VIGÉSIMA PARTE

Interior. Departamento de Ángel. W. & H. Noche.

Londres. Inglaterra.

POV (Ángel)

¿Cuánto dolor puede encerrar un simple nombre? ¿Cuántas mentiras esconder una palabra? Y en la soledad de la noche, en su quebranto, un viejo dolor tortura a un alma. Un alma que hoy contiene al demonio adormecido y a otro hombre encerrado con ella en el olvido. Y la prisión en la que se convirtió hoy ese cuerpo, es el que observa tras los cristales de su ventana. Pero el hombre de un golpe baja las cortinas, y el mundo queda oculto de su mirada. Se gira cansado y sus ojos negros se confunden con la oscuridad que habita en su morada. Pero el vampiro solo mira a otras sombras, y a un pasado que muerde a cada rato, de voces que repercuten en su mente, de ilusiones perdidas y un loco deseo de perderse en el olvido eterno.

Y Ángel camina por aquel cuarto apenas iluminado, lo observa indiferente con un dejo distante en su mirada. Se sienta en un extremo de la cama dejando caer pesadamente sus brazos sobre sus piernas, y así se queda por unos minutos, en el silencio profundo. Cierra sus ojos y su mente recuerda e imágenes como flashes cruzan por su mirada, voces y olores que pensaba perdidos vuelven a vivir una vez más. La sonrisa de un bebe, su llanto, su olor se entremezcla con esa oscuridad que lo envuelve. La sensación de su cuerpo tibio contra el suyo, la forma de dormir, su mirada perdida en su rostro. Y entre todas esos recuerdos, la voz del vigilante se alza más fuerte aún y martillea constantemente esas malditas palabras "¿Quién más podría ser?" Ángel no quiere responder a esa pregunta. ¡Jamás! "Los que no debían existir" regresa a repiquetear en su cerebro. "El niño milagro", "Nuestro niño es un milagro Ángel, lo único bueno que hicimos junto" "¿Cuál es su nombre?" "Connor". Y vuelve a apretar más fuertemente sus ojos intentando inútilmente acallar todas esas voces que se ciernen sobre él, como trozos de cristales introduciéndose en su carne. Que laceran, que se hunden en lo profundo.

Y tras esas cortinas que él ha cerrado, hay un mundo que sigue latiendo, naciendo y muriendo a cada segundo. Voces que hoy suenan extrañas a sus oídos, de un llamado que se congelada cada vez más con el paso del tiempo. De un deber, que le sabe a nada. Y el vampiro pierde sus ojos en la penumbra de la habitación, en esas sombras que se le antojan como un cuenco de oscuridad donde siente perdida a su alma. De esa alma que lo maldice y lo salva. Del dolor ser y no ser, de querer y tener que dejarlo todo en el camino. Mientras afuera de estos muros el mundo sigue girando indiferente a la guerra que bulle en su ser.

Y el vampiro sentado en la cama en ese cuarto de la habitación, desea más que nada, más que otra cosa en el mundo cerrar su mente a todas esas voces que repercuten una y otra vez. Que le hablan de ilusiones perdidas, de ese inmenso vacío que lo agobia. Y Ángel sabe del dolor de la renuncia, de perderlo todo y aparentar un falso olvido que no existe para él. Y del peso de cargar solo, sobre sus hombros un dolor que quema en el recuerdo. Su cabeza se inclina un poco más sobre sus hombros mientras un soplido de viento se escapa de sus labios.

POV (Spike)

Un olor a humo y licor se percibe en el ambiente, danzando como una droga sensual que enturbia los sentidos. El rumor de las voces se acallan por momentos, y un leve susurro se va adueñando del lugar no bien cae la noche. En una esquina del viejo pub, el vampiro observa. Observa los rostros que pasan delante de él, percibe su aroma, el dejo salobre de sus miedos y se hunde un poco más él, como en un maldito toxico que necesitan sus sentidos.

Se inclina aún más contra la pared, dejando reposar su cabeza contra ella, mientras atrae a sus labios el cigarrillo que hace rato había encendido. Pero su mundo se dibuja lejos de esas sombras, de la penumbra del local que recorta su figura. Del brillo indescifrable de su mirada y del rictus casi tozudo en que tuerce sus labios más de una vez. Y recuerda sus ojos, ve el dolor y el reproche en su mirada, y siente la maldita sensación de arrancarse la vida en jirones mientras sus labios la alejaban de él.

Golpea más su cabeza contra el muro que lo sostiene, como si fuera un demonio con el cual pudiera luchar limpiamente, pero él sabe que no es así. Y un torbellino de sentimientos se apoderan de su alma, haciéndolo su presa. La culpa, el dolor y el miedo, no han dejado de martillar en su cerebro ni una puta vez desde que la dejo. Aprieta aún más fuerte sus labios, mientras el cigarrillo casi se extingue entre sus dedos sin siquiera haberlo tocado. Pero Spike esta muy lejos de percibir esas sensaciones. Y es solo cuando siente el calor del mismo arrastrándose por sobre sus dedos que lo observa y con un leve movimiento de su muñeca lo arroja fuera de su mano. Este cae debajo de una silla próxima en donde se va a perder para siempre. Pero es otro el calor que quema su alma, y el cual no es tan fácil de librarse como esa colilla de cigarrillo.

Y por más que intente de convencerse de que hizo lo mejor, que tarde o temprano iba a suceder. No puede dejar de odiarse por ello. Pero como vivir con el reproche silencioso de su mirada, o el dolor de ser el causante de la muerte de la niblet. Porque por un maldito segundo ella lo pensó, y por millones de bloody segundos él no deja de pensarlo. De torturarse, de odiarse y caer de vuelta, y por más que intente converse de lo contrario cada vez el pozo de dolor se le antoja más profundo.

Y si el fuego del amor es lo que siempre sostuvo al hombre y al vampiro en él, el que lo moldea y lo devora, arrasándolo. Hoy es la culpa la que lo esta consumiendo como esos fuegos que se extinguen en el horizonte. Spike levanta su vista, y observa a su alrededor ve los rostros de las demás personas que como él, parecen debatirse en silencio con sus demonios internos. Algunos sostienen entre sus manos una copa de licor con un gesto casi de resignación en su mirada. Mientras que otros caminan con la vista perdida buscando encontrar en su camino otra alma que le diga, que le entiende, que ya no esta solo. Y el vampiro puede sentir, el miedo, el dolor, los temores en el ambiente. Y cierra de nuevo sus ojos, mientras las voces de otras vidas ajenas a la suya rondan como fantasmas a su alrededor.

POV (Ángel)

Y él hombre levanta la vista y la pierde en un horizonte que se extiende más allá de esos muros que hoy lo contienen. Mira un pasado teñido por el dolor de perderlo todo, de dejar en cada paso del camino retazos de su alma. Un alma que como una maldición encierra al hombre y al demonio juntos. Cierra sus ojos, y Ángel sabe que todo lo que ha querido, todo por lo que ha luchado, ha tenido que dejarlo atrás. Y seguir adelante. Buscando una redención que hoy le sabe más a hiel que a otra cosa.

Se levanta y lentamente camina hacia la ventana de su habitación, descorre las cortinas y observa. Observa ese mundo lejano y sombrío el cual se ha convertido en su único refugio. Por el cual aún pelea, por el cual aún lucha. Y él apoya cansado su cabeza contra el vidrio, y siente el frío del mismo rozar su rostro como en un beso helado. "Connor" repiten sus labios casi en un tenue murmullo. Y el vampiro se resiste a todo. No acepta estas nuevas reglas de juego. No acepta volver a perder ese tibio consuelo que se impuso a si mismo. Ese mundo idílico que ha creado para su hijo. Pero por sobre todo, no desea volver a ver el odio en su mirada cada vez que este lo observaba. La locura casi bestial que lo envolvía, la cual lo iba destruyendo lentamente.

Él, le había a dado la oportunidad de ser feliz. De tener lo que él jamás podría darle, una familia. Una vida normal, sin demonios, sin dolor…, sin recuerdos. No. Se vuelve a repetir la mente de Ángel para si mismo. No Connor. Tendrán que buscar otra manera, pero él jamás iba a permitir que arriesguen a su hijo.

Cierra de un golpe de nuevos las cortinas, y la penumbra invade otras vez la habitación. Él había tomado una decisión y nada lo haría volver a tras. Su rostro se endurece en un gesto casi de piedra. Pero Ángel no estaba dispuesto a pagar el precio y nada de lo que dijeran lo iba hace cambiar de opinión. Él había renunciado a su hijo por darle un futuro, y no se lo quitaría solo por unas estúpidas teorías sobre lo que no debía existir. Ya sabía lo que tenía que hacer, y eso sería lo que haría.

POV (Spike)

Las voces comienzan a acallarse una a una, la noche las va devorando lentamente. Ya son pocos las personas que van quedando en el local. Spike llena de nuevo su vaso, lo observa delante de sus ojos por unos segundos y se lo toma de un solo trago. Y el whisky hoy a él, le sabe a nada. Ni siquiera es capaz de enturbiar sus sentidos, de hacerlo olvidar.

