DUODÉCIMA PARTE

Interior. Habitación Spike. Noche
Londres Inglaterra

―Nunca me dejes. ―volvió a repetir la voz de Buffy tomando aliento.

―No lo haré, pet. ―le susurro Spike dulcemente.

Spike la abrazó y poso sus labios en los de ella, atrayéndola hacia ese calor que los envolvía a ambos. Y el beso no tardó en convertirse en un deseo más profundo y sensual, invadiéndolos por completo.
Y cada caricia, cada beso los hundía en esa tormenta de sensaciones de las cuales no querían despertar. Se separaron solo por un instante, mirándose. Y Buffy se perdió en el azul profundo de su mirada, que la traspasaba como cristales de hielo. Y deseo perderse de nuevo entre sus brazos, en esas caricias que la mantenían viva. Completa. Ella se acerca aún más hacia Spike. Ya no había dudas, ni miedos. Solo ellos dos en ese cuarto, deseándose, amándose.

Spike acarició las suaves curvas de su cuerpo deslizando su mano por toda su piel, besándola una vez más. Y cada nueva caricia era, como un mar de sensaciones que los arrastraba, inundándolos con su fuerza y su calma. Abatiéndose contra el risco de sus temores. Eran besos de fuego, eran besos de hielo entremezclándose en una danza sensual y eterna como los sueños.

Y Spike continúo hasta arriba, tocando cada parte de su cuerpo con susurros suaves y caricias de fuego. Y Buffy se olvidó de todo, de todo lo que no fuera el placer que le provocaba. Y suspiro contenta por ello. Buffy tomó su rostro entre sus manos y atrayéndolo hacia ella, lo beso en la boca con toda la pasión de la que era capaz. Lo miró, perdiéndose de nuevo en su mirada.

Y rodeándole el cuello con sus brazos, se abrazó con fuerza, como si se negara a perder el contacto con cada parte de su cuerpo. Podía sentir la fuerza de sus músculos contra los suyos, la pasión que crecía como un volcán dentro de ella. Y Spike se inclinó y la besó, derrumbando como si fuera un castillo de naipes todos sus miedos.
Fue un beso largo y excitante, que hablaba del profundo deseo que los abrazaba. Buffy le acarició la espalda, y luego el cuello, jugueteando con el sedoso pelo de su nuca, mientras cerraba sus ojos. La respuesta de Spike no se hizo esperar, se estrechó contra ella con una pasión arrasadora, llena de sensaciones que le era imposible dominar. Deslizándose su boca sobre el cuerpo de Buffy, que se arqueaba para él. Perdiéndose en ese mundo de sensaciones que los invadían por completo. Derrumbando los miedos que los habían mantenido tanto tiempo apartados.

Cuerpo contra cuerpo, piel a piel. Los musculos de Buffy se tensan con cada nuevo empuje, sus miradas se pierden en las del otro, mientras sus piernas abrazan los muslos de Spike, atrayéndolo más profundamente dentro de ella. Y ya no importaba el mundo, sólo eran ellos, fundiéndose, deseándose, amándose. Mientras afuera la luna los bañaba con su beso.

Hace tiempo que había amanecido. Spike lo podía sentir en cada fibra de su ser. Buffy aún seguía dormida entre sus brazos mientras él, le movía despacio los pelos que cubrían por parte su cara. Los ojos de ella se abrieron de repente, y se lo quedó observando por una incalculable cantidad de segundos. Ninguno de los dos sabía que decir. Ella cerró los ojos y se volvió apoyar contra su pecho. Spike deposito un beso sobre su frente y levantándole la barbilla, hizo que lo mirada de nuevo a los ojos.

―Tenemos que hablar Buffy. ―le dijo sin dejar de observarla.

―Lo sé. ―se muerde el labio―. Bueno yo…, nosotros anoche…

―No. No sobre lo que paso anoche, pet. ―la detiene Spike―. Si no antes de que llegaras a mi habitación. ¿Qué paso Buffy?

Ella vuelve a bajar su rostro y tomando un amplio respiro.

―Giles y yo discutimos. ―le dice a continuación.

―¿Sobre mi? ―le pregunta Spike haciendo una mueca.

―Sí y sobre mis decisiones. ―Buffy hace un silencio―. No sé qué le pasa últimamente pero… ―y moviendo la cabeza―. No sé. A veces siento como si me estuviera ocultando algo.

―Bueno no sería la primera vez. ―le comenta Spike apretando sus labios ―. ¿Qué fue esta vez?

―Nos vieron. ―le dice Buffy observándolo. Spike levanta una ceja inquisitivo―. En realidad no me dijo quién, pero supongo que alguien del Consejo.

―Y le fue con el sangriento chisme. ―dice Spike frunciendo sus labios en una semi sonrisa―. Que quieres que te diga, pet. Pero ese Consejo parece un maldito Club de viejas solteronas.

Buffy esboza una pequeña sonrisa.

―No estaba muy feliz.

―Me lo imagino. ―y mirándola―. Nunca espere del bibliotecario una bloody fiesta de bienvenida.

