SEGUNDA PARTE

Interior. Cocina de Giles. 20:45 hs.

Andrew sale llevando una gran fuente con vasos, platos y cubiertos. Giles terminó de acomodar la chimenea en la mesa.

―¡Debí haber comprado las flores! ―dice Andrew colocando la bandeja en la mesa. Giles levanta una ceja inquisitivamente―. ¡Para el florero! ―aclara―. Un florero quedaría lindo. Son bonitos.

―¡Nada de floreros! Sólo es comida. ―exclama Giles, queriendo dar por terminada la absurda conversación.

Andrew cruza los brazos ofendido.

―¡Me pasé más de dos horas cocinando! El pollo al horno con crema no es fácil.

―No quise decir eso. ―se disculpa Giles―. Además, quiero hablar contigo antes de que venga Buffy. ¡Ven siéntate!

―¿Sobre qué? ―pregunta Andrew sentándose.

―Sobre Spike. ―dice Giles preocupado.

Andrew se emociona y se levanta de un asiento de su asiento.

―¿Se lo vamos a decir? ¡Cool! ―y mirando la mesa se queda pensativo―. ¡Oh, uffff! Hubiese hecho un pastel para festejar, con globos y todo eso. ―iluminándose el rostro―. ¿Será tarde para ir a comprarlos? Así podremos tener una bonita fiesta.

―¡No va haber fiesta, ni globos, ni tortas! ―dice Giles acomodándose los anteojos―. ¡No hay nada que celebrar!

―A mí me gustan las fiestas. ―murmura Andrew frustrado―. Son divertidas. Giles revolea los ojos

―¡Ya basta! Buffy no debe saber que Spike regresó.

―¿Por qué? –interroga Andrew sorprendido.

―Él no quiere. Y creo que es lo mejor, además por primera vez actúa sensatamente. Ahora Buffy tiene una nueva vida, y no necesita interrupciones del pasado en ella. Ella tiene que poder continuar, y Spike sólo complicaría más todo. ―tomando un vaso entre sus manos lo comienza a dar vuelta―. Lamentablemente Buffy no ve las cosas con mucha claridad cuando él está cerca. Y yo quiero lo mejor para ella. ―mirando a Andrew―. Y un vampiro como Spike ¡Nunca lo será!

―Pero él se ve muy bien. ―dice Andrew ruborizándose―. Digo, nada de loco. Él estaba con Ángel y nos ayudó con el problema de la psicocazadora. Él es super cool, es una especie de…

―¡Oh por Dios! ―grita Giles golpeando el vaso contra la mesa―. ¿Qué no entiendes? No sabemos nada de porque regreso, y menos que hace con Ángel. ¡Esos dos se odian!

―Sí. No los vi muy amistosos que digamos. ―contesta Andrew y achicando los ojos dice―. Están en una especie de competencia tipo x―men, como Wolverine y Cíclope por ver quien tiene el poder. Claro que con todo el asunto sangriento de por medio.

―¡Muy interesante! ―cortándolo―. Ya sabes, ni una palabra a Buffy ni a Dawn. Bastante mal hiciste diciendo que estaban aquí. ―y girando de nuevo el vaso entre sus dedos―. Uno nunca sabe que pensar con Spike.

El ruido del timbre interrumpe sus meditaciones. Andrew se levanta corriendo a abrir la puerta. Dawn entra primero sonriendo, seguida por Buffy que observa todo detenidamente.

―¡Ah, Buffy pasa, pasa! ―dice Giles sonriendo.

―Linda casa. ¡Hola Andrew! ―dice Buffy dejando su bolso sobre el sofá.

―Si es cómoda. No como la de Londres pero sirve. ―comenta Giles mirando a su alrededor―. ¿Y tú cómo estás?

―Bien, adaptándome. Aunque, claro no salgo mucho. Pero… ¡Descubrí otra cosa!…. Buffy y el italiano no se mezclan.

―¿Y Dawn? ―interroga Giles mirando en dirección a ella, que estaba en ese momento hablando con Andrew mientras acomodaban la mesa.

―Mejor. Creo que el cambio le hizo bien. No hay consejeras persiguiéndome. Eso es bueno, definitivamente bueno. ―dice Buffy haciendo un mohín con sus labios―. Ni boca del infierno de que preocuparse. ¡Otro punto para mí! ―dice sonriendo―. Además ya tiene un par de amigos, y eso para una adolescente es súuuuuper.

―Para todos. ―dice Giles mirándola.