Y recuerda, recuerda la tumba en el cementerio esa que ha estado visitando en silencio todos estos días desde su muerte, y ve su rostro que como si fuera un sueño el cual va decolorando paulatinamente delante de él. Y se maldice por eso. Por las malditas rosas que no dejan de marchitarse día tras día. Por sentir en el fondo de su alma, esa culpa que él sabe que no lo abandonará jamás, como esa tumba que hoy se alza en medio del cementerio.

Y ve unos ojos verdes en la noche y en ellos percibe sus dudas, sus temores que le saben como a un ácido corrosivo escurriéndose por sus entrañas. Y se vuelve a odiar por dejarla, por querer protegerla y por fallar miserablemente. Por no estar ahora ahí con ella, aunque sea observándola en silencio tras la barrera que hoy los vuelve a separar.

Enciende otro cigarrillo en la casi penumbra del local, tratando con este simple gesto de romper con la oscuridad que lo rodea, y unirse a esos otros gestos simples de una vida. Y la luz del cigarrillo ilumina de a poco su rostro, mientras el humo del mismo lo vuelve a ocultar dentro de las sombras. Sumergiéndolo de nuevo en ese abismo. Y lo que estuvo intentando de evitar con su partida solo fue un triste sueño que se murió en un esbozo. Todos estos días su mente no ha dejado de preguntarse si este es él. Si en realidad es él, yendo contra lo que siente, contra su naturaleza. Si vale la pena, si en verdad el dolor es mas leve. Y se vuelve a maldecir y odiar por ello, por seguir amándola, y que este amor lo este quemando como una hoguera que se extiende por todo su ser incapaz de declinar. Que lo consume con sus flamas y de las cuales vuelve a nacer, porque al final del camino, es lo que él es. Es lo que lo alimenta día a día, lo que lo mantiene en esta vida, y no sabe ser más que esto.

Spike inclina hacia un costado la cabeza mientras cierra sus ojos y la deja reposar contra la pared. Los abre, mira el local ahora ya casi vacío, las miradas perdidas de los últimos clientes. Siente el olor a tabaco entremezclado con el de licor y perfumes baratos. Se mueve un poco en su asiento, y siente el roce de su gabardina contra el cuero del respaldo. Y puede percibir su propia aroma en ese instante, cuero y tabaco combinando en sus sentidos, mientras da las últimas pitadas a su cigarrillo.

Pero más allá de este mundo que lo rodea, el vuelve a recordar las palabras de ella que repercuten una y otra vez en su memoria. Los ve abrazados en medio del cementerio, sosteniéndose, confortándose. Y vuelve a dudar, de todo lo que ha tenido en estos últimos meses. De las palabras, de los gestos, de las caricias. De los momentos compartidos, de los silencios. Y no quiere hacerlo. No quiere. No desea tener nada más que no sea real en su vida. Y sus labios se presionan en un rictus casi duro mientras sus ojos se ensombrecen notoriamente confundiéndose en la penumbra.

De pronto se levanta de su asiento y con pasos largos abandona el pub. Mira la calle delante de él, tuerce sus labios, duda un segundo y tomando una especie de inspiración comienza a descender por la vereda hasta perderse por completo de la vista. Arriba la luna brilla silenciosa.


Interior. Sala. Departamento de Giles. Tarde.

Londres. Inglaterra.

Buffy esta sentada acurrucada en una esquina del sofá sosteniendo entre sus manos una taza, a la que de vez en cuando le da un sorbo, y cuyo contenido hace rato dejo de estar ni siquiera tibio. Ella parece ni notarlo. Solo se la queda sosteniendo con ambas manos, como si tuviera la necesidad de aferrar algo entre sus dedos. El ruido del timbre resonando en las paredes de la casa, la saca de sus meditaciones. Gira la cabeza hacia el sonido del mismo, y apoyando el vaso en la mesita, se levanta a atender.

Abre la puerta. En el lumbral de la entrada la figura de Ewan se recorta contra el marco de la misma. Sostiene en sus brazos un grueso libro y una expresión entre expectante y dudosa se perfila en lo profundo de sus pupilas. Buffy lo contempla como a través de un velo, incapaz de tener reacciones normales.

―¿Puedo pasar? ―le pregunta este al ver que ella nada le decía.

―Perdona. ―Se disculpa y cerrando los ojos por un segundo―. Pasa Ewan. ―este entra y mientras ella cierra la puerta tras de sí―. Giles no está. ―le informa.

―No vine hablar con él Buffy. ―le dice Ewan con un bajo tono de voz, como si meditara cada una de sus palabras.

―¿No? Yo pensé… este, uhh… bueno ya veo. ―balbucea como respuesta Buffy.

―¿Podríamos hablar? ―le pregunta al ver la expresión de desconcierto en su rostro―. Tengo algo que tal vez pueda ayudarte. ―le dice después de una breve pausa. Los ojos de Buffy lo miran sorprendida.

―Entra y siéntate por favor. ―le dice ella indicándole el sofá. El joven se sienta, mientras Buffy lo hace enfrente de él. Ambos se quedan en silencio por unos segundos. Ewan observa la habitación y luego posa sus ojos sobre la joven que lo estaba mirando.

―Siento lo de tu hermana. ―le dice casi en un susurro.

―Gracias. ―le contesta ella bajando nerviosa la mirada. Se produce otro tenso silencio entre ambos―. ¿De qué querías hablarme? ―le pregunta Buffy después de un tiempo.

―Si bueno. ―la mira―. Se que Andrew los está ayudando. ―Buffy mueve la cabeza incómoda hacia un costado―. Él tomó la otra vez el libro que estaba investigando. No se si…

―¿Qué es lo que quieres saber? ―lo corta de inmediato Buffy.

―No soy tú enemigo Buffy, solo quiero ayudarte. ―le contesta el joven con un dejo de reproche en su voz―. Déjame hacerlo. ―le pide a continuación.

―Está bien, continúa. ―le dice Buffy apretándose con fuerza sus manos.

―Cuando Andrew sustituyo el libro, lo cambio… ―hace una pequeña pausa mientras sus labios se distiende en una sonrisa semi irónica―, lo cambio sin intención, pienso yo por este. ―le dice señalando el libro que descansaba sobre sus piernas―. Y creo que él hay más respuestas de las que aparenta a simple vista.

Buffy frunce el ceño mientras lo escucha.

―¿Y qué tiene de especial ese libro? ―le pregunta reparando recién en él.

―Tal vez parezca una locura, pero estuve pensando que una alteración como la que Spike está causando requiere de grandes cantidades de energía. ―Ewan se detiene por un momento y tomando aliento―. Y son muy pocos lo seres capaces de tener el poder de crearlas o drenarlas. ―y mostrándole el libro que pone sobre la mesa delante de ella―. O fue un demonio con muchísimo poder, o tal vez un Dios o un Antiguo. ―la mira―. Ellos son los únicos capaces de canalizar este tipo de energía.

―Como Glory. ―dice Buffy mientras su mirada se torna oscura.

―¿Quién? ―le pregunta Ewan al observar expresión que había adquirido el rostro de la chica.

―Era una diosa, ella quería obtener a la llave… ―hace un pequeño silencio, su voz quiere entrecortarse―. Olvídalo. ―le dice después al tiempo que aprieta sus labios hasta ponerlos casi blanco.

―Esta bien Buffy, como quieras. ―le dice Ewan mirándola atentamente―. Wesley tiene razón, el alma de Spike no es la única cosa que esta provocando esta alteración. Hay algo más. Un juego de energía, una alteración de la misma que está provocando todo este caos. ―hace un silencio―. Pienso que el alma de Spike está actuando como conducto. ―hace una pequeña pausa―. Y debemos encontrar el origen de la misma, para poder ver si tenemos una posibilidad de drenarla.

―¿Drenarla? ―le pregunta Buffy, sin comprender completamente.

―Si eso es posible claro. ―le responde este con un gesto dudoso de sus labios―. Pero es una posibilidad.

―¿Y esto salvaría a Spike? ―le pregunta Buffy desconcertada―. Detendría las manifestaciones y todas esas cosas. ―lo mira.

―Te mentiría si te dijera que sí, pero en teoría podría funcionar. ―hace un pequeño silencio mientras agacha su cabeza―. Pero la pregunta del siglo es ¿cómo hacerlo?

