DECIMOTERCERA PARTE
Interior. Viejo Cementerio. Noche
Londres Inglaterra
Todos miraban a Spike que parecía sobresalir entre ellos con un brillo propio. Mientras Ewan extraía del interior de su abrigo una estaca. Su mano se tenso con más fuerza sobre ella. Al tiempo que sus ojos se perdían en la vista del vampiro, ubicado a pocos centímetros de distancia de él. Y de repente una mano se poso sobre su brazo, deteniéndolo con una firmeza que jamás había supuesto en aquel hombre.
―¿Qué estás haciendo? ―le susurro la voz del otro vigilante―. ¡Guarda esa estaca! ―le ordena mientras sus dedos se atenazaron aún más sobre el brazo de Ewan.
―¡Déjame! ―intento forcejear este sin éxito.
―No. ―le contesta cortante Richard―. ¡Razona Ewan! ―le dice mirándolo serio―. ¡Da el ejemplo! ―y volvió a apretarle con más fuerza su mano. Ewan seguía sosteniendo aún la estaca.
Spike mueve la cabeza, y los observa por un segundo comprendiéndolo todo. Su mirada se oscurece al tiempo que su voz se vuelve más profunda y penetrante.
―Suéltala amigo. No quiero lastimarte. ―le dice mordiendo la última palabra. Ewan aprieta la mandíbula. Buffy abre los ojos al verlo sorprendida.
―¿Qué estás haciendo? ―le pregunta a continuación y mirando a las cazadoras―. ¡Quédense donde están! ―les dice seria Buffy. Ewan suelta la estaca, que se hunde silenciosa en el césped del cementerio.
Richard no deja de observarlo.
―¿Qué significa todo esto? ―pregunta soltándole la mano.
―Que deben controlar mejor a sus vigilantes. ―le contesta la voz de Spike y señalando a Ewan―. O todos terminaran muertos o matándose, en busca del honor y la justicia. ―termina diciendo con una mueca de disgusto en sus labios―. Están realmente locos.
―¡Ya cállate! ―le grita Ewan intentando avanzar hacia Spike.
Richard lo detiene poniéndole una mano sobre el pecho.
―¡Contrólate! ―le dice dirigiéndose al joven y mirando a Buffy―. Hay cosas que debemos aclarar Buffy.
―No hay nada que aclarar. ―le retruca seria Buffy.
―Discúlpame que disienta Buffy. Pero yo pienso que debes saber lo grave que es todo esto. ―le dice mirando a Spike.
―Spike es diferente. Tiene alma. Eso es todo. ―y mirándolo mueve la cabeza―. No hay nada más de que hablar.
―¿Alma? ―pregunta Richard observándolo con el ceño fruncido―. ¿Es eso posible?
―Yeah. ―le contesta Spike mirándolo de arriba abajo―. Luche por ella. Fui en busca de una leyenda. ―y encogiéndose de hombros―. No todo se reduce a pergaminos anticuados y malditas reglas.
―Igual esto es irregular. ―murmura el vigilante y mirando a Ewan―. ¿Quién más lo sabía?
―Pregúntenle al bibliotecario. ―le dice Spike y apuntando al joven vigilante―. Él debe estar tras los sangrientos consejos. ―y mueve su cabeza en un gesto de fastidio.
―¿Bibliotecario? ―pregunta Richard mirándolo extrañado
―Giles. ―le dice Buffy y mirando a Spike―. Él conoce a Spike desde antes.
―El viejo Rupert tiene memoria selectiva cuando le conviene. ―agacha la cabeza y la vuelve a levantar―. Él está al tanto de todo.
―Ya veo. ―dice Richard mirando a la pareja. Y volviéndose hacia donde estaban las demás cazadoras―. Chicas será mejor que vayan regresando. Espérenos en la puerta del cementerio. ―y sobándose la frente―. ¡Margaret hazte cargo del grupo!
―De acuerdo. ―dice esta asintiendo con la cabeza y dirigiéndose al resto del grupo―. Ya lo oyeron chicas. ¡Vámonos! ―ordena, y dándose vuelta les dedica una última mirada, mientras se alejan perdiéndose por un extremo del camino. Dejándolos a los cuatro en la soledad del cementerio.
―Muy bien. ―dice Richard una vez sólo―. Es mejor así. ―y mirándolos―. Ahora podemos hablar tranquilos.
Buffy se mueve inquieta y cruzándose de brazos.
―No hay nada de qué hablar Richard. Ya sabes lo que tenías que saber.
―¿Ahora todo es tan fácil, no? ―le pregunta burlón Ewan.
―Te equivocas. ―le responde seria Buffy, y haciendo un gesto de disgusto con sus labios―. No me conoces. No intentes juzgarme Ewan.
―Es mejor que nos calmemos. ―intenta tranquilizar los ánimos Richard―. Tenemos que dar el ejemplo. No perder las prioridades…
―¿Y salir con un vampiro es el ejemplo, no Buffy? ―le vuelve a preguntar Ewan clavándole la mirada.
―Claro, porque hacer todo un show frente al grupo. ¡Eso fue excelente! ―le dice Buffy moviéndose molesta.
―El show ya lo habías armado antes Buffy. ―le contesta Ewan enfadado.
―¿Qué? ―le pregunta esta indignada.
―Cierra la boca. ―le dice Spike de repente―. Este no es tu asunto. Ni el de Giles, ni el de nadie. ―agrega mirando a Richard―. El día que lo comprendan habrá un sangriento desfile por las calles. ―se calla y tomando aliento―. Ya deja de jugar al héroe.
―¡Maldito imbécil! ―le grita Ewan abalanzándosele. Richard intenta detenerlo.
―No quiero lastimarte. ―le dice Spike poniéndose serio.
―¿Crees que me importa? ―le contesta al tiempo que empuja a Richard y se lanza sobre Spike. Este, esquiva la trompada y una mueca de satisfacción se adueña de su rostro.
―Pero no quiere decir que no lo haga. ―le dice burlón, mientras le propina un puñetazo en el rostro de Ewan, enviándolo al suelo.
