Hola! Soy yo de nuevo.

Bueno acá les dejo el capi. Espero que les guste, es un poco extraño ya lo verán cuando lo lean. No me maten, ni arrojen tomates Xdios! Cualquier crítica y/o comentario en la parte añadir respuesta por favor, la empresa se encarga de atender todas sus sugerencias.
Con este capitulo comienza por así decirlo la bisagra final del fic., pero aún faltan unos cuantos capítulos, tranquilas. El plan es que sean entre 24 o 25, ya veremos. También es buen momento para recordarles el releer las advertencias al comienzo del fic. Oh si, no la tendrán fácil muchos de ellos.

Antes de despedirme, quería agradecerles y darles un gracias gigante a Moonlightgirl86 (aka belén), Cirse723, Lugomoce y Casandra por sus comentarios y ser mis lectoras fiel. Love, love, love chicas!


DECIMOCUARTA PARTE

Interior. Despacho de Giles. Nuevo Consejo. Mañana.

Londres. Inglaterra.

Adentro los dos hombres aguardaban. La tensa calma no se había disipado con el correo de los minutos. Giles se acomoda los anteojos mientras mira la hora en el reloj de pared de su despacho. Enfrente suyo Richard lo observa de reojo. Este tamborilea con sus dedos sobre el escritorio, mientras reclina su cabeza contra el respaldo del sillón en que se había acomodado. En esos momentos un hombre entra por la puerta.

―Siento la demora. ―dice Ewan mirando a Giles―. ¿Para qué me buscaban?

―¡Al fin! ―exclama Giles y mostrándole un sillón―. Toma asiento por favor Ewan. ―y observándolos a ambos― Yo…, esté los hice llamar porque quería hablar con ustedes. Es importante que nos pongamos de acuerdo en como vamos a actuar con el problema de Spike.

―Es lo que yo siempre dije. ―afirma Richard con una sonrisa. A su lado Ewan frunce el ceño―. Tenemos que tener la mente clara y la meta siempre a la vista. No podemos dejarnos llevar por los impulsos. ―comenta observando de soslayo al joven―. El deber y las responsabilidades que ocupamos son nuestras máximas prioridades.

―Entonces estarás de acuerdo conmigo Richard. ―lo interrumpe Giles limpiando los lentes―. En que este es un tema sumamente delicado y lo mejor será que lo manejemos entre nosotros. ―y poniéndoselos―. Anoche tuve una inesperada visita. ―hace un profundo suspiro―. Pero las cosas están mejorando. Solo tenemos que tener paciencia. ―y mirando hacia la puerta―. Buffy se acaba de reincorporar al Consejo, no necesitamos poner las cosas más tensas por ahora. ―y volviéndose al joven―. Ewan yo sé que esto es difícil para ti, pero necesito tu colaboración.

―No tienes nada de que preocuparte Giles. ―le dice este cruzándose de brazos―. Ella decidió ignorarme por completo. Soy el nuevo Bonsái del salón. ―y haciendo una mueca despectiva con sus labios―. Pero aún no entiendo a dónde nos llevara todo esto.

―Este puede ser el principio de la solución de todos nuestros problemas. ―le dice Giles mirándolos, camina hacia la biblioteca, hace un silencio y dándose vuelta―. Sé que entenderán lo que estoy por proponerles.

―Te escuchamos Giles. ―le dice Richard interesado.

―Bien. Este. Umm… ―se soba la frente―. Tal vez esto no suene muy ortodoxo, pero creo que tendremos primero que hacer cierto tipo de concesiones para alcanzar nuestro objetivo. Ayer como les dije recibí una visita especial... ¡llamésmole así! ―toma aliento―. Spike y yo, estuvimos hablando y creo que al final él entenderá que es lo mejor para Buffy.

―¿Lo crees? ―le pregunta Ewan con un dejo de ironía en su voz―. No me dio la impresión de ser un tipo que arreglas con un poco de charla.

―No es que quiera sonar pesimista Giles. ―comenta Richard―. Pero debo coincidir con Ewan. Me pareció bastante testarudo y no muy acostumbrado a obedecer si quieres mi opinión.

―Bueno no niego que Spike lo adornan esas características. Además de otras que no vienen al caso. ―dice Giles moviendo su cabeza―. Pero esta vez él tendrá que escuchar quiera o no.

―Aún no entiendo a donde lleva todo esto. ―vuelve a insistir Ewan, que cruza sus piernas en señal de fastidio.

―Que las guerras están hechas de pequeñas batallas. ―le contesta Giles serio―. Y no necesitamos buscarnos nuevos enemigos. Las cosas estarán mejor si tenemos a Buffy de nuestro lado.

―¿Y eso será cómo? ―le pregunta elevando una ceja el joven.

―Bueno primeramente aceptando a Spike. ―cometa Giles. Los mira.

―¿Esto es una broma? ―lo interroga Ewan con un tono molesto en su voz.

―No, no es ninguna broma. ―apretándose el tabique de la nariz―. Y creeme que a mi me gusta mucho menos que a ti. Pero necesitamos tiempo y no es poniéndonos en contra de Buffy como vamos a conseguirlo. ―vuelve a hacer un silencio―. El tiempo esta de nuestro lado, y Spike ya lo sabe. Sólo les pido un poco de paciencia y de aquí a unas semanas todo esto se habrá arreglado.

―Perdóname Giles, pero no estoy entendiendo nada. ―pregunta Ewan socarronamente mientras se levanta de su asiento―. ¿Qué estamos esperando? ¿Cuál es el suceso tan extraordinario que nos haría el milagro?

―Se que pareciera que estoy hablando con acertijos. ―les dice el hombre excusándose―. Pero solo denme unos días para confirmar mi sospecha y después conversaremos y discutiremos todo más claramente.

―Entonces ¿Qué es lo que quieres que hagamos? ―le pregunta Richard que lo estaba observando con el ceño fruncido mientras se acariciaba la barbilla.

―Si todo resultara ser verdad Buffy necesitara de nuestro total apoyo. Ella tendrá que concentrarse en su deber y obligaciones con las chicas. ―mirándolos―. Y nosotros tendremos que estar ahí con ella. ―hace un pequeño silencio―. Él tendrá que dejarla. Y yo quiero… ―se vuelve al joven―, se que lo que te voy a pedir es fundamental para todos Ewan. Ella te va necesitar llegado el momento. Puede ser que al principio se resista un poco pero ten paciencia, ―le pone una mano en el hombro―. Acompáñala. No digas nada. Sólo esta ahí para ella. Deberás ser su apoyo. ―cierra los ojos y lo mira luego―. Ella te lo agradecerá después cuando todo haya pasado y las cosas estén de nuevo en su lugar.