―Me hablo de ser poco razonable. ―dice Buffy haciendo una mueca de disgusto―. De no pensar. De no estar viendo la maldita imagen completa. De que tarde o temprano me arrepentiré.

Se hace un silencio. Los ojos de Spike se oscurecen.

―¿Lo harás? ―le pregunta después de un tiempo como si meditara las palabras

―Jamás dije que lo haría. ―le dice Buffy mirándolo a los ojos.

―No va a ser fácil Buffy. ―le dice Spike al tiempo que cierra sus ojos frunciendo sus labios y mirándola luego―. No nos engañemos. ―su voz se vuelve más profunda―. No hay casa con cercas blancas. Ni malditos domingos arreglando el tejado.

―No me dices nada que no sepa Spike. ¿Crees que no lo pensé? Todos me lo recuerdan… todo el tiempo. ―le dice Buffy agacha la cabeza y haciendo un silencio―. Giles, Xander…, hasta Ángel no se cansaba de repetirlo. ―levanta la cabeza y lo vuelve a mirar―. Spike ¿No me hagas lo mismo?

―Yo no soy un maldito cobarde como Ángel. ―le dice de inmediato sin dejar de observarla―. No pretendo huir con cara de mártir a esconderme en otra bloody ciudad. Yo…, yo sólo quiero que estés segura Buffy.

―Ya te dije que sí.

―Sí pero quiero que lo creas. ―aparta su vista por un instante y como si tomara un fuerte aliento, la vuelve a mirar―. Que lo sientas y lo desees como yo necesito la sangre para vivir. Que esta vez sea real, luv.

―Lo es William. Te amo. ―le dice Buffy atrayendo su rostro hacia ella. Spike la mira sorprendido. Mientras una luz se dibuja en el interior de sus pupilas.

―Buffy…

―Shhhhhhh. ―lo interrumpe ella, mientras sus labios rozan los suyos.

Ambos se quedan mirando por un momento. Antes de perderse en esa pasión que volvía a renacer entre ellos, consumiéndolos.


Interior. Sala Departamento de Giles. Mediodía.
Londres Inglaterra.

Se oye un ruido de llaves en la cerradura, luego dos hombres entran traspasando el lumbral. Una vez adentro se dirigen hacia la sala, dejando en la mesita unos gruesos volúmenes de libros. El más joven de ellos se queda mirando el lugar. Giles lo observa de reojo mientras acomoda la pila de libros.

―¿Té? ―le pregunta al rato, al observar la expresión distante de Ewan.

―¿Qué? No, no gracias Giles. ¡Estoy bien! ―le contesta clavándole sus profundos ojos negros en los del hombre―. ¿Y… Buffy?

―Este, ummm… no sé. ―y mirando hacia la escalera―. Se supone que debe de estar por aquí. ―agrega desviando su mirada.

―Si por supuesto. Como no fue hoy al Consejo. ―hace un silencio―. Supuse que tal vez podría estar enferma. ―agacha la cabeza―. Ella te comento algo.

―En realidad yo…, este…, Ewan será mejor que te sientes. ―dice Giles al tiempo que se acomoda los anteojos―. Quisiera hablar contigo. ―mirándolo al ver la expresión que ponía el joven―. Es importante.

―¿Es sobre Buffy? ―le pregunta cruzándose de brazos

―En parte si, y… este, bueno también es sobre ti. ―le dice nervioso. Ewan frunce el ceño observándolo―. Como te decía, yo… ―y es el ruido de unos pasos bajando corriendo las escaleras el que los interrumpe.

Andrew se detiene en seco.

―Yo lo siento. ―dice al ver a los dos hombres―. Pensé que no había nadie.

―Está bien. ―le contesta Giles sobándose la cabeza y mirándolo―. ¿Has visto a Buffy?

―No. ¿Por qué? ―se los queda observando―. ¿No está en el Consejo?

―No. Hoy no fue. ―contesta Giles evitando mirar a Ewan―. Yo, pensé que, bueno, ummm…, ella se había quedado acá…, claro como ayer…

―En realidad. ―lo detiene Andrew achicando la mirada―. No recuerdo haberla escuchado regresar anoche. ―comenta al tiempo que se frota la barbilla.

―¿Estás seguro? ―pregunta alarmado Giles.

―Bueno yo…, no es que este husmeando las cosas de Buffy. Pero hoy cuando pase por su cuarto, la… la puerta estaba entreabierta y la cama estaba completamente arreglada.

―¿Y eso qué tiene que ver? Eso no comprueba nada. ―le dice Giles mirándolo serio―. Pudo haber salido antes y,…

―No era demasiado temprano. ―comenta Andrew mientras se mueve con los ojos entrecerrados como si analizara cada hecho―. Aún no había amanecido.

―¿Y qué hacías tú despierto a esa hora?

―Bueno yo tenía sed. Y bajé a la cocina por un vaso con agua…, cuando bueno ya les dije. ―y mirando a Giles asustado―. No le digan a Buffy nada, o querrá clavarme una de esas estacas.

―Está bien, está bien. ―lo corta impaciente Giles.

