TERCERA PARTE
Interior Casa Summers. Cocina. Mañana
Italia Roma
Buffy se encuentra sentada en la cocina bebiendo de a sorbos su taza de café. No pudo dormir en toda la noche, los recuerdos de ese sueño persiste tan nítidamente, que le es difícil desligarlo de la realidad. Frunce el ceño enojada. Ella está acostumbrada a tener sueños extraños, premoniciones de cazadora lo llaman. ¿Por qué ahora? ¿Por qué con él? ¿Y qué demonios quería significar todo aquello? Trata de espantar de su mente esas imágenes, aferrando con más fuerza la taza entre sus manos. Sí, por lo menos pudiera saber, pero con quién hablar. ¿Con Giles? Imposible. El no entendería, ni ella estaba segura de lo que significada todo aquello. Maldijo entre dientes. Afuera seguía lloviendo como anoche. El cielo había amanecido tormentoso y amenazaba con continuar así todo el día. De a ratos paraba para desencadenarse luego con mayor furia. Un cielo oscurecido se filtraba tenuemente entre las cortinas de la ventana.
Dawn atraviesa la puerta de la cocina, entra y se sienta delante de ella. Ladea la cabeza y se la queda observando.
―¿Mala noche? ―pregunta viendo el rostro de preocupación de su hermana.
―… ―Buffy nada contesta
―¡Hello! Buffy, ¿hay alguien en casa? ―dice Dawn pasando su mano por el frente de la cara de Buffy
―¿Qué, qué? ―pregunta sorprendida saliendo de sus meditaciones―. ¡Ah! Hola Dawnnie. ¿Pasa algo?
―Nop. ¿Estás bien? ―pregunta mientras se dirige a la heladera a prepararse el desayuno. Toma un cartón de leche―. Pareces preocupada. –comenta sacando una caja de cereales y un pote de la alacena. Sentándose de nuevo frente a su hermana.
―Mala noche. ―dice Buffy levantándose para lavar su taza.
―Si, los truenos me levantaron un par de veces en la noche. ―y llenando su tazón con leche―. Pero después dormí como un bebe. Cuestión de costumbre supongo. ―dice Dawn levantándose de hombros
―Este, uh… bien, yo quisiera hablar contigo. ―dice dándose vuelta mientras cierra la canilla. Dawn asiente con la cabeza mientras se lleva una cucharada a la boca―. Bueno anoche estuve hablando con Giles y el piensa… ―Buffy se queda callada un segundo―. El piensa que lo mejor será que nos vayamos una temporada con él a Londres. ―agrega acercándose con la taza que seca entre sus manos.
―¿Ahora? ―pregunta Dawn sorprendida―. No quiero. ―dice corriendo el desayuno de su lado y cruzándose de brazos.
―No, no ahora sino dentro de dos semanas. Cuando termines el colegio, será una especie de vacaciones. ―dejando el repasador―. Después veremos.
―¿Y por qué ahora? ―mirándola desafiante a los ojos―. Digo, no se supone que este es nuestro nuevo hogar. Además, yo acá tengo amigos. Me gusta.
―Créeme que lo sé. ―dice Buffy―. Es más ni yo estoy muy convencida de esto, pero Giles dice que me necesita y no será por mucho tiempo.
―Entonces ve tú. Yo me quedo. ―y murmurando bajo―. A mí no me necesita.
―Sabes muy bien que no puedo.
―¿Por qué no? No soy una niña. ―dice Dawn molesta―. No necesito que me anden protegiendo todo el tiempo. ―y desviando la vista de su hermana―. ¿Por qué soy yo la que se tiene que estar sacrificando siempre? ―observándola de nuevo―. Ahora que todo es normal. ¡No claro! A nadie le importa lo que yo quiero.
―Eso no es justo. Claro que me importa. ―dice Buffy tratando de tocar la cara de Dawn. Esta desvía el rostro―. ¿Acaso no me escuchaste? Es sólo por un tiempo. No dije que nos fuéramos a vivir allí.
―Si claro. Eso decís ahora, pero después todo cambia. ―dice Dawn mordiendo las palabras.
