De: Helene Rowle

Aclaración: Últimamente ya no tengo muchas cosas que me pertenecen, pero si tengo mi orgullo intacto y mi terquedad. También tengo una cajetilla de cigarros, que tengo justo a mi lado y que no creo que me duren hasta mañana. Ah, y mi nuevo celular. Pero, lamentablemente, la Leyenda de Korra no está entre las cosas que me pertenecen.


Capítulo cuarto.

Consecuencias.

Como estrellas en el cielo, las luces en Ciudad Republica brillaban alumbrando la oscuridad que lentamente comenzaba a envolver todo a su alrededor. El viento susurro desde el cielo, hasta caer sobre todo el lugar, abriéndose paso entre matas y arbustos, meciendo las altas copas de los árboles, creando un ambiente que reflejaba un silencio inmutable, uno tan profundo que cada mínimo ruido era escuchado a kilómetros de distancia. Una pequeña mota de polen se elevó entre las corrientes de aire, desprendiéndose de su querida flor. Voló por los aires, danzando con una delicadeza hipnotizante, bailando las corrientes y pasando frente a muchas ventanas de hogares en donde la luz todavía alumbraba su interior. Recorrió pasajes oscuros e inhabitados, paso por avenidas y calles en total plenitud hasta que finalmente se elevó hasta lo más alto. Ahí, viajo por los cielos, pasando tras las nubes en donde las corrientes de aire marina la impulsaron cada vez a más altura.

En lo más alto, los últimos rayos de luz iluminaron la pequeña mota, traspasándola y por unos segundos esta se quedó quieta en el infinito, para finalmente comenzar a caer. El viento, ya más calmado, la empujo con suavidad en su descenso, trazando su camino entre las nubes, cayendo con lentitud hasta posarse sobre la nariz de Korra, haciéndola estornudar. Se llevó la mano a la nariz para tratar de calmar la comezón removiéndose en su lugar – sentada en el suelo a los pies de un árbol – mientras que sus ojos no dejaban de examinar la Ciudad a lo lejos.

Sus dedos golpeaban el suelo consecutivamente, marcando un ritmo intranquilo que representaba el caos de pensamientos que se agitaban en su mente. Estaba irritada, desesperada, frustrada, creando un revoltijo indefinido de emociones que se juntaban en un nudo en su estómago, uno que le había quitado el apetito y la energía. Se había saltado la cena sintiendo un leve remordimiento al ver la expresión preocupada de Penma cuando rechazo su comida. Desde entonces, había escapado de todo el mundo y se había escondido en el lugar más alejado de la isla, en un risco en la punta más alta en donde la vista a Ciudad Republica era perfecta. Podía ver los edificios más grandes, las calles que parecían a lo lejos simples rayas, las luces que parpadeaban en los hogares. Todo.

Lamentablemente, ni si quiera el frio viento que calaba en sus huesos y que le traían dulces recuerdos de su hogar lograban calmarla. Soltando un suspiro, golpeo con la palma la tierra en un sonido seco, haciendo que un trozo de tierra se levantara frente a ella. Acerco su mano y lo tomo entre sus manos, dándole la forma de una pelota para moverla entre sus dedos con agilidad. La lanzo en el aire y la atajo con maestría, para luego lanzarla a su mano derecha y volver a lanzarla. Se quedó ahí, jugando con un trozo de tierra tratando de dejar la mente en blanco.

Cuando finalmente se aburrió, dejo la pelota sobre su palma derecha, y agitando la punta de los dedos hizo que la tierra se elevara unos centímetros. Luego, con la otra mano comenzó una serie de movimientos, como si sujetara un pedazo invisible de plastilina para moldear la tierra dándole diferentes formas; desde un triángulo hasta un cuadrado, de una estrella a un rectángulo. Observo hipnotizada como la tierra se contraria para tomar una forma, luego como esta se expandía para volver a tomar una nueva como si esta fuera una sustancia blanda y maleable.

"Asami como siempre, teniendo brillantes ideas." Pensó con una sonrisa finalmente aceptando que esta nueva forma de utilizar sus poderes era entretenida, y hasta relajante. Nunca se le había pasado por la mente trabajar como escultor, pero sinceramente comenzaba a encontrar tentadora la idea.

Pero el solo hecho de recordar el nombre de su amiga hizo que la breve calma que había logrado adoptar se transformara en culpa.

Sentía que había traicionado a Asami.

Y le dolía, porque de todas las personas a las que conocía, a la que menos quería lastimar era a su única amiga.

Se mordió el labio, frustrada, empuñando la mano que se encargaba de moldear la tierra logrando que esta se contrajera y formara un bulto indefinido. Los nudillos de Korra se volvieron blancos de tanta presión y las uñas comenzaban a formar heridas en su piel. El trozo de tierra no logro soportar la fuerza que la aprisionaba y termino rompiéndose en pequeños pedazos que cayeron sobre el regazo del Avatar.

Observo el desastre que había formado y soltó un largo suspiro para luego levantarse y sacudirse la ropa. Apoyo su espalda contra el árbol cruzándose de brazos. Cerro los ojos un instante, recostando su cabeza contra la madera, dejando de lado sus pensamientos para agudizar sus sentidos y concentrarse en lo que ocurría a su alrededor. Sintió el viento golpeando su rostro, escucho el ruido de las hojas de las copas de los arboles al crujir, incluso por un instante creyó sentir la vida de la tierra bajo sus pies.

Se quedó tranquila, relajando todo su cuerpo.

Disfrutando de la conexión que poseía con su alrededor.

Y bajo sus pies, por un instante, creyó sentir un leve temblor.

Apretó los parpados confundida cuando de nuevo sintió el leve movimiento de la tierra bajo sus talones, uno que se repitió nuevamente. No era un terremoto, era demasiado débil para serlo.

Se sentía…

"Como si algo muy pesado golpeara el suelo…" Abrió los ojos y todo su cuerpo entro en alerta.

A lo lejos, en plena Ciudad una gran nube de humo se expandía y crecía hacia el cielo.

"¿Pero qué…?" Camino varios pasos hasta pararse en la punta del risco que estaba a unos metros de donde se encontraba, y enfoco la vista. No pudo distinguir nada más que una nube negra que comenzaba a oscurecer el cielo. Toda su atención volvió a la tierra cuando nuevamente sintió aquel leve temblor y fue ahí cuando bajo la vista y pudo apreciar el puerto de la isla a metros y metros más abajo de donde se encontraba.

"¡¿Qué?!" Grito demasiado sorprendida para reaccionar.

En el puerto, un gran buque hecho de metal se encontraba varado a los costados de la isla, meciéndose con las olas del mar. De él bajaban personas y grandes maquinas con formas humanoides, que avanzaban por la isla y subían por la larga cuesta que llevaba al lugar en donde se encontraba el templo del aire.

Una fuerte explosión hizo que Korra se volteara y vio horrorizada como a lo lejos el mismo humo que había visto en la Ciudad, subía al cielo.

"¡No!" Dijo finalmente reaccionando y comenzó el descenso hacia el templo del aire. Se encontraba en una especie de cerro, que estaba en la esquina derecha de la isla, la más alejada de la población. El camino se le hizo eterno, saltando arbusto y esquivando árboles.

Volvió a escuchar el sonido de una explosión y siguiendo su instinto, comenzó a correr a la fuente del sonido. Se topó de frente con una cabaña de entre las muchas que había en la isla, destruida y repleta en llamas.

El crujir de una rama a su costado logro alertarla de un igualitario que se había lanzado a su ataque, y dando un salto hacia atrás entrando en su usual posición de ataque – puño derecho cerca de la cara y el otro un poco más abajo, con los codos hacia atrás y cerca del cuerpo – examino a su enemigo.

Llevaba aquella arma que ya conocía, similar a una vara en su mano derecha que lanzaba leves destellos repleta en electricidad. El Igualitario nuevamente se lanzó de cara a atacar. Korra se quedó unos instante esperando que su contrincante se acercara lo más posible y justo cuando el arma del enemigo estuvo a punto de tocarla, se movió hacia un lado con ligereza y con su pie derecho empujo las piernas del enemigo haciendo que perdiera el eje de gravedad. Con el codo le asesto un fuerte golpe en la espalda que lo dejo inconsciente al instante.

