DECIMOSEXTA PARTE
Interior. Sala. Departamento de Giles. Noche.
Londres. Inglaterra.
El ruido de la televisión se alza sobre todo lo demás. El anuncio de los comerciales se suceden uno tras otro, de pronto como saliendo de sus cavilaciones Giles toma la palabra y observándolos, se dirige a ellos.
―Será mejor que hablemos. ―les dice señalándole la sala del departamento.
Ambos asienten con sus cabezas. Entran, y apenas cruzan la puerta varios pares de ojos se posan sobre ellos.
―¿Qué hace Ángel aquí? ―pregunta Xander parándose de su asiento molesto―. Pensé que con Spike ya teníamos suficiente. ¿Qué quieres? ―le pregunta dirigiéndose al vampiro.
―Ahora no Xander. ―lo reta Giles―. Este no es el momento de rencillas personales. Ángel esta acá para ayudar.
―¿Ayudar en qué? ―insiste este mirándolo de reojo.
―Cállate, siéntate y escucha. ―le dice Giles levantando unos papeles y mirando a los dos hombres―. ¿Hace mucho que llegaron a Londres? ―les pregunta.
―Hace unas horas. ―le contesta Wesley―. Lo que pasa es que nos instalamos en el hotel primero.
―¿Cuál? ―le pregunta Giles acomodándose los anteojos.
―El que tiene la oficina de W&H en Londres. ―le informa Ángel cruzándose de brazos. El hombre les otorga una mirada de reproche a ambos―. Este no es el problema Giles. ―le dice Ángel seco.
―Hola Ángel. ―lo saluda de repente Dawn que lo observaba seria con los brazos cruzados sentada sobre el sillón.
―Hola Dawn. ―le contesta mirándola―. ¿Cómo has estado?
―Bien. Pero no creo que te interese. Buffy no está. ―le informa seca. Ángel se la queda viendo detenidamente y agachando la mirada.
―Lo sé, Giles me lo acaba de decir.
―Ok. ―le contesta―. Hola Wesley. ―saluda a continuación al otro hombre.
―Hola. ―la saluda el vigilante.
―Creo que ya conocen a Andrew. ―les dice Giles señalándolo. Este levanta su mano a modo de saludo.
―Trabaje en el caso de la cazadora psicópata. ―les informa el joven―. Los recuerdo a los dos. ―agrega mirándolos. Ángel mueve al cabeza negativamente.
―Yo también te recuerdo. ―le dice Wesley y volviéndose a Giles―. Echa las presentaciones me gustaría hablar sobre nuestro asunto. ―y mirando hacia fuera―. Acabamos de tener recién una prueba sobre todo esto.
―Por qué será que no estoy entendiendo nada. ―murmura Xander mirando detenidamente a los tres hombres―. ¡No me digan! Otro fin del mundo se aproxima.
―Eso no sería novedad. ―comenta ácida Dawn a sus espaldas.
―¿Y por qué Dawnnie sabe por lo visto más cosas de las que yo sé? ―vuelve a insistir Xander observándolos a todos―. No es que me queje. Bueno en realidad si lo hago.
―Pudimos apreciar eso. ―le dice Giles sobándose la frente.
―Podríamos hablar en otro lado Giles. ―le pide Ángel rompiendo su silencio. Los demás lo observan.
―¿Por qué? ―insiste Xander mirándolo molesto―. Llegas después de muchos años y ya estás dando órdenes. ―le dice señalándolo con su mano―. A nadie le interesa escucharlas, entérate.
―¡Ya basta Xander! ―exclama Giles revoleando los ojos y mirando hacia su despacho―. Vengan por aquí. ―les dice a ambos hombres mostrándoles el camino, y volviéndose hacia los demás―. Mas tarde hablaremos.
Xander asiente a regañadientes desde el sofá. Dawn y Andrew se observan entre ellos. La chica toma el control remoto del televisor y le sube el volumen ignorando por completo al vigilante que suspira al observarla. Los hombres entran al despacho. Giles enciende las luces y mostrándoles los asientos, los invita a sentarse. Se quedan observando unos instantes, mirando a su alrededor prolongando el silencio.
―¿Cómo ha estado? ―pregunta de repente la voz de Ángel. Giles lo mira.
―¿Buffy? ―lo interroga. Este confirma con su cabeza―. Yo, bueno no estamos…, en realidad, no la he visto en un par de días, pero Dawn me dijo que esta bien. ―le contesta Giles medio incómodo.
―¿Ella sabe donde se encuentra? ―le vuelve a preguntar Ángel que seguía serio en todo momento.
―Si por lo visto Buffy regresó a hablar con ella cuando yo estaba en el Consejo. Y, este… le dio la dirección en donde esta con... ―se detiene en seco―. Bueno ya saben. Yo, eh…. ¿Si quieren puedo averiguarla?
―Creo que será lo mejor. ―le dice Wesley observando los rostros de ambos hombres―. Después de lo que sucedió esta noche todos somos concientes de la gravedad de los hechos.
―Sí. ―confirma con un profundo suspiro el vigilante―. Y este es sólo el principio de males mayores, y lo peor será tratar de convencer a Buffy de todo ello.
―Ella entenderá. ―le contesta Ángel cruzándose de brazos―. Ella es fuerte y tomará la decisión correcta. Yo la conozco. La he visto hacerlo.
―Eso no lo niego Ángel. ―le dice Giles apretando sus labios en un gesto de duda―. Yo también pienso lo mismo, pero últimamente Buffy está actuando movida más por sus sentimientos que por la razón. ―mueve la cabeza―. Y esto no es bueno. No ve el daño que se está causando. ―los ojos de Ángel se oscurecen.
