Todos los personajes pertenecen a MAPPA y sus creadoras (Yamamoto-sensei y Kubo-sensei), la historia sí es mía C:

Advertencias: esta historia se contará desde dos puntos de vista temporales (antes y ahora) que se especificarán al inicio de cada capítulo; además, se han invertido las edades de los personajes (los jóvenes en el anime serán mayores, por ejemplo) y, para dar un poco de drama a este asunto, existe un poco de OoC, espero que no les moleste y disfruten su lectura.


CAPÍTULO V. Cazador de mariposas.

Desde algún punto fuera de mí, observé mi mano moverse lentamente… el dedo meñique extendiéndose sobre la superficie de la mesa despacio, con el cuidado que pondría un neurocirujano, abarcando el escaso espacio entre nosotros. Vi a mi dedo convulsionar y caer, sin lograr llegar a su destino.

Suspiré internamente y elevé mis ojos para comprobar que mi misión fallida no hubiese sido descubierta, pero el señor Katsuki tenía toda su atención puesta en el libro que leía. Bueno, por lo menos no moriría de vergüenza ese día.

Aun así, todavía deseaba extender mi mano –ser lo suficientemente valiente para hacerlo de verdad- y tocar la suya; comprobar por mí mismo qué tan suave era su piel, el tacto exacto de toda aquella apariencia de porcelana cara. Mi mano temblaba.

Toda mi extremidad vibró ante la simple cercanía y la necesidad de extenderse y llegar a él.

Han sido semanas enteras así, escuchando su suave respiración mientras lee con tranquilidad, el inconfundible sonido de sus dedos pasando las páginas y la calidez de su cuerpo irradiando contra el mío. Anhelando.

En algún punto, él dejaría el libro y me miraría –o lo haría yo, casi siempre era yo, la impaciencia me ganaba la mitad del tiempo- y conversaríamos… todo empezaría con una pregunta simple, sobre lo que leemos la mayor parte del tiempo -¿le está gustando?, ¿qué opinas de Emma?, ¿debería Harry dejar de idolatrar a Dumbledore?-; otras veces, sobre el clima o las clases -¿tiene problemas con física, señor Nikiforov?, ¿te gusta la historia?, ¿prefieres las matemáticas o las ciencias?-… y sería en ese intercambio donde comenzarían a desvanecerse muy poco a poco las distancias.

-Víctor…- me dijo un día, sin venir mucho a cuento; mientras ambos leíamos. Mi nombre en sus labios me dejó paralizado, mirándolo con los ojos muy abiertos -¿quieres un café? Saldré por uno a la máquina.

-ellos… ellos no nos dejan comer aquí- solté, enredándome con mi propia lengua y lanzando lo primero que me vino a mente.

-no te preocupes, soy amigo de la señora Flannagan, mientras no hagamos ningún desastre no habrá problemas- sonrió, ni siquiera se dio cuenta de lo que provocó en mí. Salió por su café y uno para mí, aunque lo pedí sólo porque no recordaba decir algo más.

Había dicho mi nombre –mi nombre de pila, sin ningún formalismo de por medio-.

Bebí mi café cuando regresó, pero no volví a mi lectura, estuve demasiado ocupado ensoñando con las mil otras formas en que podía decir mi nombre, los otros miles de escenarios en los que podría suceder. Preguntándome si yo también podía llamarlo por su nombre… Yuuri. ¿Qué se sentiría decirlo en voz alta?

Semanas enteras, soñando.

Hablando con honestidad, no tenía idea alguna de cuánto más podría aguantar antes de hacer una cosa desesperada; Chris estaba harto de escucharme suspirar y yo como que comenzaba a cansarme de mis ciclos repetitivos de auto-sabotaje y leves chispazos de valentía que duraban sólo pequeños ratos.

Debía hacer algo… cualquier cosa. O explotaría.

-¿Víctor?

Parpadeé y levanté el rostro, dándome cuenta que había estado viendo las mismas veinte líneas sin comprender nada.

-¿sí?

