Relaciones peligrosas
André aceptó conversar con Hortense sin poner más excusas, después de todo, al ser hermana mayor de Oscar, era normal que quisiera protegerla y pedir cuentas de cualquier acción que le provocase molestia. La joven de castaños cabellos le invitó a sentarse mientras le servía una taza de té para tratar de relajar el ambiente y hablar calmadamente con él, quien al parecer sentía que su paciencia se consumía, no lograba entender cómo había perdido el control "¿Será posible que esté imaginando cosas?" se preguntaba.
De pronto Hortense rompió el silencio - Sé más de lo que aparento, Oscar es la cazadora, pero yo soy la que tiene los dones - la joven tomó las manos de André, a la vez que las giraba para poder contemplar sus palmas, las tocó suavemente con los dedos y preguntó sin apartar la vista de ellas - ¿Alguna vez has soñado con algo tan real, que al despertar sentiste como si eso realmente sucedió?
André recordó las palabras de la cazadora sobre los sueños de una vida pasada –Oscar me contó de sus sueños- se limitó a responder.
-No te estoy preguntando por ella, te pregunto por ti, ¿recuerdas cuando nos conocimos?, esa noche le dije a Oscar que no fue casualidad encontramos con ustedes y lo decía por ti, no sé por qué, pero algo me dice ella y tú comparten algo más que el hobbie de cazar vampiros - Hortense le dirigió una mirada curiosa.
En ese momento, André comprendió lo que la mujer trataba de decirle –Quieres decirme que Oscar y yo nos conocimos en otra vida, ¿es eso?
-¿Qué sentiste la primera vez que se vieron?- le preguntó ella sin prestarle importancia al comentario anterior.
-Sentí algo realmente extraño, fue como si la conociese de toda la vida, como si debiera protegerla, no sé cómo explicarlo, era como si reconociese su rostro, su aroma, sus gestos yo… esto es absurdo- expresó un tanto molesto llevándose las manos al rostro –Si nos conocimos en otra vida, ¿por qué no me reconoce? ¿por qué no tengo sueños en donde vea las cosas que ella ve?, quieres por favor decirme algo en concreto- llevaba demasiados días desconcertado y eso ya lo tenía intranquilo, puesto que él no era así.
-¡Porque no se trata de ti!- exclamó exasperada la de cabellos castaños- No es por ti por quien está sucediendo todo esto, ni siquiera sé si es por ella. ¡Rayos! quisiera poder ver lo que ella ve, sería más fácil para mí entender qué sucede, pero mis dones son limitados, por eso necesitaba comprobar qué sientes al verla - después de un suspiro agregó - Los vi juntos, y había tanta familiaridad entre ustedes, ni siquiera yo, que soy su hermana, la he visto de esa forma, tan libre, tan ella, era como su toda la vida hubiesen estado juntos... pero presiento que no te recuerda o al menos no puede hacerlo.
-Es por el hombre que ella ve en sus sueños ¿cierto? - preguntó André.
-No lo sé, ignoro cual es la razón del por qué ella lo ve en sueños, sólo puedo decir que es porque hay algo pendiente entre ellos, supongo… pues de otro modo no tendría sentido.
André trataba de asimilar toda la información que acababa de recibir, pero le era todavía difícil, nunca había tenido algún sueño particular, no había vestigios, ni recuerdos. Sólo esa extraña sensación que le invadió al ver a Oscar por primera vez y que no lo dejaba en paz desde aquella noche - ¿Hay alguna forma de averiguar si ella y yo nos conocemos de otra vida? - preguntó finalmente.
-Podría practicarte una hipnosis regresiva, es un método algo efectivo, puedo grabarte y luego escucharás de tus propios labios lo que quieres saber.
-¿Lo has probado con Oscar? - le preguntó.
-Por supuesto, pero no funcionó con ella, su mente está demasiado influenciada por sus sueños, sólo dijo lo que ya sabemos… pero contigo puede ser diferente, tu mente está limpia, por así decirlo.
El cazador le dirigió una mirada seria, luego de unos segundos le respondió - De acuerdo, pero yo elijo el lugar.
En ese momento Alain se acercó a donde ellos estaban –Lamento interrumpir – exclamó con cierta mueca de descontento al verlos juntos - Pero creo que es mejor que nos vayamos André, ya llevamos demasiado tiempo aquí.
André asintió con la cabeza, gesto que fue correspondido por su compañero, quien entendió que debía retirarse, así André se despidió de la joven y procedió a alcanzar a su amigo.
-No la dejes sola - habló repentinamente ella, deteniendo al cazador – Aunque ella insista en decir que no necesita ayuda, no le creas, es obstinada, pero por favor, no permitas que le suceda algo, se hace la fuerte a veces pero también comete errores y aunque no lo creas es más emotiva de lo que parece.
El hombre de ojos verdes no comprendió del todo el porqué de esas palabras, aunque sabía que aquello respondía a lo que acababan de conversar. Sin perder más tiempo y para evitar encontrarse nuevamente con Oscar, se retiró junto a su compañero; mientras tanto ella los veía marcharse desde la ventana de su habitación, todavía sentía la extraña agitación que le había provocado la cercanía del cazador; más aún después de haber escuchado la conversación que éste había sostenido con su hermana sin que ellos se dieran cuenta.
-o-o-
El sonido de espadas chocando entre sí inundaba el ambiente, dos jóvenes luchaban afanados en el jardín de una mansión francesa. Oscar, con natural habilidad, le arrebataba la espada a su oponente, para momentos después devolverla y retomar la lucha -Tu técnica está mejorando, pero debes dejar de bajar la guardia.
-No seas engreída - respondió su contrincante, de pronto este soltó un quejido de dolor, la espada de Oscar le había propinado un corte en el costado derecho.
-¿Estás bien? - preocupada la joven dejó de luchar - Creo que se me pasó la mano, ¿qué te dije de bajar la guardia?
-Estoy bien - le respondió sonriendo el joven de cabello negro y ojos verdes.