―Comprendo. ―dice Buffy asintiendo―. Pero es una opción…, me gustan las opciones. ―lo mira―. Gracias. ―y dudando―. Yo, umm… Ewan… ¿por qué lo haces? No es que no te lo agradezca. ―y abriendo sus ojos―. Lo hago. Es que yo pensé que con todo lo que paso entre Spike y tú…

―Quería verlo muerto. ―termina Ewan por ella la frase. Buffy asiente con la cabeza―. Bueno a decir verdad esto no lo hago por él, sino por tí. ―y al ver la expresión en el rostro de ella agrega―. No me malinterpretes, me quedo claro cuales son mis posibilidades. Pero también lo hago por mí, porque creo que es lo correcto. Y ya me deje de preguntar a quién debo ayudar, sino cómo. Sólo eso. ―hace un silencio mientras agacha la cabeza y mirando hacia la puerta― Bueno eso era todo lo que quería decirte Buffy. Lo mejor será mejor que me vaya.

Buffy se lo queda mirando por un segundo y con una sonrisa le dice.

―Gracias, de verdad.

―No es gran cosa. ―le contesta el encogiéndose de hombros como restándole importancia.

―Para mí si. ―le dice ella mientras se levanta.

Ambos se dirigen a la puerta, se quedan observando. Buffy la abre en el momento exacto en que la sombra de un cuerpo se interpone entre ellos. Y ella levanta la cabeza para encontrarse con la figura de Ángel que se quedo parado de repente inmóvil mirándolos a ambos.

―¡Ángel! ―dice Buffy sorprendida.

―¿Molesto? ―pregunta observando de soslayo al joven que lo miraba con una extraña expresión en sus ojos.

―No, no. Ewan ya se iba. ―le informa Buffy.

―¿Así que tu eres Ángel? ―le pregunta Ewan.

―Si. ―le contesta este dudoso.

―Wesley me hablo mucho de ti. ―y estrechándole la mano―. Un gusto en conocerte.

―Este, si… claro gracias. ―les responde Ángel confundido.

―Bueno yo ya me voy. ―dice Ewan dirigiéndose a Buffy, comienza a pasar por al lado de Ángel―. Cualquier cosa no dudes en preguntarme Buffy. ―y mirando de reojo al vampiro―. Yo quiero ayudar, si me dejas claro. ―agrega.

―Gracias por decirlo Ewan. ―le dice Buffy con una sonrisa.

―De nada. ―le contesta este y se marcha cerrando la puerta detrás de él.

Buffy y Ángel se observan en silencio.

―¿Estas sola? ―le pregunta Ángel queriendo romper el silencio.

―Si Giles sigue en el Consejo. Y Andrew no le gusta quedarse mucho tiempo por acá últimamente. ―le dice Buffy mientras se apoya contra el costado de un mueble y mirándolo―. ¿Qué es lo que querías Ángel?

―Saber si estabas bien. ―le dice él, al tiempo que mete sus manos en el interior de su gabardina.

―¿Por qué todos me preguntan lo mismo? ―le interroga Buffy con un dejo de fastidio en su voz―. Cobraré al próximo que me lo diga.

―Yo no quise…, yo… ―comienza a excusarse Ángel.

―Esto no está resultando fácil para mí. ―le dice Buffy con la mirada baja―. Pretendo que sí, pero no… ¡Dios! Siento que a veces me supera. ―Sus labios se ponen casi blancos por la presión a los que lo somete.

―Nunca quise que esto pasara Buffy. ―le dice Ángel agachado su cabeza, Buffy levanta la vista para observarlo―. Siempre quise protegerte, mantenerte a salvo.

―Lo sé Ángel. ―le dice Buffy y suspirando―. Pero nunca pensaste que tal vez no necesite protección, que solo quiero que permanezca ahí, a mi lado.

―Ya te dije porque…

―No. No se trata de nosotros. ―lo corta ella mientras mueve la cabeza hacia un costado―. Se trata de todos. Por momentos soy para todos la Cazadora, La elegida. Hey… Buffy tu eres fuerte, tu nos ayudarás… ―hace un pequeño silencio―, pero después umm… no, Buffy esta mal. Ella no entiende, esto es lo mejor para ella. ―moviéndose fastidiada―. Sabes que, lo mejor será alejarse. Ella lo entenderá después, es por su bien. ¡Mentira! ―agrega molesta.

―Buffy. ―Susurra Ángel a su lado, y tomando aliento―. Desquítate conmigo si eso te hace sentir mejor. ―le dice mirándola―. Pero recuerda que no soy Spike. ―murmura medio molesto el vampiro.

―No, no lo eres. ―le contesta Buffy aún enojada.

Se hace un silencio entre ambos por unos segundos.

―Pensé que los de ustedes dos había terminado. ―le comenta Ángel dudoso. Buffy nada le contesta al principio al tiempo que esquiva la mirada de él―. ¿Acaso ustedes volvieron? ―le pregunta sin dejar de observarla.

―No. ―le responde ella mientras aprieta sus brazos en torno a ella.

―¡Ah! ―exclama este―. ¿Lo has visto de nuevo? ―sigue interrogándola.

―No. ―le vuelve a contestar seria Buffy, y moviéndose incómoda―. ¿Ya terminaste con el interrogatorio Ángel? ―le pregunta y observándolo―. Porque en realidad no estoy de humor para esto.

―Tal vez sea mejor que me vaya. ―dice después de un tiempo Ángel agachando la cabeza―. Sólo quería asegurarme de que estuvieras bien.

―Yo… lo siento. ―Se disculpa Buffy apretando con fuerza los ojos―. Ahora no puedo, compréndeme. Yo te lo agradezco pero ahora no. Gracias por venir Ángel… por preocuparte. Yo, umm…

―Si, lo sé. Necesitas estar sola. ―le dice Ángel sacando sus manos de la gabardina.

―Si. Lo siento. ―le contesta Buffy clavando sus ojos en los del vampiro―. Otro día tal vez nosotros…

―Si, claro. Seguro. ―la corta Ángel al tiempo que se incorpora en toda su estatura―. Hablaremos ese día entonces. ―y haciendo una pequeña pausa―. Ya sabes donde encontrarme. Giles tiene mi dirección. Este… será mejor que me vaya. ―le dice y comienza a darse vuelta cuando escucha la voz de Buffy tras sus espaldas.

―Ángel.

―¿Sí? ―le pregunta con un brillo expectante en su mirada.

―Gracias. ―le dice ella con una tibia sonrisa.

―De nada. ―le responde el, sonriendo también. Y es en ese instante cuando se oye el sonido del timbre repercutir por las paredes de la habitación.

Buffy frunce el ceño y encaminándose a la puerta, la abre. Un hombre con vestimenta de correo se encontraba de espaldas a la misma mirando hacia la calle. Al oír la puerta abrirse a sus espaldas este se da vuelta.

―¿Buffy Summers? ―pregunta el empleado de encomiendas.

―Sí. ―le contesta Buffy extrañada.

―Tengo algo para usted. ―le dice al tiempo que deposita dos maletas en el lumbral de la puerta―. ¿Podría firmarme aquí? ―le pide entregándole una planilla de entrega. Ella la toma y la firma.

―¿Quién me manda esto? ―pregunta Buffy al observar extrañada el par de maletas.

―Un sujeto de un hotel. Un poco raro si se me permite decirlo. ―comenta el empleado mientras se rasca la cabeza con la parte de atrás de la birome―. Nos pidió que se lo entregáramos hoy sin falta. Y amenazo con desayunarnos si perdíamos algunas de las maletas. ―y mirándolas―. Yo que usted no las abriría, vaya a saber que cosa hay ahí adentro. Hay gente loca por todas partes. ―comenta mientras mueve su cabeza en desaprobación.

―Si, si gracias. ―le responde Buffy cortándolo―. ¿Esto es todo?

―Si. ―le contesta el empleado. Y al ver que la chica nada más le decía―. Que tenga una buenas tardes señorita. ―la saluda este al tiempo que se aleja en dirección donde tenía estacionada la furgoneta.

Buffy observa las maletas delante de ella y sin decir nada las entra. Ángel continuaba en silencio a su lado.

―Las envió Spike. ―dice este después de unos segundos.

―Si. ―es la única respuesta que obtiene de los labios de Buffy.

―Yo…

―Estaré bien Ángel. ―le dice ella enfrentando su mirada. El asiento en silencio con su cabeza, abre la puerta y antes de salir hecha una mirada sobre la chica que seguía contemplando las dos maletas a sus pies. El vampiro da un suspiro y cierra la puerta detrás de él.

Buffy cierra los ojos con fuerza, no quiere volver a observarlas. Ni siquiera juega con la idea de abrirlas y sacar todo su contenido para guardarlo en su habitación. Y ahora comprende porque no ha ido a buscarlas todo este tiempo. Y no es solo por el temor de encontrarse con Spike de nuevo. Porque en el fondo de su alma ella sabe, que si las abre y las vacía todo lo que guardo de esperanza, se despojara para siempre con ese simple gesto. Como si hubiese sido un sueño del que ella se niega a despertar. Buffy limpia de un manotazo las lágrimas que comenzaron a descender sobre su rostro. Busca las llaves y cuando las encuentra, sale del departamento. Cruza el jardín, se para en la vereda mira hacia ambos lados, y con un profundo suspiro comienza a descender por las calles, mientras con cada paso aprieta más fuerte sus labios.

