QUINTA PARTE
Interior. Habitación de Buffy. Noche
Londres Inglaterra
Hace horas que él se había ido. ¿Por qué tuvo que decirle eso a ella? ¿Por qué tenía que arruinar todo entre ellos? Buffy se movía inquieta de un lado a otro de la habitación, semejante a una fiera enjaulada que se resiste a su suerte. Se dirige hacia la ventana abriéndola de par en par, y tomándolo una profunda respiración se recuesta sobre un costado de la misma. Su mente no la deja en paz desde la tarde. Tenía la profunda necesidad de golpear a alguien. Necesitaba calmarse o se iba a enloquecer. Tal vez hubiese sido mejor ir con Giles y su grupo de cazadoras, pero francamente no estaba de ánimo para escuchar más idioteces. ¡Bastante tenía ya ella con las de Xander! Se levantó molesta de donde estaba y dirigiéndose hacia su cama agarra una almohada que arroja con todas sus fuerzas por el aire. Esta atravesó volando toda la habitación, saliendo por la ventada para ir a dar en medio del jardín. ¡Genial! Exclamó Buffy cada vez más irritada. ¡Ahora tendría que ir a recogerla! ¿Qué querían de ella? Se sentó frustrada sobre su cama. Agarra sus piernas entre sus brazos y apoyando la cabeza sobre las mismas, cierra los ojos intentando olvidar toda esta pesadilla.
Afuera ya era noche cerrada. La luna nueva iluminaba el jardín cubriéndolo de extrañas sombras que danzaban con el viento. Buffy levanta la cabeza, el silencio sepulcral del departamento era lo único que escuchaba. Gira su cabeza en dirección del reloj. Este marcaba más de la diez de la noche. Hace como media hora que Dawn había regresado. La oyó hablar con Andrew y meterse de inmediato en su cuarto. Giles aún no había vuelto. El silencio que la envolvía era total, asfixiante. Quería escapar, huir de esas cuatro paredes que la ahogaban por completo. ¡Necesitaba cazar! ¡Dios! ¿Cómo podía tener estos sentimientos? Miró hacía la ventana, hacía las sombras que se arremolinaban más allá de la luz de su cuarto, y deseo perderse en ellas. Sentirse viva aunque fuera por un instante. Negó con su cabeza. ¿Qué le estaba pasando? ¡Qué demonios le sucedía! Era su esencia y lo sabía, por más que trató de negarla, de escapar, ¡no podía! ¡Ahí, estaba! ¡Llamándola! ¡Alimentándola! ¡Buscándola!
Cerró sus ojos y el vació de la habitación pesó más hondamente sobre ella. Una gruesa lágrima comienza a deslizarse silenciosa por sobre su rostro. La limpia de un manotazo. ¡No quería llorar! ¡No debía llorar! Pero las palabras de Xander seguían repercutiendo en su memoria. Sabe que es mentira. No eran estas en realidad la que atormentaban su alma. Sólo era una tonta excusa para desencadenar esa angustia que la estuvo consumiendo todos estos días. Ella sabía que era otra la voz, que su mente se negaba a olvidar. La voz de él. De Spike. ¿Por qué se mentía? ¿Por qué les mentía a todos? Pero, ¿qué sentido tenía todo esto? ¿Qué pretendía hacerse a ella misma? ¿A qué estaba jugando? No tenía suficiente dolor en su vida, para incrementarlo aún más. Otra lágrima se escapo de sus ojos.
Pero en la soledad de su cuarto subida en su cama, recostada contra la pared. ¡Podía ser ella! No había ojos que la estuvieran mirando. Ni dedos que la señalarían. No escucharía voces que hablaran por ella. Ni debía ser fuerte, fría, alejada de todo sentimiento humano. No había decisiones que tomar, ¡no había nada! Buffy aprieta con más fuerza sus piernas con sus brazos. Un gemido de dolor escapa de su garganta. ¡Allí podía llorar! Mañana fingiría, tomaría las decisiones difíciles. Sería la cazadora, la elegida. Hoy en ese frío cuarto simplemente podía ser..., Buffy.