El sol de la mañana la devolvió a la realidad, se despertó asustada, aquellos ojos, aquella voz le eran tan familiares. Después de ese sueño solo podía recordar a una persona, André, pese a que la noche anterior le había negado sentir familiaridad ante su presencia, era obvio que se estaba engañando a sí misma, aún tenía en la piel la sensación que le provocó conocerlo y la familiaridad de su abrazo, el cual lejos de incomodarla, realmente le transmitió una sensación de seguridad - Creo que no debí escuchar esa conversación, estoy empezando a sugestionarme - se dijo.
Dentro de toda esa red de sentimientos, propios y ajenos, Oscar trataba de ordenar sus pensamientos, no era sólo el hecho de haber encontrado a Víctor, sino también aquel cuadro en el libro, el arrebato de André y ahora ese sueño tan diferente; tomando el cuaderno de su abuela buscó alguna respuesta, pero fue en vano, finalmente suspiró cansada y decidió ignorar todo eso, al menos hasta que encontrara otra pista.
Decidió irse más temprano de lo acostumbrado al Conservatorio, en donde, después de impartir una clase particular de piano para dos estudiantes amateurs, y recibir su respectiva lección de violín, en la que no le fue tan bien debido a que, según palabras de su profesor, "estaba tocando un instrumento y no ejecutando una melodía", se dedicó a ensayar nuevamente la composición de Mozart elegida para su presentación. La joven rubia había esperado por meses la oportunidad de audicionar para la Orquesta de la Ópera de Viena, el peldaño obligatorio para poder llegar a la aclamada Orquesta Filarmónica, sin embargo no se sentía segura con su ejecución, había algo que no la convencía del todo, menos después de la crítica de su maestro, aún así no podía dejarse llevar por inseguridades momentáneas, si era capaz de enfrentar a vampiros que la superaban en fuerza, también era capaz de de ejecutar una sinfonía a la perfección.
Junto a ella se encontraba la más nueva alumna del centro, Amelie. La pequeña rubia había ingresado a tomar clases de piano, y curiosamente tenía una particular fijación por Oscar desde aquella noche en que la había salvado de ser devorada por un vampiro; si en algo podía confiar ciegamente era en su intuición, la cual le decía que debía mantenerse cerca de la cazadora - ¿Has pensado en tocar otra canción? - le preguntó a la violinista.
-No es una canción, es una sinfonía… no entiendo cómo estar sentada aquí, sin hacer nada más que escucharme tocar puede ayudarte en tus clases - le respondió Oscar un tanto estresada.
-Pues me sirve para entrenar el oído, por cierto no tienes que ser grosera, no cambia en nada que estás tocando de mala gana y por eso no ejecutas bien, además... te estás encorvando mientras tocas, algo vicioso para tu ejecución.
-Vaya, parece que sabes más de lo que aparentas pequeña - le respondió de forma curiosa.
-Soy más de lo que se ve a simple vista - dijo con una leve mueca - Por cierto, a pesar de que estás tocando mal, lo haces mejor que la mayoría, por eso me es útil escucharte... aunque parece que no soy la única que busca tu compañía - expresó dirigiendo su mirada hacia Sebastián, quien entraba al salón en esos momentos.
Por primera vez, la cazadora pudo percibir cierta incomodidad ante su compañero de música, probablemente debido al hecho de que André la había llamado "Oscar" frente a él, como fuera, el asunto pasó a segundo plano al percibir la forma en que este se fijaba en Amelie.
-¿Te conozco? - le pregunto el rubio a la joven aprendiz de piano, su mirada fue completamente inquisidora.
Amelie por su parte, no se perturbó ante el recién llegado y, sosteniendo la mirada de forma segura, le respondió en un tono algo extraño - No, no me conoces y nunca me has visto en tu vida.
Inmediatamente el rostro de Sebastián se serenó, Amelie decidió entonces dejar el salón, sin importarle la reacción de Oscar.
-¡Oye! ¿por qué te vas? Lo que te dije no era para tanto, ¡Amelie! - la cazadora estaba totalmente confundida ante lo que acababa de ocurrir.
-Recordé que tengo algo que hacer - se limitó a responder la pequeña rubia habiendo pasado el umbral de la puerta, debía retirarse si quería que el hechizo que acababa de poner en Sebastián surtiera efecto, no podía darse el lujo de ser reconocida por él.
-Qué interesante el tipo de amistades que te consigues Jarjayes - expresó Agreste tomando asiento en donde antes estaba ubicada Amelie, mientras veía a Oscar con algo de incertidumbre- Te convendría examinar un poco mejor a las personas.
-Disculpa, pero no pedí tu opinión y agradecería me dejes ensayar sola - le respondió.
-¿Por qué mejor no vienes conmigo?, creo que te vendría bien conversar un poco, de todos modos, creo que ya cortaron tu inspiración. Te escuché desde el pasillo y es evidente que hoy no estas en forma - le respondió tomando el gastado violín de sus manos.
Por primera vez Oscar sintió que alguien, además de Hortense, tenía razón sobre las emociones que la asaltaban - Quizá tengas razón - respondió a la vez que un suspiro de cansancio salía de sus labios.
Era apenas medio día, los dos jóvenes caminaron por las cercanías del Conservatorio de Música; pese a que no lo consideraba la mejor compañía, Oscar era consciente del talento del muchacho por lo que le compartía las últimas recomendaciones de su profesor, señor Ferrec.
Sebastián permanecía en silencio, fijándose a detalle en Oscar, tratando de reconocer en ella a la mujer de la que tantas veces escuchó hablar a Víctor, pues cuando el aristócrata se refería a ella, había llegado a sentir incluso envidia solo de recordar la forma en que aquel hombre describía no sólo su carácter sino también sus gestos. Lamentó que nunca le hubiera comentado cuál era su aspecto, a lo mucho la imaginó como cualquier otra mujer noble del siglo XVIII. Finalmente el joven dejó su mutismo a un lado y le comentó de forma seria - Tu bloqueo con la música responde a que estas estresada, siento que hay "algo" que escapa de tus manos.
Oscar lo miró de forma seria - No sé de qué hablas.