Ella observa el hotel que se alza sobre la vereda, pero sus ojos se pierden en una habitación que se sabe de memoria. Entra, casi nunca había nadie en el hall de entrada a esa hora de la tarde. Camina por él, y cuando estaba por dirigirse al ascensor una voz de hombre la llama. Buffy se da vuelta, para encontrarse con la figura del Conserje que se dirigía en ese momento hacia ella mientras salía de un cuarto.

―¿Recibió el equipaje señorita? ―le pregunta con un dejo de curiosidad en el rostro.

―Si. ―le contesta Buffy.

―¡Ah! Es que por un momento al verla acá pensé que se lo habían perdido. ―un suspiro de alivio atraviesa los pulmones del hombre―. Es que él, insistió mucho en que se lo entregaran hoy mismo.

―¿Spike? Digo William. ―aclara Buffy al ver el desconcierto en el hombre. Este asiente con la cabeza―. ¿Él está ahora en acá, en su habitación? ―le pregunta dudosa ella a continuación. Él hombre la contempla sorprendido.

―¿Qué acaso no lo sabe?

―¿Saber qué? ―le vuelve a pregunta Buffy con el ceño fruncido.

―Él abandonó el hotel ayer por la noche. Pagó su cuenta, el flete de su equipaje y se marcho. ―le dice el hombre mientras juega con su manojo de llaves.

El rostro de Buffy se queda helado de repente, no sabiendo como reaccionar. Por un segundo juraría que siente que le falta el aire.

―¿Se siente bien señorita? ―le pregunta alarmado al ver el rostro de la chica que había palidecido ante sus ojos― ¿Señorita?

―Si, si… ―logra balbucear Buffy saliendo como de un trance y tomando aliento le pregunta―. ¿Dejo dicho a donde se fue? ¿Una dirección, algo?

―No lo siento. Sólo tomo sus cosas y se marcho. ―le responde el hombre con un dejo de pena en su voz.

―Gracias. ―le responde Buffy, y comienza a avanzar por el hall del hotel que nunca le pareció tan largo como en ese instante. Atrás de ella el hombre mueve la cabeza de un lado a otro como en condolencia, mientras observa a la joven marcharse. Afuera justo había comenzado a llover.


Cinco días después

Interior. Sala de reuniones. Nuevo Consejo. Mañana.

Londres. Inglaterra.

En el amplio salón de reuniones una inmensa biblioteca ocupaba toda la pared norte de la habitación, grandes ventanales dominaban el sector opuesto que lindaba sobre el jardín, mientras partes de sus muros se encontraban cubierto por viejos retratos de hombres y mujeres muertos hace años. Y en medio ello dominándolo todo, la gran mesa de cedro que encabezaba las reuniones que ahí sostenían los más altos líderes del Consejo. La cual estaba ocupada por todos los miembros, que con rostros adustos esperaban, mientras no se dejaban de mirar de reojo entre ellos. Algunos mataban el tiempo, revisando la carpeta que tenía frente a ellos con lo últimos informes que habían obtenido. El silencio que se mantenía parecía opresivo y la seriedad en sus expresiones se acentuaba con los nerviosismos que algunos tenían, los cuales no dejaban de tamborilear sus dedos sobre la mesa.

Pero el silencio del recinto, no era comparable al silencio de esos hombres que aguardaban. Unos pasos se escuchan aproximarse a la puerta, y a la señal del hombre que ocupaba la cabecera de la mesa, uno de ellos que estaba parado al lado de la misma va abrirla. Sale y unos segundos mas tarde regresa, la abre por completo dejando apreciar al grupo de personas que habían venido con él. Giles encabezaba la especie de comitiva seguido por Buffy y cuatro cazadoras, las cuales observaban el lugar con recelo.

―Entren. ―les dice la voz del hombre sentado en el extremo opuesto de la mesa.

Buffy y Giles se miran entre ellos y pasan por el lumbral de la puerta. En un extremo de la gran mesa pueden ver sentado a Richard el cual los observaba con gestos nerviosos y preocupados, a su lado un Ewan con el ceño levemente fruncido aguardaba en silencio. A tras de ellos el otro hombre que los había salido a recibir, cerraba la puerta de roble del gran salón de conferencia del Consejo. Y es el ruido de sus goznes al cerrarse los que se les antojan al de una cárcel que los estuviera por aprisionarlos entre sus barrotes para siempre.

―Siéntensen por favor. ―les pide el hombre de nuevo con su característica flema y un marcado acento al hablar―. Los estábamos esperando. ―les dice sin quitarles la vista de encima todo el tiempo.

No muy lejos de él, un sonriente Albus los observaba con un extraño gesto como de reptil que se extendía por todo lo largo de sus finos labios, mientras que sus ojos no dejaban de brillar con un dejo de placer indescifrable.

―¿Qué es eso tan urgente que merece una reunión del más Alto Comité del Consejo? ―le pregunta Giles acomodándose los anteojos. A su lado Buffy observaba seria los rostros que se alzaban delante de ella.

―Veo que la señorita Summers nos honra con su presencia. ―comenta el hombre sin dejar de otorgarle una extraña mirada a Buffy, y volviéndose a Giles―. No es la política de este Consejo exaltar los hechos Giles. ―lo mira―. Así que te darás cuenta que la situación que nos incumbe es grave. ―desvía su atención hacia Buffy, la cual seguía en silencio observándolos.

―¿Y qué es eso tan grave por lo que me hiciste citar a mi y a Buffy? ―le pregunta Giles con un dejo de impaciencia en su voz.

―Bueno como comprenderás Rupert, tu cazadora, la señorita Summers es la principal responsable de la nueva situación por las que estamos atravesando. ―un murmullo comienza a extenderse por el recinto―. ¡Silencio por favor! ―pide este extendiendo sus manos mientras las mueve lentamente para acallar las voces a su alrededor.

―¿Qué yo soy qué? ―pregunta Buffy alzando su voz por sobre las demás.

―No es para que se alarme. ―agrega el hombre con un tono condescendiente en su voz, como si le quitara importancia―. Tal vez, la situación no ha sido debidamente planteada. ―agrega inclinándose contra el respaldo de su asiento.

―Así parece. ―murmura Giles en disgusto.

―El tema es, que de no ser por la activación de las cazadoras hoy solo contaríamos con dos de ellas entre nuestras filas. ―la mira―. Esa fue una decisión muy drástica señorita.

―De no ser así, usted no estaría sentado ahí. ¿O qué piensa que pretendía hacer The First? Sentarse a tomar té con ustedes. ―les dice Buffy mirándolos sería―. Creo que la palabra que están buscando es: Gracias.

―¿Gracias? ―pregunta la voz de un hombre con una risita casi venenosa―. ¿Gracias de qué? De traer al mundo chicas casi incapaces de manejar sus poderes, que se mueren en igual medida de cómo se activan. De que la línea de Cazadoras que siempre existió se este desintegrando lentamente. ―y haciendo una pausa maliciosa―. ¿De eso tenemos que darle gracias Miss Summers? ―y este le clava sus ojos celestes casi transparentes en los de ella.

―No había otra opción Albus. Y tú lo sabes. ―le responde Giles mientras se acomoda los anteojos.

―Eso no lo sabemos. No estamos seguro Giles. ―le retruca el hombre que encabezaba la reunión.

―Pero ninguno de ustedes tenía su maldito trasero ahí, para ayudar o morir. ―le dice Buffy ofuscada―. Ahora acá sentados en esta mesa, con aire de importancia se creen que son capaces de entender o manejar el poder. ―los mira―. Ni si quiera saben que es eso.

―No tendremos la fuerza de un demonio dentro de nosotros Miss Summers. ―le dice Albus con una torva sonrisa en su rostro―. Pero contamos con otros métodos. Usted no es la única que sabe tomar decisiones acá.

―¿Qué es lo qué quieren? ―le pregunta Buffy cruzándose de brazos―. Hablen entonces.

―Lo que queremos no le interesa. Usted solo tiene que limitarse a seguir las Ordenes del Consejo. ―le informa Albus con un tono despectivo de voz.

―¿Qué? ―pregunta indignada Buffy al tiempo que se para de su asiento.

―Estás exagerando Albus. ―le dice Richard saliendo de su mutismo―. Ella ya hizo suficiente. No nos debe nada.

―Tenias la gracia de permanecer callado hasta hace un rato Richard. ―le contesta este dirigiéndose al otro vigilante―. Trata de mantenerla. ―y mirando a Buffy―. Y si creo que ella ya hizo suficiente daño aquí.

―Entonces ¿a qué viene todo este juego? ―pregunta Giles inclinándose sobre la mesa―. ¿Qué es lo que quieren?

