Hola a todas!
Ya estamos entrando en la recta final, se vienen quiebres muy importantes y nunca es tarde para leer las advertencias iniciales. Entre otras cosas en una parte del mismo encontraran un lyric de Metallica "The unforgiven" "Lo no perdonado", (lo puse en ingles, pero también al lado esta la traducción que hice). Aclaro esto porque no la iba a poner, pero después pensé que se perdería el significado y la intención del momento. Los que sepan ingles pasen por alto la traducción. Y los que no, por lo menos les dará una idea de lo que quise simbolizar. Mi ingles no es muy bueno, por eso la aclaración.
Espero que lo disfruten.
Las quiere Lady Maren
DECIMONOVENA PARTE
Unas horas después.
Interior. Sala de Emergencia. Hospital Británico. Noche.
Londres. Inglaterra.
La sala olía a antisépticos, y un silencio como de otro mundo se deslizaba por sus pasillos. El cual era interrumpido de vez en cuando por el ir y venir de algún médico o enfermera. Buffy no podía dejar de observar la puerta que permanecía cerrada desde hace horas delante de ella. Y la muchacha sentada en la silla era incapaz de mover un solo músculo de su cara, solo podía permanecer en su asiento, aguardando.
Sentado a su lado Spike continuaba con la vista perdida entre sus pies, mientras todo su torso se reclinaba en los brazos que apoyaba sobre sus piernas. Ninguno de los dos era capaz de hablar, y el silencio que se habían auto impuesto los estaba asfixiando lentamente. Más a lo lejos Giles y Wesley se encontraban hablando entre ellos, mirando de tanto en tanto a la pareja.
El ruido de unos pasos aproximándose por el corredor, hacen que todos levanten sus rostros para observarlos. Willow llegaba abrazada de Kennedy con su cabeza reclinada en el hombro de la chica. Más atrás un Xander visiblemente nervioso avanzada con grandes pasos hacia donde esta sentada su amiga.
―Siento la demora. ―le dice Kennedy, una vez a su lado―. Pero recién Willow se pudo comunicar con nosotros. ―la mira, Buffy solo la observa en silencio.
―Buff. ―murmura a su lado Xander. Ella se levanta, hace una mueca con sus labios y se arroja a sus brazos abrazándolo―. Lo siento. ―vuelve a susurrar en su oído, y acariciándole el pelo―. ¿Cómo está ella? ―le pregunta después de unos segundos de silencio.
―Todavía no nos dijeron nada. ―le informa Buffy enjugando una lágrima―. ¡Dios! ¿Por qué tardan tanto?
―Estará bien Buff, tranquila. Estará bien. ―le dice Xander agarrando sus manos entre las suyas.
―Me encantaría creer eso. ―le contesta Buffy soltándose mientras se sienta con un dejo de desesperación en su cara.
―Mejor será de que comas algo Buffy. ―le dice Giles al observar el rostro de la chica―. Aún no sabemos cuanto pueden demorar.
―Te lo agradezco Giles pero no podría. ―le responde Buffy negando con su cabeza.
―Yo te acompaño Giles. ―le dice Willow al observar el clima que se había corporizado―. En realidad necesito un café. ¿Vienes? ―le pregunta la chica dirigiéndose a Xander. Este duda mirándolas a ambas.
―Pero…, pero recién llegamos. ―balbucea Xander en protesta.
―Vayan. Tomen algo. ―les dice Buffy―. Cualquier novedad yo les aviso.
―¿Estás segura? ―le pregunta Xander aún dudoso.
―Si. ―le responde Buffy con lo que quiso ser una semi sonrisa.
―Ok. Como quieras. ―le dice Xander con un fuerte suspiro. Y mirando a los demás comienzan a alejarse en dirección de la cafetería. Solo Buffy y Spike permanecen en silencio en la sala de espera, en su camino se cruzan con Ángel.
―¿A dónde van? ―le pregunta este.
―A la cafetería, a tomar algo. ―le informa Willow―. ¿Quieres venir?
―No, yo… ―y mirando hacia el pasillo―. Será mejor que vea como esta Buffy. ―le dice Ángel mientras mete sus manos en el interior de su gabardina.
―Ella está con Spike. ―le informa Xander sin dejar de observar al vampiro moreno.
―Si lo imagine. ―le contesta este oscureciendo su mirada―. Nos veremos más tarde. ―agrega mientras retoma su camino. Los demás se observan entre ellos, y se alejan en dirección contraria.
Ángel entra en la sala. Buffy y Spike estaban sentados uno al lado del otro callados con la vista perdida en otra parte. El rubio vampiro es el primero en percibir su presencia. Un dejo de desdén cruza por su rostro. El otro se acerca a la joven ignorándolo por completo.
―¿Qué quieres? ―le pregunta Spike levantándose de su asiento y poniéndose entre ambos―. ¿Viniste a terminar el trabajo? ―le dice con las mandíbulas apretadas.
―¡Spike por favor! ―le dice Buffy seria a su lado.
―No es el momento Spikey. ―le responde Ángel al tiempo que cruza sus brazos sobre su pecho―. ¿Cómo está ella? ―le pregunta este dirigiéndose a Buffy.
―No muy bien, gracias a ti. ―le responde Spike por ella. Ángel lo mira serio.
―¿Qué les pasa? ―le pregunta Buffy levantándose de su asiento y poniéndose entre ambos―. Ninguno de los dos va empezar nada acá. ―agrega molesta.
―No es mi culpa. ―le responde Ángel sin dejar de observar al otro vampiro delante de él.
―Nadie lo está diciendo. ―le contesta Buffy mirándolos a ambos. Spike endurece el rostro de repente.
―No me metas, luv. ―le dice Spike arrastrando sus palabras. Buffy lo mira sorprendida y cruzándose de brazos.
―Esto no está ayudando. ―les dice seca.
―No soy yo el que se está comportando como un imbécil. ―comenta Ángel observando al otro vampiro.
―No tú eres el maldito bastardo que creo a ese demonio. ―le responde Spike mirándolo de costado.
―No fui yo. ―le responde Ángel molesto.
―Ah, no claro… cierto. Ángelus. Esa es tú patética excusa siempre. ―le dice con un dejo burlón Spike en su voz.
―Si quieren pelear váyanse afuera. ―les informa la voz fría de Buffy a su lado.
―No me interesa pelear Buffy. ―le dice Ángel mirándola―. Y tampoco se porque Merriam se posesionó de Dawn. –observa a Spike―. Ni porque dijo todas esas cosas. ―agrega mientras se irgue aún más en su lugar.
―Mientes. Y lo sabes. ―le contesta Spike señalándolo con su dedo―. Yo lo sé… ―acercándosele―. Tú lo sabes. ―Se detiene hasta quedar cara a cara con el otro vampiro. El otro agacha la cabeza y con una mueca en su rostro le dice:
―Lo único que entendimos todos. Es que no fui yo quien le abrió las puertas para que regrese. ―lo mira. Buffy levanta su cabeza y se lo queda mirando también. Spike observa la expresión en ambos ojos.
―Ya veo. ―dice después de un tiempo con un gesto amargo y triste en sus labios―. Comprendo. ―Se mueve molesto―. Él que está mal soy yo. ―Su voz profunda se pierde en una risita molesta―. Es mi culpa. ―les clava su mirada―. ¿Es cómodo, no? ―hace un silencio y agrega―. Para ambos.
―Spike por favor. ―le dice Buffy mirándolo seria―. No hagas esto.
―Descuida, pet. ―le contesta este sin dejar de mirarla con una extraña expresión en sus ojos, y observando a Ángel―. Pero tú y yo sabemos que esto solo, es el sangriento principio. Espero que no sea demasiado tarde para cuando Su Santidad se decida a hablar.