―¿Dónde crees que puede estar? ―le pregunta Ewan con un tono seco en su voz.

―No tengo la menor idea. ―le contesta Giles refregándose los ojos.

―Uhmm, ¡Qué gracioso! ―exclama Ewan mordiéndose el extremo del labio―. Yo creo que sí.

Giles eleva su vista mirándolo preocupado. Y cuando estaba a punto de contestarle, el ruido de unos pasos acercándose hacia ellos, hacen que giren por completo. La figura de Buffy se recortada bajo la puerta. Ella los observa por unos segundos en silencio, encaminándose luego hacia la cocina, es cuando la voz de Giles la detiene.

―Veo que estás bien Buffy. ―le dice sin dejar de mirar de soslayo a Ewan. Cuyo rostro se ha vuelto de piedra.

―Si estoy bien. ―le contesta en tono seco sin mirarlo―. Gracias por preguntar. ―y dándose vuelta―. No se ustedes, pero yo tengo hambre. Aún no perdí la costumbre de almorzar Giles. ―los mira―. Ustedes pueden continuar hablando, de lo que estuvieran hablando. ―y sin decir una palabra más se aleja hasta perderse en el interior de la cocina.

―¡Ok! Eso sonó poco amistoso. ―dice Andrew mientras se retorcía un dedo, y como si recordará algo de repente―. ¡Hey! ¡Comida! ―y sale corriendo hacia donde fue Buffy.

―¿De esto querías hablarme? ―le pregunta Ewan una vez que se encuentran a solas.

―Es uno de los motivos. ―le responde Giles sentándose con un fuerte suspiro en el sillón y observándolo―. Yo… ¡Por favor Ewan siéntate! ―le dice indicándole una silla. Ewan frunce sus labios y se sienta en frente de él.

―Habla Giles, soy todo oídos. ―le dice a continuación serio.

―Bien, yo… Richard me habló de lo que paso la otra noche, y él está preocupado. ―Ewan se mueve molesto en el asiento―. No sólo él, yo también lo estoy. Sé que no debe haber sido nada fácil para ti, pero…

―No tienes ni idea de cómo me sentí. O como me siento ahora Giles.

―Ewan yo…

―Lo imbécil, lo idiota, lo estúpido que fui. ¿Crees que me agrado verlos? ―se levanta―. ¡Qué me gusta ver las caras que los demás ponen cuando me miran! ¡Los malditos silencios! ―tomando aliento―. Pero no te preocupes se cual es mi lugar, cuales son mis responsabilidades. ―camina hacia una esquina del cuarto―. Se lo que debo hacer. ―agrega mientras se da vuelta.

―Eso es bueno. ―le dice Giles sin dejar de observarlo―. No debemos perder las prioridades. ―y acomodándose los anteojos―. Ewan, no pienses que no te comprendo, que no entiendo tu rabia…

―Frustración…, ira. ―agrega con un tono profundo de voz.

―Sí, sí…, todo eso. ―dice Giles asintiendo con su cabeza―. ¡Por Dios! ¡Esto es una locura! Se lo dije a Buffy anoche y por más que ella no quiera oírme, no cambiará para nada este gran error.

―¿Por eso discutieron?

―Sí.

―¿Y qué piensas hacer ahora Giles? ―le pregunta mientras se cruza de brazos.

―Encontrar una salida. ―levanta la cabeza hacia el joven―. Para eso te necesito. Sé que nadie más que tú entiende la gravedad de este asunto.

―¿Y qué quieres que haga Giles? Dudo que Buffy quiera escucharme.

―No se trata de lo que Buffy quiera o no. Sino de lo que es correcto. ―se saca los anteojos―. Ella tendrá que entender. No hay futuro con Spike.

―Igual insisto. ―dice Ewan bajando la cabeza―. Es obvio que ella no quiere nada conmigo. ¿Por qué me haría caso?

―Puede que ahora Buffy no esté siendo para nada razonable, pero dale tiempo Ewan. Ten paciencia. ―le pide Giles clavándole la mirada―. Ella terminará comprendiendo y necesitará tu apoyo. Y cuando llegue el momento tú deberás estar a su lado.

―No estoy entendiendo nada. ―le dice Ewan, que lo observaba con el ceño fruncido.

―Por ahora no puedo decirte más. ―Giles se restriega los ojos―. Solo que llegado el momento ambos te necesitaremos. ―se calla y gira su cabeza hacia la cocina, después vuelve a observar al joven―. Confía en mí.

Ambos se quedan callados mirándose por unos segundos. Después cada uno se pierde en sus propios pensamientos y temores.


Interior. Habitación Buffy. Tarde
Londres Inglaterra

Se escuchaba claramente el ruido del agua corriendo provenir del baño, unos segundos antes de que esta cese por completo. No habrían pasado unos cuantos minutos más cuando la puerta se abrió de repente. De su interior sale Buffy envuelta en un toallón, secándose el cabello con una toalla. Dawn la observa sentada en un extremo de la cama. Buffy se queda sorprendida de ver a su hermana en la habitación.