―¡Yeah! Aunque esparcidos por el mundo no facilita las cosas. ―dice mientras se sienta en el brazo del sofá―. Las cosas han estado más raras de lo que suponíamos. ―suspirando―. Me gustaban más las historias de antes, sabes esas… que cuando terminaban, todos estaban bien y vivían felices por siempre. ―dice sonriendo aniñada―. Ese tipo de historias que veía los sábados con pop corn y música romántica, con una gran chimenea de fondo. Porque en mis finales siempre hay una chimenea de fondo.

―Este no es el final Buffy. Sólo… sólo es un tramo del camino. ―sacándose sus anteojos y elevando la vista al cielo―. Además los verdaderos finales terminan distinto. ―se coloca los anteojos―. La vida sigue, y, sólo se acaba cuando… cuando morimos.

―¡Hey! ¡Yo ya morí dos veces! Conozco el final. ―dice Buffy―. Es que a veces me pregunto si… uh… si, siempre será así. Una lucha tras otra hasta que todo se acabe.

―¡Así es la vida Buffy! ―dice Giles sentándose junto a ella.

―¡Lo sé! ¡Créeme que lo sé Giles! ―desviando la mirada del vigilante―. Pero… pero después de todo lo que pasé. Yo… ah…, no puedo dejar de creer que no hay nada más… ¿No sé qué? No soy buena en esas cosas. ―y tomando aliento―. Pero, pero me siento sola Giles. –mirándolo ―. No… no es que no los quiera. Sabes cuánto los amo a todos, pero en el fondo… ―mordiéndose el labio―, hay como una especie de vacío, un muro que no me permite avanzar. ¡Quiero hacerlo! Tirarlo. Y me pregunto… ―se hace un silencio

―¿Qué te preguntas? ―pregunta Giles asustado

―Nada. ―dice Buffy moviendo la cabeza negativamente―. ¡Olvídalo! ―y mirando en dirección de Dawn sonríe―. Me parece que debemos ir a ayudarles o no comeremos nunca.

―¡Dios! Y yo que pensé que vivir con Spike era lo peor. Obviamente no contaba con Andrew y sus historias.

Los ojos de Buffy se ensombrecieron de repente. Giles creyó ver un brillo extraño en el fondo de sus pupilas pero nada dijo. Se levanta de su asiento y dice:

―Veamos qué pasa.

La cena transcurre con tranquilidad. Andrew resultó ser un excelente cocinero. Parece disfrutar de la compañía. Él y Dawn no se cansaban de hablar en todo momento. Estaban sumergidos en una discusión para fastidio de Giles y risa de Buffy de quién era el más poderoso y cool de los Xtreme X―men.

Buffy se encuentra sentada en el amplio sillón de la sala con la vista perdida hacia un lugar distante de la habitación, Giles se le acerca trayendo entre sus manos una taza de café que le ofrece a la muchacha.

―Aquí tienes. ―le dice entregándola

―Gracias. ―la agarra y mirándolo dudosa―. ¿Por qué viniste? ―en seguida se disculpa―. No… No es que quiera decir que no me alegra que estés acá, pero… uh, yo pensé que tu centro de operaciones era Londres. ¡No sé! Pero… ¿Qué pasa? No me creas loca pero, siento que hay algo. ―dice Buffy―. Dime Giles, ¿qué pasa? Es otra especie de Apocalipsis porque si es así…

―No Buffy por suerte creo que ese fue el último por mucho tiempo. ―sacándose los anteojos comienza a limpiarlos, se los coloca y la mira en silencio―. ¡Y sí algo pasa!

―¡Por Dios Giles me estás asustando! ―dice Buffy

―Yo lo estuve pensando mucho y… y creo que lo mejor es que tu y Dawn se vengan conmigo a Londres de inmediato.

―¿Por qué? ―pregunta Buffy sin entender lo que sucede.

―Porque allá se está organizando el Nuevo Consejo y te necesito.

Necesito que supervises esas cosas, ya sabes detalles para que no suceda lo de antes. ―y dudando―. Ah… uh, y bueno no te veo muy conectada con las chicas. ―Giles cambia el tono cuando observa su rostro―. No es que no aprecie tu trabajo Buffy. P… pero creo que serás de mejor ayuda en el centro de todo. ―dice sentándose frente a ella.

―Esto es tan extraño. ―susurra Buffy―. No sé, que decirte Giles. Además está Dawn ella de verdad se está adaptando a esta nueva vida ¡no sé!