Una sensación de ligereza la invadió ante la adrenalina que siempre llenaba su cuerpo al entrar en batalla, y una sonrisa divertida – tanto como tenebrosa – se formó en su rostro.

La oportunidad perfecta para descargar la frustración que se había acumulado con las horas, se le presentaba frente a sus manos.

Y Korra, no la desaprovecharía para nada. Se lanzó a correr como león recién salido de su jaula, con los elementos que controlaba a su alrededor vibrando ante la pronta descarga que se desataría.

Y definitivamente, no había nada peor que un Avatar con sed de pelea.

-x-

Lin Beifong se consideraba como una persona centrada, fría e inamovible como un edificio de cientos de toneladas. Pocas veces las cosas no salían como ella quería, ya que eran escasas las veces que algo se escapaba de su calculadora mente.

Lamentablemente, esta era una de esas situaciones.

Desde el momento en el que los altavoces se prendieron y la voz de Amon recorrió toda la Ciudad, dando inicio – igual que una campana que da inicio a una carrera – al infierno en el que se encontraba envuelta en estos momentos, toda la situación se les había escapado de las manos.

La puerta de la estación de policía había sido destrozada en cientos de pedazos en tan solo un instante por una extraña máquina, una que no estaba hecha de metal puro, para la frustración de Lin y la de todos los maestros de la estación.

La lucha fue difícil, la maquina era resistente, estaba totalmente hecha para repeler a cualquier maestro control. Fue una suerte que la puerta no fuera lo suficientemente grande para hacer que pasara más de una a la vez y con el esfuerzo en conjunto de todos los presentes – incluso Tenzin – lograron deshabilitarla.

Desde ese momento Lin había utilizado toda su experiencia para organizar una brigada de policías en un intento de recuperar el control de la Ciudad. Lamentablemente, eso era insuficiente.

Los igualitarios salían de todos lados y lo más importante, aquellas maquinas eran demasiadas.

Lo que nos trae a este momento.

"¡Jefa!" El grito de uno de sus subordinados logro llamar la atención de Lin que se encontraba hablando con un grupo de oficiales. Le dirigió una mirada inquisitiva cuando el maestro metal se paró frente a ella. "Acabamos de hacer la misión de reconocimiento por toda el área que nos pidió." Y se quedó callado unos segundos como si estuviera buscando las palabras para continuar.

La paciencia de Lin en estos momentos era tan poco que no soporto ni si quiera 5 segundos de silencio. "¿Y bien? ¿Cuál es su reporte? ¡Tengo muchas cosas que hacer como para perder el tiempo esperando a que hable!" Exclamo alterada haciendo que el policía saltara asustado en su lugar. Este trago saliva con fuerza, una gota de sudor cayendo por su rostro.

"Después de recorrer varios hogares de la Ciudad y examinar a los habitantes descubrimos que los igualitarios en vez de dañar a las personas, las están secuestrando." Hablo rápidamente el oficial, sintiéndose mas intimidado por su jefa que por lo que estaba sucediendo en la ciudad.

A pesar de que fuera imposible, el rostro de Lin se endureció a aun más y su ceño se frunció significativamente, como si acabara de toparse con otra sorpresa que a estas alturas no se esperaba. "¿Qué?"

El policía solo asintió. "Y eso no es lo peor." Volvió a tragar saliva. "Los únicos desaparecidos son maestros control."

Ninguno de los presenten lograron alcanzar a procesar aquellas palabras cuando una explosión a unos metros de distancia, los hizo cubrirse el rostros con los brazos. Lin, como siempre, fue la primera en entrar en acción. Sin miramientos, busco la fuente de la explosión y se topó con una gran máquina que apuntaba con su brazo robótico a otra vivienda. Corrió con agilidad y utilizando los ganchos de metal que estaban bajo sus mangas, los dirigió al brazo levantado de la máquina – el que se encargaba de lanzar las bombas –, amarrándolo con fuerza para luego utilizar todo su peso para cambiar la dirección a la cual apuntaba. Con éxito y satisfacción, vio como el siguiente misil que fue lanzado golpeo el pavimento a un lado de las casas, creando un sonido en seco y levantando trozos de cemento. Sin perder el tiempo, golpeo el piso con fuerza y el suelo bajo la maquina se levantó haciendo que esta perdiera el equilibrio y se volteara. Una vez en el suelo, utilizo la tierra para envolver los brazos, el torso y la cabeza, cubriendo la parte del vidrio en la que se podía apreciar a un igualitario controlando la máquina y así, quitándole la visión. Y para rematarla, toco suavemente con la punta de su pie el suelo y lo movió hacia un lado, haciendo que un pilar saliera bajo tierra y atravesara la maquina justo por el medio – es decir, por el estómago –haciendo que el lugar se llenara de chasquidos y cortocircuitos, junto con un olor a quemado.

Dando un suspiro, se quedó unos segundos examinando si la maquina era capaz de moverse y al no encontrar nada asintió leventemente para sí, y volvió a paso tranquilo hacia donde se encontraban los oficiales. Todos los presenten la miraban con una profunda sorpresa y admiración.

"Bien, ahora procederemos a una evacuación. Prendan las alarmas e inicien lo que ensayamos cientos de veces en los simulacros en caso de guerra, preparen patrullas con 5 oficiales en cada una y reportándolo equitativamente al sur, al norte y al oeste. Yo me encargare del este junto con mi escuadrón." Miro a sus oficiales después de hablar, examinándolos con una mirada calculadora y seria. "¿Quedo todo claro?"

Se miraron entre ellos dudosos y finalmente uno tuvo el valor de tomar la palabra. "Pero Jefa, el simulacro en caso de guerra toma horas para evacuar a toda la población, no tenemos los suficientes oficiales para hacer esa tarea, no en estos momentos que ha mandado a varios a…" Lin levanto la mano de golpe, totalmente seria, haciéndolo callar al instante.

"No es necesario que me diga lo que ya se." Dijo con una voz dura y dirigiéndole una mirada tan helada que si Beifong fuera una maestra agua ya habría congelado la sangre que corría por las venas del oficial. Este se puso tenso y sintio un escalofrio recorrer su espalda, pero tuvo que pestañear varias veces para asimilar lo que veía. En el rostro de Lin se formó una mueca extraña, bueno, extraña para los oficiales. Una leve sonrisa. "Pero tiene razón, hacer aquella evacuación tardaría horas. " La maestra metal se quedó unos segundos callada, sin notar la estupefacción de sus subordinados. Los engranajes en la mente de Lin giraban a toda velocidad y una lucha interna se formó dentro de su mente.

"Es demasiado arriesgado." Pensó soltando un suspiro y volteando a ver a su alrededor en un intento de ordenar sus pensamientos. "Pero no puedo permitir que esto siga sucediendo." Lin sabía que arriesgaría mucho con esta decisión. "No me queda de otra." Cerró los ojos y decidida volteo a ver a los oficiales.

"Prendan las alarmas y anuncien la evacuación de todos los maestros control de la ciudad."

-x-

Korra se sentía inspirada.

Estaba rodeada por igualitarios, dos maquinas la perseguían y apenas era capaz de respirar de tanto moverse y esquivar.

Era imposible sentirse más viva.

Sus músculos vibraban de la emoción, hirviendo en lava que corría por sus venas, inyectando adrenalina hasta en la última fibra de su cuerpo. Su cerebro trabaja a una velocidad increíble, sentía sus oídos despiertos, escuchando todo a su alrededor. Cada movimiento, cada salto y hasta cada respiración. Sus pies lentamente comenzaban a sentirse más livianos, como plumas ante cada salto, ante cada golpe que daba. Era maravilloso.

Era la primera vez que se sentía tan concentrada, utilizando tierra control para entorpecer los movimientos de los enemigos, creando distancia con fuego control y derribando a los más cercanos con su maravillosa fuerza física. Era, definitivamente, extraño. Se sentía creativa, utilizando los elementos de forma diferente a su manera usual.

Ya no los usaba solo para ataque, trataba de… inventar. Levantando la tierra bajo los pies de los igualitarios, creando un pilar de tierra que la levantaba en los aires para poder tomar más distancia. Y el fuego.