―Creo que estamos exagerando. ―les dice Wesley irguiéndose en su asiento―. Y eso solo lo sabremos llegado el momento. Por ahora lo mejor será concentrarnos en como resolver el problema que tenemos entre manos. ―hace un silencio―. Cada día que pase, cada hora, minuto, nos acerca más al final. Las cosas se pondrán peor. ―toma aliento―. Y no es que quiera sonar alarmista, pero es la verdad. Esta granizada solo fue el comienzo.
Giles se soba los ojos cansado y apoyando el codo sobre el escritorio, deja reposar su cabeza sobre su mano por unos segundos. Los mira.
―El juego ha comenzado. ―dice a continuación.
―Y vamos perdiendo. ―agrega Ángel serio.
―Es solo una batalla. ―le dice Giles mirándolo―. Sólo un bache. ―y observando hacia delante―. Nos mantendremos comunicados, será lo mejor.
Los dos hombres asienten en silencio.
Interior. Habitación de Spike. Harrow Hotel. Tarde.
Londres. Inglaterra.
Hace escasas horas que había atardecido. Spike observa el cuarto el cual había sido invadido por ropas y accesorios femeninos. Una sonrisa cruza su rostro. Yendo hacía la cómoda toma una botella de whisky, la levanta y mirando a tras luz su contenido, frunce el ceño. Solo quedaba para un vaso, se lo sirve. Iba ser necesario salir por provisiones y no solo de esta clase. Mueve la cabeza divertido.
Dawn había caído ayer con el resto del equipaje de Buffy. Él salió para dejarlas a las dos hermanas hablar a solas. Miró hacia la puerta cerrada del baño, el ruido proveniente de la ducha ocupaba todo los demás sonidos. Spike bebió de un golpe el último trago y depositando el vaso sobre el mueble, se quedó pensando. Observa el cepillo de pelo que Buffy había dejado sobre la cómoda, lo alza y lo hace girar entre sus dedos. Las cosas se habían precipitado como una avalancha sobre ellos. Lo deja en su lugar, tras la puerta el agua seguía corriendo.
Aún no habían hablado de lo ocurrido anoche. Sin querer ambos lo evitaban, pero tendrían que hacerlo era inevitable. Y los ojos de Spike se oscurecieron al recordar la cortina de granizos cayendo sobre Londres.
El ruido de unos golpes en la puerta llama su atención. Alguien estaba tocando de nuevo, Spike levanta una ceja, quién podría ser a esa hora. Vuelve a mirar a su alrededor, el cuarto estaba bastante desordenado, y encogiéndose de hombros va ha abrirla.
―Vaya, vaya, vaya. ¡Miren quién llego! ―exclama Spike observando a su visitante con una mueca burlona en su rostro―. ¿No te podías esperar, no? ―le interroga sosteniendo aún la puerta entre ambos.
―¿Puedo pasar Spike? ―le pregunta Ángel serio desde el pasillo.
―Adelante. ―le dice abriéndola por completo―. No necesitamos invitación entre nosotros.
Ángel entra observando la habitación detenidamente. Sus ojos se posan sobre cada detalle de la misma. Atrás Spike cierra la puerta y mirándolo estudia el rostro del vampiro que permanecía serio en medio del cuarto. Camina hacia la cama y sentándose en un extremo de esta, toma su gabardina que ahí se encontraba, y comienza a revolver en su bolsillo hasta encontrar el paquete de cigarrillos que estaba buscando. Y tomando uno, levanta su vista arqueando una ceja al observar a Ángel.
―Así que llegaste con la granizada. ―le dice a continuación mientras se coloca el cigarrillo en los labios―. Una ruidosa entrada. ―y encendiéndolo―. ¿Qué quieres?
―Hablar. ―le contesta Ángel cruzándose de brazos.
―¿Y qué se supone que estamos haciendo? ―le pregunta exhalando una bocanada de humo, y elevando su vista hacía él―. Ahórrate la historia peach, ya lo sé. ―le comunica a continuación―. Giles canto una sangrienta canción la última vez que nos vimos.
―Nunca llamaste Spike. ―le dice Ángel moviéndose por la habitación―. Habíamos quedado en que…
―¡Ay, por favor Ángel! Era una maldita cortina de humo. ―y moviendo su cabeza disgustado―. No tenemos nada de que hablar. ―le responde Spike con un gesto despectivo en sus labios.
En esos momentos el ruido de la ducha cesa de repente. Ángel dirige su vista hacia la puerta del baño y con un tono bajo de voz pregunta:
―¿Ella está ahí?
―Sabías la respuesta antes de entrar por esa puerta. ―le contesta Spike exhalando una densa bocanada de humo y levantándose―. ¿A qué viniste? ―los dos se quedan observando frente a frente, estudiándose como fieras listas para el combate―. No. Mejor no me lo digas. ―le dice señalándolo―. A cumplir tu sagrado deber. A jugar al gran héroe poniendo cara de perro apaleado y llorando por un alma que jamás tuviste las bolas para ir a buscártela. ―y termina la frase casi escupiéndole estas últimas palabras en el rostro del otro vampiro.
Los ojos de Ángel se tornaron como carbones encendidos.
―Nunca pudiste salir de mi sombra, ¿verdad Spike? ―haciendo un silencio―. Sólo lo hiciste por ella. Por Buffy. Para poder tenerla. ―le dice cruzándose de brazos.
Spike tira la colilla al suelo molesto.
―No me conoces. No tienes ni idea. Y sí. Lo hice por ella no lo niego. ―y con una mueca burlona en el extremo de sus labios―. Se hacer algo más que salir corriendo con la cola entre las patas cada vez que algo no me gusta. ―le dice señalándolo―. Claro que ese es tu estilo, no el mío.
Ángel lo mira furioso y dando dos pasos acercándosele
―En verdad crees que porque Buffy...
―Hola Ángel. ―lo saluda la voz de ella a sus espaldas. Ambos vampiros giran para observarla.