―Te estaba esperando. ―le dice Dawn sin dejar de mover uno de sus pies que mantenía cruzado encima del otro.

―¿Qué paso? ―le pregunta Buffy mientras se dirige al tocador―. Pensé que no querías hablarme.

―Eso depende. ―le contesta mirándola seria.

―Bueno, creo que tomaré eso como un adelanto. ―y dejando la toalla―. Te escucho.

―Bien, claro… ―aprieta los labios―. En realidad no se por donde comenzar.

―Intenta por el principio. ―le sugiere Buffy mientras conecta el secador de pelo―. Generalmente es así como funciona.

―Te odio. ―le dice de repente. Buffy baja el secador.

―Eso ya lo sabía.

―No, no. No ahora. ―se defiende Dawn mientras con su mano hace un gesto como si rebobinara―. Al principio, en eso quedamos recuerdas… ―la mira―. Comenzar por el principio.

Buffy asiente con una media sonrisa.

―Bueno en que iba. ―hace un pequeño silencio―. Si…, en te odio. No es que ahora tengas todos mis votos para hermana del mes, pero es diferente. ―la vuelve a mirar.

―¿Y qué es lo diferente? ―le pregunta Buffy volviendo a encender el aparato.

―Digamos que recibí un mensaje. ―y elevando sus ojos al cielo―. Un no muy afectuoso mensaje. Pero me llegó el correo. ¿Me entiendes? ―le pregunta levantando una ceja.

―Ni una sola palabra.

―No importa. ―dice a continuación Dawn encogiéndose de hombros―. Yo, bueno… umm..., se puede decir que lo estuve pensando y tal vez no fui lo suficientemente justa contigo.

―¿Qué? ―pregunta Buffy elevando una ceja―. O es el secador o yo estoy escuchando cosas extrañas. ―y lo apaga colocándolo sobre el tocador.

―¡Hey! ¡Que no dije que tuvieras toda la razón! ―exclama cruzándose de brazos―. Sólo que tal vez, no toooda la culpa. Y que puede ser que haya exagerado un poco.

―Si te oí. ―dice Buffy con una media sonrisa―. Y eso se siente wow.

―¿Wow del tipo yo también soy culpable? En realidad eso ayudaría bastante.

―Sí. También hay un poco de Wow de ese tipo. ―y frunciendo sus labios―. Yo lo siento…, ―Buffy hace un silencio y tomando aliento continúa―. Sé que estos últimos tiempos fueron un poco difíciles, pero prometo mejorar. Y sé que no soy muy buena con las promesas pero intentaré mejorar también eso. ―se la queda mirando. Dawn esboza una media sonrisa.

―Registraré esto. ―dice Dawn y se queda callada. Buffy la continúa observando.

―Avísame la próxima vez que te llegue correo de ese tipo. ―le dice Buffy rompiendo sus meditaciones―. Porque pienso escribir una extensa carta de agradecimiento al destinatario.

―No será necesario. ―le contesta Dawn inclinando su cabeza―. Ya lo conoces.

Buffy la mira interrogante.

―Él tiene la capacidad de cómo decirlo…, de ser un fastidio en tu trasero cuando te habla de las cosas que no quieres hablar… ―la mira―. Y lo que te diga suene aterrador en tu memoria.

―Spike. ―dice Buffy mientras baja su cabeza con una extraña expresión en su mirada.

―Sí, hubo mucho de pet, nibble, bloody hell y un poco de terror psicológico a una adolescente. ―y mientras descruza una pierna―. Sabes debería haber una ley contra eso. ―se queda pensando―. ¿Crees que la hay? ¿Funcionará para vampiros?

―No. Y si la hay, dudo que a Spike le importe. ―contesta Buffy abriendo sus ojos mientras los eleva hacia arriba.

―Si eso creía. ―se queda callada observando a su hermana. Esta vuelve a levantar el secador de pelo y lo enciende. Luego de unos minutos mira a Dawn, apagándolo.

―¿Y cuál es la historia? ―la interroga Dawn mirándola seria.

―¿Qué historia? ―le pregunta Buffy mientras se levanta, yendo al ropero de dónde saca un pantalón y una blusa para ponerse.

―La que tiene a Giles con un mal humor inglés desde hace días.

―Problemas en el Consejo. ―le contesta Buffy eligiendo otra blusa.

―Puede ser. ―dice Dawn reflexionando para sí, y mirando a su hermana que se dirigía al baño en esos momentos―. Pero no. ¡Vamos Buffy! No soy una niña, me doy cuenta de las cosas.

―Si eres toda una adolescente ahora. ―contesta la voz de Buffy desde el otro cuarto.

―Sí, y no soy estúpida sabes. ―baja la mirada y jugando con su pulsera le pregunta―. ¿Es por Spike verdad?

Buffy no le contesta, solo se escucha el sonido de ella cambiándose. Unos segundos después sale del baño completamente vestida. Se apoya contra el dintel de la puerta y mirando a su hermana.

―Sí.

―¡Ves, ves! ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! ―exclama Dawn al tiempo que da brincos sentada sobre la cama―. ¡Lo sabía!