Vaya que utilizar el fuego se sentía diferente.

Desde que comenzó a practicar con Asami, una idea ingeniosa había nacido en su mente. El fuego y el agua, a simple vista eran totalmente opuestos.

Pero, tenían mas en común de lo que la mayoría de la gente creía. En las manos de un maestro el fuego era voluble, manejable y Korra se dio cuenta que podía utilizar los mismos movimientos que realizaba al manejar el agua.

Estiraba el fuego con los brazos en un largo látigo, lo movía con agilidad, creando constantemente un arco alrededor que evitaba que los igualitarios se acercaran. Korra reía de lo divertido que era.

Lástima que todavía no lo perfeccionaba.

Y eso fue notorio cuando un insoportable calor recorrió toda su espalda y parte de sus piernas.

"¡Mierda!" Exclamo asustada, sintiendo como el fuego quemaba su ropa. Esos segundos de distracción fueron suficientes para que un igualitario se acercara y estampara un fuerte golpe en su estómago que la lanzo unos metros lejos. Cayó rodando e instintivamente siguió ejerciendo fuerza con su cuerpo, girando en círculos en la tierra tratando de apagar el fuego que hervía en su piel.

Se detuvo tosiendo ante la falta de aire y se llevó una mano al estómago sintiendo como este ardía y le quitaba la respiración. Cuando intento levantarse, su espalda toco el suelo y las quemaduras se aplastaron haciendo que soltara un gemido de dolor.

"Por Ravaa, no puedo tener tanta mala suerte." Dijo entre dientes.

Lo que sentía Korra en estos momentos se asemejaba a lo que una persona siente al disparar un arma, y que la culata te golpee y te rompa toda la cara.

"Herida por mi propio poder." Pensó levantándose con lentitud, sintiendo el ruido de pasos de los igualitarios acercándose. "Tengo la extraña sensación de que alguien se está riendo de mí en estos momentos." Fue lo último que alcanzo a pensar antes de recibir una corriente de electricidad en su brazo que la hizo retroceder varios pasos, aturdida. Un igualitario la observaba con las armas en posición de ataque e impulsándose con sus piernas ataco a Korra directamente. Esquivo los dos primeros golpes moviéndose a izquierda y derecha pero un ataque por la espalda logro que perdiera nuevamente el equilibrio y cayera al suelo.

Tocia, cansada y herida.

Era increíble como la sensación de sentirse poderosa e invencible desaparecía en un simple instante. En un simple error.

Lo que sucedió después, paso lento ante los ojos de Korra.

Primero escucho un grito a la lejanía, de una voz que conocía muy bien. Sus ojos se desviaron y observo a Jinora correr con agilidad y saltar girando sobre su propio eje para lanzar una gran cantidad de aire control y expulsar al igualitario que estuvo frente a Korra.

Los segundos que pasaron después, fueron unos instantes de alivio que se desvanecieron cuando Korra vio a una gran maquina acercándose por la espalda de la joven maestra.

"¡Jinora, cuidado!" Grito alarmada, y esta al instante se volteo.

Fue tarde.

El gigantesco brazo de metal golpeo el costado de la maestra con tanta fuerza que esta salió disparada como un proyectil, quedando inconsciente en el acto. Toco el suelo después de atravesar el aire por largos metros, su cabeza revotando contra la dura superficie en un sonido sordo.

Korra sintió un zumbido en los oídos, y sus reflejos se despertaron de golpe. Se levantó y toco el suelo con su pie creando una muralla que detuvo el paso de la máquina que se dirigía nuevamente hacia Jinora.

Corrió e impulsándose con tierra control dio un gran salto para subirse en la parte de arriba de la máquina. Se agarró como pudo, y bajo la cabeza, mirando al igualitario que estaba dentro.

El pobre se llevó un gran susto al ver la mirada del Avatar, un color azul que brillaba más de lo normal. Korra con una mano se sostuvo con firmeza y levanto su puño, para estampar con toda la fuerza que había desarrollado en años y años de entrenamiento contra la cúpula de cristal, que tembló como un tambor al ser golpeado.

Repitió la acción las suficientes veces para que el vidrio comenzara a mostrar signos de ceder, pero la maquina se lo impidió. Con su gran brazo mecánico y su pinza como mano, agarro el pie de Korra para lanzarla lejos. Esta giro en el aire dentro de su propio eje para aterrizar de pie con la respiración agitada, pero con la determinación y la furia dilatando sus pupilas. Corrió utilizando la nueva energía que se apoderaba de su cuerpo y con un ágil movimiento – como si fuera una experta Traceuse– dio un salto largo para apoyar su pierna en la espalda de la máquina, utilizándola como plataforma para impulsar su cuerpo aún más arriba.

[NT: Dato informativo: Traceuse se le llama a las mujeres que practican Parkour. A los hombres Traceur, ambas palabras son francesas]

Con una mano que apoyo en la parte superior de la máquina, sostuvo todo su cuerpo para girar y aterrizar parada en la cabeza del robot. Se sostuvo cuando esta comenzó a moverse, en un intento de no perder el equilibrio que tenía. En un punto, su mirada bajo al suelo y una idea cruzo su mente al ver varios trozos de tierra sueltos. Estiro la mano y con un extraño movimiento de muñeca, hizo que un trozo de tierra subiera como un proyectil hasta su mano.

Sintió al tacto la aspereza del trozo de suelo y recordó un instrumento que vio en el taller de Asami hace un tiempo atrás, que había capturado especialmente su atención. Con la imagen grabada en su mente, moldeo la tierra, comprimiéndola para tomar forma y firmeza alrededor de sus nudillos, creando aros de tierra que envolvieron todos sus dedos exceptuando el gordo.

Si su memoria no fallaba, Asami lo llamo Manopla.

Una sonrisa se formó en el rostro de Korra mientras levantaba la mano acumulando toda la fuerza que tenía en los músculos de su brazo, para bajar y estampar un golpe que trizo el cristal por completo, cayendo en miles de pedazos brillantes. El Avatar sonrió, complacida y sin esperar se lanzó dentro de la máquina, utilizando sus pies para golpear directamente la cara del igualitario que se encontraba dentro. Tomo al enmascarado por el cuello de su ropa y lo arrastro hasta el agujero en donde en algún momento estuvo el vidrio, para lanzarlo con toda la fuerza que tenía. Vio con satisfacción como este se elevó unos metros para caer rodando al suelo y no volver a levantarse.

Su atención esta vez se centró en la máquina, y vio el panel de control repleto de palancas y botones que brillaban en diferentes tonos de colores. Se sentó en el asiento del piloto sin despegar la vista del panel.

Frunció el ceño estirando el brazo con duda dirigiéndolo a un botón al azar. Se detuvo unos centímetros antes de tocarlo y arrepintiéndose, la alejo. Se llevó una mano a su nuca en su usual gesto nervioso.

Al final termino inclinándose de hombros, resignada.

"A la mierda."

Con su mano rodeada de piedra, golpeo el panel de control logrando que el sonido de electricidad entrando en corto circuito llenara el interior de la máquina. Las chispas y destellos de electricidad iluminaron el rostro de Korra junto con un olor a quemado que fue la señal que necesitaba para salir.

De un salto, salió de la máquina para aterrizar en el suelo. Se sacudió las manos, satisfecha, mientras volteaba y observaba como el humo salía del robot junto con chispas que rodearon todo el cuerpo de metal.

"Más rápido que el método de Asami." Se dijo en voz alta. Pero su leve celebración no duro mucho al divisar el cuerpo de Jinora a lo lejos. Estuvo tentada a aporrear su cabeza con el árbol más cercano al olvidarse por unos segundos de la maestra aire. Corrió y asustada se agacho a su lado para examinarle el rostro. Llevo su mano a la frente de Jinora para mover el pelo que caía sobre sus ojos, buscando alguna señal de sangre, que encontró escondida entre las hebras negras. Rozo la herida levemente con los dedos en un intento de averiguar qué tan profundo era el daño– sabía muy bien que no era buena idea moverla en estos momentos, ante la inminente posibilidad de una contusión cerebral.