Buffy se encontraba recostada contra el dintel de la puerta con los brazos cruzados mirándolos seria. Estaba descalza, vestida con un pantalón gris claro y una blusa borra vino ajustada de un gran cuello redondo. Llevaba el cabello recogido y parte de él se desprendía en mechas sobre su rostro.
―Buffy. ―dijo Ángel dándose vuelta.
―Yeap. Esa soy yo. ―le contesto ella otorgándole una semi sonrisa. Y el clima en el ambiente no había dejado de estar tenso y extraño en ningún momento. Y agachando la cabeza la vuelve a levantar―. ¿Por qué viniste? ―le pregunta a continuación. Ángel los observa a ambos.
―Giles me contó que ya lo sabes. ―le responde Ángel mirándola―. El piensa…, nosotros pensamos que lo mejor será que manejemos esto todo juntos.
―Vaya no pierden tiempo. ―le dice Spike acercándose―. Ya tuvieron la primera reunión del grupo. ―y observando de soslayo a Ángel―. ¿Qué entonaron algún cántico especial? ¿O directamente fueron a los festejos?
―¡Spike por favor! ―le pide Buffy mirándolo seria, y desviando su mirada hacia el otro vampiro―. No soy muy buena recibiendo órdenes. Y menos de personas que me han estado mintiendo todo este tiempo. ―e irguiéndose de su posición―. Gracias. Pero creo que rechazaré la oferta Ángel.
―Escúchame Buffy… ―insiste Ángel.
―Ya la oíste peach. No gracias. ―le dice Spike poniéndose entre ambos.
Los tres no dejaban de estudiarse, observando cada reacción en el semblante del otro.
―No te estoy ordenando nada. ―le reprocha Ángel con un dejo de cansancio en su voz―. Solo intento ayudarte. Yo también quiero detener este Apocalipsis. ―le dice extendiendo un brazo. Buffy desvía la mirada, al tiempo que sus labios se extienden en un rictus duro.
―¿Entonces debo suponer que estás buscando otra forma? ―le pregunta luego clavándole la mirada. Ángel se la queda observando. Spike frunce sus labios en una sonrisa desdeñosa―. ¡Esto es una locura! ―exclama Buffy moviendo su cabeza y tomando un fuerte aliento―. No estamos resolviendo nada.
―Porque no quieres. ―le reprocha Ángel cruzándose de brazos.
―¡Idioteces! ―le responde Spike a su lado fastidiado―. Realmente piensas que deseo que me mates. ―levanta su cabeza enfrentándolo―. Que quiero jugar al Mahatma Gandhi contigo. ―lo apunta con un dedo―. Entonces eres más estúpido de lo que recordaba.
―No hubiese regresado Spike. ―le contesta dando un paso hacia él―. Y nada de esto estuviera sucediendo.
―¿Es lo que quisieras, no? ―le pregunta medio burlón Spike acercándosele.
―¡Ya basta los dos! ―les dice Buffy de repente, poniéndose en medio de ellos, y apartándolos a cada uno con una mano―. ¡Dejen de actuar como niños de cinco años! ―exclama molesta cruzándose de brazos. Los dos se miran. Y volviéndose a Ángel―. ¿Esto es todo?
―Si. ―le contesta a regañadientes y mirando al otro vampiro molesto―. Spike no necesita niñera Buffy.
―No. No la necesita. ―y tomando aliento―. Ni yo tampoco.
Y un silencio pesado se cierne sobre ellos.
―Ya oíste a la chica. ―le dice a continuación Spike, mientras sus ojos brillan observando el rostro de Ángel.
―Si la oí. ―le contesta Ángel, el cual se lo queda mirando por un segundo. Y posando su vista a su alrededor―. Giles sabe donde encontrarme Buffy. ―la observa―. Aunque no me creas, solo quiero ayudarte. ―baja la cabeza y tomando aliento―. Me gustaría que las cosas fueran más simples.
―A mi también. ―le contesta Buffy.
Ángel asiente con la cabeza, los mira un momento y dándose vuelta comienza alejarse. Abre la puerta.
―Adiós. ―dice sin volverse. No espera respuesta, sale inmediatamente cerrándola tras sus espaldas. En su interior Spike y Buffy se quedan en silencio.
Ella se sienta en un extremo de la cama y tomando las botas comienza a ponérselas. Spike la mira.
―Esto es solo el maldito principio, pet. ―le dice moviendo la cabeza.
―Lo sé. ―le contesta Buffy con un profundo suspiro―. Ya está. ―dice colocándose la última bota y levantándose observa a su alrededor―. ¿Qué es lo necesitábamos Spike?
Spike agacha la cabeza y mirándola de costado esboza una pequeña sonrisa.
Interior. Despacho de Giles. Nuevo Consejo. Tarde.
Londres. Inglaterra.
El joven hombre camina lentamente mirando la biblioteca rozando con sus dedos el lomo de los libros. De vez en cuando se detiene en uno en particular y se lo queda examinado, lo toma del estante y lo ojea por unos minutos. Llevaba más de media hora en esta rutina y tan ensimismado estaba en su lectura, que no siente la puerta abrirse a sus espaldas, ni al hombre que entraba en esos momentos. El otro se lo queda observando y al darse cuenta de que presencia no es notada, cierra la puerta de un golpe deliberadamente.
Wesley gira aún sosteniendo el libro entre sus manos, cerrándolo con un solo movimiento al observar a Giles parado a pocos metros delante de él. Ambos se miran a los ojos por unos segundos. Después de esto Wes deposita el grueso volumen a un costado del estante, y estudiando a Giles.
―Interesante colección. ―le dice pasando su mano por la tapa del libro.
―Bueno en realidad no es gran cosa…, aunque puede ser que se…, bueno considere interesante por algunos miembros del Consejo. ―le dice medio tartamudeando entre medio de las palabras.