―¿Qué estás diciendo? ―pregunta Buffy achicando la mirada
―¿Eres sorda también? Sólo te importa de ti. ¡Admítelo! ―grita Dawn levantándose de su asiento―. No te gusta el trabajo que haces acá. ―mordiéndose el labio inferior―. ¡Ni siquiera sabes decir una oración en italiano con sentido!
―¡Claro que sé! ¡Claro que lo hago!
―¡Oh, por favor! ―exclama Dawn moviendo los brazos―. No quieres estar aquí, no conmigo.
―¡Ya basta! ―la corta Buffy de inmediato―. ¿Terminaste? Porque ahora me toca a mí. ―dice cruzándose de brazos―. ¡Estoy cansada! Harta de escuchar tus reclamos y tus gritos. Nada de lo que hago te conforma. ¿Qué quieres de mí? ―acercándose hacia la mesada―. Lamento que tu hermana sea la cazadora. Yo no lo elegí, es lo que soy. Pero creo haber salvado tu trasero lo suficiente como para que me tengas un poco de consideración. ―bajando la mirada―. Siento que mamá no esté. Daría mi vida porque todo fuera diferente… ―mirándola― pero ¡oh, cierto! ¡No es suficiente! ―su voz se corta, y tomando aliento―. Lo único que escucho son reproches. ―se acerca y toma la taza entre sus manos―. Buffy esto, Buffy aquello, ¡piensa Buffy!, algo malo le pasa a Buffy. ¡Ya cállense! ―dice y tira la taza al suelo. Dawn se sobresalta―. ¡Ahora me escucharan todos les guste o no! ―y moviéndose hacia donde ella esta―. Mientras estés a mi cargo harás lo que yo quiero. Y si no te gusta o te parece injusto, ¡lo siento! Pero así son las cosas. Este es el juego. ―y con un tono seco agrega―. Nos iremos dentro de dos semanas.
―Y si no quiero. ―dice Dawn desafiante.
―Te ataré, te amordazaré y te llevaré a la rastra si es necesario. ―levantando su cara y mirando directamente a los ojos de su hermana―. Sabes que puedo hacerlo. ¡Así que no me obligues! ―termina Buffy tajante.
―Eres dura. Eres fría. ―se nubla la vista de Dawn―. Por eso nadie quiere estar contigo. Te has vuelto una vieja amargada y terminarás más sola que nunca. ―dice mientras su voz se corta abruptamente.
―¡No tienes ni idea de lo que soy, o lo que siento! ―de pronto la voz de Buffy se carga de un dolor y una pasión nunca vista―. Piensan conocerme pero es mentira. ―sus ojos se han vuelto dos cristales de hielo―. Y si soy fría, dura, es porque debo ser fuerte para estar allí. Salvando al mundo. Crees que todo este poder es fácil. ―dice moviendo sus brazos como si quisiera abarcar algo― Que no deseo el amor, tener amigos, una familia. ―se detiene de repente―. Pero todos ustedes no hacen más que recordarme mi deber. Mis obligaciones. Y yo debo tomar las decisiones difíciles les guste o no. ―y observándola seria―. Y ya decidí. ¡Fin de la discusión!
―¡Te odio! ―le grita y se va corriendo a su habitación cerrando la puerta con un portazo detrás de ella.
Buffy se queda en medio de la cocina. Mira la taza rota en el suelo, y con un suspiro levanta los pedazos uno a uno. Uno de estos le corta la mano y su sangre comienza a cubrir una parte de la loza.
"Le hablaré a lo que eres, lo que ocultas de ti…"
―¡Ya basta! ―grita Buffy y tomando su abrigo sale a la calle. Una bocanada de aire fresco golpea su rostro. Lo aspira con toda la fuerza de sus pulmones y comienza a descender por las estrechas callejuelas perdiéndose en una esquina. Un rayo de sol se asoma entre las nubes que amenazaron con cubrir toda la mañana. Buffy pierde su vista en aquel horizonte de terrazas rojas y calles adoquinadas. Mientras las voces de los transeúntes la envuelven como un susurro que apenas comprende. Y ruega y desea ser parte de ese mundo distante, de ese sol que brilla tan lejano a ella. Y se hunde entre la multitud. En el laberinto de la ciudad eterna, buscando un camino que la salve, buscando un sueño…, simplemente un sueño.
