Disclaimer: Últimamente las cosas en mi vida van bien. Tengo más trabajo, me siento más tranquila y con más ganas de escribir. Aún sigo luchando para ser millonaria y comprar la Leyenda de Korra. Pero hasta ese momento, esta serie sigue sin pertenecerme.
Capitulo sexto.
El inicio de todo.
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Salió de la ducha con cuidado, observando el vapor que llenaba todo el baño. Tomo una toalla y envolvió delicadamente su figura con pensamientos ausentes inundándola, logrando sumergirla en un estado de estupor. Se vistió mecánicamente, cepillo su cabello alborotado y negro frente al espejo con lentitud, mirando su reflejo sin realmente estar consciente de ello. No supo cuánto tiempo se quedó allí, parada frente al cristal, concentrada solamente en el subir y bajar de su mano que desenredaba su rebelde cabellera. Paso la punta de su lengua por sus labios distraídamente, sintiéndolos resecos y dejo el cepillo en el estante. Tomo un pequeño objeto cilíndrico y lo destapo, pasándolo por sus labios y dejando un rastro húmedo con sabor a coco que calmo la comezón.
Observo sus verdes ojos y soltó un suspiro laxo, triste, cansado. Dio la espalda a su reflejo y camino hasta la puerta del baño, empujándola con lentitud. Una corriente de frio erizo los bellos de su cuerpo pero lo que realmente afecto a Asami fue la soledad y oscuridad del lugar. Aquella habitación se había convertido en lo más cercano a un refugio que tenía, y aun así le parecía insípido, doloroso y amargo.
El recuerdo de su antigua habitación la golpeo con un doloroso temblor que casi hace que cierre los ojos. Empuño las manos, tratando de no derrumbarse como cada noche, luchando con los sentimientos devastadores que la acompañaban últimamente a donde sea que fuera.
Una semana.
7 días. 168 horas. 10080 minutos.
Ese era el tiempo que llevaba ahí, ayudando a gente que detestaba, fingiendo ser parte de un plan que aborrecía y aceptando una ideología que ni en un millón de años podría llamar suya. El solo recordar los rostros demacrados de Bolin y Mako, su cansancio, su debilidad, como si la esencia que los caracterizaba hubiera sido robada – destruida – la enfermaba terriblemente. Porque ella estaba ayudando a esa gente, a esas personas que les habían arrebatado lo mas primordial de su vida.
No noto cuando las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas y tampoco le importo. Arrastro sus cansados pies por la habitación, hasta llegar al gran ventanal que le mostraba un paisaje que en antaño habría adorado. Los grandes árboles brillaban ante la luz de la luna con esplendor, el viento mecía sus copas con suavidad desprendiendo pequeñas hojas amarillentas que le avisaban al mundo que el fin del verano estaba cerca.
Para Asami, todo aquella belleza lo único que logro fue enfurecerla ¿Cómo podía el mundo estar en perfecta calma, cuando un hombre como Amon estaba dirigiendo un ejército? ¿Cómo podía existir tanta paz cuando esa palabra no existía en su interior?
De un rápido y torpe movimiento, abrió los grandes ventanales con fuerza desmedida. El viento entro a la habitación, agitando su cabellera y secando las lágrimas que no dejaban de caer por sus mejillas. Su respiración agitada se entremezclo con los sonidos nocturnos del bosque, que logro traerle algo de calma.
Cerró los ojos, respirando el aroma de las hojas, de la naturaleza y se atraganto con su propia saliva al sentir una esencia a mar.
Se llevó la mano a la nariz, contrariada y negó con la cabeza. No quería recordarla. Extrañamente, su recuerdo, su esencia y todo lo que ella representaba le dolía como una herida recién abierta. Le quemaba en su interior de una manera tan sobrecogedora que muchas veces la asustaba, la llenaba de sensaciones que se negaba a analizar.
Porque por sobre todo, por sobre su padre, por sobre Amon, lo que su mente y cuerpo más detestaba era la idea de que Korra creyera que la había traicionado.
Trato de calmar su irregular respiración contando hasta 10. Se negó a seguir el camino de pensamientos que su mente le mostraba, se negó a seguir pensando en ella.
Un dolor punzante en su hombro derecho la hizo abrir los ojos, sorprendida. El ruido seco que siguió a continuación la hizo espabilar y miro hacia abajo, topándose con una pequeña piedra que rodaba junto a sus pies. Se agacho, tomándola entre sus dedos y asocio en un parpadeo la relación de esta con el pinchazo irritante en su hombro que la invadió hace unos segundos.
Alguien la había lanzado.
Levantó de golpe su cabeza, repentinamente en guardia. Observo el paisaje a su alrededor con algo similar al miedo inundando su interior pero la curiosidad pudo más con ella y dio unos pasos hasta tocar el borde de la ventaba con sus rodillas.
Observo con cuidado el bosque, deteniéndose ante cada sombra y movimiento extraño pero para su sorpresa no encontró nada fuera de lo normal. Se quedó mirando con detalle un arbusto espeso, con el ceño fruncido antes de soltar un suspiro resignado. De pura casualidad, su mirada se desvió a la izquierda y un destello azul la sobresaltó.
Se congelo en su sitio. Pensó que su mente le jugaba una mala pasada pero cuando sus ojos buscaron el origen del color tan extraño y familiar, se topó con una mirada azul que la hizo saltar en su lugar. Se fregó los ojos, y volvió a observar el rostro de Korra que estaba varios metros más abajo, escondida entre matorrales y regalándole una de las sonrisas más lindas que había visto. Se pellizco un brazo y el dolor le demostró que no estaba soñando.
"¿K-Korra?" Tartamudeo en voz baja, sin poder creer lo que sus ojos veían.
El Avatar, contenta de finalmente tener su atención, salió de entre el follaje que había utilizado de escondite y de un impulso, salto los 3 metros que las separaban para la incredulidad de Asami. El viento entro repentinamente a su habitación, como si un vendaval hubiera nacido de la nada. La joven Sato retrocedió unos pasos, sin dejar de pestañear lentamente al ver como Korra estaba ahora parada en el borde de la ventana. Sonreía de manera traviesa, igual que siempre a pesar de que llevaba la armadura que generalmente utilizaba al salir de misión junto a Tarrlok.
"¿C-Como…?" Murmuro nuevamente Asami.
Korra rio, acercándose unos pasos pero sin decir una sola palabra. La miraba de una manera extraña, destellos de alegría junto con algo que no supo distinguir la marearon.
Asami se tapó la boca ante la escena, tratando de ocultar la sonrisa que se había formado en su rostro. Cerró los ojos ante la prolongada picazón que los invadía, negándose a llorar. Era demasiado surrealista para su mente toda la situación. Hace solo unos instantes se sentía la persona más miserable del mundo al simplemente recordar ese rostro y ahí estaba, frente a sus ojos, regalándole una de sus usuales sonrisas que eran capaces de iluminar cualquier oscuridad.
"No deberías estar aquí." Fue lo único que pudo decir, negándose a hacer contacto visual. Se sentía nerviosa, expectante y más que todo, sentía miedo a ver su reacción. "Este es uno de los cuarteles de Amon, si te ven, no dudaran en atacarte." Mascullo dándole la espalda, lista para recibir cualquier ataque verbal. Estaba segura de que Korra ya lo había notado. Estar ahí, viviendo tranquilamente en un edificio repleto de Igualitarios, era algo que iba en contra de toda la amistad que habían forjado.
La falta de respuesta la asusto más de lo que jamás admitiría. El silencio que las envolvía era sobrecogedor, doloroso, asfixiante, insoportable para la joven Sato que no pudo aguantar más la intriga. Su amiga, el Avatar, su fiel compañera, nunca había sido alguien silenciosa y por la situación, su falta de palabra la llenada de un miedo doloroso y punzante. Pero sintió que nuevamente se atragantaba con su saliva al verla sonreír de esa manera ¿A caso no entendía que no podía ser fría con ella si la miraba tan cálidamente?
Se alejó unos pasos de manera involuntaria, sus ojos ahora fijos en los de Korra, como si esta tratara de transmitirle palabras de manera silenciosa.
Asami se quedó quieta, en espera de alguna respuesta verbal que nunca llego y que lentamente la llevaba a la desesperación.
"¿Korra?" Murmuro en apenas un susurro, dudosa, tenebrosa. Observo como la joven Avatar curvaba las cejas hacia abajo, noto claramente cómo sus ojos se entristecían y el suspiro que soltó de sus labios la preparo para la peor.
La voz que escucho a continuación era extraña. Fue en un tono ajeno al usual de Korra, desentonado, y muy bajo, tanto que apenas pudo entenderlo.
"No te puedo oír."
El significado de esas palabras fue un enigma para la brillante mente de Asami. Ilógicas, inexplicables y aun así, no supo porque pero le creyó. Verla con ese gesto decaído, con los ojos opacos y sin el brillo que los caracterizaban, era suficiente confirmación de aquel hecho.
Todos los temores que antes inundaban a Asami, todo el miedo al rechazo, a que nunca pudiera perdonarla, a que la mirara como si fuera una traidora desaparecieron en tan solo un segundo, dejando tras de sí una preocupación genuina.
