VIGÉSIMA PRIMERA PARTE

Londres 1896

El movimiento de voces excitadas se alzaban como olas sobre las calles, seguido por el ruido de corridas y de luces que centellaban en las esquinas. Un grupo de hombres precedidos por varios pares de antorchas se adueñaron del lugar. La muchedumbre encolerizada parecía responder a un solo cuerpo que dirigía esa búsqueda frenética en el comienzo de aquel nuevo amanecer que caía sobre Londres. Mientras sus figuras se agrandaban sobre los muros de las casas y sus rostros adquirían extraños brillos bajo el pálido crepitar de las antorchas.

Los pasos se detienen de repente, y a la señal del hombre que encabezaba la procesión los demás se callan al instante. Este se queda observando el lugar en silencio con los ojos angostados igual que un gato al asecho, al tiempo que una fría bruma los cubría por partes, otorgándoles el aspecto de seres conjurados por algún demonio en medio de aquella calle. Pero eran otros los demonios que perseguían aquellos hombres, en una loca carrera por exorcizarlos de sus mentes, de sus vidas y de sus almas.

Y oculta tras unos cajones la joven observa, ve sus rostros transfigurados por el odio y el miedo que ella sembró. Siente ese valor nacido desde lo más irracional de sus temores, de la pérdida, y les teme. Y sabe que está perdida, y un grito casi infrahumano escapa de su garganta. Observa hacia el otro extremo de la calle y sus ojos celestes, igual que ese cielo que amenaza con dominar el horizonte, buscan desesperadamente una salida.

Los hombres se sobresaltan al escuchar el grito que se desliza como una serpiente en torno a ellos, con la sensualidad helada de una lenta caricia sobre su espina dorsal. Algunos involuntariamente dan dos pasos hacia atrás, mientras uno de ellos deja caer su antorcha que se estrella contra los adoquines húmedos hasta apagarse con un simple golpe. Y una luz menos brilla en ese amanecer. Pero el odio y el dolor se escucharon más fuerte que los miedos, y ellos avanzan.

¡Ahí está! ―grita uno de los hombres pasando el haz de luz de su antorcha sobre las cajas, iluminando a la niña oculta en un rincón de la sucia callejuela.

¡No la dejen escarpar! ―grita otro moviéndose―. ¡Maten al demonio! ¡Matéenla!

Merriam observa a los hombres, ve sus rostros que se perfilan ante ella amenazantes, y sabe que no puede contra todos ellos. No contra ese dolor bestial que anida en lo profundo de sus pupilas. Y hace lo único que puedes hacer. Huir. Y ella emprende una loca carrera por sobrevivir, mientras a lo lejos un frío amanecer comienza a teñirse de rojo.

¡Atrápenla! ¡No la dejen escapar! ―Se escucha la voz del jefe de la partida, seguida por el ruido de infinitos pasos quebrándose por los viejos adoquines.

¡Ahí va! ―grita uno de los hombres a sus espaldas.

Y ella corre por las calles casi desiertas buscando desesperadamente una salida. Resbala y cae al suelo golpeándose la boca contra el piso, sus labios sangran y un brillo ambarino cruza por sus ojos en ese instante. Intenta levantarse, pero se pisa el extremo del vestido en el proceso, gira la cabeza hacia atrás y ve a la muchedumbre acercándose hacia donde esta ella. Se alza un poco más del suelo y se levanta, irguiéndose. Mira a ambos lados, un grupo de casas se perfilan a su izquierda, y usando toda su fuerza de demonio corre hacia ellas.

Los pasos de los hombres a sus espaldas resuenan cada vez más cerca, mientras sus voces se intensifican a su alrededor.

Huyo por allá. ―Señala uno―. No debe estar muy lejos. ―dice a continuación―. ¡Búsquenla, búsquenla maldita sea! No permitan que se nos escape esta vez. –ruge cada vez más demencial el hombre.

Algo se movió por allá. ―informa uno de ellos. Y todos se giran hacia donde provino el grito de alarma.

La niña oculta a pocos pasos de ahí los mira expectante. Y es recién cuando los ve alejarse de donde ella se encontraba, que comienza a descender por el extremo opuesto de la calle.

Las luces de las antorchas se vislumbran ya a lo lejos, y el murmullo de las voces pareciera por momentos atenuarse en sus oídos. Esta por dar dos pasos más, en el preciso instante que la risita maleva resuena tras su espalda. Y antes de que pueda darse cuenta una fuerte mano amordaza su boca contra su pecho, mientras una voz burlona resuena en sus oídos. Ella se remueve con violencia entre sus brazos.

Quieta Merriam. ―le dice la voz de Ángelus―. ¿No querrás que nos atrapen?―No, niega ella moviendo la cabeza de un lado a otro―. Muy bien. ―dice este a continuación, y golpeando con su pie abre la puerta tras sus espaldas―. Acá estaremos mejor. ―la suelta y descorriendo la cortina mira por la ventana―. Esta por salir el sol, no es un buen tiempo para salir a dar un paseo. ―las vuelve a bajar y girándose para observarla―. Te estaba buscando.

Lo sé. ―le contesta ella desviando la mirada―. Pero estaba aburrida de tener que esperar siempre. ―le dice al tiempo que pone sus manos en la cadera desafiante―. Ya no soy una nenita. ―le clava la mirada en la del vampiro.

En eso te equivocas. Siempre serás mi nenita. ―le retruca Ángelus cruzándose de brazo mientras la observa, y la joven mujer encerrada en ese cuerpo de niña no dejaba de mirarlo y frunciendo el ceño levemente le dice:

Entonces déjame cazar, déjame torturarlos hasta que maldigan sus propios gritos. ―Sus ojos relampaguean con un brillo asesino―. Quiero sentir sus miedos corrompiendo sus venas, mientras los bebo lentamente. ―lo mira―. Hacer de su muerte una obra maestra, un arte.

Nunca podrás. ―le dice Ángelus con una mueca burlona en sus labios.

¿Por qué no? ―lo desafía Merriam―. Tú me enseñaste. ¿O acaso tienes miedo de que supere al maestro?

La sonora carcajada del vampiro se extiende como un manto de lava por el cuerpo de la chica.

Quiero que entiendas una cosa, y quiero que lo hagas rápido. ―le dice Ángelus tomando de los hombros y poniéndose serio―. Eres una pequeña niñita perdida, y siempre lo serás. Crees que por ser vampiro, harás la diferencia. –una extraña mueca se comienza a dibujar en su rostro―. Pero no lo hace. Mírate, no asustas a nadie. ¿Quién te tendría miedo? ―los ojos de ella se vuelven dos cristales en la penumbra de la habitación―. Y sabes otra cosa. ―la suelta―. Me estoy cansando de ser tu niñera. Ya no resulta divertido, y cuando un juguete no te divierte más, uno simplemente lo tira.

¿Tirar? ―le pregunta alarmada―. Darla no lo permitirá.

Darla, Darla… ―Sonríe―. A Darla la aburriste hace años. ―y cruzándose de brazos. En ese instante un murmullo de voces retumba por la calle, Ángelus lo escucha.

¿Entonces por qué me creaste? ―le pregunta y moviéndose molesta―. Y si ya no soy tú juguete, ¿qué soy?

Un vampiro. ―le dice Ángelus con una mueca de placer en sus labios―. ¿Y por que te creé? Buena pregunta. Porque no tenías miedo de morir, y entonces no era divertido matarte. Lo mejor sería verte crecer encerrada en ese cuerpito de niña hasta que odiaras cada centímetro de tu prisión. ―hace una pausa maliciosa―. Y la muerte Merriam sólo puede ser a veces el comienzo.

¡Te odio! ―le grita ella empujándolo con todas sus fuerzas, Ángelus ríe al trastabillar por unos segundos―. Te probaré que no te necesito. Que puedo ser mejor que todos. ―y su voz se iba haciendo cada vez más profunda.

Mira entonces a donde te llevó tu gran masacre. ―le dice aún risueño el vampiro observándola―. A correr como una gata asustada entre callejones, perseguida por una turba de imbéciles―. ¡Oh, si! Vivirás mucho.

Enséñame Daddy. ―le pide la chica acercándosele.

Claro que lo haré. Aún debes a prender la diferencia entre ser el cazador y ser la presa Merriam. ―la observa y con una sonrisa extraña en el fondo de sus ojos agrega―. Pero no te preocupes mi pequeña… ―le acaricia uno de sus rizos rubios―. Daddy te va enseñar la lección.

Merriam abrió sus grandes ojos azules y se lo quedo observando por unos segundos, mientras un destello extraño cruzo por el interior de las pupilas del vampiro. A su alrededor los gritos de las personas que seguían frenéticos su búsqueda, se habían ido intensificado, al tiempo que los primeros pasos acercándose comenzaban a oírse con total claridad y el leve destello de las luces procedentes de las antorchas se dibujaba tras los espesos cortinados de la habitación.

Ángelus giró su cabeza al sonido de las voces y volviéndose a observarla le dice:

Vamos a jugar un juego. una sonrisa torcida se dibuja en sus labios―. En el que yo te enseño y tú aprendes, en cual alguien vive y otros mueren. ―la chica le sonríe―. Será entretenido ¿Qué me dices, quieres jugar?

