Todos los personajes pertenecen a MAPPA y sus creadoras (Yamamoto-sensei y Kubo-sensei), la historia sí es mía C:

Advertencias: esta historia se contará desde dos puntos de vista temporales (antes y ahora) que se especificarán al inicio de cada capítulo; además, se han invertido las edades de los personajes (los jóvenes en el anime serán mayores, por ejemplo) y, para dar un poco de drama a este asunto, existe un poco de OoC, espero que no les moleste y disfruten su lectura.


CAPÍTULO III. Observador de mariposas.

Antes.

Miré de nuevo la silenciosa biblioteca –o, más bien, una de sus esquinas- con demasiada atención para alguien que, supuestamente, sólo estaba mirando un poco… paseando descuidadamente por ahí. Era muy malo actuando.

Aunque la verdad sea dicha, había aprendido un poco en el transcurso de esas semanas: como el fino arte de leer mientras espías, contestar preguntas complicadas mientras tus ojos se pierden por caminos que no deberían ser transitados; incluso, había logrado aprender a aparentar indiferencia cuando lo que quería era saltar de alegría o derretirme ante un simple cumplido a uno de mis trabajos.

En ese momento, sin embargo, toda habilidad aprendida se me había ido de las manos y ahora estaba observándolo descaradamente; la forma en que su mejilla estaba apoyada sobre su mano y ojeaba tranquilamente su libro; cómo era que la luz se proyectaba contra su cabello, despertando los matices caobas en él o cómo se enrojecía su labio inferior cuando lo mordía inconscientemente.

Suspiré.

¡Dios!, sonaba como un tonto perdido y… ¡es que eso era!

Era un adolescente bobo que había caído en enamoramiento total por su maestro, un completo cliché. Si estoy fuese uno de los ejercicios de escritura creativa del profesor Katsuki, lo reprobaría sólo por pensar en algo como eso y ponerlo en papel. Patético, eso es lo que era.

A veces tenía ganas de patear mi propio trasero y hacerme avanzar y seguir. Salir con una de las amigas que Chris seguía presentándome y, simplemente, avanzar; pero no podía –suspiré, de nuevo-, no cuando de sólo verlo sentía… mariposas, danzando felices en mi estómago. Cientos de ellas.

No estoy seguro de qué fue lo que me impulsó a hacer lo que hice a continuación, lo único que sabía era que mis pies se encontraban avanzando hacia él –de forma medianamente estable- y terminé sentándome justo enfrente. Esperando ser notado.

El profesor levantó los ojos de su lectura para clavarlos con las cejas fruncidas hacia mí, antes de reconocerme y ofrecerme una de esas sonrisas tranquilas e impersonales que estaba acostumbrado a verle dirigidas hacia el alumnado. No había nada más ahí, nada que me hiciera creer que podría –de alguna forma- llegar a sentir lo mismo que yo. Pero oye, eso era bueno, de ver algo ahí… probablemente hubiera sencillamente muerto fulminado ahí.

-señor Nikiforov…- soltó a modo de saludo, parpadeando un poco y colocando su bolígrafo en el libro a modo de separador -¿qué puedo hacer por usted?

¿Qué puedes hacer por mí? Oh, cielos… qué podía hacer yo por usted, esa era una cuestión más interesante. Y remotamente improbable. Me sonrojé, encontrándome pensando esa cantidad de… obscenidades.

-ah… yo… -mis ojos buscaron cualquier cosa alrededor, algo que pudiese ser una excusa medianamente decente para estar ahí sentado, sin invitación.

-¿señor Nikiforov?- repitió, apremiándome y dándome a entender que no tenía todo el día, evidentemente.

Fue entonces que vi el libro entre sus manos, no era una de esas obras que se solicitaban en la escuela y de aquellos de los que pedía ensayos; en realidad era una lectura peculiar para un maestro, suponía. La literatura "basura" –término que utilizó el maestro que nos había dado en primer año, no yo- no era algo que yo hubiese asociado con él.

-no pensé que disfrutara a Dan Brown- dije, intentando que el temblor nervioso no se notara, mucho.

La esquina de sus labios se elevó, en algo parecido a una sonrisa. Me estremecí por dentro –una corriente eléctrica recorriéndome los nervios-. Era una sonrisa diferente, casi de verdad… y era para mí.

-bueno, hay aspectos que debe seguir trabajando- explicó, como si hiciera falta defenderse o convencerme -; pero, en general, me gusta su prosa y la forma en que construye la trama… es entretenido y, a veces, es todo lo que necesitas de un libro.

-¿algo más simple que Homero y La Ilíada?- cuestioné, intentando alargar sólo un poco más la conversación.