Una punzada cruzó su pecho. Mira de nuevo el reloj. Once menos cuarto, el tiempo parecía detenerse, inmóvil y las paredes que la rodean se condensaban más gruesas y profundas sobre ella. Era un sueño, sólo un estúpido sueño que la atormentaba. Y el ritmo loco de su corazón repercutió como una carcajada en sus oídos. ¡Dios quería llorar! ¡Quería gritar! Pero estaba congelada. Detenida en ese mar de dudas, oprimida bajo todos esos silencios que como una telaraña demasiada densa le prohibían toda huída.
Un viento helado comenzó a colarse por la ventana abierta. Buffy tembló de repente. Alza la vista. En el cielo la luna brillaba, extraña, fría. Y como si respondiera a un silencioso llamado, se levanta de repente. Dirigiéndose hacia la ventana se queda mirando el jardín que se extendía debajo de ella. De un salto estaba allí. No sabía exactamente lo que hacía, pero era una necesidad, era algo más fuerte que ella. Y por primera vez en mucho tiempo. Respondió a ese llamado. Cruza el jardín hacia la barda que limita con la calle, salta sobre ella. Mira sobre su hombro en busca de alguna mirada, pero esta se encuentra desierta. Delante de ella se extendía las sombras que las viviendas dibujaban sobre la vereda. Tomo aliento, y mirando hacia delante comienza a caminar perdiéndose por una esquina.
Un ruido de pisadas vino proveniente de su derecha. Observó unas siluetas comenzar a formarse bajo las luces de las veredas. Cruza de repente huyendo de todo contacto humano. Hoy sólo desea beber la noche. Sentirse libre, atada simplemente a esa extraña sensación que la llamaba. Y así se fue perdiendo por las viejas callejuelas de Londres, sintiendo la noche, deseándola y esperando.
Oficinas de W&H Noche
Los Ángeles California
La oscura figura se recortaba contra el inmenso ventanal de su oficina, observando la ciudad que se extendía indiferente y fría ante su vista. Las luces titilaban ensoñadoras en su murmullo de existencias perdidas, en ese mar de concreto y acero. Recuesta su cabeza contra los gruesos vidrios, su mente vagaba perdida en la distancia de los recuerdos. Tras de él los últimos empleados se disponían a marcharse. Las luces oscilaron por un momento en el pasillo, luego una oscuridad más densa lo cubrió por completo. Afuera la vida bullía como un demonio arrastrándose hambrienta, deslizándose por las calles de la ciudad. Y esta indiferente a todo lo veía pasar a través de un escaparate. Era un demonio devorándose a sí mismo. Amándose, odiándose. El hombre suspira desde su mundo.
Unos pasos se oyen detrás la puerta retrotrayéndolo a la realidad. Esta se abre. Por un momento una pequeña luz proveniente del pasillo se desliza en la oficina. El hombre entra, achica la vista, adaptándola a la oscuridad del lugar.
―¡Oh, Ángel allí estás! ―dice Wesley mirando en su dirección. Se gira hacia atrás en busca del interruptor y lo enciende. Los ojos de Ángel pestañean ante la misma―. Te estaba buscando. ―comenta acercándosele.
―¿Qué pasa Wes? ―pregunta Ángel desde la ventana―. Pensé que ya te habías ido.
―Si bueno, yo en verdad…, estaba traduciendo una profecía. ―y mirándolo―. Será mejor que te sientes. Ángel frunce el ceño y se recuesta en un extremo del escritorio―. No es seguro. ―comienza a excusarse Wesley de inmediato.
―¿Cuándo? ―lo interrumpe Ángel, sin dejar de escrutar su rostro.
―¿Qué? ―pregunta este sorprendido.
―El Apocalipsis. ―y cruzándose de brazos―. ¿Qué es esta vez? Fuego, una gran serpiente, plaga, un demonio huyendo del inframundo, guerra… ―sigue enumerando Ángel acompañado por movimientos de su cabeza.
―No, no se trata de eso. Bueno en parte si,... pero no. ―y viendo la cara de interrogación de Ángel, Wesley tartamudea siguiendo―. En, en realidad no estamos muy seguro de que mi interpretación sea la correcta. ―elevando su vista al cielo―. ¡Todo es caóticamente oscuro! Pero tenemos fuertes indicios, y yo pensé..., que tal vez nos estamos acercando a algo grande.
