DECIMOQUINTA PARTE

Interior. Habitación de Spike. Harrow Hotel. Noche.

Londres. Inglaterra.

Aún podía percibir el sonido de su corazón repercutiendo en sus oídos, y el salobre sabor de la lágrima en la comisura de sus labios. Y esa sensación de abandono y desesperación se hizo más presente cuando comprendió, que era la única habitante de la cama. Se incorporó un poco más en la almohada y miró a su alrededor buscando la figura de Spike.

La habitación estaba en semipenumbras, le tomó un tiempo adaptar sus ojos a la oscuridad reinante. Y fue cuando percibió el leve destello del cigarrillo, que pudo distinguirlo con claridad a él, entre las sombras. Spike estaba parado al lado de la ventana mirando hacia el exterior por una pequeña rendija que había en la persiana. La luz de un auto que pasaba, lo iluminó de repente.

Él estaba semidesnudo, con el torso descubierto, llevaba puestos sus vaqueros y se encontraba descalzo apoyando su cabeza contra el marco de la ventana. Buffy se movió en la cama, buscó sus ropas, tanteando en la oscuridad sin encontrarlas. Su mano tocó la camisa de Spike, y alzándola se la puso sobre su cuerpo. Descorrió las sábanas y apoyando sus pies sobre el piso, abotonó tres botones y se dirigió hacia donde él se hallaba.

El leve crujir de la madera bajos los pies de ella, hizo que el moviera la cabeza de su posición para observarla. Y con una tibia sonrisa le pregunta.

―¿Te desperté? ―dice al tiempo que eleva el cigarrillo mostrándoselo. Buffy niega con la cabeza y apretando sus labios con fuerza se para junto a él.

―¿No podías dormir? ―le pregunta ella, mirando su rostro que seguía aún más serio entre la penumbra de la habitación.

―No. ―le contesta Spike y haciendo una mueca con sus labios―. Mala costumbre supongo. No puedo dormir mucho de noche. ―y observándola―. ¿Y tú?

Buffy desvía la mirada y tomando aliento la vuelve a levantar.

―Mal sueño. ―vuelve hacer un silencio. Spike arquea una ceja ante el tono de ella y agachando su rostro hacia el de Buffy, la obliga mirarlo elevándolo hacia él.

―¿Buffy, qué sucede? ―le pregunta.

―Algo está mal Spike. Lo sé. Lo siento. ―le contesta y moviendo su cabeza―. Y no necesitaba de malditas pesadillas para comprenderlo.

―¿Tuviste un sueño de cazadora? ―le pregunta Spike sin dejar de observarla. Su rostro se veía cada vez más preocupado y una profunda arruga comenzaba a dominar su frente.

―Sí, creo que era uno de esos. ―Buffy lo mira por unos segundos―. ¿Qué está sucediendo Spike? Y no me digas que no lo sabes, porque se que me estás mintiendo. ―Spike suelta su rostro, e irguiéndose mueve su vista hacia fuera. Ella aprieta con más fuerzas sus labios, mientras sus ojos se dilatan por la certeza―. ¡Lo sabía! ―logra articular después de un tiempo―. ¿Por qué quieres huir de mí Spike? ―le interroga Buffy cruzando sus brazos con fuerza en torno a ella.

―¿Qué? ―le pregunta sorprendido este volviendo su rostro hacia ella de repente―. Yo jamás pensé eso, luv. ―le contesta con un tono triste en su voz.

―¿Entonces qué pensaste? ―vuelve a insistir ella―. Porque si algo me quedo claro de todo este sueño de locos Spike, es que querías alejarme de ti a cualquier costo.

―No tengo ni idea de lo que soñaste Buffy, pero jamás te apartaría de mi lado. ―le responde serio Spike―. ¡Creo que eso también deberías saberlo! ―este mueve la cabeza en disgusto. Buffy agacha la mirada.

―Todo parecía tan real. ―se apoya contra la pared―. Me decías cosas de que te estaban esperando, que aún no era el tiempo, que ellos vendrían por ti, Spike. ―Buffy levanta su vista y lo observa. El rostro de el parecía inmutable fumando distraídamente, solo estaba esa extraña seriedad que dominaba todo su semblante―. Y me hablabas de sangre, que siempre es la sangre… ―hace un silencio―, y de tu alma.

―¿Mi alma? ―le pregunta Spike con un tono de duda en su voz.

―Si. ―y cerrando los ojos―. Me decías algo así como que nos estaba quemando.

Spike recuesta su cabeza pesadamente contra la pared.

―¿Y qué más dije? ―le pregunta luego inclinándola levemente para observarla.

―Que todo era un sueño, que tenía que despertar. ―Buffy aprieta con fuerzas sus manos como si fuera a exprimirlas―. Y ellos…

―¿Ellos?

Buffy lo mira.

―También soñé con Ángelus y Darla… ―achicando la vista tratando de recordar―, estaba con ellos alguien más era una niña de unos doce años, era como si fuera su hija. No lo sé. ―dice encogiéndose de hombros―. Pero siempre era igual. Me decían que estaba sola, que no había nada para mí allí. Y por alguna razón siempre aparecía sangre en mis sueños. ―Buffy se toca el vientre instintivamente―. Que todo era sobre la sangre, que siempre era así. ―ella calla y un silencio pesado y lacerante se cierne sobre ellos.

―Tenemos que hablar Buffy. ―dice Spike mientras aplasta la colilla contra el borde la ventana y tirándola al suelo―. Y si… ―la mira―, algo está sucediendo. Yo, hable con Giles…

―¿Giles? ¿Qué tiene que ver Giles en todo esto? ―le pregunta Buffy irguiéndose.

―Al viejo Rupert, le gusta jugar a mister Mystery. ―le contesta con una mueca desdeñosa en la comisura de sus labios―. Se que no le agrado, pero había estado haciendo demasiado escándalo todo el maldito tiempo. Y eso nunca es bueno, luv. ―dice sonriendo burlón―. Pensé que algo ocultaba y fui hacerle una visita.

―¿Y eso fue por casualidad hace cuatro días? ―le pregunta Buffy torciendo sus labios en una semisonrisa desdeñosa.

―Yeap. ¿Cómo lo sabias? ―la interroga Spike levantando una ceja.

―Bueno fue cuando más o menos comenzase a portarte extraño, al igual que Giles, Ewan, Richard y todo el estúpido consejo. Si claro, conociera a alguien más allí. ―y mirándolo molesta―. Demasiada tranquilidad en mi vida para que sea real.

―Siento fastidiarla slayer. ―le responde Spike irguiéndose al también―. ¡Pero maldita sea si a mí me gusta algo de todo esto! ―y su voz molesta se corta en el silencio y en los ojos abiertos de Buffy posados sobre él―. ¿Quieres saber la verdad Buffy? ―le pregunta acercándose.

