DECIMOSÉPTIMA PARTE
Interior. Habitación de Spike. Harrow Hotel. Noche.
Londres. Inglaterra.
Y un silencio, sinuoso y corrosivo se deslizo sólido y lacerante sobre él, mientras los rayos de la luna viajaban perpendiculares a través de la ventana barriendo como jirones las sombras de aquel cuarto.
Spike permanecía en shock, con los ojos dilatados escudriñando la oscuridad. Sus pensamientos se agolpaban como demonios en su mente, le costó un tiempo darse cuenta lo que era realidad, lo que era un sueño. Y cuando tuvo cabal conciencia de lo que había ocurrido se levantó como impulsado por un resorte de la cama.
El cuerpo de Buffy seguía tendido sobre el suelo, en una esquina de la habitación. Su cabello cubría parcialmente su rostro y parte de su camisón se había subido hasta sus muslos. Cuando se acercó a su lado, el vampiro pudo percibir el ritmo constante y casi tranquilo de su respiración. No había señal de sangre y heridas evidentes a simple vista. Una sensación de alivio bajo como un manto sobre el espíritu de Spike.
Se inclinó sobre su cuerpo, descorrió los pelos de su rostro para cerciorarse de que no sufriera ningún daño. La expresión de ella era como si aún estuviera dormida. Paso un brazo por bajo su espalda y otro por sus piernas, atrayéndola luego contra su pecho. Ningún sonido emergió de los labios de Buffy. La miró por un segundo y tomando un impulso se levanto con su ingrávida carga a cuesta, que parecía más chiquita y frágil entre los brazos del vampiro. Caminó hacia la cama y con sumo cuidado la depositó en ella.
Los minutos parecían agolparse como milenios en el semblante preocupado de Spike, y sus ojos se nublaban con un fulgor extraño cada vez que recordaba lo sucedido. A su lado Buffy continuaba inconsciente. Y un dejo de triste cinceló aún más su rostro.
Y en el momento en que se iba a levantar parar salir a buscar a un médico, ella comenzó a moverse lentamente. Un leve quejido se escapo de sus labios, mientras parpadeo un par de veces antes de abrir por completo sus ojos. Spike no se atrevía a articular palabra, estaba sentado a su lado observándola con el miedo pintado en su mirada.
Buffy levantó una mano la cual pasó por sus hombros y su nuca con un gesto adolorido, fue entonces cuando sus ojos se encontraron con los de él, que se había corrido casi instintivamente. Y el hondo silencio profundizó aún más el peso de sus miradas.
―¿Qué paso? ―le pregunta Buffy mirando a su alrededor como en busca de una respuesta.
―No lo sé. ―le contesta Spike con un brillo oscuro en el interior de sus pupilas.
Buffy se toca la frente y elevándose un poco de la cama con un signo de dolor lo mira diciéndole:
―Te movías en sueños. Me despertaste y comenzaste a murmurar palabras que no entendía. Quise despertarte… ―cierra los ojos―, después ya no recuerdo más. Todo es borroso.
―Te golpee. ―le dice Spike de repente desviando su mirada de ella y la posa en los rayos de luna que se proyectaban sobre el piso―. No era lo que pretendía. ―y en ese momento una mueca de dolor curva sus labios―. Solo pensé que eras ella. ―la vuelve a mirar―. No soy bueno protegiéndote por lo que parece, pet.
Buffy lo mira sin comprender. Con un esfuerzo se endereza por completo quedándose sentada sobre la cama. La mano de Spike descansaba tranquila a un lado de su pierna, Buffy desliza su mano hasta tocarlo. Él siente el tacto de ella sobre su mano y su calor cubriéndolo en silencio. Gira su cabeza para observarla y elevando sus ojos se encuentra con los de ella. Sus miradas se pierden en la del otro. Y es cuando Spike rompe el contacto y levantándose:
―Será mejor que descanses Buffy. Yo me quedaré aquí. ―le dice acercando una silla al costado de la cama. Ella lo observa con el ceño fruncido.
―Ahora se supone que dormirás en esa silla. ¿Y mañana qué? Tal vez ya ni me toques. ―le recrimina molesta apretando con fuerza sus labios.
―Pude haberte lastimado. ―le contesta Spike con un dejo de miedo en su voz y moviendo su cabeza―. Jamás me lo hubiese perdonado.
―No lo hiciste Spike. ―le dice ella moviéndose hasta quedar sentada en el extremo de la cama―. Fue un accidente.
―Hoy dices eso, mañana puede ser diferente. ―le responde serio.
―¡Oh por Dios! ¡Ya basta! ―le dice molesta Buffy abriendo sus ojos―. Lo que tengas que decirme dilo ahora Spike. ―y cruzándose de brazos―. Te escucho.
―¿Qué quieres que te diga, pet? ¿Qué soy un idiota? Que ahora ni siquiera puedes dormir a mi lado. ―baja su cabeza.
―Esto no funciona así. ―tomando aliento, se queda un segundo pensando―. Dijiste que creía que era otra persona.
Spike la mira.
―Dru. ―le contesta a continuación―. Ella estaba en mi sueño, me decía cosas extrañas. En realidad Dru siempre decía cosas extrañas, hablando con seres que nadie más veía. Le susurraban cosas. ―Spike se encoge de hombros. Buffy no deja de observarlo.
―¿Y qué te dijo? ―le pregunta mientras aprieta con fuerza sus manos en torno a ella.
―Ya te lo dije, pet. Nada con sentido. ―le contesta reclinándose contra el respaldo de la silla―. Nada que no haya oído antes.
Ambos se quedan viendo.
―Obviamente nada bueno. ―le dice molesta Buffy por las medias palabras del vampiro―. Te movías mucho Spike y cada vez parecías más agitado.
―Quería matarte. ―le contesta con un tono de voz bajo―. Intenté protegerte, pero solo logré lastimarte.
―Soy fuerte. Soy la cazadora, puedo resistirlo. ―lo mira―. Curo rápido. ―hace un silencio―. Pero esto no funcionara si nos seguimos escondiendo cosas.
Spike levanta la cabeza y le clava la mirada.
―Muy bien, luv. Empecemos entonces. ―le responde Spike medio molesto―. Ya están tocando la maldita canción aunque no quieras oírla. Y conoces perfectamente la tonada. ―la mira y curvando sus labios en una sonrisa desdeñosa―. Ahora parece que hasta la cantan en sueños. No me dijo nada que ya no supiéramos. Que van a venir por mí, que me están esperando. Y claro no te olvides de la sangre. ―agrega apretándose su mano―. Obviamente no funciona sin eso.
―No sucederá. ―le dice Buffy―. No lo permitiré.
―¡Buffy escúchame! ―le dice Spike mirándola y tomando una de sus manos―. No eran solo sueños. Malditas pesadillas sin sentido. Había algo más allí. ―agacha la cabeza―. Era parte de mi pasado.
Los ojos de ella se agrandan pero nada dice.
―Ningún sangriento cuento de hadas.