Si. Si quiero. ―le contesta mientras sus ojos se encienden por el deseo de sangre―. Quiero verlos sufrir.

Si sufrir. Eso lo verás Merriam. ―y abriendo la puerta Ángelus la agarra por un brazo atrayéndola contra su cuerpo con fuerza―. Quédate quieta. ―le dice, ella lo mira pero no hace nada más, y el vampiro comienza a gritar con todas sus fuerzas―. ¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Qué alguien me ayude!

Los pasos se precipitan hacia donde están ellos. Merriam empieza a forcejear alarmada.

¡Quieta te dije! ―le ordena amenazante la voz de Ángelus―. ¡Aquí! No podré resistir más tiempo. ―dice mientras comienza a retroceder al interior de la habitación buscando las sombras que lo protejan. Y él aguarda.

El grupo de hombres se hacen presentes en la vivienda cubriendo la entrada en un manojo apretado de cuerpos y al observar la escena:

¡Dios mío! Resista buen hombre. ―grita uno al ver a Ángelus forcejeando con Merriam―. ¡Ayúdenle! ―les dice dirigiéndose al resto de sus compañeros.

Me quiso morder. ―les informa Ángelus con un dejo de preocupación en su voz, mientras con su mano le tapa la boca de la chica.

Resista pero no la suelte, nosotros le ayudaremos. ―le dice uno de ellos mientras se acercan al vampiro que agacha la cabeza para ocultar la risita que se dibujaba en un extremo de sus labios.

Varios hombres se acercan y toman a Merriam con fuerza inmovilizándole ambos brazos. Uno de ellos se aproxima con un gran crucifijo de plata que pone casi sobre su rostro. Y el rostro de la niña se transfigura de inmediato.

¡Dios nos proteja! ―dice atrás otro persignándose―. Está maldita. Es uno de los malditos.

El jefe de la cuadrilla se le acerca.

¡Ya cállate y ayuda! ―le dice entregándole un frasco de agua bendita. Y mirando a Ángelus―. Señor aléjese por favor no queremos que lo lastime.

Este asiente con la cabeza en silencio.

Traigan a ese demonio para acá. ordena el hombre.

Los demás arrastran el cuerpo de Merriam hasta él. Ella gira su cabeza involuntariamente hacia Ángelus, este posa un dedo en su boca como pidiéndole silencio.

¿Qué hacemos? ―le pregunta un hombre detrás mirándola asustado.

La llevaremos con el reverendo, él sabrá que hacer. ―le informa este.

Acaba de amanecer. ―murmura Ángelus desde las sombras.

Si es verdad. ―vuelve a murmurar el hombre que sostenía con miedo el frasco de agua bendita entre sus manos―. No necesitamos llevarla con el reverendo, el sol se encargará de ella. ―los mira―. Podemos hacerlo. Que pague por sus crímenes y se pudra en el infierno.

¡Siiii! ―gritan a continuación un coro exaltado de voces―. ¡Matemos al demonio! ¡Que muera!

Merinam escuchas las voces alteradas en torno a ella, y sus ojos se expanden en terror y un odio bestial se apodera de ella, que la hace forcejear con todas sus fuerzas. Dos hombres más son necesarios para poder doblegarla. Uno de ellos abre la puerta. Unos rayos de sol bañan los primeros escalones del viejo pórtico. Mientras unas manos fuertes la arrastran sin remedio a su destino.

Nooooooooo. ―Se rompe su garganta con un grito―. Daddy ayúdame no dejes que lo hagan. ―Suplica Merriam forcejeando inútilmente―. ¡Daddy! ¡Por favor seré Buena! ―gira la cabeza intentando encontrar los ojos de Ángelus.

¿A quién le hablas condenada demonios? ―le pregunta un hombre.

¡Suéltame maldito! ¡Te mataré! ―amenaza Merriam con los ojos inyectados en sangre.

¡Oh Dios mío, está demente! ―se oye tras sus espaldas gemir la voz del vampiro. Y Merriam comprende.

Y la niña perdida y la mujer encerrada en ese cuerpo se revuelcan mordiendo y arañando contra su destino, mientras del interior de ser una voz como miles de cavernas se levantan y dice:

Me vengaré. Te haré pagar en lo que más quieras… ―y asiendo un silencio al tiempo que sus ojos se vuelven ambarinos remarca como un maleficio esa palabra―. Daddy.

Y es lo último que dice. Unos fuertes brazos la empujan a la calle, donde el sol la recibe con su beso de fuego hasta consumirla por completo. Pero aún después de todo ese espectáculo, pareciera como si el destello de sus ojos persistiera todavía en el ambiente.

Eso fue horrible. ―exclama uno de ellos tapándose la boca, intentando mantener sus intestinos en control dentro de él.

¿Se encuentra bien señor? ―le pregunta el Jefe de la partida a Ángelus que continuaba reclinado contra una esquina de la habitación.

Si, si estaré bien. ―le informa asintiendo repetidas veces con su cabeza.

Vaya y descanse. ―le dice este―. Estas cosas no deberían verlas ningún ser humano. ―y volviéndose al resto―. ¡Vamonos! Ya todo termino.

Y acto seguido, todos abandonan el lugar cerrando la puerta tras de sí, dejando solo a el vampiro en ese rincón de la habitación. Este se incorpora de su posición y abriendo una puerta que se encontraba no muy lejos de donde él estaba, ingresa a la recámara de la vivienda. Un par de cuerpos, se hallaban tirados en el lugar, uno sobre la alfombra y otro cruzado sobre la cama. Ángelus sonríe mientras comienza a canturrear una canción.

Beautiful, beautiful girl (Hermosa, hermosa chica)

in the shadow you are (en las sombras tú estas)

where you can't to sleep (donde no puedes dormir)

my beautiful, beautiful girl. (mi hermosa, hermosa chica)


Dos días después.

Interior. Departamento de Giles. Noche.

Londres. Inglaterra.

El hombre se encontraba sentado en el sillón observando sin ver el libro gastado que trataba de leer desde hace media hora. Lo deja sobre sus piernas y tomando los anteojos se los quita para poder limpiárselos, es un gesto casi automático del que ni siquiera es conciente. Solo se queda ahí restregando sus lentes una y otra vez contra el paño.

Un hondo suspiro se escapa de su pecho. En ese instante el joven bajaba por las escaleras, sus pasos eran lentos y un brillo de tristeza se perfilaba desde el interior de sus pupilas. Llevaba el cabello desordenado, como si hasta el simple hecho de peinárselo estuviera fuera de esta vida, de la cotidianeidad que le resultaba más opresiva, casi ofensiva a cada instante.

Giles lo observa a través de sus cristales, que se acomoda sobre el puente de su nariz. Sus ojos se cruzan con los de él por un segundo, es solo una fracción de tiempo dentro del circulo infinito, pero tan intensa y dolorosa, cruel y desesperanzada como una gris lápida sobre alguna tumba olvidada.

―Andrew. ―lo llama con una voz que por un momento no reconoce como propia. Este lo vuelve a mirar, y esboza lo que quiere ser una sonrisa.

―Si dime. ―le dice.

―¿Podríamos hablar un momento? ―le pregunta mientras deja el libro sobre la mesita.

―¿De qué? ―le interroga el chico esquivando su mirada.

―De cosas.

―Hay muchas cosas… ―murmura este acercándose al hombre―. Y generalmente no te gustan las cosas de las que hablo. ―lo mira―. Te pones a limpiar los anteojos cuando quiero hablarte de ellas o a tomar té.

―Si bueno. ―carraspea Giles en su defensa―. Pero ahora es diferente.

―¿Diferente en qué? ―le pregunta al tiempo que su mirada lo penetra como una daga.

Giles hace un profundo silencio antes de responder. Y mirando por encima del hombro del muchacho, se queda observando un punto perdido en la pared como si solamente eso existiera.

―A todos nos afecto la muerte de Dawn Andrew, no eres el único. ―le dice serio después de una silenciosa reflexión consigo mismo.

―Si, bueno. Pero no dejo de pensar que sino le hubiese pedido que fuera por el cuchillo, no sé. ―hace una pequeña pausa―. Tal vez estaría con vida viendo conmigo Star Treek, o no sé fastidiándote por tocar tus cosas. ―Giles lo mira de reojo―. No es que lo hiciéramos… muy seguido. ―y agachando su cabeza―. Pero no puedo dejar de pensar en ello.

―Si te entiendo. ―le contesta Giles con un dejo cansado en su voz al tiempo que se sienta―. No creas que no pensé en lo mismo. Que sino le hubiese propuesto a Buffy venir a Londres, las dos estarían ahora felices en Roma teniendo otra clase de vida y no esta. ―Se vuelve a quitar los anteojos los limpia y volviéndoselos a poner―. Pero nadie sabe que te deparará el destino y por más que tratemos de evitarlo pareciera que siempre se adelantara, que hagamos lo que hagamos no podemos ir en contra de él. He tratado de hacer las cosas más simples, las correctas, pero solo parece que me meto en callejones y más callejones sin salida. Como si al final no hubiera otro sitio a donde ir. ―lo mira―. En donde estar, solo este.

―Eso no sonó cool. ―le dice Andrew con un suspiro.