Dos semanas después
―¡Vamos Dawn! Apúrate ya llegó Giles. ―llama Buffy desde la puerta. Dawn aparece con cara de fastidio―. ¿No te olvidas de nada? ―le pregunta.
―¿Realmente importa? ―dice pasando entre ambos en dirección a la salida. Buffy se queda seria mirándola alejarse y dirigiéndose al vigilante―. Esto no está funcionando Giles. Va hacer más difícil de lo que pensé.
―Dale tiempo Buffy ―dice Giles―. Es joven, ya comprenderá.
―¿Comprender qué? ―pregunta mirándolo incrédula―. Ni yo misma estoy segura de nada últimamente. ―suspirando―. No hay salida, sólo este horrible y oscuro túnel.
―¡Dios Buffy! No es así. ―dice Giles refregándose los ojos―. Ya verás dale tiempo. Y cuando menos lo esperes encontrarás esa puerta que tanto estás buscando. ―y levantando la cabeza le sonríe―. ¡Y así hay luz al final del túnel!
―Mientras no sea un tren. ―dice Buffy
―Tomaré eso como humor americano
―Humor Buffy. ―dice con una media sonrisa en su boca―. De sólo me pasan a mí estas cosas. ¡Lo acepto! ―y haciendo un silencio―. Giles yo… no sé, este…, eh, quería preguntarte algo
―Si dime. ―se queda observándola
―Sabes… bueno, esa cosa de los sueños… ―se lo queda mirando dudosa. Giles la sigue escuchando atentamente―. Todo eso cazadora-sueño, este yo últimamente, tal vez… es raro…
―¿Estas teniendo sueños de Cazadora? Eso es importante Buffy. ―dice Giles, y bajando la voz―. ¿Algo malo sucede? Porque de ser así…
―No, no, no. ―se apresura a negar inmediatamente―. Fue un sueño, uno sólo, y yo, bueno…, ―su voz tiembla―. No sé qué pensar. Me asusta, y me pregunto si…
El ruido de la bocina del coche los interrumpe. Giles se da vuelta y observa a Andrew haciendo sonar el claxon queriendo imitar la música de las Guerras de las Galaxias. Atrás en el asiento una Dawn sería se encuentra sentada.
―Se hace tarde. El avión se va ―canturrea Andrew asomándose por entre la ventanilla.
―Mejor será que subamos, o nos dejará sordo a todos ―dice Giles moviendo la cabeza.
―Está comenzando con la apertura del episodio ―dice Buffy rodando sus ojos.
―¡Dios porque no seré sordo! ―ruega Giles. Buffy sonríe a su lado―. ¿Qué me querías preguntar? ―le dice de repente.
―No nada, olvídalo. ―contesta Buffy levantándose de hombros―. Era una tontería. Mejor vámonos.
Los dos se dirigen hacia el auto. Giles se sienta en el asiento de conductor acompañado por Andrew que no deja de moverse ansioso a su lado. Más atrás, Buffy observa la casa en silencio. Dawn trata de evita de todas formas, el mirar a su hermana.
―Bueno es la hora. ―dice Giles arrancando el auto.
Buffy le dedica una última mirada a la calle y cerrando sus ojos recuesta su cabeza en el asiento.
Oficina de W&H
Los Ángeles California
El movimiento de gente era constante entre las oficinas, los teléfonos no paraban de sonar. Parecía que se hubiese desatado infinitos apocalipsis en todo Los Ángeles. La gente entraba y salía llevando papeles, órdenes y formularios. Varios demonios de diferentes especies, esperaban en las antesalas para ser atendidos. Adentro de la oficina de Ángel el caos era igual.
