Publicado: 21 de Abril 2017
Resubido: 14 de Septiembre 2018
Momento
Palabras: 442
...
La noche caía sobre Pueblo Paleta, pero ahí estaban ellos dos, sentados en el balcón, observando las estrellas. Él la miró de reojo, lucía feliz, contenta, desvió la mirada hacia el anillo que ella llevaba con orgullo en su dedo anular y sonrió de lado.
—Te acuerdas —dijo de repente, para ganar la atención de la mujer a su lado—, el tiempo que compartimos en esta casa, durante nuestros viajes.
—¿Cuándo tenías que entrenar y siempre lograbas zafarte de eso? —la sonrisa de ella, hizo que él también sonriera.
—No tenías que ponerlo así —respondió mirando el cielo una vez más.
—Pero así era —afirmó con dos asentadas de su cabeza—. Te hacíamos entrenar, tú buscabas siempre una razón para hacer otra cosa.
—Era un poco irresponsable en esa época —se lamentó.
—¿Eras? —ella alzó la ceja derecha, mirándolo con curiosidad— ¿Un poco?
—¡Ok! —protestó, cerrando los ojos a la fuerza— Era muy irresponsable —gritó.
—Bien —afirmó ella.
—¿Te acuerdas como nos llevábamos?
—Por supuesto —afirmó una vez más—, los descalificativos eran la orden del día. Aunque yo te trataba como el idiota que eras, tú siempre atacabas mi apariencia.
El hombre se quedó en silencio y luego la miró un tanto melancólico.
—Siempre pensé que eras más inteligente —soltó, confundiendo a la chica.
—¿A qué te refieres?
—Era mi forma tonta de llamar tu atención —volvió a mirar el cielo, sin quitar la sensación de melancolía de su rostro.
—Eso… —se había quedado sin palabras, solo podía mirarlo sin saber cómo sentirse con respecto a lo que estaba escuchando.
—Mi inmadurez me impedía ver lo que significabas para mí —volvió su mirada hacia ella y le sonrió—. Nunca se dio, la oportunidad ni el momento perfecto para poder decírtelo…
Ella solo pronunció un "vaya" dejando todo en silencio, una vez más, hasta que él volvió a hablar.
—¿Estás feliz? —ella sonrió y observó el anillo en su mano izquierda.
—Lo soy —sonrió, pasando las yemas de sus dedos derechos por la piedra celeste de su anillo de compromiso.
—Qué bueno —comentó, con una mueca que amagaba ser una sonrisa—. Tienes que ser feliz.
—Lo seré —se acomodó una vez más para ver las estrellas—, pero, tú también tienes que ser feliz.
—Lo intentaré —respondió haciéndola reír.
Ambos se miraron, podían ver la melancolía de la escena, la tristeza de un lazo que jamás pudo convertirse de amistad a amor, porque la vida los había puesto en caminos totalmente distintos.
—Supongo que aún… podremos ser amigos, ¿verdad?
Ella no lo pensó ni lo dudó un solo instante.
—Por supuesto Ash, amigos, lo seremos por siempre.