―Estás enfermo Spike. ―le dice Ángel cruzando aún más sus brazos sobre su pecho―. No tengo nada que decir. A nadie.
―Y sigues siendo el maldito cobarde de siempre. ―le retruca Spike dando un paso para enfrentarlo.
―¡Ya basta! ―les dice Buffy empujando a ambos vampiros hacia atrás―. Si van a seguir con esto es mejor que se vayan los dos. ―le informa seca, mirándolos seria―. No estoy para perder en tiempo con ustedes. ―agrega con un tono frío de voz.
Se hace un profundo silencio, mientras los tres se quedan observando de tanto en tanto. El rostro de Spike parecía sumido en las sombras. Con el correr de los minutos cada uno va y se sienta en un asiento lo suficientemente apartado del resto. Una expresión dura y fría se adueñaba de la cara de Buffy. Los demás regresaban en ese instante de la cafetería, y se los quedan observando detenidamente. Hay algo en sus rostros que dejaba en claro el clima de tensión que se había vivido hace unos instantes.
―¿Alguna novedad? ―pregunta Giles dirigiéndose a la chica.
Esta niega con la cabeza y cuando iba a decir algo, un médico sale en ese momento del quirófano. Este se hallaba mirando a las personas reunidas que se levantan como impulsadas de sus asientos con las miradas fijas en él, apenas lo observan. Tenía el rostro cansado, y sus ademanes eran calculados y seguros. Se quita el gorro de su cabeza y avanzando hacia ellos, con una voz lenta y clara pregunta.
―¿Quién es Buffy Summers?
Buffy da dos pasos en dirección suya. Clava sus ojos verdes en los del hombre.
―Soy yo. ―le dice sin perder ningún gesto del rostro del médico.
―¿Eres su hermana? ―le pregunta este. Ella asiente con la cabeza―. Acabamos de terminar la operación hace unos minutos. No quiero mentirte pero su estado al ingresar al hospital era grave. ―le informa serio mirándola.
―¿Pero ella está bien ahora? ―le pregunta Buffy abriendo grande sus ojos―. ¿Se recuperará? ―Su voz quería cortarse por momentos.
Giles avanzaba en esos instantes hacia ellos.
―¿Qué sucede? ―le pregunta dirigiéndose al medico―. La verdad por favor. ―le pide sin quitar la vista del otro hombre. Este inclina la cabeza, toma una amplia inspiración y levantándola les dice:
―La paciente ingreso con una laceración de grado 5, con síntomas de presentar una herida vasculohiliar en el bazo. ―hace un pequeño silencio―. Una vez en el quirófano se comprobó que esta era de más de tres centímetros, con presencia de hematomas centrales, acompañada de una gran pérdida de sangre que tuvo que ser repuesta de inmediato. ―los mira y agrega―. Les digo todo esto porque quiero que comprendan la gravedad del caso. ―Buffy aprieta sus labios hasta dejarlos casi blancos, mientras Giles a su lado se soba los ojos fuertemente―. Se tuvo que proceder hacer una esplenectomización con el fin de reducir el grado de la lesión, y reconstruir parte del órgano dañado. Tu hermana va a continuar en la Unidad de Cuidados Intensivos para su seguimiento y una evaluación clínica y hemodinámica.
―¿Pero ella se encuentra bien ahora? ―pregunta Xander a sus espaldas. El medico gira la cabeza para observarlo.
―En estos momentos ella está estable, pero su pronóstico sigue siendo reservado. ―le informa el médico con su clara voz casi sin matices.
―Entendemos. ―le dice Giles acomodándose los lentes.
―Ahora solo hay que esperar que no haya complicaciones inherentes al trauma, ni se produzca una Sepsis fulminante o que se presenten infecciones posquirúrgicas inmediatas.
―¡Dios Mío! ―exclama Buffy tapándose la boca. El medico la observa.
―No quiero alarmarla, pero quiero que comprenda que la situación de su hermana es grave. ―hace un pequeño silencio―. De ahora en más todo está en ella, y como evoluciona al tratamiento. Las 72 hs que le siguen serán críticas. Pero ella es joven, parece fuerte. Solo nos queda esperar.
Se hace un silencio profundo y pesado entre todos los presentes cuando la voz del medico se apaga por completo. Las cabezas parecen abatirse de su posición y un dejo de desesperación se adueña de sus rostros.
―¿Puedo verla? ―le pregunta Buffy haciendo uso de todos sus nervios. El médico la mira, duda un instante
―Solo unos minutos. Ella está inconsciente y necesita descansar en estos momentos. ―le informa. Buffy asiente con la cabeza. El hombre se da vuelta―. ¡Enfermera! ―llama. Una joven mujer sale de una de las habitaciones.
―¿Llamo usted doctor? ―le pregunta asomándose por la puerta.
―Si. Acompañe a la joven a la habitación Nº 47 por favor.
―Como usted ordene. ―le contesta y mirando a Buffy mientras le señala el camino le dice―. Por acá por favor.
Ella comienza a seguirla por el corredor, al tiempo que la puerta vaivén se cierra por detrás y sus pasos resuenan en el pasillo desierto con un eco propio. La mujer le abre una puerta y les hace señas para que entre. Buffy ingresa a la habitación, la enfermera sale dejándola sola.
Frente a ella, el cuerpo de su hermana. De esa Dawn conectada a una infinidad de aparatos, tan blanca como esas sábanas que la cubrían. La cual permanecía atada a ese hilo de vida que se negaba escapar de sus venas. Buffy se acerca y tomando su mano entre las suyas, deja caer su cabeza sobre un costado de la cama, mientras ahogados sollozos invaden su pecho.
Un día después
Interior. Despacho. Departamento de Giles. Noche.
Londres. Inglaterra.
La puerta del despacho se abre lentamente y un hombre cansado entra a través de ella. Su mirada se pierde en la penumbra de la habitación, y en esas otras sombras que se ciernen como cuchillos sobre su alma. Afuera el mundo sigue girando sin comprender la enorme batalla que hoy, él carga consigo.
Un murmullo de voces extrañas se extiende por la noche, y él siente en ese momento la verdadera lejanía de su mundo. La soledad, y el dolor de estar parado sólo en medio de la nada, olvidado de todo lo humano y lo divino. Y ese hombre cansado envuelto en la oscuridad, camina. Camina, y sus pasos son como el halito de una sombra que con andar inseguro se aproxima hacia la única solución que puede ver hoy delante de sus ojos. Y esta le devuelve la mirada con esos, sus ojos de ámbar y con el encanto de un sabor dulce, seductor deslizándose por sus entrañas.
Agarra la botella de un manotazo y con un vaso en la otra mano, se dirige al sillón al otro lado de su escritorio. Se deja caer de golpe, al tiempo que unos papeles vuelan de lugar desperdigándose por el piso. El hombre la destapa vertiendo su contenido hasta llenar por completo su vaso, luego lo levanta a la altura de sus ojos y se lo queda contemplando por un instante. Sus labios murmuran lo que parecen unas palabras "A mi salud" dicen con un dejo de sorna en la comisuras de los mismo, y bebe de un solo trago su contenido.
El líquido se desliza y quema como un infierno a sus entrañas, envolviendo en un calor embustero a todos sus sentidos. Reclina la cabeza contra el respaldo, mientras deja caer el vaso ya vacío sobre la mesa. Es un gesto simple, pero cargado de impotencia. Una sonrisa estúpida surca su rostro, al tiempo que se quita los anteojos despojándose así de la única cosa que le permitía ver en cierta medida hasta ese momento su vida.
