Todos los personajes pertenecen a MAPPA y sus creadoras (Yamamoto-sensei y Kubo-sensei), la historia sí es mía C:
Advertencias: esta historia se contará desde dos puntos de vista temporales (antes y ahora) que se especificarán al inicio de cada capítulo; además, se han invertido las edades de los personajes (los jóvenes en el anime serán mayores, por ejemplo) y, para dar un poco de drama a este asunto, existe un poco de OoC, espero que no les moleste y disfruten su lectura.
Recomiendo escuchar a Flora Cash - You're somebody else
CAPÍTULO VI. Mar Agitado
Ahora.
Pudo haber sido peor.
El restaurant se encontraba tranquilo y el ambiente era relajado, la comida era buena –o eso imaginaba, puesto que no había más que picado un par de cosas que me supieron a nada- y podía ver a mi amigo disfrutando del momento, cotilleando sobre cómo fue que Víctor llegó hasta donde se encontraba.
Pasando de la universidad de Oxford a hacer una prueba para una agencia cuando un cazatalentos lo encontró, logrando firmar y comenzar a escalar desde ahí. Breves apariciones en comerciales, desfiles y editoriales… ¿Cómo no lo sabía?, ¿cómo logré evadir toda esa difusión mediática tan sencillamente?, ¿cómo no lo vi venir?
La conversación fluyó casi sin problemas, al menos si no se tenía el cuidado de mirar más allá de la superficie. Si no prestabas atención a la forma en que nunca mencionamos algo remotamente personal, o cómo era que la mirada de Víctor se enfriaba cada que caía sobre mí y tomaba cada oportunidad para hacer comentarios puntillosos y que sólo servían para incomodarme.
-… entonces, ¿cómo es mi amigo como maestro?- preguntó Phichit, bebiendo tranquilamente e ignorando, o no notando, la atmosfera a nuestro alrededor -¿es bueno?
No quería saberlo. No me gustaría la respuesta…
-oh, claro…- una sonrisa fría, casi amargada –disfruté aprender todo con él.
Me atraganté ante el doble sentido que le imprimió a tan mínima expresión y agradecí, internamente, que mi amigo se limitara a afirmar con un gesto y continuara como si todo estuviese bien y normal.
-¡qué bien! Siempre me lo pregunté… si sus alumnos le querrían…- mi mejor amigo pasó el brazo sobre mis hombres y me dio un apretón amistoso –siempre le ha costado trabajo hacer amistades, tenía la esperanza de que fuese mejor maestro…
Apenas soltó las palabras, observé el cambio en Víctor –la manera en que sus hombros se tensaron y su mandíbula se apretó-, lo incómodo que resultó sólo escuchar esa palabra –aunque estuviese siendo utilizada en un sentido diametralmente distinto- y me di cuenta… que todavía le conocía. Si bien, tal vez, era el simple eco del pasado. Había una parte de mí, que conocía –y reconocía- una parte suya.
-pero es siempre tan buen amigo conmigo, que tenía la esperanza que así fuera- finalizó Phichit, bebiendo otro sorbo a su vaso de sake.
-oh, sí…- la voz de Víctor no dejó ver nada –todos le apreciaban bastante.
Había sido suficiente. Tenía que salir de ahí.
-bueno- miré mi reloj, no era muy tarde y no quería dejarlos solos del todo; pero tenía la necesidad de escapar y parecía haber pasado el tiempo suficiente para no parecer desesperado -, mañana tengo que llevar a cabo unas tutorías a mis alumnos que están por licenciarse… así que, tengo que partir.
Phichit también vio su reloj y afirmó con la cabeza.
-tienes razón, yo debo llevar unas muestras de fotografías a una revista- sonrió -; es la segunda vez que trabajo con ellos y espero me den un contrato pronto.
-crucemos los dedos- solté sin cuidado, poniéndome ya el abrigo y levantándome de mi sitio -. Bueno, fue…
-un placer, profesor –Víctor tomó mi mano en un apretón helado y se dio la vuelta para recoger sus cosas.