―Algo esta sucediendo Giles. ―le contesta el hombre sentado al frente de la gran mesa―. Tenemos reportes de todo el mundo, y la situación se está tornando alarmante. Hay mayor actividad demoníaca, más de la justificada. Las cazadoras no están lo suficientemente entrenadas para afrontarlas, hay raras manifestaciones naturales… ―haciendo un silencio―. Pero lo más interesante, es el reporte que nos habla de una acumulación inmensa de energía que sería la responsable de todo esto. ―y cerrando su carpeta y mirando a Buffy―. Y todos sabemos que la activación de las cazadoras a nivel mundial, necesito del uso de gran cantidad de la misma.

―¿Están diciendo que todo esto es por mi causa? ¿Qué es mi culpa? ―pregunta Buffy indignada moviéndose de un lugar a otro.

―¿Qué otra cosa podía ser? ―le pregunta al hombre que en ningún momento había perdido su aplomo.

Giles, Buffy, Ewan y Richard se miran entre ellos.

―Esto es increíble. ―murmura Buffy para si.

―Además la señorita Summers, tiende a tomar decisiones para nada ortodoxas con la política del Consejo. ―agrega Albus mientras jugaba con la lapicera entre sus manos.

―¿A dónde quieres llegar? ―le pregunta Giles con el ceño fruncido.

Albus se levanta de su asiento. Avanza unos pasos en dirección a ellos y dándose vuelta mira a los demás miembros del Consejo que lo estaban observando.

―No creo que sea un buen ejemplo para las demás chicas, ni para lo demás miembros de este lugar que una de sus cazadoras intimide con un demonio. ―Se da vuelta y la mira, un murmullo de consternación se extiende entre los demás rostros―. ¿O acaso no es eso lo que hace?

―Spike nos está ayudando. ―contesta de inmediato Giles poniéndose de pie―. El tiene un alma.

―¡Oh, que poético! ―comenta con dejo burlón Albus―. Pero no deja de ser lo que es: un asqueroso vampiro, que según tengo entendido ya mato a dos cazadoras en el pasado. Y eso mi querido Giles lo vuelve peligroso.

―Si lo hizo. ―dice la voz de Buffy a sus espaldas―. Pero él también dio la vida por este mundo. Y él estuvo conmigo cuando más lo necesite, cuando nadie más estaba. Y sí, Spike es peligroso, pero también es valiente y es mejor que cualquiera de ustedes patéticos hombrecitos. ―les dice Buffy con desprecio. Un murmullo de indignación se alza sobre el lugar.

―Él nos estuvo ayudando. ―agrega Margaret de repente―. Nos entreno, nos enseño cosas. ―y observándolos a todos―. Y lo más importante me salvó la vida.

―Nadie te dijo que hablaras. ―la corta molesto Albus acercándose a la chica―. No actúes como una perra en celo, y menos de un demonio.

―¿Cómo se atreve? ¡Viejo mal nacido! ―le grita Margaret levantándose furiosa de su asiento.

―¡Tranquilízate! ―le dice Ewan a su lado, tomándola del brazo asiéndola sentar de nuevo, y volviéndose hacia Albus―. Las chicas están trabajando duro cada día, dando lo mejor de sí. Para que venga un tipejo como tú Albus, para decirles lo que deben hacer. ―le dice cada vez más exaltado el joven vigilante.

―Interesante gasto de energía― ―le dice Albus mientras se soba con su dedo índice la comisura de los labios―. Es la sangre escocesa. ―le comenta a un hombre sentado al lado de donde él estaba parado, el cual le dedica una torcida sonrisa―. Nunca los lleva a pensar con claridad.

Al oírlo Ewan se para furioso. Giles observa la reacción del joven y le dice:

―No Ewan. No lo hagas. ―mientras lo detiene poniéndole una mano en el pecho―. No vale la pena. ―le murmura al joven. Este aprieta las mandíbulas hasta casi hacerlas estallar.

―Contrólate McDryden. ―Se le burla Albus acercándosele―. O lo próximo que verás sobre tu oficina será una carta de despido. ―Se detiene con lo que quiere ser una sonrisa en su rostro, y dirigiéndose hacia Buffy―. Y usted señorita será mejor que replantee su conducta de acá en adelante.

―Ustedes están locos. ―le dice Buffy con el ceño fruncido―. No tengo porque escucharlos. ―agrega y se da vuelta para alejarse―. No los necesito.

―Lo que no necesitamos nosotros, son putas de vampiros en nuestras filas. ―le escupe no bien Buffy hubiese dado dos pasos hacia la puerta.

Y es cuando una trompada se impacta directo en la mandíbula de Albus, haciéndolo trastabillar hasta caer encima de unas sillas las cuales voltea con el peso de su cuerpo. Un murmullo se alza cada vez más fuerte en torno a ellos. Desde el suelo el hombre caído lo observa, y sus ojos relampaguean con un odio enfermizo, mientras Giles se soba los nudillos de su mano sin quitarle la mirada de encima.

―Pensé que no valía la pena. ―le comenta Ewan acercándose a su lado.

―Me equivoque. ―le responde Giles encogiéndose de hombros―. Después de todo si se siente bien.

―¡Lo pagarás! ―exclama en una explosión de odio Albus poniéndose de pie―. Tú, este vigilante de cuarta y la perra de tu cazadora. ―le dice dirigiéndose a Buffy.

―Esta perra, pateara tu trasero por toda la habitación si vuelves si quiera a intentar algo semejante. ―le dice Buffy seria avanzando dos pasos hacia él―. Vamonos. ―agrega luego mirando a los demás―. No hay nada acá que valga la pena.

Todos asienten con sus cabezas y comienzan alejarse atravesando el gran corredor del pasillo. A lo lejos los hombres con trajes los observan silenciosos.

―Habrá que hacer algo de inmediato. ―dice uno de ellos con un tono que no admite ninguna replica―. Y pronto.


Dos días después.

21 de mayo del 2004

Interior. Viejo Cementerio. Noche.

Londres. Inglaterra.

Ella camina por el cementerio como todas las noches desde hace un tiempo, casi automáticamente. Sus pasos se pierden por el verde prado y su figura se recorta por un instante entre mausoleos y lápidas. De vez en cuando detiene su marcha y se queda sintiendo a la noche en torno a ella. El silbar del viento entre las copas de los árboles, la brisa sutil que golpea su cuerpo, o el quejido casi leve de las ramas de algún árbol sobre una cripta, a la cual pareciera acariciar lentamente. La mujer levanta su rostro y observa el cielo. La luna sigue magnifica en el firmamento envolviéndola con su tenue luz de plata, y un profundo suspiro se desprende de su garganta mientras sus labios se distienden un poco más. Y en su mano casi inofensiva, yace la estaca. Ella la aprieta entre sus dedos, la siente sólida en su mano, como una extensión de ella misma., como si esta siempre hubiese estado ahí, esperándola.

La joven vuelve la vista a las sombras delante de ella y comienza a caminar. Los minutos pasan deambulando y perdiéndose por ese mundo que odia pero que la sostiene con el lejano recuerdo de su esencia. O como esa estaca que hoy atenaza más fuerte entre sus dedos. Mira las lápidas que como rostros corren delante de ella, pero la mujer solo puede percibir un nombre. Y un solo nombre se dibuja ante sus ojos. Dawn. Y una lágrima como un cristal desciende traicionera de uno de ellos. Y piensa en lo que tiene y en lo que ha perdido, en el vacío oscuro que cubre su vida, y se siente a si misma como una de esas sombras que la están bebiendo en silencio. Y es cuando la insondable oscuridad de la noche le parece tan profunda como ese deseo de dejarlo todo y perderse por un momento.

Pero ella sigue caminando, no sabe hacer otra cosa que seguir su sangre. Sus instintos que gritan cada día más fuerte en torno a ella, porque al final es lo único que le queda. Y observa a la noche que la llama y la envuelve. Sigue caminando, atravesando el cementerio con un paso casi leve, y es al dar la vuelta en un recodo del camino que su mirada se encuentra con la de él.

Son como destellos de luz cruzándose en la noche, en el silencio. Ella aprieta aún más entre sus manos la estaca. Él inclina por un segundo su rostro y cuando lo levanta sus ojos se pierden en otro espacio lejos de ella y sin decir una palabra se comienza a alejar desviándose del camino. Buffy lo observa, inmóvil en su sitio con sus ojos fijos en su figura y antes de que ella misma pudiese darse cuenta, oye a su propia voz llamándolo.

―¡Spike!

Él se detiene. Ella avanza dos pasos, lo observa, puede ver como él inclina un poco su cabeza hacia delante y parte de los músculos de su rostro atirantándose. Se gira y la enfrenta, y un nuevo silencio se condensa en torno a ellos.

―Yo… ―dice Spike haciendo un esfuerzo sobre humano para poner en orden sus pensamientos―. Lo siento, Buffy. ―termina casi en un susurro. Ella lo mira agrandando sus ojos―. Siento lo de la niblet. ―la observa.

―Lo sé. ―le contesta ella apretando con fuerza sus labios.