"¿Qué te sucedió… Korra?" Pregunto para si en voz alta, acercándose a paso lento. Cuando ya estuvo a apenas unos pasos de distancia, estiro la mano y acaricio su mejilla con delicadeza, tratando de transmitirle con los ojos lo que necesitaba expresar.
Korra le entendió.
Nuevamente hablo en aquel tono ronco y ajeno. Un tono que le produjo escalofríos a Asami.
"Tuve… Un accidente. Trate de defender la isla." El tono variaba desde muy alto a muy bajo, como si Korra se frustrara con cada palabra que pronunciaba. El no entender, el no poder escucharse hablar era perturbante para la mente de Korra. "Termine muy dañada… Y ya no puedo oír."
Asami se llevó una mano a los ojos, masajeándose la cien con cuidado. No sabía que decir ¿Korra, la dulce y risueña Korra no podía escuchar nada? A sus oídos llego un suave chillido y sus ojos se desviaron a un inusual movimiento debajo de la ropa de su compañera. Korra soltó una carcajada y del cuello del traje que tenía puesto, salió una cabeza rojiza y unos ojos negros la miraron fijamente.
Asami sonrió.
"¡Pabu!"
El animal soltó un chillido contento, recibiendo feliz la caricia que le propino la ingeniería.
Ninguna fue totalmente inconsciente de la extraña cercanía de sus cuerpos, pero el magnetismo que las envolvían hacia inevitable aquel acercamiento. Korra se dedicó a mirarla con cuidado. Desde sus ojos hasta su pequeña nariz, observo sus mejillas y su mentón en punta, sus labios rosados desprovistos de aquel tinte del color de la sangre tan característico en ella. El Avatar soltó un suspiro, dándose cuenta en ese momento de cuanto la extrañaba. No había sido consiente de cuanta falta le hacia Asami, cuanto extrañaba aquella aura de madurez y seguridad que siempre le transmitía paz y tranquilidad. Ella… Era un pilar en su vida que nunca había notado tan primordial hasta que ya no estuvo.
Se preguntó en silencio, como hubieran sido las cosas si Asami hubiera estado con ella el día en el que despertó en el hospital sin poder oír. Si habrían cambiado las cosas.
Y para sus adentros, admitió que sí. Si la joven Sato hubiera estado aquel día, seguramente no habría actuado tan imprudente. Se habría sentido más tranquila, incluso estaba segura que la brillante mente de Asami le habría dado una solución que la calmaría en su totalidad. Juntas, hubieran logrado que las cosas fueran diferentes.
Porque Desde que la conoció, su vida había tomado un rumbo que sola no hubiera alcanzado.
Esa realización, ese entendimiento la hizo estremecer.
La joven Avatar se acercó varios pasos, mirando a Asami con una sonrisa temblorosa. Cerro los ojos y apoyo su frente en el hombro de la joven Sato que dio un respingo sin saber qué hacer. A continuación, Korra estiro las manos y con cuidado, envolvió la delgada cintura de su compañera en una acción repleta de timidez y cariño, repleta de emociones que hicieron que ambas fruncieran el ceño en confusión.
Nunca habían estado tan cerca. Asami aspiro en un intento de calmar su agitada respiración, pero lo único que logro fue llenarse con la esencia de Korra. Su nariz, de manera inconsciente busco la fuente del embriagante olor y se sumergió en las negras hebras de su cabeza, junto con sus labios que tocaron el cabello con suavidad. Los brazos de la joven Sato reaccionaron casi involuntariamente, rodeando la figura frente a ella.
Korra podía sentir con perfecta claridad los calmados latidos del corazón de Asami, que golpeaban su pecho y se entremezclaban con los propios. Sonrió desde su posición, acomodando su cabeza de mejor manera y si fuera posible, afianzo más el cuerpo que abrazaba, tratando de desaparecer cualquier distancia que las separaba.
Eso era lo que necesitaba Korra. Sentirla ahí, a su lado, de manera tan incondicional. Saber que nunca la dejaría y que siempre podría contar con ella cuando más mal estuviera. Tener la certeza de que cuando tocara fondo, Asami la sacaría de aquel pozo y la llevaría a la luz con sus regaños, con sus entrenamientos y su sonrisa. Era eso, lo que necesitaba para llenar ese vacío abrazador que el sueño de Aang había dejado.
"Confió en ti Asami. Nunca lo dudes." Ese tembloroso y poco entendible murmullo, hizo que el corazón de la joven Sato se saltara un latido. Había tenido tanto miedo, había sentido tanta desesperación aquella semana al pensar que Korra podía llegar a odiarla, que esas simples palabras la llenaron de una calidez inimaginable que nació en la base de su estómago y que creció por cada rincón de su cuerpo.
Korra sintió el temblor en el cuerpo de Asami y no necesito oír para poder escuchar el suave sollozo que escapo de sus labios. Lagrimas cálidas comenzaron a caer en su cabellera, gotas amargas que le estrujaron de una dolorosa manera el corazón. Apretó los dientes, repentinamente rabiosa, furiosa con todos y con ella por hacer llorar a la joven entre sus brazos, porque Korra nunca pensó que odiaría tanto algo como el sentir llorar a su más grande amiga.
"No llores… Por favor." Le susurro separándose del cuerpo que abrazaba unos centímetros para observar el rostro húmedo de su compañera. Los ojos verdes que siempre brillaban de una manera encantadora, ahora estaban opacos por lágrimas que caían sin cesar.
"Lo siento Korra. Yo no quería… Nunca quise traicionarte. Nunca podría." Balbuceo la joven Sato, a pesar de saber que no sería escuchada. Necesitaba desahogarse. "Pasar cada día ayudando a los igualitarios, sabiendo que todo lo que construía podría dañarte a ti o a Bolin o a Mako, me destruía. Nunca creí que crear algo…" El sollozo que escapo de sus labios fue desgarrador. "Nunca pensé que hacer algo que amaba tanto podría ser tan doloroso." Admitió finalmente, sintiendo las suaves manos de Korra secarle los rastros de lágrimas. Cerró los ojos y se permitió llorar libremente.
Para Asami, aquella semana fue un verdadero martirio. Cada día pudo ver desde primera fila las grandes maquinas que su padre creaba, maquinas diseñadas para atacar, para atrapar, para matar maestros control. Cada día, pudo ver a cientos de personas ser encerradas y despojadas de su poder, de su esencia de vida, dejando solo despojos de personas vacías que se les fue arrebatado lo más primordial. Fueron imágenes tan terribles y repugnantes como lo sería ver a alguien ser descuartizado sin piedad frente a miles de personas.
"Todo estará bien." Aquellas palabras fueron dichas con una firmeza inimaginable. Como si fuera una verdad inamovible. Y Asami lo pudo ver en el brillo de los ojos de Korra. Por un instante, tras el color azul, vio destellos del inmenso poder que recorría por sus venas, el fuego, la tierra, el viento y el agua entremezclados en un brillo blanco que le transmitieron paz. Porque Korra, sin decirlo, sin hablarlo, le prometió con su mirada que la protegería siempre.
Y Asami sonrió. Se secó las lágrimas ante la atenta mirada de Korra, soltando suspiros en un intento de calmar el llanto. Se quedaron en silencio, mirándose con tranquilidad, transmitiéndose sentimientos que no eran necesarios decirlos en voz alta.
Después de lo que parecieron horas, Asami comenzó a pensar con tranquilidad y su inquieta mente comenzó a plantarse dudas. Frunció el ceño, observando el rostro calmo de la joven Avatar y una idea surgió en su mente. Le hizo una seña con la mano a Korra para que se quedara quieta, para luego encaminarse a uno de los muebles de su habitación. Abrió varios cajones, topándose con planes, libros, carpetas y finalmente lo que buscaba: su croquera de dibujo. La tomo y busco una página en blanco.
Korra la miraba sin perder detalle de ninguno de sus gestos y sonrió prediciendo lo que Asami haría.
¿Cómo llegaste aquí?
La sonrisa del Avatar se ensancho al repasar las letras de esa caligrafía tan impecable que conocía bien.
"Pabu me trajo."
Asami asintió, antes de volver a escribir.
¿Cuándo encontraste a Pabu?
Esta vez Korra frunció el ceño, algo dudosa.
"Hoy. Me encontró mientras me escondía en las calles de Ciudad Republica." Asami se llevó el dedo índice a la boca, indicándole que bajara el tono de voz. Un gesto que le pareció divertido a Korra, la cual no dudo en soltar una suave carcajada.
"Perdón, es difícil saber si hablo bien sin escuchar." Y se llevó el dedo índice a su oído derecho, rascándoselo con un gesto ceñudo.
Asami sonrió, negando con la cabeza.
Envié a Pabu hace una semana ¿Por qué demoró tanto en encontrarte?
Korra levanto ambas cejas, sorprendida, antes de acariciar a Pabu que llevaba escondido en su chaleco desde que lo encontró. Ahora entendia el cansancio del pequeño animal.
"Todos los que están en contra de Amon se refugiaron en la isla. Incluyendo a Mako y a Bolin." Esa simple respuesta fue todo lo que necesito saber Asami.
Tenemos que hacer algo pronto.
Las palabras fueron escritas con firmeza, una que fue correspondida por Korra.