―¿Sabías que? ―le pregunta Buffy que no dejaba de contemplarla.

―Que había algo entre ustedes. ―y mirándola excitada―. ¿Qué paso?

―Nada que debas saber. ―dice Buffy agrandando los ojos.

―Wooow. ―exclama Dawn con una sonrisa en sus labios.

―¿Wow qué? ―le pregunta Buffy con el ceño fruncido mientras camina incómoda hacia el tocador.

―Nada. Solo wow. ―se la queda observando―. Así que Spike y tú juntos de nuevo.

―Esa es la idea. ―le contesta Buffy bajando la cabeza.

―¿Y este es el gran secreto? ―y al mirar la expresión en el rostro de su hermana―. No, no digo tipo secreto como antes. Ya sabes. ¿Quién, quién más conoce la noticia?

Buffy se sienta en el taburete con un suspiro.

―Willow, Giles, ahora tú, alguien del Consejo. No sé quién. ―dice Buffy encogiéndose de hombros.

―Genial. ―dice Dawn con una sonrisa―. Estoy en el grupo VIP de Buffy.

―Yeap. Así parece. ―Buffy hace un silencio y mirándola―. ¿Y no vas a decir algo como lo equivocada que estoy? ¿O que es una locura?

―No.

―Gracias. ―le dice Buffy con una sonrisa.

―De nada.

Y ambas se quedan observando.


Interior. Habitación de Ángel. Noche.
Los Ángeles California.

Ángel se levantó sobresaltado en medio de la noche. Hace como dos días que intenta conciliar el sueño sin lograrlo. No sabe porque, pero por una extraña razón imágenes de su pasado perturbaban sus sueños. Quiere ignorarlas, olvidarlas por completo, pero ellas volvían cada noche desde entonces.

Una profunda arruga se adueña de su rostro, mientras afuera faltaban aún un par de horas para que amanezca. Se vuelve a recostar. Se queda mirando el cielo raso de su habitación, como si buscara en él una respuesta, que se le escapa a su mente. Cierra los ojos, y la arruga de preocupación se acentúa aún más en su semblante.

Pero las imágenes del pasado retornan como una condena a su memoria, sin que nada pueda hacer para evitarlo. Y vuelve a sentir los olores familiares entremezclarse en una danza mortal en sus sentidos. Y cada parte de su ser recuerda, lo que tan infructuosamente trata de olvidar.

Suburbios de Londres 1890

Las risas repercutían por toda la habitación, la cual se hallaba totalmente revuelta. El mantel, y todo aquello que en la mesa hubiera existido ahora se hallaba esparcido por el piso. Las sillas volcadas y cada adorno y detalle de la misma tirado o roto en algún rincón del cuarto.

Y sentados cómodamente en un sillón Angellus y Darla disfrutaban el espectáculo. Dos cuerpos bajo sus pies miraban indiferentes todo lo que ahí sucedía. Desangrados por completo, ya no tenían nada más porque preocuparse. Y acuclillada en un rincón, una niña de catorce años miraba la dantesca escena que se alzaba ante sus ojos. Mientras sus dorados rizos cubrían su cara que ocultaba entre sus piernas, cada vez que oía las risas de esos demonios retumbar por la habitación.

―¡Ven pequeña! ¡Ven! ―la llama la voz de Angellus.

La niña solo tapa sus oídos, negándose a escucharlo.

―¡Vamos Ven! ―vuelve insistir.

―No nos hagas ir por ti. ―le dice la voz de Darla―. ¡Ven con mami!

La pequeña levanta la cabeza, y mira los cuerpos tirados a sus pies. Y enjugándose los ojos se acerca hacia donde están ellos.

―Que niña lista. ―le dice Darla cuando se aproxima―. ¿No es una linda gatita? ―le pregunta a Angellus sin dejar de observarla―. Una linda y pequeña gatita.

―Sí y a los gatitos les encanta jugar. ―le susurra Angellus al oído de Darla mientras esta ríe complacida―. ¡Ven honney acércate con dady! ―le dice mientras le extiende una mano hacia ella.

La niña vacila al principio mirándolos a ambos asustada. Luego tragando saliva sostiene la mano que él hombre le ofrecía. Angellus ríe satisfecho, haciéndola sentar de un tirón sobre sus piernas. Al tiempo que quita los bucles que cubrían parte de su cara.

―¿No es hermosa nuestra bebe? ―le pregunta risueño a Darla―. Tan pequeña y delicada como una rosa.

―¿Eres una rosa? ―le pregunta Darla acariciando su rostro. La niña niega con su cabeza―. ¡Oh, que pena! Es un lindo nombre. ―y mirándola―. ¿Cómo te llamas?

―Merriam. ―les susurra.

―Me gusta. ―dice Angellus al tiempo que la hace saltar sobre sus piernas―. Tú y yo seres grandes amigos…, Merriam. Unos, muy… muy grandes amigos. ―la chica se lo queda mirando con sus inmensos ojos celestes.

―¿Ahora Merriam quieres que te contemos un secreto? ―le pregunta Darla con una sonrisa seductora en sus labios. La niña asiente con la cabeza―. ¡Entonces ven! ―le dice asiéndole una señal con su dedo.