―No, no lo es. ―murmuro Giles para sí.

―¿Entonces que podemos hacer? ―le pregunta Andrew sentándose a su lado.

―Por lo visto nada. ―le contesta Giles―. Sólo dar nuestro mejor esfuerzo. Sólo eso nos queda.

―Pero es tan difícil. ―Susurra el joven mientras una lágrima escapa de sus ojos.

―Siempre lo es.

Se hace un silencio entre los dos.

―Aún no dejo de pensar que aparecerá dentro de cualquier instante por esa puerta. Sonriendo, y hablando de alguna ropa cool que vio para comprarse. ―le comenta Andrew―. Es tan duro pensar que jamás será así. Que solo es un estúpido sueño, que ya no esta. ―Se voz se entrecorta en medio de un profundo quejido. Giles le palmea e hombro tratando de reconfortarlo.

―Si lo es.

―¿Por qué paso esto? ¿por qué? ―le pregunta mirándolo con el rostro totalmente compungido.

―No tengo la repuesta para eso. ―le responde Giles agachando la mirada―. Como para muchas cosas en esta vida. Nunca habrá una respuesta que llene el vacío. Nunca.

Otro silencio más espeso se vuelve a condensar sobre ellos. En ese momento Buffy bajaba por las escaleras y atravesaba el pasillo hacia la puerta de entrada. Giles la mira pasar y llamándola.

―¿Sales? ―le pregunta cuando esta estaba agarrando un abrigo junto con las llaves.

―Si ya sabes Giles. ―le dice sin darse vuelta―. Cazadora, patrullar… combatir el mal. ―Se gira, lo enfrenta―. Volveré tarde. ―comienza a alejarse.

―Ten cuidado. ―le dice este.

―Lo tendré. Como siempre. ―le contesta cerrando la puerta detrás de ella.

Buffy sale a la noche, la bebe, la siente deslizarse por todo su cuerpo, por cada poro de su piel. Se siente parte de ella como esas lejanas estrellas que titilan en el horizonte, como el aullido del lobo en las estepas, o esas sombras que se recortan tras la luna. Y es al fin y al cabo una parte de ese mundo que duerme y vive, que late con su ritmo propio con un dejo de recuerdos perdidos, de secretos que palpitan tras su manto de tinieblas.

Y ella camina por las callejuelas de Londres, de ese Londres narrado por las leyendas que carga el peso de su pasado entrelazándose con el ímpetu de la modernidad que avanza como un caballo desbocado, el cual todo lo arrasa. Y Buffy se pierde por unas calles que nunca había recorrido, por una parte de la ciudad que le resulta hasta ahora ajena. ¿Por qué? No lo sabe. Tal vez quiera evitar un posible encuentro con Spike, pero hay algo en el aire que guía sus pasos hasta ese lugar. Sus instintos tal vez, pero ello no esta con ganas de analizar nada. Solo se deja llevar por la noche, por su llamado como siempre ha sido, como siempre será.

A lo lejos las luces de neón del supermercado proyectan su luz contra la vereda. Es de esos que están abierto las 24 horas. Ubicado en medio de una cuadra, atendidos por un vendedor que se la pasa la mayor parte del tiempo leyendo su periódico o bostezando estruendosamente ante la pantalla del televisor. Y él es uno más de los habitantes de la noche.

Buffy lanza un profundo suspiro y sigue caminando, en ese instante un hombre sale del supermercado cargando un bolso de madera entre sus brazos. Al observarlo ella se queda petrificada en su lugar. La gabardina negra de Spike, y su pelo rubio casi blanco parecían relucir un poco más bajo las luces de neón. Y él también se detiene, irguiéndose en su lugar, y ella sabe que él la ha sentido. Se lo gritan sus instintos, y el repiqueteo casi frenético de su corazón. Él se da vuelta y ambos se quedan observando, Spike agacha la cabeza, la inclina levemente hacia un costado y cuando la vuelve alzar:

―Hi pet. ―le susurra con una semi sonrisa en su rostro.

―Hola. ―le dice Buffy avanzando hacia él. Se vuelven a observar.

―¿Patrullando? ―le pregunta él sin dejar de mirarla. Mientras sus ojos se vuelven más celestes bajo la luz del lugar.

―Si. ―le contesta ella sintiendo estrangularse a su voz, desvía la mirada―. Umm, este y tú… umm ¿vives por acá ahora? ―intenta Buffy articular como oración después de unos segundos.

―Si a unas cuadras de acá. No está lejos. ―le dice Spike indicando un lugar con su cabeza. Se produce otro silencio entre los dos―. Y… ―la mira―. ¿Cómo has estado?

Ella inclina su cabeza.

―Ya sabes, intentando sobrevivir. No tengo otra alternativa por lo que parece. ―desvía su mirada.

―No, no la hay. ―le contesta él haciendo a su voz más ronca e intensa.

Ella lo mira y tomando un profundo aliento le dice:

―¿Puedo acompañarte?

Spike abre sus ojos y la observa detenidamente, luego de un segundo de duda asiente con su cabeza. Los dos comienzan a avanzar por las calles en silencio. Solo se escucha el ruido de sus pasos y la sensación de la presencia del otro a su lado. No habrían caminado más de cuatro cuadras cuando Spike se detiene en una esquina, y mirando una vivienda de tres plantas le dice:

―Acá es, el del medio hacia la calle es el mío. Se lo alquile a una mujer por un mes. ―y torciendo sus labios en una mueca burlona―. Por lo visto no creo que necesite más.

―No digas eso. ―le recrimina Buffy a su lado.

―¿Por qué no? ¿Acaso no es la verdad? ―le pregunta este con la frente fruncida―. No querer verla no cambiara las cosas pet, y lo sabes.

―Se lo que está pasando Spike. No necesitas decírmelo, no deja de golpearme todo el tiempo. ―le responde Buffy seria―. Pero aún así no dejaré de luchar. No puedo hacerlo.

―Eso es algo, luv. ―le dice Spike con una sonrisa y aspirando profundamente desvía su cabeza hacia la puerta―. ¿Quieres pasar? ―le pregunta a continuación. Ella asiente con su cabeza.

Ambos ingresan al edificio, suben las escaleras hasta el segundo piso. Spike se detiene frente a una puerta y metiendo su mano en el interior de la gabardina saca un juego de llaves.

―Puedes pasar. ―le dice Spike abriendo la puerta al tiempo que enciende la luz.

Buffy mira el lugar, el pequeño comedor que se alzaba ante su vista, más a lo lejos divisó la cocina y hacia su izquierda podría ver la puerta abierta que daba con la habitación. Spike camina por el cuarto, y dejando la bolsa que había traído sobre la mesa se da vuelta y la observa.

―No es la gran cosa. ―le dice mirando a su vez el lugar―. Pero funciona para mí.

―Es lindo, me gusta. ―le dice ella sin que sus ojos se encuentren con los del vampiro.

―Gracias. ―le dice mirando el lugar―. Umm, este… ¿quieres beber algo? ―le pregunta Spike tratando de romper el silencio incómodo que amenazaba con materializarse en torno a ellos.

―No, yo no. Umm, nada de bebidas. ―agacha la cabeza y apretando con fuerza sus labios―. Willow y Wesley están investigando y ellos creen que pueden llegar a descubrir cuando se generó el cambio de energía. ―lo mira.

―Bien por ellos. –responde Spike arrugando su frente. Buffy lo mira seria.

―¿No te interesa? ―le pregunta

―Sabes que sí. Pero dudo que eso resuelva algo. ―le contesta mientras se comienza a quitarse la gabardina―. Solo nos estamos engañando. ―le dice sin mirarla.

―No, eso no es verdad. ―le responde Buffy con un dejo de molestia en su voz―. Crees que me gusta. Odio hacerlo, ya sufrí demasiado. ―y clavándolo sus ojos verdes en los de él―. Ya deberías saberlo Spike, con todo lo que paso entre… ―Se detiene.

Este agacha la mirada y cuando la levanta.

―Abre los ojos, pet. ―le dice Spike acercándosele a ella sin dejar de observarla.

―Los tengo abiertos. ―Se defiende Buffy.

―No, eso es lo que dices, pero no es así. ―le dice Spike moviendo su cabeza con fastidio―. Aún sigues soñando con una maldita casa con cercas blancas y sabes que es algo que jamás podré darte.

―Pensé que ese eras tú. ―lo mira―. El de la cripta con las cercas blancas.

Spike hace una mueca de disgusto al tiempo que revolea sus ojos.

―Si bueno, si… lo hice. ―balbucea este unos segundos después defendiéndose―. Pero quemarte en un hoyo y volver como fantasma después ponen las cosas en perspectivas amor. ―y frunciendo sus labios―. No hay mucho que pueda ofrecer. ―baja su mirada.

―Si, si lo hay. ―le dice Buffy mirándolo preocupada―. Spike escúchame. Bueno si tal vez…, ummm yo quizás soñé con cosas ya sabes… normales… ―esquiva su mirada―. Bueno, si lo hice, ok. ―lo mira―. Y quizás en el fondo lo siga haciendo… yo, yo lo hago. Pero eso no tiene nada que ver con nosotros.

―¿No? ―le pregunta dudoso arqueando una ceja.