"Si, tengo el presentimiento de que Amon no tardara en atacar la isla. Yo tenía que infiltrarme para espiar a los igualitarios… Pero no salió muy bien que digamos." Murmuro lo último, llevándose la mano a su cuello en un gesto nervioso.
Asami rio, negando suavemente. "Que voy a hacer contigo Korra." Dijo en un tono divertido, mirando los ojos azules que la escrutaban con curiosidad.
Porque no me sorprende…
"¡Oye!"
"¡Shhhh!"
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Lin Beifong tenía un mal presentimiento. Lo supo apenas entro con su escuadrón a un sector menos concurrido de la ciudad. Llevaban largas horas escondidos en diferentes puntos, observando y anotando con detalle cada movimiento de los igualitarios. Para su – desagradable – sorpresa, todos los lugares que hasta el momento habían revisado, estaban tomados por los seguidores de Amon. En las calles, a pesar de las altas horas de la noche, existía un constante movimiento de maquinaria, personas y rehenes que circulaban por las calles principales. Como si fuera un ejército al borde de la guerra.
Negó con la cabeza, resignada. Todo esto pintaba cada vez peor.
Levanto el metal que cubría su pie izquierdo con un suave e imperceptible movimiento de la mano, y toco con suavidad el suelo de piedra. Una imagen de un kilómetro a la redonda apareció en su mente, su cuerpo tensándose ante lo que podía ver.
Su presentimiento estaba acertado.
Después de todo, Lin Beifong tenía un instinto de hierro. Y este, jamás le había fallado.
"Retirada." Murmuro, mirando a los maestros control que la seguían. Eran apenas cuatro, que se observaron con cierto nerviosismo.
Lin apretó los dientes.
"¡Retirada! ¡¿A caso no escuchan?!"
Los presentes no tardaron en entrar en pánico. En cambio, Lin, acostumbrada a trabajar bajo presión, trazó una ruta de escape en su mente y no tardo en comenzar la carrera, esperando que alguno de los incompetentes fuera capaz de seguirle el ritmo. Eligio no cubrirse los pies para poder ver con claridad, y la tierra le advierto de un peligro que ya conocía.
Nunca pensó que él fuera tan listo. Siempre, siempre estando un paso adelante. Sus pies vieron por ella como su escuadrón era neutralizado con increíble rapidez. Como si llevaran horas asechándolos, como depredadores cazando a su presa y se hubieran lanzado a matar. Lin apretó los dientes con fuerza desmedida antes de detenerse, soltando un suspiro resignado. Levanto la mirada al cielo, dedicándose a observar aquellas estrellas en el firmamento despejado, buscando aquellas constelaciones que Tenzin hace tantos años le enseño. Ahí estaba Lupus, su constelación favorita y como cada vez que la veía, una calma la embriago.
Dio media vuelta para toparse con Amon, que le sonreía divertido tras su máscara.
"Todo lo que se dice de ti, Lin Beifong, es verdad. Tan fiel y leal e incapaz de dejar a un hombre atrás." Su voz le produjo un desagradable escalofrió a la fiera maestra tierra, que se negó a mostrar debilidad. Al contrario, le sonrió salvajemente, sus músculos listos para una batalla encarnizada por su honor, su vida y por su poder.
"Yo metí a estos inútiles en esta misión y yo los sacare." Fue su simple respuesta, antes de tomar una postura defensiva. No tuvo que recurrir a su habilidad para saber que estaba rodeada.
Amon le dedico una suave inclinación de cabeza, divertido.
"Si así lo deseas."
Y chasqueo los dedos.
En toda su carrera, Lin Beifong nunca había luchado con tanta fiereza ni contra tantos oponentes a la vez.
La constelación Lupus fue el único testigo de aquella lucha implacable por la libertad, único espectador que vio como una mujer luchaba con la fiereza de un lobo y que caía, ante un enemigo superior.
Amon aquella noche rio viendo las estrellas, antes de tocar la frente ensangrentada de Lin y quitarle lo único que le quedaba en la vida.
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"¡Korra! ¡Esto es serio, por Raava!" Exclamo Asami, tratando de calmar la risa que la envolvía. Korra volvió a hacer gestos con Pabu en sus brazos, que buscaban imitar el rostro del animal en un intento de hacer reír a su compañera. Inclinaba la cabeza al mismo tiempo que Pabu, haciendo gestos con la boca y achinando los ojos, sonriendo cada vez que veía a Asami soltar una carcajada.
Llevaban más de una hora ahí, ambas sentadas hombro con hombro en el borde de la cama, con Asami sosteniendo hojas en blanco y un lápiz respectivamente en cada mano. Hablando de todo y de nada, contándose todo lo vivido en esa larga semana que habían estado separadas. Desde la desaparición de Ikki y Meelo, hasta la traición de Hiroshi Sato. Nada fue guardado, nada fue ocultado, cada vestigio de lo sufrido fue presentado ante la otra, quitándoles un peso de encima y sintiendo que la carga que llevaban se aligeraba con cada palabra dicha y escrita.
Pero lamentablemente, no todo puede durar para siempre.
Los golpes a la puerta fueron firmes, secos y sonoros. Asami tenso todo su cuerpo y se lanzó sobre Korra, tapándole la boca, mirándola a los ojos con rastros de pánico. Se quedaron inmóviles, esperando en silencio hasta que los golpes se repitieron con más insistencia. La joven Sato tomo una hoja en blanco y con trazos temblorosos escribió:
Escóndete Korra.
Y la joven Avatar obedeció. Se lanzó al suelo, arrastrándose con los codos y las piernas hasta quedar bajo la cama. La joven Sato trago, sintiendo el nudo del pánico en su garganta. Se levantó con las manos empuñadas hasta acercarse a la puerta. Le quito el seguro con un suave Click que lleno toda la habitación, tomo aire, calmándose y de un suave movimiento, entreabrió la puerta.
"¿Qué sucede?"
Se topó con la máscara de uno de los igualitarios, que la miraba inexpresivamente. Estaba parado, firmemente al otro lado de la puerta, examinándola con aire crítico.
"Amon necesita de su presencia." Las palabras fueron claras, y sin detallar nada más, se dio media vuelta antes de desaparecer por los pasillos. Asami se quedó parada ahí, observándolo desaparecer con los nervios a flor de piel. Cuando estuvo segura que no quedaba nadie fuera de su habitación, atranco la puerta con cuidado y el Click del seguro volvió a inundar la habitación.
Cerró los ojos aliviada antes de dar unos pasos hacia atrás, agacharse frente a la cama y mirar a Korra. La joven Avatar la miraba con los ojos desmesuradamente abiertos, con claros vestigios de miedo, pero se tranquilizó de inmediato ante la sonrisa que le regalo. Le hizo un gesto con la mano, antes de ponerse en pie y encaminarse hacia su escritorio. Tomo una pluma y comenzó a rallar la hoja mientras escuchaba el sonido que Korra hacia al salir de su escondite, y no pudo evitar negar con la cabeza, mientras sonreía, al escuchar un sonoro golpe y una exclamación de dolor.
Tan, tan torpe como siempre.
Cuando sintió una mano sobre su hombro, giro la cabeza con el papel ya escrito en la mano.
Korra lo tomo de un rápido movimiento.
Tienes que irte. Amon me mando a llamar.
Korra negó fuertemente con la cabeza.
"Ni loca te dejare ir sola."
Asami soltó un bufido, antes de arrebatarle el papel y volver a escribir.
Se defenderme sola, maldita necia. Tienes que irte, es por tu seguridad. Estaré bien.
Pero Korra simplemente se cruzó de brazos y la miro con molestia. Le dio la espalda, antes de lanzarse boca arriba sobre la cama.
"No me iré hasta que vuelvas."
"Por Raava…" Gruño Asami, estrujando la hoja con molestia. "¿Tienes que ser tan terca siempre?" Mascullo irritada.
Se quedaron en silencio, Korra mirando fijamente el techo con el ceño fruncido. Al final la joven Sato simplemente soltó un suspiro, negando con la cabeza. Se acercó a paso lento hasta pararse junto a la cama y estiro una mano. Toco la mejilla de Korra en una caricia apenas perceptible y la miro fijamente a los ojos.
Korra le sonrió de lado.
La joven Sato volvió a soltar un suspiro resignado antes de caminar hacia la puerta. Le dedico una última mirada de reojo, grabando en su memoria el perfil serio del Avatar.
Cerró la puerta con llave, antes de recorrer los pasillos a paso rápido. Un extraño presentimiento la invadía. Después de todo, una reunión a las 4 de la mañana nunca podía significar algo bueno ¿No? Y con esos pensamientos funestos, recorrió el gigantesco cuartel principal de los igualitarios, mascullando por lo bajo palaras para tranquilizarse.
Se detuvo frente a una puerta de roble, finamente tallada con signos y emblemas que desconocía en su totalidad. Levanto una de sus manos y sus ojos involuntariamente se detuvieron en un extraño logo que le llamo especialmente la atención.
Ø
Sacudió la cabeza, tratando de concentrarse y toco suavemente la puerta. No paso ni un segundo antes de que esta fuera abierta con brusquedad y el rostro envejecido de su padre la recibió. Llevaba su usual traje de trabajo, con la corbata roja anudada perfectamente y una sonrisa ladina en sus labios cubiertos de bello facial.