―¿Tiene que ver con el Shanshu? ―le pregunta Ángel
―Puede ser. Todo es confuso en esa parte. ―dice mientras se acomoda los anteojos―. Y si lo que pienso es verdad,... debemos actuar pronto. ―mirándolo―. Tenemos que estar preparados.
―¿Para qué? ―insiste Ángel molesto.
―Para la destrucción del mundo.
―¡Bienvenido a mi mundo! ¿Y la novedad es? ―dice Ángel con un dejo de ironía en su voz.
―Spike.
―¿Qué tiene que ver Spike en todo esto? ―y haciendo un silencio―. Un momento, ¿Spike destruirá el mundo?
―No, no, no. Bueno en parte sí. ―Wesley se lo queda mirando.
―¡Oh, maldita sea Wes! ―exclama exasperado Ángel y achicando sus dedos―. ¿Podrías intentar ser un poquito más claro por favor? Porque no estoy entendiendo nada. ―y moviendo su cabeza de un lado a otro―. Ustedes los vigilantes son francamente irritantes. ¿Qué tienen un manual de cómo hablar en código? Sinceramente tendré que pedir que pasen los subtítulos.
―Ya te dije que hay profecías Ángel ―dice Wesley defendiéndose―. Y como encargado de Asuntos Proféticos de W&H, yo tengo acceso a…
―Adelantemos esta parte..., ―lo detiene Ángel mientras lo apunta con una birome como si fuera un control remoto―. me la conozco de memoria. ¡Al punto Wesley!
―¡Okay! ―tomando aliento―. Este, se supone que existe un balance cósmico en el universo. Demonios, humanos, el bien, el mal, Dios, el Diablo…
―¿Y?... ―dice Ángel levantando sus cejas.
―Cuando tú obtuviste el alma, en cierta forma fue una especie de compensación por los crímenes de Ángellus. Un vampiro con alma, obligado a pagar por sus pecados ayudando a los demás. ¡Es Kármico! Es balance, ¿entiendes? ―Wesley hace un silencio. Ángel asiente con la cabeza―. Bueno, después apareció Spike. Un demonio buscando un alma. Eso no estaba en ningún libro.
―Bueno Spike no es de usar mucho su cerebro. ―dice Ángel levantándose de hombros.
―¡Como sea! Pero esto creo un desequilibrio. ―lo mira―. Se supone que un vampiro no puede desear un alma, y menos luchar por ella. ¡No debe existir! ―sentencia Wesley con voz firme.
―¡Hello! ―lo interrumpe Ángel―. Yo tengo una.
―¡Es un castigo Ángel! ―y con una voz profunda y grave dice―. ¡Es justicia!
―Balance. ―dice Ángel serio
―Yeah.
Se produce un silencio entre los dos. Wesley no deja de mirar a Ángel como si buscara las palabras justa para lo que tenía que decir. Está esperando la reacción del vampiro, y no sabe a ciencia cierta si temerla o odiarla. Ángel se mueve hacia una esquina de la oficina. Mira las armas colocadas en la pared, pasando un dedo por encima de una de ellas, sin darse vuelta le pregunta…
―¿Y qué supone que debemos hacer?
―Las cosas se habían solucionado... ―continua Wesley su monólogo evitando contestar a Ángel―. Cuando Spike usó el amuleto, su muerte restituyó el balance perdido. El equilibrio había sido restaurado. ―haciendo una mueca con sus labios―. Y en cierta medida su sacrificio compensó sus años de destrucción, pero cuando regresó...
―Se destruyó de nuevo. ―terminó diciendo Ángel.
―Sí. ―afirmó pesadamente Wesley. Después de un largo silencio entre los dos hombres agregó―. Ahora él está de nuevo en este mundo, y de continuar aquí todo lo que conocemos se desvanecerá para siempre.
Ángel se soba los ojos con la mano. Agacha la cabeza y dándose vuelta le pregunta:
―Y tú piensas que los Socios Mayoritarios estuvieron siempre detrás de esto. ―Wesley se encoge de hombros. Los ojos de Ángel se oscurecen―. Eso explicaría la llegada del amuleto y su posterior recorporización. ―moviendo la cabeza―. Entonces era verdad. ¡Este era su gran paquete sorpresa!