―¿Y por qué estas seguro que él la abandonara? ―le pregunta Ewan con un dejo de duda en su voz.

―Porque no tendrá otra opción. ―suspirando―. Porque lo de ellos no tiene futro ni ahora y menos mañana. ―se deja caer pesadamente contra la biblioteca.

―Ósea que debo ser su paño de lágrimas. ―le dice Ewan cruzándose de brazos.

―Debes ser su amigo. ―le reprocha Giles de inmediato―. Si de verdad te interesa Ewan. Tendrás que estar junto a ella cuando te necesite. ―se lo queda observando―. Las cosas se pondrán muy difíciles para todos. Y es mejor que nos mantengamos alertas y estemos prevenidos. ―y dirigiéndose al otro hombre―. Y aquí es donde necesito tu ayuda Richard. No solo se trata de alejar a Spike de Buffy. Él lo hará llegado el momento. Sino de ver que cuando eso suceda ella no lo busque. ―tomando aliento―. Y evitar que pueda intervenir en su decisión.

¿Y qué es lo que quieres que haga Giles? ―le pregunta este que seguí con el ceño fruncido.

―Que te la lleves lejos de Londres, de Inglaterra. No sé, que la pongas a cargo de un grupo y organicen una excursión a algún lugar. ―se mueve incómodo por el despacho―. Eso la mantendrá concentrada en su trabajo y le dará la oportunidad de comenzar de nuevo. ―se detiene―. Pero para esto es necesario que no nos inmiscuyamos entre ellos. Cuando Buffy requiera nuestra ayuda. ¡Ahí estaremos! ―y mirando a Ewan―. Por eso debemos cesar las hostilidades con Spike.

―Haré lo que sea con tal de que el grupo sobreviva. ―le dice Richard―. Pero debemos hablar más adelante. No me gusta para nada estas medias palabras, pero confiaré en ti hoy Giles. ―comenta serio el hombre.

―Hablaremos, hablaremos no te preocupes. Y todo estará claro. ―lo mira―. Solo les pido unos días, y entenderán la importancia de todo esto. ―volviéndose al joven―. Ewan, confía en mí. Ella te necesitará. Yo te necesitaré. Y se que puedo contar contigo.

―Algo realmente grave debe estar sucediendo, para tanto misterio. ―comenta este moviendo la cabeza, y apretando sus labios agrega―. Hablas de que él la abandonará. ¿Pero por qué lo haría? ¿Qué lo obligaría a eso? Y Buffy por lo visto no está enterada de nada.

―No. Y es mejor que no se entere. ―le informa Giles preocupado―. Por el bien de todos Spike debe irse sin que ella sospeche nada. ―hace un silencio―. Yo veré si puedo convérsenlo de esto. No queremos complicar las cosas más de lo que está. Buffy es una mujer fuerte, se sobrepondrá y entenderá con el tiempo que era lo mejor para todos.

―Está bien por mi Giles. Cuenta con ese plazo de tiempo. ―le dice Richard―. Yo no pondré ninguna objeción al respecto, pero después quiero saberlo todo.

―Lo mismo digo. ―agrega Ewan serio desde un rincón.

―Gracias. ―les dice Giles―. No se arrepentirán. Y entenderán todo no se preocupen. Lo entenderán.


Interior. Bar. Noche

Londres. Inglaterra.

La música había dejado de sonar hace un tiempo. Nadie había vuelto a poner dinero en la máquina. Sólo se escuchaban las voces entremezcladas de los habitúes a ese lugar y las confusas palabras de un ebrio, que más tarde iría algún rincón a hundirse en su sueño de alcohol. Y el olor a bebidas y humo, se entreveraba con el sudor y la desesperación que cada alma vertía sobre el vaso. Tratando de perder con cada gota ese dolor que buscaban disolver en el olvido. Pero de vez en cuando sus sentidos le recordaban donde estaban, y atinaban sólo a apurar ese siempre eterno último trago, que quemaba aún más en sus entrañas.

En un rincón perdido del local Spike enciende su cigarrillo. Lleva más de media hora mirando a su alrededor con indiferencia. Ni siquiera el ruido proveniente de alguna pelea hace que levante su vista, de ese punto perdido de donde se encontraba. Mueve el vaso de whisky una vez más como en toda la noche, haciendo oscilar su contenido de un lado a otro. Lo observa. Bebe un trago y lo vuelve a dejar en la mesa y aspirando una gran bocanada de su cigarrillo recuesta su cabeza hacia atrás.

Afuera la noche estaba tranquila. En realidad hace bastante que no se percibía una calma semejante, mientras una cálida brisa recorría las calles. El lugar se encontraba situado en los suburbios de Londres. Él sabía con absoluta certeza que ella jamás vendría por aquí. Volvió a dar otra pitada a su cigarrillo al tiempo que una nube cubría sus ojos claros. Todo esto estaba siendo una maldita locura, pero no podía dejar de pensar en ello.

Y la voz de Giles volvía a sonar en su cerebro, atormentándolo.

―Déjala ir Spike.

Apuró de mala gana el contenido de su vaso. Miro hacia delante. El barman limpiaba el mostrador con un trapo que había conocido tiempos mejores. No lejos de ahí un borracho cabeceaba semi dormido sobre la barra. Mantenía aún entre sus manos el vaso que vertía su líquido entre el mostrador y sus ropas. El cantinero le hecho una última ojeada y bostezó con indiferencia.

Spike cerró los ojos, el whisky barato ardía como el infierno. Y una mueca dura surcó su rostro. Huir. Esa era la gran propuesta, del gran Giles. Dejarla. Como si las cosas fueran tan simples. Como si la razón gobernara a sus instintos, que le ordenaban mandar todo al bloody demonio por una vez por todas. Pero sabía que no lo haría. No era su alma la que lo detenía, ni sangrientos premios o condenas. Nunca pudo despegarse de este mundo, de sus sensaciones, de odiarlo y desearlo como un condenado. Volvió a dar una pitada a su cigarrillo, las gruesas volutas de humo cubrieron por parte su rostro, ensombreciéndolo.

Y ella pertenecía a él. Y lo sabía. Maldijo entre dientes mientras apaga la colilla del cigarrillo sobre la mesa. No escaparía, pero todo esto iba a ser el infierno de ser verdad. Una mueca triste surcó la comisura de sus labios. Tal vez…. No negó enfáticamente con su cabeza. ¡Él no era así! ¿De qué valdría? El dolor seguiría estando ahí, por más que tratara de ocultarlo tras falsas máscaras que de nada le servirían. Y volvió a llenar de whisky su vaso, rió por ello. Se lo quedó observando un segundo bailar entre sus dedos. Sabía que no iba a ser suficiente.

