarte - contestó la joven tomando nuevamente el cuaderno y ubicándose en una página en particular - "No temas a los seres nocturnos, no serán capaces de lastimarte, pero debes ir tras ellos, porque ellos te llevarán a lo que buscas".

-Buena recomendación de tu abuela, ¿de casualidad no hay algo para mí en tu cuaderno? - expresó André en tono de broma.

Ante eso Oscar se quedó seria, nuevamente recordó las palabras que hablaban de un alma gemela. Al notar como el rostro de la joven cambiaba, André trato de disculparse y explicó.

-No me estoy burlando de ti, es solo que me encantaría tener una libreta especial o alguien que me ayude a pensar o aclarar ciertas cosas - dijo desviando la mirada a la vez que se llevaba una mano al cuello, en ese momento no pudo evitar posar su vista en la elegante espada de Oscar, algo que ella notó.

-Antes usaba estacas - dijo ella cambiando rápidamente de tema - Ya sabes… lo convencional, pero luego vi a Blade usando su espada y dije ¡wow, tengo que hacer eso! Así que me dispuse a usarla y ¡listo! ahora los extermino con esta belleza.

Oscar extendió con orgullo su espada Rapier* ante André, era un arma preciosa, larga y con un elaborado detalle en la empuñadura. La espada había sido pulcramente afilada y tenía una punta muy fina.

-Estás consciente de que Blade usa una Katana ¿Verdad? - expresó André mientras examinaba los detalles de la espada.

-Ya notaste que no soy Blade ¿cierto? - respondió la rubia en tono burlón.

-¿Y dónde la conseguiste?

-En eBay; tuve que hacerle un par de arreglos para volverla funcional, pero es mi consentida - dijo con una gran sonrisa de satisfacción -Sabes André, creo que me gusta hablar contigo… no sé si me agradas, pero al menos no me molestas.

-Cielos, eso no me lo esperaba - murmuró él, mientras trataba de ocultar la perturbación que le provocaba estar cerca de Oscar, era más que sólo sentir confianza, era algo que no podía explicarse, nunca en la vida había sentido algo así - A mí también me agradas, eres diferente a todas las chicas que conozco y antes de que digas algo, déjame decirte que eso es bueno, es lo que te hace única.

-¡En guardia! - sin previo aviso Oscar se levantó tomando su espada y la apuntándola hacia André, quien la miró sin entender - Vamos, no te pienso matar, solo entrenemos un poco, déjame ver que tan bueno eres con tus espadas Sai*, mencionó las armas que le colgaban del cinturón, una a cada lado, tratando de animarlo.

-¿Estás dispuesta a perder? Estas bellezas neutralizan espadas largas - respondió animadamente André poniéndose de pie y haciendo girar sus hojas -¿Lista? - dijo tomando posición.

-¡Nací lista!

Ambos empezaron a combatir haciendo alarde de sus distintas destrezas con las armas; Oscar efectuaba certeros ataques, pero André tenía razón, las puntas adicionales de las Sai neutralizaban sus estocadas atrapando su Rapier, por lo que recurrió a su agilidad y dando un giro se colocó en la espalda de su contrincante, lo que le permitió despojarlo de la espada de su mano izquierda. Atrapó el arma en el aire.

-Una menos - dijo Oscar tomando distancia.

-No me preocupa - respondió muy confiado André - la recuperaré fácilmente.

-Ya lo veremos - expresó la rubia mientras giraba hábilmente la recién adquirida arma para luego lanzarla haciendo que se clavara en lo más alto de la pared de madera.

-¡¿Es en serio?! - exclamó con asombro André - bien, creo que te subestime, realmente eres peligrosa.

No cabía duda, ambos se complementaban a la perfección. Oscar era más agresiva con los ataques, compensando con agilidad la falta de fuerza física. André, por su parte, hacía buen uso de su estatura y fuerza logrando una gran defensa.

Luego de un largo combate ambos terminaron tendidos en el suelo en silencio, observando el cielo estrellado.

-Deberías aprender a lanzar tus espadas - dijo ella cortando el silencio que había - Sé que es osado deshacerte de tus armas en combate, pero algún día lo necesitarás, créeme; además ya comprobé que cargas con más de una daga.

-Siento como si te conociera desde antes - André la interrumpió de forma inesperada a la vez que se incorporaba para mirarla de frente, no podía seguir conteniéndose, y como su abuela le había dicho en más de una oportunidad, a veces es mejor pedir disculpas que pedir permiso -Es algo extraño, pero desde que te vi por mi primera vez no logro apartar esa sensación de mí, dime ¿te pasa igual?... no quiero pensar que estoy enloqueciendo, Oscar yo...

-No- sorprendida le puso una mano en la boca para callarlo a la vez que intentaba alejarse de él -No sé de qué hablas- rápidamente se incorporó tratando de alejarse un poco más, André se lo impidió.

-No huyas- trató de razonar con ella mientras la sujetaba con firmeza del brazo, sabía que le estaba mintiendo.