Trato de responderle la sonrisa, pero lo único que consiguió fue formar una mueca nerviosa.
"Entra hija. La reunión ya empezó."
"¿Reunión?" Murmuro Asami, mirándolo con las cejas fruncidas. "Son las 4 de la mañana padre ¿Qué pudo ser tan importante para…?"
Se quedó en silencio cuando su padre le permitió entrar. La imagen que recibió fue sobrecogedora.
Ahí estaba Amon, sentado en su fino escritorio de caoba, mirándola fijamente a través de su máscara. A su alrededor, varios hombres la miraban de igual manera. Pero no fue eso lo que le produjo escalofríos, si no lo que estaba a los pies de los presentes, en medio de la habitación.
Nunca creyó ver a Lin Beifong en aquel estado. Su ropaje sucio y harapiento, cubierta de sangre y tierra por igual. Bajo sus ojos, ojeras negras enmarcaban un rostro en ruinas, humillado sin apenas vestigios de lo que fue. Pero los ojos grises y fríos seguían brillando con esa determinación que la caracterizaban y se sintió atravesada por esa fiera mirada que le taladro hasta el alma.
Escucho la risa escalofriante de Amon, que inundo toda la habitación de una forma tenebrosa. Los presentes sonrieron de igual manera, con los ojos brillantes en diversión y poder.
"Si señorita Sato, sus ojos no la engañan. Ahí está la magnífica líder de los policías, a mis pies."
Asami trago saliva despacio, sin poder dejar de observar los ojos de Lin que la miraban como si deseara estrangularla con sus propias manos. Tuvo que carraspear para que su voz no saliera temblorosa.
"¿Cuándo la capturaron?"
No pudo verlo, pero sintió con perfecta claridad como la sonrisa de Amon se extendía tras su máscara.
"Hace apenas una hora. Fue una sorpresa verla entrar a Ciudad Republica tan libremente. Como si aún creyera tener algo de poder sobre este lugar." Su tono cargado de burla logro que Lin desde su humillante lugar, temblara en rabia contenida. "Pero más fue mi sorpresa, al verla entrar con nada menos que el Avatar…"
Asami estuvo a punto de entrar en pánico.
Amon no dejaba de verla fijamente, como si tratara de leerle el pensamiento. Como si supiera algo que nadie más podía percibir. Pero la joven Sato resistió el escrutinio con la frente en alto, sin permitir mostrar el miedo que la envolvía desde la profundidad de sus entrañas.
Finalmente, el líder de los igualitarios inclino la cabeza hacia un lado. Uno de sus seguidores se acercó a Lin y tomo la cadena que mantenía sus muñecas firmemente atadas. Sin ningún tipo de consideración, comenzó a tirarla haciendo que la maestra tierra se pusiera en pie a duras penas. Comenzó a arrastrarla con suaves empujones, hasta que pasaron junto a Asami. Esta se mantuvo firme, tratando de no mostrar debilidad ante los ojos grises de Lin que nunca dejaron de mirarla.
Cuando la puerta volvió a cerrarse, el silencio que envolvió la sala fue distinto. Una clara expectación rodeaba a cada uno de los presentes, que miraban fijamente a su líder con emoción contenida.
"Todo está listo. Con Lin Beifong fuera del camino, el único obstáculo que nos queda es el más difícil del todos: El Avatar." Detuvo su hablar, girando el rostro con cuidado y examinando a cada uno de los presentes. Todos eran sus más fieles siervos, los líderes de cada una de sus divisiones. Se detuvo unos segundos de más en el rostro de la joven Sato, que trago saliva. "Ahora, comenzara a ejecutarse el plan Delta. Y señorita Sato." La nombrada estuvo a punto de saltar en su lugar. "Es hora de que demuestre su lealtad a esta noble causa. Su padre ha sido un fiel seguidor desde los inicios de esta revolución y junto a usted, tendrán el honor de cumplir la misión más importante."
El presentimiento que había llenado a Asami se intensifico. Sintió un miedo terrible inundar su interior.
Amon se acomodó en su asiento, cruzándose de brazos elegantemente. "Su misión es capturar al Avatar y traerlo ante mí."
Los murmullos llenaron la sala, como un preludio a una implacable tormenta.
Asami sintió que el mundo se le venía encima en cuestión de segundos. Sintió la fuerte y en antaño, cálida mano de su padre posarse sobre su hombro. Ahora la sentía como una garra fría, que la amarraba a un destino horroroso. Sus piernas temblaron pero contuvo el pánico que la envolvió, para asentir con firmeza, tratando de demostrar una seguridad que jamás existiría en ella.
"Es hora hija." La voz de su padre le produjo escalofríos ¿Cómo era posible que una voz que siempre amo, ahora le produjera tanto repudio y dolor? Giro lentamente la cabeza hasta toparse con los ojos rojizos de su progenitor, que la miraban con dulzura. Ese tipo de mirada le produjo nauseas desde los más profundo de su ser. "Ve a descansar unas horas. Tienes que estar preparada para mañana." Hiroshi tomo con suavidad su brazo y realizo una inclinación de respeto al líder de los igualitarios, antes de sacarla de la habitación a paso calmado. Asami pudo sentir la mirada de Amon clavada a su espalda como un puñal enterrado en su corazón. Se dejó guiar por su padre, que la llevo por los largos pasillos en un total silencio, permitiéndola tranquilizarse. Porque a pesar de todo, Hiroshi Sato seguía siendo el hombre que la vio nacer y la conocía mejor que nadie, sin importar que ese amor fuera ensombrecido por su sed de venganza. Le dio el tiempo necesario para que su mente asimilara la situación y se calmara, tiempo que Asami aprovecho totalmente.
"Padre… ¿Qué pasara con la isla del aire?"
Hiroshi la miro de reojo, intrigado por la pregunta. "¿Por qué te interesa saberlo?"
La brillante mente de la joven Sato trabajo a la velocidad del rayo. "Solo curiosidad. Es el único lugar que queda que se opone a nosotros ¿No?" Supo inmediatamente que su elección de palabras fue la correcta. Su padre sonrió con satisfacción al escucharla hablar de esa forma, aceptando de buena gana que ahora formaba parte de los igualitarios.
"Ese es el plan Delta, querida. Fue uno que elabore yo mismo." Dijo lo último con gran orgullo. "Invadiremos aquella burda isla por aire y por mar, impidiendo cualquier escape. Especialmente para que ningún maestro aire pueda escapar volando."
Asami sintió que el nudo en su garganta se volvía abrazador. Cerró los ojos unos instantes, tratando de asimilar todo. "¿C-Cuando…?" Murmuro apenas, acongojada. Su padre la miro de soslayo con interrogación. La joven Sato tuvo que carraspear, en un intento de recomponerse. Soltó un suspiro antes de levantar la mirada. "¿Cuándo atacaran la isla, padre?"
Hiroshi la miro fijamente por largos segundos. Lentamente, desde su poblado bigote, la comisura de sus labios se extendieron hacia arriba formando una escalofriante sonrisa.
"En este mismo instante, hija."
La boca de Asami se secó. Trato, por todos los medios, de calmar su agitada respiración. Estuvo a punto de caer en una crisis nerviosa, pero el recuerdo de los ojos de Korra logró calmarla lo suficiente para poder seguir caminando junto a su padre.
"¿Y… Que haremos con… El Avatar?" Se atrevió a preguntar, a duras penas. Su padre al parecer comprendió de cierta forma su congoja, mirándola con compasión.
"En este momento cientos de igualitarios recorren Ciudad República buscándola. Donde sea que este escondida, no tardaremos en encontrarla. Y ahora que su único lugar seguro desaparecerá, será fácil que tú y yo la derrotemos." La firme mano de Hiroshi sostuvo la de su hija con cariño. Acaricio con su pulgar los nudillos de su primogénita antes de soltar un largo suspiro. "Quizás…" Comenzó murmurando a duras penas. "Quizás Amon la deje ir una vez que le quite los poderes." Asami abrió los ojos, sorprendida. "No tienes que preocuparte hija, tratare de hacer algo por ella." El tono de voz de Hiroshi era apenas perceptible, como si temiera que alguien más pudiera escucharlo decir aquella blasfemia. Y a pesar de todo, a pesar de estar contra la espalda y la pared, Asami sintió un repentino, abrazador, profundo amor por su padre que nació de todo el revoltijo de emociones contenidas.
Lo miro al borde de las lágrimas y lo abrazo con desesperación.
"Gracias papá." Le dijo al oído, en un intento de quitar la culpa que la invadía. Porque a pesar de todo, terminaría traicionándolo. Era algo imposible de impedir.
"De nada cariño."
La dejo frente a su habitación, regalándole una última caricia en la mejilla antes de dar media vuelta y desaparecer por uno de los pasillos.
Asami observo su firme espalda, que por años había observado a la distancia con admiración, con amor.
"Perdón papá."
Saco la llave de su bolsillo y abrió la puerta de la habitación con los ojos acuosos. Apenas entro, unos ojos azules la miraron con intensidad. No pudo evitar sonreír por lo bajo, repentinamente más tranquila al tenerla ahí, a su lado, acompañándola. La soledad que la envolvía se evaporo como agua frente a una hoguera, inundándola de una suave esperanza.