―Ese no eres tú Spike. ―le dice Buffy acariciando su rostro―. Ya no.
Él levanta la cabeza y se la queda mirando.
―Siempre he sido yo, pet. ―le contesta con un dejo de tristeza en su voz―. El alma solo reprime al demonio.
―No es cierto. ―le retruca molesta Buffy―. Yo te conozco, no puedes mentirme. Sé lo que eres, te vi pelear, te vi solo estando ahí… ayudándome, escuchándome cuando nadie más lo hacía. ―hace un silencio, él inclina su cabeza―. Es lo que somos, cometeremos errores. ¡Dios todavía los cometo! Pero nosotros peleamos. Es lo que hacemos. ―le toca la mejilla―. Es nuestro destino William. ―ella le sonríe. Spike baja la cabeza.
―He vivido cientos de años Buffy, pero solo hay un lugar donde quiero estar. Y es acá contigo. ―le dice acercándosele―. Lucharé lo sabes. ―le clava la mirada―. Pero mataré al que quiera lastimarte.
―No tendrás que hacerlo. No sucederá. ―le vuelve a repetir ella.
Spike se levanta. Buffy se lo queda observando aún sosteniendo una mano entre la suya. El camina hacia ella y se sienta en un costado de la cama, ella le sonríe y acomodándose a su lado le apoya su cabeza en el hombro mientras él la abraza.
―Así está mejor. ―le susurra Buffy luego.
Interior. Despacho. Departamento de Giles. Mañana.
Londres. Inglaterra.
El sonido de la música se colaba por las demás habitaciones, como en una loca carrera por inundarlo todo con un solo latido. Y cada nuevo acorde y melodía, parecía profanar el silencio de las almas de aquellos hombres reunidos en aquel cuarto.
Giles se levanta de su asiento molesto y yendo hacia la puerta la abre de un manotazo, mira en dirección a la escalera y asomando su cabeza grita hacia donde provenía la música.
―¡Podrían bajar el volumen! ¡Andrew! ¡Dawn! ―Se queda esperando una respuesta― ¡Cristo misericordioso! ―dice para sí al ver que nadie responde―. ¡Andrew! ―vuelve a gritar.
El ruido de unas corridas en el corredor de arriba se entremezcla con la música. El joven asoma su cabeza por la baranda, girándola en ambas direcciones hasta hallar los ojos del vigilante que lo observan con reproche.
―¿Llamabas? ―le pregunta Andrew otorgándole una sonrisa.
―Sí. Quieren bajarle el volumen a eso que sea que este sonando. Estamos tratando de hablar acá dentro. ―le contesta acomodándose los anteojos que comenzaban a resbalarse por el tabique de su nariz.
―Lo siento. ―le dice el joven ampliando su sonrisa―. Y esa cosa para tu información Giles, es lo nuevo de Justin Timberlake. ―agrega al tiempo que mueve su cabeza en desaprobación.
―¿Justin Timber… qué? ―le interroga arqueando una ceja y viendo que Andrew iba a comenzar con el capítulo uno de la vida y obra de ese Justin lo corta de inmediato―. ¡Olvídalo! Y bájale el volumen a esa cosa. ―y antes que pudiera responderle, cierra la puerta dando por finalizada la conversación.
Giles apoya su espalda contra la misma y exhalando un fuerte suspiro se pasa la mano por la frente.
―¡Dios esto es el infierno! ―dice una vez que hubieran pasado unos segundos. Y mirando a los hombres que se encontraban sentados enfrente de su escritorio, mueve la cabeza y se dirige hacia donde están ellos―. Perdonen. ¿Me decías Wesley? ―le pregunta sentándose en el sillón.
―¡Ah, sí claro! Yo, si. ―y apoyando sus manos en el escritorio―. Estuvimos investigando los últimos cambios de energía y tenemos datos que nos demuestran una mayor acumulación de la misma en estos últimos días.
―¿Y qué hay de la profecía Ewan? ―le pregunta Giles preocupado.
―Revisé los archivos del Consejo y la profecía existe. ―entregándole una carpeta―. Es muy antigua para ser sincero. ―y mirando al otro vigilante―. Pero aún no entiendo que tiene que ver el Shanshu en todo esto.
En esos momentos el volumen de la música había descendido considerablemente, casi era como un murmullo lejano que se perdía en la distancia.
―El Shanshu tendrá lugar en un Apocalipsis. ―le contesta Wesley―. Esto nos dice la Profecía de Aberjian que: "Cuando el vampiro con alma haya cumplido su misión se volverá humano" Obtendrá el Shanshu.
―Esa es solo una interpretación. El término es ambiguo. ―le refuta Ewan clavándole la mirada mientras inclina su cabeza―. Nadie sabe lo que en verdad significa. Shanshu: Vida o muerte. El tiro puede salir para cualquier lado. Además sin contar que tenemos a dos vampiros con alma.
―Es un premio. ―le contesta Wesley medio molesto―. No veo como la muerte entra en juego.
―Tal vez el premio sea el perdón y no la vida. ―le contesta sin quitar sus ojos del otro vigilante―. Una muerte sin condena. Eso entra en la categoría premio para un demonio. ―agrega Ewan torciendo sus labios en una mueca sarcástica.
Wesley le dedica una fugaz mirada de costado.
―No vamos a entrar en discusiones sin sentido en este momento. ―los corta Giles al ver la enemistad entre los dos jóvenes―. ¿Pero qué tiene que ver la ruptura del balance que Spike está causando con todo esto?
―Eso me temo Giles, es lo que tenemos que averiguar. ―Wesley hace un silencio―. De alguna forma el Shanshu y el desbalance de energía están relacionados. Desde que Spike se hizo corpóreo de nuevo los cambios energéticos se han ido alterando y estos llegarán a su pico máximo dentro poco más de dos meses. ―y apretando sus labios en un gesto cansado―. Y fue ese el motivo que llamo nuestra atención en su primer momento.
―¿Y tú piensas que es por la existencia de dos vampiros con alma? ―le pregunta Giles acomodándose los anteojos―. Pero esto no tiene lógica como ya te lo dije antes. ―le dice serio―. ¿Por qué no hubo este cambio de energía el año pasado, cuando Spike obtuvo su alma?
―¿Y quién dice que no lo hubo? ―y la pregunta de Wesley cae como una lápida sobre los dos hombres―. El regreso de Buffy alteró la línea de las cazadoras. El alma de Spike pudo haber creado un cambio de energía un desequilibrio en la balanza. Que no lo hayamos notado hasta ahora no quiere decir que no haya existido Giles. ―y elevando la cabeza los mira―. Ya sabes como funcionan las cosas. Por más que peleemos y lo intentemos, por más Apocalipsis que detengamos, el mal seguirá existiendo. Destrúyelo y destruirás al bien consigo.