―Dentro de dos semanas terminará el colegio. Vengan a Londres y veremos luego que pasa. ―tomando aliento―. Te quejabas de que te sentías sola Buffy. Allá estaremos todos. Xander volverá dentro de una semana de África y Willow, bueno ella casi termina su investigación en Brasil, la puedo llamar para que todos nos reunamos allí. Será como en los viejos tiempos, con todos los Scoobies juntos… ―observándola―. ¿Qué me dices?

―Suena bien. ―una pequeña sonrisa se dibuja en sus labios―. Está bien lo pensaré. Pero aún creo que hay algo más. ―dice Buffy bebiendo un sorbo de café.

―No. ¿Qué más habría? ―pregunta Giles desviando la mirada―. No te preocupes. Esto te permitirá avanzar… confía en mí. ―agarrándoles las manos―. Ya verás Londres es hermoso esta parte del año, te gustará.

Buffy le dedica una tenue sonrisa y suspira.

―No creo que a Dawn le agrade la idea. ―dice mirando en dirección de su hermana.

―Son solo vacaciones Buffy, nada más. Hay cosas que debemos averiguar sobre las chicas. ―explica Giles mientras se soba la frente―. Ya sabes problemas que pudieran ocasionar, más sobre sus capacidades reales y sus poderes… y tú eres la única que puede ayudarnos

―Está también Faith ―murmura Buffy

―Sí, pero ella no es muy cooperativa que digamos. Queremos evitar problemas no crearlos. ―dice agriamente Giles.

―¡Pobre Wood! ―exclama Buffy con una sonrisa pícara―. Pero me sigue pareciéndome todo muy extraño Giles. Pero lo pensaré. ―mirándolo sería―. Tal vez tengas razón, quizá es lo que necesito para continuar. Lo pensaré

―Gracias Buffy.

Los dos se quedan en silencio cada uno metido en sus propias reflexiones. Las antiguas dudas y temores se ciernen sobre ellos como un oscuro fantasma que se niega a desaparecer. Y un silencio más incómodo y opresor los envuelve a ambos. Son demasiado lo que ocultan, las verdades no dichas, demasiado peso y dolor.

Demasiado.


Sótano de W&H
Los Ángeles California

La figura de un hombre se recuesta contra la pared, fuma su cigarrillo de a ratos con los pensamientos perdidos más allá de esos muros. Tira la colilla a lo lejos, y levantándose se dirige hacia la mesa para servirse una copa de whisky. Y cuando está a punto de beber, escucha la voz proveniente de entre las sombras.

―Pensé que ya te habías ido. ―dice Ángel acercándose

―¿Si? ¿Y por eso estás aquí? ¿Qué eres mi comitiva de despedida? ―dejando el vaso sobre la mesa―. Porque no veo las pancartas, ni oigo la música sonando. ―dice Spike mirando tras de Ángel como si buscara algo y haciendo una pausa―. ¡Oh, ya sé! Vienes a decirme que no me vaya. ¡Pierdes tu tiempo! ―exclama dándose vuelta.

―Algo así. ―le dice entregándole un papel―. ¡Toma!
Spike levanta una ceja.

―¿Y esto, qué se supone que es? ―pregunta observando la hoja que Ángel le extiende.

―Léelo. ―le dice Ángel mientras se recuesta contra la pared, mirando cada gesto del otro vampiro. Spike frunce el ceño, toma el papel y comienza a leerlo. Al cabo de un rato se lo devuelve y con tono seco dice:

―No me interesa.

―Me lo imaginé. ―cruzándose de brazos―. No eres del tipo razonable. Pero tienes que entender Spike…

―¿Entender qué? ―lo corta―. ¡Qué esta es otra de tus estúpidas excusas! ¡No me interesa Ángel! ―dice revoleando el papel lejos de él―. ¡Felicidades es todo tuyo! ¿No es eso lo que querías? Y disculpa sino me quedo para la gran fiesta, pero tengo otra cosa que hacer. ―toma el vaso y lo vacía de un trago, y señalando a Ángel con el―. Te lo envolvería de regalo pero, tampoco tengo tiempo.

―¡Tendrás que dártelo! ―dice Ángel moviéndose de su posición―. ¡Mira Spike! Esto me agrada menos a mí que a ti. Pero aún no sabemos nada de porque regresaste.

―¿Y? ―pregunta Spike impaciente

―Y, si W&H y los socios mayoritarios están detrás de todo esto, de seguro que será para hacer un gran picnic con nuestras cabezas. ―hace una pausa como buscando las palabras―. Se suponía que el amuleto era para mí. Yo debía usarlo, pero te interpusiste… ―Ángel se detiene. Spike lo mira con mala cara.

―Siento que tu orgullo salga mal herido, pero ella me lo dio.

