Hola a todas mis Spuffy de corazón, les quería decir que acá comienza un quiebre en el fics, desde ahora esto será una montaña rusa de emociones y angustia hasta que nos acerquemos al final. Las advertencias ya saben están colocadas en el primer capítulo. Sí, desde ahora seré una chica muy mala y me gusta serlo. Muahahahaha
Un gracias especial a mi lectora fiel Belén aka Moonlightgirld86
Ya saben cualquier duda o comentario, siempre es bien recibido. Los quiere...
Lady Maren
DECIMOCTAVA PARTE
Interior. Sala de entrenamiento. Nuevo Consejo. Mañana.
Londres. Inglaterra.
Los hombres se encontraban reunidos en un extremo del salón hablando entre ellos. El clima de tensión se percibía en sus semblantes, en sus gestos contenidos y en lo nervioso de sus ademanes. En donde cada mirada, cada nueva palabra comenzaba a cobrar vida propia.
Apartadas y sentadas silenciosas sobre las gradas, el grupo de cuatro cazadoras miraban hacia el sector en donde estaban los vigilantes. De vez en cuando charlaban en voz baja entre ellas, pero la mayoría del tiempo permanecían calladas. Sus ojos se cruzaban en mudas interrogaciones, en silencios contenidos por el miedo, a que cada nueva palabra borrase de un plumazo la endeble columna en donde anidaban sus esperanzas.
Ewan se recuesta aún más sobre la pared. Una parte de su roja cabellera cae sobre su frente, mientras sus ojos no dejan de observar los movimientos casi monótonos que Richard le impone a una de sus manos, con la que no deja de refregar su brazo. La voz de Giles hace que levante su vista para mirarlo. Este le devuelve la mirada y girando su cabeza la dirige hacia el grupo de jóvenes que los aguardaban en las gradas, lo vuelve a observar. El movimiento solo dura un segundo, pero es lo suficientemente enfático y revelador para que el joven se dé cuenta por la lucha interna por la que está atravesando el otro vigilante.
―¿Y cómo están ellas? ―pregunta Giles con la mirada perdida en medio de los dos hombres.
―Asustadas, nerviosas… furiosas. Creo que ni ellas mismas tienen una real dimensión de sus emociones. ―le contesta la voz tranquila de Ewan―. Todo ha sucedido demasiado rápido… ―y observándolo―, todavía no han procesado la mitad de lo que sienten… supongo que…
―Llevará su tiempo. ―concluye por el Giles, el joven asiente con la cabeza haciendo a su vez una extraña mueca con sus labios―. Pero ignorar el problema no nos ayudará, ni a ellas ni a nosotros. ―y sus ojos se posan por un segundo en el otro hombre, mientras agacha la cabeza en un gesto cansado―. Las cosas se están saliendo de proporción últimamente y yo...
―Las cosas estuvieron fuera de proporción siempre. ―le corta casi de inmediato Ewan, y ante la mirada seria del vigilante―. Lo siento Giles. Sé que no es lo que quieres oír, pero es el momento de enfrentar la verdad. ―hace un silencio y tomando un amplio aliento―. Jamás tuvimos el control de nada. Sólo estábamos jugando a poseerlo como niños. Pero la realidad nos golpeo y derrumbo como barajas de naipe la otra noche. Y… y ahora, solo nos queda levantarnos y contar las bajas. ―y finalizando con una mueca torcida en sus labios―. No es agradable de oír, lo sé. Pero es lo único que hay. Lo único que tenemos.
Se hace un pequeño silencio entre los hombres. Giles se soba la frente mientras se acomoda una vez más en lo que va de la mañana sus anteojos. Ewan no aparta la vista del suelo, mientras un nervioso y asustado Richard los observa con cierto dejo de alarma en su rostro. Y es más de lo que puede resistir, y los diques que lo estuvieron sosteniendo estos dos días se derrumban inexorablemente a sus pies.
―¿Esto es todo? ―pregunta alarmado con una voz casi estrangulada―. ¡No! Me niego a pensar que esto es todo.
Los dos hombres se dan vuelta para observarlo. Este levanta su vista y las clava en ellos. Por un momento deja de ser ese manojo de nerviosos en que se convirtió en estos días, y una luz extraña y nueva brilla en el interior de sus pupilas. Y señalando al grupo de chicas que continuaban sentadas en silencio en las gradas dice.
―Yo no volveré ahí, y les diré a ellas que sus vidas no son nada. Que nada podemos hacer para ayudarlas, que todo esto no es más que una estúpida y horrible farsa.
―¡Richard por favor! ―le dice Giles―. Nadie... nadie pretende que…
―No Giles. No ahora. Te escuche en silencio… ―e irguiendo su cabeza lo enfrenta―, ahora me toca hablar a mí. No crean que no me doy cuenta que tienen razón, que ellas, que ellas no están listas. Pero no las dejare. No me esconderé en mis miedos… ―su voz se vuelve a entrecortar―, no hoy. Las ayudare en todo lo que pueda. Soy su vigilante, es mi deber. Es lo que tengo que hacer. ―y en esta última frase muere todo el aplomo que Richard intenta imprimir en su voz.
Ewan le apoya una mano sobre el hombro, y le dice:
―Es lo que haremos. Es lo que somos… ― se miran entre ellos―. Sus vigilantes.
―Nunca dejaremos de serlo. ―agrega Giles mientras se restriega un ojo con su mano―. Aunque a veces los sentimientos nublen nuestro camino.
Un nuevo silencio, desciende sobre ellos. En esos momentos un ruido de voces se comienza oír acercándose hacia el salón de entrenamiento. Estas no dejan de tener un tono duro, y estar formadas por palabras cortas y precisas. Ellos giran su rostro en dirección de las mismas, en el preciso instante, en que un grupo de cuatro hombres ingresa en la habitación. Vestidos con trajes, tres de ellos con carpetas en manos y el ceño adusto, barren con su mirada el ambiente hasta encontrar lo que buscaban. El hombre que encabeza la comitiva, les dirige una mirada, mientras sus labios se tensan más en un rictus de reproche. Y con paso firme se acercan a ellos.
―Por lo que veo Richard, el Consejo deberá replantearse su política de entrenamiento. ―dice una vez a su lado, con una voz distante y calculada y mirando de soslayo al grupo de cazadoras―. Eso claro esta, si primero son capaces de conservar a las jóvenes con viva. ―y volviendo a dedicarles su mirada―. Una tarea para la que supuestamente estaban ambos capacitados.
―Albus este no es el momento de que el "Selecto" comité del Consejo venga a… ―le corta medio molesto Giles.
―¡Ah, no te parece apropiado Giles! ―gira su cabeza y con una torva sonrisa―. ¿Entonces según tú vasta experiencia cuando? No recuerdo que hayas hecho un excelente trabajo con tu cazadora. ―los ojos de Giles fulguran de la indignación, el otro hombre lo ignora y golpeando su lengua contra el paladar―. ¿A propósito donde está?
―Buffy, ella esta… bueno, ella decidió no trabajar más aquí. ―le informa luego de un tiempo.