―Jamás quise que esto sucediera. ―le dice mientras sus ojos se nublan levemente―. Si hubiese sabido. ―y moviendo su cabeza en disgusto―. ¡Maldita sea!

―¡Spike, escúchame! ―le dice Buffy acercándosele―. No es tu culpa. No fue tu culpa.

―Gracias. ―le responde con una sonrisa triste y mirándola―. Pero no lo siento así, pet. ―agrega a continuación con un dejo amargo en su voz, y observando por sobre el hombro de ella―. Será mejor que me vaya.

―No. Espera aún no. ―le detiene Buffy casi de inmediato.

―¿Por qué? ―le pregunta Spike mirándola extrañado.

―Porque…, porque… tenemos que hablar. Nosotros. ―lo mira. Spike distiendo sus labios en una mueca mezcla de cansancio y sorna.

―Por lo visto, nunca logramos ponernos de acuerdo. ¿No, luv? Cuando yo quiero hablar, tú no quieres. ―Se le acerca despacio, la mira―. Y ahora que por lo visto ocurrió el sangriento milagro. Soy yo el que no quiere.

―No me hagas las cosas más difíciles. ―le contesta ella en un tono de reproche―. Spike, por favor. Necesitamos hablar.

―Pensé que ya no nos habíamos dicho todo. ―le responde Spike apretando sus labios.

―No, no es así. ―le contesta ella sin dejar de observarlo―. ¿Por qué te fuiste del Hotel? ―le pregunta luego de un silencio.

―Creí que era lo mejor. ―le dice encogiéndose de hombros―. Pero no te preocupes acá me quedaré hasta el gran final.

―No digas eso. ―le reprocha de inmediato―. Y te equivocas de nuevo, no tenías porque irte. ―lo mira.

―No podía seguir ahí. ―le dice esquivando su mirada―. Demasiados sangrientos recuerdos, y como nunca viniste a buscar tus cosas… entendí el mensaje. ―termina con una mueca torcida de sus labios.

―¿Cuál mensaje? ―le pregunta Buffy ofuscada, sin dejar de observarlo―. Yo no podía. Por estúpido que te suene pensé que todo esto se arreglaría. ―desvía sus ojos de los de él―. Pero veo que no es así.

Spike no había dejado de contemplarla. Por su interior pasaban infinidad de pensamientos y emociones que trataba inútilmente de contener dentro de él. Quería abrazarla entre sus brazos, besarla hasta que no supiera donde terminaba él y comenzaba ella. Pero todo lo que podía hacer esa seguir parado ahí, observándola.

―Te amo Buffy. ―le dice de repente. Ella lo mira―. Eso lo sabes. Y nada de lo que haga podrá cambiar esto. Como tampoco puedo evitar que sufras. ―aprieta con fuerza sus labios.

―Yo no quiero sufrir Spike. ―le dice Buffy sin dejar de observarlo y dando un paso hacia él―. Permanece a mi lado. ―le pide. Él la mira sorprendido.

―No lo hagas por lástima. ―le dice este con un dejo de reproche.

―¿Por qué lo haría? ―le pregunta Buffy con el rostro serio―. No te tengo lástima. ―agrega seca a continuación.

―Bien. Es un buen punto entonces, pet. ―le responde Spike con una mueca en sus labios.

―¿Qué demonios te pasa? ―le pregunta esta cruzando los brazos en torno a ella.

―Para empezar, y para no aburrirte con las noticias. ―le dice Spike retrocediendo dos pasos―. Primero. ―le marca con un dedo―. Sólo queda un bloody mes para la gran función. No quiero verte a mí alrededor compadeciéndome…

―Ya te dije Spike… ―comienza a protestar Buffy

―Segundo. ―la detiene este―. Creo que el peach ya se encargó de sustituirme.

―¿Qué? ―le pregunta Buffy cada vez más molesta.

―Lo que oíste. No finjas conmigo. Ya no. ―le responde en el mismo tono de enojo Spike.

―Te equivocas. ―le dice Buffy poniéndose sería.

―Si, claro. Siempre me equivoco. ―la mira serio―. Lástima que mis ojos y oídos digan lo contrario.

―No es lo que tú piensas Spike. ―le dice Buffy acercándosele―. Yo, me sentía sola, pero… Dios, ¿por qué me haces esto?

―Y tercero. ―le dice Spike sin verla a los ojos―. No huiré, me quedaré tomé una decisión, pero no quiero obligarte a permanecer conmigo por ella.

―Muy bien ya terminaste. ―le corta Buffy molesta―. Porque ahora me toca a mi, estás equivocado en todo, y cuando…

En ese momento un fuerte ruido proveniente detrás de ellos los hace girar por completo. Un punto de luz enceguecedora se extiende en el medio del cementerio, agrandándose. Hasta que una especie de portal se abre en medio. Más atrás un grupo de tres vampiros deciden que ese es el momento de presentarse, justo cuando una mujer sale del portal, el cual se cierra no bien pisa el verde césped del cementerio. Sus cabellos azules parecen brillar con una intensidad extraña bajo la luna. Y sus ojos se pierden en las sombras del lugar. Los vampiros al salir de la sorpresa, atacan.

Antes de que Buffy pudiera reaccionar, Illyria se da vuelta. Los observa, e inclinando su cabeza, agarra al primero de los vampiros por el cuello, el cual quiebra como si de una rama seca se tratara. Por unos segundos se queda observando las cenizas a sus pies.

―Vampiros. ―dice a continuación.

Se gira de inmediato y ataca al otro que tenia mas cerca, propinándole un puñetazo que introduce en el corazón de este, el cual se cae al suelo con el impacto, Illyria se le acerca y tomando su cabeza entre sus manos se la arranca literalmente. El vampiro restante intenta huir, solo para encontrarse con Buffy parada a sus espaldas, ella le da un golpe con su pie mandándolo contra un árbol, y antes de que pueda reaccionar siente la estaca de madera clavándose en su corazón. Buffy se da vuelta y se enfrenta a Illyria. La cual se la había quedado observando.

―No espera. ―la detiene Spike a Buffy.

―¿Qué es este lugar? ―pregunta Illyria viendo hacia todos lados.

―Illyria. ―la llama Spike sin dejar de observarla. Ella se da vuelta al escuchar su nombre.

―¿La conoces? ―le pregunta Buffy sorprendida.

―Si. Esa cosa mato a Fred. ―le responde con el rostro serio―. Es peligrosa.

―Te recuerdo. ―le dice Illyria observándolo―. Tú querías detenerme, por culpa de la cáscara. ―y avanzando dos pasos―. Ustedes lo intentaron.

―Hiciste un gran acto cuando desapareciste. ―le dice Spike avanzando hacia ella―. Vuelve hacerlo ahora,

―Mi ejército esta perdido. ―le contesta ella desviando su mirada―. Muerto con el tiempo. Los portales me trajeron acá de nuevo, ―y mirando sus manos―. No se que me pasa no puedo manejarlo.

―¿De qué habla? ―le pregunta Buffy que no había dejado de observarla.

―Bloody Hell. ―exclama Spike en un tono burlón―. La gran diosa esta atrapada en este mundo.

Illyria lo mira seria.

―Aún puedo destruirlo. ―amenaza a continuación―. Levantaré otro ejercito, yo… ―y es cuando un fuerte dolor la derriba al suelo. Se toma el estómago, y sosteniéndose con una mano sobre la hierba―. ¿Qué me pasa?

Spike y Buffy se miran entre ellos.

―¿Qué hacemos? ―le pregunta Buffy totalmente confundida.

―No lo sé. ―le responde Spike al principio―. Aunque creo que sí. ―agrega a continuación―. El peach lo amará.


Interior. Departamento de Willow. Tarde.

Londres. Inglaterra.

Buffy se detiene en medio de la sala y cerrando los ojos siente el sutil aroma a incienso que se desliza por sus sentidos, percibe la tenue brisa que con la tarde ha ido creciendo entrando por las ventanas abiertas de la habitación. Y el mundo por un segundo no le parece tan oscuro y duro como antes. Y se deja llevar por esa sensación mientras aspira un poco del que parece ser el dulce sabor de un hechizo.

Willow entra en ese momento en el lugar. Y observando a su amiga parada en medio del cuarto se detiene, y se la queda mirando por unos segundos en silencio. Buffy parece salir lentamente del transe en que había caído y dándose vuelta se encuentra con la figura de la chica que la estaba contemplando. Ella le sonríe.

―No te oí llegar. ―le dice Buffy mirándola.

―Si bueno, parecías concentrada. No quise interrumpirte. ―le comenta Willow mientras avanza hacia ella. ―y asiendo un pequeño silencio agrega―. Me alegra verte. ¿Cómo estas?

Buffy esquiva la mirada al tiempo que responde con un lacónico.

―Bien. Yo también me alegra verte Will. Yo, umm… Kennedy me dejo entrar. Ella se fue al sótano a practicar. ―le informa mientras se sienta en el sillón.