-Oye, sé perfectamente que tú y yo no somos los mejores amigos, pero realmente me caes bien y te daré un consejo sincero. Si es por alguien no dejes que te frenen tus miedos, a veces encuentras a una persona cuya sola presencia te fascina, su porte, sus gestos - dijo deteniéndose para girarse y poder verla de frente - Deberías darte la oportunidad de conocerle mejor, siempre habrá quién diga que se trata de algo pasajero que no tendrá la menor importancia después de un tiempo, pero a veces sucede que ese alguien termina siendo más especial de lo que crees - habló con tanto convencimiento que para Oscar fue imposible no admitir que tenía razón.
-Jamás creí que fueras tan profundo - le respondió ella un tanto extrañada por esta nueva faceta del pianista, puesto que su carácter burlón no la dejaba apreciar más de la personalidad del muchacho, aún así no podía negar que en ese momento le parecía alguien completamente diferente; por otro lado le intrigaba también esa forma de expresarse, como si él mismo hubiese quedado fascinado por alguien en el pasado, de todos modos prefería no preguntar, puesto que hay silencios que merecen respetarse.
La cazadora se dirigió a la cafetería que había sido de su madre y que ahora administraba Hortense, ambas se esmeraban en mantenerla en funcionamiento, ya que al morir sus padres prácticamente era el único sustento económico que tenían; La mayor de las Jarjayes debió dejar la universidad y Oscar, buscar empleos de medio tiempo hasta que logró su ansiada beca en el conservatorio de música, lugar en el cual también consiguió permiso para ofrecer clases particulares de piano. Innumerables veces pensó en renunciar al conservatorio para buscar algún trabajo a tiempo completo con el cual apoyar más a la economía familiar, pero su hermana insistía en que no valía la pena sacrificar su mayor sueño por un par de deudas.
-¡Sólo dos meses más de hipoteca y podremos ver por fin las ganancias de la cafetería! - Hortense abrazaba a su hermana menor mientras sostenía en su mano el recibo del pago más reciente de la deuda contraída por sus padres hacía años - ¡Por fin el local será todo nuestro!
-Creo que esto merece una celebración ¡Por fin dejaremos de comer sólo croissants! - respondió Oscar en son de broma.
-¡Oye!, ¡Mis croissants son los mejores! - le reprochó Hortense a la vez que le extendía un delantal - Mejor ve a atender a los clientes antes de que te despida.
-No puedes despedirme, ni siquiera me pagas - expresó alejándose rápidamente antes de que una toalla alcanzara su cabeza.
Ambas hermanas estaban acostumbradas a vivir con muy poco al día, teniendo de momento la casa de la familia como único patrimonio. No así la vida del otro cazador, que arduamente entrenaba en el exitoso gimnasio de su propiedad.
-Si sigues golpeando ese saco de arena te dolerán tanto las manos que apenas lograrás tomar tus espadas - Alain trataba de razonar con André, quien permanecía en un estado de tensión desde el día que visitaron la casa de sus nuevas aliadas.
-Sólo entreno, no entiendo tu problema con eso - gruñó a modo de respuesta y sin dejar de golpear su objetivo.
-Sí cómo no, sigue pensando que me tragaré esa historia de "necesito entrenar más" - Alain tomó en saco con ambas manos, haciendo que su socio detuviera sus golpes - Te conozco André, si quieres castigarte por haber hecho algo es tu problema, igual sólo vine a decirte que tu madre quiere hablar contigo.
-Dile que después la llamo - respondió mientras se alejaba buscando las pesas.
-No dije que te llamara, de hecho está esperándote en la oficina y no creo que se vaya hasta que no te vea - sentenció.
Sin otra opción que dejar lo que estaba haciendo, André se aseó rápidamente, pues su refinada madre no toleraba verlo sucio o sudado, y se dirigió a su oficina; nada más verlo, la mujer lo recibió con un fuerte abrazo.
-Hijo mío - lo besó - Me alegra tanto verte.
-Yo también me alegro de verte mamá, ¿a qué debo la sorpresa? Pensé que habías dicho que jamás vendrías a verme a esta "pocilga".
-No es necesario el reproche, soy tu madre y sabes que quiero lo mejor para ti, André, no puedes seguir negándote a cumplir con tus obligaciones, tu padre tiene una compañía que dirigir y necesita a su heredero para que siga sus pasos.
-Creo que ya había dejado todo eso en claro, no pretendo herirte, pero yo no soy Claude y no seguiré los pasos de papá, ya estaba decidido desde antes de entrar a la academia militar - el joven trataba en vano de no herir la sensibilidad de su madre al mencionar a su fallecido hermano.
-Tu padre tiene cáncer, André, y el pronóstico que dan los doctores no es muy bueno - expresó la mujer conteniendo el llanto.
André sintió como un sudor frío recorría su espalda, nuevamente una tragedia azotaba a su familia. Desde la muerte de su hermano bajo "extrañas circunstancias", según el reporte oficial, una noche de Abril hacía dos años. Sin embargo, él sabía perfectamente que había sido asesinado por vampiros, quería exterminarlos y no renunciaría a su venganza. Ni siquiera por su padre
Luego de una larga charla con su madre, en la cual el cazador terminó cediendo a conversar con su padre sobre el patrimonio familiar, decidió llamar a Hortense, no tenía caso retrasar algo que sabía perfectamente que necesitaba descubrir. La citó esa misma noche, se verían en la oficina del Gimnasio luego de que Alain se fuera a su apartamento; era el momento de descubrir si había algo más que lo uniera a Oscar.
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Finalizada su labor en la cafetería, Oscar se alejó rumbo al lugar en donde había acordado encontrarse con Víctor nuevamente, en esta ocasión no lo dejaría irse hasta que no aclarara todas sus dudas. Habían conversado tan poco la última vez que se vieron, que estaba dispuesta incluso a defenderlo de quienes lo buscaban. Centrada en sus pensamientos, no se percató de que era vigilada a lo lejos por Sebastián, quien se había dado a la tarea de seguirla.