―Como distinguir la luz de la oscuridad si no hay tinieblas para compararla. ―comenta la voz de Ewan a su lado, mientras sus ojos se hundían en el pasado y mirándolos―. Mi padre solía decirme eso cuando era niño, cuando me negaba a que apagara la luz de mi cuarto. Sonaba más aterrador en esa época. ―agrega encogiéndose de hombros.
―Todo suena más aterrador cuando somos chicos. ―le contesta Wesley frunciendo sus labios―. Supongo que con los años perdemos la inocencia y la capacidad de creer en algo. ―y mirando a su alrededor―. Por eso estamos acá reunidos, en este despacho, jugando a ser dioses e intentando comprender al viento.
―¡Oh por Dios! ¡Esto no está ayudando en nada! ¿Lo sabían? ―les pregunta Giles molesto―. Y no se trata de jugar a ser Dioses Wesley, sino de buscar una solución. Muchas vidas dependen de ello. Sino lo entendiste hasta ahora será mejor que lo vayas comprendiendo. ―y sus ojos se clavan en los del otro hombre.
Se hace un silencio que dura unos segundos, pero que a cada uno se les antoja como pequeños siglos condensados sobre ellos.
―Aún sigo sin comprender del todo. ―dice Ewan quebrándolo. Wesley suspira a su lado.
―Entonces déjame que te cuente una historia. ―le responde Wesley mirándolo―. La cazadora era La Elegida para enfrentar a las fuerzas del mal, pero a cambio debía perder parte de su humanidad aceptando el espíritu y el corazón de un demonio. Esto es balance, es Karma nadie recibe nada sin dar algo a cambio. ―la voz de vigilante se hacía más profunda cada vez que hablaba―. Cuando Ángelus fue maldecido en cierta forma la tortura que significaba su alma era una compensación por las penas y crímenes que cometió en el pasado. ―los otros dos hombres siguen en silencio no se atreven a interrumpirlo―. Pero llega Spike, un demonio y va en busca de un alma. Hace lo que nadie espera y la obtiene. Sin condena, sin castigo. Y esto crea un desbalance una ruptura en la línea, en el equilibrio. ―los observa―. Y de alguna forma abra que compensarla. El mal necesita su cuota y hay que pagársela.
―Entonces Spike muere en la batalla con el primero y el equilibrio es restaurado. ―dice Giles a continuación―. Y Buffy quiebra la línea de las cazadoras… ―murmura Giles confundido para sí.
―Esto no tiene lógica. ―dice Ewan moviendo la cabeza negativamente―. Solo veo puntos para el bien y ninguno para el mal. ¿Dónde está el balance? ―mirándolos a los dos―. Al alterar Buffy la línea de las cazadoras le da más poder al bien por así decirlo y Spike al morir cerrando la Boca de Sunnydale... ―revoleando los ojos―, hace un acto heroico. Otro punto para el bien. ¿Dónde anota el mal?
―Eso es lo que tenemos que averiguar. ―le responde Wesley serio―. En algún punto desde el momento en que Spike obtiene el alma y su muerte sucedió algo que le dio poder al mal. ¿Qué es? No lo sé.
―Bueno Ángel está trabajando en W&H. ¿Por qué no intentas por allí encontrar la respuesta? ―le pregunta Giles acomodándose los anteojos.
―Ángel jamás haría algo de ese estilo Giles. Ni yo tampoco. ―le contesta Wesley ofendido.
―¿Y que hay sobre las cazadoras? ―pregunta Ewan con el ceño fruncido―. A caso insinúas que el poder de la cazadora esta roto.
―No digo eso. ―le contesta Wesley sobándose la frente―. Solo que ha sido fragmentado como en pedazos de un gran espejo. Ninguna jamás será lo suficientemente poderosa como La Elegida. El trato era una. No miles. ―mira a Giles―. Y solo volverá a ser así hasta que volvamos a lo que era, a lo que nunca debería haber cambiado.
―¿Qué ellas morirán hasta que quede solo una? ¿Es eso lo qué insinúas? ―le pregunta Ewan con un dejo de duda en su voz.
―Es probable. Claro que esto no sucederá aquí y ahora, pero ese será el futuro de acá a unos años o cientos, todo depende. ―y mirando de nuevo a Giles―. Y siempre lo supiste, ¿verdad Giles?
Este lo observa detenidamente.
―Era una posibilidad. Pero no creo que debamos ser tan extremistas Wesley. ―le responde serio mientras se restriega con fuerza los ojos.
―Pero tú las vistes pelear, tú conoces su poder. ―insiste Wesley.
―Son débiles. ―le responde la voz de Ewan a su lado―. No logran conectarse al poder que tienen.
―Ves es lo que te digo. ―vuelve a decir Wesley―. Y cuando más sigan surgiendo más se va notar esta diferencia.
―¿Y cuál es tu propuesta entonces? Que entremos al Consejo pongamos una bomba y matemos a todas las chicas. Eso ya lo intentaron. ―le contesta Giles molesto.
―No claro que no. ―Se defiende―. El tiempo se encargará de eso. ―agrega con un tono lúgubre―. Nosotros tenemos otros asuntos en juego y estos son los que me preocupan. Spike no debía haber regresado, pero lo hizo. Y de nuevo el balance está en juego no puede haber don vampiros para una redención. Son como dos destinos interponiéndose uno sobre el otro. Dos realidades confluyendo en una misma realidad. Uno está de más en este juego. ―y tomando aliento―. El destino de Spike era morir venciendo al primero, al regresar altero esa línea. Y Ángel es el único con suficiente poder para restaurarla. Ya que es su propio destino el que está en juego.
―Si, si entiendo. ―dice Giles tomando aliento―. Pero todavía hay demasiados puntos oscuro en esta historia. Debemos seguir buscando. ―Ambos jóvenes asienten con la cabeza―. Será mejor seguir entonces. ―agrega a continuación―. Estos libros nos ayudarán, los saque ayer del Consejo son de máxima seguridad. Acá encontraremos la respuesta.
―Eso espero. ―comenta Wesley serio y mirando la hora―. Será mejor que me marche.
―Yo también. ―dice Ewan levantándose y acomodándose el cabello―. Cualquier novedad yo te llamo Giles.
―Gracias será un alivio. ―le contesta sonriente.
Los tres comienzan a dirigieres hacia la puerta. Giles sale primero seguido de los dos jóvenes. En su camino se encuentran con Andrew que volvía de la cocina cargando un plato con sándwiches y bebiendo una gaseosa con una pajita. Casi se los choca al cruzárselos.
―¡Podrías tener más cuidado por el amor de Dios! ―le dice Giles fastidiado.
―Lo siento. ―Se disculpa apenas sosteniendo el plato entre sus brazos y mirando a Wesley―. Linda corbata.
―Ah, si… Eh… Claro. Gracias. ―le contesta y volviéndose a Giles―. Nos veremos mañana.
―Si claro no te preocupes.
Comienzan a alejarse. Andrew los ve marcharse mientras sigue sorbiendo su gaseosa pensativo.
Interior. Habitación de Spike. Harrow Hotel. Tarde.