―No. Es complicado, como todo en mi vida al parecer. Pero, pero lo único que tengo es a mí misma. ―Se le acerca.

―Felicidades. Eso es algo. ―le dice Spike con un dejo de ironía en su voz. ―bien por ti slayer. La vida dejará de ser un maldito infierno.

Buffy lo fulmina con la mirada.

―No puedes decirme eso. No después de todo lo que pase. ―le dice sosteniendo con fuerza uno de sus brazos.

Este le devuelve una sonrisa dura con sus labios.

―El mundo no gira en torno a ti, amor. ―y agarrándola el también con ambas manos―. No eres la única que sufre acá. Estás equivocada si piensas eso. ―la suelta.

―No dije eso. ―le contesta Buffy con los ojos ensombrecido.

―¡Maldición Buffy! Entonces deja de actuar como si así fuera. ―le responde molesto Spike―. ¡Shit! ―dice para sí.

Buffy se queda en silencio en medio del cuarto.

―¿Esto es todo entonces? ―le pregunta ella con los labios casi blancos por la presión.

―¿Todo qué? ―le interroga Spike mirándola.

―Lo que queda al final. ―murmura Buffy apretando sus brazos en torno a ella.

―No sé lo que va quedar al final Buffy. ―y moviendo su cabeza―. Maldita sea si lo sé. Sólo se que dolerá como el maldito infierno, y no puedo hacer nada para evitarlo. ―Spike tuerce sus labios mientras los presiona con fuerza.

―A veces las cosas pueden ser diferentes. ―le dice Buffy observándolo.

―¿Diferentes como? ―le pregunta él elevando una ceja.

―Solo diferentes. ―le responde Buffy con un suspiro. Spike revolea los ojos molesto.

―Esa no es una respuesta y lo sabes. ―le dice al tiempo que arruga toda su frente y moviendo su cabeza―. Te lo pondré fácil. ―se le acerca dos pasos, ella lo mira, y su voz se vuelve profunda―. Morir es un crimen, pero morir estúpidamente es un crimen sin perdón. ¿Crees que me agrada? ¿Qué es lo que quiero? ―la mira―. Lo única realidad que conozco, que sé, es la de estar vivo ―y haciendo un gesto con sus labios―. Claro como un vampiro puede estarlo. Pero es lo que soy, y siempre ha sido así.

―Entonces vive para mi Spike. ―le pide Buffy sosteniendo uno de sus brazos

―¿Crees que no lo intento? ¿Qué no lo hago? ¡Dios Buffy! ―empieza a reprocharle Spike.

―¡Inténtalo más fuerte! ―le dice Buffy apretando aún más el brazo de él entre su mano―. No tiene porque ser así Spike. ―le dice Buffy acercándosele―. Podemos luchar, encontrar la manera. Yo lo haré, no dejaré…

―Ya te dije que no quiere tu lástima pet. ―le dice Spike observándola―. No la necesito.

―¡Ya basta! ―le dice Buffy furiosa―. Ya te dije que no es lástima.

―¿Entonces qué es Buffy? ―le pregunta Spike acercándosele.

―Ya lo sabes. ―le dice ella, bajando levemente su mirada.

―No, no estoy seguro de lo que sé. ―le contesta él con un dejo de dolor en su voz.

―Yo no quiero que mueras Spike. ―le dice Buffy.

―Yo tampoco no te preocupes, pet. ―le responde sin dejar de observarla.

―¿Entonces por qué haces todo esto? ―le pregunta ella acercándosele

―Aún no me contestas, pet. ―le dice Spike inclinando su cabeza hacia un costado, mientras no dejaba perder detalle de cada gesto de la chica.

―¿Qué es lo que quieres saber? ¿Si te amo? ―lo mira―. Sí, lo hago. ¿Contento?

―No, si lo haces sonar como una maldición. ―le responde Spike mientras sus mandíbulas se atirantan―. Amar no es un crimen Buffy. Puedes huir de él, puedes odiarlo hasta que te haga llorar de dolor, hasta que arranque cada pedazo de ti. Pero no puedes vivir sin él. ―la mira―. Inténtalo si quieres, pero estarás más muerta que cualquiera de esos vampiros que cazas. ―hace un silencio y acariciándole el pelo―. Y si piensas que él amor te traerá solo dulces palabras al oído ―retira su mano―. Déjame decirte que despiertes de ese sueño. El amor es dolor, el amor es pasión, es fuego que te consume. Es todo y nada… ―Se calla, y dando dos pasos hacia atrás―. Pero ve y escóndete con Ángel, el sabe hacer un buen juego de olvidar lo que siente.

Dos gruesas lágrimas corrían por los ojos de Buffy.

―No puedo olvidar. ―le dice ella con un susurro―. No puedo dejar de sentir lo que siento. ¡Dios no puedo!

―¡No hagas esto, pet! ¡Ya basta! ―le dice Spike agarrándola por los hombros con fuerza mientras la empuja contra la pared, reteniéndola. Ella lo mira sorprendida, él afloja la presión de sus manos al tiempo que su voz se vuelve más profunda y dolorida―. Entiéndelo, luv. No tiene sentido seguir con todo esto. ―la mira.

―No Spike. ―le responde ella sin dejar de mirarlo.

―¿Es esto lo que quieres? ―le pregunta volviéndola a sujetar con fuerza―. O acaso…

Pero sus palabras mueren en los labios de Buffy que había traído su cabeza hacia la suya sosteniéndolo, y devorando la boca de Spike con un hambre, con una desesperación que le hacía casi imposible respirar. Y ella se pierde en ese deseo dormido que la estaba arrasando, en ese cóctel de sensaciones que era incapaz de contener. Y se vuelve a hundir y perder para siempre.

Spike siente los labios de ellas invadir los suyos, la búsqueda de más contacto demandándole todo. Las variaciones de su respiración, el sonido cada vez más acelerado de su corazón, y su cuerpo que se amolda como una segunda piel al suyo, y es demasiado para él. Y ese muro que ha tratado de levantar en silencio en todos estos días, se derrumba en pedazos ante sus pies.

Y ellos vuelven a estar ahí, donde siempre han estado, donde siempre han pertenecido a la noche y las sombras. A sentir a su esencia corriendo como un caballo salvaje por todo su ser, a ese deseo casi incontrolable de la caza y de la lucha, pero por sobre todo del baile. De ese baile que como una corriente eléctrica atraviesa por todas sus venas, porque siempre y en definitiva ha sido todo sobre el baile.

Y es en ese momento en que dejan de estar solos, donde la soledad no es tan profunda y dejan de ser solo dos cuerpos para ser simplemente uno. Pero por sobre todas las cosas es cuando sienten a sus almas completas, terminadas y donde el sutil límite de donde comienza uno y termina el otro se diluye, se desvanece en ese fuego que los alimenta y los devora. Y ellos se sumergen en esas llamas, en ese deseo irrefrenable de sentirse vivos, amados y completos para siempre.

Se separan por un segundo, y se quedan observándose con la respiración entrecortada y la vista perdida en las pupilas del otro. Y ya no hay nada más. No existen palabras que decir, ni miedos que ocultar, solo existen ellos dos en ese cuarto, deseándose. Y sus cuerpos responden a esa pasión, a ese calor que los consume y se amoldan contra el muro que los sostiene como una parte más de si mismo.

Y sus manos se pierden en el cuerpo del otro, en cada retaso de piel que se extiende por su camino. En la respiración entrecortada, en la mezcla casi tóxica del frío y del calor de sus cuerpos, y en esa fricción casi dolorosa y placentera a la que se sometían. Y se embeben en el deseo del otro, en el líquido embriagador de sus cuerpos que los inunda, y en el roce de piel contra piel y ya nada más existe. Ya nada más importa, solo ellos dos en ese rincón de la habitación.

Se besan, se devoran, se desean. No existe parte de ellos que no quieran explorar fundir contra su cuerpo, sentirse inundado con sus esencias. Sometida al ritmo casi desesperado, demencial, posesivo que se imponen. Mientras los dos se siguen observando perdiéndose cada uno en la mirada del otro. Más allá de ese cuarto que los rodea, más allá del mundo, más allá de todos. Solo ellos dos en la penumbra.


Una semana después.

Interior. Viejo Cementerio. Noche.

Londres. Inglaterra.

Y una tras otra las noches parecieran deslizarse iguales, monótonas, dueñas de una tranquilidad falsa, de una paz embustera. Pero allí estaban de nuevo, caminando por el cementerio esperando el despertar de ese otro mundo dormido que volviera a alzar su rostro ante ellos como había sido siempre, como siempre sería. Y detrás del marfil de sus ojos, la luna observaba expectante, y fue en el instante en que una nube la cubrió por un segundo en el que los hombres podrían jurar que una extraña sonrisa se perfilaba en una de sus caras, magnifica, brillante. Y en esa parte casi olvidada del cementerio, ellos vigilantes y cazadoras se movían formando parte de ese mundo como esas proyecciones de sombras que surcaban sinuosas sobre la luna.

Las chicas observan cada rincón del lugar con el sigilo de un gato al acecho esperando por su presa, más atrás de ellas dos vigilantes las evalúan detenidamente, se miran entre ellos y sonríen. Y vuelven a ser parte de ese mundo de lunas y sombras, de silencios y esperas bajos las estrellas.