―Sabes que sí. ―le contesta entre medio molesta y sorprendida.

―¿Esta es la sangrienta verdad? ―le dice Spike y tomándole una mano, hace que se la apoya sobre su pecho. Buffy se lo queda observando sin saber que hacer. Viendo su mano descansar sobre el tórax de Spike y bajo la presión que el vampiro ejercía sobre ella―. No hay corazón, no hay latidos, pero tengo un alma que me pertenece. ―le suelta la mano―. Y ahora ella nos llevará todos al maldito infierno. ―se aleja de Buffy. Los ojos de ella se aguan lentamente.

―¿Cómo? ―logra articular haciendo uso de todo su autocontrol.

―¿Cómo? ¡Oh, muy simple! ―exclama Spike volviéndose enfadado―. Tienen toda una teoría ahí. ―le dice señalando hacia cierta parte de la habitación―. ¿Pregúntale a Giles? Él es condenadamente bueno en todo esto. ―la mira―. El piensa que estoy causando un desbalance cósmico, y que dentro de dos meses todo se irá al infierno sino lo detiene.

―¿Detener? ―murmura Buffy para sí.

―Es la forma elegante de decir, hacer polvo de vampiro. ―dice Spike mirándola serio―. El fue sangrientamente claro en este punto. Por eso el escándalo y el teatro de este último mes. Estoy condenado, y él solo quería alejarte de mí.

―¿Condenado? ―le pregunta Buffy y alzando su vista hacia él―. ¿Cómo puedes decirme esto Spike? ¿Y yo qué?

―Es lo que ellos piensan Buffy. ―le contesta Spike acercándosele―. Ellos ya tienen sus respuestas, y no buscarán otras salidas. ―y apretando sus labios―. Solo esperan que pase el tiempo, hasta que no haya por que hacerlo. No nos engañemos, luv. ―y dándose vuelta molesto―. ¡Demonios!

―¿Y esto es todo? Le pregunta Buffy con el rostro endurecido y sus labios cada vez más apretados. Spike se gira.

―¡Esto es el maldito infierno slayer! ―le dice apuntándola con el dedo. Y elevando su cabeza al cielo la mueve mientras una sarcástica sonrisa se adueña de su rostro―. Huir, no nos salvará a ninguno de los dos. ―la mira―. No importa lo que Giles diga, lo que piense el idiota de Ángel o lo que yo crea. ―se le acerca―. ¡Mírame y dime que esto tiene algún sentido por que yo no lo encuentro! ―hace un silencio―. No quiero que sufras Buffy. ―le dice acariciando su rostro―. Pero no puedo hacer nada para evitarlo. ―y su voz se oscurece.

―Yo tampoco quiero sufrir Spike. ―le responde Buffy. Él aleja su mano de su cara, ella se la retiene con ambas manos―. Pero no tengo alternativa ¿o sí? ―Spike baja la cabeza con un gesto triste en su semblante.

―Mira a tu alrededor Buffy. ―le dice después de un tiempo―. No hay nada más que esto. ―agrega observando la habitación.

―No quiero más que esto. ―le contesta ella. Él se la queda mirando. Buffy toma aliento―. ¿Qué están esperando?

―Que las manifestaciones se cumplan. Dentro de tres días tendría que suceder la primera. ―le responde Spike lanzando una fuerte exhalación―. A sí sabrían que la profecía es verdadera. Entonces tendrás a Ángel bailando algún estúpido baile Irlandés, preparándose para el sangriento día. ―comenta mientras un gesto desdeñoso cruza sus labios―. Será su nuevo Sant Patrick.

―¿Ángel? ¿Él sabe sobre esto Spike? ―le pregunta Buffy clavándole la mirada.

―¡Oh, yeah! ―le responde Spike agrandando los ojos―. ¿De donde crees que vino todo el sangriento mensaje desde un principio? Tiene a Wesley a la cabeza de todo el maldito operativo, contactándose con la sucursal que Giles abrió en Londres.

―Entiendo. ―dice Buffy bajando la mirada―. Pero Ángel también tiene un alma. Además ¿por qué ahora y no antes? ―comenta mientras se mueve de un lado a otro―. ¿Qué cambio?

―No lo sé. ―le responde Spike serio―. Giles hablo de algo sobre balance y Karma. Pero que quieres que te diga, pet. Todo esto suena ridículo. ―dice Spike mientras ladea su cabeza hacia un costado―. Ellos eligieron, Buffy. ¡Saqué la bolilla ganadora! ―exclama levantando un brazo.

―Se equivocaron. ―dice Buffy deteniendo su marcha.

―Explícaselo cuando llegue Ángel a jugar al héroe. ―agrega Spike frunciendo sus labios en una sardónica sonrisa. Ella se lo queda observando―. ¡Ah, me olvidaba! ¿Sabes cuál es lo mejor de todo? ―le pregunta moviendo su cabeza―. El peach tendrá que hacerlo. Por lo visto el club es selectivo, y solo puede haber uno. ―termina Spike mientras se dirige al la mesita de luz, y tomando el paquete de cigarrillo saca uno y colocándoselo en los labios.

―¿Y esto es el final? ―le pregunta enojada Buffy cruzándose de brazos.

―¿Qué? ―la interroga Spike levantando una ceja sin terminar de encender el cigarrillo.

―¿Cuándo me lo ibas a decir Spike? ―le pide Buffy seria, y estirando sus labios en una sonrisa dura―. ¿Cuándo ya fuera demasiado tarde? ¡Oh, no!... ¡Ya sé! Mejor cuando decidieras que lo mejor para mí era dejarme. ―y extendiendo un brazo―. ¡Adelante! No serías el primero. ―Buffy se calló y se lo queda observando. Spike la mira incrédulo y tirando el cigarrillo furioso.

―¡Bloody hell! ¿Tú piensas? ―y acercándosele, se detiene en seco―. ¡Maldita sea! ¡Está bien! Me equivoqué. Debí decírtelo apenas hablé con él imbécil de Giles. Pero pensé que lo mejor sería esperar hasta estar seguro. ―mueve la cabeza fastidiado―. Tal vez no sea muy bueno tomando decisiones Buffy. ―le dice de repente mirándola―. Pero jamás he huido de una de ellas. ―y agarrándola por los hombros―. No me importa lo que hallan hecho Ángel o el estúpido del Capitán América. ¡Soy yo! ―le dice clavándole la mirada―. Y me quedaré aquí. Aunque sea la única cosa que pueda hacer, pet. ―y agachando su cabeza―. ¡Demonios! Ni siquiera puedo pensar en la idea. ―los labios de Buffy tiemblan, y levantando una mano roza el rostro de Spike. Él la mira.