-lo siento, te veías un poco… absorto, pero no en tu lectura- su voz era suave y era una de esas tardes en que todos habían preferido hacer cualquier otra cosa menos acudir a la biblioteca; había sol afuera, lo que lo hacía una decisión comprensible; así que parecía un sitio adecuado para mantener una conversación sin interrupciones. Porque sí, también lo había calculado, por sí me atrevía -¿está todo bien?

-yo… ah- sentí mi lengua volverse inútil dentro de mi boca y mi cerebro intentar funcionar, luchando duro por mantenerse a la altura –sí… está bien…

¿Por qué no me preguntaba sobre el libro? Usualmente mi cerebro podía procesar mejor ese tipo de información impersonal mucho mejor; aunque –miré el libro en mi regazo, al que no estaba comprendiendo de nada- quizá no era la mejor opción.

-¿estás seguro?, hoy pareces bastante distraído… ¿pasó algo con tus materias?

-no… eso- fruncí el ceño, tratando de ponerme en orden y no verme como un completo idiota -, la escuela y eso están bastante bien, sin problemas…

-bien –una sonrisa suave formándose en sus labios y yo… toda mi concentración se perdió de la conversación, sólo podía ver esos labios y pensar en… -¿… qué crees?

Parpadeé. Duro. ¿Qué dijo?

-¿estás seguro que te encuentras bien?- pude escuchar verdadera preocupación en su voz, un sentimiento real por mí.

-… - escupí un sonido sofocado, tragándome el nudo de desesperación y miedo y… todo que tenía en la garganta hace meses –no…

-¿no? – sonó sorprendido, sus ojos preocupados.

-verá… -dije, deteniéndome solamente para comprobar la privacidad de esta charla, lo que menos quería era que mi rechazo fuese público –hay alguien, en la escuela, que… hace que yo… no puedo cerrar los ojos sin pensarlo- arrojé sin sentido y casi sin respiración, sintiendo mis mejillas sonrojarse y mi corazón palpitar acelerado en mi pecho – mi... mi corazón… se detiene al verlo…

Observé el cambio en la expresión del profesor, obviamente no esperaba algo como aquello.

-¡oh, vaya!… - sus labios esbozaron una sonrisa rara y su rostro también se coloreó un poco de rojo –no esperaba que tuvieses problemas románticos, supuse… -se rascó la cabeza con algo parecido a la vergüenza –bueno, eres muy buen amigo del joven Giacometti… ambos son populares entre las estudiantes y creí… En fin, parece que estaba equivocado. ¿Quién es la chica? Si puede saberse, claro.

Mis pensamientos tardaron sólo un segundo de más en comprender lo que él había concluido de mi pequeña diarrea verbal, pero yo sentía que debía continuar –hacerlo entender ahora- o no podría tener el valor de hacerlo una vez más.

-no es una chica- respondí, siendo perfectamente claro en ese punto –es un hombre, mayor.

Fue entonces que toda su expresión se transformó, pasando de la sorpresa a la franca confusión. ¡No tenía ni idea! Mes tras mes, estando ahí… en cada clase o pasillo que lo encontraba, perdido sin remedio y él, no lo había notado.

-uh, uhm, ¿un… un hombre?- tartamudeó un poco, quizá el impacto de la noticia era demasiado grande y estaba encontrando una forma amable de decirme que le desagradaba y no quería volver a reunirse conmigo jamás -¿estás seguro?

-¿disculpe?- no comprendía en que podía yo estar confundido.

-¿estás seguro de que te sientes atraído por un hombre?- su voz se modificó un poco, desde la impresión inicial hasta adoptar ese tono y timbre que tienen todos los adultos, en especial los maestros, cuando quieren "ayudarte" o "guiarte" en temas que suponen tú no comprendes; un tonito irritante, pero que no cae del todo en la condescendencia.