El hombre vuelve a llenar ese maldito vaso una vez más. Ya no importa el mañana, el dolor, ni la horrible sensación de estar desgarrársele el alma en jirones con cada nuevo aliento derramado. Hoy, es noche de enturbiar los sentidos, de adormecerlos en lo más profundo de la inconciencia. Mañana pensará. Mañana se jugará la vida por los suyos. Mañana volverá a buscar una razón por la cual seguir peleando…, ahora, en este momento, ese hombre encerrado en la habitación, solo quiere descansar de la batalla. Pero la vida vuelve y le recuerda que nunca hay descanso para quien lo busca. No hoy, ni mañana.
¿Quién puede dejar de jugar con su presa? Ella no lo hará. Y regresará, morderá y arañará hasta que no quede nada. Solo resabios de dolor lacerante de un alma ya sin esperanzas. Giles bebe un nuevo sorbo de ese whisky que lo acompaña, y se hunde un poco más en sus culpas. En esa perra que hoy decidió hacerlo su esclavo.
Vuelve a beber un trago más, y el elixir de olvido se extiende por sus venas cubriéndolos con tibias promesas de falsas quimeras. Mientras la cabeza se reclina un poco más sobre el respaldo. A lo lejos alguien sube el volumen de la música y los primeros acordes de la canción llegan como un murmullo lejano a los oídos del hombre.
They dedicate their lives (Ellos dedicaron sus vidas)
to running all of his (a dirigir todo lo de él)
he tries to please them all (él intenta agradarlos a todos)
this bitter man he is (este hombre amargado es él)
Una mueca despectiva surca por sus labios, mientras apura un poco más de ese, su trago amargo. Y las voces que lo atormentan vuelven a inundar como demonios su mente, turbándolo de toda tranquilidad.
Throughout his life the same (A lo largo de su vida igualmente)
he's battled constantly (él batalló constantemente)
this fight he cannot win (esta pelea que él no puede ganar)
a tired man they see no longer cares (ellos ven a un hombre cansado y no les preocupa)
the old man then prepares (el hombre viejo entonces se prepara)
to die regretfully (para morir arrepentido)
that old man here is me (aquel hombre viejo soy yo)
Y ve los rostros que pasan como agua frente a él. Los ve desteñirse, decolorándose en capas grises paulatinamente. Se ve a si mismo perdido, en medio de esos rostros que lo observan sin entender. Giles intenta cerrar sus sentidos a todo lo demás, a ese deber que él se ha impuesto consigo mismo. A las dudas, a la soledad, a todo lo que pensó que tenía seguro en esta vida. Y vuelve a ver esa mancha de sangre cubriendo la habitación y sabe que sus manos están vacías.
What I've felt (Lo que he sentido)
what I've known (lo que he vivido)
never shined through in what I've shown (nunca brilló a través de lo que mostré)
never be (nunca seré)
never see (nunca vi)
won't see what might have been (no veré quien pude haber sido)
Y conoce en lo profundo de su alma que la batalla está perdida. Siempre en algún punto del camino habrá que renunciar a algo. Será duro y cruel, pero será certero y letal como ese trago de licor que ahora se arrastra como una serpiente venenosa entre sus venas. Y morderá y dolerá pero no habrá otro camino que tomar. Pero en el fondo, él hombre cansado se niega aceptarlo y pelea contra esta condena. Porque, ¿quién está dispuesto a pagar el precio? Si el precio consiste en perderse a uno mismo.
What I've felt (Lo que he sentido)
what I've known (lo que he vivido)
never shined through in what I've shown (nunca brilló a través de lo que mostré)
never free (nunca libre)
never me (nunca yo)
so I dub thee unforgiven (entonces te nombro lo no perdonado)
―¡Ya cállate! ―grita mientras se levanta tambaleante de su asiento. Sus piernas le fallan al intentar parase y por poco se cae al suelo. De un manotazo logra sostenerse apoyándose en el escritorio―. ¡Apaguen esa maldita música! ¡Apagenla ya! ―vuelve a gritar mientras das dos pasos y agarrando la botella la tira contra la ventana semi abierta. Esta da contra el vidrio de una de las hojas, estallándolo. Y los pedazos se esparcen en el jardín en miles de fragmentos rotos.
You labeled me (Tú me etiquetaste)
I'll label you (yo te etiquetaré)
so I dub thee unforgiven (entonces te nombro lo no perdonado)
―¡No ves!… no hay perdón… ―y su voz se entrecorta lentamente―. No hay perdón que valga. Ya es tarde…, tarde para todo.
Y el hombre solo se derrumba en un rincón de la oscura habitación, mientras a lo lejos los últimos acordes se pierden para siempre. Y las cortinas se mueven sobre el hombre caído en un rincón del cuarto oscurecido, y su movimiento se asemeja a extrañas manos que cubren con su sombra, la sombra del hombre que no percibe, nada más.
―No importa nada. Ya nada queda. ―y su voz se quiebra en mil sollozos mientras su cabeza se abate sobre sus hombros, y su lamento se extiende en el silencio que lo contempla―. ¡Dios! ¿Qué debo hacer? ¿Qué? Si ya es tarde, tarde para todo. ―levanta la cara y mira hacia las tinieblas que lo devoran y vuelve a proferir como una maldición o una condena, esa pregunta―. ¿Qué?
Y el bailoteo sensual de las cortinas sobre el cuerpo quebrado y oculto entre las sombras de la habitación es su única respuesta.
Interior. Sala de Emergencias. Hospital Británico. Noche.
Londres. Inglaterra.
El corredor estaba vacío, el hombre entra y con su mano empuja la puerta que daba con la sala de espera. Se podía percibir la figura de una joven mujer al fondo de la misma, acuclillada en un asiento con la vista perdida en el suelo. Él la mira, y por sus ojos pasa nube oscura ensombreciendo el cielo de su mirada. Toma como una especie de aliento y avanza en medio de aquel silencio casi opresivo. Ella lo siente acercarse y levantando su cabeza, se acomoda aún más en su asiento.
―Hola, luv. ―le dice una vez frente a ella
―Hola. ―le contesta Buffy con un dejo distante en su voz.
―¿Dónde están los demás? ―le pregunta Spike que continuaba parado observándola.
―Se fueron a la Cafetería a comer algo. ―le dice Buffy entre un suspiro.
―Y no piensas comer. ―comenta Spike mirándola detenidamente.
―No tengo hambre. ―le informa ella sin mirarlo.
―Ya veo. ―dice Spike mientras aspiras sus mejillas y dejando el bolso de un golpe en el asiento de al lado.
―¿Qué es esto? ―le pregunta Buffy mirando el pequeño bolso que Spike había dejado caer al lado de ella.
―Un poco de ropa. ―le responde y señalando con su cabeza la blusa de Buffy―. Pensé que la necesitarías. ―le dice a continuación. Ella se la queda mirando y ve la mancha ya seca de sangre que tenia en la parte inferior de la misma, la toca.
―No me había dado cuenta. ―murmura sin levantar su cabeza―. Creo que ni siquiera se si esto es verdad. ―y mirándolo―. Gracias.
―Si de nada. ―le dice el mirando hacia otro lado―. Olvídalo quieres. ―agrega al tiempo que se sienta cerca de ella. Buffy se lo queda observando por primera vez, hay algo en el rostro del vampiro que hace que frunza su ceño de inmediato.
―Spike. ¿Qué sucede? ―le pregunta al ver el silencio que este mantenía a su lado.
―Nada. ―le contesta sin mirarla, mientras su vista vaga hacia la entrada de la sala.
―Y por eso traes ese rostro. ―le dice dándose vuelta para enfrentarlo.