―No querida. Kantámicro. Si, no, no… haber, no. Eso no. Déjame escucharlo. ―dice Lorne hablando por teléfono. Desde la otra línea un fuerte zumbido hace que varios vidrios de la oficina se rompan. Todos lo miran disgustados―. Este, bueno, eso fue bastante aproximado. Vidrios rotos, dolor de cabeza…, extrañas luces ―un par de cabezas se dan vuelta a mirarlo―. Que yo sólo puedo ver al parecer. Aunque no estoy muy convencido de la nota. A ver. ―dice cambiando el teléfono de oído―. No, no tú voz es deliciosa. Pero inténtalo en Mi menor…, si, si. ―y viendo que Ángel le hace una señal―. Espera honey.
―¿No intentarás de nuevo eso? ―pregunta Ángel en un susurro
―Bueno, es mi mejor informante. ―Lorne tapa la bocina del celular―. Debemos estar seguros. Además el tono que uso no me convenció. ―dice arrugando su nariz y con un gesto de revelación exclama―. ¡Re menor! Ese es.
―Lorne. Vampiro. ―dice Ángel sobándose los oídos―. Si vuelves hacerlo perderás algo más que tu cabeza.
―Eso es abuso de poder. Hay un sindicato sabias. ―comenta Lorne mientras lo apunta con el celular.
―¿Tenemos sindicato?
―Si, y muy bueno. ―y volviéndose al teléfono―. ¡Oh, mira cariño! Porque no lo dejamos para más tarde. ―haciendo un gesto con su cabeza―. Si problemas sindicales. Si, si claro. Adiós.
Ángel sigue observando los papeles que tiene en sus manos, y ojeando las últimas páginas los tira sobre el escritorio.
―No sirven. Esto es otro maldito callejón sin salida.
―Bueno acá tampoco están funcionando las cosas. ―dice Gunn apartando un gran número de carpetas―. Puro subterfugios legales. Te llevaría más de veinte años salirte de las primeras cláusulas. ¡Y eso si eres muy bueno en ello! ―girando en su asiento―. Claro que yo soy muy bueno. Pero eso no cuenta. ―y levantando un legajo entre sus manos―. Estos tipos conocen su trabajo. No dejaron nada claro. ―lo tira junto con los demás―. Esconden sus huellas bajo toneladas de otras pisadas. Y puedes tomarlo literalmente si quieres.
―Genial. Caminando sobre mí tumba. ―dice Ángel metiendo las manos en su gabardina―. Ya me estoy cansando de esto. –y mirando a su alrededor―. ¿Y dónde está Wesley se supone que él es el experto?
―¡Basura! ―dice Wesley entrando por la puerta―. ¡Como odio esto! ―exclama cayendo en un sillón, mientras aprieta un puñado de papeles. Y moviéndolos delante de su cara. ―Sabía de acertijos oscuros, pero esto es el colmo. Cada nueva pista que tengo, me lleva a otra más incomprensible, y claro suponiendo que la descifré bien… ―sacándose los lentes los limpia y mira a través de ellos―. y que el camino es el correcto. Hay demasiados tal vez, o puede ser esto… ―se los coloca―. ¡Esto es el infierno!
―Bienvenido a él. ―dice Spike entrando y observando a su alrededor―. ¿Sabían de los vidrios rotos? ―y mirando a Ángel―. ¿Alguna novedad?
―Depende. ―dice este―. Estamos en medio de algo grande. Ya no quedan dudas, algo nos ocultan, ahora… ―mostrándole todo los papeles―. debemos saber qué. Hay indicios que indican un Apocalipsis, y la intervención de un vampiro con alma. El cómo, por qué y cuándo, todavía no lo sabemos.
―¿Y el Shanshu? –pregunta Spike.
―Es parte de ello. ―dice Wesley―. En esta especie de fiesta sorpresa que nos están preparando. Pero aún no tenemos muy en claro cómo actúa. ―Y mirándolos a ambos―. Ni quien de ustedes es el elegido. ―se soba la frente―. Antes pensábamos que era Ángel, pero bueno las circunstancias cambiaron… ―y escrutando a Spike―. y bueno ¡no se!, esto es extraño. ―dice Wesley con un suspiro
―Ya le dije aquí al Peach, que no me interesa. ―comenta Spike sin dejar de observar a Wesley―. y como no veo motivo para seguir quedándome yo…
―Spike, pensé que ya habíamos aclarado este punto. ―dice Ángel molesto―. Es más que evidente que algo están tramando con nosotros. ―sentándose en una esquina del escritorio―. ¡Y no es una cuestión de que te interese o no!