-sí, eso. Nos vemos.
Me despedí rápidamente de Phichit y salí de ahí –antes de que cualquiera propusiera repetirlo-. El viento frío golpeó mi cara y observé el vaho salir de mi boca para desaparecer contra el cielo cuando suspiré. Crucé mis brazos al llegar a la calle, caminando un par de manzanas –pensando en la manera en que el pasado se había precipitado contra mí, sin aviso alguno- y miré el espacio vacío frente a mí, al detenerme.
No había estado listo para esto y presentía que nunca lo estaría después.
Sentí su presencia a mi espalda y supe que estaba parado ahí, sin la necesidad de girarme. Que mi cuerpo entero se estremeciera no fue una sorpresa, como tampoco la forma en que mi corazón galopó en mi pecho. Me di la vuelta y lo enfrenté.
Su cabello era más corto –mucho más corto- que la última vez que lo vi; lo había notado en el estudio de Phichit, pero la impresión de verlo había sido tan fuerte que no noté la forma en que el nuevo corte afilaba sus rasgos… ni lo adulto que se veía. Ahora debía tener 24 años… su cumpleaños estaba cerca.
-señor Katsuki.
-señor Nikiforov…- esperaba escucharme en control y no como el desastre nervioso que me sentía.
-ha sido un tiempo- dijo, como si una copia de esta conversación jamás hubiese ocurrido en el estudio -¿siete años, cierto? Si lo piensa bien, las fechas casi coinciden… ¿no serían sólo unas pocas semanas de diferencia al día en que me confesé a usted en la biblioteca?
Mi corazón se calló.
Sentí el temblor llenándolo todo ante el recuerdo. Ola tras ola de su risa y su voz, de sus caricias y sus mimos. Del día en que me confesó, con toda la confianza de un joven de –todavía- 16 años cuán enamorado creía estar de mí.
Recordé también la forma en que yo había reaccionado –no lo que le dije o cómo salí corriendo-, cuán rápido había latido mi corazón y mis manos habían exigido adelantarse a tocarlo; todo lo confuso que había sido –porque era un joven atractivo, pero era eso un joven y un alumno además-, pensar que él podía sentir así por mí y saber que nada debía hacerse al respecto.
Los sentimientos de culpa por querer regresar –cuando había salido de esa biblioteca huyendo hacia mi departamento- y las decenas de excusas que había encontrado para buscarlo. Sentirme más que un poco enfermo por comenzar a buscarlo con la mirada en medio de las clases y los pasillos… recordando el breve tacto de sus labios en los momentos de más oscuridad.
Probablemente él no lo supo, cuál fue su alcance y la forma en que cambio mi mundo. Seguramente aún no lo sepa.
Me remojé los labios secos con la lengua, en un gesto descuidado, en cuanto mi corazón volvió a funcionar.
-sí, supongo que es verdad…
-supone que es verdad…- escuché el murmullo irritado y di un paso atrás instintivamente ante el eco de la rabia evidente.
-Víctor… yo nunca…
Fue su turno de dar marcha atrás, poniendo distancia entre nosotros como si le hubiese asestado un golpe, sus ojos fríos –gélidos- taladrándome e impidiéndome hablar más.
-no. Señor Nikiforov… usted no puede llamarme así, nunca- casi mordió las palabras.
En mi pecho se encendió –como un eco lejano que se acerca de a poco- la necesidad de evitarle dolor. Quise atraerlo hasta mi pecho, como lo habría hecho en aquel tiempo y explicarle todo; reconfortarlo y hacerle entender. Era obvio que nada de eso sucedería.
-entonces… ¿a qué viene todo esto?- tuve que preguntar, mi voz cascada igual que mis nervios.
Su mirada vagó por la calle poco transitada y la pizzería cerrada a mis espaldas.
-sólo quería… saber.
-¿saber?, ¿qué cosa?
Me dio otra mirada de aquellas que recuerdan a los depredadores a punto de matar.