Y más atrás otro hombre los mira a ambos y sus labios se distienden en una sonrisa semi desdeñosa cubierta por la noche, esperando el momento de mostrar sus dientes y atacar.

―Segunda noche consecutiva sin que nada suceda. ―murmura Ewan acercándose al lado de Richard―. Es realmente extraño. No sé que sucede, pero no me gusta. ―agrega al tiempo que mira hacia un costado.

―Si es extraño. ―asiente este con un resoplido―. Aunque dadas las circunstancias no sé si agradecerlo o no. ―y le indica con un leve movimiento de su cabeza la figura del otro hombre parado en las sombras―. Albus no tiene nada de que quejarse, más de lo habitual claro esta.

―Me importa muy poco lo que opine Albus. ―le contesta molesto Ewan

―Si lo sé Ewan, nos es necesario que me lo recuerdes. ―Richard baja la cabeza y agrega―. Pero los miembros del Consejo no piensan lo mismo.

―Los demás miembros del Consejo se pueden ir a la pu…

―Te comprendo, te comprendo. ―lo corta Richard tratando de que las palabras de Ewan no lleguen a oídos de Albus, y bajando un poco la voz―. Pero debemos ser prudentes. Nos guste o no ellos lo tienen en gran estima. ―el hombre se muerde el labio, en ese gesto característico de cuando estaba por decir algo que llevaba tiempo meditando―. Cuando andas en medio de lobos, debes parecer inocente como paloma, pero cauteloso como una serpiente. Solo así sabrás cuando y donde podrás atacar. ―y posando sus ojos en el joven―. Que no te preocupen los golpes que te den, solo procura tú dar el último. ―y palmeándole el hombro―. Ese es el que cuenta. ―y sus mejillas regordetas parecieran iluminarse un poco más en su rostro.

Ewan baja la mirada. Y aprieta con fuerza el brazo del hombre delante de él.

―No creas que no te entiendo. Solo que, solo que lamento no tener tantas esperanzas. ―Ewan toma aliento y continúa―. Pero viendo como están las cosas lo único que puede mejorar será que todo esto se termine de una vez por todas.

Richard lo mira preocupado y un dejo de tristeza se adueña de su interior dejando un sutil brillo en sus ojos, y volviendo su cabeza hacia donde estaban las chicas.

―Estas haciendo un gran trabajo Ewan. Las chicas lo saben, yo lo sé, y lo más importante tú tienes que creerlo. Eso es lo que importa.

Ewan le sonríe.

―Gracias.

―Si tú fueras mi hijo yo estaría orgulloso de ti. ―le desliza Richard como al pasar mientras pierde su mirada en otra parte lejos de la del joven.

Ewan lo observa, se queda serio por unos segundos y agachando la cabeza le dice:

―Lo sé. Y yo de ti. ―murmura a continuación y dando dos pasos hacia el sector donde estaban las chicas―. Será mejor que volvamos por lo visto tampoco nadie se presentará hoy.

―Si será lo mejor. ―agrega a sus espaldas Richard.

―¿Otro noche productiva verdad McDryden? ―le pregunta con dejo burlón Albus acercándoseles.

―Si magnífica. ―le contesta este e ignorándolo―. Bueno chicas. Volvamos. ―les dice al tiempo que pasa sin siquiera mirar al otro hombre.

No habría pasados más de unos minutos cuando el grupo acababa de salir del cementerio, y se dirigían hacia la parte sur de la ciudad. Más a lo lejos el silencio era quebrado por el paso solitario de algún vehículo, o el leve murmullo de un transeúnte que al igual que ellos deambulaba por las viejas callejuelas de Londres. Y cuando ya llevarían más de diez minutos de su recorrido fue cuando un ruido extraño se oyó tras de sus espaldas. Las chicas se giran de inmediato con las estacas en mano y listas para la pelea.

Un viento helado cruzó la noche y el cielo se oscureció un poco más en ese instante. Todos se quedaron expectantes sintiendo cada leve murmullo como un ente propio cargado de significado y vida en torno a ellos. Pero la nada fue su respuesta. Pasaron los minutos lentamente, y al ver que nada sucedía vuelven a retomar su camino. No habrían caminado cinco cuadras cuando el mismo ruido se vuelve a oír a sus espaldas. Todos se miran entre ellos.

Y un silencio hondo se adueña del ambiente llenándose con el extraño aroma de otra tierra. El aire se torna más seco, casi aplastante, y la rara sensación de sentirlo cargado con un sutil polvillo de arena que se cernía y golpeaba contra sus cuerpos. Más a lo lejos la noche parecía deambular en otro mundo distinto al de ellos.

―¿Qué está sucediendo? ―pregunta Albus aflojándose el nudo de su corbata mientras gruesas gotas de sudor comenzaban a caer desde su sien.

―No lo sé. ―le responde Ewan tranquilo.

―¿Por qué demonios hace tanto calor de repente? ―insiste a su lado la voz del hombre―. Esto no es normal.

―¿No me digas? ―deja deslizar la frase Ewan con un dejo de burla. El otro lo fulmina con su mirada.

―Esto es culpa de esa zorra que Giles tiene por cazadora. ―murmura Albus avanzando dos pasos―. Lo sé, podría jurar que es así. ―hace un silencio, se queda observando las sombras.

Ewan estaba a punto de contestarle, cuando un nuevo ruido se deja oír a pocos centímetros de donde ellos estaban. Pero las calles se encontraban desiertas, y nadie había entre ellos y las sombras que los cubrían.

―No se separen. ―les dice Richard al ver a las chicas―. No me gusta esto. Sea lo que sea, es mejor que nos encuentre unidos.

―Algo sensato sale por primera vez de tu boca. ―le dice Albus encaminándose hacia donde estaban los demás.

―¡Silencio! ―dice de repente una de las chicas. Irguiéndose más en su estatura.

―¿Qué sucede? ―le pregunta Margaret acercándosele―. ¿Lisa? ¿Qué pasa? ¿Qué viste? ―vuelve a insistir al ver que la chica no le contestaba.

Esta pareciera salir de su trance, y con ojos asustados los interroga:

―¿No la vieron? Allá entre las sombras, tras el árbol. Nos está observando. ―le indica señalando el lugar con su estaca.

―¿Quién? Ahí no hay nadie. ―le contesta frunciendo el seño Albus y volviéndose hacia los otros dos vigilantes―. Dios, no me dirán que ahora también drogan a sus cazadoras. ¿O es por elección propia?

―¡Ya cállate! ―le dice molesto Ewan―. ¿Estás segura Lisa? ―le pregunta. Esta asiente reiteradas veces―. ¿Alguien más la ve? ―todos los demás niegan con sus cabezas.

―Pero ahí esta. ―vuelve a insistir ella―. ¿No la ven? Se está acercando. ―Suelta la estaca, la cual repiquetea contra el suelo hasta acallarse por completo―. Esta más cerca, está más cerca ¿por qué no la ven?

―¡Tranquilicen a esa loca! ―grita Albus―. Acá no hay nadie.

―Si lo hay es ella, es ella. ―y Lisa se queda paralizada viendo las sombras―. ¡Oh Dios mío es ella!

De pronto las calles y las viviendas se van desdibujando lentamente. Y como si fueran presos de un espejismo ven como ante ellos se suceden imágenes casi desenfocadas que los llevan al pasado. A una especie de sabana africana, donde el sol pareciera querer quebrar todo resquicio de vida que se alcé a su alrededor. Y más a lo lejos se extiende el fuego de una hoguera, y acuclillada de espaldas a ellos una mujer lo observa mientras sostiene entre sus manos lo que parecería ser un arma.

Inclina su cabeza como si los sintiera, pero no se da vuelta. En ese momento la hoguera pareciera incrementar sus llamas bañándola en su destello de misterio. Todos seguían petrificados en sus lugares sin saber que hacer. La mujer semidesnuda con el cuerpo totalmente pintado de blanco, no deja de afilar su arma.

―La muerte es tu arte. Es tú regalo. ―Se da vuelta los observa y avanzando a gatas sobre el suelo, se detiene, mira de reojo hacia un costado y luego al otro―. Nos rodea. Ella sabe sus nombres y te busca. ―alza la estaca y la aprieta más fuerte entre sus dedos―. Y tarde o temprano ambos se encontraran. ―Su voz se vuelve susurrante y profunda.

―¿Dónde estamos? ¿Quién eres? ―le pregunta asustado Richard mirándola.

―No tengo nombre solo un destino. No recuerdo si alguna vez lo tuve, no lo necesito. ―Se queda un segundo meditando―. Pero los condenados me llaman La Cazadora.

―¡Dios mío, eres… eres la primera! ―dice Ewan agrandando sus ojos sorprendido.

―Esto es ilógico. Esto es una locura. ―tartamudea Albus mirando preocupado a su alrededor.

La mujer lo mira.

―Seres como ustedes me crearon. Hecha para la caza. No existe nada más. Pero no lo entiendes. ―desvía su mirada hasta posarla en los ojos de las demás cazadoras―. Siento mi misma esencia corriendo por su interior.

―Es que ellas son cazadoras. ―le explica Richard mirándolas el también.