―Es el único que tengo. Me lo conoces muy bien. ―le responde Spike mirándola de costado―. Olvida lo que dije quieres. ―le dice moviendo su cabeza de un lado a otro.
―Bien. ―le contesta esta seria. Se hace un silencio entre ambos.
―¿Cómo está la pequeña? ―le pregunta Spike después de unos minutos.
―Todavía no despierta. ―le responde Buffy―. Me estoy cansando de esto. ―y su rostro se vuelve duro casi frío―. De estar acá esperando sentada sin poder hacer nada.
―Necesitas descansar Buffy. ―le dice mientras inclina su cabeza para obsérvala. Ella la desvía. El la agacha con un gesto triste en la comisura de sus labios.
―No me iré. No la dejaré sola. ―le dice Buffy con un tono de reproche en su voz.
―Nadie te está pidiendo eso. ―le contesta Spike dándose media vuelta para enfrentarla―. No es fácil para ninguno de nosotros tampoco. ―la mira.
―No esto de humor para escuchar las quejas de nadie Spike. No es el momento para esto. ―le dice Buffy con un dejo de fastidio, al tiempo que su labios adquieren un rictus duro en su rostro―. No tengo ganas de jugar a ningún estúpido juego. ―lo mira seria.
―Ni yo tampoco slayer. ―le contesta Spike molesto―. Bien. Correcto. Tú y yo hablaremos entonces. ―le dice poniéndose de pie y mirándola desafiante.
―No ahora. ―le responde Buffy mordiendo sus palabras.
―¡Ahora! ―le dice tomándola de la muñeca y levantándola del asiento.
―¿Qué demonios te pasa? ¡Suéltame! ―exclama molesta. Spike la suelta―. ¿Te has vuelto loco? ―le pregunta Buffy mirándolo enojada.
―No. Pero casi. ―le contesta Spike con un dejo frío de voz. Ella se lo queda observando―. Tenemos que hablar Buffy, y no después, ni más tarde. Ahora. ―la mira.
―Sabes que no puedo. ―le responde desviando su mirada.
―Tendrás que hacerlo. Está vez no esperaré a cuando te decidas a dejarme entrar, pet. ―le dice mientras se mueve dos pasos hacia atrás, y moviendo su cabeza con un dejo de disgusto en su rostro―. ¿Crees que no me afecta? ―le dice señalando el cuarto―. ¿Qué no me importa lo que le sucede a la pequeña? ―se le acerca―. Déjame sacarte de tu universo particular pero no eres la única que sufre acá, luv. ―le dice con un tono bajo de voz.
―Yo no dije eso. ―Se defiende Buffy mirándolo desafiante.
―Entonces deja de actuar como la única mártir. ―le responde Spike tomándola por ambos brazos. Los dos se quedan mirando un segundo a los ojos, él la suelta y se aleja. Buffy clava su vista en un sector de la habitación.
―Admítelo Buffy. ―le dice de repente la voz de Spike que se encontraba en ese momento de espaldas a ella.
―¿Qué cosa tengo que admitir? ―le pregunta Buffy mirándolo seria. Spike gira su cabeza para observarla y con una voz profunda le responde:
―Que me culpas de lo que está pasando. ―Se la queda mirando. Buffy nada dice, solo aprieta con fuerza sus labios. Spike hace una mueca cansada con sus labios―. ¡Lo sabía!
―¡No! No lo sabes. ―le dice Buffy saliendo de su mutismo.
―Bueno nunca espere que me lo dijeras claramente. ―agrega Spike al tiempo que se da vuelta―. No es tu maldito estilo amor. ―la mira―. Pero ahí está de nuevo esa actitud de más sagrada que ti. ―Se le acerca― La reconocería aunque estuviera ciego.
―¡Por Dios! ¡Quieres escucharte por un momento Spike! ―le dice Buffy moviéndose molesta.
―Me escucho. ¡Y tú quieres dejar de mentirme y tratarme como un idiota! ―le contesta acercándosele hasta quedar a dos pasos de distancia entre ellos. Se miran ofuscados.
―No te estoy mintiendo. ―le dice Buffy mirándolo a los ojos.
―Tal vez no lo haces ahora, luv. Pero lo harás después. ―le responde Spike mientras inclina su cabeza―. Las cosas se pusieron en perspectiva esta mañana, Buffy. ―agrega con una extraña mueca en sus labios―. Y lo supe. ―le clava su mirada en la de ella―. Supe lo que pensaste. Que talvez hubiese sido mejor que nunca hubiese venido, así nada de esto estuviera pasando. ―Señala hacia el cuarto―. No vivirías conmigo en un hotel. Ni tendrías que estar dando malditas explicaciones a nadie. Y tal vez, quizás tal vez podrías haber sido feliz con ese vigilante o quien dice, el idiota de Ángel. ―la vuelve a observar―. Todo sería más fácil. Y podías seguir fingiendo que todo estaba bien. ―hace una pausa mientras tuerce sus labios y mirándola―. Por un segundo… por un bloody segundo, ¿dime si no lo pensaste? Fue una maldita revelación, ¿no? ―la mira sus rostros casi podían tocarse―. Y lo deseaste, amor. Por un maldito segundo, lo deseaste. ―Se aleja dos pasos hacia atrás―. Fue una gran idea. ―hace un silencio mientras se la queda observando. Buffy traga saliva y sus ojos relampaguean tratando de contener las lágrimas.
―Nadie sabe como me siento. ―le dice Buffy agachando su rostro con un tono de voz distante. Y la primera respuesta es la risita molesta de Spike.
―¡Maldición Buffy! ¿Y te preguntas como me siento yo? No, ¿verdad? ―le pregunta este moviendo uno de sus brazos en un gesto de fastidio.
―Es demasiado. ―murmura Buffy de repente enojada―. Todo esto es demasiado. Es más de lo que puedo soportar. ―lo mira.
―Ahorrate las explicaciones, luv. ―le dice Spike con un tono grave de voz―. Aliviare tu condena. ―y acercándosele arrastra una a una las palabras que suenan más profunda en la habitación―. No te preocupes por mí.
Buffy abre los ojos sorprendida.
―¿Qué quieres decir con eso? ¿Spike? ―le pregunta con un dejo de alarma en su voz.
―Lo que ya sabes. ―la mira―. Esto se acabó. ―le dice mientras sus ojos se oscurecen. Buffy lo sigue mirando como hipnotizada, no sabe como reaccionar.
―No puedes estarme haciendo esto Spike. No ahora. ―le pide Buffy atragantándose con sus palabras mientras su voz pasa entre la ira y el miedo―. No lo hagas.
―No te preocupes no me iré. Estaré acá para cuando llegue el momento. ―le dice Spike encogiéndose de hombros―. No tengo otro lugar a donde ir. Ni me interesa.
―Esto es una locura. Esto no está sucediendo. ―murmura Buffy mientras mueve su cabeza de un lado a otro, y levantándola para enfrentarlo―. Te equivocas. ―le dice.
―Tal vez. ―le contesta Spike mirándola―. Pero eso no cambiará nada.
―¿Y yo qué? ―le pregunta Buffy con un dejo de reproche en su voz.
―Sobrevivirás eres fuerte. La cazadora. ―le responde Spike, y apretando sus labios―. Además me imagino que no faltará quien quiera consolarte. ―la mira.
―¡Como te atreves! ―le reclama Buffy indignada.