Londres. Inglaterra.
Spike se encontraba apoyado contra el respaldo de la cama con la cabeza volcada hacia tras mientras le daba las últimas pitadas a su cigarrillo. Era el tercero que se fumaba consecutivo y una buena colección de colillas se estaba juntando en el cenicero de la mesa de luz. Pero sus pensamientos al igual que su mirada se perdían en algún punto de aquel sueño que con tozudez volvía una y otra vez a su memoria. Una gruesa arruga surca la frente del vampiro, mientras nuevas volutas se deslizan a su rostro. Spike inclina aún más su cabeza mientras deja exhalar el humo de su cigarrillo.
El ruido de las llaves en la cerradura, y el posterior girar del picaporte parecieran producirse en un mundo lejano de los pensamientos del vampiro, que ni siquiera gira para observar a la chica que entra en esos momentos en la habitación. Buffy cierra la puerta tras de sí, sin perder de vista el rostro de Spike. Sus ojos se hunden en el perfil cincelado y en esa mirada distante indiferente a la de ella. Buffy frunce el ceño, y depositando su mercancía sobre una silla, toma una bocanada de aliento y avanza hacia colocarse delante de él.
Spike levanta su vista al notar la sombra que se proyecta sobre su cuerpo. Una tenue sonrisa curva sus labios y se la queda unos segundos observándola en silencio.
―Ya volviste pet. ―le dice a continuación.
―Sí. ―hace un silencio―. ¿Spike qué pasa? ―le pregunta Buffy acercándosele.
―Nada. ―le contesta aplastando la colilla contra el cenicero.
―Claro. ―niega con la cabeza Buffy―. Y por eso estuviste callado todo el día. Esa no es una de tus cualidades.
―¡Hey! Nadie dijo que no puedo hacerlo. ―y mirándola―. No, no es cierto.
―Yeap. ―y apretándose el labio―. Entonces… ¿cuál es el problema?
―Yo.
―Si vas a empezar de nuevo con lo de anoche…, déjame decirte. ―le comienza a reprochar Buffy seria.
―No, nadie va empezar nada. Pero es idiota pretender que nada está sucediendo. ―le dice Spike enderezándose en la cama―. Lamento sacarte de tu isla de la felicidad, luv… pero es así.
―¿Esta es La isla de la Felicidad? Entonces me equivoqué de yate o tomé el tour equivocado. ―se mueve dos pasos enfadada, se detiene lo mira―. No, ya sé. Estoy mal.
―Bueno eso funciona como excusa sabes. ―le contesta Spike clavándole la mirada en la de ella.
―¡Eres jodidamente irritante cuando te lo propones!
―¡Y tú eres jodidamente ciega cuando quieres serlo! ―le dice Spike señalándola con su mano.
―¿Y qué se supone que es lo que tengo que ver? ―le pregunta Buffy cruzándose de brazos―. Dilo. Ya que te mueres por decirlo Spike. Dilo.
―Nada que quieras oír por lo que parece. ―le contesta mientras se levanta. Ambos quedan frente a frente.
―Inténtalo. ―le responde seria.
―Es ese maldito sueño, que no deja de fastidiar en mi cerebro. ―comienza hablar Spike, y mueve su cabeza como queriendo extirparlo de ella―. Por alguna sangrienta razón sé que hay algo allí y por más que busco…, pienso. La maldita cosa que sea se me escapa como un infierno.
―Te entiendo. ―le dice Buffy respirando aliviada. Spike la mira―. Bueno no eres el único que está teniendo sueños locos.
―Pero soy el único que tal vez te lastime con el próximo de ellos. ―le dice Spike con un dejo de preocupación en su voz. Buffy cierra sus ojos.
―No lo harás. ―le dice acercándosele y acariciando su rostro―. Yo lo sé. Aún por loco que te parezca yo confío en ti Spike. ―da un paso más así él―. Siempre.
Los ojos de Spike no dejaban de contemplarla, mientras inclina su rostro en el cual se dibujaba una dulce sonrisa.
―Estamos locos lo sabía, luv. ―le dice rozando su cara con su mano lentamente.
―No se cansan de repetirlo. ―le sonríe.
Spike la atrae hacia él y la besa. Buffy se deja llevar por la caricia y el sabor de sus labios sobre los suyos. De pronto él se separa, la mira y como recordando algo:
―La niña. ―le dice.
―¿Quién? ―le pregunta Buffy desconcertada.
―Los dos soñamos con ella amor. Tú me lo dijiste. ¿Recuerdas? ―la interroga Spike mientras sostiene sus brazos con ambas manos y su mirada se clava en la de ella―. Ella estaba en tu sangriento sueño… ―los ojos de Buffy se dilatan mientras comienza a comprender, él aproxima su rostro un poco más―. Si, ella. Merriam.
―Pero, pero… ―balbucea ella mientras aprieta sus ojos como queriendo invocar la imagen―. Yo pensé que no existía. Qué solo era como esos extraños símbolos de cazadora.
―No ella existe o existió, con Ángelus nunca se sabe pero fue el juguete de esos dos por un tiempo. ―y torciendo su boca―. Dru estaba molesta por esto. La mocosa era cruel, sanguinaria era como cachorrito en las manos de Ángelus. Como…
―Su hija. ―termina Buffy la frase por él.
―Sí.
―¿Y qué pasó con ella? ¿Dónde está ahora? ―le pregunta Buffy viendo el semblante preocupado de Spike.
―No lo sé. ―le contesta moviendo la cabeza―. Ángel y Darla desaparecieron por unos años. Jamás me preocupe por eso y cuando volvieron la mocosa ya no estaba con ellos. Nadie dijo ni pregunto nada. ―Spike se queda unos segundos meditando―. En realidad nunca más volví a recordarla hasta hoy. ―la mira.
―No estoy entendiendo. ―le dice Buffy frunciendo el ceño―. ¿Por qué los dos soñaríamos con ella? ¿Qué es lo que no podemos ver Spike?
―Algo grande no lo dudes, pet. ―le responde el vampiro torciendo sus labios―. Y el peach está involucrado.
―¿Ángel?
―Yeah. Toda la maldita sangre me lo grita. ¿Y qué tiene que ver el pequeño demonio en todo esto? Y si me lo preguntas amor, nada bueno.
―Te creo. ―le dice Buffy acercándosele y apoyando su cabeza en el hombro del vampiro―. Habrá que preguntarle a Ángel.
―¿Qué? ―le pregunta Spike echando su espalda hacia atrás.
―No… bueno yo…, no estoy diciendo que yo. ―Se defiende Buffy. Spike revolea los ojos con fastidio.
―¡Demonios! Está bien lo haré yo.
―Gracias. ―le dice Buffy atrayendo su rostro y besándolo en la boca.
Spike la acerca más contra su cuerpo profundizando el beso. Sus manos comenzaban a recorrer la figura Buffy, mientras sus labios descendían hasta su cuello besando cada centímetro de su piel. En ese momento unos golpes provenientes de la puerta se oyen en la habitación.