Y a lo lejos, otros hombres y otros mundos debatían sus penas con cada nueva trago de cerveza. Alguien se acerco a la rocola, deposito una moneda y la triste música de un Blues se escuchó por el local. Spike levanto una ceja, y encendiendo otro cigarrillo miró a la gente salir y entrar a esa hora del establecimiento.

No podría seguir con esta farsa por mucho más tiempo. Tendría que hablar con Buffy y lo sabía. Pero no ahora. También estaba seguro que esto no figuraba en los planes de Giles, pero francamente no le interesaba. ¡Al demonio con él! Y dio otra gran pitada a su cigarrillo. Nada de esto tenía sentido, parecía una maldita broma del destino.

Se quedo pensando. Su alma. Si hasta sonaba gracioso, ella sería la responsable de que el mundo se fuera al carajo. Movió su cabeza y apretó fuertemente sus labios, en un gesto duro. En ese momento la música había dejado de sonar. Levantó la vista, nada parecía perturbar la tranquilidad de ese lugar. Todo se perdía entre licores y volutas de humo como en un encanto.

Aún era temprano, recién había oscurecido. Una larga noche se extendía frente a él. Volvió a reclinarse aún más contra su asiento, sus dedos rozaron el borde del vaso en una lenta caricia. Pensó en ir a buscarla, en estar con ella. Pero desistió de inmediato. No esta noche, no ahora. Y estúpidamente volvió a temer.

Temer que ella dudara, que tuviera miedo. Que todo esto fuera demasiado para ella. Apuró de un golpe el trago de su vaso. Que su amor no fuera suficiente. Ella ya había pasado por esto, tal vez…, tal vez, sería mejor apartarla. Pero sabía que lo odiaría por eso. Y él no lo haría. No era su sangriento estilo. Siempre había sido un luchador y esta vez no sería la diferencia. Y dolería, y quemaría más que el infierno. Pero era la maldita sangre gritándole de nuevo en todo su ser, que así debía ser.

Se levantó de su asiento, y cruzó el bar en un par de zancadas. Miró la calle desierta y se perdió entre las callejuelas. Una tenue llovizna había comenzado a cubrir la ciudad.


Interior. Viejo Cementerio. Noche.

Londres. Inglaterra.

El grupo de ocho cazadoras y Richard se hallaban esperando en un claro del cementerio. Algunas de ellas, se encontraban sentadas sobre unas lápidas, otras solo apoyadas displicentes contra un árbol. El vigilante observó la hora y suspiro con fuerza. Un par de pasos resonaron tras su espalda, y dándose vuelta pudo percibir las siluetas de una pareja que se acercaba por entre las lápidas. Esbozó una media sonrisa.

―Ya era hora. ―dijo cuando la pareja estuvo cerca―. Pensé que no vendrían. ―les comento dirigiéndose a ellos.

―Siento la demora Richard. ―se disculpó Buffy―. Pero él insistió en venir.

―¿Quién? ―pregunta el vigilante mirándola extrañado.

―El pequeño fastidio. ―comento Spike y moviendo la cabeza―. Si nada lo atacó ahí viene. ―termina señalando hacia el camino.

En ese momento Andrew aparecía cargando un pesado bolso sobre sus hombros. Dejándolo con un resoplido en medio de todos.

―Esto pesa. ―resopla mientras se limpia la transpiración de su frente con el dorso de su mano―. Veo que estamos todos. ―agrega mirando hacia las cazadoras.

―El es Andrew. ―le dice Buffy a Richard presentándoselo―. El, nos va ayudar con el entrenamiento. ―agrega con una media sonrisa.

―¡Ah, ya veo! ¿Tienes experiencia? ―le pregunta el vigilante observándolo detenidamente.

―Ayude a Buffy, aquí presente en Sunnydale. Y Giles me estuvo entrenando hasta que viniera "El gran Ewan" ―dice haciendo comilla con sus dedos―. Y tomara mi lugar. Pero como ahora el no está puedo estar a cargo de nuevo. ―termina Andrew la frase con una sonrisa en sus labios.

―¿Sabes que esto es solo temporal? ―le vuelve a preguntar Richard con una mueca divertida en su rostro.

―Mientras Spike este aquí no creo que se aparezca. ―le dice Andrew cruzándose de brazos―. Bueno para mí. Malo para él. ―y aplaudiendo―. ¿Cuándo empezamos?

―Este…, ejem…, si claro. ―carraspea el vigilante y mirándolos―. Las chicas están listas, el grupo es tuyo Buffy.

―¡Okay! Empecemos por lo básico. ―dice Buffy cruzándose de brazos y mirando a Spike se quedan observando un segundo. Este asiente con una media sonrisa, y se marcha perdiéndose entre los mausoleos.

―¿A dónde fue? ―le pregunta Richard. Buffy no le contesta y dirigiéndose a las cazadoras.

―Muy bien chicas. Es hora de un poco de acción. ¡Escúchenme todas! ―les dice parándose en medio del grupo―. Creen que son buenas, que están preparadas, que nada puedes sorprenderles. Bien. ―hace un silencio―. ¡Es mentira! ―comienza a caminar observándolas―. La fuerza, el entrenamiento. Son buenos, pero eso no hace la diferencia.

―¿Y qué lo hace? ―le pregunta una cazadora con las manos en la cadera.

―Bien por preguntar Brenda. ―le dice Buffy con una media sonrisa―. Pero deberías saberlo. Solo eres tú y nadie más. ―las mira seria―. No importa que les digan las reglas o los estúpidos manuales. ―se detiene―. No hay nadie peleando nuestras batallas más que nosotras. ―hace otro extraño silencio―. Están solas y siempre será así.

―Eso suena optimista. ―le dice Margaret sentada en el césped.

―Nunca dije que lo iba a ser. ―le comenta Buffy alzándose de hombros―. Pero aún dentro de todo se tienen a ustedes, a sus instintos, a sus sentidos hablándoles siempre. La pregunta es… ―mira hacia las sombras―. ¿Si saben escucharlos?

Y con un rápido movimiento Spike apareció tras sus espaldas, agarro a una de las chicas y la arrojo contra unos arbustos. Dos de ellas se dieron vuelta de repente intentando golpearlo. Este esquivo a una, y con un golpe de puño mando a otra contra una lápida. Las demás miraban sorprendidas.

―Una cazadora debe estar atenta siempre. ―les dice Buffy―. Esa es la diferencia entre estar viva o muerta. ―y agarrando a una del brazo la golpea para sorpresa de las demás―. Y confiar en sus instintos, todo el tiempo. ―y poniéndose espalda con espalda con Spike―. ¡Esto será divertido! ―con una sonrisa en el extremo de sus labios―. ¡Veamos que tan buenas son!