Porque a pesar de todo el dolor, sabía que estaba haciendo lo correcto.
"Amon, nunca triunfaras." Se prometió férreamente, grabando esas palabras a fuego en su mente, como una mantra que la guiaría hasta el final.
Korra se levantó desde su lugar con el ceño fruncido, como si pudiera sentir que algo no iba bien.
"¿Estas bien?" Aquella simple pregunta la hizo sonreír ¿Cómo podía pensar en ella cuando era su vida la que peligraba? Se acercó a paso lento, sin dejar de mirarla. Con algo de vergüenza, la abrazo, recostando su cabeza en el hombro de Korra. Necesitaba sentir aquella calidez que había descubierto hace poco, esa sensación de cercanía y tranquilidad que la envolvía con solo tenerla entre sus brazos.
Sonrió por lo bajo al sentir su cuerpo rígido, pero algo se derritió dentro de su estómago al sentirla devolverle el gesto.
Se quedó ahí, disfrutando de su calor, aceptando que quizás aquellas muestras de cariño se volverían algo habitual en su relación. No podría describir lo adictivo que era sentirla tan cerca.
"¿Asami…? ¿Qué pasa?" La voz de Korra salió varios decibeles más altos de lo necesario debido a la preocupación y a la falta de audición. Asami refregó su frente contra su hombro, como si fuera un felino en busca de cariño. No deseaba separarse, pero así lo hizo y miro a los ojos a Korra, que le regresaba la mirada con los ojos brillando en preocupación. Estuvo a punto de soltar todo lo que tenía en mente, de pura costumbre, pero la realidad la golpeo de lleno.
Aun le costaba asimilar que su compañera, el Avatar, no podía escucharla.
Frunció los labios antes de soltar un suspiro, y a regañitos se separó de los brazos de Korra. Busco con la mirada una hoja, hasta que vio varias tiradas a un costado de la cama. Se sentó en el borde, haciéndole una seña a Korra para que la acompañara. Esta no dudo en obedecer, sin dejar de examinarla con detalle, como si buscara alguna herida en su cuerpo. Esto la hizo volver a sonreír.
Tengo malas noticias.
Las palabras escritas con letra pulcra, hicieron que el rostro de Korra se contrajera por la preocupación.
"¿Qué pasa? ¿Te hicieron algo?"
Asami negó suavemente con la cabeza.
Malas noticias… Para ti.
La joven Avatar abrió la boca, antes de inclinarse de hombros como si aquello no fuera importante.
"Bah, estoy rodeada de problemas. Uno mas no me hará mal."
Asami golpeo su hombro, molesta, logrando que Korra soltara una risita traviesa.
Esto es serio Korra.
La nombrada - ¿O escrita? – soltó un bufido resignado, antes de tomar una postura seria.
"Suéltalo de una vez."
Asami la miro fijamente, sus ojos destellantes en preocupación pura. Apretó los labios con fuerza, tratando de ordenar las ideas de su mente. Tenía que preparar un plan para salvar la situación, pero ¿Cómo? Conocía a Korra como la palma de su mano, así que sabía que lanzarle la noticia de que la isla del aire iba a ser a atacada – o peor, estaba siendo atacada – la haría enloquecer y lanzarse por la ventana como un demonio, en dirección a su adorado hogar.
Se masajeo la cien, pensando.
No podía dejarla ir. Irónicamente, el lugar más seguro estaba ahí, en el cuartel general de los igualitarios. Nadie nunca sospecharía que el Avatar se escondía bajo las propias narices de Amon. Aquel curso de pensamientos la llevo a analizar cada una de las posibilidades a una velocidad vertiginosa. Korra, que la veía fijamente, pudo casi sentir con perfecta claridad los engranajes de la mente de Asami trabajar a todo motor.
La joven Avatar levanto una ceja, curiosa, pero no quiso interrumpir a su compañera. Conocía esa expresión. Asami estaba creando un plan y sus planes siempre salían bien. Aunque al final no salieran bien ¿A qué se refería con esto? A que su fe en Asami era tan grande, que sus planes para ella siempre resultarían perfectos, correctos, la mejor opción.
La primogénita de los Sato se puso en pie, acercándose a su escritorio. Abrió uno de los cajones y extrajo un papel grande, doblado en diferentes partes. Lo extendió, mostrando un gigantesco mapa de Ciudad República que extendió en el suelo. Camino a su alrededor, observando cada detalle como un león observando a su presa. Luego, busco frenéticamente entre las cientos de carpetas que estaban en uno de sus estantes, hasta encontrar una que le llamo la atención. Korra vio como leía con cuidado cada hoja, antes de sonreír.
Y la joven Avatar sonrió por igual, sabiendo de antemano que la Sato ya tenía un plan en mente.
Asami tomo varias hojas, comenzando a escribir frenéticamente. Después de varios minutos, le extendió los papeles, los cuales tomo de manera ansiosa.
Korra, necesito que te quedes aquí hasta mañana. Por favor, no te muevas, es peligroso salir para ti ahora mismo. Ciudad República está repleta de igualitarios que te buscan. Y mi misión, junto con mi padre, es atraparte y llevarte ante Amon.
Cuando Korra leyó lo último, abrió los ojos de golpe. Estuvo a punto de decir algo, pero Asami la cayó de un gesto, incitándola a seguir leyendo.
En la mañana, mi padre pondrá en marcha su plan para buscarte y tendré que estar ahí para ayudarlo. Mientras tanto, te esconderás aquí hasta que yo te diga ¡Y no te estoy preguntando nada de esto! Es una orden.
La joven Avatar frunció el ceño. A ella nadie le daba órdenes, pero al levantar la mirada para rebatir ese punto, los ojos de Asami la atravesaron con fiereza. Trago saliva lentamente, antes de soltar un suspiro resignado y seguir leyendo.
Ahora saldré a las calles y tratare de colocarme en contacto con las Fuerzas Unidas, para pedir que envíen refuerzos. No sospecharan nada de mí, porque llevare puesto el uniforme de los igualitarios. Una vez que hable con el hermano de Tenzin, vendré a buscarte.
Y por favor, no salgas corriendo por la ventana.
Amon atacara esta noche a la isla de aire. No podremos hacer nada por ellos.
No.
Korra no podía creer eso último. La furia inundo su ser de una manera embriagadora, poderosa, abrazadora. Estrujo las hojas entre sus manos hasta quemarlas con su fuego control, su mente nublada por las emociones sobrecogedoras mientras que flashes de los rostros de todos sus conocidos pasaban ante sus ojos a una velocidad increíble.
"No. Iré ahora Asami ¡Y no podrás detenerme!"
Korra jamás dejaría a sus amigos, a Mako, a su familia a merced de esos igualitarios. Nunca.
Se levantó de golpe. Unas manos la tomaron por los hombros pero se negó a quedarse quieta, moviéndose con brusquedad.
"Asami ¡Iré! No me puedes impedir eso."
Abrió los ojos de golpe al sentir unas manos que envolvían sus mejillas y ante su vista aparecieron unos ojos verdes. Nunca los había visto desde tan cerca.
Asami trato de transmitirle todo lo que no podía decir en voz alta.
No hagas eso.
Te van a atrapar.
Si vas, todo terminara.
Confía en mí.
Korra mordió su labio inferior con tanta fuerza que este comenzó a sangrar. Sintió el pulgar de Asami limpiar los rastros rojizos de la barbilla, un gesto que la hizo escarmentar. Al final, soltó un suspiro sin dejar de examinar las orbes verdes.
Todo su instinto le gritaba que saliera por la ventana a defender su hogar. Pero en ese momento, descubrió que había algo más fuerte que sus ideales.
"Está bien. Me quedare."
Poso su mano sobre la de Asami.
"Confió en ti."
La sonrisa de la joven Sato fue toda la recompensa que Korra necesito.
-x-
Bumi estaba considerando seriamente jubilarse aquella noche. Había sido un día agotador, repleto de simulacros de guerra, entrenamiento con los nuevos reclutas y acondicionamiento de las nuevas máquinas que habían arribado ese mismo día de Industrias Globales Varrick. Tuvo que examinarlas con detalle, verificar que todo estuviera en orden y hacerlas funcionar ¿Y si eso era todo? Pues no, además, tenía que escribir un informe detallado con toda la información que recolecto aquel día para enviarlo a primera hora a los altos mandos.
Informe que recién termino de completar.
"¿Por qué no me fui al circo?" Mascullo irritado, masajeándose el cuello con molestia. Observo la hora en su reloj de muñeca y estuvo a punto de arrancarse los pelos de la barba ¡Las 5 de la mañana, por los espíritus!
"Y así el maldito de Tenzin dice que no trabajo ¡Cuando lo vea se lo refregare en la cara!" Hablo para sí, rememorando el rostro de su hermano menor. No recordaba la última vez que lo vio, ni a su dulce esposa ni a sus adorados sobrinos. Repaso en su mente las vacaciones que llevaba acumuladas y decidió que un día, más pronto que tarde, le haría una visita sorpresa. Y llamaría a Kya para que lo acompañe. No era lo mismo molestar a Tenzin sin su hermana.
Soltó una risotada estruendosa, recordando momentos de su infancia.
"Eh... ¿Comandante Bumi?"