―Si puedo observarlo. ―le contesta el otro desviando la mirada―. Pero me temo que pecas de impreciso Giles. ―y chasqueando sus dedos extiende una mano, uno de los hombres que había permanecido en silencio le entrega una carpeta―. Como verán, si algo caracteriza al Nuevo Consejo es que sabemos mantenernos informados. ―y ojeando unos papeles―. Tu cazadora tampoco vive más en tu casa por lo que tengo entendido… ¡ah, si! ¡que pintoresco! Decidió vivir en un hotel junto con su amante. ―cierra la carpeta de golpe.
―¿Qué es lo que quieres? ―le pregunta Giles mordiendo las palabras.
―Ayudar. ¿No es lo que queremos todos? ―le contesta con un dejo de sorna en su voz.
―Dudo que sepas lo que significa esa palabra. ―le espeta Giles indignado.
―No viene aquí a discutir mis capacidades de interpretación semántica contigo. Sino a poner orden en esta especie de mala comedia en que se convirtió esta… digámosle clase de entrenamiento.
―¡Este es mi grupo Albus! ―le dice Richard saliendo de su mutismo.
―Medio grupo diría yo. ―le contesta el otro con una mueca despectiva en sus finos labios―. Y de seguir así dudo mucho que en un par de días nos honres con tu presencia.
―¿Es una amenaza? Porque puedo cuidarme solo perfectamente y también a las chicas. ―le dice Richard avanzando un paso.
―Si excelente trabajo están haciendo acá los dos. ―le responde el hombre con un brillo de placer en su mirada, y desviándola hacia Ewan―. No creo que tu padre comparta la misma visión de un trabajo bien hecho Ewan. ―le sonríe. El joven da un paso al frente. Giles lo detiene poniéndole una mano en el pecho.
―¡Deja a mi padre fuera! Si el Consejo tiene algún problema con mi desempeño, que sea conmigo con quien lo arregle. ―le dice serio Ewan.
―¡Grandes palabras, realmente grandes! ―lo mira a los ojos―. No pierdas cuidado así será. ―le contesta y extrayendo un papel de su carpeta―. Desde hoy estoy asignado como Observador de sus métodos de entrenamiento. ―y entregándole un papel a Richard―. Como verán, los documentos están en regla. No pienso que haya problemas con ellos.
Richard ni si quiera los miró, y se los devuelve como si estos quemaran ente sus dedos.
―¡Observador! ―dice sarcástico Ewan―. ¿Qué es esto una intervención? ¿O es la nueva forma que conoces para esconder tus intenciones?
―Piensa lo que quieras McDryden, pero las cosas se les están…, bueno a decir verdad, ya perdieron la perspectiva de sus deberes y responsabilidades hace tiempo. ―y mirándolos a todos―. Ahora es necesario un poco de limpieza y orden.
―¡Jesús misericordioso, esto es patético! ―exclama Giles moviendo de un lado a otro su cabeza.
El hombre ignora por completo el comentario del vigilante. Y desviando su cabeza hacia el grupo de cazadoras las observa con el ceño fruncido por un instante.
―Muy bien. ―los vuelve a mirar―. El grupo parece interesante. ―dice un minuto más tarde, como cometario a su análisis―. Mal entrenado, pero interesante. Y hablando de entrenamiento. ¿No se supone que estamos en una clase de ese tipo?
―Es lo que pretendíamos hacer hasta que alguien, vino a interrumpirnos. ―le contesta Ewan arrastrando las palabras.
―No pretendan. Solo háganlo. ―le responde golpeando con la yema de su dedo sobre el pecho del joven. Y la cara de este se confundió con el color de su cabello―. Como se supone que también tendrían que estar investigando el terremoto de anoche.
―¿No eres el experto Albus? ―le dice Giles inclinando levemente su cabeza―. Pensé que ya tenías todo bajo control.
El hombre le dedica una fugaz mirada.
―En eso estamos. Tengo a mi grupo investigando este fenómeno, por los primeros reportes solo duro unos cuantos minutos y la magnitud del mismo no fue de gran consideración. ―y sobándose el mentón―. Pero no deja de ser curioso el número de sucesos extraños que se han ido sumando en este tiempo. Todos tienen como epicentro la ciudad de Londres. ―Los otros tres hombres se miran entre ellos. Albus ni siquiera lo nota, tan ensimismado esta en sus propias cavilaciones―. ¡Es extraño! Hay algo de paranormal en esto. Primero una granizada a nivel mundial, el incremento de actividad demoníaca es muy alta en todas partes, y ayer este temblor. ―los mira―. Hoy me llegaron informes de que hubo uno reciente en Paris y más tarde en Roma.
―Bueno yo creo que el Consejo apreciara tu sabia experiencia, en resolver este misterio. ―le dice Giles con un dejo de sorna en su voz.
―No dudes que lo haga. ―le contesta Albus expandiendo sus finos labios en lo que quiso ser una sonrisa―. Mientras tanto ustedes concéntrense en mantener los intereses del Consejo con vida.
―Son jóvenes, seres humanos. No intereses. ―le retruca Richard molesto.
―Interesante observación recuérdala más a menudo. Y así tal vez la próxima vez que salgan de cacería no haya bajas en su grupo. ―inclina su cabeza en forma de saludo y se da vuelta marchándose. Y cuando está por llegar a la puerta se para en seco, sin voltearse alza la voz y dice―. Mañana a la 7 AM. Temprano por favor caballeros. ―abre la puerta y sale, el grupo de hombres silenciosos que lo seguían salen con él.
Los tres hombres se quedan como piedra en un sector del Salón. Un viento huracanado había atravesado el salón y estaban tratando de asimilar lo ocurrido. Giles es el primero en romper el silencio.
―Debemos apresurarnos, no tenemos otra opción.
Los otros dos asienten con sus cabezas.
Interior. Biblioteca del Nuevo Consejo. Mañana
Londres. Inglaterra.
Los grandes ventanales de la biblioteca dejaban filtrar los rayos de sol de la mañana, mientras un silencio más antiguo que los sueños dormía en cada sector, en cada estante de la misma.
Los ojos del hombre se posan por los gruesos lomos, buscando detenidamente los ejemplares que necesita. Un dejo de frustración comienza a perfilarse en su semblante a medida que transcurre el tiempo y no encuentra lo que buscaba. Mira hacia todos lados, pero nadie se encuentra en ese sector de la biblioteca. "¡Maldición!" exclama para sí.
De repente unos pasos interrumpen en el lugar. Un hombre entra, se escucha nítidamente desde su posición el correr de la silla, y el ruido de libros cayendo sobre la mesa. El otro vuelve a mirar sobre su hombro, pero sigue estando solo allí. Este quita un volumen del estante, el cual le permite ver como por una ventana al hombre sentado de espaldas a él en la amplia sala. La roja cabellera de Ewan cae por parte sobre la mano que descansa acodada sobre la mesa mientras ojea unas notas.
Andrew se lo queda mirando detenidamente por un par de segundos. Y justo en el tiempo exacto en que vuelve a colocar en libro en su lugar, es cuando Ewan decide voltear la cabeza hacia donde él se encontraba observándolo. Un golpe fuerte de su corazón se extiende por todo el pecho del joven. El otro vuelve la mirada a sus libros, con una mano alcanza el más cercano. Andrew frunce el ceño desde su escondite. Los segundos se agolpan asesinos en el ambiente, el ruido de la birome deslizándose sobre el papel lo cubre todo. Y tomando un profundo aliento sale a su encuentro.