―Si, siempre lo hace a esta hora. ―Willow se acomoda a su lado―. Le gusta tener el control… ―hace una pausa y bajando la voz―. Y yo la dejo creer que lo tiene. ―le sonríe―. Pero no se lo digas a ella.

―Mis labios están sellados. ―le dice Buffy al tiempo que pasa dos dedos sobre su boca como si los cerrara con un invisible cierre. ―y olfateando el aire―. ¿Qué es este aroma? ¿Un nuevo hechizo?

―No, no, no. ―tartamudea Willow―. Sólo un poco de incienso. Ya sabes… acá bruja. ―dice señalándose al tiempo que tuerce sus labios para el costado―. Necesitaba un poco de energía positiva. A las brujas nos encanta estar atadas a esto. Los poderes de la naturaleza. ―agrega agrandando sus ojos en la afirmación.

―Yeap. Suena grande. ―le contesta Buffy suspirando.

―Si es genial. Un poco de uso de las energías que no sean para combatir algún demonio. ―revoleando ligeramente los ojos―. Es bueno variar un poco de vez en cuando.

―Si, supongo. ―le contesta Buffy agachando la cabeza―. Aunque no estoy segura de que es lo que prefiero ahora. ―agrega torciendo sus labios para un costado. La mira.

―Buff. ―le dice Willow sosteniendo sus manos. Ella levanta su cabeza mientras su labio inferior tiembla visiblemente.

―Parece una locura pero…, pero yo preferiría estar enfrentando una legión de demonios que… que estar pasando por todo esto. ―y apretando con fuerzas sus ojos―. Siento que no voy a poder, que no podré resistirlo. Ya no. ―vuelve a bajar la mirada de la vista de su amiga.

―Si podrás Buffy, tú lo harás. ―le aprieta con más fuerza las manos entre las suyas―. Heyy! ¡Mírame! Yo lo hice. Acá estoy. ―Willow agacha su cabeza buscando la mirada de ella―. ¡Mírame! ―buffy la mira―. Mira la resolución en mis ojos. ¿La ves? No te dejaré vencerte. Podes patear mi trasero si quieres, pero no te dejaré.

Los labios de Buffy tiemblan mientras la observa y sus ojos se nublan por las gruesas lágrimas que estuvo reprimiendo en lo profundo de su ser todo estos días. Y ocultando su cabeza contra el regazo de su amiga, se quiebra sollozando en silencio. Willow nada más dice, la deja descargarse mientras ella le acaricia el pelo que cae sobre su cara.

Un tiempo después Buffy se levanta, y se limpia el rostro con el dorso de su mano mientras observa el rostro preocupado de su amiga le dice:

―Gracias.

―Ya lo verás encontraremos una salida. ―le murmura Willow y haciendo un silencio casi opresivo, mientras su voz se estrangula en su garganta―. Se lo debo a ella. ―inclina su cabeza al tiempo que desvía su mirada―. Me lo debo a mí.

―No, no. No fue tu culpa Will. No. ―le dice Buffy preocupada―. ¡Dios! Como quisiera que esto fuera una horrible pesadilla que nada de esto estuviera ocurriendo.

―Y a mí de que me sirve tanto poder si tengo miedo de utilizarlo. ―le dice Willow destrozada, la mira―. De caer de nuevo, de que esta vez no pueda salir. No te imaginas lo que se siente, toda esa energía corriendo por dentro de ti, llenándote. ―hace un pequeño silencio―. Y nunca es suficiente, por más que quieras siempre deseas más. Quieres sentir y beber su sabor una, y otra, y otra vez, hasta que es demasiado tarde.

―Lo sé. ―le dice Buffy con una voz serena―. Se lo que sientes. Pero si yo puedo luchar, tú también. ―la mira―. Lo haremos. Las dos. ―le sonríe, Willow asiente repetidas veces con su cabeza mientras una tibia sonrisa se va dibujando en sus labios.

Se produce un silencio entre las dos amigas, que se quedan observando la habitación con sus pensamientos perdidos en otra parte. De vez en cuando ellas pueden percibir el sonido de los golpes y los jadeos de Kennedy entrenando en el sótano. Mientras tanto la tarde comenzaba a declinar en el horizonte. Willow levanta su cabeza y mira a Buffy y tomando un amplio aliento balbucea.

―Umm, ahh, Buffy… ummm tú…, este… ummm… ―la sigue observando sin animarse a preguntarle lo que quiere. Buffy la mira.

―Muchos umm en una sola frase. ¿Qué pasa Will? ―le pregunta acomodándose en su asiento.

―¿Aún quieres hacerlo? ―se anima por fin a decir. Buffy la observa sin comprender, lo que hace que Willow comience a balbucear de nuevo―. Ya sabes… umm, ayudar a Spike. ―agrega sin quitarles los ojos de encima.

Buffy se pone seria de repente mientras aprieta sus labios hasta volverlos casi blanco, y tras una breve pausa que a Willow se le antojo eterna dice:

―Sí. ―la mira―. Aún quiero hacerlo.

―Me alegro. ―le dice Willow sonriendo.

―No será fácil. Él no quiere dejarme. Piensa que así será más fácil para mí. ―agrega Buffy mientras deja reposar su cabeza sobre su mano la cual tiene apoya sobre el respaldo del sillón―. Pero se equivoca.

Willow la observa.

―El te ama. ―le dice mirando a su amiga.

―Lo sé.

―¿Y tú? ¿Aún lo quieres? ―le pregunta Willow, sin perder detalles del rostro de Buffy. Esta asiente en silencio primero, aprieta con fuerza sus ojos y cuando los vuelve abrir.

―No deja de doler cada día. ―la mira―. Lo necesito a mi lado Will, yo lo amo. ―y la voz de Buffy se corta de repente. ¡Ayúdame por favor!

―Lo haré. Lo haré. –repite Willow como una oración, mientras soba una y otra vez las manos de su amiga.


En esos mismos momentos.

Interior. Habitación de Wesley. Hotel W. & H.

Londres. Inglaterra.

Los golpes de la puerta resuenan en toda la habitación. El hombre sentado en el suelo rodeado por un sin fin de libros a su alrededor, ni siquiera levanta la vista de sus apuntes, mientras busca y hojea más y más volúmenes. Y es recién al oír el segundo llamado en la puerta, que dice con voz fuerte y clara.

―Entre. Está abierta. ―Sin quitar para nada su vista de lo que estaba leyendo.

El joven empuja la puerta entrando lentamente en la habitación, mientras va observando todo a su alrededor. Es el momento que elige Wesley para levantar su cabeza, y reparar en su visitante.

―Te estaba esperando. ―le dice y señalándole un asiento delante de él―. Siéntate Ewan.

El joven corre unos cuantos libros hacia un costado haciendo un lugar para sentarse y observándolo, le pregunta a continuación.

―¿Por qué me mandaste a llamar? Pensé que odiabas a todos los vigilantes.

―No. ―le respondió Wes y mirándolo―. Solo a algunos. Pero se que puedo confiar en tí. ―tuerce sus labios en una mueca oscura―. Sabes lo que es vivir a la sombra de un padre. ―el rostro de Ewan se pone serio de repente―. Pero también sabes marcar la diferencia.

―Supongo que no me citaste para hablar de esto. ―le dice Ewan moviéndose incomodo en el asiento.

―No, claro que no. ―le dice Wesley con un suspiro, y haciendo una pausa comienza a buscar entre el montón de libros y pergaminos―. Toma. ―le dice después de un tiempo entregándole una hoja. Ewan la agarra, y se la queda observando por un instante. Era unas hojas cubiertas con letras apresuradas casi apiladas, con miles de referencias por todos lados.

―Vaya. Ya veo. ―agrega este mientras se pasa una mano por la cabellera acomodándose el mechón que le caía sobre el ojo―. ¿Sabes lo difícil que va hacer conseguir todo esto? Claro en el supuesto caso que lo logremos.

―Si lo sé. Por eso te necesito. ―le dice Wesley sin levantar la vista de lo que leía.

―Creí que contaban en W. & H. con múltiples recursos. No veo porque necesiten la ayuda del Consejo. ―le dice Ewan al tiempo que tuerce sus labios hacia un costado.

―Si y no. ―le responde Wesley levantando la cabeza y mirándolo―. Si contamos en W. & H. con múltiples recursos, pero no necesito la ayuda del Consejo… ―y asiendo una leve pausa al tiempo que le clava sus ojos en el otro hombre―. Solo la tuya.

―Supongo que me tengo que sentir halagado. ―dice Ewan esbozando una sonrisa.

―Bueno eso depende. ―comenta Wesley moviendo su cabeza―. Pocos considerarían este trabajo como un halago.

―Si pero me importa muy poco lo que los demás Miembros del Consejo opinen. ―Wesley le dedica una sonrisa―. ¿Y Ángel que dice? ―le pregunta Ewan al tiempo que comienza a hojear unos de los libros que se encontraban junto a él.

