Todos los personajes pertenecen a MAPPA y sus creadoras (Yamamoto-sensei y Kubo-sensei), la historia sí es mía C:
Advertencias: esta historia se contará desde dos puntos de vista temporales (antes y ahora) que se especificarán al inicio de cada capítulo; además, se han invertido las edades de los personajes (los jóvenes en el anime serán mayores, por ejemplo) y, para dar un poco de drama a este asunto, existe un poco de OoC, espero que no les moleste y disfruten su lectura.
Recomiendo escuchar: The 1975- Falling for you
CAPÍTULO VII. Suave Aleteo.
Antes.
Sentía mi rodilla rebotar sin control contra la madera de mi escritorio, el sonido desesperante de los lápices moviéndose contra el papel y los suspiros que algunos soltaban de vez en cuando –quizá también algunos bostezos-. Los minutos en el reloj sobre el pizarrón del Dr. Plisetsky, quien había estado cubriendo a nuestro maestro titular por enfermedad.
Quería salir de su clase de inmediato, era incómodo como el infierno –cada que recordaba todas las veces que los había visto en actitud amistosa con Yuuri-, continuar preguntándome si ellos tenían algo… si ese día, en que había logrado envalentonarme para confesarlo todo y robarle un beso, había terminado contándoselo todo y ambos se habían reído de mí.
Sin embargo, ya había tomado sus clases por dos semanas y el doc no me trató con otra cosa que no fuese distante interés profesional por cualquier estudiante. Lo que era un enorme alivio –de eso estaba tratando de convencerme: él no sabía nada o ya hubiese dicho o hecho algo; lo que también podía significar que ellos no estaban juntos de esa forma, porque… ¿quién podría quedarse sin hacer nada cuando hacen algo así con su novio?, ¿cierto?-.
Él no lo sabe, era mi nuevo mantra.
El timbre sonó y casi salté de mi asiento con la impaciencia impulsándome para salir pronto de ahí y correr hacia mi casillero, dejar lo que debía y continuar con mi camino hasta la biblioteca.
Habían pasado dos semanas, las vacaciones de invierno comenzarían dentro de sólo un par de días y necesitaba ver a Yuuri antes de que se fuera –porque yo no lo haría, no valía la pena ir hasta casa sólo por dos semanas sin clases; además, mis padre estaba cerrando negocios en el país, nos reuniríamos aquí-.
Era un poco tonto esperar que, después de lo ocurrido, él todavía se apareciera por la biblioteca, pero no podía acosarlo en las aulas sin levantar sospechas –además de que siempre encontraba la forma de evadirme- y no tenía idea de dónde vivía –como para convertirme en un acosador real-. Sin embargo, lo que me impulsaba era su silencio, no había ido con los directivos a pedir mi expulsión, eso… debía significar algo, ¿no?
Mientras pasaba por las pesadas puertas de madera, mi corazón retumbaba fuerte dentro de mí, era casi como si sintiera el eco de su pulso en todo el cuerpo y podía sentir el sudor frío deslizándose sobre mi piel. No recordaba estar tan nervioso nunca, ni siquiera cuando le había confesado todo a Yuuri, lo peor que podía pasar en ese momento era que él decidiera no sentir lo mismo que yo, ahora él lo sabía y había decidido guardar silencio… eso me daba esperanzas; aun así, si no aparecía y decidía alejarse de mí –sabiendo lo que me dolería- sería terrible.
Busqué en el área central, entre los pasillos de libros que podrían llamar su atención, en algunos rincones más privados –ocupados sólo por un par de estudiantes meditabundos-; incluso me metí a las áreas de libros especializados, donde no encontré más que algún profesor rezagado en mitad de una búsqueda.
Dejé salir mi aliento, derrotado; evidentemente todas mis esperanzas salieron de mí como de un globo con un pinchazo. No tenía un plan de reserva –a pesar de que Chris había insistido en que debía salir con alguien más e intentar descubrir si le interesaba a partir de los celos-, era todo. Había terminado…
Escuché el frenazo de sus pasos, la respiración aspirada de forma ruidosa y la pequeña exclamación que se le quedó atorada en la garganta. Me giré, inmediatamente, viéndolo congelado a escasos metros de mí, pareciendo por completo tomado por sorpresa, sus ojos como platos a través del cristal de las gafas–él no había esperado que yo volviera-.
La biblioteca, de por sí silenciosa, desapareció a mi alrededor. Sonreí internamente, llenándome de su presencia, que ahogaba todo lo demás.
-¡Víc...!- la vi frenarse y tragar, todavía paralizado, junto a la estantería, en la esquina a la que acababa de dar vuelta -se…señor Nikiforov.
Fruncí el ceño, observándolo cuadrarse y mirando sobre mi hombro.
-no esperaba verlo más por aquí…- hizo un gesto extraño, como medio frustrado y luego, enrojeciendo negó con la cabeza –no importa, hasta luego.