―¡Aún no estamos seguros! ―dice Wesley sentándose pesadamente en el sillón―. Una cosa es dominar el mundo, otra muy distinta su destrucción.
―¿Entonces qué? ―pregunta irritado
―Debemos encontrarlo. ―dice Wesley, mientras apoya sus codos en los posabrazos sosteniendo su cabeza entre ambas manos―. ¡Es imperativo hacerlo!
―¡Genial! ―dice Ángel con sorna― ¿Dame su número de teléfono?
―¿Qué? ―interroga Wesley levantando su rostro hacia Ángel―. Pensé que se mantendrían en contacto.
―Bueno veamos. ―dice Ángel cruzándose de brazos―. ¡Spike, eh! Déjame decirte una cosa sobre él Wes. No es muy bueno con las reglas. ¡Créeme, lo sé! Dijo que llamaría, llamará cuando quiera, si lo hace.
―¡Debiste detenerlo! ―dice Wesley moviendo la cabeza―. Era importante que se quedara hasta estar seguros de porque volvió.
―Intenta detener una tormenta. ―comenta Ángel serio―. Te deseo buena suerte. ―y tomando un fuerte respiro―. ¿Estás seguro? –mirándolo―. Digo, que se supone que pasará si Spike sigue por ahí. Además del Karma y todo eso claro. ―dice moviendo su mano.
―Un tipo de guerra. ―se saca los anteojos―. Esa parte es la más confusa de todas. Este será el signo del fin.
―Una guerra no destruye el mundo. ―dice Ángel―. Siempre hay ganadores y perdedores… relativos. ¡Pero los hay! ―su voz se opaca.
―No de ese tipo. Si no una mística, a nivel energético, alterando las realidades, dimensiones, no tengo muy claro esa parte. ―acota lúgubremente Wesley―. ¡Debemos detenerlo!
―¿Y eso sería cómo?
―Lo sabes perfectamente Ángel. ―le dice Wesley mirándole a la cara.
―¡Matándolo! ―afirma Ángel seco. Wesley asiente en silencio.
―Hay, hay un detalle más…, ―susurra Wesley dudando. Ángel lo mira desconfiado. Este baja la mirada y prosigue―. Tú tienes que hacerlo.
Los ojos de Ángel se abren por completo. Intenta emitir algún sonido, pero es incapaz de hacerlo. Y como si saliera de un sortilegio exclama
―¡Te has vuelto loco!
―Entiende Ángel. Es una guerra de energías. No pueden existir dos vampiros con alma. ―lo mira a los ojos―. ¡Eso ya lo sabes! ¡Tú estás en balance, pero él… No! ―su voz se torna dura.
―Otros pueden hacerlo. ―le contesta seco Ángel.
―No, lo siento. ―negando con su cabeza―. Créeme que intenté por otras formas, pero es la única manera.
―¡Esfuérzate más! ―exclama Ángel molesto
―¡Piensas que no lo hago! ¡Que no lo hice! ¿Que esto me agrada? ―dice Wesley visiblemente ofendido―. Lo siento, si pongo antes al mundo que a la vida de un vampiro. Además, ¡él debería de estar aquí! ―lo vuelve a mirar a los ojos.
―¿Y qué quieres de mi? ―le grita Ángel―. Que cuando lo llame le diga. ¡Hola Spike! Sabes surgieron unos problemitas en Los Ángeles. Te podías venir. No, no te preocupes nada serio. ¡No, en verdad! Ya te enterarás cuando llegues. ¡Ah, apropósito! Estás provocando una especie de desequilibrio cósmico, que causará el fin del mundo pero..., ¡Sólo es eso! ¡Nada grave! ―se detiene, alza su vista―. Acá los muchachos lo están tomando con calma. –hace un silencio―. ¿Verdad Wes? ―y le clava sus ojos como carbones encendidos.
―¡Ángel ya basta!
―No, no te preocupes. ―Ángel sigue ignorándolo por completo―. Sabemos cómo detenerlo. Si, si, sólo te estamos esperando para matarte simplemente. ―y haciendo un gesto con su boca―. ¡Ah, se me olvidaba! Otro detalle gracioso. ¿A qué no sabes quién tiene que hacerlo? ¡Sí, yo! ¿No es cómo para morirse? ―Ángel lo mira, Wesley niega con su cabeza.