―Entonces no lo hagamos. ―le dice observándolo.

―No va hacer fácil Buffy. ―le murmura Spike serio.

―Lo sé. Pero no tenemos a donde huir. ―le contesta con una semisonrisa y tomando un profundo aliento.―. Lucha conmigo Spike. ―le pide con una voz entrecortada.

―Es lo único que se hacer en mi bloody vida, luv. ―le responde él mientras le acaricia el rostro.

―Estaremos bien entonces. ―murmura Buffy.

Spike la trae contra su pecho. Ella cierra los ojos, al tiempo que una gruesa lágrima desciende por sus mejillas. Y se quedan así abrazados, sintiéndose el uno al otro, aferrándose a una estúpida y tonta esperanza.

La luz de un auto que pasa los baña de repente, danzando sobre ellos, y las paredes del cuarto como un raro fantasma. Y el silencio que le siguió jamás se hizo tan pesado y oscuro como en ese instante.

―Nada de esto figuraba en mis planes, pet. ―le dice la voz de Spike rompiendo el silencio como un cristal―. ¿Qué piensas hacer?

―Buscar otra salida. ―y levantando su cabeza lo mira―. La encontraremos. –Él le sonríe.

―Jamás te das por vencida ¿no luv? ―le pregunta Spike con una semisonrisa.

―Nunca. ―le responde categórica.

―¿Entonces lucharemos, pet?

―Yeap.

Y se vuelven a abrazar y se quedan así por otro interminable lapso de tiempo.


Interior. Sala. Casa de Willow. Mañana.

Londres. Inglaterra.

Willow estaba sentada a la cabecera de la amplia mesa, navegando en su ordenador. De vez en cuando detenía su búsqueda e imprimía páginas y más páginas. Estaba esperando que terminara de bajar una nueva información, cuando el sonido del timbre se oyó en el ambiente.

Miró la hora, no pasaban de las diez de la mañana. Levantó una ceja en la curiosidad sin saber quién podría ser tan temprano. En ese momento el segundo timbrazo, volvió a sonar. Y levantándose de su asiento fue ha atender la puerta.

―¡Buffy! ―exclama Willow sorprendida al observar a su amiga que estaba por tocar una vez más.

―Will. ¿Podemos hablar? ―le pregunta esta con un cierto tono ansioso en su voz.

―Si claro. Pero pasa. ―le contesta haciéndose a un lado para que pudiera pasar y observándola―. ¿Sucedió algo?

―¿Estás sola? ―le pregunta Buffy que miraba curiosa a su alrededor. Willow la observa por un segundo y cerrando la puerta.

―Si Xander salió y no volverá hasta la tarde. Y Kennedy, ella está en el Consejo. ―la mira―. Se supone que contigo ayudándote. ―y abriendo los ojos alarmada―. ¿Acaso le ocurrió algo malo?

―No. No. ―niega Buffy a su vez con su cabeza―. Yo bueno…, es obvio que no estoy en el Consejo. No puedo ir, no ahora. ―y observándola―. Este… um… Will. Yo necesito que averigües una cosa por mí, pero por favor no se lo digas a nadie. ―y haciendo un silencio―. Ni siquiera a Kennedy. No por ahora. ¿Lo harías?

―Yo, yo este… no soy buenas con los secretos Buffy. ―dice medio tartamudeando Willow―. Pero lo haré. Te ayudaré, para eso estamos las amigas, para ayudar. Además de juntarnos a hablar de hombres, bueno en mí caso chicas sin que ellos y ellas se enteren. ―agrega atropelladamente, y terminando con un amplia sonrisa en su rostro. Buffy sonríe a su vez―. Pero antes dime, ¿qué esta sucediendo?

Buffy lanza y fuerte suspiro y mirando hacia la sala.

―¿Tendrías un jugo? ―le pide―. Funciono mejor con un poco de azúcar en mi sistema.

―Si seguro. ―le contesta esta―. ¡Ven siéntate! ―le dice indicándole la mesa.

Buffy se acerca mientras Willow se pierde por una puerta de la sala. Ella observa el monitor y las hojas en las que estuvo trabajando la chica hasta ese momento.

―¿Naranja o manzana? ―se escucha preguntar a la voz de Will desde la cocina.

―Naranja. ―le responde mientras levanta unas hojas. Las mira por un tiempo en silencio. Willow aparece y observándola.

―Trabajo. ―dice entregándole un vaso con jugo de naranja. Y revoleando los ojos―. ¡Okay! No es trabajo más bien es un hobby, ya sabes hechizos…. ¡Buenos hechizos! De la clase nada de magia peligrosa. ―y tomando un sorbo de su propio vaso―. Son hechizos protectores, trabajan con el aura y la energía.

―Se oye bien. ―murmura Buffy dejándolo los papeles junto con los otros. Hace un pequeño silencio en que aprieta sus labios como si tomara fuerza y mirando a su amiga―. Algo está sucediendo Will. ―se sienta―. No tengo todos los detalles, pero necesito de tu ayuda.

―Esta bien Buffy. ―le dice mirándola preocupada al tiempo que ella también se sienta―. Cuéntame todo lo que sepas y veré en que puedo ayudarte. Lo haré Promesa de bruja. ―agrega levantando una mano como si fuera un juramente. Buffy le dedica una tibia sonrisa.

―Se que lo harás Will. Gracias. ―le dice Buffy apoyando una mano sobre la de su amiga y tomando una fuerte inspiración―. Está bien, comencemos. ―agrega mientras aprieta el vaso entre sus manos.

Willow oye atentamente todo lo que Buffy tiene para decirle. En ningún momento la interrumpe, solo está allí escuchándola. Sabe lo difícil que es para ella todo esto y lo duro que sería comenzar de nuevo. De vez en cuando Buffy se detiene en su relato, toma un sorbo de jugo y clavando la vista en el líquido anaranjado prosigue un poco más. Hasta que el silencio se hace más largo y continúo que los anteriores, es cuando Willow comprende que ya no hay nada más.

―Woow. ―dice después de un tiempo como único comentario. Buffy levanta la cabeza y la mira apretando un poco más fuerte el vaso entre sus dedos.

―Mi vida apesta. Dilo. ―comenta con una mueca triste en sus labios.

―No, no, no Buffy. ―le contesta tomándole una mano―. Solo es un pequeño bache…. ―ella la mira―. En realidad un gran y enorme bache, pero saldrás adelante. Ya lo verás.

―Gracias Will. ―le dice Buffy devolviéndole la sonrisa―. Sabía que podía contar contigo. ―y haciendo un silencio―. Ahora con sinceridad ¿qué posibilidades tenemos? Quiero la verdad.