La medicina que había aprendido con Katara era más avanzada de lo que parecía a simple vista. No era llegar y hacer que el agua que manejaba brillara y mágicamente curara cualquier herida. [NT: No me engañen, todos pensábamos eso] Para comenzar a sanar una herida, primero había que analizar donde se encontraba, que tan grave era y como esta había afectado los órganos más complicados y a los imposibles de sanar. Entre ellos, estaba el cerebro.

Movió el cuerpo de Jinora para que quedara lo más recto posible. Llevo su mano al puente de la nariz y lo sostuvo para mantener la cabeza en su lugar. Acerco su oído para escuchar la respiración, que era constante y no tenía señales de nada anormal. Cuando sintió un leve movimiento de la cabeza y vio que los parpados comenzaban a temblar, suspiro aliviada. Era una gran suerte que no hubiera heridas graves cuando no poseía agua para curar.

"¿Korra?" La voz de la joven maestra hizo que una sonrisa se formara en el rostro del Avatar. "¿Qué sucedió? ¿Estás bien?" Pregunto de inmediato, pestañeando varias veces en un intento de enfocar la vista. Le dolía mucho la cabeza. Korra asintió tratando de calmarla.

"Tranquila, estoy bien. Soy el Avatar, nada me daña." Presumió con un deje de falso egocentrismo – podía sentir perfectamente las quemaduras en su espalda que ella misma se había provocadologrando que una sonrisa se formara en el rostro de Jinora. La ayudo a levantarse, sujetándola del hombro y cuando vio que no se tambaleaba la soltó.

"¿Qué fue lo que sucedió Jinora?" Pregunto el Avatar, su rostro tornándose serio. Los ojos de la maestra aire se tiñeron de preocupación, mientras que se masajeaba el puente de la nariz, tratando de calmar el dolor.

"Estaba dentro del templo leyendo un libro y de la nada sentí como todo temblaba. Salí asustada y fui a la cocina en donde estaba mamá. Me dijo que fuera por Meelo que estaba jugando afuera." Dijo formando una mueca preocupada. "Cuando salí vi como unas grandes maquinas lanzaban fuego a los árboles y algunas disparaban bombas que hacían explotar las cabañas. Corrí llamando a Meelo y ahí fue cuando te encontré."

La ansiedad se reflejó perfectamente en el rostro de Korra y por primera vez observo a su alrededor con detalle, viendo como muchas columnas de humo se elevaban hacia el cielo, fuego cubriendo gran parte de los árboles y cabañas.

El Avatar apretó los puños frustrada.

"Ven." Le dijo a Jinora sin voltear a mirarla, simplemente agachándose para darle la espalda. "Sube."

La maestra aire ni si quiera se detuvo a rebatirle nada. Tenía la suficiente inteligencia y madurez para aceptar que en estos momentos podía ser más una carga que una ayuda si iba caminando. Korra se tragó el quejido de dolor que sintió cuando Jinora apoyo su peso en su espalda, aplastando las quemaduras que tenía. Una vez que aseguro la preciada carga, – porque para Korra eso era Jinora, una pequeña que debía proteger – sujeto con firmeza las piernas de la maestra aire y comenzó a correr utilizando tierra control para impulsar los saltos que daba y abarcar más distancia.

No paso mucho tiempo para que ambas maestras se toparan con igualitarios, que al verlas comenzaron a perseguirlas. Korra no podía permitirse una pelea directa, no cuando no tenía sus manos para defenderse, así que cumulando toda la energía que tenía en sus piernas, comenzó una verdadera carrera.

Esquivaba árboles y saltaba rocas, corriendo lo más rápido que podía. Paso rozando a más de un igualitario que al instante comenzaron a seguirla. Por el rabillo del ojo vio a sus persecutores que, dando agiles saltos, lentamente comenzaban a alcanzarla. Korra frunció el ceño y de golpe se detuvo, girando para encarar a los igualitarios. Ninguno se esperó esa reacción y lo siguiente que vieron fue el color rojo anaranjado de las llamas que quemaron su ropa, evitando que pudieran seguir persiguiéndola. El Avatar no desperdiciando el pequeño instante de distracción, se escondió detrás de la cabaña más cercana con la respiración agitada.

"¿Korra?" Hablo en un murmuro Jinora. Esta movió levemente la cabeza en señal de que la estaba escuchando. "Creo que ya puedo caminar."

"¿Estas segura?" Hablo la maestra agua observando a su alrededor, sin bajar la guardia en ningún momento. En respuesta Jinora movió las piernas y con facilidad se libró del agarre de Korra, utilizando un poco de aire control para empujarla hacia adelante.

El Avatar giro la cabeza y le lanzo una mirada molesta que hizo reír a la maestría aire. "Sera mejor que sigamos." Dijo Jinora antes de mirar a ambos lados y comenzar a correr. Korra soltando un bufido la siguió, ambas escabulléndose entre las cabañas más cercanas, que para su suerte se encontraban bastante cercas una de otras. Así siguieron, marcando el paso rápido y ligero, escurriéndose entre los arboles de manera silenciosa. A medida que se acercaban al templo, más maquinas e igualitarios aparecían en su rango de visión. Ambas vieron horrorizadas a los monjes que se encontraban sentados en un rincón, todos amarrados y con las cabezas gachas en una clara señal de rendición. Varios igualitarios los rodeaban, caminando de manera lenta, atentos a cualquier movimiento y ruido.

Korra sintió un mareo y unas terribles ganas de vomitar cuando vio a Penma entre los monjes, con la cara moreteada y con la cabeza gacha apoyada contra uno de sus compañeros. Podía ver a la distancia sus hombros caídos, su pelo revuelto, su cuerpo lánguido como si hubiera luchado con todas sus fuerzas y ya no tuviera nada de energía. Pero contrario a todo lo que esperaba, cuando su mirada se topó con la de la joven madre solo vio una cosa: rabia.

Jamás creyó ver a Penma tan molesta.

"No…" Murmuro Jinora y Korra supo al instante que había encontrado a su madre entre la multitud. "¡No!"

El Avatar le sostuvo los hombros impidiendo que la maestra aire hiciera una locura.

"¿Desde cuándo soy yo la que evita las locuras en vez de hacerlas?" Se preguntó mentalmente con una mueca sintiendo como el cuerpo de Jinora temblaba levemente.

"¿Dónde están mis hermanos Korra?" La voz de Jinora se quebró. "No los veo en ningún lugar."

El Avatar sintió miedo. Con la mirada escaneo todo el lugar y frunció los labios.

"Jinora." Dijo con firmeza haciendo que la maestra aire la mirara. "Tienes que hacer todo lo que te diga."

La imagen mental de Ikki y Meelo fue el mayor incentivo que tuvo Korra para crear un plan.

-x-

Bolin se removió en el sillón, soltando un largo bostezo. Pestañeo lánguidamente mirando a la nada. Su cuerpo se sentía pesado, agotado, incompleto, sensaciones que con el pasar de los días – y para su lamento – se iba acostumbrando. La cabeza le pesaba y sentía constantemente los oídos tapados. Llevaba bastante tiempo acostado en el sofá de la sala de estar de la mansión de los Sato, más concretamente, desde que Asami fue a su taller a terminar algunos trabajos pendientes.

Volvió a moverse en un intento de encontrar una posición cómoda, soltando un bufido de frustración. Estaba cansado, pero su mente era incapaz de seguir durmiendo. Se concentró por unos segundos en la música de fondo – la radio llevaba prendida todo el día – pero se distrajo al sentir como su estómago rugía.

Por lo menos su apetito seguía siendo el mismo de siempre.

"Makito ¿Qué hora es?" Pregunto sentándose en el sofá. Su hermano llevaba toda la tarde leyendo el periódico en el sillón individual de la sala.

"Las seis y media." Contesto lanzando una rápida mirada al reloj de la pared.

"¿Y a qué hora almorzamos?"

"A las dos."

Bolin se quedó un momento sumando con los dedos.

"¡Hace más de 4 horas que no cómo!" Exclamo colocando una mano en su frente de manera dramática. "Voy a morir de hambre."

Mako soltó un suspiro cansado mientras pasaba de página. "Entonces ve a buscar comida." Dijo en un tono monótono.