―Ángel tiene razón. ―dice Wesley―. El vampiro con alma jugará un papel clave, y tenemos que estar seguro de cual de ustedes dos es, ya que…
―¡Si ya sé! Y volverá a ser humano. ―dice Spike con fastidio―. Me conozco la canción.
―Es una bonita historia, un día compondré un tema sobre esto. ―comenta Lorne, ambos vampiros lo miran―. ¡Era sólo una idea! ―para sí―. ¡Qué carácter!
―Te dije que me quedaría y lo hice. ―dice Spike señalando a Ángel―. Pero sabes, me estoy cansando de esperar. ―hace un silencio y rueda los ojos―. Todo sigue igual. Y dudo francamente que te dejen saber más allá de lo que ellos quieran.
―Me gusta el optimismo. ―dice Gunn. Spike lo mira con mala cara―. ―Pero debo de estar de acuerdo con el rubio. Nos estuvieron utilizando todo el tiempo. ―su voz se hace profunda y su mirada se entristece―. ¿Y quién sabe que más nos están escondiendo?
―Pero la profecía existe. ―dice Ángel descruzándose de brazos―. Y es uno de los motivos por los que nos tienen monitoreados. ¡Hay algo allí!
―¿Y por qué les importaría la redención de un vampiro? ¿O el tratar de detener un Apocalipsis? ―pregunta Wesley―. A menos que…
―No quieran detenerlo. ―dice Spike. Todos se quedan callados.
―Piensan que quieran provocarlo, una especie de aceleración cósmica o algo. ―dice Lorne―. Eso explicaría los dos vampiros con alma, y el tema del amuleto.
―Pensé que querían sacarse a uno de encima. ―dice Ángel dudando.
―Tal vez al principio. ―comenta Wesley―. O fue una forma de atarlo a W&H y a los socios mayoritarios.
―Si y en vez de un campeón tendrían a un bloody humano. ―dice Spike, y haciendo una mueca―. Si el Sahnshu significa eso.
―¿Qué quieres decir? ―pregunta Gunn
―Que no estoy seguro. ―dice Spike serio―. Vida, muerte. ¿Cuál es la diferencia? ―levantándose de hombros―. No estamos ni vivos, ni muertos, podría ser cualquiera de las dos cosas.
―No. La profecía dice el que está muerto vivirá. ―protesta Wesley convencido, sin dejar de mirar extrañado a ambos vampiros.
―Pero vivimos. ―aclara Spike señalándolo con un dedo―. De una forma relativa. ―dice haciendo un mohín con sus labios―. Pero estamos caminando en este mundo.
―Muertos caminando. ―sentencia Gunn
―Creo que lo que Spike quiere decir… ―dice Wesley―. es que tal vez el vampiro con alma cuando cumpla su destino… muera. ¿Es eso? ―se lo queda mirando.
―¿Y qué clase de premio es ese? ―pregunta Lorne
―Una especie de perdón. Un descanso. Sin infierno supongo. ―dice Spike
―¿Y quién querría eso? ―pregunta Gunn
―Alguien que desee el olvido. ―dice Spike serio.
―Eso suena a suicidio. ―comenta Wesley lúgubremente.
―Sin el detalle de la condenación. ―dice Lorne―. Pero sí, se aproxima. ―se pone serio y mueve la cabeza negativamente.
Ángel se mantuvo en silencio todo ese tiempo. Mientras sus ojos se perdían en un punto de distante de la habitación. Y con una voz profunda y apagada dice:
―Yo lo quiero.
Todos se dan vuelta a mirarlo con asombro. El rostro de Spike se entristece pero sabe que no hay mentira en esas palabras.
―¡Estás loco! ―exclama Lorne alarmado―. Sabía que el trabajo en W&H te afectaría, pero no para tanto.