―Bueno hace mucho que deje de ser un miembro del Consejo Giles. ―le contesta mirándolo―. Pero quién recuerda eso. ―se observan.
―Si por supuesto. ―y avanzando―. Perdona la demora Wesley es que estuve hablando con Richard y yo…, este como comprenderás los ánimos no son los mejores en este momento. ―le dice Giles sobándose la frente y señalándole una silla―. Pero, ¡siéntate por favor! Necesitamos hablar tranquilos.
Ambos se sientan. Un tenso silencio se extiende sobre ellos, el más joven se mueve incómodo en su asiento y mirando a su alrededor:
―Han hecho un buen trabajo reorganizándolo todo Giles. Por lo visto aún mantiene el ambiente ese aliento de sacralidad. Supongo que eso es bueno. ―acota irónico torciendo sus labios. El otro hombre le clava la mirada.
―Lo intentamos. ―le contesta Giles serio y observándolo detenidamente―. Pero el Consejo no es lo único que cambio. ―lo mira a los ojos―. Casi no queda nada del Wesley que conocí en el hombre que hoy tengo enfrente mío.
Este extiende sus labios en un gesto desdeñoso y con un dejo de burla en su voz, le pregunta:
―¿Debo tomar eso como un cumplido? ¿O es una simple crítica Inglesa a mi pasado? Todavía recuerdo el humor Ingles. ―agrega cruzándose de piernas.
―No es una crítica. ―se defiende Giles de inmediato―. Solo una observación. Todos cambiamos en estos tiempos. A veces para bien… y otras veces no tanto. ―lo vuelve a mirar.
―¿Y supongo que lo que te estás preguntando desde que llegué, es hacia que lado se inclinó la balanza? ¿Es eso? ―le pregunta al tiempo que se incorpora un poco más en su asiento―. ¡Por favor Giles seamos claros! Te lo agradecería. ―y cruzándose de brazos―. Las cartas sobre la mesa esta vez.
―Está bien. ―le contesta Giles acomodándose los anteojos―. Como comprenderás W&H no es un muy buen referente que desate la confianza extrema ante el Consejo.
―Bueno, voy a ser franco yo también. ―le dice a continuación Wesley levantando su vista hacia el otro hombre―. El Consejo no es un recuerdo que desate mi confianza tampoco. ―se hace otro silencio, ambos hombres se quedan observando―. Creo que esto nos pone mano a mano, cada cual jugamos con lo que tenemos.
―Esto no es un juego. ―le retruca Giles molesto―. El futuro del mundo está en peligro...
―¡No por favor! ―lo interrumpe Wesley inclinándose en el sillón―. El futuro del mundo está en riesgo desde que tengo uso de memoria. La diferencia radica en que nosotros tenemos el poder decidir para que lado inclinarlo. ―y elevando su pulgar hacia arriba―. O lo salvamos, o lo hundimos. ―lo baja.
―No somos césares. ―le dice enojado Giles―. Esto no es el Imperio Romano.
―No, esta es Inglaterra y escondemos la inmundicia, bajo toneladas de flemática hipocresía y humor Ingles. ―se lo queda observando serio, y agachando la cabeza la vuelve a levantar―. Pero no vinimos hablar de eso. Ambos sabemos con las fuerzas que contamos, y este poder nos hace fuerte.
―No es poder Wesley, es solo es información. ―le contesta Giles apretándose los ojos en un gesto de cansancio.
―Bueno si cuentas con la información de cómo destruir al mundo. No sé. ―frunce sus labios al tiempo que mueve su cabeza―. Yo llamaría a eso Poder Giles.
Giles estaba a punto de contestarle en ese momento cuando la puerta del despacho se abre, dejando distinguir al nuevo visitante. Ewan estaba parado sosteniendo el picaporte observándolos. Wesley gira al ver la vista del otro hombre perderse por encima de sus hombros. Distinguiendo recién al joven que había interrumpido en la habitación en ese momento.
―Entra por favor Ewan. ―le pide la voz de Giles alzándose sobre el silencio. Este asiente con la cabeza cerrando la puerta a sus espaldas y caminando hacia el escritorio, mira al otro hombre sentado con indiferencia frente a Giles.
―Richard me dijo que me buscabas. ―le informa, mirando de soslayo a Wesley.
―Si en realidad te estaba esperando. ―y observando al otro vigilante―. Déjame que te presente, el es Wesley Windam Price. ―le dice señalándolo. Este se pone de pie.
―Mucho gusto. ―le dice estrechándole la mano.
―El es Ewan McDryden. ―agrega Giles a sus espaldas presentándolos―. Es uno de los mejores vigilantes que conozco.
―Exagera. ―le dice Ewan con una sonrisa, ambos hombres se sientan―. Windam Price… ―murmura para sí y mirándolo detenidamente―. Yo conozco, en realidad mi padre conoce a un Price…, Roger era su nombre si mal no recuerdo.
―Es mi padre. ―le dice Wesley serio.
―¡Oh, ya veo! El negocio de la familia. Yo se lo que se siente. ―le dice con una media sonrisa―. Así que también eres vigilante.
―Bueno en realidad Ewan… ―comenta Giles―. Este, eh…, Wesley se dedica a otra cosa ahora, el bueno… ha decidido expandir sus horizontes.
―Claro que esta es la forma educada que tiene Giles de decir que me expulsaron del Consejo. ―le informa Wesley torciendo sus labios, mientras le envía una mirada de reproche a este―. Y no creo que mi padre sienta que este honrando ningún negocio de familia. ―mira a Ewan, el semblante del joven se endureció con este último comentario―. Pero esto no viene al caso ¿o sí?