Bolin hizo un puchero. "No quiero ir solo, todavía me intimida la gigantesca cocina. Todo se ve tan valioso que me da miedo tocar cualquier cosa por si lo rompo."

Por la mente del maestro fuego paso una escena de un jarrón muy caro rompiéndose en miles de pedazos.

"Bien, te acompaño." Cedió finalmente. La sola idea de tener que pagar cualquier cosa hacia que un escalofrió recorriera su espalda. No tenían ni un solo decimo. Se levantó de su puesto, estirando todos sus músculos entumecidos y miro a su hermano, que ya estaba caminando hacia donde se encontraba la cocina. Dejo el periódico sobre la mesa de centro y comenzó a caminar.

La radio estaba transmitiendo una canción que últimamente era muy popular en Ciudad Republica cuando la emisión se cortó de golpe. El sonido de la interferencia lleno la sala logrando que Mako volteara la cabeza, curioso.

Se acercó lentamente sintiendo como un extraño peso caía sobre sus hombros. Un presentimiento ante el silencio que emitía la radio.

"Y tal como prometí."

Un escalofrió recorrió su espalda.

"Bolin." Murmuro. "¡Bolin!"

El maestro tierra no tardo en correr donde su hermano, sintiendo el extraño tono de voz de Mako.

"¿Qué? ¿Qué? ¿Qué paso?" Exclamo en un tono muy agudo.

"El orden de las cosas, finalmente cambiara."

El sonido de una explosión a la distancia hizo que las miradas de ambos hermanos se toparan.

"Esto es…malo." Pensó Mako.

"E-Esa era la voz de Amon ¿No?" Tartamudeo Bolin, asustado. La pregunta era retórica, era imposible que aquella voz desapareciera de su memoria. Estaba grabada a fuego en su mente, una voz que lo perseguía en pesadillas.

Mako se llevó una mano al rostro, preocupado. "Definitivamente." Luego al instante recordó algo. "Asami." Pensó en voz alta haciendo que el rostro de Bolin se encendiera en preocupación.

"¡Asami!" Bolin salió corriendo en dirección a la puerta principal, pero no alcanzo ni a dar dos pasos antes de que una fuerte sacudida golpeara todo el lugar. El joven maestro tierra tuvo que sostenerse de la pared más cercana para no caer pero Mako no tuvo la misma suerte, cayendo de espaldas. Un fuerte estruendo se escuchó sobre sus cabezas e instintivamente ambos voltearon la vista. El techo comenzó a llenarse de grietas que crecían con el pasar de los segundos, rompiendo y creando líneas iguales a las telarañas, unas que se multiplicaban ante los ojos asustados de los hermanos.

Crac-crac-crac

Aquel sonido fue transformándose en un murmullo. Lento, atemorizante, marcando el tiempo como un reloj. Las paredes perdieron su soporte, cayéndose a pedazos en cámara lenta frente a los ojos de Mako.

El piso tembló, grandes trozos de cimientos se desprendieron del techo y uno en especial hipnotizo los ojos del maestro fuego. Era un presentimiento, una sensación, aquel trozo de cielo – de techo, de cemento – le trajo un sentimiento angustiante y a medida que caía supo porque.

"¡Bolin!"

Zumbido.

Miedo-miedo-miedo.

Nadie tocaría a su hermano.

La percepción de lo que lo rodeaba desapareció. Una energía que nació de la nada golpeo su cuerpo, fuego ardiendo, dándole fuerzas.

Se lanzó y lo cubrió.

Con su propio cuerpo.

-x-

Los igualitarios eran estrictos, firmes. Trabajaban coordinados, como verdaderos militares entrenados por años. La forma en la que caminaban, vigilaban, cuidaban, todo era casi perfecto.

Casi.

Porque seguían siendo humanos y eso Korra lo sabía muy bien. Se había quedado observando largo rato con Jinora a su lado, analizando en silencio la situación y extrañamente lo que le trajo la idea principal para formar un plan, fue una simple pregunta, que llevaba un nombre.

"¿Qué haría Asami?"

Una sonrisa se formó en su rostro y se acercó a la joven maestra aire.

"Escúchame bien Jinora." La miro directamente a los ojos topándose con una mirada totalmente decidida. "Esto es lo que vamos a hacer."

-x-

Penma estaba agotada. Había luchado, a pesar de su avanzado embarazo, pero su cuerpo ya no daba para más. Era en estos momentos en los que añoraba el pasado, aquel en donde entrenaba junto a Tenzin, en donde era fuerte y resistente. Llevaba largo rato con su cabeza apoyada en la espalda de uno de sus compañeros, tratando de encontrar energía de algún lado. En un punto, levanto la vista y recorrió con los ojos todo a su alrededor. Las cabañas quemadas, la destrucción, la rabia que bullía en su interior y finalmente, unos ojos azules como el mar que brillaron en reconocimiento.

"¿Korra?" Murmuro sorprendida, antes de ver el rostro familiar esconderse entre las cabañas. Una sensación de esperanza la recorrió. Era extraño, pero con solo ver al Avatar, con saber que estaba ahí cerca, lograba que una sensación de seguridad la envolviera. Un sentimiento que era compartido por gran parte de los maestros control.

Era igual que en el pasado, cuando observaba a Aang sonriéndole, diciéndole que todo estaría bien. Y aunque Korra era mucho más joven, con menos experiencia, la sensación de que una parte de su antiguo y querido nuero estaba dentro del nuevo Avatar, le daba paz. No supo cuánto rato espero una señal de la originaria del sur, una muestra de que seguía ahí.

De la nada, los arboles a su alrededor comenzaron a sonar de manera anormal, como si una sorpresiva corriente de aire que salía de todos lados los moviera. Una de esas corrientes de aire golpeo su rostro.

Y sus labios se elevaron hacia arriba formando una sonrisa.

Los igualitarios notaron aquel ambiente extraño que lentamente se estaba formando. Estaban rodeados de árboles y el sonido de las hojas, del pasto, todo los alerto. Luego notaron un movimiento entre todo el follaje, una figura delgada que comenzaba a moverse entre las sombras. Libre como el viento, como si fuera una parte de este.

Todos los soldados se miraron entre si y dos de ellos asintieron y fueron en marcha, dejando tres atrás. Los monjes – los rehenes, Penma – observaron la espalda de aquellos dos enmascarados que se sumergieron entre el follaje perdiéndose lentamente de vista. Lo último que escucharon fueron el crujir de unas ramas bajo los pies de los hombres y solo se mantuvo un constante movimiento en todo el lugar.

De golpe todo el movimiento se detuvo. El viento dejo de mecer los arboles de manera antinatural, el césped dejo de vibrar debido a las corrientes de aire. El silencio era tan imperturbable que los únicos igualitarios que se quedaron protegiendo a los rehenes, se pusieron en guardia encendiendo sus armas.

Por segundos lo único que se escucho fue el respirar cansado de los monjes y el sonido de electricidad de los bastones. Finalmente, una corriente de aire golpeo directamente a los igualitarios, que se vieron obligados a cubrirse con los brazos. Jinora estaba parada a varios metros de distancia, en posición de ataque. Una mirada seria, decidida, furiosa, penetro a los hombres enmascarados que estaban frente a ella.

Los igualitarios se lanzaron al ataque, con sus armas brillando en azul.

Penma abrió los ojos, sintiendo como el miedo se apoderaba de su cuerpo al ver como Jinora simplemente se quedaba viendo a aquellos 3 hombres que se acercaban a paso rápido. Estaba quieta, tranquila y una sonrisa se formó en su rostro.

Un silbido.

Tres sonidos sordos

Y los tres cuerpos de los igualitarios cayeron inconscientes al suelo.

-x-

Korra le había dado las instrucciones a Jinora cuidadosamente.

Después de eso, le había revuelto el cabello con cariño antes de salir disparada entre las cabañas.

Se escurrió entre los árboles, tratando de pasar desapercibida.

"Rayos…"

Y era realmente difícil, contando el hecho de que toda la isla estaba poblada de máquinas e igualitarios. Pero una cosa entre todas destacaba de manera descomunal.

Fuego.

Estaba en todos lados.

Cabañas cubiertas de llamas, arboles ardiendo hasta sus cimientos, el verde pasto quemado, repleto de hollín y ceniza.