Víctor le esperaba en el parque a la hora acordada, más Oscar no llegaba; el hombre se dedicó un par de minutos a observar el lugar y el bullicio de la gente, había un par de pequeños que terminaban sus juegos y una pareja de enamorados que paseaban tomados de la mano, un grupo de amigos conversaban muy alegres del otro lado. Nuevamente la vida transcurría plena frente a sus ojos, cercana y distante a la vez. Así, permanecía sentado en una de las bancas del lugar, cerrando de momento los párpados buscando como perderse en los sonidos, tratando de imaginar cómo sería la vida si realmente se dedicara a vivirla, y no a verla pasar de largo; de vez en cuando hasta imaginaba que habría sucedido con él de nunca haberse encontrado con Edgar aquel fatídico día, quizá habría muerto o quizá habría sido uno de los cientos de nobles que huyeron de Francia, caídos en desgracia a raíz de la Revolución.
De pronto, Oscar se sentó a su lado - Y bien, aquí me tienes y no creas que me iré sin ninguna explicación.
Victor al verla le sonrió a modo de saludo, aún le costaba creer que fuera real - No sé por qué siento qué sabes más que la primera vez que nos encontramos o ¿estoy equivocado? - preguntó.
-Aunque no lo creas, pude comprobar algunas cosas, al menos encontré lo más cercano a mi retrato - le extendió el libro que se había llevado de los archivos del museo.
Víctor contempló la imagen visiblemente sorprendido, en la descripción pudo encontrar un nombre familiar - Muy bien Rosalie, sabía que eras más astuta de lo que aparentabas - expresó.
-¿La conociste? - preguntó Oscar.
-Por supuesto - le respondió él - Ella era tu protegida, la sacaste de las calles de París y la llevaste a tu casa, le diste la oportunidad de una nueva vida, la salvaste de convertirse en prostituta, esa joven te adoraba, ella era muy dulce e ingenua y al mismo tiempo una gran mujer, siempre te profesó un cariño incondicional y por lo que veo, cuidó muy bien el retrato que le obsequiaste.
-¿Por qué no me dijiste de la existencia de ese cuadro?
-Pensé que se había perdido, Rosalie tuvo de huir al extranjero, como imaginarás es fácil extraviar cosas en una situación así.
-De acuerdo, creo que a estas alturas ya comprobé que no mentías… así que me llamo Oscar porque mi padre en un momento de desesperación decidió que yo sería un hombre y fui Capitán de la Guardia Imperial, ah y amiga de la Reina María Antonieta - expresó de forma irónica - Lo cual se me hace increíble, pero necesito saber más de lo que realmente me importa, necesito entender por qué estoy aquí, ¿qué sucedió conmigo? Y sobre todo ¿por qué te veo en sueños?, ¿me dirás al fin qué es lo que nos une?
-No lo sé la verdad - le respondió. No entendía qué pasaba y realmente no se atrevía a decirle que él la llamaba cada noche con la esperanza de volver a verla algún día; curiosamente, esta vez no sentía el mismo valor que tuvo la noche en que fue a pedir su mano en matrimonio al General Jarjayes, ni tampoco la osadía que tuvo en la fiesta de Compromiso de Oscar, en donde, haciendo uso de su gran labia y poder de seducción, le había robado un beso, un beso que al finalmente le confirmó que su corazón ya estaba ocupado.
-Mientes otra vez - le respondió ella - No fue eso lo que vi aquella noche que te encontré. Aquella noche me llamabas como siempre lo haces en mis sueños - su tono de voz sonó severo - Si siempre me llamas, me buscas, ¿por qué? ¿acaso tuviste que ver con mi muerte? - al decir esto tomó un poco de distancia, preparándose de cierta forma ante cualquier acción inesperada.
Víctor, al notar su reacción, le respondió serenamente tratando de tomar su mano - Jamás te haría daño - Oscar rehuyó su contacto - Lo lamento, no quise incomodarte - el hombre aceptó la distancia que la joven ponía entre ellos y prosiguió - No tuve nada que ver con tu muerte, la fecha en que nos encontramos me trae malos recuerdos, es todo- desvió la mirada a la vez que pensaba en las palabras que debía utilizar, tantas veces soñó con poder decirle todo lo que sentía, pero realmente nunca creyó que llegase a existir la posibilidad - Sabes, realmente no creí algún día encontrarte, estoy tan a acostumbrado a que seas un recuerdo que incluso siento que estoy hablando con un espejismo ahora - suspiró - quizá debí haber hecho las cosas de otra manera, tengo tanto que hablar contigo pero no sé por dónde empezar si lo único que reconoces de mi es mi rostro.
-Empieza por explicar cómo nos conocimos, y yo veré si tiene sentido o no - respondió ella.
Aceptando la propuesta de la cazadora, él le contó la peculiar forma en que se conocieron, cuando eran niños, su primer enfrentamiento en la adolescencia, el trabajo de ambos como miembros de la Guardia Imperial, la forma en que ella había dejado su puesto para servir en la Guardia Del Ejército y su inclinación a la causa del pueblo. Sin embargo prefirió omitir aquellos detalles, que de momento, no eran relevantes.
La elocuencia de las palabras del vampiro rápidamente llamaron la atención de Oscar, sonaba tan convincente que se le hacía casi imposible dudar, pero a la vez sentía extraño escuchar lo que había sido su vida y no sentir la certeza de que aquello realmente había pasado de no ser por un par de detalles que eran muy similares a lo que veía en sus sueños, aún así sentía que algo faltaba, que algo ocultaba.
-¿Cómo fue que morí? - preguntó finalmente la cazadora - ¿Qué pasó conmigo? Sé que no tuve un buen final y acabas de confirmarlo. Dijiste que te sentías culpable.
-Fuiste una luz para tus soldados, tus amigos y la gente que te conoció ¿realmente importa eso?
-Creo que tengo derecho a saber qué pasó conmigo, no puedes negármelo… si hablamos de mí, no aceptaré que filtres información.
-Tienes razón- después de una leve pausa agregó - Falleciste el 14 de julio de 1789 durante la toma de La Bastilla, te pusiste al frente de los cañones para dirigir el ataque que marcó el inicio de la Revolución, los militares que resguardaban la prisión ordenaron disparar sus armas contra ti… moriste acribillada, sólo tenías 33 años - acabó en un hilo de voz.