"¡AH!" Soltó un grito, de todo menos varonil al ver a un joven cadete asomado en la puerta de su oficina. "Por Raava muchacho, casi matas de un infarto a tu comandante ¡Mira ya que estoy viejo!"
El joven maestro fuego salto en su lugar, sobresaltado antes de realizar una profunda reverencia. "Me disculpo comandante. Pero… Tiene una llamada."
Bumi arqueo su poblada ceja ¿Quién en su sano juicio llamaba a esas horas de la madrugada?
"¿De quién?" Pregunto simplemente, soltando un suspiro. La idea de que fuera uno de los altos mandos, lo hizo estremecer ¡Mas trabajo! ¡Lo que le faltaba! "Ya me voy a casa, diles que estoy ocupada. No, mejor diles que estoy durmiendo ¡Debería estarlo muchacho! Son las 5 de la mañana." Mascullo molesto.
"Pero comandante… Dice que es urgente…"
"¡Me importa bien poco! A menos que sea el mismísimo señor del fuego, no pienso recibir esa llamada." Generalmente no era así. Siempre había sido un hombre carismático, amable, risueño y extremadamente guapo, pero no se encontraba de humor para nada más que una mullida cama y una taza de café.
"Sí señor." Exclamo el cadete, inclinando suavemente la cabeza. Estuvo a punto de cerrar la puerta hasta que recordó algo importante. "Dice que es de parte de Tenzin…"
Eso hizo que toda la mente de Bumi – que estaba imaginando su cama y cuantas horas dormiría en ella – se centrara en el joven frente a él.
"¿De mi hermano pequeño?" Eso sí que era nuevo. Tenzin nunca, jamás de los jamases llamaba. A menos que fuera una situación de vida o muerte. "¿Te dijo quién era?
"No señor… Solo dijo que era urgente. Suena como una joven mujer, señor."
Bumi sonrió.
"¡Por que no dijiste eso desde el principio muchacho! Quizás sea una admiradora, ponla de inmediato a mi línea."
El joven muchacho sintió una gota de sudor caer por su cien.
"Si comandante…"
Bumi observo como el joven cerraba la puerta, y comenzó a acomodarse el cabello. Se arregló la corbata, carraspeo varias veces, y practico su sonrisa conquistadora a pesar de saber de ante mano que solo era una llamada.
Cuando el teléfono de su escritorio comenzó a sonar, dejo que pasara unos segundos.
Primera técnica de conquista del comandante Bumi ¡Siempre hazte el difícil!
Exclamo en su mente, antes de contestar el celular y usando su mejor tono de casanova, hablo.
"¿Diga?"
"¿Hablo con el comandante Bumi?"
La voz era suave y femenina. Eso hizo que Bumi sonriera aún más.
"Con él madame ¿En qué puedo ayudarla?"
"Comandante Bumi, le pido por favor que actué con prudencia después de lo que le contare…"
"No se preocupe madame, soy un hombre de un temple irrompible, no existe nada en este mundo que pueda alterar al gran Bumi."
"Su hermano Tenzin se encuentra en grave peligro y sus sobrinos están secuestrados…"
"¡¿QUÉ?!" El grito resonó por todo el cuartel de las Fuerzas Unidas. Asami, que se encontraba dentro de su oficina en Industrias Futuro, tuvo que alejar el teléfono de su oído para no quedar sorda. Quizás no debió ser tan directa, se recrimino mentalmente.
"¡¿Mis sobrinos están bien?! ¿¡Y el inútil de Tenzin donde esta!?"
"Comandante Bumi, le pido que se tranquilice. No creo que nada de lo que sucede en este momento en Ciudad Republica se haya filtrado aun, Amon planeo con detalle cada cosa."
"¿Quién es Amon muchacha? ¿De que estas hablando? Lo último que se me fue informado es que en Ciudad Republica las cosas están a pedir de boca."
"Lamento decirle que no es así. Un hombre llamado Amon lidero una revolución en contra de todos los maestros control de la ciudad. En este momento el único lugar que aún se encuentra libre de su poder es la isla del aire, pero temo que no pasaran de esta noche…"
"Muchacha, te juro que si me estas tomando el pelo, te arrepentirás. Jugarle una broma al Gran Bumi es castigo con la muerte en mi nación."
Una gota de sudor bajo por la frente de Asami ¿De qué nación hablaba? ¿No había nacido en Ciudad República?"
"Eh… Sí señor, le juro que nada de esto es una broma…"
"¡Pues bien! No se diga más, movilizare ahora mismo mis tropas. No se preocupe señorita, el comandante Bumi ira en su ayuda y rescatara a ese inútil de Tenzin."
"Espere señor, le pido que no se precipite. No sabe con quién se está enfrentando. Amon anticipo que alguien pudiera pedir ayuda a las fuerzas unidas y tiene minas anti-buques rodeando todo el puerto principal, junto con un ejército de Biplanos para atacar desde el aire.
"Vaya, ese tal Amon sí que piensa en todo."
"Ni se lo imagina, señor…"
"¿Y cómo sabes todo eso muchacha? ¿Eres una espía?"
Asami pestañeo varias veces, sorprendida. Vaya que había subestimado al tal Bumi. No era tan idiota como hacia parecer.
"Sí. Soy una amiga del Avatar que se infiltro entre los seguidores de Amon."
"Vaya, tiene agalla madame ¿No te gustaría salir con Bumi después de que todo este enredo termine?"
"Comandante Bumi… Esto es serio."
"Si, si, tranquila muchacha. No te pongas nerviosa. Podemos hablarlo después"
Asami se llevó una mano a la frente, masajeándose la cien, contrariada. Nunca pensó que el hermano de Tenzin tuviera una personalidad tan… peculiar. [NT: Y aun no conoces a Varrick, querida Asami.]
"¿Qué es lo que propones entonces?"
"Escuche por rumores de que industrias Varrick había producido una nueva maquinaria. Si no me equivoco, se llamaban submarinos…"
"¡Aja! Entiendo tu plan, muchacha ¿Tienes idea de algún punto débil en su defensa?"
Asami revolvió los papeles que tenía sobre su escritorio rápidamente.
"Deme un segundo… Si, si no me equivoco Amon centro casi todas sus fuerzas justo frente al puerto."
"Entonces no tiene seguridad por la parte trasera ¿No? Hay un muelle abandonado en la parte más pobre de Ciudad Republica."
Nuevamente Asami revolvió los papeles que sostenía, tratando de corroborar si aquello era verdad. Para su sorpresa, no tardo en encontrar viejos papeles que hablaban del primer muelle que se construyó en Ciudad republica hace ya casi 70 años.
"No, no se equivoca comandante."
"Bien, yo mismo arribare con mis tropas dentro de un par de horas. Espero que tenga un comité de bienvenida esperándonos. Luego ¡Atacaremos desde dentro! ¡No hay nada menos esperado que un ataque sorpresa!"
Asami no pudo evitar sonreír. Aquel hombre sí que tenía varias sorpresas ocultas bajo la manga…
"Ahí lo esperare comandante, junto con el Avatar."
"¡No se diga más! ¡Hasta luego señorita!"
Lo último que escucho fue el suave pitido de la línea. Soltó un suspiro, antes de levantarse de su silla. Se colocó el casco de los igualitarios, antes de seguir en marcha con la siguiente parte del plan.
Recolectar la mayor información posible.
Tenía una corazonada. Existía un lugar que Amon siempre mantenía bajo extrema vigilancia. Quizás, ahí encontraría algo de utilidad.
-x-
Y no estaba equivocada. La conversación con Tarrlok fue reveladora.
¿Amon, un maestro agua? No, era peor que eso.
Un legendario maestro sangre, con un ejército detrás.
Su miedo por aquel personaje solo había crecido con aquella revelación. Cruel, malvado, mentiroso, un estratega de primera sin reparos en usar a cualquiera para lograr sus fines. Pero a pesar de todo, la información nueva cambiaba de manera drástica los planes que tenía. Ahora una oportunidad se le presentaba, más clara y sencilla para derrocar a aquel tirano sin la necesidad de derramar sangre.
"No creo que a Korra le guste mucho la idea… Pero la convenceré al final."
Lo que Asami no sabía, es que pronto todo se iría por la borda.
-x-
Korra estaba terriblemente aburrida.
Desde que Asami salió por la ventana, se había pasado dando vueltas en la habitación como un león enjaulado ¿Y que más le podían pedir? No era propio de ella quedarse ahí, sin hacer nada, sabiendo de antemano que todos a los que quería estaban en peligro.
¿Qué cómo hizo Korra para no lanzarse de cara a Amon?
Simple.
Dormir.
Cayó rendida cuando ya había amanecido, envuelta entre sabanas de seda que tenían el suave y dulce olor a jazmín de Asami. Era increíble como aquel descubrimiento le trajo una calma que le permitió soportar de mejor manera las horas de espera.
Lamentablemente, a medio día despertó de golpe, desorientada y con miles de pensamientos confusos en mente. Como cada vez que su consciencia salía del mundo de los sueños, su mente trabajo toda velocidad ante el insólito hecho de no escuchar nada. Porque sin importar cuantos días pasaran, su cerebro se negaba a asimilar la falta de uno de sus sentidos, como una extremidad fantasma que continuamente le producía picazón. Irritante, doloroso, triste.