―¡No claro que no! ―le contesta medio molesto Giles, y observando a ambos jóvenes― El enemigo no esta en esta habitación Wesley, tus problemas con el Consejo murieron apenas cruzaste esa puerta. Ewan está enterado sobre todo lo referente al problema de Spike, y el solo vino ayudarnos. ―hace una pausa―. Y una vez aclarado este punto, podemos dejar nuestras guerras personales para después y concentrarlos en el real problema que tenemos entre manos.
Ambos hombres se dedican una fugaz mirada.
―¿Cuál es el plan entonces? ―le pregunta Wesley recostándose en su asiento.
―Ayer sufrimos la primera manifestación esto no nos deja duda de que la profecía es cierta. Todos nuestros temores se están confirmando. ―dice Giles al tiempo que se saca los anteojos, y refregándose los ojos con su mano―. Ahora debemos saber qué es lo que tenemos que hacer para detenerlo.
―Pensé que eso ya lo sabíamos. ―comenta Ewan observándolo―. No se supone que la única forma es matando a Spike.
―Bueno si Ewan, pero ¿el cómo? ¿en que forma? No está claro. ―hace un silencio―. ¿Y si no es solamente eso? En realidad no estamos seguros.
―Hay un desequilibrio Giles y hay que detenerlo. Algo lo está causando de eso no hay dudas y Spike está fuertemente relacionado. ―agrega Wesley mirándolo―. Si lo que quieres saber en realidad es si las profecías que maneja W&H son seguras. Lo sabremos, las investigaremos. Pero creéme cuando que te digo que algo grande se aproxima.
―Yo también estuve investigando y hay referencias de esta profecía en los libros del Consejo. ―agrega Ewan observándolos―. Aún no pude dar con ella, pero la encontraré.
―Entonces es verdad. ―dice Giles dejando sus lentes sobre el escritorio―. Una parte de mí aún tenía esperanza. ―y tomando un fuerte aliento―. Seguiremos adelante entonces, no hay otra salida.
―Siempre hay puertas auxiliares de escape solo que talvez no nos guste a donde conduzcan. ―dice Wesley ensombreciendo su mirada.
―Buscaremos la correcta. ―le contesta Ewan observándolo.
―Dependiendo del punto. ―le retruca Wesley.
―El punto es trabajar en conjunto. ―los interrumpe Giles―. Los dos son bueno en lo que hacen demuéstrenselo a ustedes mismo. ―les dice serio―. Lo mejor será no perder más tiempo y comenzar a investigar ya mismo.
Los otros dos jóvenes asienten con la cabeza. Giles los mira y buscando entre sus papeles extrae dos carpetas las cuales se las extiende.
―Estos son los informes de lo ocurrido el día del ayer. ―les comunica―. Veamos que podemos encontrar que nos ayude. ―dice al tiempo que se coloca los anteojos.
Ambos jóvenes se quedan mirando. Luego comienzan a leer el informe, un extraño silencio se percibe en el ambiente. Giles profiere un profundo suspiro al observarlos, al tiempo que el mismo se sumerge en sus propias meditaciones.
Exterior. Hight Street. Noche.
Londres. Inglaterra.
Esta había sido una tarde larga, llevaba horas leyendo los informes que Willow había obtenido por la red. Descartando algunos y considerando otros. Las dos estaban exhaustas y los progresos habían sido mínimos. Buffy frunce el ceño al recordarlo mientras camina por las calles iluminadas de Londres.
Era tiempo de tomar medidas más extremas si quería obtener resultados reales. Necesitaba más datos y sobre todo conocer las posibilidades que tenía en sus manos. Cuando llega a la esquina se detiene, mira hacia ambos lados de la calle y elevando su cabeza al cielo, hace un gesto con sus labios y dice:
―Lo que estás haciendo, deja de hacerlo Ángel. ―y dándose vuelta enfrenta al hombre que en ese momento salía de la oscuridad―. Es bastante molesto, ¿sabías?
―¿Desde cuándo lo sabes? ―le pregunta acercándose hacia ella.
―Hace dos cuadras, cuando comenzaste a convertirte en mi sombra. ―le contesta Buffy cruzándose de brazos―. ¿Por qué me sigues?
―Quería hablarte. ―le contesta introduciendo ambas manos en los bolsillos de su gabardina―. Pero antes tenía que asegurarme de que Spike no estuviera cerca. ―concluye mirando hacia las sombras.
―Está en el hotel, si es lo que quieres saber. ―le informa Buffy desviando su mirada―. Siento que se pierdan su pelea de machos. ―agrega mientras comienza ha avanzar por la vereda.
―No vine a pelear Buffy. ―le dice Ángel siguiéndola―. Solo que prefiero hablar sin que él este presente.
Buffy se detiene y dándose media vuelta levanta su cabeza y se lo queda mirando.
―¡Okay! Te escucho Ángel. Habla. ―le dice clavándole la mirada.
―¿En verdad lo amas? ―le pregunta Ángel sumergiendo sus negras pupilas en los ojos verdes de ella.
―No vamos hablar de eso. ―le contesta Buffy moviéndose incómoda―. No es tu asunto.
―No claro que no. ―murmura Ángel oscureciendo su mirada―. Yo pensé que necesitabas tiempo. Eso fue lo que me dijiste.
Buffy desvía su rostro.
―El tiempo se te está acabando Ángel. ―le dice apretando sus labios―. Busca otro tema.
―¿Qué sabes sobre el ritual? ―le pregunta después de un tiempo.
―Nada en concreto. ―le contesta exhalando un profundo suspiro―. Muchas suposiciones, podrían ser, y palabras y más palabras extrañas. ―moviendo su cabeza―. Yo no funciono así. Necesito algo real con lo que luchar.
―Todo buscamos como enfrentar nuestras batallas Buffy. ―le dice Ángel mirando a las sombras.
―¿Y me los dices a mí? Tengo un largo currículo al respecto. ―le contesta ella frunciendo sus labios―. Es lo único concreto que parece que he tenido. ―baja la vista―. Todo lo demás tiende a desaparecer.
