Todos los personajes pertenecen a MAPPA y sus creadoras (Yamamoto-sensei y Kubo-sensei), la historia sí es mía C:

Advertencias: esta historia se contará desde dos puntos de vista temporales (antes y ahora) que se especificarán al inicio de cada capítulo; además, se han invertido las edades de los personajes (los jóvenes en el anime serán mayores, por ejemplo) y, para dar un poco de drama a este asunto, existe un poco de OoC, espero que no les moleste y disfruten su lectura.


CAPÍTULO X. Marejada.

Ahora.

Miré mi computadora, dividiéndome entre rezar agradeciendo los avances de la tecnología y culparme por estar haciendo algo así. No era correcto del todo, aunque era la única forma que encontraba de poder darme una idea de qué era lo que había estado haciendo Víctor en todo ese tiempo.

El buscador de internet me había proveído de cientos de imágenes de sus pasarelas en Europa y portadas de revista, del portafolio que había armado con la agencia con la que había estado trabajando antes de mudarse a Estados Unidos. También, me había dado un montón de entrevistas, desde el momento en que comenzó a repuntar allá y las que dio antes de venir.

Mi dedo índice se levantó por voluntad propia y tocó su rostro en una fotografía –que suave había sido su piel-. Suspiré, pensando en todo lo que había sido y no era. En fin, parecía que todavía no terminaba de castigarme yo mismo, torturándome con lo que no pasó.

Me tumbé contra la silla y cerré los ojos, pensando en cómo era que todo había cambiado; en las entrevistas más viejas, Víctor mencionaba que el modelaje siempre había sido parte importante de su vida y siempre le llamó la atención –yo sabía que eso no era cierto-, que había sido su primera opción al finalizar su educación básica, buscando una universidad que le apoyara –eso no era del todo cierto, al menos hasta dónde yo sabía-.

Los motivos para venir a América eran vagos, más que menciones veladas sobre un contrato con una agencia nueva y quizás el cierre de varios trabajos que incluían la actuación. Había, sin embargo, un montón de foros y blogs dedicados a seguirle; adolescentes –y muy probablemente mujeres y hombres mayores- que seguían sus pasos y teorizaban sobre los proyectos que mantenían bajo perfil.

Era demasiado para procesar y, al mismo tiempo, resultaba bastante pobre. No pude obtener las respuestas que realmente estaba buscando.

Observé la hora en el reloj sobre mi puerta, percatándome que esa búsqueda me había llevado más tiempo del que pensaba; apagué el equipo y salí del departamento tan pronto como pude. Tenía ahora el tiempo justo para hacer todo el trayecto a mi destino.

Otro suspiro escapó de entre mis labios, mientras cambiaba de un carril a otro, saliendo del centro de la ciudad y adentrándome a las áreas más llenas de suburbios. Llegué al área que buscaba, donde una casa se parecía demasiado a la otra y sólo se diferenciaban por pequeños detalles: la selección de flores en los jardines, el material y color de las vallas, las decoraciones de navidad que todavía permanecían en su sitio.

Había un par de niños jugando entre la nieve que había caído más temprano.

Por fortuna, la noche estaba despejada, lo que auguraba una noche de alegre festejo.

Me estacioné frente a la casa –no había llegado tan tarde como para no encontrar sitio- y saqué la botella que había comprado para la ocasión; me coloqué el abrigo encima y crucé el muy decorado jardín delantero de mis anfitriones.

Cuando me abrieron la puerta, fue evidente que el sonido de la charla y la música baja lo llenaba todo de forma dulce, junto al olor de la comida preparándose y que provenía de la cocina. Era un cuadro demasiado hogareño y agradable. Era perfecto.

Intenté, muy fuertemente, que ningún sentimiento amargo se notara en mi rostro cuando los saludé; pero era difícil cuando se veían tan felices juntos. La sala ya estaba llena con amigos y podía ver desde ahí a Leo en la cocina preparándolo todo, mientras Guang-Hong reía alegremente desde su sitio.

Era una escena simple y perfecta… y me sentía totalmente ajeno a ella.

Mi celular todavía pesaba con el mensaje que había recibido hacía ya dos días, y al que no había dado respuesta; las palabras continuaban grabadas en mi memoria y las veía cada que cerraba los ojos.

-… ¿Yuuri?

Sentí la mano de Phichit removiéndome por el hombro para llamar mi atención y fue cuando me di cuenta que debía haber estado ignorándolo mientras me hablaba.

-¿disculpa?

-pareces distraído, ¿ocurre algo?

Mi cerebro, de forma muy deprisa, se cuestionó lo oportuno que podía ser contarle todo –realmente todo-; sin embargo, fue sólo un instante, antes de que la lógica se interpusiera y me diera cuenta de que solamente sería un desperdicio de tiempo. Él no lo comprendería.

-nada.

-¿de verdad?

Su ceja enarcada y mirada penetrante me dejaban claro que no soltaría el tema hasta estar satisfecho con la respuesta.