Ewan no lo siente llegar, tan concentrado está en la lectura, solo cuando una tenue sombra se pone sobre él, es cuando levanta la vista del libro. Una ceja se arquea casi al instante cuando observa por primera vez al joven a su lado. Este le esta sonriendo tontamente, mientras repasa con sus dos dedos parte de la mesa.
―¿Sucede algo? ―le pregunta Ewan al ver que el otro nada decía.
―No. ―y mirando los libros―. Solo me preguntaba si este lugar estaba ocupado. ―le dice mientras movía la silla de enfrente.
Ewan lo mira en silencio. Mira el amplio salón vació, y la larga mesa que se extiende ante ellos, lo vuelve a observar, y extendiendo sus labios en una sonrisa:
―No, creo que no. ―y volviendo su vista a sus informes―. Aunque no veo que traigas ningún libro.
―¡Ah, si claro! ―balbuce Andrew nervioso, y lanzando una mirada hacia el estante donde había estado antes―. Yo lo deje allá junto con mi bolso. ―el otro solo lo observa, y señalando el sitio―. Yo… ahora vuelvo. ―y sale corriendo. Ewan menea la cabeza mientras se acomoda parte de su cabellera.
Andrew recoge su bolso, que había dejado caído en el suelo. Mira con desesperación ese sector de la biblioteca y manotea un libro al azar, lo envuelve con sus brazos y exhalando un gran suspiro encamina sus pasos hacia donde se encontraba sentado el otro joven.
Una sonrisa triunfal se apodera de su rostro cuando llega, y corriendo la silla se sienta a su lado. Ewan levanta la cabeza para observarlo, y reparando en el libro que había traído arquea la ceja aún más en su rostro.
―¿Demonios, Dioses y las Dimensiones Alternas, eh?
―Bueno yo, este… ―comienza a tartamudear―, como vigilante… en entrenamiento por ahora, aunque Giles y muchos olviden ese detalle. Necesito prepararme. Y este, uno bueno debe estar preparado para cuando estas clases de seres quieran atacarnos. En un futuro claro.
―Interesante. ―le contesta Ewan volviendo sus ojos a sus apuntes.
Andrew se acomoda un poco más en su asiento, y observando la pila de libros
―Estos son muchos libros. ―le dice señalando los numerosos volúmenes que rodeaban al joven vigilante.
―Sí, lo son. ―le contesta sin apartar la vista de su lectura.
―¿Y los estás leyendo todos en este momento? ―le pregunta mientras alza dos de ellos y les mira la tapa. Frunce el seño y los vuelve a dejar en su lugar.
―Leyéndolos a todos no, consultándolos sí. ―y mirándolo―. ¿Por qué, acaso necesitas alguno? ―le pregunta mientras se corre un mechón de su cabello con el extremo superior de la birome.
―No, no. Yo solo estaba observando. Este de los Códigos y las profecías parece cool. ―le dice a continuación Andrew mientras lo hojea detenidamente.
―Si bueno, son complicadas de entender. No solo por el idioma en que están escritas, que es un acertijo de por sí, sino por las múltiples interpretaciones que a veces ocasionan, hay demasiado uso de palabras ambiguas. ―hace una mueca de disgusto―. Hay hasta estudios hechos recientemente sobre la más correcta forma de interpretarlas. ―y apuntando con su cabeza hacia un sector de la biblioteca―. Estantes del uno al cinco. Ahí encontraras miles de guías para la buena traducción de las mismas. ―y torciendo aún más sus labios―. O es lo que dicen.
―No pareces confiar mucho en las guías. ―le dice Andrew al observar la expresión en el rostro del otro joven.
―No, no mucho. ―Sus ojos se oscurecen por un momento―. A decir verdades lo único que estoy seguro… lo único con lo que cuento, está acá. ―agrega señalándose con su dedo su cabeza, mientras se da pequeños golpecitos en la sien―. El verdadero poder, te lo da lo que quieres, lo que eres capaz de hacer. El día que dejes de utilizar esto ―se vuelve a tocar su cabeza―, estos libros solo no serán más que un montón de inútiles hojas. Eres tú y nadie más que tú, el que le da sentido a las palabras. ―y moviendo su cabeza al tiempo que sonríe―. Pero claro no viniste acá para escucharme decir eso, sino para aprender de "Demonios, Dioses y las Dimensiones alternas" ―le dice levantando la tapa del libro que Andrew había traído.
―¡Si, es cool! Eso de seres perdidos en otras dimensiones buscando volver. ―hace un silencio―. Un poco preocupante, pero cool. ―le sonríe―. ¿Crees que ellos tengas también miles de profecías que intentan interpretar? Podríamos formar como una Organización Interdimensional de Interpretaciones Proféticas.
―Si supongo. ―le contesta Ewan, y arrastrando el libro que este miraba hacia él―. Si me permites necesito consultarlo―. Andrew sigue sin soltarlo, y se quedan forcejeando por un segundo. Ewan lo observa interrogante―. ¿Sucede algo?
―No, no. Claro toma. ―le dice entregándole de golpe el libro―. Yo, este, tengo que leer… ―abre el suyo―. Si aquí. ¡Woow! Esto se ve… wooow. ―y sacando una libreta de apuntes se pone a tomar un par de notas en ella.
Los minutos pasan como agua mientras cada uno sigue concentrado en su lectura. De vez en cuando Andrew mira de costado a Ewan que parece no notarlo. Un hombre entra en ese momento a la sala y observando al vigilante se dirige hacia él.
―¡Ah! Acá estás. ―le dice una vez a su lado―. Te estaba buscando Ewan. ―comenta sin dejar de mirar de reojo a Andrew. Ewan levanta la cabeza de sus apuntes.
―¿Qué sucede George? ―le pregunta dirigiéndose al hombre que acababa de llegar.
―Necesito hablar contigo. ―hace un pequeño silencio y dando una mirada de soslayo a Andrew, agrega―. A solas.
Ewan suspira y pasándose una mano por la frente.
―Está bien, espera un momento. ―le dice mientras cierra algunos libros y guarda sus anotaciones.
―No te quitare mucho tiempo. Solo será un momento descuida. ―le dice el otro y girando la cabeza hacia la puerta―. Te espero en la entrada. ―dicho esto se marcha sin siquiera saludar al otro joven.
―Ya vuelvo. ―le dice Ewan a Andrew y va en dirección de donde desapareció el otro hombre.
Los dos hombres salen afuera. Andrew los puede ver a través del vidrio de la puerta conversando como en susurros. Mira hacia ambos lados, vuelve a tomar el libro que Ewan consultaba entre sus manos, lo observa detenidamente. Un brillo de placer surca por su rostro al ver la doble tapa de protección de este. Con sumo cuidado comienza a sacarla, gira su cabeza sobre sus espaldas para comprobar que nadie lo esté mirando. Una vez libre, y con la cubierta de cuero fino en la mano procede a colocarla sobre el libro que estaba estudiando antes. Sonríe satisfecho de su trabajo.