Ewan se limpia la boca, de la cual comenzaba a salir un hilo de sangre. Richard intenta ayudarlo a ponerse de pie, pero este rechaza de un manotazo la mano que el otro vigilante le extendía. Spike lo observa de costado.
―¡Suéltame! ―le dice poniéndose de pie, mientras con el dorso de su mano se toca la boca. Sus ojos eran más negros que nunca. Buffy se acerca hacia donde estaba Ewan.
―Vuélvelo a intentar. ―lo mira seria―. Y será mi puño el que se conectará con tu cara. Estoy perdiendo la paciencia. ―y dándose vuelta observa a Spike―. ¡Vámonos! ―le dice y comienza a avanzar hacia él.
―Buffy. ―la detiene la voz de Richard―. Aún debemos aclarar ciertas cosas.
―No. ―le dice seca sin volverse―. Todo está claro ya.
―Vámonos, pet. ―le murmura Spike sin dejar de observar a los dos hombres―. No hay nada aquí.
Buffy lo mira y asiente con la cabeza. Y los dos comienzan a alejarse por entre las criptas del viejo cementerio. Los hombres a sus espaldas los observan marcharse en silencio. Ewan presiona sus mandíbulas con una fuerza que parecía que iban a romperse en cualquier momento. A su lado el otro hombre agacha la cabeza con el rostro preocupado, y tomando un profundo suspiro lo mira.
―Vámonos Ewan. ―es todo lo que dice.
Ewan cierra los ojos, y ambos desandan el camino de regreso. Arriba la luna permanecía fría y distante.
Interior. Salón de entrenamiento. Nuevo Consejo. Mañana.
Londres Inglaterra
Esparcidas sobre las gradas, y algunas otras en un banco. El grupo de cazadoras, observan a la joven morena que hablaba con Richard, mano en cadera. De vez en cuando esta desviaba la vista y les dedicaba un silencioso examen. Movió su cabeza y toda su atención se concentró en lo que le decía el vigilante. Una amplia hilera de dientes hicieron su aparición en su rostro. Y poniendo un mechón de pelo tras su oreja, se dio vuelta y se encaminó junto con este hacia donde la esperaban el resto del grupo.
―Muy bien chicas. ―llamó la voz de Richard y mirando a la joven morena―. Ella es Kennedy. ―la chica sonrió―. Buena ella…, ―y el ruido de la puerta abriéndose y cerrándose interrumpieron sus palabras.
Ewan venía con el ceño fruncido, y un visible moretón en el extremo inferior izquierdo de su rostro. Todos lo observaron y se miraron entre ellos, y el silencio fue más denso y sinuoso que antes.
―¡Ah, hola Ewan! ―lo saluda el otro vigilante al verlo. Este asintió con la cabeza y volviéndose a la joven que no había dejado de observarlo―. Este, bueno yo estaba presentando a Kennedy al grupo. ―ella le sonríe. El hombre la mira serio―. Kennedy será el nuevo reemplazo de Buffy. Bueno, hasta que ella vuelva. ―le dice casi carraspeando Richard con su voz.
―¿Así que te mando Buffy? ―le pregunta el joven sin dejar de observarla con un gesto de desdén en sus labios.
―No. En realidad Willow lo hizo. ―al ver el desconcierto en su mirada―. Bueno, Buffy llamó pidiendo un favor. Y aquí estoy. ―concluye poniendo las manos en las caderas.
―Yo creo que es lo mejor. ―dice Richard observándolos a ambos, y volviéndose hacia la joven―. ¿Supongo que tendrás práctica en entrenamiento de grupo? ―le pregunta.
―Sí. Tengo ese crédito. ―y mostrando una gran hilera de dientes―. Entrené, bueno cuando Buffy no estaba a cargo a las potenciales allá en Sunnydale. Eso sí fueron tiempos rudos.
―Ya veo. ―le dice Richard mirándola admirado―. Entonces nos serás de gran ayuda aquí. ―y señalándole a las chicas―. Mira este será tu grupo. Entrénalos en el manejo de su fuerza y habilidades. ―y observándola―. Creo que funcionará. El grupo es tuyo. ―le dice palmeándole el hombro y observando a Ewan―. Ewan, ¿podríamos hablar un momento? ―le pregunta. Este se da vuelta y lo mira como si saliera de sus meditaciones.
―Si claro. ¿Qué sucede? ―le dice dejando unos papeles que tenía en las manos.
―Aquí no. ―le contesta Richard observando a las demás cazadoras. Y señalándole con su cabeza un extremo del salón―. Vamos hacia allá.
En el fondo Kennedy comienza con las presentaciones.
―Sí. ¿De qué querías hablarme? ―le pregunta Ewan mientras se apoya contra la pared.
―De lo que ocurrió anoche. ―y al ver la expresión que este le ponía―. Y sobre todo de tú conducta.
―Bueno si tienes quejas Richard. Eleva un informe a los superiores. ―le contesta agrio Ewan.
―Si tal vez debería hacerlo. ―le dice Richard mirándolo serio―. Pero por respeto a tu padre, decidí primero hablar contigo. Él es un…
―Yo sé lo que es mi padre. No necesito sermones. ―le corta de inmediato―. Estoy bastante crecidito para recibirlos. ―callándose de repente―. Lo siento. ―aprieta sus labios―. Tal vez actué precipitadamente pero… ―lo mira―, pero si volviera a tener la misma oportunidad, haría exactamente lo mismo. No tiene sentido mentir.
El otro hombre mueve la cabeza.
―Ewan. Yo no quiero ponerme en contra tuyo. Como vigilantes debemos saber mantener el control. Tener la visión completa. ―y mirando hacia donde entrenaban las chicas―. Hay un grupo en tus manos. Ellas ―señalándolas―. Te necesitan. Necesitan que las guíes y entrenes. Deben ser fuertes para poder sobrevivir. Algunas morirán y debemos estar allí, atentos para impedirlo. ―baja su cabeza moviéndola―. Si tú no comprendes lo importante de tu deber. ¿Quién lo hará? ―lo vuelve a mirar―. Prioridades. Debemos mantener las prioridades.