Pese a que lo intuía de cierta forma, la cazadora estaba impactada, no era lo mismo sospecharlo que escucharlo de boca de quien lo sabía con certeza, sin embargo una duda de pronto asaltó su mente - ¿Dónde estabas tú cuando eso ocurrió?
Un escalofrío recorrió la espalda de Víctor, pues escuchar a Oscar hacer la misma pregunta que lo perseguía desde hacía tiempo, le reafirmaba que su tristeza no procedía únicamente de saber que la mujer que amaba había muerto, sino del hecho de no haber logrado siquiera protegerla, de no dejarlo todo para seguirla así ella no lo quisiese - Yo… - respiró un poco - Yo no estuve allí, yo era el Capitán de la Guardia Imperial y estaba del lado de los Reyes, cumplía mi deber de protegerlos, yo... ya ni siquiera formaba parte de tu vida para ese entonces.
A lo lejos, Sebastián sonreía satisfecho mientras se acercaba a la pareja que seguía conversando - ¡Jarjayes, que casualidad vernos por aquí! - habló a modo de saludo, gesto que Oscar correspondió sin problemas, mientras que Víctor le miraba tratando de ocultar su sorpresa, pues hacía años que evitaba encontrarse con él. Decidió seguir la corriente cuando notó que el hombre fingía desconocerlo.
La cazadora por su parte, ignorando la relación de ambos y en un gesto de cordialidad los presentó sin dudar, dado que no tenía sentido tratar de ahuyentar a Sebastián, puesto que Víctor y ella conversaban en un lugar público.
-Víctor, él es mi compañero de música, Sebastián. Sebastián, él es Víctor, un viejo amigo.
-Es un placer - dijo el rubio extendiendo la mano ante Víctor, el cual sintió un ligero Deja Vú.
-No los interrumpo más, te vi amiga mía y quise saludarte, no olvides el ensayo - dijo despidiéndose de ambos con una de sus más deslumbrantes sonrisas, ya que apenas podía evitar la satisfacción que lo embargaba al notar que Víctor con esfuerzo disimuló la desazón que sintió al tenerlo en frente.
Para el Conde de Girodelle no cabía la menor duda de que sus problemas apenas empezaban, pero antes debía asegurarse de ganar la confianza de Oscar para poder protegerla, esta vez estaba decidido a no repetir los errores del pasado, la seguiría hasta el final, así ella tratara de evitarlo; aunque primero debía averiguar las verdaderas intenciones de Sebastián, no podía juzgarlo a la primera, nunca funcionó llevar las cosas así con él, sabía que había asuntos pendientes entre ellos, por lo que estaba decidido a buscar al muchacho esta vez.
-o-o-
-Muy bien, necesito que te recuestes- Hortense preparaba su grabadora para empezar la sesión de Hipnosis para André -Estas demasiado tenso- dijo observando que los hombros del cazador continuaban firmes, casi en posición de alerta -Creo que haremos primero ejercicios de respiración para que te relajes- dijo sonriendo, tratando de infundirle un poco de confianza
-¿Por qué mejor no me das alguna pastilla para relajarme?- le respondió a la vez que movía la cabeza en un gesto exasperado.
-Porque de ser así estarías dopado y necesito tu mente libre de químicos, genio- dijo sarcástica.
-¡Vaya! Ahora sé porque le gustas a Alain- bromeó André, cerrando los ojos y esbozando una sonrisa.
-Miren quien habla...
André empezó a seguir los pasos que la joven le indicaba, poco a poco fue sintiendo cómo su cuerpo cedía ante las palabras de la chica. Empezó a visualizar una hermoso jardín y una elegante mansión, al entrar en ella lo primero que vio fue a Oscar con su uniforme militar que venía hacia él a la vez que le decía "Es hora de irnos André, espero ya estén listos los caballos". Casi de inmediato, otra escena estaba ante sus ojos, era ella nuevamente, aunque esta vez lucía un hermoso vestido, su corazón se agitó de solo verla, jamás la había visto tan hermosa. Cuando esa etérea imagen comenzó a desvanecerse, otra secuencia lo asaltó como un huracán y pudo escuchar las palabras de amor que ambos se profesaban, mientras sentía el ardor de la piel de la mujer que amaba, que temblaba en sus brazos, y se quemaba lentamente en el fuego de sus besos. Oscar era completamente suya y él era completamente suyo.
Cuando por fin despertó, pese a que aún su corazón estaba un tanto convulsionado, su mente no lograba recordar nada más que el par de imágenes que contempló, pese a ello sintió que había encontrado la respuesta que buscaba. Se sentó, al mirar a quien lo acompañaba le asustó ver la expresión de Hortense. La joven tenía una mano en la boca y la otra empuñada en el pecho. Se veía claramente perturbada y con evidencia de llanto en los ojos, lo que le indicó que había algo malo que no recordaba.
-¿Qué sucede?- preguntó asustado.
-Creo que es mejor que lo escuches por ti mismo- dijo extendiendo la grabación -Será mejor que me vaya, esto es algo que debes hacer solo. Créeme.
Una vez que la joven abandonó la habitación, André reprodujo la grabación.
Dime qué ves, dime quién eres y en dónde estás - habló Hortense.
-Soy André Grandier, sirviente particular de Oscar François de Jarjayes, Capitán de la Guardia Imperial al servicio de su Majestad María Antonieta; ella es mi mejor amiga y la mujer que amo, nos conocimos cuando éramos niños y mi abuela me trajo a la casa del General Jarjayes...
Víctor (Segunda parte)
Londres, 1876
Para Víctor Clemente de Girodelle la vida se había convertido en un constante juego de roles, desde que su naturaleza había dejado de ser humana, decidió ocultarse de aquellos que alguna vez le conocieron. Se dedicó a viajar por distintas tierras europeas, aprendiendo infinidad de cosas y conociendo diferentes personas, que, de una u otra forma, llegaban a ser al final simples conocidos que dejaría de ver antes de que el paso del tiempo dejara en evidencia su real naturaleza. No deseaba formar lazos, al menos no con aquellos cuya naturaleza humana les impidiera aceptarlo sin considerarlo un monstruo.