-ah, yo… como que tendré una cita.

-¿una qué?

La expresión de sorpresa se congeló en su rostro. ¿Era acaso tan sorprendente? Estaba de acuerdo que no tenía muchas citas y pocas veces lo contaba, pero eso no significaba que nunca lo hiciera, no debería ser tal shock, ¿cierto?

De cualquier forma, esa era la única manera en que se me ocurría manejar el asunto de Víctor sin levantar sospechas y lo más apegado posible a la realidad.

-una cita.

-¿cómo en ir a cenar, película y tal vez más?- preguntó, comenzando a jugar, creyéndoselo por completo.

-sí, una de esas.

-¡vaya, amigo! Eso es genial, ¿hace cuánto no ibas a una?

Intenté hacerle ver que me lo pensaba, a pesar de que no estaba metido en ello para nada.

-no lo sé.

-demasiado- dijo, pasando su brazo sobre mis hombros -. Esto es bueno: año nuevo y un nuevo amor en el horizonte, ¿podría ser mejor?

Me quedé en silencio, dejándolo regocijarse en esa falsa sensación de felicidad que yo le estaba proporcionando con mi pequeña mentira; pensando que sería mejor que eso fuese verdad, que verdaderamente yo hubiese logrado avanzar y encontrar un nuevo amor en lugar de…

-¡Yuuri!, tienes que ver esto…

El sonido de la voz medio borracha de Yuri trajo una sonrisa a mi boca y le dejé, agradecidamente, que interrumpiera mi tren de pensamientos con su charla de borracho feliz. Algo sobre exámenes para recuperar semestres, padres llorones y maestros insurrectos que no querían hacerle el mínimo caso.

Mientras me contaba porque razón llevaba bebiendo desde tempranas horas de la tarde –principalmente por uno de sus maestros que le había hecho ir a la escuela el día anterior para que pudiera tomar unos documentos-, Leo anunció que la cena estaba lista y todos nos movimos hasta la mesa de su comedor, disfrutando del ritual de sentarnos alrededor y observar los platillos llegar a ella.

Aunque no era navidad, la cena constaba de pavo y puré de papas, ensalada de manzana y pie de calabaza, además de un mole receta centenaria de su familia; que todo este festejo se llevara a cabo el día de año nuevo y no en noche buena tenía más que ver con las agendas de todos que a cualquier otra cosa.

Eran ya muchos los años en que esta reunión se realizaba en esta fecha y parecía tonto cambiarla cuando funcionaba tan bien. Porque lo hacían. Pasábamos la navidad en casa de nuestros familiares –la mayoría- y regresábamos a tiempo de pasar año nuevo juntos, apegándonos a las vacaciones escolares.

-… entonces le dije que podía meterse sus secuencias de actividades por el trasero- decía Yuri, cortando con más violencia de la necesaria su porción de pavo -, que yo quería ver su estúpido plan anual de trabajo… ¿y sabes qué me dijo, ese pequeño govnyuk*?

Reí bajo, comiendo, simplemente esperando por la conclusión de la historia; resultaba gracioso que alguien lograra respuestas tan intensas por parte de Yuri, por lo que ese peculiar maestro de música se estaba ganando mi admiración, sólo por atreverse a plantarle cara.

-¿qué te dijo?

-que prefería otro tipo de diversión…- gruñó, provocándome una risa histérica ante las implicaciones de tal respuesta -¿te burlas de mí?

-¿qué? No, ¡no!- todos se giraron para verme tropezar con las palabras y la risa que brotaba descontrolada, un par de cejas enarcadas y algunas preguntas en sus ojos; pero nos dejaron en paz para poder seguir con sus propias conversaciones –Es sólo que no puedo creerme que alguien se atreviera a decirte algo como eso y... ¿todavía está vivo?

Yuri bufó, quitándose el cabello del rostro con un movimiento descuidado.

-sí, todavía debe estar por ahí: irritando a todo el que puede con su extrema testarudez.

Mantuve el silencio, deseaba preguntarle por qué no había hecho nada más contra ese profesor pero, parecía mejor dejarlo así de momento.

Mi celular vibró en mi bolsillo, anunciándome la llegada de un nuevo mensaje. Mis dedos se entumecieron contra la cuchara y sentí la sangre como helarse en mis venas, aunque también podía sentir un poco de calor yuxtaponiéndose a la mezcla.

Ignoré el texto y continué con la cena y la velada, convenciéndome que no moría por sacar el aparato de mi bolsillo y leer qué palabras habría enviado. Qué era lo que estaba esperando de mí.

El reloj pronto anunció el inicio de la cuenta regresiva para dar la bienvenida a un año nuevo y mi ansiedad no pudo más, me refugié en un rincón apartado de todos y miré las palabras plasmadas en la pantalla.

Viernes 7:30 pm. Pizzería. Cena.

Un estremecimiento ascendió desde el centro de mi vientre hasta la punta de mis dedos, cosquilleo en cada nervio. Anticipación, revuelto con miedo.