―Sé cómo te sientes...
―¡No tienes ni idea!
―... pero, pero toda esta comedia no ayudará en nada. ―dice Wesley sin quitarle la mirada de encima―. ¡Es tu deber! ¡Eres el campeón!
―¡Búscate a otro Judas! ―dice Ángel molesto.
―No tienes elección. –su tono es seco.
―¡No lo haré!
―Ángel. –protesta Wesley
―¡No!
Y el fuerte portazo es su última respuesta. El ex―vigilante se queda pensativo mirando las sombras que se cuelan por la ventana. Su mano se introduce en uno de sus bolsillos, buscando el papel que tenía guardado. Lo saca observándolo por un segundo, los números de teléfonos danzan antes sus ojos y con un suspiro dice:
―Giles.
Interior de un Pub. Noche
Londres Inglaterra
Spike se encuentra sentado en una esquina de la barra del local mientras bebe de a sorbos del vaso de whisky que el barman le entregó. Las voces de los clientes se pierden lejos de sus pensamientos. Su mano busca el paquete de cigarrillos en el interior de su cazadora, sacándolo extrae uno y lo enciende. Sus labios exhalan una gran bocanada de humo.
―¡Me darías fuego! ―le pide una voz de mujer a su lado
Spike levanta la cabeza para observarla. La rubia le sonríe seductora mientras le muestra el cigarrillo entre sus dedos.
―Aquí tienes, luv. ―le dice entregándole el encendedor.
―Gracias. ―la joven lo toma, encendiéndolo con una sonrisa. Se lo devuelve y mirando a su alrededor se sienta a su lado. ―¿Eres nuevo aquí? Porque no te había visto antes. ―le dice mientras apoya un codo en la barra inclinando su cabeza. La corta melena le roza las mejillas.
―No.
―¡Qué raro yo nunca olvido una cara! ―y mirándolo a los ojos―. ¡Y tú no eres del tipo que se olvida fácilmente!
―Lo siento cariño, pero estas tocando el timbre equivocado. ―le dice Spike desviando su vista―. No mucha conversación hoy. ¡Nada personal! ―exhala otra bocanada de humo.
―¡Ouch, chico rudo! ¡Me agrada eso!
―Soy de los que no se molestan. ¡Creeme! ―Spike la mira de costado.
―Puedo manejarlo. ―le dice con una sonrisa y mirándolo un rato detenidamente agrega: ― ¿Quién hizo que este hermoso extraño beba sólo en la esquina de este sucio pub?
Los ojos de Spike se agrandan de repente, y se la queda observando por primera vez. Hay algo en esa frase que lo lleva a su pasado. Se da vuelta incómodo.
―Escucha yo...
―¡Olvídala, no vale la pena! ―le dice acercándosele. Spike la detiene sosteniéndola por los hombros.
―No quiero lastimarte. ―baja su cabeza hacia la de ella y mirándola a los ojos―. Regresa por donde viniste. ¡Es mi mejor oferta! ―la suelta y se levanta.
―Aún no has escuchado la mía. ―le dice agarrándole la mano. Spike la mira serio. La chica lo suelta. Y cuando está a punto de protestar. Ve que él hace un gesto extraño. Su cuerpo se tensa, y podría jugar que él olfatea el aire como tratando de percibir algo.
―¿Qué pasa? ―le pregunta de repente. Spike no le contesta, sigue con todos sus instintos alertas.
Afuera Buffy camina por las calles desiertas a esas horas de la noche. Lleva un tiempo transitando por ellas. No tiene una idea muy clara de cómo volverse, pero eso no le preocupa demasiado. Confía es sus instintos. Una pareja pasa por el frente, se gira a observarlos hasta que se pierden en una esquina. No lejos de allí, la luz de un pub se extiende sobre la vereda.
Spike sigue en silencio. Ni siquiera escucha a la joven que lo sigue mirando atentamente. Hay algo allá fuera, podría jurarlo. El barman se acerca para ver si todo está bien. La chica asiente con la cabeza y este se va. Spike vuelve su rostro hacia ella y le dice:
―Lo siento, pet. ―y marchándose se dirige hacia la puerta. La chica lo sigue saliendo tras de él.