―¡Bloody hell! ―exclama fastidiado elevando su cabeza―. ¿Ahora qué?
Buffy emite una leve risita que se pierde en el hombro de Spike, este la mira molesto, mientras un par de golpes más vuelven a resonar en la puerta. El vampiro camina a abrirla atravesando la habitación con grandes zancadas. Buffy aprieta sus labios tras sus espaldas mirando los movimientos del él y se sienta en el borde la cama, en el preciso instante que Spike abre la puerta con un manotazo. Esta se abre y Andrew aparece ante su vista sosteniendo un bolso entre sus brazos.
―Hola. ―los saluda al tiempo que trata de mantener su carga segura.
―¿Andrew? ―dice Buffy sorprendida. Mientras Spike seguía parado en medio de la puerta sin dejarlo pasar.
―¿Qué quieres? ―le interroga levantando una ceja.
―¿Puedo pasar? ―le pregunta mirándolos a los dos alternativamente.
―Pasa. ―le responde la voz de Buffy desde el fondo. Spike blanquea los ojos y se corre de la entrada. Andrew entra sonriendo y depositando su carga sobre una silla.
―Estos libros pesan. ―agrega resoplando.
―¿Libros? ―pregunta Spike examinando el contenido y extrayendo un grueso volumen―. "Profecías Perdidas" ―lo hojea―. ¿Qué haces con esto?
―Los tome "prestados" ―le responde Andrew ampliamente satisfecho―. Giles jamás se dará cuenta.
―¿Giles? ―le interroga Spike y dejando el libro donde estaba―. Muy bien comienza a hablar.
―¿Tendrían agua? ―pregunta Andrew mirando a su alrededor.
―No. ―le contesta Spike―. Pero toma esto. ―y le sirve un vaso con whisky.
―Ok. ―dice este y tomando un sorbo comienza a toser compulsivamente. Buffy agacha la mirada mientras sonríe―. Es cool. ―lo deja sobre el mueble―. Yo este…, yo fui a buscar a Willow pero como ella no estaba, decidí venir aquí. Estos libros son importante para Giles los estaba consultando por el problema de Spike. ―lo mira.
―¿Te los robaste? ―le pregunta este con una semi sonrisa.
―¿Tal vez? ―le contesta estirando con una mano la manga de su remera.
―Bien por ti. ―le dice Spike palmeándole el hombro.
―Gracias. ―le responde Andrew irguiéndose.
―Muy bien machotes. ―dice la voz de Buffy tras ellos―. ¿Estás seguro Andrew qué Giles no te vio?
―No. Se los saqué cuando se fue al Consejo. Y yo juraré y juraré que jamás los vi. ―le contesta sonriendo.
―Es un buen plan. ―le dice Buffy―. Ahora siéntate y cuéntanos todo.
Andrew se sienta en una silla y comienza a relatar todo lo que escucho de la conversación que sostuvieron los vigilantes en el despacho. Y cuando calla los tres se queda observando en silencio.
Tres días después.
Interior. Viejo Cementerio. Noche.
Londres. Inglaterra.
La luna brillaba con un extraño brillo aquella noche, parecía más grande y luminosa que antes, contrastando notablemente con la oscuridad de ese cielo sin estrellas. Y bajo su mirada las criaturas se deslizaban como ha sido siempre, buscando su protección que las cubriera con sus alas de plata.
Buffy y Spike no llevarían más de media hora caminando por entre los viejos mausoleos del cementerio. Esta iba siendo un hábito que les era imposible romper a los dos. Más allá de todo y de ellos mismo, la noche seguía siendo como una madre que los llamaba constantemente con cada nuevo destello de oscuridad. No muy lejos de allí el ruido de otras pisadas atrajo su atención, se miraron por un instante mientras el murmullo se incrementaba en su dirección.
―¡Dios son más ruidosas que un sangriento desfile de elefantes! ―exclama Spike agachando la cabeza mientras exhala una bocanada de humo―. Ya no debe quedar ni un maldito vampiro en kilómetros.
Yeap. ―le contesta Buffy con una sonrisa y mirándolo―. Aunque yo todavía veo a uno.
Spike arquea una ceja.
―Yo soy más difícil de cazar, pet. ―le dice dedicándole una sonrisa mientras se muerde la esquina de sus labios.
Buffy estaba a punto de contestarle cuando aparecieron por el camino un grupo de ocho cazadoras seguidas por dos vigilantes. El vampiro frunce el ceño al verlas y dando una última pitada a su cigarrillo, tira la colilla al suelo la cual aplasta con su pie.
Las cazadoras se paran al distinguir a la pareja en medio de los dos mausoleos la cual la estaban observando en silencio. Más atrás Ewan tuerce los labios mientras le echa una mirada a Richard que había comenzado a rascarse la cabeza nervioso.
Ewan es el primero en moverse hacia el grupo de cazadoras que se miraban entre ellas y parándose en medio les dice:
―Muy bien acá nos dividimos. ―ignorando por completo a la pareja―. Margaret hazte cargo de un grupo, Brenda tú del segundo. Nos veremos dentro de una hora… ―consulta su reloj―. ¿Todas tienen sus armas? ―les pregunta. Las chicas levantan sus estacas, algunas las hacen girar entre sus dedos. Spike emite una leve risita, al tiempo que mueve su cabeza divertido. Buffy lo codea―. Perfecto ya saben lo que tienen que hacer. ―las cazadoras asienten afirmativamente―. Entonces en marcha.
Los dos grupos se forman y comienzan a alejarse perdiéndose por el camino, mientras en el cielo la luna brillaba con mayor intensidad. Richard mira discretamente hacia donde se encontraban Spike y Buffy y encaminándose hacia ellos los saluda con una amplia sonrisa en su rostro.
―¿Patrullando? ―les pregunta tratando de romper el hielo que se filtraba como cristales sobre ellos.
―Esa era la idea. ―le contesta Buffy y mirando hacia ambas direcciones―. Aunque no mucha acción por lo que parece.
―Bueno si últimamente las cosa han estado muy quietas por aquí. ―le informa Richard pensativo―. Es difícil que las chicas encuentren a un vampiro al que matar. ―mira a Spike―. Claro que no deberíamos estar quejándonos de ello…, es que…, bueno, eso quiere decir que lo estamos haciendo bien después de todo.
―¡Idioteces! ―le responde Spike mirándolo serio―. Si en verdad creen que ese grupo de mocosas asusta a alguien… ―hace un extraño silencio―, son más imbéciles de lo que suponía. ―Buffy mira a cada uno alternativamente.
―Esas mocosas como tú las llamas Spike. ―le dice Ewan dándose vuelta y con un tono desafiante de voz―. Son cazadoras y están entrenadas para ser las mejores. ―y mirándolo con una mueca de desprecio―. Y no necesitan probárselo a un…
―No sirven. ―le corta Buffy cruzándose de brazos―. Ninguna sigue sus instintos. Solo están ahí esperando que algo más fuerte y grande las mate. ―los mira―. Yo sé lo que se siente tener todo ese poder. Esa visión de grandeza, pero…, pero no es nada si no te conectas…, sino… ―mueve su cabeza.