―¡Es cool! ―exclama Andrew achicando los ojos.

Un par de chicas se les acercan recelosas. Propinan un par de golpes y patadas que ambos detienen con sus brazos y puños. Spike toma un envión volando sobre una de ellas, y agarrándola por la nuca cambia su rostro. Apoyando sus colmillos en la garganta de la chica.

―¿Por qué no lo haría pet? ―le pregunta a milímetros de su yugular.

―Porque nos estás entrenando. ―murmura entre sorprendida y asustada la cazadora.

―Mala respuesta. ―le dice Buffy cruzándose de brazos, mientras las otras chicas se quedaron paralizando observando la escena. Spike aprieta su boca más fuerte contra su cuello.

―Porque tienes alma. ―vuelve a susurrar la chica.

―No. Podría detenerme pero no es eso. ―le dice Spike apretándola más fuerte contra su pecho.

―No lo sé. ―atina a decir esta cada vez más asustada.

―Porque no quiero. ―le dice Spike soltándola mientras su rostro vuelve a adquirir características humanas―. Esa es la bloody diferencia entre un demonio y yo. Lo que quieres y lo que puedes hacer. ―señalando a la joven que so tocaba el cuello dolorida―. Podrías haber sido mi cena, tal vez ellas me hubiesen matado. ―dice observando a las demás―. Pero eso no habría hecho para ti la maldita diferencia. ―y acercándose a donde está Buffy―. No importa lo rápida que sean, o los golpes que tiren. Hay una solo pregunta que deben hacerse siempre. ¿Cuánto quieren vivir?

―Y esa es la lección de hoy. ―les dice Buffy mirándolas seria y volviéndose a Andrew―. Andrew entrégales las armas.

―¡Vengan chicas! ―le dice llamándolas sonriente. Todas se acercan, y toman las armas que este les reparte. De vez en cuando echan una pequeña ojeada a la pareja que estaba hablando entre ellos en esos momentos.

―Ahora un poco de cacería para estar en forma. ―ordena Buffy a continuación observándolas seria―. Formen dos grupos uno irá con Andrew y Richard y otro conmigo y Spike.

Ellas asienten con la cabeza, mientras se dividen en dos grupos.

―Eso estuvo…

―Bien. ―termina la frase Buffy por el vigilante.

―Iba a decir diferente, se asemeja más a la palabra que estaba buscando. Pero no puedo negar que las chicas captaron el mensaje. Tienes unos métodos extraños pero efectivos Buffy. ―le dice luego con una sonrisa Richard―. Iré con mi grupo. ―agrega a continuación marchándose y dejándolos solos.

―Esto es raro. ―comenta Buffy una vez que este se hubiese ido

―¿Qué cosa pet? ―le pregunta Spike levantando una ceja.

―Las cosas en los últimos días han estado demasiado fácil, Giles, Richard, Ewan. No es que me queje. ―dice agrandando sus ojos―. Pero no sé, es raro.

Spike hace una pequeña mueca de disgusto.

―Tómalo como una tregua.

―Es lo que me temo. ―con un suspiro―. Hay algo. No sé lo que es, pero lo siento. ―lo mira. Spike estaba serio a su lado―. Tú también lo sientes Spike, se te nota en la cara. ―este le da una sonrisa triste.

―Si hay algo, pet. ―la mira―. Pero todavía no estoy seguro de nada.

Buffy se lo queda observando y mirando en dirección el grupo de chicas que los estaba esperando.

―Nos esperan. Será mejor que vayamos.

―Yeap. ―dice Spike mientras enciende un cigarrillo.

Luego se pierden entre las lápidas y mausoleos del cementerio, seguido por el resto del grupo de cazadoras. Cada uno iba callado perdido en sus pensamientos, observando el paisaje que se extendía ante sus ojos con indiferencia. Buffy mira de nuevo el rostro de Spike. Dio un suspiro y siguió caminando.


Interior. Oficina Ángel. Tarde.

Los Ángeles. California.

El teléfono no había parado de sonar en toda la tarde. Ángel agarra el cable y dando un fuerte tirón lo desconecta de la pared. El ruido cesa de repente y volviéndose hacia los demás.

―¿Qué me decías Wes? ―le pregunta reclinándose contra el respaldo del sillón. Este lo observa sorprendido por la reacción del vampiro y carraspeando le contesta.

―¡Ah, si!…, este. Bueno estos son los informes que pudimos obtener del caso Dreifus. ―le pasa una carpeta―. Gunn está investigando posibles cláusulas legales. Pero todo indica que hubo incumplimiento parcial de uno de los puntos, y todo paso bajo el poder de W&H.

―Bueno ¿Y nosotros que tenemos que ver con todo esto? Que lo arreglen los del Departamento de Asuntos Legales. Se supone que ese es su trabajo. ―le dice Ángel al tiempo que tamborilea con la lapicera sobre el legajo un poco fastidiado.

―Yo creí que este era nuestro trabajo aquí Ángel. Ayudar a los inocentes. ―le dice Wes con un dejo de cansancio en su voz―. Que para eso habíamos aceptado todo esto.

―Muy bien Wes. Tráeme a todos los inocentes que hayamos ayudado y fórmalos en fila. Sinceramente no creo que lleguen a la puerta. ―tira la lapicera sobre el escritorio―. Así que, no sé a donde nos lleva todo esto.

―A seguir luchando. ―le responde Wesley serio―. Se que tal vez…

―Siento interrumpir. ―dice Gunn entrando de repente en la oficina―. Pero creí que era urgente que vieran esto. ―agrega extendiendo un papel delante de los dos hombres.

Este era un plano de los Ángeles en el que se podían observar unos sitios marcados con unos puntos desperdigados acá y allá.

―¿Y qué se supone que estamos viendo? ―le pregunta Ángel con el ceño fruncido.

―Esto. ―le contesta al tiempo que coloca encima del mapa una hoja tipo papel calco, con un extraño dibujo en ella. Estaba formado por una i griega invertida dentro de un triangulo, el cual estaba rodeada por un circulo y en cada vértice de la pirámide se encontraba dibujada una runa―. Es el símbolo de Antarecix un demonio muy antiguo y venerado por los Druidas Negros. Se suponía que su orden de seguidores había desaparecido, pero hace más de unos días empezaron hacerse sentir en los Ángeles.

―¿Y qué es lo que quieren? ―le pregunta Ángel que no dejaba de observar la extraña figura.