Trató de pasar por mi lado, sin siquiera dirigirme otra mirada; pero mi brazo -¡gracias al cielo mis extremidades ahora hacían lo que deseaban!- fue más rápido y mis dedos se cerraron sobre su –sorprendentemente firme- bíceps, frenándolo en seco. Todo su cuerpo tensándose a causa de ese simple toque.
Sonreí, de nuevo, y esta vez lo hice por completo, dejando que mis labios se curvaran al mirarlo a la cara –cuyo rostro estaba fijo en el frente, evitándome-. Así que eso era, bien… eso estaba muy bien.
-¿es tanto el miedo que me tienes ahora, Yuuri? ¿Escapas?- solté, completamente consciente de que no era algo que le hubiese dicho antes, porque siempre intenté agradarle de cierta manera y esas palabras eran el completo opuesto; un leve temblor recorrió el brazo que sostenía y supe que, si bien él intentaba evadirme, no era del todo indiferente.
-deja ir mi brazo- la voz que salió de sus labios era baja y nivelada, sus ojos aún puestos en la pared de libros varios metros al adelante.
-no.
-si insistes con esto, acudiré con el Comité Disciplinario- lanzó entre dientes, aunque no hizo movimiento alguno para desembarazarse de mi agarre.
-¿de verdad?- aflojé mis dedos, pero los dejé ahí, sobre la tela de su saco color gris -¿por qué no lo has hecho todavía? Estuve esperando por mi carta de presentación todos estos días…
Eso sí tuvo una reacción, su ceño se frunció y se giró –al fin- para verme, aunque lo hiciera completamente enojado.
-¿es eso lo que quieres?, ¿terminar siendo expulsado a sólo un semestre de tu graduación?- gruñó en voz baja, obviamente no olvidaba dónde nos encontrábamos – que no importe todo el trabajo que has hecho lejos de casa, ¿de verdad?
-eso no es…
-¿no es qué?, ¿lo que quieres? Porque eso es lo único que lograrás obtener si insistes en ello- negó con la cabeza de forma vehemente, alejando su brazo de mis dedos que ansiosos querían volver a asirlo -. No hay forma alguna de que lo que crees querer termine bien.
-¡eso no importa!- estuve a punto de alzar la voz, pero una parte mucho más inteligente de mi cerebro recordó a tiempo que esa conversación no debía atraer testigos, así que la mantuve lo más baja que pude, a pesar de lo mucho que deseaba gritar.
-¡¿no importa?! ¿Es que estás loco?- lo vi tomar la punta de bufanda que llevaba y comenzar a enredar el estambre colgando en los dedos de su mano izquierda mientras con la otra se frotaba convulsamente la frente –No puedo creer que digas algo tan tonto y sin pensarlo…
-¿qué se supone que debo pensar? Siento lo que siento por ti- solté, mis manos metiéndose en los bolsillos de mis pantalones negros, el nerviosismo que caracterizaba mi enamoramiento estúpido volviendo a hacerse cargo al ver el nivel de ira de Yuuri dirigida hacia mí.
Yuuri se detuvo. Por completo. Todos esos movimientos nerviosos que había estado ejecutando frente a mis ojos, pausaron por entero – casi no lo escuché respirar-. Dejó caer sus manos a los costados –como derrotado- y me miró con una expresión que no logré descifrar.
-debes… - su voz como que se quebró o algo, porque hizo un sonido estrangulado antes de continuar hablando –debes entender… que no va a pasar nada, Víctor.
-¿por qué?, ¿por qué soy un estudiante?, ¿por qué soy hombre? ¿O por qué sales con alguien más? –me di cuenta demasiado tarde de que mis palabras brotaban como vomito verbal, no pude frenarlo si bien sabía que esto tendría un final del que me lamentaría después -¿Es eso?, sales con alguien… ¿con quién? ¿Es el Dr. Plisetsky, verdad?
-¿el quién? ¿Estás siquiera escuchando lo que dices? No, no estoy saliendo con Yuri, aunque es algo que no te incumbe… ¿no quiero hacer caso a tus locuras y debe haber un motivo oculto para ello?- gruñó, dando un par de pasos lejos de mí. Lo había enfurecido.
Había logrado hacer enojar a Yuuri, lo que era muy raro de ver –en todos los meses que tenía de conocerle, jamás lo había visto furioso-; su rostro estaba sonrojado, las manos convertidas en puños y sus cejas no podrían estar más juntas de quererlo. Vibraba con esa emoción. Era una visión extraordinaria.
Me acerqué sin pensarlo, mi rostro sobre el suyo y mi respiración chocando contra su piel.
Yuuri giró la cabeza y trastabilló hacia atrás, mirándome como si quisiera… ¿matarme? Sus manos contra mi pecho, manteniendo la distancia.
-¡no!
-¿no?- esta vez el gruñido vino de mí, aunque me refrenaba al percibir el temblor de su voy y su cuerpo; no era indiferente, en lo absoluto –Tengo sentimientos por ti…- solté, cerrando lo distancia entre nosotros, obligándolo a chocar contra la estantería a sus espaldas -¿eso no importa?