―Solo son pedazos de la pieza. ―Susurra la mujer, retrocede dos pasos, el fuego parecía menguarse a sus espaldas―. La línea esta quebrada. El poder de la Elegida esta declinando como las estrellas en el horizonte antes del amanecer.

―¡Lo sabía! ¡Lo sabía! Se los dije es culpa de esa Buffy Summers. ―les dice Albus con los ojos centellantes de indignación.

―Tú no sabes nada. ―le retruca la mujer mirando hacia atrás―. Ni siquiera saben porque han venido.

―Para saber, para conocer nuestro poder. ―le dice Margaret mirando el arma en las manos de ella. La mujer le sonríe.

―¿Y qué sabes de él? ―le pregunta esta mientras se desliza a gatas en torno a ellas.

Las demás chicas comienzan a ponerse nerviosas. La mujer pareciera ni notarlo, y sigue blandiendo el arma en una de sus manos lista para el ataque.

―El poder me hace fuerte, ágil. Puedo pelear contra vampiros y ganarles. Y también están mis instintos, aunque a veces no los comprendan del todo bien. ―le responde Margaret sin dejar de verla en ningún instante.

―La caza te da el poder. La muerte te da el poder. ―Susurra la mujer deteniéndose―. Tus instintos te dan poder. Pero no es suficiente. Nunca lo es.

―¿Cómo que no es suficiente? ―le pregunta Margaret frunciendo su frente.

―Necesitan volver a la fuente. A la esencia de La Elegida. ―una extraña ráfaga de aire se adueña del lugar, haciendo volar polvillos de arena en su rostro. Todos se cubren la cara tratando de evitar que esta le llegue a los ojos, y en medio de todo la voz de la mujer resuena más honda y susurrante―. A volver a ser una. Han perdido el alma y el corazón del demonio. Y su poder muere con él.

―¿Qué tenemos que hacer entonces? ―le pregunta Albus―. Dinos. Haremos lo que sea.

Ewan lo mira con un dejo de reproche en sus ojos.

―No necesitan hacer nada. El tiempo lo hará. ―y retrocediendo dos pasos más―. Hasta entonces deberán aprender. Creen que lo saben todo, que lo han visto todo. No tienen ni idea de lo que saben o tienen entre sus manos. Este es sólo el principio. Porque tarde o temprano siempre se vuelve al origen. Al verdadero poder.

La hoguera tras de ella se agiganta y sus llamas cubrían la noche con sus reflejos. Y los ojos de la primera cazadora brillan con un fulgor extraño como si pudiera ver algo que para ellos es desconocido, los observa y sonríe. Y su sonrisa se lleva con ella los últimos vestigios de aire.

Las imágenes se vuelven a suceder como un bombardero de secuencias una detrás de otra. El aire se torna denso y pesado, imposible de respirar. La sábana desaparece, y de nuevo están en las callejuelas de Londres, bajo la tenue luz de las lámparas de las calles y la leve brisa de la noche. Y tras de ellos el ruido de un cuerpo cayéndose contra los adoquines rompe el silencio. Todos se giran de repente para ver. Lisa se halla inconsciente tirada en el suelo. Richard es el primero en llegar a su lado. La da vuelta, agacha su cabeza contra su cara, la examina y cuando la vuelve a levantar el color abandonado todo su rostro.

―Está muerta. ―es lo único que puede decir. Y se deja caer sentado contra la vereda, apoyándose contra las baldosas, incapaz de hacer nada más.

―No puede ser, no puede ser. ―Susurra una de las cazadoras asustada―. Ella estaba bien. Estaba con nosotras ¿verdad? ―se da vuelta con los ojos como mudos interrogantes.

―No entiendo. ―murmura Albus mirando el lugar con recelo―. ¿Qué fue todo eso?

―Estaba en ella. ―dice de pronto la voz de Ewan.

―¿Quién? ―le pregunta Albus elevando una ceja.

―La cazadora. ―le contesta este―. La primera. Ella fue la única capaz de verla de todos nosotros, de alguna manera se logró manifestar a través de ella. Y cuando dejó de hacerlo…

―Se la llevó con ella. ―termina Margaret la frase―. Este es solo el principio. ―murmura a continuación―. Fue eso lo que dijo.

―Lo sé. ―le contesta Ewan agachando la cabeza.

―¿Y qué vamos hacer? ―pregunta Albus mirándolos a todos preocupados. Pero el silencio es su única respuesta.


Un día después.

Exterior. Hight street. Noche.

Londres. Inglaterra.

Los tres acaban de salir del departamento de Wesley, sin dejar de percibir el extraño cambio que se había producido en el aspecto y en las actitudes de este. Era casi imposible ignorar ese insólito brillo en lo profundo de su mirada, ni el nerviosismo evidente que imprimía a su cuerpo cada vez que Illyria estaba presente.

Siguen recorriendo las cuadras en silencio por un buen tiempo, observando a la noche caer sobre ellos. La mujer que caminaba más adelante se detiene, levanta su cabeza y mira a la luna. Sus ojos parecen adquirir bajo su luz, la intensidad del mar profundo con todos sus misterios, envolviéndose seductores entorno a ellos.

Buffy y Spike la observan a distancia. Ella la mira sin comprender todo el dolor que encierra aquel simple cuerpo poseído por Illyria. Pero puede percibir su esencia en el alma de todos aquellos que una vez la conocieron, y como este simple hecho los trastorna como un huracán desatado en una tranquila tarde de octubre.

Y Buffy recuerda a Wesley, el prisionero estrella de aquel cuerpo, de aquel cóctel que lo va intoxicando poco a poco bajo el nombre de Illyria, bajo el anhelo de Fred.

―Aún no entiendo, ¿por qué Wesley quiere que nos hagamos cargo de ella por unas horas? ―le comenta Buffy a un pensativo Spike a su lado.

―Demasiados malditos recuerdos supongo. ―murmura este mientras busca el encendedor en el interior de su gabardina.

―Si puede ser. ―dice Buffy no muy convencida del todo con la respuesta―. Todos actúan raros cuando ella está presente. ―lo vuelve a mirar.

―Bueno ya te conté todo lo que había entre ellos, antes de que la diosa azul decidiera hacer su aparición. ―agacha la cabeza y haciendo un silencio―. Eso es algo que tal vez él nunca lo supere. ―termina la frase mientras enciende su cigarrillo.

―Si entiendo. ―le dice Buffy apretando con fuerza sus labios―. Una nueva tumba por la cual llorar.

Spike exhala una bocanada de aire, y con un dejo de tristeza en su voz.

―Lástima que la tumba del vigilante, camine, respire y hable. ―la mira―. Con otra voz, con otra esencia, pero no hay que rascar muy profundo para ver a Fred en ella. ―mueve la cabeza de un lado a otro.

―¿Y ella como era? ―pregunta Buffy de repente y sin saber, atraída por el tono que Spike había impreso a su voz al referirse a la chica.

―¿Por qué lo preguntas, pet? ―le interroga Spike elevando una ceja.

―Yo este, ummm, bueno quería saber. ―comienza a balbucear Buffy esquivando los ojos del vampiro.

―Se está desvaneciendo. ―dice Illyria de pronto detrás de ellos. Y su voz se alza desde lo profundo de un pozo.

―¿Qué cosa? ―le pregunta Spike dándose vuelta.

―El canto de lo verde. ―le dice―. Ya casi me es imposible oírlo. ―agrega mientras extiende sus manos hacia unos setos―. Leves murmullos solamente, eran tan claros antes, tan profundos.

―¿El canto de lo qué? ―pregunta Buffy mirándola extrañada.

―Habla con las plantas. ―le informa Spike que no dejaba de observarla.

―¡Ah, vaya! Y yo que pensé que no podía ser más extraña. ―comenta Buffy mirándola.

Illyria se acerca hacia el arbusto, inclina lentamente su cabeza, se queda con los ojos cerrados por un tiempo. Y entonces sucede, Illyria deja mostrar su arma más poderosa, y a su vez la que la hace más vulnerable. Se transforma en Fred. En esa cáscara que la contiene y que la está invadiendo lentamente.

Buffy se la queda mirando sorprendida, y es al observar el semblante de Spike que se había ensombrecido de repente, que comprende que hay algo más profundo detrás de esa imagen de mujer que ella desconoce por completo. Y no sabe porque pero siente a su ceño fruncirse, y una sensación inexplicable de celos deslizarse por su cuerpo.

Spike tira con fuerza la colilla del cigarrillo contra el piso avanzando hacia ella, y agarrando a la chica por un brazo la da vuelta, enfrentándola con su mirada y con una voz dolorida y profunda le dice:

―No vuelvas a hacer eso. ―lezarandea el brazo.

―Sólo quería escuchar, pensé que tal vez ella podría. ―le contesta Illyria, se detiene―. Pero no es así.

―No lo intentes de nuevo. ―insiste aún furioso el vampiro.

―¿Por qué no? ―le pregunta perdiendo su tono de voz para ser solo Fred. Le sonríe.

―¡Te dije que no lo hicieras! ―vuelve a insistir el vampiro soltándola como si quemara.

―Pensé que esto era lo que todos querían. ―lo mira―. Que fuera ella, la Burkle, la cáscara. ―Se toca la punta de sus cabellos.