―Su diezmo. ―comenta Wesley de repente, y sentándose en una silla toma la carpeta que había traído―. ¡Ahora lo recuerdo! ―hojea en busca de algo―. Una vez cada cincuenta años hay que pagar el diezmo a Antarecix. Es un ritual simple pero con cláusula de perpetuidad, y aquel que ose romperlo deberá enfrentar la furia del demonio. ¡Aquí está! ―dice señalando un párrafo en la hoja―. ¡Dios esto es terrible! ―todos lo observan―. Según este informe el diezmo lo tiene que pagar… ―mira a Ángel―, W&H. Nosotros. ―termina Wesley con un murmullo.

―¿Qué? ―dice Ángel arrebatándole la carpeta de sus manos―. ¿Y qué clase de diezmo es ese? Porque aquí no dice nada Wes. ―comenta Ángel revisando la hoja.

―Bueno, no estoy seguro. ―comenta Wes sobándose la frente―. Pero supongo que un ritual de sangre. Yo, este investigaré… ―se levanta.

―Chicos no quiero sonar aguafiestas, pero la fecha es para hoy a la medianoche. ―dice Gunn moviendo un papel entre su mano―. Me llegó un meno a mi oficina solicitando el pago de la ofrenda. ―lo deja sobre el escritorio―. Hubo un atraso en el correo y solo lo recibí esta tarde. ―mirando el reloj―. Así que no contamos con mucho tiempo.

―Averigüen todo lo que sea necesario. ―dice Ángel―. Wes… ¿Qué tipo de ritual? Forma de pago y ¿dónde se llevará a cabo? ―volviéndose a Gunn―. Revisa de nuevo el contrato y ve las cláusulas y la opciones que tenemos para salirnos de el. Alguna falla en el sistema tomaré lo que sea. ―mirándolos―. ¿Qué esperan? ¡A trabajar! ―y levantando el tubo del teléfono―. ¡Cierto! Wes llama a los de reparaciones.

―Enseguida Ángel. ―le dice este saliendo.

―¿Qué harás mientras? ―le pregunta Gunn recogiendo los planos.

―Buscar a los responsables. ―y tomando el memo sale de la oficina dejando al otro hombre totalmente desconcertado.

Una vez afuera se dirige hacia donde esta Harmony.

―¡Harm! ―le dice llamándola. Esta deja de la revista que estaba leyendo escondiéndola entre otros papeles.

―Si jefecito. ―le contesta sonriente―. ¿Sangre? ¿Café?

―No. Nada de eso. ¿Quién es el encargado del Correo? ―le pregunta serio.

―No hay. Stanley los despidió. Algo con el tema del Sindicato y presupuesto. ¿No te llegó el informe Ángel? ―este la mira y se cruza de brazos―. ¡Upps! ¡Ah, claro! ―exclama y revolviendo entre sus papeles―. Lo siento. ―se lo entrega―. Es que todo está llegando con atraso últimamente.

―¿Dónde está Stanley? ―le pregunta Ángel sin tomar el papel.

―En su oficina. ¿Quieres que lo llame? ―le interroga Harmony levantando el tubo ―Si. Dile que venga de inmediato a mi oficina.

―Como órdenes. ―le dice la chica y comienza a marcar el interno. Ángel se retira a su despacho. Ella lo observa distraídamente, una voz contesta al otro lado de la línea.


Minutos Después.

Ángel observaba por la ventana a la ciudad que se disponía a dormir una vea más. Cierra los ojos, y busca ese descanso que llevaba perdido tanto tiempo.

―¿Me buscabas? ―le pregunta la voz de un hombre que se encontraba parado en la puerta. Ángel se da vuelta.

―¿Eres Stanley?

―Si. ―avanzando extiende su mano. Ángel lo mira serio. La deja caer―. Si, soy el nuevo jefe de Contaduría. ¿Surgió algún problema? ―le pregunta con una amplia sonrisa en su rostro.

―Digamos que el correo no llega. ―le dice Ángel cruzándose de brazos―. Y no se si te habrás dado cuenta pero esta es una oficina, y nos manejamos…, ¿a qué no adivinas con que?

―Con el correo. ―acota el otro hombre que en ningún momento perdía su sonrisa.

―¡Exacto! Y si algo me molesta es no poder enterarme de las cosas que se supone debo saber. ―se le acerca―. Y adivina Stanley ¿por qué es la causa? ―se detiene a pasos del hombre.

―Si bueno. ―lo mira―. Yo se que por ahora puede ser que todo vaya un poco lento, pero estoy trabajando en eso. Las ganancias que tendremos con el nuevo sistema están garantizadas. ―le sonríe―. Bajo costo. Mayor velocidad. Creeme te sorprenderá ver hasta donde podemos llegar.

―¡Entonces trabaja más rápido! ―Ángel camina hacia su escritorio, se sienta en un extremo―. Y no mañana, ni pasado, ni ahora. Lo quiero para ayer. Fui lo bastante claro Stanley. ―lo observa.

―Si. ―se lo queda mirando―. Yo también soy hombre que tiene responsabilidades Ángel. Y se hacer mi trabajo, mis socios y yo estamos capacitados para asumir riesgos. ¿Por qué crees que trabajamos para W&H? Porque somos los mejores. ―y observando a su alrededor―. Y sabemos donde encontrar lo que buscamos.

―¿Y qué buscas Stanley? ―pregunta Ángel achicando su mirada.

―Lo mismo que todos aquí. ―hace un silencio―. Poder. ―y la sonrisa se profundiza en su rostro―. ¿O a qué pensabas que estábamos jugando todo el tiempo?

―Muy bien. ―lo corta de inmediato Ángel levantándose―. Tienes tres días para solucionar todo esto. O me aseguraré que el único poder que veas, sea una nota de despido en tu despacho. ¿Fui lo suficientemente claro?

―Absolutamente. ―le contesta el hombre con una pequeña inclinación de su cabeza. Ángel se da vuelta y se queda observando unos papeles que tiene en su escritorio.

―Puedes irte Stanley. ―le dice luego―. Termine contigo.


Horas después.

Un silencio pesado se percibía en el ambiente. Ángel levanta su vista y mirando a los demás.

―¿Qué averiguaron? ―les pregunta cuando se encuentran solos en su oficina.

―Bueno. El diezmo es un ritual de sangre en definitiva. Se requiere de un sacrificio de tres por cada invocación por la cual fue conferido. ―dice Wesley ojeando unos apuntes―. Y este debe llevarse a cabo a la medianoche. ―entregándole un papel―. Ahí figura la dirección: 3726 Maine Street. Los súbditos de Antarecix están esperando nuestra paga.

―¿Gunn qué tenemos? ―le pregunta Ángel observándolo.