―Yeah. ¿Y pactar con demonios es la nueva política? ―comenta torciendo sus labios.
―¡Nadie está pactando con nadie! ―le retruca Richard enojado―. Ese es otro asunto que debemos resolver. ―y tomando aliento―. Debemos mantener la mente fría. Mente fría Ewan. Así se ganan las batallas. ―le dice mientras le apoya una mano sobre el hombro. Ewan levanta la cabeza y se lo queda observando.
―Lo tendré en cuenta. ―le dice sin dejar de mirarlo.
―Eso espero. ―Richard lo mira y tomando un gran aliento―. Por tu bien y el de todos. Eso espero. Tómate unos días libres. ―Ewan frunce el ceño―. ¡Créeme te harán bien! ―y observando hacia el grupo―. Yo me encargaré de lo demás, no te preocupes.
―Está bien. ―le contesta Ewan desviando la mirada―. Tal vez tengas razón y estoy equivocando el camino. ―hace un silencio.
―Lo sabía muchacho. Sabía que entenderías. ―comenta Richard sonriendo―. Ve y no te preocupes. Y cuando estés listo, regresa.
―Será mejor que vuelva. ―le dice Ewan mirando hacia donde las demás cazadoras seguían entrenando, bajo las órdenes de Kennedy―. El deber me llama. ―agrega esbozando una media sonrisa, y se va dejando al otro hombre meditabundo.
Este se restriega los ojos por un segundo, y mira hacia un extremo del pasillo. Y con paso firme se dirige hacia él. La puerta de la oficina estaba cerrada. Richard se detiene y golpea con el dorso de su puño. Una voz desde el interior lo invita a pasar.
―¡Ah, Richard eres tú! ―le dice Giles sonriente levantando la vista de un extraño objeto que estaba revisando―. Me alegro de verte. ¿Cómo está todo?
―De eso quería hablarte Giles. ―le contesta―. ¿Podríamos sentarnos? ―le dice indicándole dos asientos.
―¡Oh si, perdóname! Si claro. Toma asiento. ―se disculpa. Y sentándose uno frente al otro―. ¿Y dime sobre qué querías hablarme? ―le pregunta Giles sosteniendo aún el objeto entre sus manos, como si lo estuviera pesando.
―¿Hablaste con tu cazadora? Bueno, en realidad ¿Ella te comentó algo? ―el hombre lo mira inquisitivo. Y ante el desconcierto de Giles, murmura―. Ya veo.
―No. No vi a Buffy desde ayer al mediodía. ¿Por qué? ―le pregunta apretando la figura entre sus manos―. ¿Qué tenía que contarme?
―Ayer nosotros la encontramos patrullando en el cementerio. A ella y a su…, bueno ya sabes el tipo con el que anda. ―se detiene y lo observa. Giles asiente con la cabeza―. Bueno a mí me sorprendió mucho verlo pelear. Es realmente bueno, fue asombroso. ―y haciendo un silencio―. Claro que en realidad, eso sólo fue el principio. ―lo vuelve a mirar―. ¿Por qué no me lo dijiste?
―¿Decirte qué? ―le pregunta Giles enfrentando su mirada.
―Lo que era en realidad. ―le contesta de inmediato―. Que tu cazadora está saliendo con un vampiro. ―lo mira serio. Giles presiona con más fuerza la figura.
―¿Quién te lo dijo? ―le pregunta luego de segundos que parecieron evos.
―Él. ―Giles hace una mueca desdeñosa con sus labios, mientras que con violencia apoya el objeto sobre la mesita. El otro hombre mueve la cabeza―. A decir verdad, fue Ewan. Él solo confirmó sus palabras. ―y mirándolo―. ¿Entonces es verdad? Ya lo sabías. Lo conoces.
―Sí. ―dice Giles cortando sus afirmaciones―. ¿Qué es lo que quieres saber en realidad Richard? ¿Si estoy de acuerdo? ―y sacándose los anteojos de un tirón―. ¡Claro que no! He tratado de hacerla entrar en razón a Buffy miles de veces, pero ya no me escucha. ―se aprieta los ojos―. La perdí hace mucho tiempo atrás. ―vuelve hacer otro silencio.
―Ella dijo que él tiene alma. ―lo observa.
―Sí. Spike tiene alma. ―le confirma―. Pero eso no cambia nada. ―lo vuelve a mirar y colocándose los anteojos―. Él jamás dejará de ser lo que es.
―Un demonio.
―Spike es más que eso. Él es peligroso. ―mueve la cabeza y haciendo un silencio observa el rostro del otro vigilante―. Él ya mató a dos cazadoras en el pasado. El alma lo retendrá, pero no podemos confiar mucho en el juicio de Spike. ―suspira―. No me hagas caso Richard, las cosas se salieron de proporción estos últimos meses.
―No puedes decirme eso, y después pretender que no me alarme. ―le dice mirándolo serio―. Bastante malo es el ejemplo que tu cazadora le está dando al resto del grupo. ¡Dios mío, es un vampiro! Y ahora me dices que ya mató a otras cazadoras.
―Eso fue hace tiempo. Quizás exageré un poco. ―comenta Giles apretándose los ojos―. Pero no deja de ser peligroso.
―Quiero que entiendas Giles, lo nocivo que puede ser para las demás chicas actitudes como estas. ―se levanta―. Ewan está perdiendo el equilibrio. Y no podemos permitírselo. ―apoya sus manos contra el respaldo del asiento―. Él más que nadie debe saber cómo actuar. Ser consciente de los riesgos y decisiones. Debemos recuperar el control o todo se irá en picada.
―Es lo que he estado intentando hacer. ―le dice Giles sobándose la frente.
―Entonces debemos esforzarnos más. ―le contesta Richard observándolo―. Yo, este, intentaré volver a hablar con Ewan. Por el bien de él, será mejor que intente controlarse. Y tú, será mejor que hables con Buffy.