La chica se inquina hacia ella, al tiempo que Darla le susurra palabras en su oído. Los ojos de Angellus brillan en la noche. Merriam se levanta mirándolos curiosa.

―Vampiros. ―pronuncia saliendo de su asombro, y mirando el cuerpo de sus padres pregunta―. ¿Y ellos, ellos también son vampiros?

―No. ―le contesta Angellus sonriendo―. Ellos son sólo muertos. Bueno antes te diré que fueron… comida, una rica y sabrosa comida.

―Pero tú eres nuestra niñita Merriam. ―le dice Darla apoyando su cabeza en el hombro de Angellus―. Nuestra pequeña, y dulce niñita.

―¿Y la pregunta es? ―la interroga Angellus tomando su rostro con su mano y haciéndolo volver hacia él―. ¿Qué eres? ¿Comida o vampiro?

Y la carcajada de Angellus repercute en la habitación, mientras la niña no deja de mirarlo sorprendida.

Ángel abre los ojos de repente. Irguiéndose sudoroso sobre la cama. Afuera hace más de una hora que había amanecido. Y los primeros rayos de sol se filtraban entre las cortinas, apenas corridas de su habitación. Achicando sus ojos al observarlos.

Unos golpes en la puerta lo terminan de levantar por completo. La voz de Wesley resuena tras de ella llamándolo. Ángel se levanta molesto, y dirigiéndose hacia la puerta la abre de un manotazo. Afuera el hombre lo mira extrañado.

―¿Qué pasa Wes? ―le pregunta una vez adentro.

―¿Sucede algo malo? ―lo interroga este al ver la expresión en el rostro del vampiro.

―Mala noche. ―dice solamente y volviéndose a mirarlo―. ¿Qué querías? ―y al observar el aspecto que este traía―. ¿Y qué hora es?

―Siete y media. ―le dice Wesley consultando su reloj.

―¿Obviamente no dormiste? ―le pregunta Ángel cruzándose de brazos.

―Bueno… yo, bueno… me recosté un par de minutos sobre mi escritorio. ―le dice al tiempo que se restriega los ojos―. ¿Eso cuenta?

―No. No mucho ―y mirándolo―. ¿Qué pasa?

―Si claro. ―hace un silencio―. Ángel este, será mejor que nos vayamos preparando.

―Si vas a empezar con lo Spike de nuevo… ―lo corta molesto―. Ya lo sé.

―No se trata de saber, sino de actuar. ―le responde Wesley mirándolo serio―. Dentro de veinte días las cosas comenzarán a complicarse. Y debemos estar atentos a todo esto. ―y tomando aliento―. Es necesario que vayamos a Londres.

―¿Ahora? ¿A Londres? ―pregunta Ángel intentando procesar esta nueva información.

―No, no ahora. ―niega enfáticamente Wesley con la cabeza―. Sino dentro de…

―Sí, de veinte días. Te oí la primera vez que lo dijiste Wes. Pero insisto. ―y le clava la mirada―. ¿Por qué?

―Porque de resultar verdadero debemos detener a Spike.

―Muy bien lo detenemos. ¿Y qué? ¿Lo encerramos por dos meses antes de matarlo? ―le pregunta sarcástico Ángel―. ¿Realmente piensas que es tan sencillo?

―¡Oh por favor Ángel! ―exclama Wesley fastidiado―. ¡Tenemos los medios! Es solo un vampiro. ―agacha la cabeza y volviéndolo a mirar―. Pero si estás dudando…

―No estoy dudando. Cumpliré mi deber, ya te lo dije mil veces Wes. ―dice Ángel mientras se reclina contra un mueble―. Eso es todo lo que esperan de mí. Pero aún no estamos seguros de nada.

―Lo estaremos cuando empiecen las primeras manifestaciones. ―le contesta Wesley sobándose la frente.

―¿Y qué clase de manifestaciones son esas?

―No lo sé. ―y dando un profundo suspiro―. Pueden ser visiones, alteraciones paranormales, mayor actividad demoníaca, algún hecho en particular… ―se queda pensando―. Sueños, algún cometa. ¡Que se yo! Por eso Ángel debemos estar atentos.

―Sueños. ―repite Ángel bajando la mirada.

―¿Si por qué? ―le pregunta Wes frunciendo el ceño. Ángel lo observa por un segundo.

―No nada. Olvídalo.


Cuatro días después.

Interior. Viejo Cementerio. Noche
Londres Inglaterra.

El ruido de las pisadas se perdía entre las hierbas, haciéndose apenas audible por algunos momentos. Las dos figuras hace tiempo que recorrían el lugar en busca de algún demonio o vampiro que cazar.

Cuando llegan a un claro del camino se detienen de repente, y se quedan observando a su alrededor las viejas criptas de ese sector del cementerio. Mientras los rayos de luna los bañan por completo.

―Por lo visto este lugar no es muy popular. ―dice Buffy mirando hacia donde se levantaban los mausoleos.