―Nada bueno. El contrato existe, la cláusula exige el fiel cumplimiento del mismo, y no hay manera de salirse de el. ―poniéndose las manos en los bolsillos―. Bueno si las hay pero no querrás saber las consecuencias. ―bajando la vista―. Lo mejor que podemos hacer es pagar.

―¿No hablarás en serio? ―le pregunta Wesley sorprendido―. Este ritual exige sacrificios, un…

―Cabras. ―dice de repente Ángel.

―¿Disculpa? ―le pregunta Gunn levantando una ceja.

―Enviémosle tres cabras y listo. ―dejando los papeles―. ¡Quieren sangre démosle sangre!

―No es tan fácil Ángel. ―dice Wesley moviendo la cabeza―. El sacrificio tiene que ser de humanos. Necesitan sangre y el corazón de sus victimas. Así está estipulado.

―¿Y qué pasa si no cumplimos Gunn? ―le pregunta molesto Ángel.

―Bueno, la primera runa traerá una lluvia de fuego. La segunda runa provocará la apertura de un túnel dimensional y la última crearía un terremoto que hundiría a todo Los Ángeles a otra dimensión. ―con un suspiro―. Esto salteándome las partes de suplicio y dolor eterno.

―¡Genial! ―exclama Ángel fastidiado―. La vida de tres por la de millones. ―murmura serio―. ¿Para esto luchamos? ¿Para hacer tratos con demonios? ―pregunta dejándose caer pesadamente en el sillón.

―No siempre se puede ganar todas las peleas Ángel. ―comenta Wesley tristemente.

―¿Entonces que debemos hacer? ―les pregunta extendiendo sus manos.

―Seguir intentándolo. ―lo mira.

Ángel observa una carpeta delante de él, mira la hora y agarrándola sale de inmediato de su oficina. Los otros dos hombres se quedan desconcertados mirándose entre ellos.

Al cabo de unos minutos Ángel vuelve. Acercándose al teléfono lo alza y marca un número. Al otro lado de la línea una voz de hombre contesta.

―Servicios de Rituales de W&H. Buenas tardes.

―Habla Ángel. ―le dice antes de que comience con todas las ofertas―. Averígüenme el teléfono de la Secta de Antarecix. Se que es tarde, pero lo quiero ya y…

―¿Antarecix dijo? Un momento. ―se oye el ruido del tecleo en la computadora―. Ellos figuran en nuestra lista de clientes del mes. ¿Algún ritual en especial o el tradicional? Esta semana contamos con amplias ofertas en…

―No. No. ―lo detiene de inmediato Ángel―. Solo díganles que el diezmo va en camino. ―y cuelga el teléfono.

Unos golpes se oyen en la puerta, la voz del hombre invita a pasar a su visitante.

―¿Si qué pasa? ―le pregunta a la joven.

―Ángel te envía esto. ―le dice Harmony entregándole una carpeta―. Dijo que te iba a interesar. Hablo de fuentes de poder sin límites y no se qué más.

―¿Te dijo qué es lo que tengo que hacer? ―le pregunta Stanley observando la carpeta detenidamente.

―Solo que era una antigua sucursal y que estaban buscando gente con ambición y visión para hacerse cargo. Me dijo que eras el indicado, porque no le agradabas. Ya sabes lo raro que es Ángel. ―comenta la mujer levantándose de hombros.

―¿De verdad?

―Si. Adentro está la dirección. Hay una reunión a medianoche para arreglar todo con los demás miembros. Te estarán esperando.

―Allí estaré no lo dudes. ―se sienta.

―¡Ah, me olvidaba! ―dice Harmony desde la puerta―. Tienes que ir con dos amigos. Es como una especie de clave o algo. ―agrega frunciendo sus labios.

―Gracias. ―le dice con una amplia sonrisa―. Y levantando el tubo del teléfono marca un número―. Hola John, habla Stanley. ¿Está Roger contigo?... Genial. Tengo excelentes noticias…. Si, surgió lo que estábamos esperando. Si escucha. Prepárate hoy tenemos una reunión a la medianoche…. Si, es lo que digo. Es nuestra oportunidad para adquirir todo el poder. Si…. Anota la dirección, 3726 Maine Street.

Ángel se da vuelta y mirando a ambos hombres, que lo observan con las cabezas inclinadas.

―A veces las decisiones no son malas ni buenas, son solo eso decisiones y alguien tiene que tomarlas.

Los otros dos nada responden.


Interior de un pasillo. Noche.

Londres. Inglaterra.

El largo pasillo del edificio se extendía ante su vista. Este se hallaba apenas iluminado por las mortecinas luces de los tubos fluorescentes, que zumbaban de vez en cuando sobre su cabeza. El corredor parecía estar construido sobre un desnivel que se pronunciaba cada vez más, mientras seguía descendiendo. Y estuvo así, caminando por un par de minutos sin que nada perturbara el sonido monocorde de sus tacos contra el piso. Mientras ante su vista el pasillo continuaba percibiéndose infinito ante sus ojos.

Las luces fluorescentes zumbaron una vez más sobre ella. Reanudo sus pasos, a escasos metros este doblaba en una esquina. Se detuvo, observando como el corredor moría en una habitación en semipenumbras.

La miro con el ceño fruncido, dudando en entrar. Y cuando estaba por desandar sus pasos, le pareció percibir unos llantos apenas audibles provenientes de una esquina de la misma. Adoptó sus ojos a la oscuridad. Después de unos escasos segundos pudo notar mas claramente, una figura pequeña acuclillada en un extremo, llorando asustada.

La miro preocupada y encamino sus pasos hacia ella. Cuando llego a una distancia prudencial, pudo notar que se trataba de una niña vestida de una manera antigua. Como si estuviera a punto de salir para noche de brujas. Se acerco a su lado. Ella seguía llorando aún, ocultando su cara entre sus piernas.

―¿Estas bien? ―le pregunta agachándose a su lado. La niña seguía sollozando. ―¿Estas sola? ¿Dónde están tus padres? ―insiste a continuación. La niña se seca los ojos con una mano y le contesta:

―Desaparecieron.

―¿Desaparecieron por donde? ―le interroga extrañada Buffy.

―Por ahí. ―le dice señalando el pasillo por donde ella había venido―. Ellos estaban aquí… ―le muestra un rincón del cuarto―. y cuando me di vuelta ya no estaban.

―¿Estas segura? ―le pregunta―. ¿No se fueron por otro lado?

―No. ―niega con la cabeza la niña―. El hombre malo se los llevo.

―¿Hombre malo?

―Si. El viene por mí, pero yo no quiero que me lleve. ―le dice apretando con más fuerza sus piernas contra el pecho, con sus brazos.