―¿Y qué quieres que le diga? ―le pregunta Giles levantando una ceja.
―Que lo controle. No podemos arriesgarnos. ―se soba la frente―. Yo puedo hablar con las chicas y que esto no salga de estas cuatro paredes. Pero si las cosas se fueran de control, debemos informarlo. ―lo mira serio―. Dudo que los demás miembros del Consejo les agrade la noticia.
―Yo pertenezco a Esos Miembros. ―le dice Giles serio.
―Pero no eres el único. ―le retruca Richard. Giles alza la cabeza indignado―. Yo te respeto Giles, como respeto Thomas el padre de Ewan. Pero sé cuál es mi deber. Mantener el control, el orden. Y es lo que haré. ―hace un silencio―. Por ahora intentaremos solucionarlo nosotros. Es lo mejor. ―lo vuelve a mirar.
―Está bien. ―le dice a continuación Giles―. El tiempo está de nuestro lado, sólo tenemos que esperar. Ya verás Richard todo se solucionará.
―¡Ojalá! ―le dice este con un suspiro.
Y ambos se quedan observándose como si analizaran las palabras de cada uno, mientras el tiempo seguía corriendo como lava.
Dos días después.
Exterior. Hight Street. Mañana
Londres Inglaterra.
La calle comercial se encontraba concurrida a esa hora de la mañana. La gente iba y venía como en un desfile incesante de cuerpos sobre una pasarela. Las voces y el bullicio del lugar llenaban sus oídos, entremezclándose con esos rostros que fluían como olas delante de ella. De repente Buffy se detiene, frente a la vidriera de una zapatería. Se queda observando un par de sandalias. Las estaba estudiando críticamente cuando percibe a alguien parado a su lado. Pero solo, es en el momento que escucha su voz cuando gira su cabeza para mirarlo. Mientras su ceño se frunce de repente.
―Lindos zapatos, pero un poco incómodos para patrullar Buffy. ―le dice la voz de Ewan, que seguía observando el escaparate de la tienda.
―No son para patrullar. ―le contesta Buffy seria.
―¡Ah, ya veo! Tienes otras actividades. ―le dice moviendo su cabeza al tiempo que le clava la mirada sobre ella.
―¿Qué es lo que quieres Ewan? ―le pregunta Buffy molesta girándose para observarlo.
―Hablar. Pienso que nos debemos una explicación. ―le dice Ewan con un tono grave en su voz.
―Hablar. Es lo que estamos haciendo. ―le contesta Buffy y cruzándose de brazos―. Explicación. No hay nada que explicar. Todo quedo bastante claro hace unos días.
―Si, aún guardo el recuerdo. ―le dice tocándose con el dorso de su dedo, el moretón en su rostro. Los ojos del hombre se oscurecen por completo.
En ese momento la campanilla de la puerta suena mientras se abre, unas personas salen de la zapatería. Ellos se dan vuelta y los observan, corriéndose para dejarlos pasar. La puerta vuelve a cerrarse de nuevo. Ewan se acomoda el pelo con una mano, mientras un silencio incómodo sigue pesando sobre ellos.
―Mira Ewan. Lo siento, yo… ―comienza a decir Buffy y como arrepintiéndose―. En realidad, tú te lo buscaste. ¿Qué pretendías hacer? ¿Matar a Spike? Jamás lo hubieses logrado. ―lo mira seria―. Agradece que solo te golpeara una vez. Spike no suele ser tan generoso.
―La próxima vez…
―No habrá próxima vez. ―lo corta molesta Buffy de inmediato―. Inténtalo de nuevo, y mi puño hará contacto con todo tu cuerpo.
―Entiendo. ―dice mordiendo la palabra, la mira y un gesto desdeñoso surca la comisura de sus labios―. Yo pensé que eras distinta Buffy. Que sabias ver la diferencia.
―¿De qué demonios estás hablando?
―Hablo, de que como cazadora podías entender en que consiste nuestro trabajo. ―dice Ewan mientras aprieta su mano en un esfuerzo por contenerse―. Cuáles son las reglas. Los límites.
―Se perfectamente en que consiste mi trabajo Ewan. ―le contesta Buffy con el ceño fruncido―. Lo he estado haciendo todos los días, forjándolo con mis manos. ―se detiene, lo mira―. Es mi destino. Ser la cazadora.
―Entonces hazlo. Caza. Mata vampiros. ―le dice Ewan acercándosele―. No te acuestes con ellos. ―agrega mientras la sostiene por los hombros.
―¡Bien es suficiente! ―le dice Buffy furiosa y soltándose lo aparte de su lado―. Nunca vuelvas a tocarme. ―agrega arrastrando las palabras.
El rostro de Ewan se ensombreció por completo, mientras sus mandíbulas se tensan bajo la presión a lo que son sometidas.
―Entonces. ¿Este es el nuevo juego? ―le pregunta luego de unos interminables segundos.
―No hay juego. ―le dice Buffy seria, y tomando aliento―. Será mejor que me vaya. No tiene caso seguir con esto. ―y se gira para marcharse.
―Espera Buffy. ―le dice la voz de Ewan a sus espaldas. Ella se detiene. Eleva la vista al cielo y dándose vuelta, lo mira a los ojos―. No podremos ignorarnos siempre. ―agacha la cabeza―. Sé que esta situación es difícil para ambos, pero por el bien del grupo debemos sobrellevarla.
―Yo regresaré. Si eso es lo que quieres saber. ―aprieta sus labios―. Pero no ahora. Ya envié a mi reemplazo. ―y mirando hacia la calle―. Si esto es todo, yo tengo…
―Un segundo Buffy. ¡Por favor! ―le dice Ewan tomando aliento―. Siento lo que te dije hace un rato. ―él la observa. Buffy desvía la mirada molesta―. Creo que las cosas se salieron de proporción. Entiéndeme. ―la vuelve a mirar―. No sabes lo difícil que fue para mí.
Buffy baja la mirada.