―¡No te ensalces Spike! ―exclama Ángel molesto―. Lo que pasó debe tener un propósito. Ellos están jugando con nosotros. ¡Somos sus nuevas perras! ¡Y no me gusta ser el muñeco de nadie!

―¿En serio? ―dice Spike con una sonrisa irónica bailando en sus labios―. Te veías muy gracioso de bloody puppet.

―¡Tenías que recordarlo! ―revoleando los ojos― ¡No lo podías dejar pasar! ―dice Ángel ofendido.

―¡Lo siento! Es un hueso demasiado tentador. ―se disculpa Spike y poniéndose serio de repente―. ¿Y cuál es tu sangrienta idea?

―Simple. Me ayudas a saber qué es lo que buscan y así poder ponerle fin a todo esto. Después arreglaremos nuestras diferencias a los puños o como quieras. ―dice Ángel levantándose de hombro―. Sinceramente, ¡no me importa! ¡Estoy cansado! ―y sentándose en un extremo de la cama―. ¿Quieres saber la verdad Spike? ―levanta la vista―. Nada de esto tiene sentido. ―murmura Ángel mirando en su alrededor

―Tocas la puerta equivocada. ―dice Spike sirviéndose otro vaso de whisky

―Creí que podía marcar una diferencia. ―susurra Ángel. Spike se da vuelta y se lo queda mirando―. Que estaba ayudando a la gente. Pero últimamente las cosas comenzaron a perder sentido. Todo lo que quiero… ―hace una pausa sus ojos se ensombrecen y una mueca de dolor surca su rostro―. ¡Spike! ¡No tienes ni idea! Todos los días me levanto y me digo que no es verdad. Que es una maldita pesadilla. Pero, pero…, ¡es mentira! Ella se fue. Y ahora sólo queda ese demonio o lo que sea que ocupa su cuerpo. La veo y recuerdo lo estúpido que fui. ―agachando la mirada―. ¡Dios ella!... Ella… ―se le quiebra la voz a Ángel.

―Valía la pena. ―dice Spike

―Sí. Y me pregunto si hice todo por salvarla. ¡Soy un campeón! Pero… si tal vez… yo. ―otro silencio más largo que el anterior―. ¡Era mi amiga! ¡Confiaba en mí! ¡Y no pude! ¿Para qué todo esto? ―Ángel se observa las manos como si quisiera deshacer un maleficio―. Estos poderes, si no puedo salvar a las personas que amo. ¡Todos se van! Los estoy perdiendo uno por uno. ―juntando sus manos―. Y me pregunto, ¿si al final la recompensa, el perdón, valdrán la pena? ¿Si me servirá de algo?

―Nunca es suficiente. ―dice Spike sentándose junto a él. Le ofrece la botella de whisky, Ángel lo mira dudoso, agarrándola bebe un trago.

―¿Realmente tienes gusto de esto? ―le pregunta Ángel devolviéndosela.

―¿Por qué no? ―le responde Spike y mirando hacia el frente―. ¡No busques recompensas Peach! ¡Nunca las encontrarás! Son más escurridizas que la sangre. ―dice Spike recostándose contra la pared y su tono de voz se vuelve más bajo―. Yo sigo mi camino. Hago mi bloody destino. ―mirándolo―. Tomo atajos equivocados pero, sé lo que soy, lo que hice. ¡Los estúpidos errores! ―encogiéndose de hombro dice―. No me esperan arpas ni un sangriento coro a mi llegada. ¡Pero no cuido de eso!... Tomaré mi camino después de todo.

―El infierno no es un lugar agradable. ―dice Ángel sombrío―. Fuego, tortura, dolor… eternidad sin paz. Te puede volver loco, casi un animal. ¡Lo sé! ¡Estuve ahí!

―Es caliente por lo menos. ―dice Spike bebiendo otro trago―. Y habrá un par de traseros que deseo patear. ¡Además no estaré solo!

―Ángel sonríe.

―¿Y el shanshu? Pensé que te interesaba ―pregunta Ángel sorprendido

―Lo dije para fastidiarte. Sabía que lo querías, y bueno pensé que podría tener una maldita oportunidad.

―¡Aún la tienes! ―dice Ángel

―No muero por ella. ―murmura Spike tomando un trago de la botella―. Soy un vampiro. Y estoy bien con eso. Es lo que soy

―¿No lo odias? ―pregunta Ángel dudoso

―¿A quién?

―Al demonio en ti. ―dice Ángel bajando la cabeza―. ¡Yo lo aborrezco! Lo siento en mi interior asechándome, esperando que falle y ¡odio eso! ―apretando sus manos con fuerza―. Pero hasta él, es prisionero de su propio monstruo.