―Nadie te va hacer daño, no te preocupes. ―le susurra corriendo sus dorados cabellos de su cara―. Encontraremos a tus padres. Ya lo veras.

―Eres linda. ―le dice la nena sonriéndole, al observarla―. Eres igual que mi mamá. ―agrega mientras le acaricia la cara. ―ella también es rubia.

―Gracias. ―le contesta con una sonrisa Buffy―. ¡Ven vamos! ―le dice extendiéndole la mano―. Salgamos de aquí

―¿Adonde? ―le pregunta la niña clavándole sus grandes ojos azules―. El hombre malo nos va atrapar.

―No se lo permitiré. ―le dice Buffy pensativa―. Sabes…, yo tengo un secreto. ―agrega sonriente―. Ya lo veras.

―Papa también tiene un secreto. ―le dice sonriéndole.

―¿De verdad?

―Si. ―se la queda observando― ¿Quieres saberlo? ―le pregunta con una extraña sonrisa en sus labios. Buffy asiente con la cabeza―. Mira. ―le dice la niña enseñándole una mano. La abre, en ella se podía percibir una herida que comenzaba a emanar sangre. La cual goteaba sobre el suelo, y cada gota parecía repercutir en la habitación con un eco propio.

―¿Qué te paso? ―le pregunta observando como esta seguía manchando el piso del cuarto.

―Él me lo hizo.

―¿Quién? ―y de pronto oye un sonido tras sus espaldas, que la hizo girar de inmediato. Las luces en el pasillo oscilaron, apagándose por un segundo.

Todo su cuerpo se tenso en ese instante y cuando estas volvieron. La niña que hasta hace un momento estaba con ella, había desaparecido.

―¿Qué? ―dice dándose vuelta sorprendida.

Es en ese entonces que escucha la voz procedente de la otra esquina, resonar con claridad en la habitación.

―No, no, no. ―repite sin cesar―. No ahora. No puedo. ¿No entiendes? ―le grita a las sombras―. ¡Es demasiado tarde! Demasiado, demasiado…. No, no, no. ―y por ratos esta se percibía entre gemidos y pasos ansiosos que iban y venían de un lado al otro del cuarto.

Buffy se acerca con el cuerpo tenso y todos sus sentidos alertas. Hasta que puede distinguir con total nitidez la figura del hombre que se mantenía agazapado en una esquina de la habitación.

―¡Spike! ―exclama Buffy al recocerlo―. Spike ¿Qué esta sucediendo? ―le pregunta acercándosele.

―¡No! ¡No te acerques! ¡No me toques! ―le contesta retrocediendo hasta chocar contra la pared. Ella se detiene al observar la reacción de el.

―¿Spike qué pasa? ¿Estás bien? ―le pregunta observándolo más detenidamente. Este agacha la cabeza y aprieta más fuerte su camisa entorno a su pecho.

―No. Nada está bien Buffy. ―le dice clavando sus ojos celestes sobre ella.

―¿Has visto a la niña Spike? ―le pregunta aproximándosele. El niega con la cabeza.

―Ellos van a venir. ―le susurra girando su cara hacia un costado.

―¿Quiénes?

―Ellos me harán pagar. ―la mira―. Yo lastime a la niña. ―una lágrima desciende por su mejilla.

―¿Tú? ―le pregunta alarmada Buffy―. Es mentira. ―le dice negando con su cabeza.

―William es un hombre malo. Soy un mal, mal hombre. ―inclina su cabeza―. Lastime a la chica y lo pagare. ―le dice mientras se desliza la espalda contra la pared, hasta quedar de cuclillas sobre el suelo.

Buffy lo mira atónita, acercándosele como si se tratara de un sueño.

―¿Qué paso? ―le pregunta una vez a su lado―. ¿Spike? ―le dice llamándolo al ver que este no le contesta.

―No sé. No sé. ―murmura moviendo su cabeza, y como si buscara algo entre las sombra. Ella sigue su mirada.

―¿Hay algo allí? ―le pregunta. Este asiente con la cabeza.

―¿Qué? ¿Spike? ―Buffy lo toma de una mano―. ¡Mírame! ¿Qué te paso? ―él le clava sus ojos llenos de desesperación en los de ella. ―No pude sacarla. Lo intente, lo juro. Lo siento. ―llora―. Pero no pude sacarla Buffy.

―¿Qué cosa? ¿De qué estas hablando?

―De la chispa. Ella me quema. ―mirándola―. Nos esta quemando. ―le dice mientras aprieta aún más su camisa contra su pecho ocultando sus heridas.

―¿Tú alma? ―le pregunta Buffy abriéndole la camisa―. ¿Por qué Spike? ¿Por qué?

―William es un mal hombre. ―le dice volviéndose a cubrir―. Tengo que pagar Buffy.

―No. ¿De qué demonios estás hablando? ―le pregunta alarmada y mirando su mano que había tocado el pecho de Spike, la ve manchada de sangre.

―Estas sangrando ―le dice.

―Siempre es sangre. Todo el tiempo. ―y tapándose los oídos con ambas manos― Ya vienen Buffy. Ellos están aquí.

―¿Quiénes Spike? ―le pregunta tratando de hacer que se descubra los oídos―. ¡Spike, por favor respóndeme!

―El no podrá ayudarte Buffy. ―le dice una voz tras sus espaldas. Ella se da vuelta de inmediato al reconocerla. Y mirándolo sorprendida murmura:

―¡Ángel!

Y la carcajada del hombre resonó en toda la habitación.

―Ángel, Ángel, Ángel ―canturrea mientras camina de un lado a otro―. ¿Dónde estas? Umm…, ya sé. Déjame pensar… ―y soplando sus dedos―. Desapareció. ¿No es gracioso Buffy? ―le pregunta con una mueca divertida en su rostro. Ella lo mira sorprendida.

―¡Ángelus! ―exclama Buffy a continuación

―¡Sorpresa! ―dice este extendiendo sus brazos en el aire―. ¿Qué? ¿No hay abrazo? ―le pregunta al ver el rostro de la chica―. ¡Vamos! Antes eras más afectuosa Buffy.

Ella lo fulmina con la mirada y dándose vuelta busca a Spike sin encontrarlo

―¿Dónde esta? ¿Qué le hiciste? ―le pregunta Buffy mientras camina amenazante.

―¿Yo? Nada. ―la mira cruel―. Él sólo se lo busco. Pobre William siempre tan patético. ―le dice risueño―. Un alma. ¿Quién querría una? Yo no. ―y mirándola―. Eso me recuerda. ―la señala―. Sabes, aún no te agradecí por quitármela. Eso no está bien. ―Buffy lo mira indignada y sus ojos brillan de rabia―. ¿Cómo quieres que lo haga?