Ángel la mira.
―Las cosas pueden cambiar. ―le dice luego sin dejar de observarla.
―A veces sí, a veces no. ―le contesta Buffy encogiéndose de hombros―. Tomaré lo que pueda. ―agrega torciendo sus labios.
―Wesley está investigando. Él buscará todas las posibilidades, si hay alguna forma él la encontrará. Lo sé. Él es bueno encontrando caminos. –Ángel se cruza de brazos e inclinando su cabeza―. Quiero ayudarte Buffy. ―haciendo un pequeño silencio―. Aún recuerdo cuando solía hacerlo.
Ella lo observa.
―Eran otros tiempos. ―le dice con un dejo de nostalgia en su voz.
―Podríamos volver a ellos. ―le pide Ángel mirándola. Buffy abre los ojos, y apretando sus labios desvía su mirada. Y un incómodo silencio se posa sobre ellos.
―Se hace tarde. ―susurra ella a continuación rompiéndolo y comienza a caminar. Ángel la mira por un segundo y la sigue.
―Un Apocalipsis se aproxima Buffy y debemos estar preparados. ―le dice la voz de él a sus espaldas. Ella se detiene en seco y dándose vuelta molesta lo enfrenta.
―Al grano Ángel. ¿Qué es lo que quieres decirme?
―Que si no hay alternativas, entenderás que tengo que hacerlo. ―la observa.
―¿Matar Spike? ―le pregunta desafiante―. ¿De eso estamos hablando?
―Sabes que sí. ―y dando dos pasos―. Hay miles de vidas en juego. Y lo siento si esto te duele, pero una sola vida no justifica la de millones. ―hace un silencio y observándola. Los ojos de ella son frío como el acero mientras lo escucha hablar―. Yo no quiero lastimarte Buffy...
―¡Genial! Entonces recuérdatelo más seguido. ―lo corta molesta―. Porque no está funcionando.
―Es mi deber, soy un campeón. Quiera o no tendré que hacerlo.
―No me hables de deber Ángel. ―le dice mordiendo su labio―. Eres la cazadora Buffy, la elegida Buffy, la misión es lo que importa Buffy. ―agacha su cabeza y con un leve susurro―. Y a veces me pregunto que fue lo peor entre nosotros, la vez que te maté, o el día que me dejaste.
―Era lo mejor. ―le responde Ángel dolido.
―¿Para quién? ¿Para mí? ―le pregunta Buffy moviéndose enfadada―. No lo sentí así. ―y cerrando los ojos toma un fuerte aliento―. Por lo menos cuando te enfrenté para asesinarte yo estaba lista. ―lo mira―. Podía matar a Ángelus, pero no a tí. ―hace un silencio―. Y tú volviste en el último segundo y supe que te perdía. Y te odié por eso. ―apretando sus labios―. De la otra forma hubiese sido más sencillo. Hubiese cumplido con mi deber. ―moviendo la cabeza―. ¿Por qué hacemos esto? ¿Por qué lo recordamos?
―Lo siento. ―le responde Ángel agachando la mirada―. Se que las cosas no fueron fáciles para ti, pero tampoco ha sido un lecho de rosas mi vida. ―le dice mientras su voz se vuelve más triste.
―Jamás dije eso. ―se defiende ella y apretando sus labios con fuerza―. Pero habrían sido mejores si te hubieras quedado a mi lado. ―y sus ojos develan un viejo dolor no cicatrizado.
―No había futuro Buffy.
―¿Cómo lo sabes Ángel? ―le pregunta mirándolo molesta―. Jamás lo intentaste. Nunca me diste esa oportunidad. ―agachando la cabeza―. Me dejaste cuando más te necesitaba. ―desvía su mirada.
―¿Piensas que para mí fue fácil? ―le pregunta Ángel con un dejo de reproche en su voz―. Pero uno de los dos tenía que pensar como adulto. ―hace un silencio.
―No fuiste tú entonces. ―le responde Buffy enojada―. Huir te quita de la lista. ―agrega al tiempo que cruza sus brazos y mirándolo―. Yo quería intentarlo por loco que sonara o te pareciera. Pero eso no fue suficiente para ti. ¿O sí?
―No tenía nada para darte. ―le dice con un suspiro.
―Tu amor. ―lo mira―. Yo sólo quería eso Ángel.
―Ahora tal vez. ―se mueve incómodo―. ¿Y mañana qué? Las cosas no hubiesen resultado, tu envejecerías y yo no, no habría hijos... ―desvía la mirada de ella, toma aliento y volviéndola a mirar―. Ni siquiera podíamos estar juntos Buffy.
―Crees que me importaba, yo hubiese hecho cualquier cosa por intentarlo, por luchar. ―le dice mientras sus ojos se aguan de repente y tragando aliento―. Pero no quisiste.
―Yo no quería que arruines tu juventud, y te arrepintieras cuando ya fuera demasiado tarde. ―agacha la cabeza―. Debías continuar con tu vida ahora que tenías tiempo.
―Soy la cazadora Ángel. ―le dice Buffy molesta―. Vive rápido, muere joven. Ese es mi lema. ¿Cuál futuro? ―y mirándolo―. Y cómo me voy arrepentir de algo que jamás tuvimos. Te fuiste antes de intentarlo siquiera.
―¿Y ahora quieres ver como habría sido lo nuestro juntándote con Spike?
―¿Qué? ―le pregunta Buffy abriendo sus ojos indignada.
―El es un vampiro Buffy, y por más alma que tenga eso no va a cambiar las cosas. ―le dice Ángel observándola serio.
―Hablarás por ti. ―le contesta ella y comienza a caminar dándole la espalda. Ángel la ve marcharse y con una voz profunda le dice:
―El tendrá que hacerlo.
Ella se da vuelta y con los ojos oscurecidos.