Ewan todavía seguía charlando con el otro hombre. Agarrando el libro ya sin cubierta, lo guarda en el interior de su bolso. Toma un profundo suspiro y se levanta del asiento. Estaba a casi dos metros de la puerta, cuando Ewan entra por ella. Su compañero se alejaba en ese instante por el pasillo de enfrente.
―¿Ya te vas? ―le pregunta Ewan al casi chocárselo cuando entraba.
―Si, yo… se hace tarde. Yo será mejor que regrese otro día. ―y acomodándose el bolso sobre su hombro―. Además necesito preparar el almuerzo. Giles no es bueno con eso. Piensa que una taza de té funciona como tal.
Ewan sonríe ante esta observación.
―Ok. Nos veremos entonces. Yo también será mejor que me vaya. ―y sobándose la frente―. Tengo que hacer una llamada. Discúlpame. ―le dice mientras se dirige hacia la mesa.
Andrew asiente con la cabeza, traga saliva y comienza a alejarse. Ewan lo ve marcharse, mueve su cabeza de un lado a otro mientras una sonrisa cruza su rostro. Recoge los libros y los coloca de nuevo en sus respectivos estantes, dejando solo dos sobre la mesa. Los mira por un segundo, los alza y apretándolo contra su pecho agarra su bolso y sale de la biblioteca.
La puerta vaivén queda oscilando unos segundos después de que se fuera. Unos rayos de sol iluminan la biblioteca ahora desierta.
Dos días después
Interior. Sala. Departamento de Willow. Tarde.
Londres. Inglaterra.
La mesa de la sala estaba atestada de libros y hojas que se esparcían en desorden por sobre toda la superficie de esta.. A la cabeza de la misma, Willow introducía un par de datos en su computadora, después de unos segundos la pantalla cambio arrojando los resultados de la búsqueda. El ceño de la bruja se frunció de repente, a su lado Buffy la observaba expectante al tiempo que hojeaba una de los múltiples apuntes que se encontraban delante de ella.
―¡No hay caso! Creo que esto es todo. ―comenta de repente Willow apagando el monitor―. Por más que busco, siempre vuelvo a lo mismo.
―Entonces esto tiene que servir Will. ―le dice Buffy señalando los libros sobre la mesa.
―Si, bueno… ―y con un suspiro de resignación―. Es que supuse que podríamos tener… ―mirando a Buffy―. Ya sabes, algo más preciso. Pero bueno igual estamos avanzando. ¡Eso es algo! ―agrega finalizando con una sonrisa.
―¿Y el libro que Andrew consiguió acaso no sirve? ¿No era ese el que estábamos buscando? ―le pregunta Buffy mirándolo detenidamente.
―No, si, si Buff. Claro que nos sirve. –responde Willow ahogándose con las palabras―. Y no es que quiera presumir… ―agrega irguiéndose aún sobre su asiento―, pero pienso que estoy haciendo un muy buen trabajo.
―Presume todo lo que quieras Will. ―le dice Buffy con una sonrisa―. Yo puedo hacer los coros si quieres. ―agrega al tiempo que gira su cabeza en dirección de Spike.
El vampiro había permanecido en silencio todo ese tiempo, apoyado contra un mueble con las manos hundidas en el interior de su gabardina. Buffy lo mira y sus labios se aprietan de repente, vuelve a girar su vista hacia su amiga. Willow no había dejado de observar la pareja en ningún momento. Ella podía sentir la tensión, y la presión a la que estaban siendo sometidos, la que se iba profundizando más con el correr de los días. Desliza su mano hasta encontrar la de Buffy, la cual aprieta contra sus dedos. Esta le devuelve una tibia sonrisa y con pequeño suspiro le dice "Gracias".
Spike por su parte parece salir de sus meditaciones. Las mira a ambas y levantándose de su ubicación se dirige hacia donde estaba sentada Buffy. Se sienta a su lado le acaricia el cabello, ella se da vuelta y le sonríe, y apoyándose contra él, deja reposar su cabeza sobre su hombro. Spike pasa un brazo alrededor de ella acercándola aún más hacia él y reparando en los libros sobre la mesa.
―¿Aún los tienen? ―le pregunta, Willow lo mira sin comprende, él señala con su vista un par de libros al tiempo que levanta uno hacia sus ojos―. Pensé que el gran Giles los echaría de menos.
―¡Ah, eso! Bueno, en realidad… umm, este no son los verdaderos libros. ―medio tartamudea Willow como respuesta.
Spike arquea una ceja a forma de pregunta mientras Buffy se la queda observando.
―Parecen bastantes reales, red. ―comenta Spike girando uno en su mano.
―Son reales. ―le afirma Willow categórica―. Lo que sucede es que no podía conservar los verdaderos por mucho tiempo sin que Giles se enterada. Y al otro día de que ustedes me lo dejaron vino Andrew diciéndome que Giles los estaba buscando como loco. ―los mira―. Así que hice un hechizo y los multiplique, no durará mucho es temporal pero ya sabemos todo lo que necesitamos. ―agrega con una sonrisa―. Están de consulta solamente hasta que hagan ¡pufff! ―dice haciendo un mohín gracioso con sus labios.
―Mientras nosotros no seamos lo que hagan puff, todo ok. por mi. ―le dice Buffy devolviéndome la sonrisa.
―No. Nada de puff, cien por ciento garantizado. ―le contesta Willow enfatizando con un movimiento seco de su mano―. Lo gracioso es que pensé que sería más difícil. Se supone que estos libros son de máxima seguridad. ―hace un gesto con su boca―. Y que tendrían algún hechizo contra copia, pero no.
―Los vigilantes y su arrogancia. ―comenta Spike con una mueca burlona en sus labios―. Piensan que nada puede escaparse de sus manos.
―Fue demasiado fácil. Perdió lo divertido. ―agrega Willow resoplando y abriendo sus ojos como plato―. No, es que quiera decir que lo era, bueno yo… bueno un poco sí.
―Tranquila Will. ―le dice Buffy―. De seguro que lo fue. ―y haciendo un pequeño silencio―. Entonces, ¿qué es lo que tenemos?
―¡Oh, sí! ―exclama la chica agarrando un libro―. Este es el "El código de Aberjian & El libro de los Condenados" excelente compendio, pero extremadamente oscuro y ambiguo hasta para el mejor de los expertos. ―dice Willow con un resoplido.
―¿Ese es el libro que trajo el chico? ―le pregunta Spike observándolo.
―Si yo le pedí que lo buscara, lo necesitábamos para poder traducir unas profecías que habíamos encontrado. ―la chica lo abre y buscando una página―. Acá está. ―agrega señalándola y levantando la vista hacia la pareja dice: ―Escuchen esto: "Un vigilante nocturno vela sobre media docenas de linternas en una calle obstruida. Hay mecheros de gas, lámparas y ventanas iluminadas en el barrio que el observa. De repente se oye el ruido de fósforos frotándose, el fuego se enciende, se declara un incendio. A lo lejos se divisan las marquesinas de neón, y los faros de los automóviles que se detienen de repente. Pero el vigilante nocturno, sólo es capaz de observar su pequeño mundo…"
―Ilustrativo. ―dice Spike al término de la lectura de Willow, mientras levanta una ceja―. Pero no veo en que nos pueda servir.