―¡Hey! ¿A dónde vas? ―le dice
Buffy se detiene de repente. Una sensación extraña recorre su cuerpo. Siente una terrible necesidad de huir de ese lugar. De volver a su habitación de paredes sólidas y concretas en la que estaba segura y protegida. ¡Y odia sentir eso! Y sin saber porque da marcha atrás, retrocede unos pasos. ¡Dios juraría que... hay algo allí! Se da vuelta, la silueta de una pareja se recortan contra las paredes del local. A la distancia parecían discutir. No quiere seguir mirando, y no sabe por qué. ¡No quiere saberlo! Su corazón comienza acelerar su marcha incomprensiblemente. Y su mente sólo desea huir. Alejarse. Protegerse y una vez más ella cierra su corazón.
La chica lo ha seguido hasta afuera, reteniéndolo del brazo. Spike se da vuelta para enfrentarla y sosteniéndola de las muñecas:
―¿Qué quieres?
―Me lastimas. ―dice ella cuando la presión de esos dedos se hace insoportable.
―Vete a tu casa. ―le contesta con un tono seco soltándola. La chica lo mira asustada y entrando al pub le dice:
―Estás loco, lo sabías.
Spike la ignora, gira hacia la oscuridad. Pero sabe instintivamente que ya se ha ido. Y siente que la noche es más fría ahora.
Dos días después
Interior. Departamento de Giles. Noche
Londres Inglaterra
El teléfono repercute con su llamado en la sala. El hombre se acerca secándose las manos con una toalla. Toma el auricular y contesta.
―Hola.
La voz al otro lado hace que se quede por un momento en silencio.
―¡Giles me escuchas! ―dice la voz de un hombre en la otra línea
―Si, si disculpa. ¡Te escucho Wesley! ¿Qué pasa?
―Es Spike.
Ahora el silencio es casi ominoso, pesado. Y todo lo que estuvo temiendo por estos últimos días se condensa delante de él de repente.
―¿Qué pasa con él? ―pregunta Giles sin dejar de observar el teléfono.
―¿Sabías que estaba vivo, verdad? ―le interroga Wesley del otro lado de la línea.
―¡Andrew! ―contesta―. Estaba demasiado emocionado a su regreso. No me fue difícil sacarle la información.
―¡Es lo que me imaginé! ―un suspiro, silencio―. Bueno creo que es mejor así. Necesitamos encontrarlo.
―¿Encontrarlo para qué? ―y deteniéndose de repente―. ¡Un momento! ¿pero no está con Ángel? ―pregunta alarmado Giles
―¡No, no sabías! ―el desconcierto se apodera de la otra línea―. Fue a buscar a Buffy.
―¿Qué? ―Giles se quita los anteojos de repente.
―¿Qué ella no lo sabe? ―pregunta Wesley igual de sorprendido.
―¡No, por Dios! ―exclama alarmado―. ¿Dónde, dónde está él? ―su voz es apenas audible.
―Iba hacia Roma. Bueno eso es lo que Ángel me dijo. ―Wesley hace otro silencio―. ¿No está viviendo allí Buffy?
―Bueno sí, en realidad allí estaba. ―tartamudea Giles―. ¿Cómo sabías? No, no me digas ¡Andrew! ―se golpea con la palma la frente indignado.
―Sí. ¿Por qué no le dijiste lo de Spike? ―sigue interrogándolo Wesley
―Es mejor que no lo sepa. ¡Tú no la conoces! –tomando un fuerte respiro se coloca los anteojos―. Últimamente no ha estado actuando muy razonablemente que digamos. ¡Me es difícil saber lo que le pasa! –haciendo un silencio―. ¿Por qué quieren encontrarlo? ¿Qué pasa Wesley?
El otro hombre hace un silencio. Tras la línea la voz de Wesley se torna oscura y lúgubre. Giles escucha lo que le dice, ante cada palabra su gesto de preocupación se acentúa. Se saca sus anteojos y se aprieta los ojos con su mano. Y al cabo de un tiempo
―¿Y Ángel? ―pregunta Giles
―No se mostró muy cooperativo. ¡Pero lo hará! ―afirma Wesley tras la línea―. ¡Lo conozco!