―Estamos trabajando en ello Buffy. ―le dice Richard observándola serio―. Solo necesitamos tiempo. Ellas se conectarán. Yo lo sé. Lo harán.
―Los vigilantes y sus grandes palabras. ―le contesta Spike con un dejo de ironía en su voz―. Piensan que por leer sangrientos libros sobre demonios, balbucear algunos conjuros y sentarse en grupo a tomar tazas de té, conocen el poder. ―tuerce su boca en una sonrisa―. Ni siquiera lo rozan. Ustedes no tienen ni idea de lo que hay en cada una de ellas. Los que las mueve, alimentándolas. No saben de su oscuridad, de su soledad… ―mira a Buffy, ella le devuelve la mirada―. De la esencia de la cazadora que reside como una llama quemándola. ―y extendiendo un brazo―. Solo están ahí, patéticos hombrecitos jugando a ser Dioses, tomando ridículas tazas de té, sin comprender nada. ―hace un silencio―. Ni siquiera saben de qué se trata todo esto. ―y sus labios se extienden en una mueca de burla.
―¡Claro que lo sabemos! ―le responde Ewan frunciendo el ceño―. Es sobre responsabilidades, el deber, hacer lo que es…
―No. ―lo corta Buffy―. Es sobre el poder. ―y sus ojos se pierden en la profundidad de la noche.
Los cuatro se quedan callados por un momento, la tensión era lacerante. No necesitaban de más palabras para seguir hiriendo y cada segundo de muda reflexión se precipitaba como infinitas agujas sobre ellos. Richard se movía incómodo. Quería quebrar ese silencio, pero las palabras se negaban a salir de su boca, y mientras más lo intentaba más patética la situación le parecía.
En ese momento el cuerpo de Spike se tensa como si fuera una cuerda lista a vibrar, con el ceño fruncido y concentrado se queda olfateando unos segundos el aire. Buffy nota inmediatamente la reacción del vampiro.
―¿Spike qué pasa? ―le pregunta preocupada, mientras sus instintos se agudizan aún más, siendo ella otra cuerda lista a saltar.
Y el grito de una de las chicas se alza sobre la noche. Es casi como un acto reflejo Buffy y Spike salen corriendo en dirección de donde vino el grito, por un costado del sendero aparecen uno de los grupos de Cazadoras que se topa con ellos. El miedo se percibe en sus rostros.
―¿Dónde están las demás? ―le pregunta Buffy al observarlas.
―No sé, Brenda las llevo por aquella dirección. ―le responde Margaret apuntando con su estaca hacia una parte del cementerio que se perdía tras unas viejas criptas.
―No están lejos, pet. ―le dice Spike que continuaba olfateando el aire.
―Entonces vamos. ―le dice Buffy―. Ustedes sígannos y estén atentas todo el tiempo. ¿Entendido? ―les preguntas, las chicas se miran y miran a Ewan que había permanecido en silencio, este asiente con la cabeza y ellas lo hacen luego―. Muy bien en marcha.
No habrían recorrido uno cuantos metros cuando un grupo de cinco vampiros aparece arrastrando encadenados entre dos de ellos a un par de demonios Borhak, que luchaban tratando de liberarse de las cadenas que los oprimían. La piel gris de los mismos y el color verde esmeralda de sus ojos resaltaba como faroles en medio de esa oscuridad, otorgándole un aspecto aún más dantesco a su casi calva cabeza. La sonrisa del líder de ellos se acentúa al verlos, y levanta una mano como señal, las cadenas que lo aprisionaban caen a sus pies, liberándolos. Y estos se abalanzan sobre el grupo de chicas emitiendo un fuerte gruñido, dos de ellas retroceden asustadas.
―¡No vean sus ojos! ―grita Ewan a sus espaldas―. ¡Susan aléjate de ahí!
Pero es demasiado tarde el demonio la tenía como hipnotizada. La chica deja caer su estaca mientras este avanzaba sin piedad hacia ella y tomándola por el cuello, se lo tuerce dejándola caer al suelo como una muñeca rota.
Los demás vampiros aprovechan el momento para atacarlas.
―No se distraigan. ―les dice Spike mientras golpea con su puño a uno de ellos.
Buffy toma la espada del suelo, y llamando a dos chicas se enfrenta al Borhak. Este se da vuelta rugiendo furioso al sentir los golpes de las cazadoras. Y agarrando a una por el brazo la arroja contra unos arbustos. Sus ojos se vuelven a posar sobre otra chica que queda paralizada al instante. Buffy al comprender lo que iba a suceder salta sobre una lápida y blandiendo la espada le corta la cabeza que rueda por el pasto. La cazadora mueve la cabeza saliendo del trance.
―¿Estás bien? ―le pregunta Buffy.
―Si…, si… ―balbucea―. Lo siento.
―Ok. Aún quedan vampiros. ―le dice Buffy observando el combate.
En esos momentos Spike estaqueaba a uno, mientras a sus espaldas un grupo compuesto por tres chicas llegaba corriendo a toda carrera.
―¿Dónde está Brenda? ―le pregunta Ewan cuando las ve llegar.
―Está muerta. ―le contesta una de las chicas―. Ella, ella nos dijo que volviéramos.
―Este no es el momento para charlar. ―los corta molesta Buffy―. ¿Querían cazar? ―las mira―. Háganlo.
Los cuatros vampiros restantes se enfrentan con las cazadoras, la lucha no dura mucho tiempo. Dos de ellos son reducidos a polvo sin que puedan darse cuenta. Una sonrisa de placer traspasa por el rostro de las chicas. Buffy conoce ese brillo.
El Borhak vuelve a atacar, sus ojos se volvieron más luminosos hechizando a dos cazadoras bajo su poder.
―¡Spike! ―le grita Buffy.
Este ve la escena y golpea al demonio, haciéndolo trastabillar. Un vampiro aprovecha la distracción y ataca a unas de las chicas drenándola por completo. Las otras dos se reponen, una de ellas alza su estaca y se la clava al vampiro. El último de ellos intenta huir pero es interceptado por una cazadora que lo golpea mandándolo al piso en donde lo estaquea.
El Borhak ruge furioso. Un nuevo grupo de cinco vampiros surge desde las sombras. Todos se dan vuelta para ver la nueva aparición.
―No se distraigan. ―les grita Buffy―. Sigan sus instintos.
Una nueva lucha se cierne sobre ellos. Las chicas se preparan listas para el combate, los golpes de puños, las patadas, la violencia se mezcla como una danza mortífera y sensual en el medio del cementerio, en medio de esa noche donde la luna brillaba más fría y clara en el firmamento.