Alguna vez conoció a una mujer que bien pudo llegar a ser su eterna compañera, en cuyos brazos llegó a rozar la locura, si bien era mayor que él, tenía la eterna apariencia de una joven de a los más veinte años, de rojos cabellos y ojos color miel, con una piel tan tersa que a su contacto sentía arder su cuerpo. Seductora y a la vez perversa y posesiva, poseedora de conocimientos ocultos que la convertían en una poderosa bruja, Amelie d'Aunay.
Se conocieron en una de tantas reuniones de la alta sociedad inglesa de principios del siglo XIX. Fue un momento tan extraño como perfecto, cuando en medio de toda esa gente que le parecía patética se encontró con unos ojos que lo veían de forma atenta y en cuyo rostro se dibujó un leve rubor al momento de encontrarse frente a frente, fue un instante mágico, aún así Víctor prefirió evitarla, como hizo con otras, pero le fue imposible, era como si el destino los hubiese llamado en aquel lugar, terminaron charlando y pudo comprobar que la joven había sentido lo mismo que él.
Juntos vivieron un intenso y bastante tórrido romance, a pesar de que él nunca pudo olvidarse de Oscar, tampoco podía seguir tan solo, una vida condenada a la eternidad ya era demasiada carga para sus hombros; se permitió besar otros labios, tocar otra piel, llamar otro nombre; pero el destino tiene la particularidad de romper las cosas y terminó demostrándole que muchas veces lo que se ve a simple vista puede esconder los más bajos instintos.
La joven era capaz de pervertir los más nobles sentimientos y transformarlos en locura, perjudicando a todo aquel que se atreviese a robarle la atención de su amado Víctor, quien, una vez que logró separarse de ella, agradeció en sobremanera jamás haberle hablado de Oscar, puesto Amelie era capaz de maldecir la memoria de su amada Comandante; si algo le debía a ella, era que su alma permaneciera descansando en paz.
Fue a raíz de esa experiencia que tomó la decisión de no buscar nuevamente compañía, ni siquiera de seres sobrenaturales como él. Sin embargo, le resultaba imposible rehuir de su creador, menos aún encontrándose en su tierra natal.
- Vaya, el destino siempre tiene la forma de hacer que nos encontremos - de pie frente a él estaba aquel jovencito al que alguna vez salvó de una turba molesta, este le miraba con especial cuidado - Dime ¿qué ha sido de tu vida desde la última vez que nos vimos? Víctor.
-Nada fuera de lo normal- Víctor estaba sentado y mantenía un aire pensativo - Creo que no fue una buena idea venir a Londres - dijo, acomodándose la capa con la que trataba de abrigarse del peculiar clima inglés - Esta ciudad es un tanto lóbrega.
-Creo que el del problema eres tú - le respondió Edgar a la vez que se sentaba al lado suyo, sin mirarlo, agregó - Deberías buscar compañía, no es bueno estar solo, ni siquiera para alguien como nosotros, los fracasos no significan que todo esté perdido y no valga la pena volver a intentarlo.
-No necesito la compañía de nadie, no me interesa- le respondió secamente.
-Oscar está muerta, Víctor - habló a mientras se giraba para mirarlo, sabía que aquellas palabras tocaban una parte sensible de aquel que estaba al lado suyo - No es posible que sigas amándola, han pasado más de cien años, busca a alguien más, ya lo hiciste una vez- se refirió a Amelie, pues pese a que el ex comandante jamás le había dicho nada, él sí estaba al tanto de todo -¿Acaso piensas que un vampiro permanece con la misma compañía para siempre?
-Jamás lo entenderás - murmuró tratando de contener su enojo ante las palabras de su creador.
-Te equivocas, quien no entiende nada eres tú… - Edgar, relajando un poco el tono de voz, agregó - ¿Cuál es tu mayor anhelo?
Víctor comprendió hacia dónde se dirigía esa plática, por lo que resignado respondió -Sólo quería que ella fuera feliz... que viviera la vida que siempre quiso; sé que cometí el grave error de pensar que podía pedirla por esposa como si ella fuese igual a las demás, es sólo que… - alzó el rostro, de pronto su mirada se iluminó como si nuevamente volviera a vivir aquel momento que rememoraba - Al verla en aquel baile junto a Fersen usando ese hermoso vestido, moviéndose al compás de la música como una diosa sílfide, creí que eso era lo que ella quería, pero realmente era lo que yo deseaba, por eso cuando me pidió desistir del compromiso acepté sin mediar palabras... yo sólo quería que ella fuera feliz.
-¿Por qué pensaste que no lo sería contigo? - indagó Edgar.
-Porque ella amaba a otro… - dijo desviando la mirada - No puedes obligar a una persona a estar contigo si su corazón ya es de alguien más.
-¿No se supone que si realmente amas debes luchar? - insistió el joven vampiro.
-No, no siempre es así, cuando realmente amas eres capaz de poner la felicidad de la otra persona por encima de la tuya, no existe el egoísmo, sólo deseas verle sonreír, así no seas la causa de esa sonrisa... y yo jamás la habría obligado a estar conmigo, aunque no lo creas, realmente la amaba, por eso respeté su decisión, si la amaba por ser libre, no tenía sentido pretender atarla a mí.
-Cometiste el único error de seguir las costumbres, si a eso se le puede decir error - expresó Edgar torciendo el gesto - y encima, lo pagaste muy caro, no me parece que fuera algo que ameritaba el hecho de no darte una oportunidad, ya que según me dijiste una vez, Oscar te pidió desistir con el compromiso por causa de un plebeyo... vaya que ella era alguien muy especial - expresó con ironía.
-Ella no era como las demás y no admitiré que hables mal de Oscar.
-No lo hago, sólo compruebo mis sospechas, alguien como ella era demasiado atípica, nunca pudo vivir como una mujer por causa de su padre, no se casó, no tuvo hijos, quizá sí se enamoró, pero no lo vivió plenamente, su muerte fue tan repentina y dejó tantas cosas inconclusas… a veces me pregunto si realmente nunca tuvo tiempo de cerrar el ciclo de su vida o quizá su destino fuera vivir una tragedia, en ese caso, qué destino tan cruel.