Era una imagen que producía escalofríos en el cuerpo del Avatar. Su hogar destruido hasta no dejar casi nada. Solo llamas, calor-calor-calor y destrucción infinita. A medida que avanzaba el humo llenaba sus pulmones haciéndola toser. Sus ojos lagrimearon pero nunca se detuvo, corría tratando de evitar todos los puntos en donde el humo se volvía insoportable.

Observo, a medida que se acercaba, el gigantesco templo que se cernía frente a ella como una montaña. Empujo una de las muchas puertas traseras y entro al lugar en donde habida habitado por meses. Extrañamente, todo estaba en silencio. Como si todo lo que pasara afuera – la destrucción, el fuego, el humo – no hubiera inmutado la tranquilidad que se apreciaba dentro. Se detuvo unos segundos para tratar de recuperar el aliento, tosiendo en un intento de sacar todo el humo dañino que no le permitía respirar con libertad. Con la mano se limpió el hollín que cubría su rostro, uno que se había añadido a su piel después de estar tanto tiempo cerca de lugares que ardían en llamas. Comenzó a caminar, pisando con cuidado para no hacer crujir la madera vieja del suelo. A pesar del silencio, de la aparente calma, el enemigo podía estar en cualquier lugar, escondido listo para lanzarse sobre ella. Se escurrió como agua entre las habitaciones hasta llegar a la cocina, y con la misma agilidad, abrió la puerta que estaba ahí para salir.

Lo que había hecho era simple.

Los rehenes estaban a varios metros de distancia de la entrada del templo del aire. Había hecho todo un largo rodeo para tratar de posicionarse detrás del grupo de igualitarios que vigilaban a Penma y a los monjes, al lado opuesto en donde se encontraba Jinora.

Ahora corría buscando un lugar donde esconderse. Un grupo de árboles a un par de metros, justo al lado de una cabaña fue el lugar perfecto para cubrir su presencia y tratar de pensar sus siguientes movimientos.

Observo con cuidado todo a su alrededor, buscando el lugar perfecto hasta que se topó con un grupo de personas a lo lejos, en cuclillas y vestidas de naranjo. Una sonrisa satisfecha se formó en su rostro mientras se lanzó en carrera. Derrapo con los pies antes de tirarse al suelo, escondiéndose tras unos arbustos. Al levantar la vista, observo satisfecha que a solo un palmo de distancia, estaba las personas a las que debía – quería – rescatar.

Llevo dos dedos a su mano, y silbo suavemente. El sonido fue similar al piar de un ave y en cuestión de minutos todo inicio.

Incluso desde su lugar sintió las corrientes de aire que fueron iniciadas por la pequeña maestra aire.

El plan era simple.

Jinora distraía, Korra remataba en un ataque sorpresa.

Un ataque directo no era posible, no en el estado cansado en el que estaba Korra. No cuando los igualitarios podían dañar a su familia en amenaza.

Su mirada nunca se despegó de los enmascarados.

Y cuando Jinora se plantó frente, lanzando una corriente de aire que hizo que hasta Korra se cubriera el rostro, solo tuvo que esperar unos segundos antes de golpear con su palma el suelo. Tres trozos de roca se elevaron y con un par de movimiento de sus manos, se lanzaron como misiles soltando un fuerte sonido agudo debido a la presión del aire que ejercía sobre ellas.

El sonido sordo que produjo el impacto contra las cabezas de los igualitarios, le hizo hacer una mueca. Eso definitivamente había dolido.

Los tres cuerpos cayeron inconscientes y Korra suspiro de manera profunda.

"¡Mamá!" Una sonrisa se formó en el rostro del Avatar al ver a Jinora correr en dirección donde estaban los monjes. Penma se levantó a duras penas, con la ayuda de su compañero antes de poder abrir los brazos y envolver a su pequeña hija.

Korra salió de los arbustos, logrando sobresaltar a todo el mundo.

"Lo siento." Se disculpó llevando una mano a su nuca, nerviosa. Penma la observo con los ojos cristalinos, sin soltar en ningún momento a la joven maestra aire. Con una seña de mano, le indico que se acercara y Korra, obediente, camino a paso lento.

Penma estiro una mano y tomo del brazo a Korra, antes de acercarla a su cuerpo y cubrirla con su brazo libre. Jinora, que todavía estaba pegada al cuerpo de su madre, también cubrió a Korra con sus brazos.

La joven Avatar se quedó estática. Su cuerpo lentamente dejo de estar tenso y soltó un largo suspiro, cerrando los ojos y dejando que aquel nudo en su garganta que nunca había desaparecido, se liberara.

"Gracias." Fue el susurro que escucho de parte de Penma.

"No tienes nada que agradecer." Respondió separándose lentamente del calor que la envolvía.

"Todo esto fue culpa mía." Dijo sin atreverse a decirlo en voz alta. Solo les dedico una sonrisa triste, antes de alejarse totalmente.

El sonido de una rama, que solo los afinados oídos de Korra percibieron, la hizo tomar nuevamente consciencia del lugar en donde estaba.

"¡Atrás!" Grito, avanzando unos pasos, protegiendo a todos con su propio cuerpo. Un igualitario salió de la nada, atacando directamente a Korra. Esta lanzo una llamarada con sus manos, evitando que este se acercara. Hizo exactamente lo mismo con el resto de enmascarados que fueron apareciendo, todos ya advertidos de la presencia del Avatar. Korra se movía dando saltos, lanzando fuego a su alrededor, impidiendo que se acercaran lo suficiente. Cuando se vio superada en número, dio varios pasos atrás, lanzando una verdadera ráfaga de fuego, antes de golpear el suelo y levantar con sus manos, una muralla de tierra que impidió el paso de los igualitarios.

"Jinora." La respiración de Korra era agitada. "No permitas que nadie entre."

La joven maestra aire pestañeo rápidamente. "¿A qué te ref-?"

Verdaderas murallas de tierra se edificaron alrededor de todos los presentes – todos los aliados – encerrándolos de la realidad. Korra, dio un salto tocando la tierra con sus dedos y a medida que daba un paso en el aire, un trozo de tierra se desprendía del muro creando así una escalera que le permitió llegar a lo más alto de las murallas.

"¡Sube por esa escalera y utiliza tu poder para evitar que suban!" Grito mirando hacia abajo, una sonrisa retadora formándose en su rostro. "¡Yo me encargare de distraerlos!"

"¡¿Qué? ¡Korra, no!" Grito Jinora, viendo como el cuerpo de la originaria del sur desaparecía de un solo salto.

El Avatar toco el suelo con firmeza, levantando los puños, lista para atacar. Pero se sorprendió al observar que el lugar estaba vacío.

No había ningún igualitario.

Solo fuego.

Los ojos de Korra se abrieron y tuvo que llevarse una mano a la boca para cubrirse del humo.

Era…demasiado rojo.

Por todos lados.

Se lanzó en carrera, esquivando los árboles y las llamas que intentaban quemarla. Se detuvo en una planicie y lo único que encontró fueron maquinas.

Maquinas que lanzaban fuego tormentoso de sus brazos, un verdadero lanzallamas gigante.

Una.

Dos

Tres.

Cuatro.

Todas ellas andando a paso lento pero firme, quemando todo a su paso.

Como si desearan no dejar ningún rastro de vida.

Un fuerte dolor en su espalda la hizo soltar un grito, antes de caer al suelo sintiendo la electricidad llenar todo su cuerpo. Gruño de rodillas, pero de un solo movimiento, se volteo y con su pierna golpeo las de su oponente, haciéndolo perder el equilibrio. Pero antes de que este cayera al suelo, su palma toco con fuerza la tierra. Un bloque se elevó justo debajo de la cabeza del igualitario.

Quedo noqueado apenas toco el suelo.

Se levantó a duras penas, sintiendo un hormigueo incesable por todo su cuerpo. Tenía la respiración agitada cuando observo a enmascarados acercándose a paso rápido. Estaba cansada, pero el fuego en su interior todavía ardía gritándole por defender todo aquel lugar. Lanzo llamaradas que dejaron a varios enemigos inhabilitados, pero no fue suficiente para la gran aglomeración que se estaba formando a su alrededor. No tuvo más opción que huir cuando noto que sus brazos temblaban y sus piernas flaqueaban.