El Borhak ataca sin piedad, golpeando y recibiendo golpes es la furia desatada. Se da vuelta y se lanza sobre una cazadora que acababa de estaquear a un vampiro. Ella ni se da cuenta de las manos que la sujetan por la garganta hasta rasgársela por completo. Un nuevo rugido se desliza en la noche.
Dos chicas se enfrentan en su camino, evitando su mirada. Spike más atrás estaquea a otro vampiro. El demonio enviste contra ellas como fiera desatada en medio del infierno. Las cazadoras lo golpean hiriéndolo, este aúlla de dolor, sus ojos relampaguean aún más en la noche y en medio de su furia, toma el brazo de una de ellas y lo mueve violentamente, quebrándolo. Un grito de dolor se escapa de la garganta de la chica.
Margaret observa horrorizada, golpeándolo antes de que pueda acabar con su víctima. Este se mueve furioso, y la golpea con unos de sus brazos, la chica cae en el suelo. En ese momento Spike aparece y dándoles dos certeros golpes con sus puños lo aleja de ella. La cazadora se para de inmediato, el Borhak luce mareado, ella se le acerca por la espalda y agarrándolo por el cuello lo tuerce hasta quebrárselo por completo, cayendo hacía atrás por el peso de su carga. Spike se le acerca.
―¿Estás bien pet? ―le pregunta al tiempo que le tiende una mano. Ella se lo queda mirando y asiente con su cabeza. Agarrando su mano.
―Gracias. ―le dice Margaret con una sonrisa.
―Eres buena. ―le comenta Spike mirándola―. Esas cosas son difíciles de matar. ―agrega observando en dirección hacia el cuerpo ya muerto del Borhak.
―Tú también lo eres. ―lo mira―. Seguí mis malditos instintos ¿No es lo que nos decías?
Spike le sonríe, mientras la mira de costado y observando la pelea.
―Aún no termina. ―le dice señalándosela.
Los últimos vampiros eran reducidos a polvos en esos instantes. Las cazadoras sobrevivientes se miraban entre ellas, una de ellas ayuda ponerse en pie a una chica con el brazo visiblemente roto. Richard no salía de su estupor.
―No es posible. Esto no está sucediendo.
Buffy lo observa en silencio y mirando al grupo compuesto por solo cuatro chicas les dice:
―Es mejor que volvamos. Ya no hay nada aquí.
Y comienzan alejarse por el camino, cargando en sus mentes la muerte de las cazadoras. Mientras el vigilante se queda en medio del claro del cementerio mirando la noche sin comprender, murmurando esa única y estúpida palabra.
―No puede ser. No puede ser.
Ewan lo toca apoyando su mano en el hombro y con un gesto de tristeza en sus ojos le susurra.
―Vámonos Richard. Vámonos.
El otro lo mira en silencio y es todo lo que hace.
Un día después.
Exterior. Hight street. Noche.
Londres. Inglaterra.
Las luces de las casas se colaban por los verdes jardines iluminándolos, proyectando entrañas formas sobre la vereda. Más a lo lejos el aullido de un perro se entremezcla con la música y voces que provenían de las cuadra vecinas.
Unos hombres salen en esos momentos de una de las viviendas, se quedan un rato más charlando en la entrada. Bajo la luz del hall sus rostros se divisan preocupados, hasta sus voces adquieren un tono más pesado y casi lento. Se miran por última antes de despedirse.
Dos de ellos comienzan a caminar por la vereda descendiendo, más atrás el otro hombre cierra la puerta. La luz de la entrada se apaga de inmediato, seguida por la de una habitación. Mientras los dos hombres cruzan la calle conversando.
Y cuando habían avanzando casi media cuadra, la colilla del cigarrillo cae insolente delante de ellos. Ambos se detienen. Ángel la pisa, y elevando su cara se encuentra con la figura de Spike apoyado indolente sobre el capo de un auto, que lo estaba observando con la cabeza levemente inclinada hacia un costado.
―Bájate del auto Spike. ―le dice la voz de Ángel molesto.
―¿Qué ya terminó la reunión en la Baticueva? ―le pregunta Spike dirigiendo su mirada al departamento de Giles apenas iluminado―. Ahora tú y el joven maravilla, ―mirando a Wesley―. pueden rodar por Londres en busca de los chicos malos, en su pequeño Batimovil. ―termina la frase mientras golpea con sus nudillos la puerta del auto.
―¿Qué es lo que quieres? ―le pregunta Ángel cruzándose de brazos―. Y ya te dije que no toques mi auto.
―¿O qué? ¿Piensas paralizarme con el poder de tu mirada? ―le interroga torciendo sus labios. Ángel lo mira―. Tenemos que hablar tú y yo. ―le dice a continuación Spike poniéndose serio.
Ángel observa primero al vampiro que no le quitaba los ojos de encima y girando su cabeza se dirige al vigilante que había estado en silencio todo ese tiempo.
―Te veré en el hotel Wes. ―le informa―. Más tarde hablaremos. ―y observando a Spike agrega―. Tranquilos.
Spike les dedica una torcida sonrisa desdeñosa.
―Como quieras Ángel. ―le dice este―. Yo estudiaré estos informes. ―agrega moviendo unas carpetas que llevaba en los brazos y comienza a avanzar hacia el coche.
―¡Wes! ―lo llama Ángel. Este se da vuelta―. Las llaves. ―le dice y se las arrojas, las cuales el vigilante baraja en el aire.
―Si por supuesto. ―murmura Wesley sosteniéndolas y cuando iba a introducirlas se encuentra con que Spike seguía cómodamente apoyado sobre el Viper. Se lo queda mirando. Este se levanta extendiendo sus brazos.
―Es todo tuyo amigo. ―le dice al tiempo que se aleja dos pasos del auto.
―Nos veremos más tarde. ―agrega Wesley dándose vuelta para observar a Ángel, e introduciéndose en el auto arranca no sin antes echar un último vistazo sobre los dos vampiros.
―¿Cómo sabías que ese era mi auto Spike? ―le pregunta Ángel una vez que el Viper amarillo se perdiera en una esquina.
―Tiene tú maldito estilo, además de tu olor. ―mirándolo de reojo―. Y ninguno me gusta. Y lo había visto antes en W&H, eso también ayuda un poco.
―Bien ahora que ya terminaste de jugar al detective Spikey. ―le dice Ángel con una sonrisa torcida en sus labios―. ¿Qué se supone que sigue? Pensé que estarías tras las faldas de Buffy. Ella es una chica inteligente…, solo hay que darle un poco de tiempo y olvidará toda esta locura. ―agrega oscureciendo su mirada.
―¿Ese es tu brillante plan? No te emociones peach. ―le contesta Spike avanzando hacia Ángel―. Esta con la roja. Me está esperando para cuando termine contigo. ¡Auch! ¿Eso debe doler? ―le dice frunciendo sus labios en una mueca burlona.
―Eres un imbécil William. No has cambiado nada.
―Mírate entonces. ―le responde el vampiro rubio mirándolo de arriba abajo―. Sigues escondiéndote tras la maldita fachada del héroe, pero sales huyendo ante la primera tormenta.