―Bueno, este yo…. No sé. Tendría que investigar. Buscaré información ahora mismo aunque se me caigan los ojos de mirar ese monitor. ―dice señalándolo―. Pero lo haré.

―¿Qué quieres que haga? ―le pregunta Buffy observando los papeles y libros de la sala―. No soy muy buena investigando, pero intentaré lo que sea.

―Bueno por ahora empezaré por lo básico. ―le dice Willow dejando su vaso sobre la mesa―. Buscaré en la red a ver que tenemos. No sabemos cual es la profecía así que esto tardará más, pero la encontraré. ―y mirando a su alrededor―. Tampoco creo que estos libros no vayan a ayudar mucho. ―haciendo una mueca de disgusto con sus labios―. Extraño la vieja biblioteca de Sunnydale o la Magic Box. Lo más difícil será encontrar libros en lo que podamos investigar. La red sirve pero me temo que no sea suficiente. ―y tomando aliento―. Ya veremos como solucionarlo.

―¿Y dónde podemos encontrar esos libros Will? ―le pregunta Buffy después de un tiempo.

―Bueno supongo que el Consejo tendría la mayoría de ellos. Pero no creo que me los dejen ver sin una buena explicación. ―termina encogiendo sus labios la pelirroja―. Ya sabes son muy estrictos al respecto.

―Ni me lo recuerdes. ―agrega Buffy frunciendo su nariz en disgusto, de pronto sus ojos brillan en la revelación―. ¡Andrew! ―exclama―. ¡El podrá!

―¿Andrew? ¿Estás seguro Buff? ―le pregunta Willow elevando una ceja―. Ya sabes como es…, es un poco…

―Raro.

―Iba a decir extraño, pero sí.

―No tenemos muchas opciones Will. ―dice Buffy encogiéndose de hombros―. Además a Andrew le encantará. Le diré que será una especie de agente o espía como los de esas series raras que ve. Eso funcionara. ―agrega dejando el vaso vacío sobre la mesa.

―¿Crees que pueda conseguirlos? ―le pregunta Willow con un amplio suspiro.

―Bueno Giles lo estuvo entrenando. Es técnicamente un vigilante. ―y moviendo sus ojos hacia arriba―. O un potencial vigilante ¿cómo crees que se llamen? ¡No importa! El tiene acceso y no muchas preguntas me imagino.

―Está bien. Yo averiguaré todo lo que pueda, y después te diré que libros necesito y enviaremos a Andrew por ellos. ―y mirándola sonriente―. ¡Hey! Tenemos un plan. Los planes son buenos.

―Si lo son Will. ¡Gracias!

―¿Hablarás con Giles? ―le pregunta Willow después de un tiempo.

―No quiero. Pero tengo que hacerlo. ―le contesta Buffy seria―. Supongo que tendrá todo una explicación que no me interesará en absoluto. ―y mirándola―. ¿Podemos empezar? ―le dice tomando unos papeles.

―Por supuesto. ―le contesta Willow y levantándose se dirige hacia la computadora. Tomando un amplio aliento la mira y comienza a escribir unas palabras en el buscador―. Bueno, acá vamos. ―susurra mirando los resultados.


Interior. Sala. Departamento de Giles. Tarde.

Londres. Inglaterra.

Giles estaba sentado en el sillón revisando unos papeles que había traído del Consejo esa misma tarde. De vez en cuando echaba una ojeada al reloj, y su gesto de preocupación se acentuaba cada vez más con el correr de los minutos. Buffy no se había presentado esta mañana al entrenamiento, ni había recibido noticias de ella en todo el día. Ya bastante tenía él, con las caras que le ponían Ewan y Richard por las continuas ausencia de su cazadora. No quería pensar en donde estaría. Su mirada se oscurece. Este iba a ser un largo día.

El ruido de las llaves en la puerta, hace que vuelva su cabeza hacia el hall de entrada. Buffy esta parada en la entrada de la sala, con una extraña expresión en su rostro. La sonrisa del hombre queda estereotipada en su cara. Congelada bajo el peso de la mirada que ella le daba.

―¿Buffy qué sucede? ―atino a preguntar después de unos segundos.

―Es lo mismo que quisiera saber Giles. ―le contestó avanzando como si fuera una fiera enjaulada.

―No tengo ni idea de lo que estamos hablando. ―le dice levantándose del sillón―. Además la próxima vez que decidas faltar Buffy, ten la amabilidad de avisar a alguien. ―le recrimina señalando hacia una parte de la sala.

―No sucederá de nuevo. ―le contesta seca. Hace un silencio y mirándolo―. Renuncio.

―¿Qué? ―le pregunta alarmado el hombre.

―Ya me oíste Giles. Renuncio. ―le vuelve a decir Buffy cruzando sus brazos.

―No puedes renunciar Buffy. ―le dice Giles levantando el tono de su voz―. Tiene una obligación que cumplir, una…

―Ya no. ―lo corta Buffy moviendo su cabeza―. Ya di de mí más de lo que podía dar. Estoy cansada.

―No creas que no te entiendo. Pero hay prioridades, tenemos un deber que cumplir con el grupo y el Consejo.

―¿Qué parte de mi vida y de mi relación con el Consejo no entendiste Giles? ―le pregunta Buffy mientras un gesto duro se delinea en sus labios.

―Estoy al tanto Buffy, de que el Consejo y tú…, bueno… ―refregándose los ojos―. No hemos tenidos buenos tiempos.

―¿Buenos tiempos? ―le interroga al tiempo que niega con la cabeza y eleva sus ojos al cielo―. ¿Cuándo hubo buenos tiempos?

―Tenemos que confiar Buffy, se que tal vez te estoy presionando demasiado, pero…

―¿Confiar? ―lo mira―. ¿Puedo yo confiar en ti Giles? ―le pregunta Buffy con un tono distante en su voz.

―¡Por supuesto que sí! ―le contesta ofendido.

―¡Qué gracioso! ―lo vuelve a mirar―. Porque no es así como lo siento. ―y haciendo un silencio―. ¿Cuándo me lo ibas a decir?

―¿Decirte qué? ―le pregunta molesto―. ¿De qué demonios estamos hablando?

―De Spike. ―le contesta Buffy seria, que en ningún momento había dejado de observarlo. El rostro del hombre se transfigura por completo.

―¿Él te lo dijo? ―dice después de un tiempo Giles mordiendo las palabras.

―Importa eso. ―le contesta seca Buffy.

―No. por lo visto parece que no… ―dice el hombre con una mueca despectiva en sus labio y mirándola―, pero déjame explicarte Buffy…

―¿Explicarme qué? ―le pregunta moviéndose molesta―. No hay nada que explicar. Todo está claro ahora Giles.