―¡Bien eso es algo! Veré lo que puedo hacer. ¡Te ayudaré! Tengo contactos en Roma hablaré con ellos. –silencio―. Y, y si Spike se aparece... ¡lo sabremos!
―Gracias. Sabía que podía contar contigo.
Se quedan hablando por unos minutos más hasta que Giles corta la comunicación. Este toma un amplio respiro, apoyando su cabeza contra la pared cierra los ojos. Tan sumido está en sus pensamientos que no escucha los pasos aproximándose.
―¡Oh, Giles aquí estás! ―dice Buffy
―¿Qué? ¿Qué? ―pregunta sorprendido
―¿Sucede algo malo? ―Buffy lo mira preocupada
―No, no nada. Este, ya sabes, yo... Emmm Consejo. Cosas de organización. Nada por qué preocuparte. ―tartamudea nervioso.
―¡Genial! ―y corrigiéndose de inmediato―. No es que no me interese el Consejo. Pero no me siento muy adicta a él. Si tú puedes manejarlo por mí… genial.
―Yo, si eso haré. ―y mirándola―. ¿Te encuentras bien Buffy, pareces cansada?
―No, duermo como un bebe. –se calla y dudando―. Pero…
―¿Si?
―No sé que me sucede últimamente, pero tengo una sensación extraña. –Buffy arruga el entrecejo―. Como, como si hubiera algo allá fuera buscándome. ¡Se que suena loco como todo en mi vida! ―exclama abriendo los ojos―. ¡Pero es tan real! ¡Se siente tan real que me asusta! ―lo mira alarmada.
―Piensas que está relacionado con tu sueño. Con Spike
―No lo sé Giles. ¿Por qué lo preguntas? ―Buffy se lo queda observando seria
―Yo por nada. Es que…
El timbre del teléfono los interrumpió de repente. Giles la mira por un segundo ante de atender.
―Si diga. ―dice―. ¡Willow! ¡Qué sorpresa! ―y volviéndose hacia Buffy― Si, si estamos todos aquí. ¿Dónde?... ―vuelve afirmar con la cabeza―. ¡Si, si no te preocupes! Estaré en media hora… Se los daré.
Giles cuelga y mirando a Buffy le dice:
―Willow ya llegó. Está con Kennedy en el aeropuerto. ―se toca los bolsillos del pantalón―. Tengo que ir a buscarlas. ―agarrando su abrigo y las llaves―. Volveremos dentro de una hora.
―Voy contigo Giles.
―No mejor quédate Buffy. ―le dice de repente―. Mejor encárgate de comprar algo. ¡No sé, comida, esas cosas para las reuniones! ―colocándose el saco―. ¿Dónde está Andrew cuando se lo necesita? ¡Él es bueno en esto!
―Esa es tu forma inglesa de decir… no sé…, Fiesta de Bienvenida. ―dice Buffy mofándose
―Algo parecido.
―¡Está bien lo haré! ―exclama con un gesto de resignación.
―Gracias. ―Giles le sonríe.
―Me lo cobraré después. ―le dice Buffy sonriendo.
Giles enciende el auto, sigue sintiendo ese nudo en el estómago y no sabe muy bien por qué. La locura de este día lo supera por completo. Mira hacia delante. Las luces de las calles titilan incandescentes. Arranca el auto, no hay marcha atrás.
Media hora después
Hall Aeropuerto Internacional de Londres. Noche
Las voces se perdían junto con las pisadas y las corridas de ese mundo caótico que bulle en un aeropuerto. En medio de todo, Spike mira distante esperando el turno de embarcarse. Tras su espalda un hombre discute con el empleado de recepción.
―Lo siento señor. Pero ya intenté todo. No hay asientos. ―dice mientras observa el monitor de su pantalla―. Los vuelos hacia Roma están completos. ―le informa apático.
―¡Pero yo hice la reservación hace más de dos meses! ―el tono del hombre empezaba a perder su calma.
―¡Lo siento! ―seguía―. Pero su nombre no figura en nuestra planilla de pasajeros. –otra mirada al monitor.