―Ambos sabemos que no tiene sentido alargar más esto. ―le dice Spike serio―. No puedo reparar lo que cause, como no pude evitar que esa cosa le hiciera daño a la pequeña. ―agrega Spike moviéndose molesto de un lado a otro―. ¡Maldición! Daría mi vida por evitar que esto este sucediendo. Pero no puedo. Tengo las manos vacías. ―agrega al tiempo que voltea molesto de un manotazo uno de los asientos. Buffy da un respingo.
―Spike. ―le dice acercándose.
―No. ―le contesta con tono seco el vampiro. Ella se queda en su lugar, mientras aprieta con fuerza su mandíbula.
―Si lo hice. ―le dice después de un segundo Buffy. Spike se da vuelta a mirarla, con un dejo de tristeza en lo profundo de sus ojos―. Lo pensé. ¿Es lo qué querías saber? Ya lo sabes. ―le dice mirándolo.
―Si. ―le contesta mientras afirma con su cabeza, y tomando un especie de aliento mira hacia el corredor―. Será mejor que me vaya. ―la observa―. Puedes pasar por tus cosas cuando quieras. ―y encogiéndose de hombros―. Fue bueno mientras duro. ―comienza alejarse. Buffy corre detrás de él.
―¿Qué estás haciendo? ―le pregunta Buffy agarrándolo de un brazo y dándolo vuelta―. Ya te dije que lo siento. ¿Qué más quieres de mí?
―Esto es solo el principio Buffy. Qué pasará de acá unos días cuando ya no halla solución. ¿Dime entonces que harás? ―la observa, su voz sonaba cansada y profunda agrega―. ¿Cuándo alguien muera por mi causa? ―ella se lo queda mirando.
―Nadie morirá. Lucharemos. ―le contesta ella clavando sus ojos en los de él―. Ambos lo haremos. ¡Por favor Spike! ―le ruega Buffy mientras sus ojos comenzaban a nublarse. El le acaricia el rostro y le dice:
―Es bueno oírlo. ―y con un dejo de tristeza en su voz agrega―. Lucha por la niblet, pet. Ella te necesita. ―Se suelta.
―¡No! ―le dice Buffy poniéndose de nuevo en frente del vampiro―. No te librarás así de mi Spike. ―agrega mirándolo medio molesta.
―¡Ah! Ya veo. ―le comenta este mordiéndose una parte de su labio―. De esto se trata todo. ¿De quién deja a quien, no?
―¿De qué estás hablando? ¡Ya basta! ―le dice Buffy cada vez más furiosa.
―Lo siento. No quería estropear tu lista, así que me tendré que unir al grupo del peach, y el Capitán América. ―le responde molesto Spike―. No es un grupo al que me interese pertenecer, pero por lo visto no tengo otra elección.
―Te odio. ―le dice Buffy furiosa. Spike frunce sus labios.
―Bueno volvemos a lo básico amor. ―le contesto con un dejo de sarcasmo en su voz.
―¿Esto es todo? ―le pregunta Buffy conteniendo su bronca―. ¿Acá termina todo?
―Si. ―le responde serio Spike.
―Bien. Perfecto. ―lo mira molesta―. Ahora márchate y no vuelvas a acercarte jamás. ―dando un paso hacia atrás. Spike agranda sus ojos al tiempo que inclina su cabeza―. Te ayudaré. ―le dice―. Pero nada más.
―Te ahorraré el martirio. No quiero que me ayudes. ―le contesta Spike clavando sus ojos en ella.
―No tengo otra opción. ―le dice seca Buffy.
―No necesito tu lastima. ―le responde Spike molesto―. Guárdatela para cuando quieras compadecerte de ti misma. ―agrega mordiendo las palabras. Los ojos de Buffy centellan con la indignación. Y levantando su mano intenta golpear el rostro del vampiro, este la detiene en el aire, y con una sonrisa burlona agrega―. Golpe y sexo. ¿Así es como funcionamos no, pet?
Ella se suelta de un tirón.
―¡Aléjate de mi vista Spike! ―le dice molesta Buffy―. No quiero volver a verte.
―No te preocupes no lo harás. ―le dice Spike mientras aprietas sus labios en un gesto duro―. De ahora en… ―este se calla de repente. Todos sus sentidos parecen agudizarse mientras se queda en silencio escuchando los sonidos provenientes de la habitación. Al tiempo que sus ojos se ensombrecen
―¿Que pasa? ―le pregunta Buffy al ver la expresión en su rostro. Ella lo mira alarmada y siguiendo su mirada. Entonces Buffy comprende.
―¡Dawn! ―exclama mientras corre hacia ella.
Abre la puerta. El cuerpo de la chica se encontraba presa de fuertes convulsiones, mientras el ritmo de su corazón descendía lentamente. La alarma sonó en el lugar. Un médico seguido de dos enfermeras entraron en ese momento, haciendo sacar a Buffy que se resistía. Spike y Buffy estaban parados frente a frente mirándose sin hablarse, los minutos parecían horas, y cada sonido proveniente de la habitación se multiplicaba en mil ecos en sus cerebros. De pronto esta se abrió, y el rostro cansado y serio del médico les dijo lo que nadie quería oír.
―Lo siento. ―murmuro dirigiéndose hacia Buffy.
―No. ―negó esta rotunda―. No es verdad.
―Hicimos todo lo que pudimos. ―le informa este sin dejar de observarla―. Ella entro en shock repentino, no pudimos salvarla. No había nada más que hacer.
―No. ―volvió a repetir Buffy casi automáticamente.
―Sé como se siente…
―No. ―volvió a decir y mirándolos a ambos se metió en la habitación, deteniéndose en seco. Y apoyando su cabeza sobre el cuerpo aún tibio de su hermana, rompió en llanto.
Spike la observaba desde afuera, inclino la cabeza y limpiándose las lágrimas que comenzaban a invadir su rostro, dio media vuelta y se marcho. Buffy levanto la cabeza, en el instante justo que el cuerpo del vampiro se perdía en una esquina del corredor. Miro el cuerpo sin vida de su hermana y un vació profundo y oscuro se poso en ella.
Interior. Cementerio. Tarde.
Londres. Inglaterra.
El lugar se encontraba en silencio, a lo lejos un mundo distante y sombrío entraba en lo que sería una nueva noche de sus vidas. Pero el cuerpo que yacía dormido entre las hierbas no vería un nuevo amanecer nunca más.
Hace un tiempo que los demás se habían ido. La joven mujer solo sabe permanecer parada mirando la tumba delante de ella, mientras a sus espaldas el ocaso declinaba lentamente. Ya no hay más lágrimas que pueda derramar, ni lazos que la unan con esta vida. Todo su mundo se está desvaneciendo como esos últimos rayos de sol que se pierden en el horizonte. De pronto todo lo que la rodea se va tiñendo de negro. Y ella solo puede estar parada allí, observándolo.
Y una lágrima como el cristal escapa traicionera de uno de sus ojos, y en su lento descender se lleva con ella su última esperanza, mientras el viento arremolina hojas de dolor a sus pies. Unos pasos casi leves se acercan hacia Buffy, y ella reconoce aún sin darse vuelta al dueño de esos pasos. Extiende su mano hacia atrás, mientras otros dedos se cruzan con los de ella. Una mano fría la envuelve, pero Buffy sabe que sólo hay calor en esa caricia que la cubre lentamente.
Él se acerca aún más hacia ella, poniéndose a su lado. Los dos se quedan en silencio, sosteniéndose mutuamente con la mirada perdida en la lápida delante de ellos. El hombre agacha la cabeza y la gira hasta contemplarla por primera vez. El rostro de ella parece transfigurado, con una expresión ausente de quien ya nada tiene. Hay un profundo dolor que reside en lo recóndito del esmeralda de sus ojos, que hoy él, es incapaz de discernir. Y él ve como ella alza en su interior silenciosa una muralla que la separa de lo humano definitivamente.