―¿Tu alma? ―pregunta Spike

―No. Ella sólo me recuerda al verdadero demonio que hay en mí. ―hace un silencio y continúa―. Al hombre. A Liam

―Han pasado malditos sangrientos años, no creo que exista. ―dice Spike mientras busca un cigarrillo entre sus ropas―. Las cosas cambian.

―¿Realmente crees eso? ―Ángel lo mira interrogante―. ¡No sé! Ya no estoy seguro de nada.

―Bueno viejo, estás encontrando el camino. El desfile se acerca. Si te interesa… ―y mirándolo con el cigarrillo entre los labios―. dudo que la tonada cambie. Te acostumbraste al bloody look chico deprimido, humano, vampiro no veo la diferencia. ―dice mientras enciende el cigarrillo―.

―¡Habla William, el sangriento! Si mal no recuerdo hiciste toda una obra sobre esto. ―dice Ángel sonriendo―. ¡A ver!… ¿cómo empezaría el poema? ―se queda pensando.

―¡Hey! ¡Alto amigo! No pises mis zapatos. No das el tono.

―Tengo mi propio estilo. ―murmura Ángel―. Sabes con música y todo. Me gustan como suenan los violonchelos de fondo.

―Suenan sangrientos. ―dice Spike con una mueca divertida en su boca.

Se hace un silencio entre los dos. Ángel agarra la botella y le da otro largo sorbo. Spike lo mira, levantando una ceja con una media sonrisa en el rostro.

―¿Qué? ―pregunta Ángel molesto y después de un segundo―. ¿Qué harás? ―interroga mientras deja la botella a un lado.

―Lo pensaré. ―dice Spike

―Es mejor que nada. ―dice Ángel y luego se levanta y se aleja perdiéndose entre las sombras.


La noche se cernía sobre el lugar. Podía distinguir claramente el olor de la lluvia que amenazaba con desatar su furia en cualquier instante. Una ráfaga de viento helado golpea su cuerpo moviéndole el cabello sobre su rostro. Había algo en la noche. Cada sentido se lo gritaba, cada parte de su ser lo sentía como una llamarada quemándola. Hundiéndola, en esa oscuridad absoluta que la envolvía. Gira su mirada hacía el ruido de unas pisadas apenas audibles. "¡Dios se estaba volviendo loca!" Todo esto no era más que un absurdo sueño del que no podía despertar. Quiere gritar. Pero no puede. Quiere escapar de esta locura, huir de este sueño, pero una fuerza invisible la retiene. Atándola. Negándole toda salida.

Y ahí frente a ella, está él. Hermoso como un Dios, imponente en medio de la noche que lo cubre como una amante celosa. La mira, y siente que en su mundo no hay más cielo que el azul profundo de sus ojos. Y sus labios quieren pronunciar el nombre. Pero sólo el silencio es más fuerte que ellos. Él se le acerca, la observa por un instante y sonríe. Y puede sentir su voz dentro de ella, aún antes de que él despegue sus labios…

―Le hablaré a lo que le temes, a lo que ocultas de ti. ―acercándosele―. Sacaré tus instintos a flote y llorarás y gritarás por mí. Porque no existirá vida para ti después de mí. ―dice mientras acaricia su cabello―. Cada aliento que des, cada sonido que emitas tendrá mi nombre y jamás serás libre, ―mirándola a los ojos―. Hasta que te pierdas en lo que deseas. ¡Porque así debe ser! ―atrayéndola hacia él―. ¡No me culpes! ¡No me temas! Sólo le hablo a lo que eres, lo que anhelas, ―levantando su barbilla―. A tus deseos ocultos. No pido más de lo que tú quieres dar. ―rozando sus labios―. No hay maleficio en esto.

Y él se desvanece como un sueño. Mientras gruesas gotas de agua comienzan a descender sobre su rostro.

―¡Noooo! ¡Spike! ―grita Buffy en medio de la noche.

Afuera se oye el primer trueno retumbar con furia sobre el firmamento. Un rayo de luz ilumina la habitación. Buffy aún tiene las manos crispadas sobre las sábanas que retuerce sin piedad. Sus hijos fueron interrumpidos por el incesante golpeteo de su corazón. Es la primera vez desde su muerte que ella se permite soñar con él. Otro verdadero vuelve a retumbar en el cielo. ¿Por qué? ¿Dios por qué? Y el martilleo loco de su corazón es su única respuesta. Afuera la lluvia se desata con toda su intensidad ...

Continuará