-¿De qué estás hablando Edgar? - Víctor le miraba de forma curiosa, puesto que intuía que había algo más detrás de aquella conversación.
-¿Recuerdas que te dije que llamaras a Oscar cada noche?, creo que cometí un gran error, realmente quería que te encontraras con ella y pudieras decirle todo lo que había en tu corazón, aquello que siempre quisiste y no lograste realmente decir - Edgar le dirigió una mirada seria - Cada uno de nosotros debe cerrar un ciclo de vida, logrando la plena satisfacción y el cumplimiento del deseo más recóndito del corazón, te parecerá una locura, pero nosotros somos los únicos que no estamos atrapados por él, lo comprenderás por nuestra naturaleza. Ningún ser humano debe dejar nada a medias y Oscar lo dejó todo inconcluso, al menos eso creo. Cuando un alma no logra cerrar su ciclo está condenada a repetirlo hasta que por fin logre la plena satisfacción de su corazón y así pueda descansar en paz, pero, si tú estás así es porque Oscar no vino y probablemente no vendrá. Acéptalo de una vez, lo que ella hizo en vida fue todo lo que debía hacer, me equivoqué y ella en realidad no dejó cabos sueltos. Olvídala de una buena vez- diciendo esto se levantó - Lamento haber sido tan duro contigo, pero alguien debe decirte la verdad. Busca un amigo o una compañera, pero por favor no sigas torturándote así, no mereces esto, créeme - sin mediar palabras se inclinó y le dio un abrazo a modo de despedida, Víctor le correspondió, al fin de cuentas no podía negar que estaba unido a Edgar desde el día en que este lo había convertido en un vampiro y quizá sus palabras tenían algo de cierto en ellas.
Así nuevamente se encontró solo - Como si fueras de esas cosas que se olvidan fácilmente - murmuró contemplando un boceto de Oscar, el cual había realizado en uno de los aniversarios de su muerte. "Realmente no sé si valga la pena intentarlo de nuevo" se dijo; sin querer darle más vueltas al asunto guardó el dibujo y decidió dirigirse a la casa de un aclamado pianista, a fin de cuentas esa era la razón por la que se encontraba en Inglaterra.
Lord Richard, era un concertista de piano al que Víctor conoció en una de sus visitas a la ciudad. Lo que le agradaba de su persona era su nula vanidad, el hombre además de ser un prodigio en el piano, poseía una vasta fortuna, mas esto no lo hacía sentirse superior a otros. De cierta manera le recordaba la personalidad de Oscar, quien a pesar de haber nacido en cuna de oro y haberse rodeado de la elitista Corte Francesa durante la mayor parte de su vida, parecía indiferente al lujo desmedido y prefería la compañía de gente del pueblo, como "aquel plebeyo" que al final se llevó su corazón.
Esa misma mañana, Lord Richard se encontraba recibiendo la visita de un apuesto joven, su sobrino, el muchacho tenía veintisiete años aproximadamente y se percibía en lo brillante de su personalidad su abundancia de talentos.
-Querido tío, debes presentármelo, no es posible que recibas visitas tan importantes y no me incluyas en ellas, bien sabes que deseo seguir tus pasos, y un amigo así me vendría de maravilla, vamos, no me iré hasta que no lo vea - insistía el mozuelo.
-Quizá no sea prudente, no le gusta mucho la compañía inesperada, tal vez deba proponérselo primero, déjame hablar con él - advirtió el caballero ante la insistencia de su sobrino.
En ese momento, se escuchó una breve melodía, el joven, ignorando las recomendaciones de su tío, fue impetuosamente a la sala de donde provenía la música, misma en donde esperaba la tan importante visita, que, al aburrirse un poco, se había tomado el atrevimiento de tocar un par de notas en el piano.
Víctor se encontraba de espaldas examinando las partituras de la más reciente melodía de Richard - Debes darme una copia, podría adaptar una parte para Violonchelo, creo que sonaría muy bien - dijo girándose al percibir la entrada de su anfitrión, cual fue su sorpresa al advertir que se trataba de otra persona; un joven de blanca tez, cabellos rubios y hermosos ojos verdes.
El muchacho quedó fascinado ante su presencia y con evidente entusiasmo se dirigió hacia él extendiendo su mano para saludarle - Sebastián Agreste, encantado de conocerle al fin.
Con cierto recelo Víctor le correspondió el saludo, mientras miraba atentamente a Lord Richard, pidiéndole una explicación con la mirada.
-Es mi sobrino, lamento que se conocieran de esta manera, le pedí que esperara a que pudiera hablarte de él, Víctor, pero la paciencia ya no es costumbre de nuestros jóvenes - expresó apenado.
Víctor se percató de que Sebastián aún no soltaba su mano, por lo que visiblemente incómodo le habló - Soy Víctor Clemente de Girodelle, agradecería que tuviera la delicadeza de devolverme mi mano.
-Oh, lo lamento, no piense mal de mí por favor - respondió con tono confiado - Es sólo que no es común encontrar personas como usted, no me diga, francés ¿cierto? tiene un acento exquisito.
-Ahorrate los elogios Sebastián - habló Lord Richard, tomándolo del brazo para llevarlo fuera de la habitación.
-Déjelo - respondió Víctor - Si tanto quería conocerme, déjelo que comparta con nosotros un momento, después de todo, quizá esta sea la última vez que visite Londres.
Poco imaginaba Víctor, que aquella no sería la última vez que vería a Sebastian, ni tampoco lo cercano que llegaría a volverse para él. Cercano y peligroso a la vez.
Para su mala fortuna, el Conde de Girodelle no pudo abandonar Londres a los días siguientes, el barco que debía abordar suspendió el viaje debido al mal clima que persistía en la ciudad, algo que Sebastián agradeció al cielo y a los mismos truenos, puesto que Víctor al no tener más remedio que quedarse, alargó su visita en la casa de Lord Richard; lo que fue muy aprovechado por el muchacho, quien empezó a frecuentar diariamente la casa de su tío, buscando de una u otra manera llamar la atención del francés, solo tenía una semana para convencerlo de que todavía había una persona por la cual regresar a Londres.