Y solo puede inclinar su cabeza y permanecer ahí parado junto a ella, mientras a su alrededor los sonidos del mundo parecen detenerse. Y solo es el silbar tenue del viento en torno a ellos es todo lo que existe. Buffy alza su cabeza y lo mira, y con gran esfuerzo que parece salir del hondo de su alma le dice:
―Gracias. ―y se suelta de su mano alejándose dos pasos.
―Buffy. ―la llama Ángel como en un susurro. Ella toma una profunda inspiración y se da vuelta, mirándolo―. ¿Podemos hablar? ―le pregunta él sin dejar de observarla.
―Ahora no Ángel…, no podría. ―le dice Buffy esquivando sus ojos.
―Entiendo. ―murmura Ángel agachando su cabeza. Ella lo mira y acercándose le dice.
―Lo siento. No soy buena para hablar, creo que lo sabes. ―le dice con una extraña sonrisa en sus labios―. Lo siento. ―vuelve a decir al tiempo que aprieta fuertemente sus ojos. Ángel la sigue observando en silencio.
―No te preocupes me iré antes de que él venga. ―le dice Ángel mientras sus labios se tuercen hacia un costado.
―¿Qué? ―le pregunta Buffy confundida.
―Spike. ―le dice Ángel mirándola extrañado―. No interrumpiré su escena.
―¿De qué estás hablando Ángel? ―le vuelve a preguntar Buffy con el ceño fruncido.
―De que no quiero que halla más problemas entre nosotros. ―le dice dando dos pasos―. Olvídalo Buffy. ―agrega meneando la cabeza―. No debí haber venido. ―y comienza a alejarse por el sendero.
―Él no vendrá. ―le informa Buffy con un tono amargo en su voz.
Ángel se detiene y dándose vuelta, la observa. Ella esquiva su mirada mientras aprieta sus labios, al tiempo cruza fuertemente sus brazos en torno a ella. Un silencio incómodo baja con las primeras sombras.
―¿Por qué? ―le pregunta acercándosele―. Acaso ustedes… ―se detiene. Buffy oprime con más fuerza sus brazos y agacha la cabeza―. ¡Oh!
―Bueno si ya dejaste de compadecerte de mí Ángel, yo… ―no termina, con una mano se tapa la cara y cuando la levanta sus ojos brillan de repente―. Yo no se que hacer. ―le dice casi estrangulando su voz para que no se quiebre.
―¿Qué sucedió? ―le pregunta Ángel acercándosele.
―Lo típico. Parece que debe haber algo mal en mí, porque siempre termino alejando a mis novios. ―le responde Buffy con una mueca de disgusto en sus labios, mientras se aprieta una mano―. Ellos deciden dejarme. ―lo mira―. Bueno tú fuiste el primero Ángel, así que tendrás claro el panorama.
―Sabes muy bien porque lo hice. ―le dice Ángel defendiéndose―. No sé, ni me interesa porque lo hizo Spike, pero tal vez sea lo mejor. ―Buffy lo mira seria y se mueve molesta en su lugar, pero nada le responde―. El solo te estaba haciendo más daño. ―termina con un murmullo el moreno.
―Esto no está ayudando tampoco. ―le responde Buffy con un dejo de dolor en su voz.
―Escúchame Buffy, compréndeme. ―le dice mientras toma una especie de suspiro―. Si no podemos detenerlo, si no podemos parar esto que Spike está causando... piensa en como te sentirías si ustedes dos siguieran juntos. ―la mira―. Sería mucho más difícil para todos. Creo que esto es lo único inteligente que ha hecho Spike en toda su vida.
―No lo creo. ―le responde seca Buffy―. No lo siento así.
―¿Crees que par mí fue fácil Buffy? ―le pregunta con los ojos entristecidos―. No lo fue.
―Ángel, yo no… ―murmura apenas audible ella.
―Eres fuerte Buffy, encontrarás el camino. ―le dice Ángel observándola.
―A veces desearía no serlo tanto. ―le contesta ella con un dejo de amargura―. Solo me gustaría reclinar mi cabeza mientras alguien me abraza y me dice que todo estará bien. –oprime sus labios―. ¿Pero no es así, verdad?
―¿Quieres que te mienta? ―le pregunta Ángel acercándose.
―¿Serviría de algo? ¿La traería de vuelta… conmigo? ―le interroga Buffy con los ojos llenos de lágrima.
―No. ―le responde el vampiro con un dejo de tristeza en su voz.
―Entonces no lo hagas Ángel. ―hace un pequeño silencio y agrega―. Solo quédate conmigo. ―Él asiente con la cabeza y se acerca hacia ella abrazándola. Buffy reclina su cabeza contra su pecho y le dice―. Así está mejor. ―Se quedan unos segundos en esa posición hasta que se separan observándose detenidamente.
―¿Pensé que me odiabas? ―le pregunta Ángel de repente.
―¿Por qué? ―le interroga Buffy sorprendida.
―Por lo que hizo Ángelus. ―le responde agachando su cabeza mientras hunde sus manos en el interior de su gabardina.
―Ese no eres tú. ―le contesta Buffy seria―. Nunca lo fuiste.
―Temí que lo creyeras. ―le dice mirándola con un dejo de duda en sus ojos.
―No lo haría. ―le responde con una semi sonrisa ella.
―A veces desearía que las cosas nunca hubiesen ocurrido de esa manera. ―le dice Ángel, hace un silencio―. Quisiera poder borrarlas de mi memoria. ―agrega observándola.
―Sería fácil. Las cosas resultarían más simples. ―murmura Buffy―. Suena cool por un momento. ―frunce su ceño levemente―. Pero no dejo de preguntarme, ¿si esa sería yo? ―lo mira―. La que quede al final.
―Siempre serías tú. ―le dice Ángel mirándola.
―Si estaría mi cuerpo. Pero, pero yo siento que uno es más que eso. Mis memorias. Mis recuerdos. Todo lo que he vivido, todo lo que he sentido, amado y… y perdido. Están ahí. ―y tomando un profundo aliento―. Es lo que me hace ser Buffy.
Ángel nada le dice, agacha su cabeza mientras su mirada se pierde en las sombras. Ella levanta la cabeza y se lo queda observando.
―Dawn. No solo era un cuerpo, una energía creada por los monjes. Era un recuerdo en mí. Puede que falsos al principio pero después se hicieron verdaderos. ―Se detiene y con los ojos enrojecidos―. Ella era mi hermana Ángel. Y ella continúa aún en mi memoria. Y por más que me duela y sienta que me este muriendo, no quiero perder eso. No lo quiero. ―Su voz se entrecorta. Agacha la cabeza y se limpia de un manotazo las lágrimas que comenzaban a descender por su mejilla.
Ángel se le acerca y la abraza en silencio. Ella reclina su cabeza contra su pecho mientras ahoga sus últimos llantos. Se quedan así por unos momentos. Buffy cierra los ojos y siente la mano del vampiro acariciar su cabeza lentamente. Y por un momento es como si el pasado se hubiese corporizado en ese instante, donde el dolor se atenuara levemente. Ángel siente el calor del cuerpo de Buffy contra el suyo, buscándolo. El deja descender un beso sobre los cabellos rubios de ella. Buffy levanta su cabeza para observarlo, lo mira por un segundo y con una sonrisa tibia en la comisura de sus labios le pide.
―No me dejes por favor.
―No lo haré. ―le contesta Ángel clavando su mirada en el rostro de ella.
―No podría perder a nadie más en este momento. ―le dice Buffy y haciendo un silencio―. Te necesito Ángel a mi lado.