-no es que me sienta atraído por un hombre, señor Katsuki- me encontré hallando mi voz a mitad de conversación, tropezándome menos con las palabras y logrando acercar mi discurso al intercambio que había soñado antes -. Es que cuando lo veo, las palabras se me quedan atascadas en la garganta, las palabras verdaderamente importantes, y entonces tengo que hablar de tonterías para llenar el silencio y que no piense que soy un idiota; es que cuando lo tengo cerca, tengo que frenarme cada una de las veces de tocarlo, para que no crea que estoy loco y jamás vuelva a dirigirme la palabra.

"No es sólo que piense que es guapo, es que paso sus clases pensando qué tono de cabello tienen exactamente… -ni siquiera me frené cuando me percaté que había dicho demasiado, sólo le vi abrir los ojos mucho más ante las implicaciones: es un maestro –Lo miro cada que puedo y sueño con él. No sólo me siento atraído por él, estoy seguro que lo quiero.

El silencio reinó y, aunque cada una de mis palabras las dije en algo sólo más alto que un murmullo, pareció que éstas quedaron resonando en cada rincón de la biblioteca con cada una de sus implicaciones.

La sorpresa en el señor Katsuki no lo fue para mí, no después de darme cuenta que había sonado –quizá- demasiado vehemente.

-me disculpo- susurró, después de un tiempo, mirando sus manos sobre el escritorio.

-¿por qué?

-por pensar que tus sentimientos por este hombre fuesen superficiales y, de esta forma, menospreciarlos- me lanzó una mirada apenada de reojo -, siempre que pienso en el amor juvenil lo veo como algo pasajero y poco profundo; sin embargo, como me has dejado claro, obviamente es una idea errónea. Por eso me disculpo.

-no tiene por qué…- no quería sus disculpas, quería… ¡que entendiera que se trataba de él!

-entonces… ¿este maestro, sabe lo que sientes por él?, ¿quieres que lo sepa?

Sus ojos cafés se clavaron en mí, toda su persona dejándome saber que estaba escuchando –en serio-.

-a veces…- dije, un nudo volviéndose a formar en mi garganta, pero no le dejé callarme –creo que él lo nota en ocasiones… no soy muy bueno ocultando este tipo de cosas y la verdad es que paso mucho tiempo con él… con un pretexto bastante débil.

Parpadea, quizá con algo de reconocimiento.

-a veces, quiero decírselo tanto que pienso que voy a gritar en medio de su salón, del patio, en los pasillos o la biblioteca cuando estamos leyendo…

Ahí estaba. No podría dejar más lugar a dudas, ¿cierto? No podía concebir que no comprendiera lo que estaba tratando de decirle, ¿verdad? A menos claro, que tuviese la intención de hacerme sufrir durante todo este proceso, mucho más.

-oh, Dios… Víctor yo… no- sus ojos alarmados hicieron el mismo barrido por el lugar que habían hecho los míos, buscando testigos de este momento, no encontrando ninguno –No, Víctor… señor Nikiforov…

Vi el momento en que planeaba ponerse en pie, así que hice lo que nunca pensé que lograría. Tomé su mano, mis dedos temblorosos extendiéndose sobre ella y apretando –no lo suficiente, no tenía el valor de retenerlo de verdad-.

-no se vaya… sí, si lo que quiere es mandarme al demonio, hágalo – tragué ruidosamente y sentí mi corazón chocar alocadamente contra mis costillas -; pero no se vaya sólo así. Ha sido difícil decirlo en voz alta… no se vaya.

Se dejó caer en la silla, simplemente mirándome.

-no pasará.

Bajé la mirada a mi mano sobre la suya, aferrándome tanto como a su tacto como al simple hecho de que no me había alejado todavía.

-lo sé.

-entonces… ¿por qué…?

Respiré hondo antes de contestar, ya había dado el salto y dicho todo, ¿qué más daba sólo un poco más?

-lleva meses carcomiéndome…

-¿meses?- su expresión fue dolorosa, a pesar de que no sabía si era dolor por él o por mí.

-tenía que decirlo o me volvería loco –terminé, sin saber qué más podía decir.