Quería que el viernes llegara pronto. No quería que llegara nunca.

Quería verlo y escucharlo hablar. Quería que se fuera de regreso a Rusia.

No quería huir.

No de nuevo.

Inhalé hondo y profundo, mis dedos moviéndose sobre la pantalla táctil con cuidado, dándole mi respuesta.

Estaré ahí.

Cerré los ojos y recargué mi frente en el aparato. Sabía que no habría respuesta, Víctor lo había dejado muy claro: yo no era más que un pasatiempo; era obvio que sólo me estaba informando del hecho, no pidiendo mi acuerdo o cooperación.

Mordisqueé mi labio inferior pensando, dejando que toda la idea de lo que involucraba este juego de venganza implicaría y lo que estaba dispuesto a aceptar –aunque ya había dejado ese punto claro previamente, muchas veces: hasta dónde él lo deseara-.

Así que ese viernes, siendo las 7:30 pm, entré por la puerta de la pizzería, no deteniéndome a buscarlo en las mesas del área central; caminé entre las pocas personas que se habían reunido en aquel agradable entorno hasta llegar a los reservados del fondo.

Estaba esperándome, sus ojos fríos encontrándose con los míos en cuanto me acerqué a la mesa, su voz serena cuando me saludó; incluso mientras sostenía una conversación banal sobre las vacaciones y las celebraciones de navidad. Sus movimientos tranquilos y medidos cuando me hizo espacio en el asiento adosado a la pared.

La pizza fue traía en medio de todo ello y agradecí la eficiencia del mesero, quien no se detuvo para percatarse de la atmosfera cargada que nos rodeaba. Era tensa e incendiaria.

-… así que no volvió a casa por su cumpleaños- solté, sin pensarlo, cuando la conversación derivó a lo ocupado que se mantuvo por causa del trabajo; como si yo tuviese derecho de preguntar o sentenciar cosas semejantes. Tragué ruidosamente al darme cuenta y levanté los ojos para ver su reacción.

Víctor me observaba con una rebanada de pizza a medio camino a su boca, una mueca ácida bordeando sus labios. Hielo, destilando de esos iris zafiros.

-no- escupió al final, volviendo a dejar la pizza sobre su plato -. Ha sido como siempre, aunque dudo que lo recuerdes –palabras tranquilas, en un tono suave; casi parecía que no importaba… casi -; supongo que era demasiado esperar que te acordaras que mi familia no es de festejos. Nunca para mí.

Apreté los labios, golpeándome mentalmente por olvidar algo así; él me lo había dejado claro en ese breve idilio que le habíamos robado al tiempo, como sus padres siempre permanecían ocupados y fechas tales como su cumpleaños pasaban desapercibidos en el mejor de los casos.

-lo lamento, yo…

-no- Víctor negó con la cabeza, acercando su rostro al mío. La cercanía me había estado empujando casi sobre mis límites con cada movimiento que hacía para acomodarse, el roce de su brazo contra el mío, su respiración chocando contra mi mejilla. Ahora lo hacía deliberadamente, recortando la nula distancia entre nosotros, su aliento golpeteando en mi rostro –no hablemos más, profesor.

Su mano.

Su mano cayó con delicadeza medida sobre mi pierna, cerrándose sobre la rodilla. Su dedo pulgar, comenzó a trazar espirales contra la tela de mis pantalones y yo… Quería correr y quedarme, deseaba tanto que se detuviera para que mi corazón no saltara de mi pecho por la garganta.

-no vine aquí para hablar sobre mis padres- dijo, trasladando más arriba su toque –o sobre las estúpidas cenas de año nuevo… o el trabajo.

No, por supuesto que no.

Lo sentí justo por encima de mi bragueta, la respiración se me atoró en el pecho y giré mi rostro para encontrarme con un mar azul y turquesa, encendido. Sus labios separados y listos, esperando.

Cuando su mano apretó, tuve que morder mis labios para no emitir ningún sonido que alertara al resto de comensales de lo que estaba ocurriendo.

-es momento de irnos, profesor.

Por mi cabeza pasó la idea de negarme, de detener todo esto. Pero era demasiado, sentía –aún- demasiado, como para lograr hacerlo. En lugar de ello, sólo solté un sí entrecortado y lo seguí fuera de ahí.

*govnyuk: bastardo en ruso (o eso me dijo internet, sino está equivocado agradecería la corrección)


Hola, hola!

Sé que aparezco mucho después de lo prometido, pero tuve una cirugía de emergencia para sacarme una muela del juicio y fue... bastante traumático, por decirlo de alguna manera; así que tardé más de lo usual en terminar este capítulo.

Así que espero que haya valido la pena la espera :P

Chapa: de verdad que me pone muy feliz saber que te gusta tanto la historia, ojalá te haya gustado el capítulo tanto como lo demás :*

Bueno, espero estar subiendo actualización entre jueves o viernes.

Les quiere:

~Clarisee (Silvia)