―Lo siento Buffy, pero no puedes venir aquí a acusarme y no dejar que te diga los motivos…

―¿Para engañarme? ¿De esos motivos quieres hablar? ―le dice enojada.

―Jamás busqué engañarte… ―y dejándose caer en el posabrazos del sillón―. Yo, yo solo intentaba protegerte.

―Entonces déjame decirte que no lo lograste. ―y bajando la mirada―. Esa no era la forma Giles.

―Él no tenía derecho a decírtelo. ―le dice mientras aprieta las manos sobre su pierna.

―¿Qué? ―y moviendo la cabeza indignada―. Quita a Spike de esto. ―le dice Buffy seria.

―No sabes como me gustaría pero no puedo. ―le responde con un tono cansado de voz―. Porque él está metido hasta el cogote en todo esto. ―levanta su cabeza y se la queda observando. Buffy mueve molesta la vista del hombre.

―¿Y qué es lo que pretendías hacer? Dime. ―y señalándose―. ¡Hey! Estoy aquí. Quiero saber Giles.

―¿Quieres la verdad? ¿Es eso lo que quieres? ―le pregunta Giles mientras aprieta con fuerza sus labios.

―Sería un buen comienzo. ―le contesta Buffy cruzándose de brazos.

―Lo mejor hubiera sido que jamás hubiese vuelto. Su presencia aquí solo complica más las cosas. ―y sobándose la frente―. Sé lo dije, pero por lo visto Spike carece de total autorreflexión. ―mueve la cabeza disgustado―. Pero el decidió olvidarse de todo y jugar al súper héroe contigo.

―Nadie está jugando conmigo. ―lo interrumpe Buffy seria.

―Son puntos de vista Buffy. ―se defiende Giles y mirándola―. Pero la realidad es que no eres capaz de ver el verdadero daño que él te está causando.

―¡Oh por Dios! ―exclama elevando su cabeza al cielo―. Nada de esto tiene sentido.

―Yo solo busco tú felicidad. ―le dice mirándola directo a los ojos―. Y ahora que sabes la verdad, debes comprender el peligro que el regreso de Spike significa para todos.

―¿Y qué pretendes que haga?

―Sabes muy bien lo que tienes que hacer. ―le responde el hombre con un tono determinante en su voz.

―No. ―le dice Buffy seca. Giles mueve la cabeza.

―Spike hizo muy mal en contártelo. Lo mejor hubiese sido…

―¿Abandonarme? ―le pregunta ella con un dejo de tristeza y rabia contenida―. ¿Esa es tú solución?

―Era lo mejor, créeme. ―la mira.

―No puedes estar diciéndome esto. ―le dice mientras se mueve molesta de un lado a otro―. No te bastó lo que sufrí con Ángel… o Riley.

―Ellos te dieron una oportunidad de seguir adelante.

―¡Oportunidad que nunca les pedí! ―termina enfadada Buffy, mientras sus ojos se ensombrecen.

―Yo...

―No. No hay nada más que decir Giles. ―le dice Buffy y tomando un amplio respiro mira hacia la parte de arriba de la vivienda―. Es mejor que me vaya.

Y comienza a subir por las escaleras. Abajo Giles la observa perderse por una esquina. Agacha la cabeza y se queda pensativo por un par de minutos. Arriba los pasos de la chica resuenan en el ambiente, llenándolo. Este da un fuerte respiro, vuelve a mirar la sala ahora vacía, y una sensación de soledad y desasosiego inunda su alma. Se levanta, cierra los ojos y tomando un nuevo aliento sube las escaleras.

La figura de un hombre ingresa en la habitación de Buffy y observándola:

―¿Qué estás haciendo? ―le pregunta Giles apoyándose contra la pared.

―No es obvio. ―le contesta Buffy mientras guardaba parte de su ropa en un bolso.

―¿A dónde vas a ir Buffy? ―insiste inclinando cansado su cabeza.

―¿Por qué me haces preguntas Giles, sobre cosas que ya tienes las respuestas? ―le dice cerrando el cierre de su bolso. El hombre mueve la cabeza en silencio.

―Las cosas no se arreglan a sí Buffy. ―la mira triste.

―¿No? ―y dándose vuelta―. ¿Entonces dime cómo? ―da dos pasos―. ¡Por favor Giles! Acláramelo.

―Para empezar concentrándote en tus responsabilidades.

―¡Oh por Dios Giles! ―mueve la cabeza hacia un costado disgustada―. ¿Qué crees que hago desde que llegue a Inglaterra, sino concentrarme en mis responsabilidades? ―y revoleando los ojos―. No tengo alma de guía. Lo siento. Pero sé que eso es todo lo que esperan de mí, y… ―hace un silencio―. Lo intento Giles. Créeme que lo intento.

―Se que todo esto ha sido muy difícil para ti Buffy. ―le dice mientras se soba con una mano la frente―. Pero debes entender que eres la indicada.

―Odio esa palabra, lo sabías.

―Todos tenemos cargas que asumir. ―le dice Giles mirándola serio―. Y llegado el momento debemos estar listos para tomar las decisiones.

―No lo digas. ―le dice Buffy de repente―. Ni siquiera lo insinúes.

―Tendremos que hablar de ello algún día Buffy. ―le reprocha mientras se para de su lugar―. En determinado momento...

―En determinado momento, nada. ―le responde furiosa―. No están seguros de nada. Solo… ―señalando al aire―, sólo malditas teorías. Y yo necesito más que eso.

―¿Y de ser verdad qué harás Buffy? ―le pregunta Giles clavándole los ojos sobre la chica.

―No rendirme. Luchar. ―toma un fuerte aliento al tiempo que cierra sus ojos y cuando los vuelve abrir se lo queda observando―. Es lo que siempre hago Giles.

―Entonces quédate. No tienes que irte. ―le suplica con un dejo abatido en su voz.

―No puedo. ―buffy aprieta sus labios―. Lo siento Giles.

―Esto no resolverá los problemas. Sólo lo agravará más. ―la observa con un dejo de desesperación en lo profundo de sus ojos.

―Es mi vida Giles. ―tomando su bolso por la manija―. ¿Cuándo entenderás eso?

―Cuando dejes de escapar de la realidad. ―le contesta y sacándose los lentes enojado―. Cuando comiences a tomar las decisiones correctas.

―¿Y qué piensas que estuve haciendo en todo estos últimos años? ―le pregunta Buffy, mientras se coloca la manija del bolso sobre el hombro molesta―. Sino estar ahí. Tomando las malditas decisiones. ―cierra los ojos y tomando aliento―. ¿Y sabes por qué Giles? ¡Ahora lo entiendo!

―Porque era tu deber Buffy. Toda cazadora sabe...