-esto…
Tal y como lo hizo la primera vez, sus labios chocaron contra los míos en un beso sorpresa; pero esa fue la única similitud entre ambos momentos.
Alivio, puro y sin diluir, corriendo por mis venas despertándolo todo a su paso. Había pasado demasiado tiempo. Sus manos se engancharon en mi espalda, apretándome contra él –ahora era mucho más alto que antes- y obligándome a levantarme un poco sobre la punta de mis pies para seguir sus movimientos.
Labios cálidos contra los míos, su aliento chocando contra mi piel y su lengua explorando, reclamando algo que había sido suyo –que quizá todavía lo era un poco-; con cada segundo en que se alargaba el beso se volvía más profundo e intenso, sentía cada célula de mi cuerpo en carne viva y vibrante ante sus manos explorando y sus labios queriendo devorarme –tal vez yo deseaba ser devorado-.
Nuestras respiraciones se escuchaban vagamente como jadeos bajos y mis manos se metieron –de alguna manera- bajo su abrigo hasta alcanzar la piel de su espalda, mis pulmones se colmaron con su aroma; un quejido saltó de mi garganta cuando mordió mi labio inferior con demasiada fuerza –provocando sangre- y supe que no sólo quería saber… quería castigarme.
El beso era doloroso como lo era intenso, cada barrido de su lengua era como un golpe y cada mordida era mi condena. Lo acepté, entregándome todo a él para que se cobrara lo que sentía todavía estaba en deuda –que yo sabía era demasiado-; así que no dije nada mientras dejaba mis labios para pasearse por mis mejillas sonrojadas y mi cuello sobre estimulado, mientras dejaba mordida tras mordida en mi piel. Le dejé hacerlo.
Le dejé hacerlo todo.
Alguien abrió la puerta del bar varios metros más allá de nosotros y el ruido nos hizo recordar dónde estábamos -¡besándonos así en medio de una infernal calle!- y saltar separándonos con torpeza. Me sentía como un adolescente siendo atrapado en mitad de un besuqueo, aunque no era ni joven ni lo que hicimos podía nombrarse de forma tan simple.
Tenía la cara completamente roja, podía sentirla palpitando caliente y había otras partes de mí que también habían reaccionado; mi cabello estaba despeinado, mi ropa estaba hecha una ruina y… ¿dónde estaban mis lentes? Tenía el difuso recuerdo de habérmelos puesto para leer en el estudio, ¿me los había quitado?
-ten.
Levanté la vista para encontrar la mano de Víctor extendida, mis anteojos colocados con cuidado ahí.
¿En qué momento…? No importaba.
Tomé los lentes y me los coloqué ignorando olímpicamente cuanto temblaban mis manos. Mientras mi respiración se asentaba, sólo tenía un pensamiento en mente: ya está, se ha acabado todo. Fin.
Inhalé profundo y me giré para despedirme, de una vez por todas. Esperando –rogando- no tartamudear o demostrar todo lo que había sido removido dentro de mí.
-así que… supongo que este es el adiós. Debo irme.
Algo parpadeó en sus ojos antes de mirarme y sonreír, frío y ácido.
-¿adiós?- una risa corta y áspera salió de sus labios –no, profesor… esto no es el adiós…
¡¿Qué?!
-creo que esta ocasión es mi turno para decidir cuándo será el adiós- sentenció, acomodándose él mismo la ropa desordenada -. Nos vemos luego, profesor.
Él fue quien se dio media vuelta y se alejó, dejándome de pie ahí y completamente desconcertado.
Nos vemos luego, dijo y volvió a trastocarlo todo.
Hello!
Vuelvo con este capítulo, espero lo hayan disfrutado.
Agradezco como siempre a todxs lxs que se dan el tiempo de leer, dejar reviews, favoritos o follows... son los mejores!
Sin más por ahora...
Les quiere:
~Clarisee (Silvia)
PD: Estoy subiendo también la historia por wattpad... aprendiendo a moverle a esa plataforma rara :p