―Tú no sabes nada de mí Spike. ―le dice Ángel molesto.
―Tú tampoco me conoces peach. ―le contesta Spike apuntándolo con el dedo.
―¿Qué quieres? ¿Por qué volviste? ―le pregunta el moreno mientras no deja de observar al otro vampiro.
―Lo que quiero no te importa. ―le contesta seco―. Solo busco una respuesta. ―lo mira de costado.
―Habla claro. No tengo ganas de estar perdiendo mi tiempo contigo. ―le dice Ángel avanzando dos pasos.
―Muy bien. ―le responde Spike apretando sus labios―. Me preguntaba que había sido de la pequeña demonio…, ―hace un silencio malicioso, a su lado el otro entorna su mirada―. ¿Cómo es que se llamaba? Déjame recordar… ¡As, si! Merriam. ―lo mira. Ángel se pone serio de repente.
―Estas loco Spike ¿lo sabías? ―le dice Ángel mientras se comienza alejar.
―Es una simple pregunta Ángel. ¿Por qué no me das una maldita respuesta? ―le pregunta la voz del otro vampiro a sus espaldas.
―Muérete. ―le contesta Ángel alejándose.
―Ya estoy muerto…, ¿lo recuerdas? ―y siguiéndolo―. ¿De qué huyes?
Ángel se detiene en seco, se da vuelta y lo enfrenta.
―Lo que quieres saber Spike no lo sé. ―y torciendo sus labios―. Así que si esto es todo, acá terminamos Sherlock.
―Mientes. ―le dice Spike acercándosele, sus rostros quedan a tres pasos de distancia―. Tú lo sabes, yo lo sé. ―agrega con una mueca burlona en la comisura de sus labios.
―Aléjate de mi vista. ―le dice Ángel dando un paso al costado.
―¿O qué? ―lo hostiga poniéndose enfrente de nuevo.
―Mírate eres tan patético Spike. ―y una sonrisa burlona comienza a adueñarse del rostro del moreno―. No eres mejor que yo lo sabías. Sigues gimoteando como el pequeño Billy.
La mirada de Spike se endurece.
―Mira quién habla. El gran Ángelus que ya no es tan grande desde que tiene su alma. ―y frunciendo sus labios―. ¡Jamás pudiste vivir con ella!
―¡Ya cállate! ―lo corta Ángel al tiempo que golpea al otro vampiro en el rostro haciéndolo volar contra una pared. Spike emite una leve risita.
―¿La maldita verdad duele no? ―se levanta―. Por eso la perdiste. Esto de ser vampiro era una simple excusa, ya la odias desde antes. ―acercándosele―. Y sigues llorando por ella. Aún no te acostumbras a sentirla dentro de ti quemándote. ―lo golpea con su puño, el otro cae unos metros más atrás sobre la vereda, pero rápidamente se levanta. Ambos se estudian por unos segundos antes de que los golpes de puño y las patadas vuelen sobre ellos.
―Eres igual o peor que yo Spike. ―le dice Ángel mientras lo toma por los brazos y lo estrella contra un muro, y sosteniéndole le dice―. Aún continuas llorando, claro que cambiaste de chica primero fue Drusilla y ahora es Buffy. ―hace un silencio, Spike se mueve violentamente intentando soltarse―. Deberé tener cuidado de poner mis ojos en otra mujer porque de seguro figurará en tu miserable lista.
Y un golpe de puño de Spike es la respuesta que recibe Ángel, mientras se intenta levantar del suelo a donde fue a parar.
―Ya te vencí una vez. Y puedo hacerlo de vuelta. ―le dice Spike acercándosele, lo sujeta por el cuello hasta levantarlo―. ¿Piensas que el alma es lo peor que puedes perder? No, no lo es. ―lo golpea.
Ángel trastabilla, recibe otro puñetazo en el rostro y logra apenas esquivar el siguiente. Se observan, con un rápido movimiento Ángel sujeta a Spike haciéndolo volar por el aire. El cuerpo del vampiro cocha estrepitosamente contra el techo de un auto hundiéndolo por partes. Ángel se le acerca, pero una patada en pleno pecho lo manda de nuevo contra el suelo de la vereda. Spike salta a unos centímetros de él.
―Aún sigues pensando en Buffy. Eres incapaz de ver más allá de ella ¿No William? ―le dice mientras se levanta limpiándose la sangre de sus labios. La risita burlona de Spike es su primera respuesta.
―No se trata de perder a una chica. ―se le acerca, los dos se mueven como fieras―. Se trata de nosotros. De lo que somos. ―da un paso más, sus rostros casi podían tocarse―. ¿No lo ves? ¿No lo comprendes? ―y la mirada burlona se clavaba en el rostro del otro vampiro que continuaba serio observándolo―. En el fondo siempre supiste la respuesta ¿no? ―le pregunta Spike mordiéndose la comisura de su labio.
―¿A qué estás jugando Spike? ―le pregunta Ángel torciendo sus labios.
―¿Y a qué demonios está jugando tú… Ángel? ―e inclinado su cabeza―. Y aún no me contestas. ―lo vuelve a desafiar―. Entonces te lo diré.
―¡Ya basta! ―lo corta Ángel empujándolo. Spike vuelve a sonreír.
―Vuelves a meter la cabeza en el pozo peach, pero eso no cambiará nada. ―le dice mientras mueve su cabeza negativamente.
Ángel se detiene en seco y sin volverse.
―Entonces dilo Spikey. ―se cruza de brazos. El otro vampiro lo mira.
―Esto no se trata de mi maldita alma o de Buffy. Se trata de ti. ―hace un silencio―. Del súper héroe y esa imagen de mártir de cargas sobre tus hombros. ―Spike avanza dos pasos―. ¿Cuántos años han pasado? ¿Cien? En realidad no importa, porque estás enamorado de ella, ese sufrimiento es el que te hace ser Ángel. No Ángelus, no Liam. ―inclina su cabeza y mirando hacia un costado―. Y jamás lo dejarás.
―No sabes nada. ―le contesta Ángel dándose vuelta.
―¡Oh claro que sé! ¡Tú me enseñaste a entenderlo! ―lo mira―. Pero a diferencia de ti, no me revuelco en mi miseria. Yo lucho es lo que hago.
―Yo también se luchar Spike. ―le dice Ángel avanzando―. Y a veces tienes que dejarlos ir… es lo mejor.
―Dudo que Buffy esté de acuerdo con eso. ―le contesta Spike mirándolo de reojo.
―No hablo de ella. ―le dice Ángel molesto.
―¿De quién entonces? ―le interroga Spike frunciendo el ceño, sin perder detalle del rostro del vampiro.
―Olvídalo. ―le contesta―. Será mejor que…
Y en ese momento se oye como un fuerte crujido. Las hojas de los árboles comienzan a agitarse sobre ellos, algunos vidrios se quiebran esparciéndose por la vereda, mientras el piso empieza a temblar bajo sus pies.
Continuará...