―Yo…, puedo imaginarlo. ―le dice Buffy mirándolo―. Pero es mi vida, de nadie más. ―y tomando aliento―. Es mejor que lo superes.
―¿Superar? ―pregunta Ewan, al tiempo que sus labios se tuercen en una mueca divertida―. No se trata de superar, Buffy.
―No entonces, ¿de qué? ―le pregunta moviéndose molesta―. De actuar como si tuvieras doce años. ¡Claro, porque eso facilita las cosas! ―le dice moviendo la cabeza.
―No. Se trata de hacer lo debido. ―le dice Ewan cruzándose de brazos al tiempo que le clava la mirada.
―No me dices nada que ya no sepa Ewan. ―le contesta Buffy seria, y dándose vuelta―. No hay nada de que hablar. ―y comienza alejarse perdiéndose por las calles.
Ewan se queda un rato observándola marcharse. Gira su cabeza, y mira la sucesión de escaparates alzándose ante su vista. La gente seguía entrando y saliendo de los mismos, en un mundo que se le antojaba ajeno y distante. Apretó sus labios, y tomando aliento encaminó sus pasos hacia una de las galerías.
Cinco días después.
Interior. Sala. Departamento de Giles. Noche.
Londres Inglaterra.
El ruido del video juego dominaba la sala. Sentados en el sofá, Dawn y Andrew se enfrentaban a un combate mortal. Cada uno sostenía entre sus manos un joystick, al cual movían sin piedad tratando de evitar los golpes de su oponente. Hasta que la frase Game Over se adueñó de la pantalla, al tiempo que el grito eufórico de Dawn acompañaba a la musiquita. A su lado Andrew refunfuñaba molesto.
―¡No es justo! Ya te había enviado mi bola de energía. ―dice mientras observa a su jugador caído en el suelo.
―Dos a uno. Me debes una pizza. ―le recuerda Dawn feliz a su lado.
―Lo siento chica rayo, pero el trato era el primero que llegara a tres.
―Umm…, igual voy a ganar. ―le dice Dawn encogiéndose de hombros.
―Eso lo veremos. Aún tengo un par de golpes que…
Y en ese momento el ruido del timbre interrumpe su conversación. Ambos se miran.
―Piedra, papel o tijera. ―dicen al unísono mientras mueven sus manos uno enfrente del otro. Otro timbrazo resuena en la sala.
―Alguien podría atender la puerta ―dice Giles saliendo de su despacho. Y es al observarlos en pleno sorteo que revolea los ojos dirigiéndose él hacia la puerta.
―¡Gane! ―exclama Dawn―. Papel cubre a la piedra. ―se escucha tras sus espaldas, seguido de la queja de Andrew.
―La piedra apesta.
Giles abre la puerta, dejando entrar a su visitante que lo observa sonriente.
―Hola Giles. ―lo saluda Xander una vez adentro―. ¡Hey chicos! ―les dice entrando luego a la sala.
―Hola Xander. ―lo saludan sonrientes.
―Mortal Combat. ―dice mirando la pantalla―. Vuelta a lo clásico. Me gusta.
―La clásica molestia de estos últimos tres días. ―protesta Giles sobándose un oído―. Es necesario oír la musiquita estúpida todo el tiempo.
―No. Pero es cool. ―dice Andrew defendiéndose.
―Ese es un punto Giles, no puedes negarlo. ―comenta Xander señalándolo con el dedo.
―Concéntrate Xander, ¡por favor! ―exclama Giles elevando los ojos al cielo y mirándolo―. ¿Me trajiste los papeles que quería?
―Sí. ―le dice extendiéndole un legajo que saca de su bolso―. Empezaré a cobrar por todo esto. ―comenta después―. ¿Desde cuándo me convertí en el chico de los recados?
―Son papeles importantes Xander. No puedo dárselos a cualquiera. ―le dice Giles estudiándolos.
―¿Eso significa que soy como una especie de Secretario de Estado? ―le pregunta sonriente―. Suena mejor que cartero, tal vez…
Y el ruido del timbre, vuelve a resonar en la sala.
―¿Quién será? ―pregunta Giles mirando la hora.
Andrew se levanta de su asiento y se dirige a abrir la puerta.
―Aún no me has contestado Giles. ―vuelve a insistir Xander.
―Yo...
―¿Está Buffy? ―se escucha la voz de Spike desde el hall.
―Está en su cuarto. ―le informa Andrew―. ¿Quieres que le avise?
―Mejor voy yo. ―le dice Dawn levantándose de su asiento, al observar la cara que ponían los otros dos hombres―. Ya vuelvo.
―Spike le sonríe, y camina hacia la sala mirando a su alrededor.
Todos se quedan en silencio por un momento. Xander no dejaba de mirarlo de costado mientras se sentaba sobre un brazo del sofá. Giles había dejado la carpeta sobre la mesita y le hecho una mirada de reproche a Andrew, que lo observaba sin comprender.
―¿Y qué es lo que buscas Spike? ―le pregunta Xander.
―A Buffy. ―le contesta este sin mirarlo.
―¿Van a patrullar? ―insiste preguntándole
―No es asunto tuyo Harris. ―le contesta mirándolo de reojo.
―Xander, ya basta. ―le dice Giles y dirigiéndose a Spike―. No tienes porque venir aquí Spike.
―No te preocupes Rupert, no pienso quedarme. ―y mirando hacia la escalera―. Una vez que baje Buffy nos iremos.
―Esto es un error ¿lo sabías? ―le dice Xander.
―Sólo sé que es la canción de moda en este lugar. ―y mirándolo―. Supéralo Harris. ―Xander se levanta enojado.
―Si le haces algo…
―¿Qué? ―le pregunta Spike levantando las cejas molesto.
―Déjalo Xander. Spike nos va privar de su presencia muy pronto. ―le dice Giles mirándolo serio. Spike lo mira.
―Ya viene. ―le informa Dawn en ese momento bajando.
―Gracias, pet. ―le dice Spike.