Corrió, girando de vez en cuando para lanzar fuego de sus manos, eliminando uno tras uno a sus perseguidores. En más de una ocasión se escabullo entre los árboles y espero al primer inoportuno que la encontrara para noquearlo de una patada, utilizando su gran habilidad en las artes marciales.

Pero llego un punto en donde lentamente las posibilidades donde huir se fueron agotando. Cada vez más cerca de la orilla, del mar. Finalmente tuvo que detenerse ante la falta de un lugar por donde correr. Giro sobre sí misma, sintiéndose acorralada.

Detrás de ella solo había infinidad de agua y justo al frente una oleada de destrucción. De golpe todo pasó en cámara lenta. Veía los igualitarios correr, acercándose con cada paso, veía las llamas que estaban detrás de los enmascarados que brillaban con una luz enceguecedora, dolorosa, que lastimaba los ojos a pesar de la distancia.

Respiro tranquilamente y cerró los ojos.

1

2

3

Se giró y salto.

Sintió el viento taponeando sus oídos debido a la velocidad con la que caía, y luego frio.

Frio-frio-frio

Ya no había aire que pudiera respirar y abrió los ojos encontrándose con la negrura de las profundidades del mar. Sentía agujas en su piel debido a la baja temperatura y si no fuera un momento tan crítico, habría sonreído.

Se sentía como en su hogar.

Cerró los ojos, tratando de acumular cada energía que pudiera encontrar. Buscando hasta el último suspiro de fuerza que tuviera en su cuerpo.

Abrió los ojos.

Su mente zumbaba, sintiendo el agua a su alrededor vibrar ante sus poderes. Sentía el mar en la punta de los dedos, el estómago pesado debido a la presión que comenzaba a envolverla. El agua comenzó a girar alrededor de su cuerpo, girando en un vórtice que parecía tener vida. No tardo un remolino en nacer y envolverla, como un capullo a una oruga, una lista para salir de su cascaron y volar. Así se sentía Korra, como si una presión en su pecho quisiera salir de su cuerpo que limitaba la increíble energía que estaba apoderando cada fibra de su ser. De algún modo, todo el odio que sentía, toda la rabia, la frustración y especialmente, el amor que sentía por sus seres queridos, abrió algo en su interior. Ella no podía verlo, pero sus bellos ojos azulados comenzaron a destellar en blanco. Con cada pestañeo, el color iba cambiando, mezclándose.

Azul-blanco-azul-blanco

La caja de pandora finalmente fue abierta.

Pero Korra no lograba entenderlo. Lo único que sentía era una increíble ola de energía, como si fuego quemara toda su piel pero no de una manera dolorosa. No, al contrario, se sentía tan cómoda, tan acogedora, tan familiar que lo único que pudo hacer fue sonreír en medio de toda el agua que temblaba con los latidos de su corazón.

Miro hacia arriba y se impulsó.

El remolino que la envolvía la siguió, rompiendo la superficie del mar, creando un fuerte sonido de cristal rompiéndose.

Se elevó lo que más pudo, controlo toda el agua que sus manos podían levantar. El líquido cristalino giraba y giraba, temblando continuamente ante la incontrolable energía que era liberada por el Avatar. Lentamente el agua comenzó a tomar una forma tan compacta, que un inevitable ovalo se formó. Y Korra en el centro, con sus ojos destellantes, con su boca lentamente tomando un brillo deslumbrante.

El agua latió como si estuviera viva. Y se elevó tan alto que toda la isla pudo ver la inmensa esfera de agua que se posiciono al centro de aquel lugar. Korra sentía los parpados pesados, su cuerpo superando el límite de sus fuerzas desde hace rato, pidiendo clemencia. Le temblaban las extremidades y sentía su conciencia al borde de romperse y caer a un precipicio sin fin.

Cerro los ojos, tratando de controlar el cansancio que la recorría y al final, sus ojos se volvieron totalmente blancos, su boca tomo un brillo permanente. El ovalo se fue separando en pequeñas esferas que se ganaron en diferentes puntos de la isla y finalmente, Korra levanto su mano en alto, sus dedos empuñados.

Negro-negro-negro.

No veía nada, apenas sentía su respiración y los latidos de su corazón.

Y abrió la mano, estirando sus dedos hacia la infinidad del cielo.

Toda el agua perdió su soporte imaginario, comenzando a caer como lluvia sobre toda la isla. Y junto con las gotas de agua, el cuerpo de Korra las siguió. Gravedad impulsándola hasta la tierra.

En un destello, su mente despertó apenas unos segundos y sus ojos se abrieron, observando en cámara lenta el suelo que lentamente se iba acercando.

Estiro ambos brazos y soltando la última bocanada de aire, dejo que algo fluyera por sus extremidades.

Una fuerte corriente de aire que fue expulsada por sus manos, detuvo su caída.

Su cuerpo cayo inconsciente.

Y Korra apenas noto que finalmente pudo hacer aire control.

-x-

El trabajo era pesado, pensó con cansancio aquel joven policía de metal control. Por orden de Lin Beifong, un grupo de maestros tenían que recorrer el área mas adinerada de la ciudad. Un sector bastante tranquilo, casas demasiado grandes y jardines tan inmensos como hectáreas. Era agotador – y aburrido – recorrer las calles refinadas y bien hechas sin encontrar nada fuera de lo normal. Algo que realmente, era raro. Toda la ciudad – y sus alrededores – estaba repleta de un ambiente asfixiante, como si todo estuviera alerta y listo para la destrucción. No solo ese tipo de pensamientos invadían la mente de aquel joven, sino también las del resto de su equipo. Todos sentían un peso en su estómago, incertidumbre palpable en sus ojos.

El auto derrapo en una curva, siguiendo el camino hasta pasar por delante de la inmensa mansión de los Satos. Imponente, bella, perfecta. Todos los maestros la observaron al pasar, maravillados por la inmensidad de aquel lugar.

Siguieron su caminado con el único sonido del motor acompañándolos.

Llevaban varios kilómetros ya recorridos cuando uno de ellos – el más joven, el más nuevo – sintió un extraño retumbar a la distancia. Volteo rápidamente y al no ver nada, simplemente se encogió de hombros. No pasaron más de unos minutos cuando aquel sonido volvió a ser escuchado por sus oídos, pero de mucha mayor intensidad.

Y en cuestión de segundos, todo el equipo escucho con claridad el ruido de algo destruyéndose, cayéndose a pedazos. El auto paro de golpe, y todos voltearon topándose con una nube de humo blanco que subía hacia el cielo.

"¿Esa no es la mansión de los Sato?" La pregunta de aquel maestro no fue respondida. El conductor sin esperar un segundo más, giro el auto con maestría para comenzar a recorrer los kilómetros que los separaban de aquel lugar. A medida de que la distancia era acortada, el humo se volvía más espeso, y los pilares que sostenían la entrada del gran edificio Sato caían frente a la mirada atónita de todo el equipo de policías.

Las paredes se derrumbaron en su totalidad cuando finalmente llegaron frente a la inmensa reja que rodeaba los jardines de la mansión. Un maestro se levantó de su asiento y movió las manos con maestría, la reja separándose como si fuera un simple papel, dejando una abertura que el conductor aprovecho para ingresar al lugar.

El polvo apenas los dejaba ver, pero al auto avanzo hasta quedar lo más cerca posible y ningún dudo en bajarse y correr hacia los cimentos. Uno de ellos, el mayor y el más experimentado, se adelantó varios pasos antes de cerrar los ojos y soltar un largo suspiro.

Levanto el pie izquierdo, las partes de metal que cubría su pie se abrieron con su poder, dejando la planta al descubierto. Bajo la pierna y toco el suelo con fuerza.

Las vibraciones del suelo le dieron una imagen mental de todo a su alrededor.

"¡Hay dos personas enterradas ahí!" Exclamo señalando un punto cerca de la que fue, la entrada principal. El resto de los maestros no tardaron en acercarse y comenzar a levantar los escombros, uno por uno, teniendo todo el cuidado posible.

En un momento, uno de los hombres levanto un gran trozo de pared. Apenas se notaba, pero si mirabas bien se podía apreciar una cabeza azabache repleta de polvo blanco. Inmediatamente uno de los maestros se lanzó para mover el cuerpo.