―Me podrían dejar a solas con Spike. ¡Por favor muchachos! ―dice Ángel ignorando por completo las miradas de reproche de que es objeto.
Los otros se miran entre ellos, Wesley les hace una señal de asentimiento y uno a uno se van retirando en silencio.
―¿Cuándo te irás? ―le pregunta Ángel a Spike una vez que todos se retiraron
―¿Cómo lo sabías? ―dice Spike sorprendido
―Te conozco William. No eres de mucha paciencia.
―Esta noche. Venía a pedirte un auto. ―y mirándolo―. ¿Qué harás con todo esto? ―le pregunta mientras observa el desorden a su alrededor.
―Seguir la comedia, supongo. ―dice Ángel con tono cansado en su voz―. ¿Qué más puedo hacer?
―Si claro. ―lo observa por un segundo, quiere decirle algo pero se arrepiente de inmediato―. Es mejor que me vaya. ―dice Spike de repente.
―Mantente en contacto. ―le pide Ángel. Spike asiente con la cabeza.―. Aún no sabemos qué quieren de nosotros. ―y mirándolo―. ¿A dónde iras?
―A Londres. ―dice Spike y ante la mirada extrañada del vampiro aclara―. Tengo un asunto que resolver primero. Una vieja deuda. ―haciendo un silencio―. Después me iré a Roma. A buscar a Buffy ―dice observándolo de frente.
―¿Y qué harás cuando la veas? ―le pregunta Ángel con la mirada ensombrecida.
―No sé. ―dice Spike―. Supongo que seguir mí sangre.
―Es un comienzo. ―dice Ángel.
―Yeah.
Horas después, una figura observa desde la ventana, la partida de un auto que toma la dirección hacia el aeropuerto. Ángel se da vuelta y mira el desorden en su oficina, se sienta en su escritorio y abre una gaveta. Sus dedos repasan unos papeles que estuvo revisando y con un leve murmullo pronuncia esa única palabra. Ese único rezo.
―Connor.
A veces te preguntas ¿hasta cuándo podrás resistir? ¿Hasta cuándo los muros te contendrán? Spike se encuentra sentado en su asiento. La azafata pasa dando las últimas indicaciones, con esa sonrisa eterna cincelada en su rostro. Él cierra sus ojos y recuesta su cabeza oliendo la noche.
Rompiendo las barreras. Las paredes se resquebrajarán sobre ti, y sepas que te encuentras perdido en tus miedos. ¿Por dónde huir? Una tenue luz se filtra por la oficina. Ángel se encuentra sumergido en las tinieblas, aferrando entre sus dedos una vieja foto. Un rayo de luna ilumina su rostro.
Cuando los vientos soplen y la tormenta no te deje avanzar, que será de ti, que será de mí. Esperándote, aguardando tu llegada, desgarrando la vida en sueños perdidos. Buffy observa su nueva habitación, dejando su maleta a los pies de la cama. Descorre las cortinas y se queda mirando el inmenso jardín que se extiende ante su vista.
Porque yo sé lo que te ata aquí. Reteniéndote, permaneciendo dormido dentro de ti. Crees conocer los caminos, que sabes las repuestas pero es inútil mentirnos. El avión comienza a levantar vuelo. Y una extraña sensación invade todo su cuerpo.
Puedes sentirme en lo profundo de tu ser, en cada aliento que das. Susurros de arena en el viento que saben del dolor, que claman por nosotros, llamándonos. Buffy gira su mirada hacia la oscuridad que comienza a descender en el horizonte. Y podría jurar que ese sueño, que trata con desesperación de olvidar se empieza a condensar sobre ella. Tenaz, insondable, y con un fuego incontrolable recorre sus venas.
Nómbrame, búscame sobre las ruinas de nuestros temores, te estaré esperando guardando la última esperanza, para ti, para mí. Ambos giran sus cabezas a ese antiguo llamado, hay algo en el aire, en la noche, que grita por ellos. Hundiéndolos, perdiéndolos, deseándolos, y saben con implacable certeza que ya no hay retorno.
Y en el ocre crepuscular partiremos al encuentro de nuestro destino. ¿Hacia dónde más huir?
Continuará