Unos segundos después se oyen los pasos descendiendo por la escalera. Spike se acerca y la mira. Buffy lo observa, y mirando hacia la sala ve los rostros de Giles y Xander que no dejan observarlos. Su rostro se pone serio.
―Vámonos Spike. ―le dice una vez a su lado.
―Un momento Buffy. ―la llama Giles. Ella se da vuelta.
―¿Qué pasa? ―le pregunta seria.
―Willow llamó. Kennedy no podrá ir mañana al Consejo, está enferma. ―le informa Giles―. Tiene gripe, si mal no recuerdo. ―agrega sobándose la frente.
―Yeap. ―afirma Xander con la cabeza―. Desde ayer que está así.
―Está bien Giles. Iré yo. ―dice Buffy con un suspiro―. ¿Eso es todo?
―¿Podríamos hablar un segundo Buffy, a solas? ―le pregunta mirando a Spike de costado.
―Ahora no, Giles. ―le dice Buffy mirándolo fastidiada―. Y lo que quieras decirme, puedes decirlo frente a Spike. ―agrega cortante.
Spike sonríe a su lado. Giles lo mira molesto.
―Será mejor que nos vayamos, luv. ―le dice Spike, ella asiente con la cabeza y sosteniéndola del brazo ambos salen de la habitación.
Adentro Giles se aprieta los ojos fuertemente.
Afuera Spike y Buffy comienzan a caminar por las calles casi desiertas. Ella de vez en cuando se acomodaba el pelo que la brisa de la noche, movía sobre su rostro. Hace días que había comenzado a llevar el pelo suelto, sabía que a él le gustaba.
―¿Qué le pasa a Giles? ―le pregunta Spike después de caminar unas cuadras.
―No lo sé. ―le dice ella mirando hacia el frente―. Sé que no está feliz, pero pensé que con el tiempo…
―Se acostumbraría. ―termina por ella la frase Spike.
―Sí. ―le contesta.
Spike se queda pensando. Después mira hacia ambas direcciones y mirando a Buffy le toca un mechón de su cabello.
―No creas que no me di cuenta, pet. ―le dice sosteniéndoselo.
―Estaba esperando que me lo dijeras Spike. ―le informa Buffy mientras se vuelve a acomodar el pelo.
―También me gustan las sandalias. ―le dice inclinando la cabeza para observarlas mejor. Y una sonrisa insinuante surca la comisura de sus labios.
―Me alegro, porque me costaron una fortuna. ―comenta Buffy mientras mueve su pollera para mirarlas más detenidamente, y observando la calle―. ¿Falta mucho?
―No. Es aquí, en la esquina. ―le dice Spike señalándole un local con la mano―. ¿Estás segura, pet? ―le pregunta mirándola de costado con una semi sonrisa.
―Yeap. ―le dice Buffy tomando aliento―. ¿No hay gatitos verdad? ―le pregunta mirando hacia el lugar.
―Ni un ronroneo. ―le contesta Spike divertido―. Solo su sangriento dinero.
―Será divertido. ―murmura Buffy con un amplio suspiro―. ¡Okay, vamos Spike! ―le dice cuando comenzaban a cruzar la calle.
Spike esboza una amplia sonrisa mientras la sigue.
―Espero que no se te haga costumbre, pet. ―le comenta Spike al tiempo que cruza su brazo por su cintura.
―¡Hey! Yo no soy el que se pasó dos horas anoche enseñándome unos trucos. ―lo mira burlona.
―Me cobraré por esto. ―le dice, al tiempo que ingresan en el local.
Y Afuera una cálida brisa seguía recorriendo las calles.
Al otro día.
Interior. Despacho. Departamento de Giles. Noche.
Londres. Inglaterra.
Giles entra en su despacho cerrando la puerta tras de él. Dejando a un costado del mueble su taza de té. Una corriente de aire comenzaba a colarse por entre la ventana abierta que daba al jardín. Giles se la queda observando, habría jurado que estaba cerrada. Y es cuando se dirige a entornarla, que escucha la voz proveniente de una esquina de la habitación.
―Para preparar una taza de té, tardas demasiado, ¿lo sabías?
―¿Qué haces aquí Spike? ―pregunta Giles dándose vuelta sorprendido―. ¿Y por qué demonios entras así?
―Te estaba esperando. ―le dice Spike apareciendo de entre las sombras―. Necesitaba hablar a solas contigo.
―No tenemos nada de que hablar. ―le responde mientras se dirige a tomar su taza.
―Siempre te gustaron los misterios Rupert. ―se lo queda mirando―. Jugar, ¿a quién tiene el sangriento poder?
―No sé a qué te refieres Spike. ―le contesta dándose vuelta.
―¡Oh, claro que sí! ―le dice divertido, y poniéndose serio―. Necesitamos hablar. No tomes esto como una visita social, no figuras en mi lista.
―¡Gracias a Dios! ―le responde molesto Giles―. ¿Qué es lo que quieres?
―Ya te dije, hablar tú y yo. ―le dice Spike mientras se reclina contra un mueble. Giles no deja de observarlo.
―Muy bien te escucho. ―le dice después de un tiempo.
―¿Qué esta pasando? ―le pregunta Spike clavándole la mirada―. No eres bueno ocultando las cosas, tiendes a exagerar siempre.
―No hay nada que ocultar. ―y mirándolo―. Y yo no exagero. Y escucha Spike, si viniste intentar convencerme que acepte sonriente lo que hay entre ustedes. Déjame decirte…
―Que no me importa. ―completa la frase seco Spike―. ¿Realmente piensas que busco tu sangrienta bendición? ¡Oh, por favor! Te pensé más inteligente. ―dice haciendo una mueca de sorna con sus labios. Spike hace un silencio, y con una voz más pausada y profunda dice―. Le interesas a Buffy, y si de verdad la quieres deberías apoyarla. ―lo vuelve a mirar serio.
―Buffy entenderá mis razones tarde o temprano. ―le contesta Giles sentándose en un asiento―. No necesito de tu intervención para arreglar nuestras diferencias.
―No. Solo me necesitabas para jugar al súper héroe, con la maldita Liga de la Justicia en estos últimos años.