Se estiro para despertar sus entumecidos músculos, recordando repentinamente en donde estaba, como había llegado y especialmente, él por qué seguía ahí. Y los sentimientos que la habían llevado al borde de la locura la noche anterior, volvieron a inundarla como un torbellino implacable.
Observaba continuamente por la ventana, esperando ver algún vestigio de Asami. Después de estar largo rato sentada, tratando de calmarse con el suave olor a jazmín que inundaba toda la habitación, comenzó a dar vueltas por el cuarto en busca de algún mensaje. Lo único que encontró fue una nota pulcra, escrita a mano, con una caligrafía que conocía muy bien.
No te muevas.
Soltó un suspiro, antes de volver a tirarse a la cama con la nota en mano. Observo el techo, tratando de encontrar alguna distracción, pero lo único que consiguió fue toparse con uno de sus peores enemigos: el aburrimiento. Su cuerpo le pedía movimiento, sus manos le picaban ante la idea de seguir ahí encerrada por más tiempo sin hacer absolutamente nada.
Pabu fue una gran ayuda en aquel momento. Salió de debajo de las sabanas, en donde llevaba escondido toda la mañana. Korra lo observo con una sonrisa, notando que los ojos de la pequeña mascota ya comenzaban a brillar con su usual energía.
"Pabu ¿Qué podemos hacer?" Le pregunto al animal, observando como movía la nariz y soltaba chillidos que no pudo escuchar. Soltó un suspiro, antes de acariciar la cabeza del hurón, que se restregó contra su mano como un felino. Poco le falto para comenzar a ronronear, para la diversión de la joven Avatar.
De la nada, una idea surgió en su mente, como una bombilla iluminando la oscuridad. Salto de la cama de un ágil movimiento, antes de sentarse a meditar en el frio suelo. Para su desgracia, todo el edificio estaba hecho de platino puro, y no podía usar su sentido sísmico, el cual solo funcionaba con tierra o en su defecto, con metal.
Soltó un largo suspiro, calmando su respiración y contando los latidos de su corazón. Cada vez le costaba menos entrar en aquel estado de placidez que la llevaba a apagar su mente, permitiéndole sentir todo a su alrededor con extrema claridad o al contrario, si así lo deseaba, esconderse del mundo dentro de la oscuridad de sus pensamientos.
Sin darse cuenta, su entorno dejo de tener importancia. Se desconectó de aquel mundo terrenal para hundirse en las profundidades de su mente, que la llevo por pasajes y recuerdos que se entremezclaban entre sí. Un fondo blanco, paisajes coloridos, rostros desconocidos, animales salvajes, espíritus que vagaban en libertad, su mente la llevo a lugares inexplicables y hermosos hasta que finalmente llego a aquel lugar.
Aquel lugar que siempre tocaba sin apenas entender lo que significaba. Tenzin jamás le explico la capacidad innata que llevaba dentro de tocar el mundo espiritual con solo su capacidad mental. El hijo de Aang, encontraba que todo ese tema aún era demasiado avanzado para los límites que Korra poseía con sus poderes y con su control con los elementos, muy a pesar de lo que ella pensara.
Por esa razón, Korra jamás pudo explicarle a nadie a donde su mente iba cada vez que meditaba. Era un lugar desconocido, totalmente inhóspito, que podía llegar a ver cuándo mandaba a su mente a una abstracción de la realidad. Siempre que lo visitaba, lo único que Korra podía sentir era nada.
Una nada absoluta, infinita, un espacio tan grande que ninguna mente humana sería capaz de asimilar. La joven Avatar siempre disfrutaba perderse en la inmensidad de aquel mundo perdido, caminar simplemente por el placer de hacerlo sin tener ningún lugar al cual llegar.
Ni si quiera ella sabía que el mundo que visitaba con cada meditación, era el limbo que existía entre el mundo de los espíritus y el mundo terrenal. Un lugar inhóspito y perdido, desconocido y sin nombre.
Nadie jamás se había dado el trabajo de explorarlo, como Korra lo hacía continuamente. A pesar de no haber nada, aquel lugar le traía una inexplicable paz y un deseo inamovible de encontrar algo en todo ese vacío. Una parte de si, sabía que ahí dentro había algo.
Pero aun no era el momento para encontrarlo.
De golpe despertó.
Pestañeo varias veces, sorprendida, su mente lentamente volviendo a su cuerpo.
Y sus ojos se toparon con un rostro que nunca podría olvidar. No, con una máscara que la perseguía en sus más oscuras pesadillas.
"Bienvenida."
La voz de Amon resonó por toda la habitación, y a pesar de que Korra no pudo escucharla, un escalofrió la envolvió como si su cuerpo pudiera sentirla de alguna manera.
"Si no hubieras entrado a aquel lugar, nunca habría descubierto que estabas escondida aquí, joven Avatar."
Korra lo observo fijamente, tratando de no entrar en pánico.
"Quien hubiera pensado que no era el único capaz de tocar ese mundo… Me sorprendes, Korra." Amon examino los ojos azules que lo atravesaban con odio. Se quedó callado, esperando alguna respuesta contundente, pero para su extrañeza, no recibió ninguna respuesta verbal. Solo gestos de odio y rabia contenida.
"Así que los rumores eran ciertos…" Murmuro con un deje de diversión. "El ser más poderoso del planeta ¡Sin poder escuchar!" Soltó una carcajada.
Korra apretó los dientes, sin mover un solo musculo de su cuerpo. Sus ojos escrutaron el cuerpo del Líder de los igualitarios, observando su armadura, su alto porte y sus manos, que se movían de manera extraña. Se quedó prendida en los movimientos de sus dedos por segundos de más, reconociendo el fluido gesto.
De golpe lo supo, mucho antes de que Amon intentara usar su poder. Un instinto casi animal activo sus sentidos y en menos de un segundo, lanzo una poderosa ráfaga de aire que golpeo a Amon contra la pared. Los ojos de Korra flachearon en blanco, y moviéndose a una velocidad desacostumbrada para sus músculos, salto por el alto ventanal hasta tocar tierra. Sus poderes amplificaron le mostraron un mundo a través de sus pies que jamás en su estado normal, habría podido lograr. Fue un contacto totalmente diferente, uno tan profundo con la tierra que ni Toph Beifong habría podido imaginar.
Fue como si la tierra misma le susurra secretos bajo sus pies, y sintió, mucho antes de que los pies de Amon tocaran el suelo, su cruda y negra presencia. Piso la tierra con fuerza desmedida y lanzo un gran proyectil que recorrió el aire con un silbido.
Amon simplemente inclino su cuerpo como un verdadero acróbata, antes de dar un impulso y lanzarse a atacar. Korra lo esperaba, el aire temblando a su alrededor ferozmente en un capullo que la protegía. Amon sonrió tras su máscara, preparado para la batalla más difícil de su vida. Sus cuerpos casi chocaron antes de que Amon comenzara a golpear sin cesar cualquier punto vulnerable, cualquier abertura que sus ojos le mostraban en la postura de batalla de Korra.
El Avatar, dotada por la energía incontrolable que recorría cada fibra de su ser, se dedicó a esquivar, proteger y devolver cada golpe que le fue otorgado. La lucha se convirtió en un revoltijo de movimientos, de continuos ir y venir. Amon asesto un certero e implacable golpe en el estómago de Korra, que por segundos le robo el aliento y sus ojos azules volvieron a aparecer en apenas un segundo, antes de volver a ser teñidos de blanco. Apretó los dientes, furiosa pero una parte de si le susurró al oído: No pierdas el control.
Se obligó a calmar sus sentidos, aumentando la percepción a su alrededor. Observo con cuidado los movimientos de Amon, agiles y certeros que buscaban golpear puntos específicos en su cuerpo. Su instinto le gritaba que por nada del mundo permitiera que esas palmas abiertas la tocaran, así que sus movimientos fueron más calculados, defensivos. Sus ojos trataron de ver aquellos veloces ataques, incomparables a cualquier enemigo al que se había enfrentado. La forma en la que Amon se movía con soltura, con agilidad, logro que los ojos de Korra se forzaran a adaptarse a su velocidad.
Esquivo un movimiento, detuvo con el antebrazo el siguiente y dio dos pasos atrás. Golpeo con su talón la tierra, y elevo varios misiles que comenzaron a girar a su alrededor como balas de tierra que no tardo en lanzar sin cesar.
Amon vio con soberbia los misiles que se acercaban a su cuerpo entrenado y su vista de halcón fácilmente evadió cada uno de ellos, dando saltos, giros bruscos y contorneando su cuerpo como una serpiente. Vio por el rabillo del ojo el movimiento de Korra y tuvo que cruzar sus brazos como defensa en un acto inconsciente, antes de sentir una poderosa ráfaga de aire que lo lanzo hacia atrás. Se lanzó al suelo, girando sobre su eje para esquivar el siguiente ataque, que fue una poderosa llama que salió desde los puños de Korra. Pero Amon no se dejó intimidar ante aquel despliegue de habilidad. Se había enfrentado a maestros más experimentados a lo largo de su vida, y una mocosa inexperta no era rival para su experiencia. Pudo notar cientos de fallas que fácilmente uso a su sabor. La fuerza de la tierra era débil, el fuego era disperso, fácil de evadir pero fue el aire, el único elemento nuevo para él, que más problemas le trajo.