―¡Aléjate de mi vista! ―le dice furiosa.

―No. ―le responde con una mueca burlona en sus labios―. No me parece ¿Qué opinas amor? ―pregunta girando su cabeza hacia las sombras. Una mujer emerge de ellas y acercándose hacia Ángelus, le apoya las manos sobre un hombro y mirando a Buffy le dice:

―¡Que le va a encantar nuestra sorpresa! ―comenta Darla divertida mientras recuesta su cabeza sobre el hombro del vampiro.

―Están locos. ―les dice Buffy sin dejar de contemplar a la pareja.

Y de pronto, detrás de ellos ve a la niña avanzar con la mirada asustada, mientras aprieta una muñeca con fuerza entre sus brazos. Los ojos de Buffy se agrandan por la preocupación. Los dos vampiros la observan, y girando sus cabezas para ver que mira. Ríen de inmediato.

―¡No te le acerques! ―le ordena la voz de Buffy a la niña. Esta se para en seco mirándola sorprendida. ―ven hacia mí. ―le pide extendiéndole una mano.

―Ven amor. ―le dice a su vez la voz de Darla como en un susurro suave―. ¡Ven con mami! ―le extiende su mano e inclina su cabeza para observarla―. Eso, ven. ―sonríe.

―No les hagas caso. ―le pide Buffy y mirando a Darla―. ¡Aléjate de ella! ―le ordena amenazante.

―Siempre metiéndote en lo que no te importa Buffy. ―le dice Ángelus cruzándose de brazos―. ¿Cuándo aprenderás lo contrario? ―y volviéndose a la niña―. ¡Ven honey! ¡Ven con dady! ―esta le sonríe y corriendo se acerca hacia la pareja. Ángelus la abraza, y envolviéndola en sus brazos le susurra al oído―. ¿Te gusta gatita? ―mirando a Buffy, la niña asiente con la cabeza―. ¡Esa es mi pequeñita! ―Buffy la observa sorprendida―. Creo que ustedes ya se conocían. ―le dice Ángelus mirando a Buffy.

―Sí. ―le contesta la niña y observándolo―. ¿Puedo comerla? ―Ángelus ríe.

―Primero vamos a jugar Merriam. ―le dice la voz de Darla a su lado y mirando a Buffy―. El tiempo se acerca. ―agrega con una semi sonrisa en sus labios. Buffy mira a su alrededor buscando un pedazo de madera.

―No hay nada aquí Buffy. ―le dice Ángelus observándola―. Solo nosotros. Estás sola. Siempre sola…, sin familia, sin amigos, sin amor. Nada.

―Te equivocas. ―le contesta Buffy seria mientras retrocede despacio.

―Mírate. ―le dice Ángelus burlón―. Estas sangrando.

Buffy se mira las manos manchadas de sangre. Tocándose luego el costado izquierdo de su vientre, y siente a su blusa pegarse contra su piel por un liquido viscoso y rojizo.

―¿Qué me pasa? ―pregunta alarmada

―Nunca lo entendiste ¿verdad Buffy? Siempre, siempre es la sangre. ―y la carcajada de Ángelus resuena en la habitación―. ¿Verdad Merriam?

Y esta ríe maléfica mientras su cara se transforma adquiriendo su rostro vampirico. Buffy retrocede despacio al tiempo que la luz se vuelve a apagar de repente. Ella se tensa alarmada, con todos sus instintos alertas. Y para cuando las luces regresaron ellos ya habían desaparecido.

Cerró los ojos y tomando un profundo aliento comenzó a caminar hacia el pasillo. Giro en el recodo de la galería y a pocos metros de allí, Spike estaba parado de espaldas a ella. Buffy se detuvo en seco. Miro hacia ambos lados buscando otras sombras, él parecía inmerso en sus pensamientos.

―Spike. ―lo llama Buffy mientras se le acercaba. Él se da vuelta y le sonríe. Ella suspira aliviada y abrazándolo―. ¿Eres realmente tú? ―le pregunta. Él la atrae con fuerza contra su pecho y levantándole la barbilla hacia él–. Si. Soy yo, pet. ―le dice con una sonrisa triste en sus labios.

―¿Qué pasa Spike? ―le pregunta mirándolo preocupada

―Te estaba esperando. ―le contesta mientras observa por encima de ella.

―¿Dónde estamos? ―le pregunta. Él no le contesta―. ¿Spike? – y haciendo que vuelva su mirada hacia ella.

―Eso no importa, pet.

―¿Es esto un sueño? ―hace un silencio―. ¿Estoy soñando?

―Si. Esto es un sueño. ―le dice Spike y tomándola por los hombros le clava la mirada―. Es hora de despertar Buffy. Despierta.

―No quiero. ―le responde mientras una lágrima desciende por su mejilla.

―No tienes opción, pet. ―le dice con voz triste Spike.

―No me digas eso. ―y mirándolo alarmada―. ¿Qué es todo esto? ¿Qué está sucediendo? ¡Contéstame por favor! ―El la suelta y se da vuelta, alejándose.

―Es la hora. ―solo le dice Spike, mientras su voz se oscurece y girando su cabeza la observa―. Ellos vendrán por mí.

―¿Quiénes Spike? ¿Quiénes? ―le pregunta Buffy sosteniendo uno de sus brazos.

―El tiempo se acerca. ―le contesta desviando su mirada. Y levantando una de sus manos la abre, esta comienza a sangrar―. Me llaman, pet. ―dice mostrándosela―. Mi sangre. Siempre es la maldita sangre. ―y la vuelve a cerrar. Spike retrocede alejándose de ella.

―¡Spike! ―dice Buffy llamándolo―. ¿Qué estas haciendo?

―¡Aléjate de mi! ―le contesta mirándola serio―. No hay nada aquí.

―¡No! ―grita Buffy intentando detenerlo―. No lo haré. Escúchame…

―No. ¡Escúchame tú! ―la detiene Spike decidido―. Es un sueño, Buffy. ―y con voz triste―. Sólo un sueño. Despierta.

―¡No! ―le ruega Buffy con lágrimas en los ojos

―Despierta, amor. ―le susurra mientras su voz se pierde en las sombras.

―¡Spike! ―lo llama Buffy desesperada con todas sus fuerzas, sintiendo como si estuviera cayendo de un precipicio.

Buffy se levanta de repente en medio de la noche sobresaltada. Escuchando a su corazón latir a un paso desenfrenado dentro de su pecho. Mientras que unas gruesas lágrimas comienzan a descender por sus mejillas.

Continuará...