Soltó una risa baja y negó con la cabeza, como si hubiese hecho un buen chiste.

-sí, algo más simple que Homero y Ilíada.

-o denso como Shakespeare…

-¿qué tiene contra Shakespeare?- frunció la frente.

-nada, en realidad… pero era bastante intenso- fue mi turno de explicar mi punto -. Quiero decir, sus personajes vivían todo a los extremos, el amor, la locura, los celos, la venganza y… era todo tan rápido; aunque supongo que se debe en parte al formato, como sea… todo lo vuelve bastante denso, incluso cuando intentaba no serlo. Sólo hay que mirar a Otelo… o a Romeo.

El profesor Katsuki guardó silencio, provocándome mayor nerviosismo; sin embargo, parecía estar considerando lo que había dicho.

-comprendo el apunte sobre Otelo pero, ¿por qué Romeo?- la pregunta me descolocó, sólo por el hecho de que parecía, genuinamente, querer saber mi respuesta.

-bueno, la obra inicia con él perdido de amor por Rosalina y, al ver a Julieta, se olivada de ella y se ahoga de amor por Julieta… hasta que muere como consecuencia de ello.

-puede que tengas razón…- concluyó al final, acomodándose los lentes en un movimiento inconsciente –es posible que todas sus historias sean un poco densas si lo vemos así.

Sonreí, porque había logrado –no estaba seguro de cómo- mantener una pequeña conversación –bueno, hilar un par de frases con éxito- casi decente con él y eso era… fantástico.

Mientras mi corazón golpeaba en mi pecho, lo observé cambiar de postura en la silla y darle un vistazo de reojo a su libro; era muy probable que estuviese evaluando en su cerebro la forma más amable y cortés de decirme que me largara y le dejara continuar con su lectura. Además, el tema ya había sido zanjado y no podía reunir las palabras adecuadas para alargar ese diálogo.

Enrojecí, sintiéndome torpe de nuevo. Debía salir de ahí.

-ah, sí… bueno, espero disfrute su lectura, señor Katsuki- salté de mi asiento y balbuceé una despedida -… quizá pueda decirme después, ¿si le gustó el final?

-¿eso significa que es bueno?

-o quizá que no lo es- sonreí y salí de ahí.

La sonrisa no se me borró en… bueno, todo el día. Incluso cuando Chris se burló sin piedad de mí, por la "cara de idiota" –según sus propias palabras-, mientras estábamos sentados en bajo nuestro árbol habitual al final del día.

-así que…- soltó, poniéndose serio, un poco -¿qué pasó para que tengas esa cara?

-nada.

Porque de verdad no había sido nada, nada más allá de un par de palabras compartidas y el espacio ocupado alrededor de una mesa, sólo eso. Todo eso: una sonrisa sincera –aunque pequeña-, sus palabras claras y amables…

-¿tiene algo que ver con el profe Katsuki?- preguntó cuándo notó que no diría más.

-no hablaré de esto- y tan cursi como sonaba, quería guardar el recuerdo sólo para mí; una breve burbuja de felicidad a la que podría mirar cada que la realidad sobre la imposibilidad de algo con el señor Katsuki asomara su cabeza.

-entonces es sobre él, sin duda.

Hice un movimiento con la mano, simulando un cierre cerrado en la boca.

-¡Víctor!- gruñó, negando con la cabeza –ya habíamos hablado sobre esto: no pasará.

Llevé mis rodillas hasta mi pecho y recargué en ellas mi cabeza, aferrándome con fuerza al recuerdo de sus ojos interesados cuando hablé sobre Shakespeare.

-lo sé- bufé, mirándolo de reojo -, ya lo sé.

-deberías estar saliendo con Sara…

-su hermano me mataría- solté, pasándome una mano por el rostro –y no tengo ningún interés en ella.

-no- Chris volvió a negar -, es obvio que ya no tienes interés en ella o en cualquier otro

Tenía que terminar aquella infructuosa conversación y dejar es recuerdo guardado para mí; así que hice lo primero que se me ocurrió y que sabía que funcionaría. Cambié de tema… a uno que sabía atraería su atención.

-¿y cómo está Masumi?- solté, mirándolo fijamente y siendo testigo del sonrojo poco común en él dibujando de rojo su rostro ante su nombre – Hace tiempo que no hablas sobre él, ¿una semana, dos? Eso es raro en ti, mi amigo… Sales a una cita con el tipo del que no dejabas de hablar y ahora no dices ni pío; así que… ¿qué pasa con él?

-nada- frunció el ceño, dándose cuenta que repetía lo mismo que yo, con la misma urgencia de no ahondar ahí.