"Está sangrando." Exclamo, tratando de no tocar aquel fierro que atravesaba todo el hombro derecho de aquel muchacho. El maestro metal se sorprendió al notar que debajo del joven se encontraba un muchacho más robusto, con ropa de colores verduscos y que lentamente comenzaba a reaccionar.

"Ey ¿Estas bien?"

-x-

Bolin no sabría decir que parte de su cuerpo le dolía más. Pero si tuviera que intentarlo, diría que su cabeza.

Cuando toda la mansión se desmorono, Mako lo había cubierto con su cuerpo. La embestida de su hermano hizo que su cabeza chocara contra la pared más cercana logrando que perdiera el conocimiento al instante. No sabía cuánto tiempo llevaba envuelto en la oscuridad, a veces despertaba para luego volver al mundo de la inconsciencia

Pestañeo varias veces, frunciendo el ceño al sentir ruidos y voces a lo lejos. Pero el alboroto se sentía tan lejano, que por momentos creía que era parte de su imaginación.

Escucho pasos.

El crac-crac-crac de piedras golpeando el suelo.

La oscuridad fue desapareciendo y el sol que golpeo sus ojos lo hizo parpadear más rápido. Pero lo que realmente logro despertarlo, fue el dejar de sentir aquel calor que lo envolvía y que le era tan familiar y acogedor.

"Ey ¿Estas bien?"

Bolin soltó un quejido, tratando de levantarse con la ayuda de aquel desconocido. Sentía los ojos repletos de polvo, que no le permitían abrirlos sin lagrimear. Incluso por un momento pensó que estaba llorando pero al pasarse la palma por su rostro pudo bajar la molestia y observar a su alrededor.

"¿Dónde estoy?" Pregunto desorientado. Se llevó la mano a la cabeza y sintió un extraño líquido cálido. Observo su mano y vio rojo. "¡Ayyy! ¡T-Tengo sangre!" Exclamo asustado.

Nunca había sido partidario de la sangre. Siempre había tenido el fiel pensamiento, que la sangre debía estar siempre dentro del cuerpo.

Nunca afuera.

Así que, cuando su mirada recorrió al resto de las personas que estaban a su alrededor, de golpe sintió que quería vomitar.

Ahí estaba Mako, con mucha sangre en el hombro.

"¡Hermanito!" Trato de dar unos pasos pero estuvo a punto de caer. Si no fuera por la ayuda del maestro metal que estaba a su lado, habría besado el suelo.

"Quédate quieto chico, el otro está respirando. Lo mejor será moverlos de inmediato al hospital."

Bolin sintió que se ponía verde a medida que su mirada seguía recorriendo el cuerpo ensangrentado de su hermano. El fierro que estaba enterrado en la piel de Mako fácilmente podría medir un metro de largo. Era grueso, con cemento en una de sus puntas.

Uno de los maestro metal rompió el fierro como si este fuera de mantequilla, reduciendo el largo que este tenía.

"¿Por qué no le sacan el fierro?" Bolin se sintió orgulloso de que su voz no sonara temblorosa.

"Si sacamos el fierro, se desangrara. Este impide que la hemorragia se expanda."

Bolin no entendió la lógica de aquella frase, pero el dolor de cabeza que tenía no le ayudo a formular más preguntas. "Ay." Trago saliva. "Creo que voy a vomitar."

El creo no fue necesario, porque al final termino votando su desayuno al suelo.

Se sentía tan mareado, que tuvo que ser ayudado a caminar por uno de los policías, que lo miraba con una mezcla de lastima y asco por su rostro repleto de vomito.

Entre todos llevaron a los hermanos al carro, ubicando a Mako en la parte trasera, acostándolo de espalda y a Bolin en el asiento de copiloto.

"¡Ey! Muchacho, no te duermas." Exclamo el conductor antes de partir el vehículo, moviendo el hombro de Bolin con algo de brusquedad.

"¡Estoy despierto! ¡Estoy despierto!" Dijo golpeándose las mejillas con fuerza. Le dolía tanto la cabeza que la tentación de cerrar los ojos era demasiada.

"No puedes dormirte después de un golpe en la cabeza. Es muy peligroso." Luego el policía prendió el motor y arranco a toda velocidad.

Bolin observo la mansión una última vez, antes de alejarse. Apoyo su mejilla contra su palma, dejando su mente en blanco.

Y cuando finalmente entraron a Ciudad Republica, tuvo la extraña sensación de que se le olvidaba algo.

Algo realmente importante, pero que su memoria no era capaz de recordar.

-x-

Sus pequeñas patas y su cuerpo alargado le permitieron encontrar una salida de entre los escombros en donde había quedado atrapado. Miro a ambos lados y soltó un chillido.

Olfateo el aire.

Movió la cola hacia un lado e inclino su cabeza.

Su nariz podía sentir demasiadas cosas.

El predominante a todo era el olor espeso del humo y el polvo, algo que lo hizo estornudar. Se escurrió entre los restos de la mansión, sin dejar de mover su nariz en ningún momento. Corrió a un sector y se detuvo, dejando su cola tiesa.

Calido-calido-calido.

Olor a pan, fideos, sopa.

Soltó un chillido y siguió el rastro. Luego sintió el olor a sangre, que lo hizo estremecer. Corrió lo más rápido que pudo pero en un punto un olor a rozas lo hipnotizo.

Era dulce, olía bien. Le recordaba a las golosinas que venían de una mano cálida. Luego olio algo que realmente llamo su atención.

El olor a miedo.

Dejo de seguir el rastro que sabía que lo llevaría a su hogar y se quedó quieto algo indeciso. Su nariz olía la sangre y el pan-fideos-sopa entre mezcladas, pero no podía percibir el miedo. En cambio, el olor a rozas-golosinas estaba teñido de miedo. Movió las orejas.

Al final Pabu decidió.

Y siguió el rastro del miedo-miedo-miedo.

Fin capitulo cuarto.


¿Alguien sigue por ahí? Sé que ha pasado su tiempo, pero esta historia nunca será dejada en Hiatus. Eso no lo duden.

Contar las cosas sobre mi ausencia en esta nota de autor esta fuera de lugar, asi que si hay algun interesado en saberlo, pueden leer mi perfil.

Ahora, pasemos al capítulo. Hay muchas cosas que no me gustaron al terminar el capítulo. Quería alargarlo mucho más, pero extrañamente no pude porque sentí que el final estaba bien redactado. Digamos que desgaste toda mi energía escribiendo las escenas de batalla, ya que sería la primera vez que intento describir una. Descubrí que me encanta, pero que mi mente tiene que trabajar mucho para poder imaginarla y a la vez, plasmarla en letras.

Me siento satisfecha después de releerlo una vez más antes de publicarlo. La redacción me gusto bastante, pero ya el tema de la ortografía y la conjugación de verbos, no es algo que maneje muy bien. Pero gracias a los comentarios de Luna de Desierto, le coloque todo el empeño posible. Déjame decirte que tus mensajes me han inspirado bastante a seguir escribiendo en momentos de bloqueos. Así que te mando un gran abrazo y ojala llegues a leer este nuevo capítulo.

Pero sin ser menos importante, nombro a Maria, que se nota mucho su gusto por mi historia al dejarme dos Review. Además de ella esta Val, Ozarac07, el mensaje Guest que me subió mucho el ego (Gracias, que a veces no tengo mucho.) También un abrazo a Zhyo Jarjayez, que lleva desde el capítulo uno siguiéndome. Igual gracias a Kitsune Aetsu, que sus comentarios igual me inspiran bastantes. (Mientras más largos sean los Review ¡Mas me ayudan!). Y, y, siento que me faltas bastantes, pero no espere que tuviera ya 20 comentarios en tan solo 3 capítulos ¡Son un amor!

Les deseo lo mejor y tratare de actualizar pronto esta historia.

Goodbay.

(Los siguientes Review los contestare por interno, me prometí tener una relación más cercana con mis lectores. Claro, si a ustedes les gusta la idea.)

Y siguiendo la tradición:

Agregar a favoritos y no dejar comentarios es como manosear una teta y salir corriendo.