―No. ―lo interrumpe con un tono duro de voz―. Porque todos ustedes son unos malditos cobardes. ―lo mira a los ojos―. Así todo es más fácil ¿no? ―hace una mueca despectiva con sus labios―. Es tan simple para ustedes. Si acierto. Habré cumplido mi trabajo, una vez más. No importa lo difícil o duro que sea, eso jamás cuenta para nadie. ―vuelve hacer un pequeño silencio y bajando su mirada―. Pero si me equivoco, fallo. ―la levanta―. Algo malo sucede conmigo. No soy lo suficientemente buena. Hay algo mal en mí. ―Buffy se mueve hacia él―. Pero no. Te equivocas Giles. ―su voz se hace cada vez más dura―. Porque yo tomaré las decisiones, al final de cuenta siempre ha sido así. ―ella se calla mientras el gesto de su boca se vuelve a endurecer―. Y ahora acabo de tomar una.

―Piensa en Dawn. ―le dice serio.

―Ella entenderá. ―le contesta tomando la billetera de la cómoda.

―Buffy… Buffy. ¡Por favor recapacita! ―le implora Giles al pasar a su lado.

―No hay nada que recapacitar Giles. ―le responde sin siquiera dar vuelta la cabeza para observarlo―. Querías que eligiera. Elegí.

Y esta última palabra muere con el ruido de la puerta cerrándose entre ambos.


Un día después.

Interior. Despacho. Departamento de Giles. Tarde.

Londres. Inglaterra.

El hombre jugueteaba con el cañoncito entre sus dedos mientras su voz se extendía sobre el ambiente como un encanto. Podía percibir el silencio y las miradas furtivas que su compañero le dispensaba aún sin verlo. Él se mantenía de espalda al mismo, mientras en su mano rodaba bailando perezoso el viejo cañón de plomo. Y cuando calla. Fue como el derrumbe de un muro silencioso que atenazaba su alma.

Giles juraría que podía distinguir hasta la más leve roca deslizándose tenaz sobre su mundo. Y son los escombros que se esparcían a su alrededor los que perturbaban a su espíritu. Y trata desesperadamente de volver a reunirlos, para poder levantar de nuevo ese sueño que se le desvanecía entre los dedos como agua.

Ewan lo observa detenidamente. Ve los hombros del hombre doblarse por el peso y percibe la gran inspiración por parte de su pecho antes de darse vuelta, para enfrentar su mirada. Sus ojos se encuentran. Al igual que extraños viajeros perdidos en el vasto espacio. Y son profundos y oscuros los miedos que los pierden y reúnen alternativamente.

―Y esa es toda la historia. ―le informa Giles sacándose los anteojos mientras se restriega con fuerza los ojos―. Estoy atado de pies y manos y no se que hacer para poder evitarlo. ―agrega bajando su rostro abatido. El joven lo mira serio.

―Esto es grave Giles. ―le dice sin quitarle la mirada de encima.

―¡Gracias por la noticia Ewan! Pero estoy enterado al respecto. ―y moviendo su cabeza―. ¡Lo siento! Lo único que tengo en claro por ahora, es que necesito una mente fresca. ―sus ojos se posan sobre él, y colocándose los anteojos―. Espero sinceramente que puedas ayudarme.

―Lo haré. ―le contesta Ewan y recostándose más sobre el sillón―. Pero déjame decirte que ahora en adelante Giles, quiero saberlo todo. No después, ni un minuto más tarde, sino en el preciso instante en que ocurra. ―y oscureciendo su mirada―. Y si es posible antes, tampoco me quejo.

Giles lo observa detenidamente. Y yéndose a sentar se desploma sobre una silla enfrente del joven, que seguía con el rostro serio y pensativo.

―¿Quieres que hable con Richard? ―le pregunta Ewan quebrando el silencio del lugar.

―No, te lo agradezco, pero es algo que debo hacer personalmente. ―le dice Giles mirando hacia delante―. Es por otro motivo por el que te hice venir. ―le informa a continuación con un dejo de cansancio en su voz.

―Buffy. ―murmura Ewan. Giles asiente. El joven mueve su cabeza en disgusto―. No creo ser el indicado para poder convencer a Buffy de nada. Eso el algo que deberías saber. ―agrega terminando la frase con un dejo de reproche en su tono.

―No pretendo que la convenzas Ewan, solo que…

―Que este ahí. ¡Ya me lo dijiste antes Giles! ―lo corta de repente―. Pero hablando francamente, no creo que quiera hacer el papel de pieza de repuesto. Y menos de un demonio por más alma que tenga. ―su rostro se pone serio, mientras con su mano acomoda parte de su cabello que cubría su cara.

―Si los de ustedes acabó, por lo…

Ewan sonríe sardónicamente.

―¡Nunca hubo nada Giles! ¿Qué no lo puedes ver? ―se mueve molesto en su asiento.

―Eran amigos, pueden volver ha serlo. ―le retruca Giles sin dejar de mirarlo. El joven desvía la mirada―. Es en estos momentos en cuando más los va a necesitar.

―Muy bien. ¿Y qué es lo que quieres que haga?

―Como ya sabes dentro de dos días tendría que ocurrir la primera manifestación. ―el hombre hace un pequeño silencio―. De ser verdad, y me temo que lo es. Tendremos que estar preparados. Saber a que nos vamos a enfrentar y sobre todo, como detenerlo. ―pasándose una mano por la frente―. Wesley me estuvo mandando cierta información, pero no confió mucho en las fuentes por las cuales la obtuvo.

―Wolfram and Hart. ―murmura Ewan pensativo―. Conozco la reputación de esa firma. Nada admirable por cierto Giles. Mi padre hizo una muy buena tesis sobre ellos. ¿Si quieres le puedo pedir que me mande los informe que recogió?

―No creo que sea necesario, pero nunca esta demás. ―y apretando sus manos con fuerza, levanta la vista y se la clava en el joven―. Necesito buscar fuentes mas confiables, para eso es necesario que investiguemos por nuestra cuenta. El Consejo tiene una extensa biblioteca que nos podría servir. No es como la de antes del ataque del Primero, pero se logró recopilar casi todo el material más importante. ―haciendo un silencio―. Yo quiero ponerte al frente de la investigación Ewan. ―este frunce el ceño―. No puedo confiar en nadie más. Además eres uno de los más capacitados. Y sabes de la gravedad del asunto de Spike.

―Entiendo todo lo que me dices, pero en estos momentos no quisiera ser tan eficiente como parezco. ―y reclinando sus brazos sobre ambas piernas―. Haces bien en no confiar enteramente en los informes de W&H. Porque si ellos los están manipulando de alguna manera, por algo será. Y tal vez... ―se queda callado un segundo, y emitiendo una leve risita―. Soy el menos indicado para decir esto Giles. Pero tal vez ellos quieran que matemos a Spike por alguna razón, y meternos de lleno en su Apocalipsis. ―frunciendo sus labios―. Nunca es malo tener otra perspectiva del asunto.