―Perdóname Will, pero yo tampoco. ¿Qué tiene que ver ese vigilante con nosotros? ―le pregunta Buffy observando a Spike.
―Si, bueno. Esta es una pequeña introducción del autor al libro de Los Condenados. ―le dice la chica y haciendo un pequeño silencio―. En él nos habla de los diferentes mundos y realidades que convergen al mismo tiempo junto con la nuestra. Sólo que nosotros no somos capaces de percibirlo, estamos igual que ese vigilante condenados a observar sólo nuestro mundo. Pero ellas existen más allá de nuestros ojos, lo que sucede es que no somos capaces de verlas o entenderlas. Y acá es donde viene lo interesante. ―agrega mientras consulta otra parte del libro―. Desde el comienzo de los tiempos existió una suerte de fuerza de equilibrio energético, que controlaba que nuestra realidad sea esta y no otra. Que el destino, y el mundo en que vivamos o moramos sea este y no otro, que circule siempre a través de nuestra realidad. ―toma aliento―. Pero a veces se produce una alteración, son pequeñas grietas entre la misma, y el velo que las divide se rasga en esa parte. Entonces nos transformamos en ese espectador que puede observar al vigilante que comprende solo su mundo. ― Willow se detiene―. Cuando leí esto no pude dejar de relacionarlo con los cambios de energía que se están produciendo en este tiempo, y me preguntaba…
―Si en realidad no se está produciendo una alteración en el espacio―tiempo, en la continuidad de nuestro mundo como cuando Dawn fue hecha por los monjes. ―termina Buffy por ella la frase sería.
―Sí. ―le responde Willow observando a su amiga―. O sea, ella estaba hecha con la energía de la llave, una energía tan fuerte que podía abrir las puertas a otras dimensiones destruyendo la nuestra en su proceso.
―A ver si te entendí Will. ―le dice Buffy apretando sus ojos con fuerza, mientras contiene su aliento y abriéndolos―. Estas sugiriendo que esto está sucediendo de nuevo. Que nuestro mundo se está desvaneciendo por….
―Culpa de mi alma. ―la interrumpe la voz de Spike a sus espaldas. Ella se tensa en sus brazos―. Y la única forma de cerrar esa grieta es arrancando la energía que yo contengo. ―y su voz se vuelve oscura.
―De eso todavía no estamos seguros. ―le responde Willow mientras los mira a los dos que se habían quedado serios de repente―. Es una gran cantidad de energía. Demasiada energía, algo falta… algo. ―los mira―. La alteración pudo producirse en cualquier punto desde que Spike obtuvo su alma o desde que regreso. Eso no lo sabemos. ―hace un silencio―. Y si el desequilibrio de energía no lo está causando totalmente Spike, eso quiere decir que tenemos una oportunidad. ―ambos se miran―. ¡Y la encontraremos! ―les dice Willow decidida.
Buffy reclina aún más su cabeza contra el pecho de Spike mientras con su mano le acaricia el brazo. Él se la queda observando en silencio por un segundo, mientras deja descender un beso lento por los cabellos de ella. Willow los mira y esboza una tibia sonrisa, y con un pretexto abandona la habitación dejándolos solos.
Afuera la tarde iba muriendo, mientras la noche se comenzaba a colarse como un oscuro fantasma por cada rincón de la ciudad.
Tres días después
Interior. Habitación de Spike. Harow Hotel. Tarde.
Londres. Inglaterra.
Un golpe retumba en la puerta de la habitación. Se hace un silencio, y un par de nuevos golpes vuelven a oírse con mayor intensidad. Spike sale del baño con una toalla frotándosela por la cabeza, tiene el torso desnudo y solo sus jeans completan su vestuario. Vuelve a frotar con más fuerza su cabello con la toalla mientras se dirige a abrir la puerta, una lluvia de finas gotas cubren por parte la habitación.
Abre la puerta, la figura de un hombre lo observa serio desde el pasillo. Spike se queda callado mirándolo, y dejando la puerta abierta, se da vuelta y camina hacia una silla donde arroja la toalla.
―Puedes entrar Giles. Tengo una dieta estricta, y a decir verdad tú nunca entraste en mis planes. ―le dice Spike mientras avanza hacia la cama.
El hombre a sus espaldas entorna la mirada. Entra cerrando la puerta tras de sí, y barre con su vista la habitación. Spike se había dado vuelta y lo estaba observando.
―¿Y cuál es el veredicto? ―le pregunta adivinando sus pensamientos.
―Ninguno que te interese. ―le contesta Giles seco y mirando hacia un costado―. Por lo que veo Buffy no se encuentra.
―No. Ella salió hace un momento, fue a buscar unas cosas, generalmente le llaman comida. ―le responde Spike mientras se inclina sobre la cama para recoger una remera negra―. Puedes esperarla si quieres. ―le dice señalándole un asiento.
―Me gustaría hablar con ellas a solas Spike. ―le dice Giles sin moverse de su posición. Spike frunce sus labios en una mueca burlona.
―Como quieras. ―le responde a continuación mientras se pone la camisa sobre su torso desnudo―. Puedes fingir que no estoy. ―le dice al tiempo que termina de acomodársela.
―Preferiría no hacerlo. ―le responde mordiendo las palabras.
―Y yo prefería no estar escuchándote, pero todos no obtenemos lo que queremos. ―le dice Spike mientras se sacude el cabello con su mano, el cual le cae todo desordenado sobre su cabeza, y mirándolo―. Así que has lo que quiera. Puedes quedarte ahí parado como un nuevo mueble, o puedes sentarte y esperar hasta que Buffy regrese. A mi sinceramente no me importa.
Giles observa una silla desocupada y acercándola un poco se sienta en ella. Un silencio incómodo se cierne sobre ellos. Spike por su parte se dirige hacia la mesa de luz y recogiendo el paquete de cigarrillos extrae uno colocándoselo en los labios. Giles desde su lugar no dejaba de vigilar todos los movimientos del vampiro. En ese momento Spike gira e inclinando su cabeza lo observa de reojo.
―Algo realmente malo debe estar sucediendo para que te quedes ha esperarla. ―le dice Spike rompiendo con su voz profunda los pensamientos del hombre.
―A decir verdad Spike, sí. ―le contesta Giles irguiendo su cabeza―. Y todos sabemos de quien es la culpa.
Una risita ahogada es toda su respuesta.
―La culpa, es una maldita perra caprichosa. No tiene amo, ni dueño, y suele acostarse con todos. ―le dice Spike sentándose en un extremo de la cama. Giles lo fulmina con su mirada.
―Tal parece que ni siquiera lo que está sucediendo afecta a tu lengua. ―le comenta el hombre y apretándose con fuerza los ojos―. Y no espero que seas consciente de cómo esto puede afectar a Buffy. ―lo mira.
―Te equivocas. ―le responde serio Spike―. Sé perfectamente como todo esto está afectando a Buffy… vivo con ella. ¿Lo recuerdas?
―Lamentablemente me es difícil olvidarlo. ―le contesta Giles irguiéndose en su asiento.