―Fíjese de nuevo. ―le pide el hombre―. ¡Es urgente que tome ese vuelo! –parte de su cuerpo se apoyaba sobre el mostrador.
―Lo lamento. ―volvía a repetir el empleado―. Pero no puedo hacer nada. ¿Si quiere le puedo reservar un lugar para dentro de cuatro días? ―dice mientras teclea unos números con su teclado.
―¡Qué no entiende! ―el hombre golpea con el dedo índice sobre el mostrador―. ¡Tengo que viajar hoy mismo!
―Si quiere puede esperar por si alguien cancele. ―le informa sin dejar de observar la pantalla―. Aunque yo mejor…
―¡Váyase al carajo! ―le dice el hombre molesto―. ¡No lo puedo creer! ―camina y se desploma pesadamente en el asiento frente a Spike―. ¡Maldita sea! ―dice tirando su valija a un costado.
Spike arquea una ceja y se lo queda mirando un segundo. El hombre oculta su cabeza entre sus manos, moviéndola de vez en cuando. A lo lejos el ruido de otro avión despegando se apodera del lugar. El boleto da vuelta entre sus dedos como un sortilegio. Quemándolo de a ratos. Esa extraña sensación no lo abandonó en todo el día. ¡Algo está mal! ¡Lo sabe! ¡Lo siente! Pero… ¿qué?
Levanta su cabeza, mira hacia fuera la larga fila de taxis que aguardan por sus pasajeros. Y en medio de todas esas cabezas le parece distinguir por un momento una familiar. Se para de repente. Sus ojos y oídos se agudizan y dando un paso se dirige hacia esos cabellos rojos que flotan en la distancia.
―Willow. ―dice para sí Spike.
Willow sonríe a la joven morena sentada sobre las maletas mientras charlan. De repente la sombra de un hombre se cierne sobre ellas. Ambas se dan vuelta y sonriéndole lo saludan afectuosamente. Giles se acerca, y agachándose toma una de las maletas saliendo luego con las chicas que lo siguen sin dejar de conversar. Perdiéndose entre la multitud de gente que comienza a ingresar al aeropuerto.
Miles de pensamientos cruzan por la mente de Spike, ¿Qué hace Willow aquí? Hasta esa extraña expresión en la cara de Giles. ¡Algo está sucediendo! En su mano el billete de avión quema como el infierno. Y es cuando la voz cristalina se adueña del lugar.
"British Airline anuncia la partida de su vuelo 746 con destino a Roma, se ruega a los señores pasajeros, abordar por la puerta número 16"
Spike mira hacia el avión que ya se encuentra en la pista y a la gente yendo a embarcarse. Mira el boleto entre sus manos y con un fuerte suspiro toma la decisión.
―Tome amigo. ―le dice entregándole al hombre el boleto.
―¿Qué? ―este levanta la cabeza sorprendido, sin comprender lo que sucede
―¡Tome el bloody ticket! ―le vuelve a repetir
―Yo
―¿No es lo que quería? ―le pregunta Spike de repente.
―Si, si gracias. ―balbucea el hombre―. Yo, no sé como agradecerle. Déjeme darle…
―Olvídelo. ―lo corta Spike y comenzándose a dar vuelta.
―¡Por lo menos dígame su nombre! ―le pide
―Spike. ―dice girando su cabeza por encima de sus hombros
―Extraño individuo. ―murmura el hombre para sí. Mientras lo ve perderse entre la multitud. Mira el boleto y sonriendo toma su valija dirigiéndose hacia la puerta de embarque. ¡Qué suerte la mía! Piensa cuando se lo extiende al empleado, tras de él las puertas se cierran. Es el último en subir.
Spike se queda observando al avión alzar vuelo. Por una extraña razón, siente que hizo lo correcto. ¡Hay algo! Todos sus instintos se lo gritan de pronto y él decidió escucharlos. Camina hacia la salida del aeropuerto, la larga fila de taxis se extiende ante su vista, un hombre se le acerca:
―¿Desea un taxi amigo? ―le dice sonriendo
Spike hace un gesto afirmativo con su cabeza.
Una vez adentro ve como las luces del aeropuerto se van perdiendo en la distancia. Una sonrisa surca la comisura de sus labios.
Continuará