―No lo permitiré. No esta vez. ―sus labios se dibujan en una línea en su rostro.
Ángel avanza hacia ella.
―No se trata de permitir. ―agachando su vista―. No hay otra opción.
―Spike no es como tú. ―le dice cruzándose de brazos―. Supongo que sabrás eso.
―Es lo que dicen, pero lleva años siguiendo mi sombra.
Buffy desvía su vista al tiempo que mueve su cabeza negando.
―Las cosas son diferentes con él. ―le dice después de un tiempo mirándolo, y como arrepintiéndose―. No importa.
―¿Qué es lo diferente? ―le pregunta Ángel. Ella no contesta―. ¡Ah, ya veo! Él puede darte lo que yo no. ―dice haciendo una mueca con sus labios. Buffy lo mira frunciendo el ceño y haciendo un gesto de disgusto.
―No se trata de eso.
―¿Entonces de qué? ―le pregunta clavándole la mirada.
―¿Tú crees que estoy con Spike solo porque puedo tener sexo con él? Las cosas cambiaron.
―Te estás engañando Buffy. Spike no ha cambiado nada. Tú no lo conoces como yo. ―le dice moviendo su cabeza.
―No. Tú no lo conoces. No me conoces.
―Claro que te conozco Buffy. ―le dice mirándola a los ojos.
―No. ―agacha su cabeza y tomando un amplio aliento―. Sólo conoces a la Buffy tonta de cuando tenía diecisiete años, pero ella ya se fue hace mucho tiempo. ―levanta su rostro y lo observa―. Esta que está aquí… ―dice al tiempo que extiende un brazo señalándose―. Soy yo.
―Buffy…
―No. Las cosas son distintas ahora. Todos somos distintos. ―y mirando hacia las veredas que se alzaban en el horizonte―. Es mejor que me vaya.
―Yo también te puedo entender. ―le dice Ángel con un tono triste en su voz―. Él no es el único. ―la mira.
―A tú manera se que lo haces. Pero solo vez lo que quieres ver. ―le dice Buffy desviando su mirada y apretando con fuerza sus labios―. Han pasado tantas cosas que yo…. No quiero hablar de esto. No tiene sentido. ―vuelve a mirar hacia delante. Ángel agacha la cabeza.
―Como quieras. ―le dice y mirándola―. Yo…, este, ya sabes solo quiero ayudarte.
―Gracias. ―le responde ella con una tibia sonrisa y mirándolo por última vez, se comienza a alejar hasta perderse en las sombras que se extendían sobre Londres.
Ángel la ve partir, sus ojos se tornaron más oscuros confundiéndose con la noche que lo envolvía. Y con un profundo aliento comenzó el también a descender por aquellas calles.
Londres 1890
La mujer se encontraba en medio del jardín contemplando la luna, de vez en cuando movía su mano como si marcará una extraña melodía que solo ella oía. Una sonrisa se dibujo en su rostro y balanceándose comenzó a bailar con la brisa que se deslizaba por el lugar. Un hombre se aproximó hacia donde ella estaba, sonrío al verla y tomándola de una mano la dio vuelta hasta enfrentarla a él.
―¿Aún deseas bailar? ―le susurro en el oído. Ella cerró los ojos y ronroneo entre sus brazos. El emitió una risita que se perdió en su cuello―. Vamos adentro.
―Ya no hay más música. ―se lamenta ella mirando hacia el salón iluminado.
―Te comiste al pianista Dru. ―le dice Spike tomándola por la cintura.
―Sabía extraño ―se queja pasándose un dedo por los labios―, como a papel viejo.
―Son unos malditos snobs. ―le dice Spike enojado―. Ni siquiera merecen ser comida de mi chica. ―agrega mientras le acaricia el rostro con el dorso de su mano.
―Aún tengo la música sonando en mi cerebro. Ta, ta, tara, tá. Ta, ta, tara, tá. Ta, naranara… ―comienza a canturrear moviéndose entre sus brazos―. Son como voces que me hablan a la vez, todo el tiempo. Las siento deslizarse por mis venas, buscando… entrometiéndose en mi cabeza. ―se la toca―. Quieren escapar por mis ojos, por mi garganta. Diles que me dejen. ―le pide recostando su cabeza sobre el hombre de Spike.
―Solo es Beethoven y la sangre del maldito músico Dru. ―le dice Spike abrazándola más fuerte.
―Tengo frío. ―murmura después de un tiempo Drusilla. Spike la rodea a un más con sus brazos y mirando hacia la vivienda.
―Entremos.
Y ambos se dirigen hacia el interior. El salón estaba completamente iluminado. Varios cuerpos se hallaban tirados por el piso, caminan pasando sobre ellos. En el medio de la habitación la chimenea encendida chisporroteaba lánguidamente, y a un costado el amplio sofá ocupaba el recinto. Spike trae a Dru con una mano, haciéndola caer encima de él. Ella ríe mientras lo besa en los labios salvajemente.
―Se perdieron de nuestra fiesta. ―murmura ella en la boca de Spike.
―Ángelus encontrará otra. ―le dice mientras la acaricia―. Darla se encargara de eso.
―¿Podemos tener una mascota? ―le pide Dru rozándole con su mano el pecho.
―¿Qué mascota? ―le pregunta Spike arqueando una ceja.
―Papi tiene una nueva muñeca. Y no me deja jugar con ella. ―susurra en tono de reproche Drusilla―. Papi, es malo. Malo, papi.
Spike se yergue de su posición y observándola.
―¿De qué estás hablando Dru?
Ella protesta ante el tono de él. Y lloriqueando.
―Ella no quiere jugar. Es mala con Miss Edith, Miss Edith llora cuando ella se acerca. ―dice Drusilla moviendo su mano delante de ella como si quisiera espantar algo que le molestara.