―Él no sabe nada. ―le responde tranquila la voz de Wesley que volvía a sumergirse en su investigación. Ewan levanta una ceja interrogante.

―¿Por qué? Pensé que trabajaban juntos. Que eran un equipo.

―Si yo también. ―le responde Wesley con un suspiro y levantando la vista, lo observa―. Esta actuando muy raro últimamente. Será mejor que lo mantengamos entre nosotros. Hasta estar seguros de lo que tenemos. ―agrega mientras se restriega con fuerza los ojos en un gesto cansado.

Es recién cuando Ewan repara en la figura del hombre sentado en el piso en frente de él. En su aspecto de no haber dormido en toda la noche, en la sombra de una barba que se empieza a perfilar en su rostro. En el cansancio de su cuerpo, y en esa locura que parece haberse profundizado con las horas. De ese Wesley sumergido bajo una pila de libros y pergaminos que lo desbordan por completo. Y sabe que algo más profundo y doloroso se esconde tras esos gestos que hoy invaden al hombre.

―¿Por dónde quieres que empiece? ―le pregunta a continuación Ewan.

―¿Qué? ―le pregunta Wesley sin comprender.

―¿Qué quieres que haga? ―le vuelve a preguntar Ewan sin dejar de observarlo.

―¡Ah! Si, si, perdona. Acá debe haber algo. Lo sé, lo sé. ―le dice levantando una y otra vez un sin números de hojas―. Comienza buscando algo sobre las alteraciones y las dimensiones…, eso… espera. ―escarba entre sus apuntes―. Si acá esta. Toma comienza por esto, marque unas páginas que nos pueden servir. ―Se lo entrega.

Ewan lo toma y con un suspiro comienza a leer. Los minutos pasan.

―¿Y esto ayudará? ―le pregunta de después de un tiempo de silencio entre ambos.

―Eso espero. ―le contesta Wesley con un suspiro.

Y el tiempo parece tener vida propia arrastrándose sobre ellos, mientras sus ojos pasan de un libro a otro, interrumpido por pequeños comentarios sobre sus investigaciones, nuevos apuntes, y de vuelta a sumergirse en la locura de los libros y manuscritos. De pronto se oyen unos pasos que se aproximan hacia donde están ellos. Ewan levanta la vista, para encontrarse con la figura de una mujer con el cabello azul que lo contempla con una leve inclinación de su rostro. Este se para de repente. Wesley observa la actitud en el hombre y sigue su vista. Y sus ojos se tiñen con un extraño destello al observar a la joven parada en medio de la puerta.

―Es Illyria. ―le informa Wesley a Ewan levantándose.

―Así que ella es. ―comenta Ewan dando dos paso hacia ella―. Giles me había informado pero no imagine que estuviera aquí.

―Si, bueno. Pensamos que este era el lugar más seguro, hasta que pudiéramos saber que hacer con ella.

Illyria se le acerca sin quitarle la vista de su rostro. Unos pocos pasos antes de llegar junto a él se para clavando sus extraños ojos azules en los negros de Ewan, y girando levemente el rostro hacia Wesley pregunta.

―¿Por qué traes humanos a mi presencia?

―El nos esta ayudando. ―comienza Wesley a decirle mientras se restriega con fuerzas sus ojos―. Además estás rodeada de humanos ahora, ellos gobiernan este mundo.

―Este mundo es repulsivo para mí. ―le dice Illyria girando su cabeza hacia el ventanal de la habitación―. Su olor a humanidad es repugnante. Lleno de esos inútiles sentimientos.

―Entendimos el punto. ―le dice Wesley después de un tiempo―. Pero tendrás que acostumbrarte estás atrapada en él ahora.

―¿Ella es peligrosa? ―le pregunta Ewan a Wesley que no dejaba de observarla.

―Si lo es. Pero nos necesita. ―agrega mientras deja un libro sobre la mesa.

―Yo no necesito de humanos. ―lecorta molesta la voz de Illyria―. Su sola mención me enferma. Sus sueños me saben a ceniza en mi boca. ―agrega mientras con una mano se roza los labios―. Criaturas tan patéticas, siempre soñando…. hundiéndose en ellos. ―los mira y como si algo la distrajera desvía su vista hacia un costado.

―¿Acaso tú nunca sueñas? ―le pregunta Ewan extrañado.

―Nunca. Los sueños nos hacen débiles. ―camina por la habitación y deteniéndose inclina levemente la cabeza―. No los necesito.

―Todos necesitamos de nuestros sueños. ―dice con un dejo de tristeza la voz de Wesley mientras la observa.

―¿Y tus sueños te trajeron acá? ¿A este lugar? ―le pregunta Illyria mientras le clava sus ojos azules en él―. ¿Es esto lo que buscabas? ¿Es esto lo que querías?

―No.

―¿Entonces por qué lo haces?

―¿Qué cosa? ―le pregunta un poco irritado Wesley.

―Seguir soñando. ―le contesta Illyria sin dejar de observarlo, e inclinando su cabeza comienza a observar su cuerpo y con voz profunda agrega―. Ella, la cáscara lo hizo hasta el último momento. Estaba perdida, muriendo, y aún seguía soñando. ―mira sus manos detenidamente―. Igual lo hacía. No tiene lógica para mí.

―No la llames así. ―le dice de repente la voz molesta de Wesley―. Ella tiene… tenía un nombre. Nunca entenderás. ―Se saca con fastidio los anteojos que arroja sobre una pila de libros, el cual se hunde entre dos de ellos.

―¿Y decir su nombre la vuelve real? ¿La hace real para tí? ¿La trae a la vida? ―le sigue preguntando Illyria sin dejar de observarlo mientras arrastra su voz con cada nueva palabra.

―No. ―y la voz de Wesley retumba contra las paredes de aquel cuarto vacía de toda esperanza.

―Entonces ya dejaste de soñar. ―afirma con un tono vago mientras avanza hacia un extremo de la habitación―. Los sueños son ilusiones como esta realidad. ―dice mientras desliza su mano frente a su rostro como si tocara algo que solo ella ve.

Ewan se la queda observando extrañado. Mientras Illyria parece haberse perdido en un mundo fuera de esa habitación.

―¿Qué quiso decir con eso? ―le pregunta a Wesley, que se hallaba serio a su lado.

―No lo sé, tiene el ego de un Dios, y el lenguaje de un antiguo. ―y sobándose con fuerza los ojos―. Nada en ella es simple.

―Ella me confunde. ―dice después de un tiempo Illyria dándose vuelta.

―¿Quién? ―le pregunta Ewan.

―Este caparazón. Sus recuerdos… ―hace un silencio mientras se toca la frente―. Son extraños para mí. ―los mira―. ¿Así son para ustedes? Dos realidades juntas.

―No. ―le dice Wesley mirándola―. ¿Qué es lo que ves? ¿Qué es lo que recuerdas?

―Cosas. ―y moviendo su cuerpo como si le asqueara―. Cosas humanas, sentimientos. Horribles sentimientos. Pero están por un momento, y desaparecen en el otro. Hay rostros, sucesos que existen en uno, pero están cambiados en el otro. ―Se detiene e inclinando su cabeza se los queda mirando―. ¿Es siempre así para ustedes? Tan confuso.

―No, no lo es. ―dice Wesley observándola alarmado.

―¿Qué está pasando? ―le pregunta Ewan al ver el rostro del otro hombre que se había puesto serio de repente.

―Aún no lo sé. ―le contesta y volviéndose a Illyria―. ¿Hace mucho que estos recuerdos son diferentes? ¿Qué se mezclan?

―No. ―le responde ella clavando sus extraños ojos azules en el semblante del vigilante―. Antes eran como una sola línea. No había más.

―¡Maldición! ―exclama molesto Wesley―. Esto es lo que estábamos buscando. ―dice a continuación dirigiéndose a Ewan.

―¿Estás seguro? ¿Y por qué tenemos que creerle? ―le pregunta dudoso―. Tal vez nos este engañando.

―Porque ella está tan perdida como nosotros. Encerrada en ese cuerpo humano que le… ―hace un silencio―. Que le repulsa. Pero ella ve cosas que nosotros no podemos. Y hay cierta parte de mí que me dice que no nos está mintiendo. ―dice mientras mira a Illyria que continúa acariciando el aire con su mano como si tocara algo delante de ella.

―¿Piensas que es esta la desviación que está causando todo esto? Donde en verdad se inicio el cambio de energía. ―le interroga Ewan sin dejar de perder detalle de cada palabra.

―Si. ―es la respuesta seca de Wesley

―¿Pero por qué alguien querría alterar al realidad? ―murmura para si Ewan―. ¿Qué ganaría con eso?

―No lo sé. ―y observándolo mientras pareciera erguirse aún más en su estatura―. Pero lo averiguaré. ―y haciendo una pausa―. Encontraré al culpable.

Continuará...