―No creas que no lo pensé Ewan. ―dice Giles con un fuerte suspiro―. Y por eso es que te necesito al frente de todo esto. Pero la profecía existe, y es lo que me preocupa. Cabe la posibilidad de que sea verdadera. ―y mirándolo―. Y cuando halla que actuar debemos tener el panorama claro de antemano.

―Se cual es mí deber Giles. No lo dudes. ―le responde Ewan serio.

Los dos hacen un silencio. Giles se levanta y vertiendo agua en unas tazas, preparara té para ambos. Se acerca entregándole una al joven, este la toma no sin antes echar una mirada hacia la puerta del despacho y bebiendo un sorbo, le pregunta.

―¿Ella ya lo sabe?

Giles se sienta frunciendo el ceño mientras deposita su taza sobre la mesa.

―Spike tuvo la gran idea de decírselo. ―dice mordiendo las palabras―. Como te imaginaras, las cosas se complicaron un poco.

―¿Un poco? ―le pregunta Ewan arqueando una ceja―. Supongo que esto no nos pone en su bando. ―termina frunciendo sus labios en un gesto pensativo.

―¡No hay bandos, Ewan! ―Giles lo mira serio―. Solo estamos haciendo lo correcto. Hay miles de vida en juego, y no podemos dejarnos llevar por sentimentalismos. ―apretándose los ojos―. Se que parezco duro. Pero no hay nadie en quién pese más esta decisión que en mí. Yo estoy perdiendo a Buffy por ella. ―hace un silencio―. Pero alguien tiene que tomar las decisiones que otros no se atreven.

―¿Y ya te dijo que piensa hacer? ―le pregunta sin dejar de observar la taza entre sus dedos.

―Lamentablemente Buffy se fue de esta casa ayer por la tarde. ―Ewan levanta la cabeza para observarlo―. Está con él. Y no creo que la veamos por un tiempo.

―Hoy no fue al Consejo.

―Ni irá. Renunció. ―y exhalando―. Ese es el otro asunto delicado que tengo que hablar con Richard.

―Entiendo. ―le contesta Ewan mirándolo detenidamente.

Y los dos se quedan bebiendo el silencio. Afuera la noche comenzaba a descender, colándose furtiva con las sombras del lugar.


21 de abril del 2004

Interior. Viejo Cementerio. Noche.

Londres. Inglaterra.

El día había amanecido nublado y continuó así por el resto de la tarde. Por momentos parecía que amenazaría con llover, pero solo fue otra nube negra que surcó el firmamento. Un viento fresco y extrañamente frió comenzó a cernirse apenas los primeros rayos de sol se ocultaron en el horizonte. Entremezclándose con la persistente neblina que se deslizó con la noche.

Los centenarios cipreses crujían bajo sus pasos, como en una sinfonía fantástica de tiempos perdidos. Y el roce de sus ramas sobre las lápidas y los antiguos mausoleos solo acentuaba el eterno lamento. Esa infinita caricia que yace como el último adiós a los que habían partido a un mundo de silencio.

Y el viento aulló una vez más entre las copas de los árboles, mientras la luna magnifica y helada reinaba insolente en el oscuro manto de la noche.

El ruido de una pelea rompió como un hachazo el silencio. No lejos de allí dos figuras combatirán con tres seres que surgieron de la penumbra de la tierra. Uno de ellos se convirtió en polvo, antes de que su cuerpo pudiera siquiera volver a rozar el suelo. Los otros dos intentaron presentar pelea a la pareja que los enfrentaba. Y entre el silbar perenne del viento, se escuchaban los forcejeos y golpes que se propinaban.

Uno de ellos toma la iniciativa y transfigurando su rostro intenta morder a la chica. Buffy presiente sus movimientos dándose vuelta de inmediato, golpeándolo con su puño que se estrella en pleno rostro. Este trastabilla por el impacto. A su lado Spike se divertía con su oponente dejándolo llegar hasta él, para luego mandarlo hacia atrás con una serie de golpes de puños y patadas.

Buffy observó al vampiro que sacudía su cabeza en ese momento, al tiempo que sus ojos se tornaron más amarillos que antes. Incitado por la violencia, inicio el ataque propinándole una patada que la cazadora esquiva saltando sobre una lápida. Y dándose vuelta en el aire, se le apareció por detrás. Le tocó el hombro. Esté gira sobre si mismo y lo último que ve es la estaca en su corazón. Sus ojos se expandieron en la sorpresa, mientras una nube de polvo cubrió el aire.

Buffy se limpió sus ropas inmediatamente y observando a su alrededor, vio a Spike tomar por un brazo al otro vampiro y arrojarlo contra la puerta de una cripta. Este cayó pesadamente, derrumbándola bajo su peso. Se levanto más furioso solo para clavarse en la estaca que Spike sostenía en su mano.

Buffy se acercó sonriendo, él le devolvió la sonrisa. De pronto su cuerpo se tensa y todos sus instintos se ponen alerta. El vampiro se queda olfateando el aire, mientras arquea una ceja interrogante. Sus ojos se agudizan como si pudiera percibir algo entre ese manto de oscuridad que los envolvía. Buffy se detiene a su lado. No ha perdido detalle de cada expresión en el rostro de Spike.

―¿Qué sucede? ―le pregunta siguiendo su mirada.

―No estoy seguro, pet. ―le contesta―. Pero hay algo en el aire. Lo siento. ―y mirando a su espalda, ve la puerta de la cripta semi derruida―. Será mejor que entremos.

Buffy frunce el ceño. En ese instante un poderoso estruendo retumbó en el cielo nocturno.

En esos mismos momentos.

La televisión de la sala estaba prendida. Las imágenes bailoteaban en flashes inconexos una detrás de otra. Xander bostezó aburrido mientras seguía cambiando de canal casi sistemáticamente. A su lado y apoyada sobre su hombro. Dawn cabeceaba, intentando mantenerse despierta sin conseguirlo.

―¿Qué hora es? ―le pregunta ella en medio de otro fuerte bostezo.

―Van a ser las nueve. ―le contesta Xander girando su cabeza para poder observar la hora.

―¡Ah! ―murmura medio dormida la chica y mirando el televisor―. ¿Dónde están los cartoons?

―Canal 4, creo. ―y alzando la guía―. Del 4 al 11. Estamos todos dibujados. ―le dice con una sonrisa―. ¡Okay! Allá vamos. ―y comienza a bajar con el control remoto.