―Así no funcionaron las cosas. ―le dice Giles molesto.
―¿Ah, no? ―le pregunta Spike levantando una ceja―. ¿Cómo funcionaron entonces? ¡Por favor acláramelo Rupert!
―Hubo un pacto. ―deja la taza sobre el escritorio―. Nosotros te dejamos vivir a cambio de información. ―levantando la mirada―. Al final de cuentas fuiste el menos perjudicado.
―La próxima vez tú estarás llevando el amuleto y hablaremos de recompensas. ―le dice haciendo un gesto de desdén con sus labios―. Pero hay algo más en todo este maldito asunto. ―se hace un silencio entre los dos―. Y me lo dirás.
―¿Me estas amenazando? ―le pregunta Giles elevando su vista hacia él.
―¿Yo, amenazarte Rupert? ¡Bloody Hell! No. ―lo mira sonriendo y su voz parece más corrosiva y burlona con cada nueva palabra―. ¡Dios me proteja! Yo sólo haré las preguntas y tú me darás las respuestas. ―y cruzándose de brazos―. Esos son mis sangrientos deseos.
Giles lo mira furioso. Y tomando el pisapapeles, se lo queda observando por unos segundos. Spike no ha perdido detalle de los gestos del vigilante. Giles levanta la cabeza, lo mira y con un marcado esfuerzo le dice después de un tiempo.
―Tal vez no te guste lo que oigas.
―Me arriesgare. ―le dice serio Spike―. No esperaba oírte cantar un tema de los Sex Pistols. ―Giles le clava la mirada. Spike se levanta de hombros―. Así que canta Giles. El escenario es tuyo.
―Obviamente no volviste a hablar con Ángel.
―No. ¿Por qué? ―le pregunta arqueando una ceja―. ¿Qué tiene que ver Peach en todo esto?
―Wesley me llamo hace un mes atrás. Él estaba preocupado. Me pregunto si sabía donde estabas, cosa que me extraño porque supuse que todavía seguías en Los Ángeles. El me contó que te habías ido para buscar a Buffy. ―se detiene y lo observa, Spike permanecía serio todo el tiempo―. Obviamente me alarme. Y quise saber que estaba pasando en realidad. Entonces Wesley comenzó a hablarme de una profecía, y de que estaban preocupados por unos nuevos indicios que habían obtenido.
―¿El Shanshu? ―le pregunta Spike sin dejar de clavarle la mirada―. Pensé que ya sabían todo respecto a ello.
―En realidad no me dijo de cual se trataba, pero era sobre una profecía y algo que tenia que ver con tu regreso. ―hace otro silencio, mientras juguetea con el pisapapeles en su mano―. El caso es que necesitaban encontrarte. Yo le dije que estabas aquí, luego claro de que apareciste en nuestras vidas. Esto tranquilizo por un tiempo a Wesley. ―lo mira y tomando aliento―. Si de verdad la amas entenderás tu deber. ―le dice serio.
―Sí la amo. ―le contesta Spike―. Y ahora dime, ¿cuál es mi sangriento deber?
―Se avecina un nuevo Apocalipsis, es una especie de guerras de energías. Wesley no fue muy claro todavía al respecto, pero el hecho es que de ser verdad, dentro de aproximadamente una semana comenzarán las primeras manifestaciones. ―deja el pisapapeles en la mesa―. Y hasta ese momento todo son solo suposiciones, pero hay datos que nos hacen pensar que no estamos equivocados.
―Muy bien. ―dice Spike reclinándose aún más contra el mueble―. Hasta ahora nada nuevo. ¿Y esto que tiene que ver conmigo?
―Es un balance de energías. ―le responde Giles esquivando su mirada―. Wesley piensa que tú lo estas causando Spike. ―lo mira.
Spike hace una mueca divertida.
―¿Yo? ―y señalando hacia una esquina―. O sea que ese estúpido vigilante piensa que estoy provocando un Apocalipsis. ―Giles asiente con la cabeza―. Genial. ¿Y por que seria? ¿Cuál es el bloody motivo?
―Tu alma. ―le contesta Giles observándolo serio.
―¿Mi alma? ―le pregunta achicando su vista sorprendido―. ¡Oh, vamos Giles! No creerás todas esas estupideces. ―se mueve molesto de su sitio―. Mi alma me la gane. Para mí. ―frunce sus labios en una mueca mientras mueve su cabeza―. El año pasado no corrían estos sangrientos rumores.
―El año pasado moriste. ―le dice Giles―. El balance había sido restaurado. Ahora estas de nuevo aquí. Y el mundo y todo lo que conocemos se ira al infierno si no lo detenemos.
―¿Y eso sería, cómo? ¿Matándome? ―le pregunta Spike con un tono profundo de voz.
―Sí. ―le contesta Giles clavándole la mirada.
Spike desvía la mirada y se queda observando las sombras que se extienden por el jardín. Aprieta sus labios y mirando al vigilante.
―¿Quién más lo sabe? ―le pregunta luego.
―Bueno, Wesley, yo y Ángel. ―le contesta Giles saliendo de sus meditaciones.
―¡Ángel! Esto debe ser su sangrienta diversión. ―dice Spike moviendo la cabeza―. ¿Y por qué no intentaron matarme hasta ahora? ¿Qué los detuvo? ―cruzándose de brazos―. No espero muchos cuestionamientos de su parte. ―agacha la cabeza―. Ángel debe estar afilando las estacas en este momento.
―Ya te dije. Necesitamos estar seguros. ―le contesta Giles acomodándose los anteojos―. Sólo hasta que se produzcan las manifestaciones no lo sabremos.
―No creo que sea eso lo que los detiene. ¡Ups, nos equivocamos! ¿Quién quiere un montón de polvo de vampiro para festejar? ―lo mira―. Esta es la excusa que has estado esperando todo este tiempo Rupert, no nos engañemos. ¿Cuál es el detalle? ―Giles lo observa de costado.