-esto no sólo está mal, Víctor… eh, señor Nikiforov- se mordió el labio inferior, un movimiento que me distrajo por completo de todo lo demás y llevó mi atención completa hacia ese labio rojo y magullado -; eres un estudiante, menor de edad… nada más que una relación de profesor/alumno podrá existir entre nosotros. ¿Señor Nikiforov?, ¿Víctor?... ¡¿Víctor?! ¿Estás escuchando lo que te digo?

Parpadeé, de nuevo despertando de un ensueño, producido solamente por la duda sobre que sombra de rojo tenían sus labios y qué sabor podrían poseer…

-¿quiere eso decir que no le molesta el hecho de que sea hombre?

Lo sentí tensarse contra mi mano y lo miré parpadear con sorpresa, como si no se hubiese dado cuenta de lo que podían significar las palabras que no pronunció en su breve discurso de rechazo.

-… el que seas un hombre o mujer no significa nada- soltó, notando por fin mi mano confinando la suya y apartándola con rapidez, mis manos picaban por volver a extenderse y tomarla -, porque no eres más que un estudiante.

-¿de verdad?- presioné, encontrando dentro de mí todo aquello que pensé perdido cuando caí por él; toda la confianza y coquetería que me caracterizaba y que Chris, horrorizado, me había dicho que estaba olvidando. Yo era Víctor Nikiforov, quien antes de enamorarme a lo tonto, había ido por ahí rompiendo corazones -¿Con cualquier otro podría pasar las tardes como conmigo?

-sólo intercambiamos puntos de vista sobre libros, Víctor… no trates de convertirlo en algo más.

-bien, supongamos que sólo es eso…

-sólo es eso.

-como diga- seguí, como si no me hubiese interrumpido, estaba seguro… casi, de que tenía algo de razón ahí -, entonces… ¿por qué sigue aquí, hablando conmigo? ¿Por qué no has huido de mí?... ¿No deberías estar llamando al rector para pedir mi cambio a otra clase?- había deslizado intencionadamente la informalidad en mi discurso, si él podía llamarme Víctor y yo ya me había confesado por completo, ¿por qué no saltar una línea más?

-estoy intentando ser empático- se excusó, poniéndose de pie -, pero tienes razón… tal vez debería hacer todo eso, en este momento. Has cruzado un límite aquí, Víctor… ah, señor Nikiforov. Creo que será nuestra última reunión aquí.

-¿cruzar un límite?- fruncí el ceño y también me puse de pie, quitándome el cabello del rostro en un movimiento molesto –esto no ha sido cruzar un límite… aún.

-adiós, señor Nikiforov.

Sonreí. Maliciosamente.

-adiós… Yuuri.

Los ojos como platos fueron sólo el segundo de sorpresa e impresión que requería, me abalancé con prisa, mis labios chocando descuidadamente contra los suyos; una presión suave y simple –no buscaba nada más allá de mostrar un punto: aún no ha visto nada-. Un instante de presión –de piel suave y aliento cálido- antes de girarme para tomar mis cosas y salir de ahí.

Procuré no mirar atrás, no quería ver su rostro –si le había gustado o disgustado, quizá asqueado- ni enfrentarme a lo que podría decirme.

Sólo quería engancharme a la sensación –ese pequeño chispazo de triunfo- de su boca contra la mía y su respiración golpeando contra mi piel. ¡Lo había besado!, un beso pequeñito… pero eran sus labios.

Ahora sólo hacía falta esperar para saber si tenía que ir llamando a su padre por una expulsión o… o, si Yuuri decidía no contar nada y darle otra oportunidad para acercarse a él.

Cuando los días pasaron sin que nadie lo llamara a la oficina del rector -si bien Yuuri lo evadió todo el tiempo-, tuvo su respuesta.


Hola!

Regreso con nuevo cap, regresando al pasado y reencontrándonos con el Víctor que todos conocemos y amamos :D

Agradezco muchísimo los favoritos, follows y lecturas fantasma, son el alimento de mi musa escritora :*

El próximo capítulo veremos cómo va esa salida con Víctor y Yuuri en el "presente"... hagan sus apuestas c:

Les quiere:

~Clarisee (Silvia)