―No la llames así, ella tenía un nombre. ―le retruca Spike y apretando sus labios―. Y tú no eres Fred.

―No, no lo soy. ―dice Illyria transformando de nuevo su aspecto―. Soy más que este recipiente. No existen palabras para definirme, no…

―Si hay una. ―la corta de inmediato Spike―. Odiosa. ―y volviendo se a mirar a Buffy que seguía sería observándolos―. ¿Pasa algo? ―le pregunta al darse cuenta de la expresión en su rostro.

―No. No, nada. ―le contesta rápidamente ella, y desviando su vista hacia otro lado―. Será mejor que sigamos… umm, hay que seguir paseando a la pintada de azul. ―y comienza a caminar pasando por delante de ellos. Spike la mira extrañado.

Illyria inclina su cabeza, y clavando sus raros ojos en la figura de Buffy que se había detenido unos pasos más adelante.

―La pequeña humana siente celos de la cáscara. ―Se observa las manos, los brazos y avanzando unos pasos hacia Spike―. ¿Por qué este simple envase les despierta a todos recuerdos? ¿Qué hay en él? ―le pregunta sin dejar un segundo de mirarlo.

―No lo entenderías. ―le dice Spike apretando con fuerza sus labios, haciendo sonar a su voz susurrante y espesa.

―Explícamelo. ―le pide Illyria avanzando un poco más―. Necesito saber.

En ese momento Buffy se da vuelta y observándolos, carraspea ruidosamente atrayendo su atención.

―¿Podemos seguir?

―Si claro… ummm, vamos. ―murmura Spike y se comienza a caminar hacia donde está Buffy esperándolo con los brazos cruzado, y el ceño levemente fruncido.

Illyria que no deja de observarlos en ningún momento camina detrás de ellos, y con una voz tan profunda como clara en todos sus matices insiste:

―¿Por qué temes contestar mi pregunta?

―¿Qué pregunta? ―le interroga ahora Buffy a su lado.

Spike revolea los ojos con un dejo de fastidio, y dándose vuelta las enfrenta a ambas.

―Las dos son un fastidio ¿lo sabían? ―les dice mientras inclina un poco su cuerpo hacia atrás. Y apuntando con su mano a Illyria―. Créeme que no es agradable ver la imagen de alguien que sabes que esta muerto, caminando, hablándote. Porque por un maldito segundo piensas que es mentira. ―la mira―. Que eres real. Que eso jamás sucedió

―Yo soy real. ―le responde Illyria―. Existo desde antes que el tiempo tuviera nombre.

―¡Bloody Hell! Bájate de tu ego, si eso es posible. ―le dice Spike molesto―. No estoy hablando de ti, sino de la chica. ―agacha la cabeza―. De Fred. ―hace un silencio―. Piensas que ella está acá, sonriéndote, que atravesará un segundo por esa puerta y te hablara de sus investigaciones. Y estarás alegre, aunque no entiendas casi nada. ¿Y sabes por qué? Porque la oirás reír. Y sabrás que está viva. ―Se calla de repente.

―Pero yo también existo, estoy viva. ―inclina su cara y como si se concentrara―. No sé de sentimientos humanos, pero tengo el poder, todos me veían y temblaban ante mi sola mención, yo soy…

―Solo eres un espejismo. ―le responde Spike haciendo una mueca con sus labios

―¿Cómo te atreves a hablarme así? A llamarme así, espejismo. Yo podría…

―¡Hey! Mantén tus manos a distancia. ―la corta Buffy de inmediato, y volviéndose a Spike―. Entonces así era Fred, como ella lucía antes.

―Si. ―le contesta este mirándola―

―¿Y, y ustedes….?

―¿Qué es lo que quieres saber? ¿Si la quería? ―le pregunta Spike. Ella asiente con la cabeza―. Si la quería. Era mi amiga. ¿Contenta? ―y observándolas a las dos―. ¿Ahora podemos seguir, o alguien más quiere seguir interrogando al vampiro?

Ambas se miran.

―No. ―contestan al unísono.

―¡Bollocks! ―exclama Spike mirando hacia arriba―. Ahora se ponen ambas de acuerdo.

―¿No es eso lo que querías? ―le pregunta Illyria mirándolo sin entender―. Este mundo me es incomprensible. Los humanos dicen una cosa pero en realidad quieren otra, hasta los demonios se están contaminando. En mis tiempos jamás hubiésemos permitido semejante ultraje.

―No estamos en tus tiempos. ―le recuerda Buffy con los brazos cruzados.

―No y es una lástima. ―le contesta Illyria avanzando entre ellos.

―Y esta será una larga noche. ―le susurra Buffy a Spike.

―No tienes ni idea. ―murmura Spike encendiendo otro cigarrillo.

Y los tres siguen caminando por entre las callejuelas de Londres, internándose en lo profundo de la noche.


Interior. Sala del Departamento de Giles. Noche.

Londres. Inglaterra.

Todos estaban reunidos en la sala del departamento de Giles. Se habían corrido el sofá y la mesa hacia un extremo del cuarto. Y en medio de este un círculo rojo formado por una extraña mezcla de sustancias y velas, albergaba en su interior a cuatro mujeres que se hallaban como en una especie de transe esperando su momento.

El silencio que reinaba a su alrededor era total. En la cocina el resto de las personas observaban los preparativos. Y un Wesley con el ceño frunció perdida su mirada en esas sombras que como penumbras se recortaban contra las velas encendidas. Miraba el destello de estas, en donde veía un rostro dibujarse en medio y una sonrisa dulce que lo llamaba del pasado. Que le hablada de amor, de una promesa y de un adiós tan oscuro y profundo como esas sombras que envolvían las flamas.

Cierra los ojos, contiene la lágrima, y el dolor muerde y quema más adentro de su alma. La voz de Giles llamándolo lo trae al presente. Gira y lo observa, lo contempla por un segundo y como si tomara una bocanada de aliento por primera vez en mucho tiempo le responde.

―Ya está todo listo. ―le informa Giles desde la puerta.

―Bien. Empecemos entonces. ―dice este, mira el arma en la mesada la sostiene con una mano, y acto seguido se la coloca tras la cintura.

―Me olvide el cristal. ―le informa Andrew en ese momento entrando en la cocina.

―Acá está. ―le dice Wesley mostrándoselo. Andrew lo toma y desaparece tan rápido como ingreso. Wesley agarra la ballesta que estaba sobre el mostrador junto a las demás armas, aprieta su mango y mirando en dirección de donde estaban los demás sale a su encuentro.

Los demás se hallaban murmurando en una esquina en silencio. El hombre se les acerca.

―¿Bien qué decidieron? –pregunta una vez a su lado.

―¡Ah, acá estas! ―le dice Giles observándolo, y mirando en el otro extremo del cuarto donde había cuatro mujeres conversando entre ellas―. Las brujas madres ya están lista, solo nos están esperando.

―¿Estás segura de esto? ―le pregunta Buffy a Willow que se hallaba en silencio, con un dejo de preocupación en el rostro.

―Si, si, se que puedo manejarlo. ―lanza un resoplido―. Soy puro control. ―y desvía su cabeza para mirar el círculo de fuego.

―No es necesario, red. ―le dice Spike a su lado―. Creo que ya tenemos suficiente energía acá.

―Gracias, pero necesito hacerlo. ―le dice Willow con un suspiro―. No es que no me aterrorice, pero… hey, no quiero vivir siempre con miedo.

―No, nadie quiere. ―le dice Buffy apretando la mano de su amiga entre la de ellas.

―Aún sigo pensando que todo esto es un error. ―dice Ángel que se hallaba recostado contra la pared con el ceño fruncido.

―¿Debemos saber Ángel? ―le dice Wesley observándolo.

―¿Saber qué? ―e indicando con su mano el círculo―. Esto no tiene sentido Wes.

―Si, si lo tiene. ―le responde Wesley restregándose la frente―. Lo tiene para ella.

―¡Oh por Dios Wes! Te estás dejando llevar por esa cosa. ―le dice Ángel medio molesto―. Ella no es Fred. ―y su voz se apaga por completo.

―Lo sé. ―le responde este seco―. Pero por ilógico que te parezca esto Ángel, lo que ella dice coincide con lo que estamos buscando. ―lo mira. Este mueve la cabeza negando.

―¿Con el inicio del cambio de energía? ―le pregunta Buffy a su lado.

―Si. ―le responde Wesley con un suspiro.

―¿Y qué se supone que harán las brujas? ―le pregunta Spike mirando los preparativos―. Además de irritar al peach. ―agrega de dedicándolo una mirada de soslayo.

―Mira Spike… ―comienza a contestarle Ángel molesto―. Ya me estás cansando con este jueguito.

Este le dedica una torva sonrisa.

―Yo lo único que veo. Es que esto te está poniendo demasiado nervioso. ―y frunciendo sus labios―. Y me pregunto ¿por qué?

Ángel estaba a punto de contestarle cuando Giles interviene.

―No creo que sea el momento de pelearnos entre nosotros. ―les dice de inmediato, tratando de evitar una pelea entre los dos.

―¿Qué se supone que haremos? ―le pregunta Buffy a Willow, sin dejar de mirar seria a ambos vampiros.