―Me quedaré contigo Buffy. Siempre. ―le responde mientras le acaricia el rostro.
―Gracias. ―le dice sonriendo―. ¿Siempre será así? ―le pregunta mirándolo.
―¿Qué cosa?
―El permanecer en mi corazón. ―le responde elevando su rostro hacia el de él―. A pesar de todo. ―baja su vista―. Yo siempre te querré Ángel. Solo que… ―pero no puede terminar la frase. Sus ojos se agrandan por la sorpresa, mientras su cuerpo se tensa en los brazos de Ángel. Este nota la extraña reacción de Buffy contra él, y sigue la dirección de su mirada.
En el medio del camino, el rubio vampiro los observaba en silencio. Ningún músculo de su rostro se movía, parecía una escultura de mármol materializada entre las sombras. Buffy se aparta de Ángel de inmediato. Y sus ojos se cruzan con los de Spike, que nunca fueron más celestes que en ese momento. Eran como dos cristales de agua que la miraban, cuyo frío hizo paralizar cualquier intento de sonido de su garganta. Mientras las facciones del rostro de Spike se atirantaban a límites indescriptibles. Y sin decir una palabra se dio media vuelta, marchándose.
Lo último que Buffy distinguió fue su gabardina movida por el viento, en el preciso instante que desaparecía entre los mausoleos, antes que las sombras lo devoraran por completo. Y Buffy podría jurar que la oscuridad de la noche bajo un poco más sobre ella. Dio dos pasos casi mecánicos, mientras sus ojos seguían aún clavados en donde antes se alzara su figura. Entonces las vio. En medio de la tierra, olvidadas yacían tres rosas rojas. Una lágrima descendió por las mejillas de Buffy mientras las contemplaba, se acerco y levantándolas las presiono entre sus dedos. Y en sus manos las rosas, eran como tres pimpollos de sangre.
Fue en el instante en que supo que su mundo se había derrumbado para siempre. Ángel permanecía parado todavía ahí observándola. Buffy pasa por su lado sin mirarlo, y yendo hacia la tumba de su hermana deposita en medio de un racimo de rosas blancas, las tres rosas de sangre. Y se queda arrodillada frente a ella, sintiendo a su corazón latir solitariamente.
Tres días después
Interior. Habitación Ángel. Hotel de W&H. Tarde.
Londres. Inglaterra.
La tarde iba muriendo en el horizonte mientras los últimos rayos de sol se filtraban por los ventanales de la habitación. El hombre se acerca en silencio alza su rostro y deja que estos lo bañen con su luz. Inclina la cabeza levemente hacia atrás como si los estuviera bebiendo lentamente, mientras hunde sus manos un poco más en el interior de su gabardina. A lo lejos el último rayo de sol moría en una línea de sangre extendida en la lejanía.
La puerta se abre a sus espaldas y un hombre joven cruza a través de ella. Ángel no se da vuelta ni siquiera despega su vista de la ventana. Wesley se le acerca casi en silencio, observándolo detenidamente. Desde su posición puede ver el semi perfil del vampiro, que luce distraído y con un dejo de profunda pena en lo oscuro de sus ojos. El vigilante toma aliento y agachando su cabeza la vuelve a elevar cuando escucha la voz de Ángel preguntándole:
―¿Qué sucede Wes? ―y esta suena cansada y salida de la distancia en donde vaga distraídamente la mente y la mirada del vampiro.
―Yo quería hablar un momento contigo sobre los nuevos informes que obtuvimos. ―le dice Wesley avanzando hacia él, y parándose a su lado―. Willow tenía razón. ―agrega al tiempo que sus ojos se pierden en el mismo horizonte que Ángel contempla.
Este toma como una especie de inspiración y observando al hombre a su lado.
―¿Estás seguro? Porque hasta hace unos días todo eso no era más que grandes especulaciones. ―hace un pequeño silencio―. Y no estamos en posición de dejarnos llevar por tontos sentimentalismos.
―No hay tontos sentimentalismos en esta lucha Ángel. ―le dice Wesley serio―. Todos murieron cuando su sonrisa se perdió para siempre. Pero claro… ―haciendo un gesto amargo con sus labios―, antes tuve que saber que ella me amaba, para que el dolor fuera más profundo. ―murmura mientras su voz se oscurece―. Pero no estamos hablando de mi ¿verdad? ―agrega mientras levanta su cabeza y observa el rostro del vampiro.
―No. ―le contesta este con un tono lúgubre―. ¿Qué descubriste? ―le pregunta después de un segundo de silencio.
―Muchas cosas y a la vez nada. ―le responde Wesley con un dejo distante y con los ojos perdidos en el pasado. Ángel lo observa interrogante y se da vuelta hasta quedar cara a cara enfrentados.
―Y se supone que ahora viene la parte en donde debo de sorprenderme y preguntar… ¿qué? ―le dice mientras cruza ambos brazos sobre su pecho.
―Si supongo que siempre viene esa parte. ―le contesta Wesley con un tono frío sin mirar al vampiro delante. Este frunce el ceño.
―¿Qué demonios está sucediendo? ―le interroga Ángel medio enojado.
―Muchas cosas y la mitad de ellas incomprensibles para mí. ―le contesta finalizando con un amplio suspiro―. Pensé que teníamos las respuestas, pero nos están moviendo las figuras y ya no puedo distinguir lo que es real de lo que es solamente una ilusión.
―¿Y Spike como entraría en todo esto Wes? ―le pregunta Ángel mientras se aprieta fuertemente la sien tratando de comprender las palabras del hombre.
―En que no creo que sea él único jugador en este juego. ―le contesta clavando su mirada en la del vampiro que lo contempla serio.
―¡Ah, vaya! ¿Y quién es nuestro nuevo jugador estrella? ―le interroga Ángel con un tono que dejaba entrever de antemano que no le gustara la respuesta―. Porque supongo que eso es lo que estás tratando de decirme desde que entraste por esa puerta. ¿Verdad Wes?
Este asiente con la cabeza. Ángel aprieta aún más sus brazos contra su cuerpo mientras se reclina un poco más hacia atrás.
―¿Y bien? ―le pregunta después de un tiempo, al ver que él otro nada le decía.
―¿Qué sabes de Merriam Ángel? ―le interroga Wesley levantando su cabeza para observarlo.
―Ya le dije a Spike todo lo que sé. ―le contesta molesto el vampiro―. ¿A qué viene ahora todo esto?
―Nosotros…
―¿Quiénes? ¿Spike y quién más? ―le vuelve a interrogar Ángel mientras se mueve de su lugar con un dejo de fastidio.
―Willow y yo. ―le responde Wesley tranquilamente sin cambiar el tono de su voz. Hace un pequeño silencio y dándole mayor énfasis a sus palabras prosigue―. Nosotros creemos que vamos a necesitar encontrarla para el ritual.
―¿Qué? ―le pregunta Ángel abriendo los brazos de inmediato―. ¿Qué sucede acá? ¡Enloquecieron todos de repente! ―comenta mientras se sigue moviéndose de un lado a otro como si fuera una fiera enjaulada―. No aprendimos nada, con lo que paso con… ―pero el no puede terminar la frase.
―La necesitamos a pesar de todo. ―le dice Wesley y agachando su cabeza agrega―. Ya es demasiado tarde para llorar por los muertos. Ellos ya encontraron el descanso, ahora a nosotros solo nos queda seguir fingiendo que seguimos vivos. ―lo mira―. Es fácil, solo imagina donde desearías estar y miéntete.
―Wes… ―Susurra apenas Ángel.