―Sabías que es más rápido marcar el número. ―le dice Andrew bebiendo agua de una botella.

―¿Quién es el del control remoto aquí? ―le pregunta Xander señalándose con un dedo, mientras sigue apretando bajando de canal.

―43…, 42…, 41…, 40…, 39…, 38…. ―canturreaba Andrew mientras seguía sorbiendo de la pajita.

―¡Okay! ¿Qué estás haciendo? ―le pregunta Xander molesto dejando el control remoto tirado sobre el sillón.

―Contando. ―lo mira sobre la botella.

―¡Entonces deja de hacerlo! Porque si…

Y el fuerte estruendo hace que todos se levante de inmediato de sus lugares.

―¿Qué fue eso? ―pregunto Dawn completamente despierta.

Una ráfaga de viento abre los ventanales de la sala, haciendo entrar unas cuantas hojas que danzan en la habitación por unos segundos.

―¡Por Cristo! ¿Qué rompieron? ―pregunta Giles saliendo de su despacho.

―Nosotros no hicimos nada. ―se excusa Xander abriendo sus brazos en cruz.

―Es verdad. ―confirma Andrew.

Otra ráfaga de viento se cuela por la ventana. Y es cuando sucede. Una intensa cortina de granizo se desata sobre el lugar. Todos se dirigen a la ventana a observar el espectáculo. Frágiles cristales de hielo bañan el jardín cubriéndolo con su velo blanco. El verde se confunde con los destellos de luz de los mismos mientras estos refulgían aún más bajo la luz de la luna.

―Wooow. ―exclama Dawn asombrada―. Esto es, es…

―Hermoso. ―termina por ella la frase Xander.

El espectáculo no dura más que unos pocos minutos. Luego de eso todo es calma de nuevo. Los extraños cristales, se comienzan a desvanecer perdiéndose entre el verde del jardín. Dejándolo cubierto con un tibio beso de agua.

Los viejos cipreses crujían bajo el impacto de los granizos como un lamento. Hubo un destello fugaz en el horizonte y todo luego fue silencio. Y nada más.

Spike y Buffy salen de la cripta en donde se habían refugiado al oír el primer trueno sonando en el firmamento. Ambos se miran y comprende que todo este espectáculo encerraba más de lo visible. Y comienzan a desandar el viejo camino de regreso.

La voz del locutor se levantó sobre las otras voces. Era una noticia flash de última hora. Giles giró la cabeza y pidiendo silencio, busco el control remoto que descansaba ente dos almohadones. Tomándolo le subió el volumen para poder escuchar.

Noticia de último momento. Se acaba de producir una extraña granizada sobre Londres. Todavía no hay datos precisos de victimas fatales o perdidas económicas, pero los expertos calculan que los daños serán mínimos. Otros informes nos dan cuenta, de que este fenómeno se ha producido en diferentes partes del mundo. Nos llega ahora a nuestra redacción, un cable de agencia de noticias Reuters.

"Un raro fenómeno climático se ha desatado en varias capitales del mundo. Una fugaz granizada de escasa magnitud se abatió hace unos pocos minutos en ciudades como Moscú, Londres, Paris, Madrid y Roma. También nos llegan informes que esto habría sucedido en Washington, México y diferentes ciudades de Sudamérica, Buenos Aires, Santiago, Lima, San Pablo y Bogotá. En todas ellas la granizada no habría durado más de unos cuantos minutos comenzando y terminando a la misma hora"

Otro cable nos da cuenta que expertos en climatología se encontrarían analizando las causas de tan raro suceso. Por ahora las opiniones son reservadas. Seguiremos ampliando más adelante.

Y pasando ahora a otra noticia. El mercado accionario cerró hoy con una cotización de…

Giles baja el volumen del televisor. El rostro de preocupación se acentuó aún más a medida que escuchaba el informativo. Andrew que había permanecido en silencio no dejaba de observarlo. Giles miró a su alrededor y dejando el control sobre el televisor, camina de un lado a otro de la sala.

―¿Qué sucede? ―le pregunta Xander mientras se sienta de nuevo en el sillón.

―Nada bueno, me temo. ―le contesta apretándose los ojos.

Dawn cierra la ventana y acomodando la cortina, se da vuelta observando a Andrew. Este asiente con su cabeza. Ella frunce el labio y sus ojos se oscurecen por un momento. Un silencio pesado se cernió sobre el ambiente. Xander los mira a todos sin comprender.

―¿Alguien me explica que está sucediendo? ―pregunta tomando el control del televisor.

―No es el momento Xander. ―le contesta Giles fastidiado―. Mira los dibujos.

―¿Qué?

En ese momento el ruido del timbre, llenó las paredes del cuarto. Xander tuerce su boca en disgusto subiendo el volumen del televisor. Los anuncios de una bebida refrescante y de alto poder energético se interponían con los pasos del vigilante hacia la puerta. Este la abre. Un hombre joven lo observa. Ambos se quedan por un segundo callados mirándose.

―¡Wesley! ―murmura Giles saliendo de su asombro―. ¿Qué haces en Londres?

―¿No nos vas a dejar entrar Giles? ―le pregunta este con una sonrisa―. A mi también me dio gusto verte. ―le dice a continuación.

―Perdona. Si, si, pasa. Es que no te esperaba. ―se disculpa haciéndose a un lado y recordando las palabras del hombre―. ¿Nos?

―Hola Giles. ―dice a sus espaldas la voz de un hombre, que salía en ese momento de entre las sombras.

―¡Ángel! ―vuelve decir este sin salir de su asombro―. ¿Qué está sucediendo? ―los mira a los dos alternativamente.

―Creo que ya lo sabes. ―le contesta Ángel y mirando la puerta―. ¿Puedo? ―pregunta señalándola. Giles parece dudar un segundo y luego:

―Claro. Pasa Ángel. ―le dice a continuación―. Esto ya parece sus casas. ―murmura para sí, el vigilante.

Ángel atraviesa el dintel y mirando a su alrededor pregunta.

―¿Dónde está Buffy?

Giles se detiene en seco y evitando mirar al vampiro.

―Ella no está. ―murmura a penas audible.

―¿Y dónde está? ―insiste este cruzándose de brazos.

―Está con Spike. ―le contesta sacándose los anteojos.

―¿Cómo? ¿Cómo la dejaste Giles? ―le pregunta alarmado Wesley. Ángel permanecía serio sin moverse.

―Ella ya lo sabe. ―le contesta Giles suspirando pesadamente―. ¡Y no puedo detener a Buffy! ―se vuelve a colocar los lentes de un golpe.

Todos se quedan mirando mientras la tensión se cernía como una estalactita sobre ellos. Y los ojos de los hombres se ensombrecían en la noche un poco más.

Continuará...