―Está perdiendo su gracia el de venir aquí, pet. ―le dice Spike escudriñando el también el lugar―. Te lo dije demasiadas cazadoras juntas.

―Dímelo a mí. ―comenta revoleando los ojos―. ¡Son un maldito fastidio! ―exclama molesta. Spike sonríe entre dientes―. ¿Qué?

―Bueno, no voy a negarlo amor. Si lo son.

―Genial. ¡Bien adiós diversión! ―exclama Buffy exhalando un amplio suspiro, y levantando la vista se queda observando a Spike en silencio. Ambos se miran.

―Muy bien, escúpelo. ―le dice sin dejar de observarla.

―Este yo…

―¡Oh vamos Buffy! Has estado así desde hace cuatro días. ―y revoleando los ojos mientras mueve su cabeza en fastidio―. ¿Ahora cuál es la sangrienta nueva gracia? ―se la queda mirando. Buffy baja la cabeza.

―Ninguna. ―y alzando la vista―. ¿Cuándo me lo vas a decir?

―¿Yo? ¿Decirte qué? ―le pregunta Spike levantando una ceja.

―Sí, tú. ―y lo mira burlona―. Hable con Dawn me lo contó todo.

―¡Ah eso! ―Spike la observa dubitativo―. Sabes las Summers pueden ser bastante testarudas cuando se lo proponen. Y déjame decirte que yo…

―Gracias. ―le dice Buffy acercándosele.

―Tomaré esto como que el pequeño diablillo está contento. ―y elevando el rostro de Buffy hacia él―. ¡Oh la próxima vez la morderé!

―Dio un pequeño brinquito.

―Debe haber sido sangriento. ―le dice Spike trayéndola hacia él. Y cuando estaba a punto de besarla, eleva su cabeza olfateando el aire.

―¿Spike qué pasa? ―le pregunta Buffy al ver el rostro concentrado del vampiro. De repente ella también siente algo. Y los dos se quedan expectantes.

Unos ruidos provenientes de entre las tumbas atraen su atención de inmediato. En ese momento cuatro vampiros intentaban forzar una cripta, a pocos metros de donde ellos estaban. Al verse sorprendidos estos se dan vuelta a atacarlos.

Uno de ellos se abalanza sobre Buffy, el cual es detenido por un fuerte golpe de puño de la cazadora. Al mismo tiempo que con una patada voladora, golpea al que quería atacarla por la espalda. Haciéndolo caer contra un árbol. El otro vampiro se recupera en ese instante, volviendo al ataque. Tira una trompada y par de patadas que son esquivadas por Buffy sin ningún problema. Y tomándolo de un brazo lo hace girar en el aire, hasta dejarlo caer de espaldas contra el piso. Y cuando este intenta reaccionar la estaca de la cazadora se clava en su pecho, convirtiéndolo en polvo.

Spike mientras tanto mandaba al otro vampiro contra una tumba. Este se levanta enfurecido. Spike lo vuelve a golpear un par de veces más, clavándole luego la estaca en el corazón.

El ruido de golpes y pelea atrajo la atención, del grupo de cazadoras que patrullaban en ese instante por el cementerio. No lejos de ellas. Tras las viejas criptas, vieron a Buffy y un hombre rubio pelear contra un vampiro cada uno.

Buffy golpeaba con su puño a su oponente, mandándolo contra una lápida que se quebró bajo su peso. Mientras tanto Spike esquivaba un par de golpes del otro vampiro, al tiempo que le propinaba una patada en el estómago haciéndolo volar contra una cripta. Spike se le acerca, y extrayendo la estaca que tenía guardada se la clava en el pecho al vampiro.

Se da vuelta y observa a Buffy quien se estaba entreteniendo con su rival. Spike se acerca en el momento exacto en que Buffy golpea al vampiro, haciéndolo trastabillar. Este intenta atacarla de nuevo, pero Spike lo detiene propinando un par de trompadas. Y enviándoselo de un empujón hacía donde Buffy se encontraba. La cual lo estaba esperando con la estaca en mano, que clava en el corazón del vampiro convirtiéndolo en polvo.

―Eso fue fácil. ―le decía Buffy a Spike cuando el aplauso los hace girar.

Un hombre regordete y sonrosado los miraba ampliamente satisfecho.

―¿Richard? ―dice Buffy saliendo de su asombro.

Más atrás el grupo de cazadoras los observada en silencio. Y entre todas ellas la figura de un hombre sobresalía en el medio, el cual contemplaba serio a la pareja. Ewan apretó los dientes.

―No sabíamos que estabas patrullando Buffy ―le comenta Richard acercándoseles. ―Eso ha estado magnífico. ―mirando hacia los dos montículos de polvo.

―Bien si yo… ―balbucea Buffy

―¿Y quién es tu compañero? ―le pregunta sin dejar de observar a Spike que permanecía en silencio.

―Spike. ―le contesta el vampiro mirándolo.

―Spike. ―repite el vigilante―. Curioso nombre. ―y volviendo a mirar a Buffy―. ¿Pensé que te gustaba patrullar sola?

―Si, en realidad. ―Buffy mira a Spike―. Bueno, con Spike es diferente.