―¡Ah!, ummm bueno si. ―balbucea esta ante la tensa situación que se había formado en el ambiente―. Trataremos de concentrarnos para poder descubrir cuando y donde se produjo la alteración. ―y torciendo el extremo de su labio―. ¿Y si es posible quién lo hizo?

―Eso suena a buscar una aguja en un pajar, pet. ―le dice a su lado Spike.

―Si en realidad lo es. ―le responde Willow mientras se aprieta con fuerza su mano―. Por eso necesitamos usar al máximo nuestros poderes, para poder canalizarlos hacia la energía.

―Estarás bien Will. ―le dice Buffy apretando su hombro. Esta le sonríe.

―Bueno me tranquiliza que estén ellas. ―le responde señalando a las otras mujeres―. Ella me enseñaron a canalizar mis poderes la última vez, son como una especie de guías para mí. ―murmura mientras mordisquea el extremo de su labio.

―Todo saldrá bien. ―dice Giles acomodándose los lentes―. Por lo menos eso espero.

―¿Qué haremos cuándo descubramos donde comenzó todo? ―le pregunta Buffy

―Bueno, sabremos a ciencia cierta como canalizarlo y detenerlo. ―empieza a contestarle Wesley―. Y eso nos podría servir…

―Para ayudar a Spike. ―termina por él la frase Buffy.

―Si, es una posibilidad. ―le responde Wesley serio.

Buffy y Spike se miran entre ellos. En ese momento llega Andrew y parándose en medio del grupo les dice:

―Ya está todo listo. ―los mira―. Ellas quieren saber cuando comenzamos.

―Ahora. ―le dice Willow tomando una amplia inspiración.

Cada una de ellas se ubica dentro del círculo, se toman de las manos. Andrew se acerca y coloca el cristal en el centro. Todas se miran, y a la señal de la mayor de las mujeres comienzan el ritual. A su alrededor se produce un silencio total, que se condensa con un peso tangible sobre ellos. Ángel no dejaba de sentirse nervioso ante lo que sucedía, un miedo casi animal se iba apoderando de él con el correr de los minutos, potenciado por la letanía del hechizo que las brujas conjuraban.

Al principio una tenue luz verdosa se fue proyectando del cristal que se encontraba dentro del círculo. Pero a medida que el tiempo pasaba su luz se intensifico en fuerza, y su aureola ya casi envolvía como su manto a las cinco mujeres que estaban bajo una especie de transe. Los demás se miraban preocupados entre ellos. Las voces se hicieron más profundas casi guturales, resonando por cada rincón de la habitación.

La mayor de ellas entonces hablo:

―Lo siento, lo vemos. ―Se interrumpe en un leve susurro casi ininteligible, su respiración se entrecorta, habla con dificultad―. Escon… didoooo, ooocul… to, nos llaaama… ahhhhhhhhhh. ―Su cabeza se vuelca a un costado un fuerte resplandor se produce en el interior del cristal―. La ventana de Orlon… Ahhhhhhh. ―vuelve a gritar―. Creaaaaadaaa, faaaalsa… ummmm, ahhh, ahhhh… ―su ojos están blancos y su cabeza se mueve de un lado a otro a medida que habla―. Me enseña recuerdos… borro… sos… borradossssss

Ángel se ponía cada vez más nervioso.

―Esto es una locura. Debemos detenerlo. ―les dice dirigiéndose a los demás.

―Aún no. ―le contesta Giles―. Willow me dijo que sería así, aún no es peligroso.

La mujer vuelve a hablar.

―El Warlock la protege… poder… muuuucho pooooder… ohhhh ahhhhh ―vuelve a entrecortarse su respiración.

―Un hechicero. ―murmura Wesley al oír a la mujer

―Cyyyyyvussssss, Cyvus Vaiiiiilllllll… Cyvus Vail. Noooooooo ―grita de repente―. La perdemos, nos aleja noooooooo

―¿Qué pasa? ¿Qué sucede? ―pregunta Buffy alarmada

―Están perdiendo el contacto. Las está rechazando. ―dice Wesley mirando como la aureola verdosa que las envolvía se iba desintegrando lentamente.

―Igual con lo que sabemos ya es suficiente. ―murmura Buffy que no dejaba de observar a Willow preocupada.

―Si tiene que servir. ―dice Giles a su lado―. Será mejor que terminemos con esto, no…

―Algo está sucediendo. ―les informa Spike con la frente arrugaba―. Miren el cristal.

Este se había elevado uno centímetros en el aire, y un resplandor casi transparente empezó a salir de él. Las demás mujeres comenzaron a moverse casi compulsivamente. Willow se suelta de ellas, al tiempo que una luz blanca impacta contra su pecho. Inclina su cabeza hacia atrás mientras la energía se proyecta del cristal hacia ella y sale por su boca semi abierta, al tiempo que sus cabellos se tornan completamente blancos.

Todos se quedan petrificados observando lo que sucede, la luz los enceguece por momentos. En el interior del cristal, se ve como se comienza a formar un cubo que en su centro contenía una energía roja que palpita con sus destellos. La ventana de Orlon relucía magnífica entre las sombras.

―La siento, puedo sentirla… ―comienza a murmurar Willow con una voz espesa y cargada de deseo―. Tanta energía, ahhhhhh. Es, es intoxicante. Me llama, ahhh. ―Sus pelos flamean sobre sus hombros y cara―. Tanto poder… tanto dolor, ahhhhhhh… recuerdos… necesitando salir, ahhhhh. Deseando más. ―extiende sus manos. Dentro del cristal la caja comienza a girar cada vez más rápido, la energía contenida en su interior pareciera querer salirse de su prisión de vidrio―. La deseo, necesito sentirlo, el poder, la energía, ahhhhh me llama. Corre por mis venas. Quiero tocarla. ―Se produce un destello aún más fuerte y un resplandor escarlata cubre al cristal por completo, la caja se ha roto. Willow grita y cae desmayada al suelo.

A su alrededor todas las luces se extinguen por completo. Se oyen pasos apurados al interruptor, la luz se enciende. Las demás mujeres comienzan a salir del transe tomándose con fuerza la cabeza entre sus manos.

―Will, Will. ―llama Buffy a su amiga mientras la sostiene entre sus brazos―. ¿Estás bien? Por favor respóndeme. ―le ruega asustada.

Esta abre lentamente los ojos y observándola con una tibia sonrisa.

―Lo hice, lo hice Buffy. ―le susurra mientras sus pelos vuelven a adquirir lentamente su tonalidad rojiza―. Pude tocarla, pude abrirla.

―Esta bien Will, esta bien. ―le dice Buffy sonriéndole.

Es cuando la voz despojada de toda esperanza y cargada con un dolor que pareciera fundirse como roca en cada poro del hombre, dice:

―Nada esta bien. Nada. ―y su mano se atenaza contra el mango de la ballesta que sostiene.

―¿Qué sucede? ―pregunta Giles que observa a Wesley alarmado.

―Pregúntale a Ángel. ―dice este clavando sus ojos en los del vampiro―. ¿Por qué no les dices? ―le pregunta con la voz quebrada, mientras hace un tremendo esfuerzo para no devolver para poder seguir sosteniéndose en pie.

―¿Preguntarle qué? ―interroga Spike que recién se percata del semblante del otro vampiro.

―Wes. ―Susurra Ángel observando al hombre―. Por favor no. ―le pide y un mudo diálogo se transfiere entre ellos―. No lo hagas.

―No, no, no… ―empieza a repetir Wesley mientras con una mano se sostiene contra la mesa―. ¿Por qué? Ella estaría viva… ―lo mira―. Lo siento, yo lo siento… ―Se dobla un poco sobre si mismo.

Los demás se miran alarmados entre ellos si comprender lo que sucede. Nadie sabe como reaccionar, solo pueden estar mirando a esos dos hombres debatirse en sus luchas internas, y en un dolor que lacera a flor de piel.

―Tienes que entender. No tuve alternativa, era lo mejor. ―comienza a decir Ángel acercándosele―. Créeme.

―¡No! ―le responde Wesley irguiéndose de repente y apuntándolo con la ballesta―. No lo era. Nunca lo fue. ―y tomando un profundo suspiro―. Los dos fallamos. Pero se acabó, el sueño esta roto.

―Nooo. ―le dice Ángel dando otro paso desesperado. Pero el hombre delante de él amartilla el arma, y su pulso se vuelve firme de repente.

―No me obligues hacerlo. ―lo amenaza―. Es lo correcto.

―No, no lo es. Es un error. ―le dice Ángel tratando de salvar lo que ya sabe perdido.

―Lo siento pero necesitamos a Connor. ―le dice Wesley sin dejar de apuntarlo.

―¿Quién es Connor? ―pregunta Buffy mirándolos a ambos detenidamente.

―Su hijo. ―le responde Wesley sin dejar de mirar jamás a Ángel. Y este siente que todo su mundo se derrumba como castillos de naipes a sus pies. Mientras un profundo silencio se apodera de los seres reunidos en aquella habitación.

Y Ángel ve como todo lo que lo sostiene se rompe por completo, perdiéndose en un insondable vacío en donde todo se vuelve oscuridad y nada.

Continuará...