Se vuelve a formar un nuevo silencio entre los dos hombres. Spike frunce sus labios en disgusto mientras exhala una bocanada de humo. Giles no pierde detalle de cada objeto de la habitación, de cada espacio y lugar de la misma. Y volviendo su vista al vampiro le dice:
―Está tardando. ―casi comenta Giles para sí.
―Tal vez fue a visitar a la Roja. ―le dice Spike al escuchar el cometario del hombre―. Suele hacerlo.
―¿Willow los está ayudando no es así? ―le pregunta de repente. Spike asiente con la cabeza―. Me lo imagine, y Andrew debe estar también detrás de todo esto. ―agrega Giles moviendo de un lado a otro su cabeza.
―¿Qué es lo que quieres saber? ―le pregunta Spike al tiempo que da una profunda pitada a su cigarrillo.
―Si están dispuesto a que los ayude. ―le dice el hombre después de un tiempo y de un gran esfuerzo consigo mismo. Spike levanta una ceja sorprendido.
―El mundo realmente se debe estar yendo al infierno. ―comenta Spike con un dejo de sorna en su voz―. ¿Cuál es la sangrienta novedad ahora? ―le pregunta enfrentando la mirada de reproche del hombre.
―Digamos que desde hace una semana el Consejo perdió su capacidad de raciocinio. ―comenta Giles con disgusto.
―Nunca supe que la tuvieran. ―le dice Spike mientras se levanta para aplastar la colilla contra el cenicero y dándose vuelta―. Le hicieron la vida difícil a la cazadora siempre.
―Pensé que esos tiempos los habíamos dejado atrás ―dice Giles tristemente― después de todo lo que Buffy hizo el año pasado, yo creí…
―Que esta vez sería diferente. ―le dice Spike. Giles asiente con la cabeza.― Bueno, ser agradecidos no es una de las características de los vigilantes. ―agrega exhalando una pitada. Giles lo mira de soslayo.
―Sí, así parece. ―dice después de un tiempo.― Y menos desde que Albus se hizo cargo de la Intervención del grupo.
―¿Intervención?
―Sí, esa es la nueva política desde casi una semana. Y se está convirtiendo en una piedra en nuestro trasero. ―lo mira― Ellos saben de ustedes. ―Spike achica su mirada―. Bueno en realidad que Buffy está viviendo aquí, contigo. Claro que por el momento desconocen tu particular condición, pero…
―Temes que se enteren. ―le dice Spike meneando su cabeza.
―Eso no ayudaría para nada a Buffy ¿entiendes?
―¿A Buffy o a quien más, Rupert? ―le pregunta Spike.
―Ya bastante problemas tiene ella con el Consejo para que ellos se enteren de con quien está saliendo. ―lo mira molesto, y haciendo una pausa agrega―. La información no ha salido del grupo y pienso que…
―Sigues tapando el sol con un dedo Giles ―le dice Spike fastidiado.
―Intento proteger a Buffy, y pensé que tú querías lo mismo Spike.
―Siempre. ―le contesta serio― Pero no tiene que ver con esconder lo que yo soy. Ella lo sabe y está bien.
―Dudo que el Consejo sea tan receptivo, y menos si se entera del problema que tu regreso está causando.
―¿Y que se supone que debo hacer? ¿Esconderme hasta que todo pase? ―le pregunta Spike molesto.
―No, claro que no. No espero tanta cooperación de tu parte, sólo que traten de ser menos evidentes.
―¿Evidentes? ―Spike casi se atraganta con la palabra mientras una sonrisa surca sus labios.
―Sabes perfectamente que un demonio nunca entrara en la categoría de aliado para el Consejo. Buffy no necesita más presión en su vida. ―le dice Giles―. Son años de historia, de normas y tradiciones. No podemos esperar que cambien de la noche a la mañana. Las cosas…
―Las cosas no son blancas ni negras Giles. ―le dice Spike cruzándose de brazos―. Sólo un maldito montón de grises. Échale un poco de blanco por acá… ―moviendo una mano―. Oscurécelo un poco más allá, y eso es todo lo que tienes. Estúpidos y sangrientos matices.
―Y eso es verdad porque lo dices tú Spike. ―lo mira crítico Giles―. Un demonio, un vampiro.
―Si, un demonio… ―y una sonrisa corrosiva domina todo el rostro de Spike, y su última frase se arrastra seductora y mortal como una daga―. Un vampiro, ¡con alma claro! ¡Qué más matiz que este!
Giles lo mira en silencio, por un segundo siente que deja de respirar, acomodándose los anteojos vuelve a observarlo. Spike seguía parado a pocos metros de él, con el semblante fijo en las expresiones del hombre. Este desvía su cabeza hacia la puerta y sin mirarlo:
―Será mejor que me vaya. ―le dice Giles parándose de repente. Se aleja y sin darse vuelta le dice―. Necesitamos hablar todos juntos. ―toma aliento―. Las cosas no están para guerras personales.
―¿Entonces qué propones? ―le pregunta Spike que había clavado su vista en la figura casi cansada del hombre.
―Hablaremos… ―se da vuelta y lo enfrenta―. Mañana a la noche en mi casa. ―hace un pequeño silencio y mirándolo―. Dile a Buffy que los estaremos esperando Spike. Será lo mejor.
―Hablaré con ella. ―le dice Spike sin dejar de observarlo―. Buffy te quiere Giles, nunca lo olvides. ―agrega serio.
―Lo sé. ―le responde este agachando la cabeza―. Yo… este, se hace tarde… ah, me tengo que ir. ―agrega medio tartamudeando incómodo, y comienza a acercarse hacia la puerta, la abre y en el último segundo se da vuelta―. Adiós. ―le dice y la cierra tras de sí.
Spike se queda observando por un momento la puerta cerrada, inclina su cabeza y la gira hacia la ventana. El sol se había ocultado ya hace unos minutos en el horizonte. El vampiro se acerca y descorre las persianas, se queda mirando la calle y el circular incesante de los transeúntes por la vereda. A lo lejos la figura de un hombre, se pierde de su vista. Vuelve a mirar hacia la habitación ahora desierta y un brillo extraño dormita en el interior de sus ojos claros. Inclina su cabeza hasta apoyarla por completo contra el marco de la ventana, se queda pensando mientras los músculos de su cara parecían tensarse a límites inimaginables. El ruido de unos pasos en el corredor hace que se incorpore de su posición, estos se acercan y una joven mujer ingresa a la misma. Spike sonríe al verla.
Interior. Sala. Departamento de Giles. Noche.
Londres. Inglaterra.
La sala estaba completamente iluminada. Wesley se encontraba sentado en el sofá al lado de Willow los cuales constataban sus últimos hallazgos en la investigación que cada uno había realizado. Enfrente de ellos, un Giles pensativo los observaba en silencio. De vez en cuando discutían por algún punto que consideraban dudoso, o sobre las diferentes posiciones que tenían al respecto. Era cuando Giles intentaba a veces sin éxito aparente, ser el equilibrio entre los dos frentes. Un fuerte suspiro de resignación fue más de una vez su comentario. Un poco más atrás, apoyado contra la biblioteca de la sala, Ángel continuaba en silencio, con la vista clavada en el piso y los brazos cruzados sobre su pecho.