-No estoy huyendo de nada, suéltame- insistió ella. Ambos estaban frente a frente, de rodillas.

-Por favor, no huyas, solo necesito saber si sientes lo mismo que yo, desde que te vi no puedo quitarme esta sensación extraña, cada vez que te miro no puedo evitar sentirme perturbado, estar contigo es como haber encontrado mi hogar... por favor Oscar, por favor háblame - expresó mientras la atraía contra su pecho, abrazándola.

-¡Suéltame! - dijo ella temblando -No me gusta que me toquen.

-Por favor respóndeme- le dijo suavemente al oído.

-No tengo nada que decirte, déjame ir - insistió Oscar - Si no me sueltas tendré que lastimarte y créeme que no quieres eso.

André comprendió que ella no diría nada, por lo que despacio la soltó y procedió a levantarse para entrar nuevamente a la casa. -Lamento haberte molestado -murmuró.

Oscar permaneció de rodillas mientras apretaba los puños negándose a mirarlo, trataba de parecer molesta, pero en realidad no quería evidenciar que aquel repentino contacto con André la había desarmado por completo. Cuando estuvo segura de que él ya había abandonado la terraza, cedió a las lágrimas de frustración que la asaltaron. No lograba entender qué era lo que le pasaba.

André, por su parte, se debatía entre el arrepentimiento por haber perdido el control que lo caracterizaba y la felicidad que había sentido al tenerla entre sus brazos. Esa sensación extraña al ver a Oscar era cada vez más fuerte dentro de él, se sentía confundido, sin saber qué hacer con todos los sentimientos que lo abrumaban, de pronto escuchó la voz Hortense.

-La soledad y el silencio son malos consejeros - dijo tranquilamente la mayor de las hermanas -Vamos, acompáñame a tomar un té.

-Gracias, pero creo que Alain y yo debemos irnos- dijo comprendiendo que Hortense había presenciado todo.

-Necesitamos hablar tú y yo- respondió ella ignorando su negativa e invitándolo a pasar a la cocina -Puedo ayudarte a entender qué es lo que sientes, veo que eres alguien reservado, pero tendrás que hacer un esfuerzo esta vez.


(1) Hatshepsut, gobernó el Alto y Bajo Egipto casi 22 años. Durante su reinado se renovaron y levantaron palacios y templos tan impresionantes como el de Deir el-Bahari. Y le temía más a caer en el olvido que a la propia muerte por haber osado proclamarse faraón siendo mujer. Las creencias religiosas del Antiguo Egipcio dictaban que el papel de rey no podía ser desempeñado por una mujer, algo que a Hatshepsut no pareció preocuparle demasiado. Sin embargo, para combatir este sacrilegio y refrendar su autoridad, la reina optó por disfrazarse de hombre y acicalarse con los atributos de los faraones hombres: el tocado, la falda shenti y la falsa barba, sin rasgos femeninos; además de adoptar los epítetos reales de Rey del Alto y el Bajo Egipto y Señor de las Dos Tierras. Hatshepsut desafió todas las leyes y costumbres del Estado egipcio para materializar sus ambiciones de poder convirtiéndose en la gran reina de la dinastía XVIII. Tras su muerte, y como ella sospechaba, trataron de eliminar toda referencia a su figura; incluso su nombre fue borrado de la Lista de los Reyes hasta que la arqueología la rescató siglos más tarde.

(2) Si alguien reconoce ese apellido me avisa.

*La espada Rapier (o de estoque), es una espada europea de un estilo muy similar a la que usa Oscar en el manga, aunque la espada usada en el cine por Blade para combatir vampiros es la japonesa Katana, preferí la europea por el hecho de que al usarla queda libre una mano, contrario a la Katana que requiere de ambas para manejarla adecuadamente. El hecho de empuñar con una mano proporciona la capacidad de llegar más lejos que si se empuñara con ambas, con el brazo totalmente recto la penetración de una hoja tan fina es arrolladora, además tener una mano libre permite neutralizar otros ataques aprovechando un arma adicional, como una daga.

*El Sai es un arma japonesa con la forma básica de una daga sin filo, pero con una punta aguda. Puede ser usada con eficacia ante espadas como la Katana japonesa, ya que atrapa la hoja entre las puntas adicionales, permitiendo desarmar al enemigo. Si se arroja con suficiente fuerza es capaz de perforar una armadura. Sus bordes sin filo permiten girarla en las manos para emplearlas en ataques frontales o defender la retaguardia, la elegí para André por el hecho de que visualmente son similares a una estaca y son perfectas para combate cuerpo a cuerpo.


Disculpas por tardar tanto en actualizar, pero tuve un par de inconvenientes de tiempo e inspiración y no quería que fuera un capítulo irrelevante. Agradezco muchos sus reviews, eso me anima a seguir esta historia hasta terminarla, así que sigan comentando qué les parece. Gracias a Only D, por su valioso aporte en este capítulo.