-así que no tenemos nada de qué hablar- concluí, dando el tema por cerrado.

Cerré los ojos y atesoré el recuerdo de esa conversación… hasta que hubo otra –el profesor Katsuki en verdad estuvo dispuesto a discutir conmigo el final de su libro y escuchar mis opiniones sobre él-, otra –él quería que discutiéramos sobre el libro que yo leía en ese momento- y otra -¿qué opina, señor Nikiforov, sobre la visión del romance según los libros de Jane Austen?, mi placer culposo-.

Las tardes en esa mesa de la biblioteca se volvieron un acontecimiento esperado y anhelado, buscaba más libros para debatir y autores y llené los estantes de mi dormitorio con todo aquello que él recomendaba. Llené también los oídos de Chris con los detalles de esas pláticas –porque hubo un punto en que necesitaba hablarlo con alguien o explotaría- y mi amigo sólo negaba con la cabeza y me repetía que eso no terminaría bien.

Ten cuidado, Vitya. Eres sólo un niño para él.

Supongo, que debí escucharlo; pero lo tenía ahí, dos veces por semana, listo para escucharme y dejarme beber de su simple presencia. Las advertencias no podían hacer mella en mí, mucho menos cuando lo escuchaba reír –sonrojándose, sencillamente porque así era su piel-; no, no escuché ninguna advertencia. Me dejé caer en él.

-debo irme ahora- dijo, mirando su reloj y comenzando a guardar todo lo que tenía regado sobre la mesa -, le prometí a alguien que lo llevaría a cenar en media hora y, si llego un minuto tarde tendré que soportar sus gritos hasta la próxima semana…- soltó una risa alegre, a pesar de sus palabras, casi cariñosa.

Parpadeé, cuando me di cuenta que el sol estaba terminado de ocultarse y las farolas fuera de la biblioteca ya estaban cumpliendo con su función; sin embargo, eso no fue lo que me hizo sentir como si hubiese salido de un sueño para chocar con la realidad. No, lo que me dio un baldazo de realidad fue su tono.

Estaba hablando con voz suave y alegre, cariñosa y anhelante –o algo así-; como se habla del encuentro con un amante, supuse. Porque obviamente el profesor Katsuki debía tener alguna –o alguno, esperaba-.

-¿una cita?- pregunté, sintiendo mi corazón acelerándose al esperar la respuesta, dispuesto a marchitarse ante el menor indicio de que así fuera.

-ah…- no estoy seguro de qué era lo que iba a contestar, sólo sé que en ese momento elevó su vista de sus cosas a mí y, después hacia algún lugar en mi espalda, viéndose sorprendido -¿qué haces aquí?

Tuve que girarme para ver con quién hablaba, solamente para encontrarme con el Doctor Plisetsky caminando hasta nosotros, con ese andar y presencia que hacía que todos nos quitáramos de su camino.

-tuve una reunión con algunos padres y acabo de terminar…- sonrió y, por obra del destino ácido, un halo de luz de la farola descendió sobre él, haciendo que su largo cabello rubio reluciera como oro –supuse que seguirías aquí, así que decidí pasar a recogerte e irnos.

-bien- terminó de recoger sus cosas y asintió hacia mí con un leve movimiento -. Nos vemos después, señor Nikiforov.

-nos vemos, señor Katsuki…

El doc. ni siquiera se dignó a dirigirme una mirada, antes de ayudar al profesor Katsuki con sus cosas y emprender su camino.

Si los rumores eran ciertos y ellos estaban dirigiéndose a una cita romántica después del trabajo… mi corazón probablemente se desgarraría sin remedio, casi podía ver un par de gotas de sangre en el suelo bajo mis pies y todavía no tenía una respuesta afirmativa, lo que no auguraba anda bueno para mí. Debí haberme rendido entonces, cuando aún había esperanza de supervivencia.

Debí haberlo hecho…


Hola, hola!

He vuelto con otro capítulo, mucho después de lo prometido, pero es que tuve un par de emergencias familiares que terminaron en el hospital y después vinieron los festejos decembrinos lo que no me dejó mucho tiempo para escribir... pero aquí estoy!

Un capítulo un poco lento, pero no quiero que vean la relación de Víctor y Yuuri como un insta-love, porque de ser así no se justificaría todo lo que viene, así que pido paciencia... poquita :P

Agradezco infinitamente sus reviews, follows, favs y lecturas fantasma C: Quiero oír sus teorías! El próximo es un capítulo del ahora, así que veremos si le atinan a quién es el modelo y por qué los nervios de nuestro japonés :P

Espero regresar con capítulo entre domingo a miércoles de la próxima semana n.n

Les quiere:

~Clarisee (Silvia)