-no.
Reí entre dientes, tal vez le hubiese creído si no lo conociera tan bien –si no llevara semanas sólo observándolo- y él no tuviese ese tono rosado en las mejillas, si sus ojos se hubiesen atrevido a mirarme; en cambio, su cuerpo temblaba y fijó su vista en el suelo.
Teníamos casi la misma estatura, así que no tuve que hacer mucho para volver a tener mi rostro a milímetros del suyo, respirando su aliento y escuchando su respiración estremecida.
-Te quiero, Yuuri. De verdad, ¿no te importa?
Sentí su mano elevarse hasta aferrarse a la tela de mi abrigo en el hombro, su cara se levantó hacia la mía y sus ojos se fijaron, suplicantes, en los míos.
-basta- pidió, oh, tal dulcemente.
-estoy de acuerdo, paremos con esto…- murmuré, antes de inclinar mi rostro y, solamente, acariciar mi nariz contra su barbilla. Me maravillé con el sonido suave de su respiración agitándose por algo tan simple, con el aroma neto de su piel y la textura irrepetible de ella.
Aliento cálido derramándose contra mi mejilla, células latiendo con vida y nervios crispados en anticipada excitación. Mis dedos palpitando con la necesidad de extenderse y atraerlo hasta mí. Lo respiré, llenando mi pecho de él.
Choque eléctrico.
Como un rayo impactando justo en el centro de mi pecho, cuando sentí sus labios golpear los míos. Escalofríos recorriéndome entero y mi piel chispeando. Sus manos ciñéndose a la tela de mi espalda, apretándome contra él. Más cerca. Mucho más.
No era una simple caricia –nada remotamente parecido al beso que había robado de él-, era una danza y una conquista; eran labios moviéndose sin freno y dientes mordiendo, eran mis manos –volviéndose valientes- tomando sus mejillas, mis dedos tratando de memorizarlo entero. Era su lengua allanando mi boca y sometiendo todo a su paso.
Fueron nuestras respiraciones perdiéndose y nuestros latidos del corazón precipitándose a la carrera; nuestros cuerpos calzando perfectamente y sus dedos buscando bajo mi ropa mi espalda, yemas trazando las formas de mi columna. Fueron uñas, dejando rojizas marcas.
Fue… el separarme para respirar y ser jalado por sus manos codiciosas, devorado por sus labios hambrientos. Lo fue todo.
En algún punto, él debió recordar dónde nos encontrábamos, porque se distanció de mi boca y puso distancia entre nosotros –aunque sus manos permanecieron tocando las mangas de mi abrigo-.
El mundo volvió a mí, el sonido lejano de los otros –lo suficientemente lejos como para no preocuparme por testigos- y las siluetas de las personas caminando varios pasillos más allá entre estantes de libros.
El rostro de Yuuri estaba todo lo rojo que podía, tenía los cristales de los lentes un poco empañados y sus labios estaban rojos y bien magullados. Podía ver las emociones cruzando sus facciones –desde el completo asombro hasta la vergüenza-, era obvio que este no era el curso de acción que había planeado.
Bien por mí.
-ahora no puedes decir que no quieres lo mismo- sentencié.
-no lo quiero- susurró, bastante quedo.
Todavía sentía el calor de sus manos a través de la tela de mi abrigo, manos que permanecían sobre mis antebrazos –a pesar de que él parecía inconsciente de ese hecho-.
-mentiroso…
Le besé de nuevo, algo mucho más suave y mucho más breve; esta vez, realmente sólo para dejar claro ese punto. Retirándome para ver de nuevo su rostro embelesado y sus gafas chuecas sobre su nariz.
Sonreí, colocándolas en su lugar, antes de alejarme.
-no iré a casa por las vacaciones, Yuuri…- solté sobre mi hombro –quizá podamos vernos.
-¿qué? No…
Me detuve y apunté mis labios –que suponía también debían verse un poco como una ruina-, dedicándole mi mejor sonrisa ladina.
-mañana vendré, a la misma hora… ¿tal vez podamos intercambiar números?
Lo vi negar con la cabeza lentamente y, durante todas las horas que siguieron hasta la siguiente tarde, me estuve preguntando si no era demasiada presunción creer que ahí estaría –si todo lo que había pasado no era más que un desliz y Yuuri lo repensaría, dejándome con el corazón hecho pedazos-…
Hasta que entré en el cálido espacio de la biblioteca y le encontré, leyendo un libro; levantó la vista cuando me acerqué y pude verlo en sus ojos: me estaba esperando, aunque era evidente que deseaba no querer hacerlo.
Hola!
Aquí está el capítulo 7, espero lo disfruten...
Como siempre, agradezco sus favs, follows y lecturas fantasmas C:
Estaré subiendo capítulo entre domingo y lunes...
Les quiere:
~Clarisee (Silvia)