―Está bien. Hay un ritual. ―hace un silencio― Este se debe llevar a cabo el primer día del solsticio de verano. Sólo en ese momento se podrá detener este caos.
―¿O sea que están esperando ese día para matarme? ―dice Spike frunciendo sus labios en una media sonrisa―. ¿Y ya decidieron quien tiene que hacerlo? La fila debe ser larga. ―señalándolo―. Agrega a Ewan a la partida.
―No hay fila. No porque crea que no existiría, sino porque es Ángel el único capaz de hacerlo. ―se saca los anteojos―. No pueden existir dos vampiros con alma. ―los limpia―. Eso ya lo sabías.
―Y eligieron que el inmolado debería ser yo. ―Spike mueve la cabeza―. Imagino que Ángel debe estar sufriendo con todo esto. Otra vez en el maldito papel del sangriento héroe. ―se levanta.
―Ahora que sabes la verdad, ―le dice al tiempo que se coloca los anteojos―. te darás cuenta de la importancia de que te alejes de Buffy de inmediato. ―le dice Giles observándolo atentamente mientras el rostro de Spike se ensombrece de repente.
―Es todo lo que quieres ¿no?. No hay un mundo, ni malditos Apocalipsis que detener. Todo se resume a una simple ecuación. Tú y solo tú manejando la vida de Buffy.
―¡Eso es mentira! ―le dice Giles indignado―. Yo solo quiero lo mejor para ella.
―¿Y eso qué sería según tu? ―le pregunta Spike cruzándose de brazos.
―Obviamente no a ti. ―le contesta clavándole la mirada―. Si de verdad te interesa aléjate de ella. Ustedes dos no tienen futuro. Todo esto no es más que una tontería.
―Te adelantas al tiempo Rupert. El mañana es un bloody misterio que no puedes develar. ―Spike esboza una media sonrisa―. Lo sé. He vivido cientos de años y aún no puedo calcular que sucederá, pero sé exactamente donde quiero estar. ―lo mira―. Recuérdalo.
―¿Qué piensas que pasara si todo resulta ser verdad? ―lo interroga levantándose Giles enojado de su asiento―. No tienes opciones y lo sabes. ¿Quieres verla sufrir? ¿Es eso lo quieres?
―Sabes que no. ―le contesta molesto.
―¡Entonces déjala! ―hace un silencio y lo mira―. Aún hay tiempo. Ella es fuerte se sobrepondrá.
―No seguiré el mismo camino de Ángel. Él es un cobarde. ¡Yo no!
―No se trata de cobardía. Sino de raciocinio. ―lo mira serio―. Pero claro, dudo que alguna vez entiendas lo que significa esa palabra Spike.
―Lo tienes todo calculado ¿verdad Giles? ―le pregunta achicando la mirada con un dejo de burla en el extremo de sus labios.
―Yo solo deseo ver feliz a Buffy.
―¿Y eso sería con quién? ―le pregunta cruzándose de brazos―. Obviamente no con Ángel. Lo usaras y lo descartaras a la primera toma. ―baja la mirada y cuando la levanta un brillo divertido aparece en sus ojos―. No. Él no es. Ewan es tu caballo ganador. Deja pasar el tiempo, juntalo con un poco de consuelo escocés, tu sangriento apoyo y tendrás todo listo para tu maravilloso mundo feliz. ―lo mira―. Me pregunto cuanto tendrá que ver realmente Buffy en todo esto. ―encogiéndose de hombros―. En realidad no importa. Ya lo decidiste. Y eso es todo.
―Sabes que es lo correcto. ―le responde molesto Giles.
―Lo correcto. ―repite Spike―. Es gracioso como les gusta usar esa palabra. ―lo mira―. Todo parece tan sólido y transparente debajo de ella, pero dudo que alguien sepa realmente lo que significa. ―hace un silencio―. Yo he cometido muchos malditos errores. Y he visto y hecho cosas que ni siquiera querría recordar. ―tuerce sus labios―. Pero era un vampiro, un demonio. Todo era claro y brillante. Y sabia con extrema exactitud cual era lo correcto Giles. ―se lo queda observando―. Era cazar, matar, buscar la sangrienta diversión. ―y un dejo de burla se asoma a sus labios―. ¿Te asusta? No había alma que me retuviera, solo mi sangre gritando a mis instintos todo el tiempo. Era un vampiro y estaba bien con eso. ―se encoge de hombros―. Pero no era el único. ―se pone serio―. El hombre también tenía esas sangrientas visiones de sangre y poder, envueltas en su maldita alma con sueños de grandeza. ―se le acerca―. Así que Rupert, no hablemos de lo que es correcto o incorrecto. ―lo mira―. Sólo es una bloody palabra para justificar nuestros deseos.
Giles lo observa en silencio por un lapso de tiempo. Los ojos de Spike no dejaban de mirarlo. Y bajando la vista, le pregunta:
―¿Y que deseas Spike?
―Mis deseos no te importan Rupert. ―le contesta seco.
―Piensa en los de Buffy. ¿Qué deseas para ella? ―vuelve a insistir Giles―. ¿Quieres verla morir junto con todos los demás? ¿Eso deseas para ella?
―No. ―la voz de Spike es dura y profunda―. Pero una cosa aprendí en esta maldita vida y es a sobrevivir. Y es lo que haré.
―¿A costa de todos?
―No. Pero no dudes que luchare por ello.
―No tiene opciones Spike. ―le dice Giles molesto.
―Te equivocas. Siempre hay opciones. ―Spike se va hacia la puerta, la abre.
―Déjala ir Spike. ―le dice la voz de Giles a sus espaldas.
Este se detiene, se da vuelta y se lo queda observando serio. Y sin decir una palabra más cierra la puerta tras de sí. Giles se encuentra observando el cuarto vacío, en la oscuridad que lo envuelve. Y cada instante se le antoja como una densa cadena enrollándose en torno a él. Ahogándolo. Y más allá de los muros. Spike camina con la vista perdida en las sombras, mientras otras sombras más profundas y oscuras comienzan a cubrir el horizonte.
Continuará…