Korra noto de inmediato aquella debilidad. Y se dedicó a usar aquel elemento con precisión. Ráfagas de aire golpeaban el cuerpo de Amon, lanzándolo lejos, cortando su ropa como cuchillas filosas. El Avatar no tuvo compasión.
Pero Amon no tardo en entender algo. El viento era como el agua, fluía de igual manera. Comenzó a esquivar el aire, escuchando el silbido que este producía al concentrarse en masa. Pudo ver las corrientes a través de sus ojos entrenados, y comenzó a acercarse.
Korra sintió impotencia al ver como el igualitario esquivaba cada arremetida hasta transformar nuevamente la batalla a su favor: el combate cercano.
Nuevamente el Avatar tuvo que esquivar, retroceder, usar la tierra control para entorpecer los agiles pies de Amon y proteger con viento control su cuerpo, en un intento de amortiguar los golpes. Uso fuego, como forma de marcar distancia por unos segundos para tomar un respiro, pero Amon no dudaba en lanzarse contra las llamas, atravesándolas sin importarle las quemaduras que se formaban en su ropa.
"Falta potencia." Pensó inconscientemente de sus llamas. El recuerdo de Asami la golpeo con potencia y dejo de lanzar fuego de manera precipitada. Comenzó a crear llamas más compactas, usando los mismos movimientos que cuando controlaba el agua y las flamas respondieron ante su llamado. Amon tuvo que comenzar a esquivarlas, sintiendo como el calor de estas se intensificaba.
Pero cuando Korra pensó que todo estaba a su favor, los movimientos de Amon cambiaron. Se volvieron más rápidos, más precisos, dejo de lanzar ataques que fallarían y se dedicó a acertar cada golpe sin cesar. En sus hombros, en su cadera, en su cuello, y sus ojos blancos parpadeaban con cada toque, la energía negándose a ser bloqueada.
Korra trato de calmar sus sentidos, imitando a su contrincante y comenzó a pensar. Dejo de escuchar solamente a su instinto y tomo una pose aún más defensiva.
Amon noto ese cambio de inmediato y trato de traerlo a su favor.
En un engañoso movimiento, inclino su cuerpo escondiendo su mano derecha de la vista de aquellos ojos blancos, lanzando un golpe al hombro de Korra con su mano izquierda extendida. La joven Avatar detuvo el golpe con la palma, sosteniendo su puño firmemente y Amon saboreo la victoria. Su mano derecha, perfectamente escondida tras su espalda, salió como un misil disparado hacia el costado de Korra.
Pero esta vez, fue el Avatar quien sonrió. Se inclinó a un lado, esquivando por un milímetro el golpe, apretó el puño de Amon y tirándolo de un fuerte movimiento, logro que por un instante el Igualitario perdiera el centro de gravedad. La pierna de Korra se levantó a una velocidad vertiginosa y en un impulso, la rodeo de aire control para asestar un poderoso golpe en el estómago de Amon.
Los ojos del igualitario vieron negro por unos segundos. El golpe que recibió fácilmente le rompió varias costillas, tan potente como una bala. Pero Amon se negó a caer, a perder la conciencia y utilizo el último recurso que le quedaba. Movió su mano inconscientemente, percibiendo la sangre que fluía por el cuerpo de Korra y empuño los dedos.
El Avatar sintió una fuerza intangible que detuvo sus movimientos. La energía que recorría sus venas se dispararon sin control por cada poro de su piel, luchando, tratando de contrarrestar de alguna forma inimaginable aquel poder que no entendia.
Vio como Amon caía al suelo, respirando agitadamente pero con la palma firmemente empuñada. El silencio que los envolvió fue sobrecogedor, el viento se detuvo en un acuerdo silencioso y el sonido del bosque seso de golpe. Todo a su alrededor dejo de existir, todo se reducía a aquel instante, a aquella fuerza de voluntades que ninguno pensaba perder.
Korra trato de calmarse.
¿Qué era? ¿Qué sucedía? ¿Por qué su cuerpo no reaccionaba? Trato de pensar, de analizar todo, su mente trabajando como nunca antes. Un extraño sentido se activó, uno que solamente despertaba en las más encarnizadas batallas que había tenido. Un sentido que fue casi como una consciencia, que le permitió ver más allá de lo que la rodeaba.
Sus ojos flachearon, convirtiendo lo que veía en blanco y negro. Los árboles, el cuerpo de Amon, fueron desprovistos de color, dejando tras de sí energía pura. Korra observo todo maravillada, la energía que corría por el cuerpo de Amon fluía como un lago incansable e interminable, que tenía como centro diferentes puntos ubicados en lugares específicos. No fue consciente, pero en aquel momento pudo ver lo que Ty Lee fue capaz de percibir con sus sentidos hace muchos años atrás. Observo con fascinación los puntos Chi, los lugares que fácilmente podían bloquear el poder control de un Maestro.
Pero fue la mano de Amon, que se cubría con una energía inusual que llamo su atención. Extrañamente, le recordó al agua, por la forma en la que la energía fluía por sus dedos de manera serena.
¿Agua control?
"Como puede controlarme usando…" Fue una epifanía.
Lo supo a través de recuerdos e historias que Katara de joven le relato.
Un arte oscuro, poco ortodoxo, casi legendario y temido por todos.
Prohibido y vetado en todos los países y ciudades.
La sangre control.
Apretó los labios, tratando de pensar. De descubrir su mente, llevando al límite sus capacidades.
Buscando una forma de liberarse de aquel control.
"Yo también soy una maestra agua." Pensó. "La sangre es agua."
En aquel estado, que le permitió descansar su mente de aquella implacable batalla, se permitió analizar y sentir su cuerpo. Exploro sus músculos, examino las articulaciones y finalmente, pudo percibir la sangre que fluía.
"Agua. Agua. Agua."
Sintió la energía de Amon dentro de su cuerpo, guiando la sangre y deteniéndola. Lucho contra aquel poder, con cada fibra de voluntad que tenía. Lucho por el poderío de algo que le pertenecía y después de pestañear, el tiempo volvió a avanzar. Los colores volvieron de golpe, tan dolorosamente que los ojos de Korra lagrimearon y dejaron de brillar. Jadeo, tratando de no caer de rodillas, sintiendo el cuerpo sudado, como si hubiera corrido una maratón. Dio varios pasos atrás, alejándose del cuerpo de Amon que la observaba tras su máscara con horror. El igualitario trato de mover su mano, trato de controlar a Korra pero su sorpresa fue inmensa al notar una barrera que le impedía cualquier control.
Korra apretó los dientes, tratando de no perder la consciencia.
Levanto la mano, cerrando los ojos con frustración y la movió. Sintió con claridad la sangre del cuerpo de Amon y como esta se movía a su voluntad. El cuerpo del igualitario se retorció de formas antinaturales ante la fascinación y el miedo de Korra.
De golpe, la realización llego.
Asustada, bajo la mano y siguió retrocediendo. Vio como el cuerpo de Amon caía de rodillas, respirando agitadamente.
La adrenalina dejo de fluir junto con la energía del Avatar, dejando solamente un cuerpo malherido, repleto de moretones y agotado hasta más allá de su límite.
Korra lo supo en su último pestañeo.
Había perdido.
"Si solo hubiera entrenado más…" Se recrimino. "Tan poco… Solo faltaba un poco más de energía." Un poco más de resistencia y lo habría logrado.
Su mente dejo de funcionar.
Y todo fue negro.
Fin del capítulo.
-x-
Nota autora: Son las… ¡Mierda! Las 7:11 de la madrugada. Definitivamente la inspiración llega cuando menos lo espero. Tenía el capítulo escrito desde hace bastante tiempo, pero no sabía cómo plantear la batalla final. Quería que fuera épica, que marcara la historia… Pero siento que no cumplió con mis expectativas. Aun me falta refinar mi redacción en momentos de acción. Con la práctica se hace al maestro, dicen algunos.
Escribí este capítulo con mis últimas energías y ya lo editare y subiré mañana. Esta vez pasaron solo tres meses de mi última actualización ¿Es mi idea o lentamente voy subiendo el ritmo? Quizás con paciencia logre crear una rutina en donde pueda actualizar cada mes ¡Es mi sueño!
Supuestamente este sería el último capítulo que daría cierre a la primera temporada, pero se alargó, se alargó... El momento Korrasami me emociono y la inspiración golpeo muy fuerte y así termino todo. Veremos si ya podre darle cierre en el próximo capítulo. Después, vendrán 3 especiales cortos, que planeo escribir de una y publicar cada semana antes de volver al ritmo actual (Les escribo más de 10 mil palabras por capítulo, eso toma tiempo.)
Iba a mencionar otra cosa… ¡Ah! Verdad. Estoy dejando pequeñas pistas del futuro de la serie en cada capítulo, aunque son tan rebuscadas que dudo que alguien las note. Solo puedo decir que estoy muy, muy, muy emocionada por escribir todo.
Agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como agarrar una teta y salir corriendo.
¡Los amo gente! ¡Gracias por comentar tanto!
Pd: Perdón por los errores ortográficos, revise con cuidado todo pero mi beta reader está de vacaciones.