Los minutos parecían transcurrir más lentos, y las dudas asfixiaban y oprimían más que mil infiernos. Andrew entra en ese momento en la habitación seguido de Dawn, ambos cargan bandejas con vasos y sándwiches para los invitados. El joven se encontraba en su ambiente, mientras una sonriente Dawn parecía también agradarle la perspectiva de una vieja reunión de scoobys.
En ese momento el ruido del timbre se alza sobre los demás sonidos del ambiente.
―Yo voy. ―les dice Andrew mientras coloca su bandeja sobre la mesa, para luego dirigirse a abrir la puerta.
Unos segundos más tarde Andrew retorna seguido por una pareja. Buffy y Spike habían ingresado atrás de él. Los demás giran la cabeza para observarlos, un silencio se produce en ese instante, solo mitigado por la sonrisa en los labios de Willow y la mirada divertida en los ojos de Dawn.
Spike echa un vistazo a Ángel que estaba con el ceño fruncido observándolo, sus miradas se cruzaron en el aire, y un desafío más viejo que los tiempos tuvo su duelo particular entre ellos. El vampiro aprovecha y pasa su brazo alrededor de la cintura de Buffy acercándosela. Con este gesto de posesión estaba claramente delimitando su territorio ante el otro. Los ojos de los demás se posaron de un vampiro hacia el otro. La tensión era palpable como pedazos de cristales respirándose en el ambiente.
―Me alegro que hayan venido. ―les dijo Giles levantándose y dirigiéndose a la pareja―. Willow nos estaba comentando en estos momentos sus teorías.
―¡Ah, sí! ¡Esa es Willow! ―dice Buffy otorgándole una sonrisa a su amiga, y levantando su cabeza mira a Spike, este la observa y asiente en silencio. Ambos se sientan en un sillón cercano a la mesa.
―Me parecen interesantes. ―les dice Wesley una vez que la pareja se hubiese sentado―. Pero como le decía, esto abre un campo enorme en cual investigar… ―y haciendo un pequeño silencio―. Necesitamos tiempo para eso, y tiempo, es algo con lo que no contamos actualmente.
―Sabemos trabajar bajo presión Wesley. ―le dice Buffy mirándole―. Siempre he funcionado así. Además confió en Will. ―agrega mirándola.
―Si bueno, pero como sabrán hay ciertos puntos oscuros que… ―comienza a decir Wesley.
―Demasiados. ―lo interrumpe Ángel―. Para comenzar con nuevas teorías.
Spike frunce sus labios despectivamente desde su asiento.
―Y de seguro acá el peach, se tomo demasiado tiempo tachando números en su calendario para que le arruinemos su sangriento día. ―le dice Spike mirándolo desafiante.
―Mira Spike… ―comienza a decir Ángel, pero Buffy lo interrumpe seria.
―No vinimos para esto Giles. ―le informa sin siquiera mirar al otro vampiro.
―¡Por favor compórtense como adultos! ―les dice este enojado―. Estamos tratando de encontrar una solución aquí. ―los mira a todos―. O trabajamos en equipo, o seguimos robándonos información… ―observa a Andrew, este traga saliva―. Sin llegar a ninguna parte. ―y sobándose los ojos con fuerzas, se quita los anteojos―. Es fundamental que estemos unidos ahora… ―y señalando hacia la ventana que daba hacia la calle―, no hay nadie ahí afuera que quieras ayudarnos. Y si queremos sobrevivir a lo que venga tendremos que encontrar la solución nosotros solos.
Se hace un nuevo silencio, todos se quedan observando entre ellos. Las miradas no dejaban de perder el peso de sus amos. Buffy se agacha y agarrando uno de los papeles que había en la mesa dice:
―¿En qué estábamos?
Las manecillas del reloj giran sin piedad una detrás de la otra. El ambiente de la habitación se llena con las voces, y a veces solo el silencio de las almas que evalúan con precisión de cirujanos todas sus posibilidades. Andrew entra en ese momento con una amplia sonrisa en su rostro e interrumpiendo la conversación entre Wesley y Willow dice:
―¿Alguien quiere torta? ―pregunta mientras se balancea rítmicamente en la punta de sus pies.
―Disculpa. ―le interroga Giles dejando una carpeta sobre la mesa.
―Yo la hice. ―le informa Andrew―. La prepare hoy mismo, esta cool. ―agrega.
―¿Y por qué por todos los cielos preparaste una torta? ―le vuelve preguntar Giles mientras se restriega la frente.
―Hoy era la súper reunión, y había que festejar. ―le contesta mientras medita sus palabras.
―Deja al chico que se divierta Rupert. ―le dice Spike mientras sonríe.
―Gracias Spike. ―le responde este―. Yo voy por ella. ―y sale corriendo en dirección a la cocina.
―Yo quiero un pedazo. ―comenta Willow―. Mi organismo necesita azúcar. Soy como una especie de hormiguita. ―dice al tiempo que le da un sorbo a su gaseosa.
―Una hormiga colorada. ―agrega sonriente Buffy.
―Tendrás que cuidarte entonces de que no te pique. ―le dice achicando sus ojos mientras la mira. Ambas sonríen.
En esos momentos llega Andrew cargando una gran bandeja entre sus manos, la cual deposita con fuerza sobre la mesa. Mira a su alrededor y con un dejo de fastidio comenta:
―No traje servilletas.
―No importa yo voy por ellas. ―le dice Dawn levantándose de su asiento―. Eso se ve genial. ―agrega no bien termina de pasar por su lado.
―¡Ah, y un cuchillo! ―le grita Andrew una vez que la chica se haya ido.
―OK. ―le responde esta desde la cocina.
Andrew comienza hacer lugar en un sector de la mesa corriendo unas carpetas para fastidio de Giles, que continuaba con el ceño fruncido. En esos momentos se oye el sonido de unos pasos acercándose, junto con el ruido de un vaso cayendo el cual vuelca todo su contenido sobre unos papeles.
―¡Por el amor de Dios ten más cuidado Andrew! ―le grita Giles secándose parte de su ropa.
Andrew no le contesta tiene la vista clavada en un punto perdido de la sala. Giles sigue su mirada. Todos se ponen de pie de repente con los ojos dilatados por la sorpresa y el espanto.
El cuerpo de Dawn se levantaba unos centímetros sobre el piso, con su cabeza inclinada levemente sobre su hombro izquierdo. Estaba sostenido ahí inmóvil entre la entrada de la cocina con los brazos caídos a cada costado de su cuerpo, mientras una extraña luz la envolvía como un tenue velo alrededor de su cuerpo.
Los ojos de Buffy se abren desorbitados mientras corre en dirección a su hermana. Y cuando está a punto de llegar hacia ella, esta es golpeada por una fuerte energía que la hace cruzar volando toda la sala. Repeliéndola. Spike corre en su dirección para ayudarla. Le extiende la mano, ella la toma pero se levanta levemente mareada. Spike la debe sostener por un instante entre sus brazos.