Fue durante una cena de gala en la casa de Lord Richard, que el joven logró su objetivo, Lady Agatha, su tía, queriendo presumir los talentos de su sobrino le pidió que tocara una pieza en el piano. Raudo se dirigió al mismo interpretando de forma exquisita la versión de piano de "La Campanella" de Paganini; Sebastián sentía la mirada de Víctor en él, lo que le sirvió de aliciente para tocar con mucha más pasión que otras veces. El francés estaba maravillado, esa clase de entusiasmo ante un instrumento sólo lo había presenciado una vez, cuando en una de las visitas a la mansión Jarjayes, buscando a su Comandante, la encontró sumergida en la interpretación de una melodía de Mozart.
Lo anterior dio paso a una larga charla, Víctor pudo descubrir que, aunque impetuoso y algo caprichoso, el joven también tenía opiniones interesantes sobre la sociedad.
-Lo único malo de las clases bajas, es que piensan que los pecados y los errores del mal vivir solo les puede perdonar a ellos y creen que la alta sociedad no tiene derecho a equivocarse, creen que solo ellos tienen el derecho de entrar a un bar y beber hasta emborracharse, los bajos placeres los quieren reservar únicamente para ellos, cuánto egoísmo ¿cierto? - dijo Sebastián, sonriendo -Pero "las clases altas", los llamados "cultos" esos son los peores, el otro día fui a un teatro a unas calles de aquí, un teatro de quinta, sin embargo me sorprendió ver a una hermosa dama que baila una danza oriental, lo hace con tal gracia que merece ser aclamada en los teatros más importantes de la ciudad, su talento no es para esa pocilga, pero su arte no es apreciada por ser llamada vulgar e inmoral, ¡puedes creerlo!; y eso no es todo, ¿ves a aquel hombre de allá? - dijo señalando discretamente a un elegante caballero inglés que conversaba con una dama - Él es el dueño de una de las fábricas más importantes y se ufana todo el día de ello, mientras da discursos hipócritas de las buenas costumbres, ella es su amante por cierto.
Víctor solo se limitaba a escucharlo a la vez que esbozaba una sonrisa.
-¿Qué sucede?- le preguntó el joven.
-Nada- respondió- Es sólo que no creí que alguien como tú pensara de esa manera.
-¿"Alguien como yo"?, únicamente soy un músico - Sebastián agitó su copa con tan mala suerte que golpeó un viejo mueble haciendo que ésta se rompiera y le provocara un corte en la mano derecha, provocando que sangrara.
Por un instante, Víctor sintió el deseo de tomar la mano del joven y beber su sangre hasta saciarse, haciendo un máximo esfuerzo por contener su instinto, tomó su pañuelo y lo ayudó a vendarse, eso sí, en el primer descuido lamió la sangre de Sebastián que quedó en sus manos.
Si había algo que distinguía a Sebastian Agreste, era su gran capacidad de observación, intuía que había algo raro en Víctor, ese aire refinado era potenciado por algo más, quizá otro tipo de naturaleza, sus sospechas se hicieron mayores al ver la reacción del francés ante su herida, pudo percibir el deseo de este ante la sangre, sin embargo, a diferencia de otros que descubrieron el secreto de Víctor en el pasado, no sintió miedo, sino más bien curiosidad y el deseo irrefrenable de provocarlo.
Un día antes de partir, mientras Víctor tocaba una melodía en el Violonchelo, Sebastián acercó a él de una forma diferente, despacio, como si evitara lastimar el aire. Al estar junto a él fingió tratar de quitarle el arco, con el propósito de meter su mano entre las cuerdas y cortarse con ellas, pero cometió el error de provocarse una herida profunda, que empezó a sangrar demasiado, manchando incluso la ropa del aristócrata. Este, al ver toda esa sangre se sintió fuera de sí, atacando al muchacho que tarde comprendió el error de su osadía; le mordió el cuello bebiendo su sangre, saciando el instinto que odiaba, pero que no logró contener esa vez; podía sentir el delicioso y cálido sabor de la sangre del pianista, y en su garganta el eco de su corazón latiendo con fuerza mientras le succionaba la vida.
Sebastián sentía morir, mientras se aferraba a los hombros de Girodelle, sentía los fríos labios del francés en su cuello, succionando su sangre en un movimiento instintivo, casi animal. En vano trato de quitárselo de encima, hasta que finalmente se desmayó, haciendo que éste de pronto lo soltará.
Víctor aún sorprendido de su reacción y con la boca manchada de sangre lo tomó en brazos - Sebastián, lo lamento, reacciona por favor - suplicó mientras tocaba el rostro del joven que permanecía inconsciente, pálido y frágil, en alas de la muerte - Sebastián, abre los ojos por favor - insistía, pero no tenía respuesta, maldijo su instinto, su sed de sangre. Lleno del temor de haber asesinado al muchacho, lo cargó y lo llevó a su habitación, donde nuevamente trató de reanimarlo, pero fue en vano. El pianista parecía cada vez más pálido y débil, fue entonces cuando tomó la decisión que lamentaria en el futuro, convertirlo en vampiro.
Cuando el joven finalmente despertó, lo primero que vio fueron los ojos de Girodelle, los que le parecieron más encantadores que la primera vez, el francés permanecía sentado a su lado - ¿Cómo te sientes Sebastián? - el joven trató de alejarse evidentemente asustado, pero Víctor se lo impidió - ¿Cómo te sientes Sebastián? -insistió.
El pianista miró a su alrededor, logrando comprender que su naturaleza humana había cambiado, puesto que podía percibir el mundo que lo rodeaba de otra manera, los sonidos, los olores, los objetos, todo era familiar y nuevo a la vez; de pronto empezó a sentir que le faltaba el aire, una sensación extraña lo invadía por completo, era el deseo de sangre.
Me disculpo por actualizar super tarde, tuve un par de inconvenientes. Espero que este capítulo haya sido de su agrado y que valiera la pena la espera, no prometo actualizar pronto (no vaya a ser, el diablo es puerco), pero si la seguiré. Siéntanse libres de dejar sus reviews con su opinión y/o comentarios.
Agradecimientos a Only D por apoyar las ideas locas que tengo.