―Si lo pude notar. ―dice Richard observándolos―. Eres un buen luchador ―le comenta a Spike mirándolo―. Me sorprende ver a alguien con esas habilidades y fuerza. Es extraño de encontrarlas en un ser humano.

―Sí, lo es. ―le contesta Spike con una media sonrisa en sus labios.

―Asombroso. ―comenta y volviéndose al grupo―. Esto es lo que les decía en cuanto a sincronización y…

―Seguir los instintos, la maldita sangre. ―lo corta Spike.

Richard lo mira sonriendo.

―No con esos términos, pero era la idea. ―comenta el vigilante.

El grupo de chicas se acerca hacia ellos, sin dejar de observar a la pareja y sobre todo a Spike que permanecía indiferente a todo. Más apartado de los demás, Ewan se mantenía distante.

―¡Vaya eso si que estuvo bien! ¡Eres fuerte amigo! ―le dice Margaret.

―Gracias, pet. ―le contesta Spike con una sonrisa.

―Tienes las agallas y el instinto. ―le dice Brenda sonriéndole―. ¡Me gusta!

Buffy baja la mirada mientras Spike levanta una ceja divertido.

―Es lo que yo les digo muchachas. ―afirma Richard y moviéndose de un lado a otro como si dictara una clase―. Concentración, seguir sus instintos y entrenamiento.

―Si bien, nosotros es mejor que nos vayamos. ―le dice Buffy y mirando a Spike.

―Si claro. ―contesta Spike avanzando.

En ese momento la voz de Richard lo detiene.

―¿Spike no? ―este se da vuelta―. Me encantaría charlar sobre tus técnicas de combate. ―y mirando al grupo―. Creo que a las chicas le vendría bien un poco de ayuda extra.

―Es mejor que nos vayamos Richard. ―dice la voz seria de Ewan, y como si mordiera cada palabra―. Es obvio que Buffy no nos quiere aquí.

―Si bueno. ―comenta Richard poniéndose nervioso por la situación―. ¡Vamonos chicas! ¡Debemos regresar! ―y mirando a Spike―. Yo, bueno… me gustaría conversar con ambos. No es común que la gente sepa de la existencia de demonios. Y bueno, un humano con tus capacidades en la lucha y todas esas habilidades, es muy apreciable e interesante. Si me…

―El no es humano. ―se escucha a la voz de Ewan como si proviniera de entre las sombras.

―¿Qué dices? ―le pregunta sorprendido Richard―. Entiendo Ewan que esta situación sea un poco embarazosa, pero…

―¿Por qué no se lo dices Buffy? ―y los ojos del hombre se clavan como puñales sobre ella.

―¿Decirles qué? ―le pregunta Buffy indignada.

Los demás se los quedan observándolos en silencio. Richard miraba preocupado al joven vigilante sin entender ese odio visceral que percibía en todo su rostro.

―La verdad Buffy. Aunque sea una vez.

―Suficiente amigo. ―lo corta Spike poniéndose frente a Ewan

―Olvídalo Spike. ―le dice la voz de Buffy tras sus espaldas.

―¡Vamonos Ewan! ―le dice Richard tratando de evitar el enfrentamiento.

―No. ―le contesta este sin dejar de observar a Spike―. Hablaremos ahora.

―No hay nada de que hablar. ―le dice Buffy seca.

―Te equivocas nosotros…

―Estás perdiendo el sentido. ―lo corta de inmediato Spike―. No hay un bloody nosotros. Y lo que tengas que decir dilo ahora o cierra la maldita boca. ―le dice desafiante.

―Te crees valiente. ¿En realidad piensas que eres un héroe? ―y lo mira con un gesto de desprecio en sus labios―. Pero yo sé lo que en verdad eres…, Spike. ―y dice esta última palabra casi como escupiéndola.

―¿Si? ¿Y que soy? ―le pregunta mientras frunce sus labios en una mueca burlona.

―¡Bien suficiente! ―dice Buffy interponiéndose entre ambos y mirando a Spike―. ¡Vámonos!

―¿Huyendo de vuelta Buffy? ―le pregunta a sus espaldas la voz de Ewan.

Esta se da vuelta furiosa.

―¿Qué demonios te pasa? Sabes, estoy pensando seriamente en dejar que Spike te patee el trasero.

―Por mí no hay problemas, luv. ―dice Spike con una sonrisa y mirando a Ewan―. Y sí, se lo que soy.

―Un maldito vampiro. ―le contesta Ewan con un tono duro en su voz.

Todos se los quedan mirando sorprendidos.

―¿Qué? ―logra articular después de un tiempo Richard sin dejar de observar a ambos.

―Sí, lo soy. ―le responde Spike a Ewan y señalándolo―. Yo seré un vampiro pero tú…, Tú eres un bloody idiota. ―y con una mueca burlona en sus labios―. ¿Quién está jodido?

Y un silencio profundo y denso se apoderó del ambiente. Todos se quedaron observando a Spike que parecía relucir bajo la luna. Y de entre sus ropas Ewan saco una estaca.

Continuará…