Willow mira alarmada a su amiga y agachando la cabeza, la vuelve a levantar de repente, y extendiendo su mano izquierda envía una honda de energía queriendo romper el escudo protector que envuelve a Dawn. Un fuerte fogonazo se extiendo sobre todos, y cuando termina, nada parece perturbar el sueño de Dawn que continúa inmóvil sujeta en el aire. Willow se limpia la sangre que le había comenzado a salir por una de las comisuras de sus labios. Giles la levanta.
―¿Estas bien? ―le pregunta. Esta asiente con la cabeza y mirando en dirección de Buffy que se acercaba seguida de Spike.
―Lo siento no se qué hacer. ―Se excusa Willow agachando la cabeza.
―¿Qué está sucediendo? ―pregunta Buffy alarmada―. ¿Quién eres? ―vuelve a preguntar dirigiéndose a la figura de Dawn. Esta nada responde.
―Mira luv. ―le dice Spike al ver como la energía comenzaba a hacerse cada vez más grande―. Está despertando.
―Nadie se le acerque. ―Susurra Wesley.
―No creo que podamos. ―comenta Ángel observándola
En ese momento, esta pareciera salir de su sopor e irguiendo su cabeza abre los ojos. Unos ojos celestes casi de hielo los miran desde el cuerpo de Dawn, y es cuando una voz dura y cruel se arrastra como una serpiente en torno a ellos.
―Así que aquí se esconden. ―dice observándolos mientras sus labios quieren distenderse en algo que una vez fue una sonrisa.
―Suelta a mí hermana. ―le responde cortante la voz de Buffy.
―Tú hermana no me interesa cazadora. ―e inclinando su cabeza los observa―. Sólo vine por mi familia.
―¿Cuál familia? ―le pregunta Spike mientras su ceño se frunce de repente. Esta agranda aún más esa horrible mueca en sus labios.
―Te recuerdo… William. ―le dice clavándole la mirada. Todos giran para observar a Spike. Ángel había avanzado un paso casi sin darse cuenta―. Siempre llorando por tu vampira loca. ―y mirando hacia ambas direcciones, cierra los ojos―. No la siento, esta pérdida. ―vuelve a abrirlos―. Hola Ángelus, ¿me recuerdas?
Ángel no responde, mira a todos que se lo quedan observando en silencio y como saliendo de su mutismo se dirige a la chica.
―Yo no soy Ángelus. ―le dice serio.
―Puedo sentirlo. Él era diferente.
―¿Ángel, la conoces? ―le pregunta Wesley con un dejo de preocupación en sus labios.
―No. ―le contesta seco.
Y la carcajada de otra vida, perdida de todo lo humano se alza sobre sus palabras.
―El alma te retiene, pero yo sigo sintiendo al demonio dentro de ti… ―hace un silencio y dice―. Daddy.
Todos los ojos se clavan como hipnotizados sobre la figura del vampiro moreno.
―¿Ángel? ―le pregunta Buffy y su rostro serio es como una máscara de reproche.
―¿Qué quieres? ―le pregunta Ángel dirigiéndose a la criatura que poseía el cuerpo de Dawn.
―Busco mi sangre. ―le contesta con una voz oscura y casi cavernosa.
―¿Qué está sucediendo aquí? ―vuelve a preguntar Buffy mirando en todas direcciones.
―Es la maldita mocosa, ¿verdad Ángel? ―le dice Spike mirándolos a los dos alternativamente―. Esto es lo que esa cosa es. ―agrega señalando el cuerpo de Dawn.
―Merriam. ―murmura Buffy.
―¿Quién es Merriam? ―pregunta Willow observándolos sin comprender.
―El viejo juguete de Ángelus. ―le contesta Spike.
―¡Ya cállate Spike!. ―le dice Ángel molesto.
―¿Qué quieres con mi hermana? ―le pregunta Buffy avanzando dos pasos.
―Con este cuerpo nada. Es inútil para mí. ―le contesta mientras se eleva unos centímetros más del piso―. Sólo quiero lo que era mío. ―le dice mirando en dirección de Ángel.
―No tienes nada aquí. ―le responde Ángel serio.
―¡Oh, no! ¡Te equivocas! Todo está aquí. ―le dice mientras extiende sus brazos en cruz―. ¡Todo! ―y un resplandor más fuerte la envuelve por unos segundos y girando su cabeza―. Tú me trajiste. ―le dice observando a Spike―. Abriste el camino. ―Spike la mira alarmado. Y ella curva sus labios en una risa endemoniada al ver la expresión de pavor en su rostro―. Para cumplir mí destino. ―mueve la cabeza y mira a Ángel.
―¿De qué demonios estás hablando? ―le pregunta Buffy observándola molesta.
―Nunca entiendes ¿verdad cazadora? ―Se ríe―. Y es tan simple. Solo mira a tu alrededor. Todos esos caminos de sangre, fluyendo como ríos a través de tus venas. ¡Oh, sí! Siempre es sangre. ―y sus pelos flotan como si un viento se los moviera de repente―. Caliente como un volcán alimentándote día a día. ―la mira―. Yo la necesito, tú la necesitas, hasta ella. ―agrega deslizando una mano por sobre su cuerpo―. Siempre fluyendo.
―Déjala en paz. ―le dice Spike mirándola.
―¿Oh qué? ―le contesta desafiante―. Tú tampoco entiendes William. ―agrega con un tono de malicia en su voz―. Eres débil, lleno de esos tontos sentimientos siempre lo supimos… ¿verdad daddy?
―Yo no soy tu padre. ―le responde molesto Ángel.
―Tú me creaste. Soy tu obra. ―y sonriéndole―. Siempre serás mi Sire.
―¿Qué buscas entonces con nosotros? ―le pregunta Giles mirándola.
―Ya les dije… mi sangre. ―alza el cuchillo que sostenía con su mano derecha―. Son lazos que nos unen. ―Su voz se vuelve más profunda y cavernosa con cada nueva oración―. Son nuestro pasado, presente y futuro. Todos caminamos hacia ella. ―y extendiendo su otro brazo se lo queda mirando―. Roja, brillante. ―Se da dos profundos cortes en el brazo, la sangre comienza a bañar su ropa―. Sangre siempre es la sangre. Nos une, nos vuelve familia. ―los mira―. ¿No lo ven? ¿no lo entienden? ―vuelve a cortarse de nuevo el brazo.
El grito de Buffy se pierde junto con la corrida de todos los demás. Y un fogonazo de energía los arroja en todas las direcciones del cuarto. Merriam alza de nuevo el cuchillo hasta su cara.
―La hora se acerca. ―los mira―. Y alguien pagará un precio. Un precio de sangre. ―y de un golpe baja en cuchillo el cual hunde en el estómago de Dawn. Enterrándolo.
Dawn grita de repente despertando. Observa el cuchillo enterrado en sus entrañas. Mira la sangre que comienza a fluir como un río en torno a él y con manos temblorosas se lo extrae lentamente y observando hacia todos lados sorprendida dice:
―Buffy.
El cuchillo golpea sobre el piso, rebotando un par de veces y su sonido pareciera extenderse en cámara lenta por lo oídos de todos. El cuerpo de Dawn cae al suelo acompañándolo ya sin conocimiento.
Buffy se levanta de su lugar con la vista perdida en su hermana, mientras un río de sangre se extiende bajo su vientre cubriendo con su manto escarlata la vida de todos.
Continuará...