―Nosotros… ―desvía su mirada del rostro del vampiro―. Nosotros, encontramos una nueva profecía, en realidad es la parte que sigue a la que ya conocíamos. ―le dice Wesley serio―. Es la real. La completa. ―y su vos suena cansada, apagada mientras lo observa de nuevo.
―¿Y qué les hace pensar que no se equivocan? ―le pregunta Ángel meneando la cabeza incrédulo―. Porque antes estabas seguro de que lo sabíamos todo.
―Es por lo que dice Ángel. ―le contesta Wesley sin perder de vista ninguna de las reacciones del vampiro―. Concuerda con lo que estuvo sucediendo frente a nuestros ojos todo este tiempo.
―¿Y eso sería? ―le pregunta Ángel al tiempo que se recuesta contra el ventanal.
―Los que no deberían existir. ―le responde Wesley mientras sus ojos se pierden en el vacío.
―Muchas cosas no deberían existir pero lo hacen. ―murmura Ángel a modo de respuesta―. Se más específico Wes por favor.
―Pero pocas cosas son las que están relacionadas contigo Ángel. ―le dice Wesley al tiempo que levanta su rostro y enfrenta la mirada oscura del vampiro.
―¿Yo?
―Si. ―le responde sin dejar de observarlo―. Ayer encontramos referencias a una profecía que habla que algo desatara el final de los tiempos cuando el primer día del solsticio de verano llegue. ―el hombre hace un silencio y tomando aliento prosigue―. Habla de una línea que ha sido interrumpida. Y cuando esto suceda dos destinos antes separados correrán por el mismo camino. Y aquel, al cual este le fue arrebatado deberá pagar la ofrenda. Un precio de sangre de los que no debían existir. Sólo así la línea será restaurada, cuando las energías de los demás ya se callen. La vida y la muerte serán conjuradas. Porque solo un camino persistirá al final, y solo uno deberá pagar el precio.
―Solo son acertijos en la oscuridad Wes. ―le dice Ángel sobándose la frente una y otra vez―. Nada más.
―Una parte de ese acertijo mato hace unos días a una chica inocente. ―le responde Wesley medio molesto―. Y no permitiré que lo vuelva hacer.
―¿Y ahora qué, yo soy el culpable? ―le pregunta Ángel mientras alza el tono de su voz―. Déjame recordarte que no soy yo quien está creando todo este caos.
―Nadie esta diciendo eso. ―le responde Wesley con un suspiro
―Lo siento. ―le dice Ángel cerrando los ojos―. Pero esto de Spike ya ha ido demasiado lejos. Debemos detenerlo. ―lo mira. El otro hombre asiente silencioso con la cabeza―. ¿Pero aún no entiendo que tiene que ver Merriam con todo esto? ―le pregunta el moreno después de que se quedara en silencio por unos segundos.
―Es por lo que dice la profecía. "Los que No debían existir" ―le responde Wesley mientras levanta la cabeza para observarlo―. Todos sabemos que el destino de Spike era morir en la Boca del Infierno, él no debía regresar, él…
―No debe existir. ―termina por él la frase el vampiro.
―Si. Pero la profecía habla de Los… Ángel. Plural. ―Se lo queda mirando.
―¿Y ustedes piensan que la otra pieza en el rompecabezas es Merriam? ―le pregunta Ángel frunciendo el ceño.
―Sí. ―vuelve afirmar Wesley―. Ella tampoco debería existir Ángel. ―lo observa serio.
―Esto no es Entrevista con el Vampiro, Wes. ―le contesta fastidiado―. Ni estamos en una de esas novelas de Anne Rice.
―No, no lo creo. ―agacha la cabeza―. Pero todos sabemos que hay reglas, hasta los demonios y vampiros las tienen… ―hace un silencio deliberado, lo mira―. Y una niña no entra dentro de ella.
―No fui yo, fue Ángelus. ―Se defiende Ángel mientras mueve su cabeza de un lado a otro―. Y no puedo hacer nada para cambiar eso.
―Nadie te acusa Ángel. Todos sabemos que tú no eres ese monstruo, pero… ―lo mira―. Pero necesitamos encontrarla.
―Eso es imposible. ―le responde Ángel en un tono bajo de voz.
―Si claro lo sé. Es como tratar de encontrar una aguja en un pajar, pero debemos intentarlo.
―¿Cómo? ―le pregunta Ángel.
―No lo sé. Sólo se que debemos hacerlo Ángel. ―le responde Wesley serio―. Se nos está acabando el tiempo y cada día que pasa es una oportunidad que estamos perdiendo.
―¿Para salvar a Spike, no? ¿De esto se trata todo? Por lo que veo Buffy ya te convenció. Es muy persuasiva cuando se lo propone. ―y moviendo su cabeza en disgusto―. Pensé que se había olvidado de esta locura con todo lo que paso, por culpa del regreso de Spike.
―No, ella no lo hizo. Ni siquiera hemos hablado a solas un momento. ―lo mira y sus facciones se endurecen al hacerlo―. Pensé que era lo correcto, que era lo que debíamos hacer… ―hace un pequeño silencio―. Y no hablo de salvar a Spike, sino de buscar la manera de detener este infierno que se avecina sobre nosotros. ―y su voz toma un tinte cada vez más profundo―. ¿No es por lo que luchamos?
―Yo solo quiero acabar con esto Wes. ―le responde Ángel cruzándose de brazos.
―Yo también, pero para eso necesitamos a la chica. ―vuelve a insistir el hombre―. De alguna manera logro canalizar la energía de la llave que residía en Dawn para manifestarse. Esto la vuelve sumamente peligrosa. ―Se queda meditando unos segundos―. Además ya se estuvo manifestando antes… ―Se aprieta fuertemente los ojos―. En sueños claro pero lo hizo.
―¿Cómo lo sabes? ―le pregunta Ángel sorprendido.
―Willow me contó que tanto Spike como Buffy soñaron con ella. ―Se lo queda mirando―. Acaso tú alguna vez…
―No. ―lo interrumpe seco de inmediato el vampiro―. No lo hice.
―Era una posibilidad. ―le dice Wesley encogiéndose de hombros―. Pero aún así, debemos encontrarla.
Se hace un silencio pesado entre los dos hombres, por unos segundos ninguno es capaz de romperlo, de pronto se alza como un susurro la voz de Ángel.
―¿Estás seguro Wes? ―le pregunta dubitativo―. ¿No será otra cosa?
―¿Qué más puede ser? Ella hablo de lazos de sangre que los unían. ―toma aliento―. Y por lo que dice la profecía tiene que estar relacionado contigo… ―hace un silencio lo mira―. ¿Quién más podía ser?
La mirada del vampiro se vuelve más oscura y con una voz espesa y profunda le responde.
―No lo sé.
Siguen hablando por un rato más hasta que el hombre decide marcharse. Una vez solo en la habitación, Ángel se acerca a la ventana, la abre y apoyando su mano en el marco se queda observando la noche que se cernía como un fantasma sobre la ciudad. Y sus pensamientos vuelan al pasado, a voces que se pierden, y a esperanzas truncadas. Ahora son otras las voces que lo reclaman y un viejo dolor quiere volver a recobrar su presa. Escucha la voz del vigilante resonando una y otra vez en su cabeza, que le recuerda "Lo que No debía existir". Y oye otra voz de niña que le susurra en sus oídos, "Son lazos que nos unen fluyendo por nuestras venas. Caminos de sangre. Ellos nos vuelven familia" El vampiro intenta cerrar su mente a todas estas palabras, pero le es imposible. Y él sabe en el fondo de su alma cual es la respuesta. Y es cuando sus labios murmuran como en una plegaria, el nombre prohibido.
―Connor.
Continuará...