―¿Quién es ella Dru? ―le pregunta Spike clavándole la mirada mientras sostiene su mano―. ¿Dru?
―Merriam.
―¿Quién?
―Darla y Ángelus la engendraron. Es como una muñequita. ―dice mientras se toca la cien y apretándosela―. Una linda niñita de doce años. Yo la siento, ella me mira. Ella es mala. Es intoxicante.
Spike emite una leve risita. Y moviendo su cabeza mientras una sonrisa sarcástica ilumina su rostro.
―¿Y qué piensa hacer Ángelus con una molestia de medio metro?
―El quiere jugar. A papi le gusta jugar. ―dice Drusilla recostándose sobre el sofá.
―Hasta que se aburra. ―agrega Spike apretando sus labios―. Entonces el medio metro será historia. ―le dice acercándose a Drusilla. Ella ronronea.
―Todo se pondrá oscuro. ―susurra en sus labios.
―Un montón de polvo. ―termina mientras la besa―. No sobrevivirá sola.
Spike se agita en la cama. Afuera la luna lo baña por completo con sus rayos. Una brisa helada se cierne sobre el cuarto y una voz que viene del pasado lo llama nuevamente.
―¿Los escuchas Spike? ―le pregunta Drusilla moviendo su mano al costado de su cabeza―. Ahí vienen, ahí vienen. ―dice mientras hace ruiditos eufóricos―. Se están acercando como pequeñas arañitas listas para atraparte, escurridizas y rápidas. ―susurra deslizándose hacia él lentamente.
―¿Quiénes Dru? ―le pregunta Spike tomándola por la cintura, y girando en torna a ella, abrazándola por la espalda―. ¿Quines se acercan?
―Vienen con la luna. ―le responde elevando su cabeza al cielo.
―Dejémoslos que vengan entonces. ―le dice Spike siguiendo su rostro―. Y cuando lleguen los mataremos a todos. ―ella se mueve seductora entre sus brazos―. Nos bañaremos en su sangre. ―le besa el cuello―. Todo por mi Princesa Oscura.
―Ellos buscan sangre. ―le dice ella cerrando sus ojos.
―Todos la buscamos. ―le contesta él en el oído.
En ese momento ella se tensa, y dándose vuelta lo mira a los ojos y le dice:
―¿Qué hiciste? No, no, sabes jugar. ―protesta mirándolo sorprendida Drusilla apartándolo de ella, y tocándole el pecho―. ¿Por qué Spike? ¿Por qué de ella? Te cubre, te envuelve... ―retrocediendo―. Quema.
Spike se mira el pecho. Unos profundos tajos se observan en su torso los cuales comienzan a sangrar.
―¡Bloody Hell! ¿Qué me está pasando? ―la mira extrañado.
―Ella te hace débil. Te aleja de mí.
―Buffy. ―murmura Spike para sí, el rostro de Drusilla se endurece―. ¿Dónde está Buffy? ―le pregunta mirando a su alrededor.
―Tan débil. ―le vuelve a decir Drusilla y mirando hacia el cielo―. Cuando llegue la hora, la luna esperará por ellos, por lo que no debía existir. ―se cubre los oídos con ambas manos―. Y habrá que pagar un precio. Sangre. ―lo mira―. Siempre es sangre. ―se le acerca y tocando su rostro―. Son como lazos que nos unen. Roja, brillante. Vida y muerte. ―alza su rostro hacia él―. Y alguien tendrá que pagarla.
Spike se levanta sobresaltado en medio de la noche, incorporando medio cuerpo de la cama. A su lado Buffy dormía placidamente. Cierra los ojos y cuando se esta por recostar de nuevo siente de vuelta la voz de ella repercutir en sus oídos.
―Aún sueñas Spike. ―le dice la voz de la mujer materializándose entre las sombras.
Él mira hacia ambos lados de la habitación. Los rayos de luna se colaban perpendiculares por la persiana.
―¿Qué está pasando? ―pregunta desconcertado observándola. Drusilla se le acerca tendiéndose sobre él.
―¿Por qué no la dejas? ¿Crees que ella te salvará? ―le interroga mirando a Buffy dormida a su lado. Spike gira su cabeza para observarla―. Ella no podrá hacerlo. Vuelve conmigo Spike. ―le pide mientras desliza sus manos por el torso del vampiro―. Vuelve con tu princesa.
―Lo siento Dru. ―le responde Spike sosteniendo sus manos―. Ya es tarde.
Ella gimotea como nena pequeña.
―Ella no sabe jugar. Esconde los juguetes para que nadie los vea. ―le susurra acercando sus labios a los de él―. Ella no quiere jugar. ―y su boca roza su mejilla.
―¡Ya basta! ―le dice Spike retrocediendo su cara y apretando con más fuerzas sus muñecas―. No quiero lastimarte. No me obligues hacerlo.
Drusilla inclina la cabeza y se lo queda observando unos segundos.
―Ellos te lastimaran. ―le dice mientras acerca su rostro a su cuello―. Puedo olerla en ti, alejándote. Me lo prometiste Spike. ―le susurra en el oído―. Mátala por tu princesa.
―Nooooo. ―le grita Spike empujándola con todas sus fuerzas.
Drusilla transforma su rostro y se dispone a atacar a Buffy que seguía dormida al lado se Spike. Este la toma por un brazo deteniéndola, se quedan forcejeando unos instante, hasta que Spike la sujeta por ambos brazos y con un fuerte empellón la manda volando contra la pared. Es en ese momento cuando sienta la voz de ella.
―¡Spike! ¡Spike! ¡Despierta! ―le dice Buffy a su lado antes de que unas fuertes manos la tomen por los brazos y la hagan atravesar el cuarto hasta chocar con la pared.
Spike mira la escena sorprendido. Mientras en una esquina de la habitación se halla desmayado el cuerpo de Buffy.
Continuará...
